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EL APRENDIZAJE DEL CORRECTO DORMIR Traducción: Ana Maria Rauh En la vida del adulto conocemos al cambio rítmico del estar dormido y del estar despierto, como dos estados de conciencia y de vida, claramente diferenciados el uno del otro. Durante el sueño se regenera el cuerpo, sobre todo, el sistema nervioso y se elaboran los acontecimientos del día que pasó, de modo tal, que a la mañana siguiente despertamos con nuevos puntos de vista, pero también con nuevas facultades adquiridas durante la noche. Todo aquel, que por ejemplo practica algo diariamente, ya sea un instrumento musical o un ejercicio de meditación, notará, que ese pasar-por-la-noche de un esfuerzo realizado durante el día anterior, lo afirmará brindando una base de capacidad para avanzar en el esfuerzo y en la practica del día siguiente; ciertamente se imprime al cuerpo, lentamente se conformará en habito y hasta se torna sustancial, todo aquello con lo cual nos ocupamos y nos ligamos intensivamente durante el día. En el niño, ese limite entre el sueño y la vigilia aun se halla en estado de edificación. Dejando de lado el hecho de que los niños pequeños literalmente entran a la vida durmiendo, siendo que las fases del estar despierto se van alargando lentamente del lactante hacia la edad del jardín de infantes, hasta que finalmente se deja de lado la hora de la siesta, siendo que los niños entonces están “despiertos” durante el día y duermen durante la noche. Así y todo, la conciencia despierta del niño va madurando lentamente, en el sentido de la actual conciencia objetiva. En la edad preescolar, el medio circundante es percibido por el niño aun fisonómicamente, vale decir mediante las fuerzas del alma, las fuerzas afirmativas –no aun abstractamente objetivas, solamente a modo de “afuera”. Y el dormir tampoco promueve una separación tan contundente saliendo el cuerpo astral y el yo del sistema nervioso hacia el ámbito de los seres elementales del entorno natural y los seres de las jerarquías superiores. Esa clara separación del cuerpo astral y del yo de la constitución físico-etérica durante la noche para la comunicación con el mundo espiritual, comienza recién a los 9 o 10 años. Esto significa empero, que los niños en los primeros años escolares, durante el así llamado estar despierto, a su vez se encuentran un poco dormidos –mucho mas entregados a las impresiones sensorias, abiertos aun, como en la edad de la imitación, así, como en realidad nos comportamos frente al mundo espiritual. Es por esa razón, que cada palabra, cada pensamiento, cada acto, que el maestro realiza frente al niño, debe ser “apropiado para la noche”, vale decir, compenetrado por el espíritu, unido al espíritu, o, por lo menos, con añoranza espiritual. Lo ofrecido en la enseñanza, necesita el estar inmerso en el proceso de la creación, que siempre es, tanto espiritual como material. Solo entonces puede suceder lo que dice Rudolf Steiner en la exposición del ESTUDIO DEL HOMBRE citado a continuación: “El tiempo que el hambre pasa en el plano físico, lo podemos aprovechar solamente de manera tal, que justamente aquello que estamos haciendo con él, PAULATINAMENTE LO PUEDA TRANSPORTAR AL MUNDO ESPIRITUAL...” Recién cuando el cuerpo astral y el yo se separan realmente del cuerpo físico y del cuerpo etérico durante el sueño, puede ser llevado a cabo ese pleno traslado al mundo espiritual. Con anterioridad, el mundo espiritual y el mundo físico están ligados aun con fuerza mayor, tanto al estar despierto, como al estar dormido. Al respecto, Rudolf Steiner nos dice: “Hay otra cosa mas, que el niño aun no domina debidamente, y esa cosa debe ser emprendida para poder crear así una consonancia entre los dos miembros del ser, entre el cuerpo físico y el espíritu anímico. Lo que el niño no domina correctamente al comienzo de su existencia –ustedes notaran, que aquello que tenemos que remarcar espiritualmente, habitualmente