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LA NARRACION EN LA ESCUELA Y EN EL HOGAR 2

ACERCA DEL SENTIDO, QUE TIENEN LOS CUENTOS Y LAS LEYENDAS EN LA EPOCA ACTUAL

Traducción: Ana Maria Rauh

¿Qué justificación, que valor, tienen los cuentos y leyendas de épocas, en comparación a nuestro moderno mundo actual de perfección técnica? ¿Acaso, esta última no nos brinda el hechizo de un cúmulo de maravillas, frente a las cuales los primeros tienen que palidecer por completo? ¿Nuestros ojos y oídos aun pueden soportar la medida diaria de impresiones sensorias, sin caer inconscientemente bajo la influencia sugestiva? Muchas mas preguntas podrían ser formuladas en ese sentido, que en el fondo parten de un problema central, o sea, la pregunta con respecto al sentido y al valor de nuestra vida actual en si. Los problemas de educación y formación que con evidencia cada vez mayor se presentan en nuestras escuelas y universidades muestran de modo insistente el fracaso, o la ausencia de valores formativos adecuados, a pesar de máximos rendimientos intelectuales loables. El desarrollo de la moderna técnica condujo a métodos formativos, que de modo demasiado unilateral produjo una especialización intelectual, que naturalmente tuvo que perder en medida cada vez mayor, la conexión con las cuestiones de la vida práctica. El cultivo y el fomento de una vida social, religiosa y moral no pudo mantenerse en pie frente a las exigencias de la vida moderna, conduciendo al fracaso de las fuerzas anímicas y del corazón humanas. Se fue agotando cada vez mas una fuente energética que hasta nuestra época presente intervenía en la educación y la formación del hombre y cuyos impulsos interiores se nutrían también del mundo de las leyendas y de los cuentos.

Una comparación con el desarrollo de la historia nos muestra, como en el pasado, cuanto mas retornamos, han ejercido un rol significativo los cuentos, las leyendas y los mitos en la educación del individuo humano, en la formación de un pueblo. Realmente constituían una fuente de formación anímica y vigorización del ser humano hasta su avanzada edad. Grandes pensadores, y poetas, como Goethe y Novalis, eligieron la forma del cuento, para poder expresar a través de ella, las verdades mas profundas de una experiencia de vida. Importantes músicos crearon obras de arte inmortales inspirados por la forma de los cuentos y leyendas, al igual, como también en los demás campos de las artes claramente se vivencian sus efectos. Por supuesto, que también hoy un determinado caudal de cuentos y leyendas es usado por los modernísimos medios masivos mediante la palabra, la imagen y la dramatización. Por supuesto, de una forma modificada o cambiada por completo, que generalmente nada tienen que ver con los valores educativos y morales. Por el contrario, esas implementaciones constituyen mas bien una amenaza para dichos valores. Resulta difícil al respecto, el hecho, que en todos estos intentos no puede establecerse una relación real y profunda hacia la esencia y sustancia de estos cuentos y estas leyendas. Por supuesto, que con el estado conciente de la actualidad no resulta fácil, captar el profundo contenido de la verdad, la realidad de la imagen contenida en el cuento. Se opta por considerarlos como formas artísticas fantasiosas, creados para un estado anímico infantil, mezclado con conceptos de superstición, creencia en brujas y cosas por el estilo. Para ser franco, ¿qué podemos hacer en la actualidad con un cuento como “El hombre en la luna”, cuando la realidad de la técnica informa cosas muy diferentes? Pero, antes de profundizar esta pregunta parece necesario, referirnos a la relación del niño hacia el cuento, que a su vez nos posibilitará nuevamente, una relación hacia el origen del mundo de los cuentos y de las leyendas.