parece hallarse en contradicción para con el orden exterior del mundo –lo que el niño no puede, es, llevar a cabo de la manera correspondiente, el cambio entre el estar dormido y el estar despierto propio del ser humano. Visto desde afuera, por cierto que podemos decir: de hecho, el niño duerme muy bien, duerme mucho mas que el hombre mas adelante en su vida, hasta entra a la vida durmiendo. Pero aquello, que interiormente fundamenta al sueño y la vigilia, no lo domina todavía. El niño vivencia muchas cosas en el plano fisco. Utiliza sus miembros, come, bebe y respira. Pero, haciendo diversas cosas en el plano físico, al alternar entre el dormir y el estar despierto, no puede llevar al mundo espiritual lo que ha vivenciado en el plano físico, donde ve con sus ojos, donde escucha con los oídos, donde mueve sus manitos y piernitas. Su sueño se caracteriza justamente por el hecho de ser un sueño diferente al de los adultos. En el sueño de los adultos se elabora preferentemente lo que el hombre experimenta entre el despertar y el quedarse dormido. El niño aun no puede llevar al sueño aquello que experimenta entre el despertar y quedar dormido y con su dormir se introduce de manera tal en el orden general del mundo, que no lleva a ese orden mundial durante el sueño aquello, que ha experimentado exteriormente en el mundo físico. A ello debe ser conducido mediante una correcta educación, a que aquello que el hombre vivencia en el plano físico sea llevado e introducido dentro de lo que el alma – espíritu o el espíritu – alma hace, desde el quedar dormido hasta el despertar. Como docentes y como educadores, nada podemos enseñarle al niño acerca de los mundos superiores. Dado que aquello que entra al hombre de los mundos superiores, entra en el transcurso del quedar dormido hasta el momento del despertar. Solamente podemos utilizar el tiempo que pasa el hombre en el plano físico de manera tal que justamente aquello que con él hacemos, paulatinamente lo pueda introducir al mundo espiritual y que a través de llevar algo al mundo espiritual, pueda retornar al mundo físico el flujo de la fuerza que pueda llevar del mundo espiritual, para ser una persona de bien en la existencia física. (GA293) FALTA UN DIBUJO Y SU RESPECTIVA EXPLICACION “ Siendo niños pequeños, nos encontramos en un estado del estar mas o menos dormidos. Por tal razón, como niños pequeños, nos encontramos expuestos en medida mucho mayor que más tarde, a las influencias de lo extra-terrestre. Paulatinamente, nos vamos introduciendo mediante nuestro esfuerzo mas y más a las condiciones terrenales. Pero, siendo niño, también aquello que se encuentra en el interior de nuestra piel, posee una gran plasticidad, es configurado en una medida mayor que mas tarde” (Rudolf Steiner: Correspondencias entre el microcosmos y el macrocosmos, GA 201, Dornach1987, conferencia del 17. 4. 1920) Para que el maestro esté en condiciones de llevar a cabo esa tarea sanadora, edificadora física en el niño a través de su enseñanza, él mismo tiene que traer algo de la vivencia nocturna a la vivencia diurna, o sea, su relación, sobre todo, con los seres de la tercera jerarquía, los Ángeles, los arcángeles y el espíritu del tiempo. Dado, que él mismo a través de su pensar está relacionado, estudio del hombre mediante, con el mundo de los Ángeles, a través de su sentir, con el mundo de los arcángeles y mediante su querer con los espíritus del tiempo. Aquello, que dentro de sus pensamientos, la vida de sus sentimientos y sus impulsos volitivos posee referencia hacia la realidad del espíritu y no solamente apunta a la superficie de la vida, lo conduce durante la noche, conjuntamente con los alumnos a los cuales se lo transmite, a una relación con los Ángeles, que lo fortalece a él y a sus alumnos. (Véase: Joergen Smit: El hombre en evolución-Para la profundización meditativa del educador, Stuttgart 1990, Pág. 74)
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