De las vivencias de nuestra primera infancia –que generalmente están sumidas en la oscuridad- pueden aparecer recuerdos que nos brindan un testimonio acerca de lo tan diferente que debemos haber experimentado nuestro entorno, siendo niño pequeño. Determinados objetos en la casa, un árbol, un arbusto en el jardín, plantas, piedras, animales o hasta nubes en el cielo incentivaron nuestras imaginaciones de modo fantasioso insospechable, unido a sentimientos y percepciones que hicieron surgir la unificación con las cosas de nuestro entorno. También en oportunidad de la lectura, o al escuchar el relato de un cuento, o al mirar un cuadro de Ludwig Ruhter (en los cuentos de Grimm) de pronto pueden presentarse recuerdos de la infancia, que nos permiten percibir claramente, de que manera diferente estábamos ligados a nuestro alrededor, a través del alma. Es así, que el compartir vivencias con los hijos propios nos puede mostrar, cuan profundamente el niño puede relacionarse con el mundo de la vivencia y las imágenes de un solo cuento. No puede sorprendernos entonces, cuando nos pide una y otra vez ese mismo cuento y hasta puede suceder, que en determinado pasaje nos pida, relatar muy lentamente y hasta los modismos no pueden ser cambiados. Y aunque parecería ser, no es una exageración, puesto que podemos vivenciar claramente, como en el niño se produce una clara sensación de satisfacción, similar como al cabo de una comida. Del mismo modo, como nos preocupamos por el bienestar corporal del niño, éste necesita del amparo de su interior, de la nutrición de su alma. Tanto, cuando falta una parte, o cuando existe un exceso, se presentan trastornos, que a menudo pueden alterar sensiblemente el equilibrio de su bienestar interior y exterior. Es una señal, de que el niño hasta su edad escolar lo físico anímico espiritual están relacionados de diferente manera de lo que sucede en la persona adulta. Sobre todo, en la persona mayor, la constitución física puede ser muy precaria, pero independientemente de ello, puede disponer de una constitución espiritual y anímica sana y vigorosa. Esto muy difícilmente pueda darse en el niño pequeño y el descuido y desamparo de uno sus miembros del ser antes mencionados, mas tarde o mas temprano llevará a sensibles trastornos de todo su organismo. Cuando tomamos este hecho como una natural condición previa, tampoco faltará la disposición interior de admirar lo único, lo sin par y maravilloso de las fases evolutivas del primer septenio. Mas allá de este hecho, experiencias y vivencias con niños pueden despertar en nosotros, percepciones de un profundísimo respeto, frente a las fuerzas evolutivas espirituales divinas, de tan múltiple manifestación. Auténticos sentimientos de veneración son los que empero nos ayudan a generar fuerzas del corazón, que nos permitirán el acceso a un real clima del cuento, a partir del cual podremos trasmitir las palabras certeras, las imágenes justas para el niño; brindárselos de manera tal, que se sienta bien y satisfecho, como al cabo de un alimento saludable y fortificante. De esta manera podemos asimismo tomar conciencia, que importancia tiene para el niño la constitución de vida, el estado anímico con los cuales nos presentamos a él. Tales experiencias y reflexiones pueden empero experimentar una esencial ampliación mediante el estudio de las exposiciones científico-espirituales de Rudolf Steiner, sobre todo, mediante el “Estudio del Hombre”. El ámbito natural de las experiencias nos muestra, de que manera el niño dentro del seno materno edifica, vivifica, anima y transespiritualiza su cuerpo empleando las sustancias de su cuerpo, empleando las sustancias de los reinos naturales, a través de las fuerzas del ámbito de los elementos, del alma y del espíritu. En la consonancia de estas formas y fuerzas, el ser humano que llega a la Tierra plasma sus diferentes miembros del ser, pasando por fases evolutivas, que la humanidad en su conjunto han sido llevado a cabo en grandes lapsos de tiempo.

Estos procesos de la historia evolutiva del hombre nos conducen empero a su vez al origen propiamente dicho de los cuentos y las leyendas, situados en un lejano pasado. En numerosas exposiciones Rudolf Steiner nos posibilita obtener una visión de estos acontecimientos grandiosos, desde varios aspectos. Es así, que los hombres originalmente no estaban dotados de una vida anímica e intelectual tan multilateral como la de la actualidad. Disponían, en cambio, de estados de conciencia de índole muy diferente, que los posibilitaba tener una vivencia interior a modo de imágenes de las fuerzas elementales de la vida y de la naturaleza. Esas vivencias interiores, reales con la desaparición de esas facultades se cristalizaron en imágenes de la memoria, en formas de cuentos y leyendas. La fuerza desenfrenada de los poderes naturales en el fuego, el agua, en el aire y la tierra se le revelaron al hombre como gigantes poderosos, dotados empero con poca sabiduría. Muy por el contrario, se acercaron al hombre como criaturas excepcionalmente inteligentes y astutos y a menudo como ayudantes benévolos. La naturaleza exterior, por entonces no fue percibida tan claramente definida y colorida; como a través de sutiles velos y nieblas se le manifestaban al hombre las fuerzas imperantes en la naturaleza, a modo de entidades elementales, tal como las vemos entretejidas en tantos cuentos. El paso de una percepción mas bien exterior del mundo circundante hacia las vivencias mas bien interiores, arriba referidas, en la imagen del cuento es referida con la entrada al gran bosque oscuro. Con el repliegue de las concepciones del espacio el hombre de aquel entonces mediante lo corporal de él, se sentía comunicado con la sabiduría de las fuerzas creadoras de la naturaleza. Participaba concientemente en el accionar de estas fuerzas del mundo elemental. A la moderna conciencia objetiva le resulta muy difícil, poder revivir estos hechos, o tratar de comprenderlos. Aun en la Edad Media, el hombre poseía predisposiciones – que aun se extendían hasta su constitución física- percibir determinadas vivencias de seres energéticos en la naturaleza, aun cuando éstos en la mayoría de los casos eran de naturaleza atávica. En la búsqueda de cognición de un Paracelsus encontramos empero en su libro “Liber de Nymhis”, una descripción real y también la membración de estos seres elementales. Dentro de una transformación artística única, nos encontramos en el “Fausto” de Goethe con ese misterioso mundo de los espíritus naturales. De este modo podríamos mostrar aun mediante muchos ejemplos como los tesoros de profunda sabiduría de los cuentos y leyendas en todas las épocas han sido objeto de real experiencia de vida y como sobre todo, han cobrado influencia sobre la educación y la formación del joven ser humano en evolución.

Es así, que los cuentos, las leyendas y los mitos nos hacen vivenciar y ver al mundo y a la humanidad (según palabras de Rudolf Steiner) como si el mundo de los sentidos fuese una realidad espiritual hechizada. En esa esfera empero vive el niño, y corresponde a su necesidad mas íntima, sentir en el cuento ese espíritu hechizado. Lo inconsciente del niño reclama las imágenes de los cuentos, el hechizo de lo misterioso. Hasta haber llegado a los primeros años escolares, el alma infantil siente el ansia de recibir estas imágenes propensas a la transformación, al crecimiento. A esa real necesidad le da respuesta el plan didáctico de la pedagogía Rudolf Steiner para los grados inferiores. Y lo hace de múltiples formas. Los requisitos, el orden del mundo exterior se transmiten al niño al pintar, escribir y leer, al practicar música y euritmia y mediante las imágenes de los cuentos, las fábulas y las narraciones, de modo tal, que poco a poco aprende a captar el mundo sensorio exterior en las formas del pensar, según causa y efecto, después de haber llegado a su duodécimo año de vida, y el paulatino despertar de la cognición. En su primer año escolar, el mundo de las imágenes de cuentos, pleno de fantasía, ocupa un primer plano, mediante su gran fuerza estimulante. Es segundo grado, siguen las fábulas de animales y las historias de animales. A esa edad, el niño se encuentra ligado con su mundo circundante de modo tal, que entiende los animales mas íntimamente, cuando actúan humanamente. Como elemento complementario y de equilibrio, a ello se agrega el relato de las leyendas, donde, de un modo armonizador, conoce al hombre en su búsqueda de perfección. El material narrativo de los dos siguientes años escolares, luego conduce de las historias del Antiguo Testamento a las leyendas de la mitología y los tiempos heroicos. Esta estructura nos muestra, que el mundo de los cuentos (de hadas) debe finalizar a su debido tiempo, para poder conducir las fuerzas evolutivas del niño, al mundo del pensamiento consciente. De otro modo, esto significaría nuevamente un debilitamiento para el alma infantil. Cuando esa manera de enseñanza ya no es tomada en cuenta y los niños de modo prematuro son tratados como adultos, a la futura imagen del mundo del pensar del hombre le faltarán las fuerzas anímicas y un saludable sentimiento social. Tanto mas incomprensible y falto de responsabilidad se nos figura todo aquello que se emprende para empujar al niño cada vez mas temprano al mundo de los adultos.

Una personalidad rectora de nuestro movimiento escolar calificó esa intención con las siguientes palabras: “La agresión al mundo de los cuentos se orienta contra el opositor innato en el alma infantil que lucha contra una concepción materialista de resecación . el intelecto “degenerado”, arrancado de las profundidades del ser, quiere estorbar /trastornar a la fuerza las leyes secretas de la naturaleza y colocarse a modo de tirano, en su lugar, en el alma del niño”. El niño sano necesita el mundo de los cuentos para su tensión anímica y su relajamiento. Los lleva consigo al sueño y los transforma en fuente de fuerzas vitales, que lo acompañarán a lo largo de toda la vida. Procesos de esta índole nos relata también Goethe en su cuento de “la serpiente verde y la bella Azucena”. Una metamorfosis de antiquísimas sabidurías del cuento (vertidas en) imaginaciones reales sensorias supra sensoriales.

Causa y efecto, en este ámbito se llevan a cabo dentro de un proceso de lenta maduración. Quien aguarda un efecto rápido, visible de la fuerza educadora del cuento, estará decepcionado, y hasta la podrá negar. Las condiciones de vida del niño y del cuento se alimentan de la misma sustancia espiritual. De ellas se desarrollan gérmenes facultados al crecimiento para la estructura interior de su existencia corporal, anímica y espiritual. Siempre y cuando, que las imágenes del cuento sean auténticas y que el cuentista se identifique íntimamente con su contenido de sabiduría y de verdad. Una relación únicamente superficial del narrador hacia el cuento altera el fino hechizo del cuento y del alma del niño. El cuento puede ser contado al niño, únicamente por quien pueda participar plenamente de su contenido de verdad.

Bajo este aspecto, todo lo aparentemente cruel y temible de algunos cuentos adopta su carácter real. Esas presuntas crueldades e infamias en el cuento nunca se nos presentan unilateralmente, o de manera aislada. Puesto, que se trata de verdades, y estas verdades, son imágenes vivas, facultadas al crecimiento y a la transformación, son símbolos, y son mitos. Pertenecen igualmente a los motivos de la dinámica del cuento. Dentro de ellos impera un orden de vida espiritual, que es parte de un orden espiritual infinitamente mas elevado y equilibrado y equiparado. Reparos, en el sentidoque en el niño despierten instintos de crueldad, no vienen al caso. Por cierto, que hoy lamentablemente nos encontramos con muchos jóvenes afectados por instintos desvirtuados. Seguramente, que también podemos encontrarnos con niños que frente a determinados cuentos son presa de terror que puede perseguirlos hasta en sus sueños. Pero no es culpa de los cuentos, sino culpa de los adultos, que mediante su postura y su criterio han provocado la salida prematura del alma infantil de ese mundo de los cuentos. De esta manera se les quita su facultad natural, de sentir todo lo que les rodea a modo de parábolas de la vida. Estas imágenes luego son interpretadas mediante el naturalismo, paralizándose entonces la fuerza creativa de la fantasía en el niño. Ese lugar es ocupado por un espacio hueco, pasivo, se abren grutas, dentro de las cuales se vuelca el miedo, el pánico y las emociones. Procesos tales, como podemos observarlos al mirar TV, en nosotros y especialmente, en los niños.