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UN CUENTO DE CUMPLEAÑOS Hay un jardín, que es completamente diferente a todos los demás jardines en la tierra. Allí crecen y florecen flores extrañas. Resplandecen y brillan como el sol y tienen los colores del arco iris y poseen una fragancia especial. En ese jardín hay un gran lago y un pequeño arroyito, el agua fulgura y centellea como la luz de la luna y los pequeños cantos rodados brillan como aquí en la tierra lo hacen las estrellas en el cielo. Los niños que allí habitan juegan con los animales del jardín. Lo que más les encanta es, cuando sentados sobre de las grandes flores que crecen en el lago, los patos que allí viven toman el tallo de la flor y allí viajan por las aguas del lago. Y llegan los pájaros, y algunos se posan sobre el hombro de un niño y le cuenta historias de países lejanos, desconocidos. Y ese jardín, un poco se parece a Jähnchen. También hay osos en ese jardín, no se parecen empero a los blancos osos polares ni a los osos marrones. Tienen un parecido con los ositos de los niños. Y hay uno que tiene un color gris- claro y es especialmente amoroso y sabe hacer muchas cosas, que otros osos no pueden hacer por ser demasiados torpes. Hace no tanto tiempo, ese oso estaba jugando con especial cariño con dos niños. Uno de estos niños ya estaba mucho más interesado y pudo prestar atención a lo que el oso les contaba. A menudo, el oso se fue con los dos niños hasta el final del jardín, allí hubo una pequeña ventana en el muro que resguardaba al jardín. El oso levantó a los niños, a quienes les gustaba mirar por esa ventana. Desde allí, podían ver países que eran más grandes como el jardín, ríos y mares sobre los cuales navegaban barcos, ciudades y aldeas, en las cuáles vivían y trabajaban personas alegres. Cierto día uno de los niños dijo: “querido oso, quiero ir contigo a esos países, donde viven los hombres de la tierra”. “Tenemos que preguntar primero si ya ha llegado tu tiempo. Pero querido mío, yo no puedo acompañarte. Espero aquí, hasta que quieras volver a este lugar”. Los tres se acercaron al portal. Allí, siempre hay un guardián. A él lo enviaron al amo del jardín para preguntar si el tiempo había llegado. A su regreso, el guardián trajo consigo a un ángel. “Tu tiempo ha llegado. ¡Aquí, está tu Ángel de la Guarda! Él te acompañará en todos tus caminos!”. El niño mayor peguntó al niño menor si vendría pronto, pero éste dijo: “quiero ver primero, cómo tú lo haces. El oso y yo te estaremos mirando”. Después de la despedida el ángel inició el viaje con el niño mayor. El camino era largo y pronto el niño se cansó. El ángel lo tomó en sus brazos y lo llevó así durante un largo, largo tiempo, hasta llegar a un agua, un mar infinito. Allí flotaban grandes nanúfares. El ángel eligió una de las flores más hermosas y colocó allí al niño. La flor cerró sus hermosos pétalos y envolvió al niño por un tiempo. Sobre la tierra, en una gran ciudad, vivían una madre y un padre que se amaban mucho. Una noche, en la cual se amaban de una manera especial, la madre se dio cuenta que un niño quería venir con ellos. Cuando luego se lo dice al padre, los dos sienten una gran alegría. Le dice a la mami: “Vamos a construir una casa, para que lo tenga casi tan lindo como en el jardín, desde donde viene.” Puesto, que los padres también conocían al jardín. En un día tan lindo como hoy, el niño llegó al mundo. Todos sintieron gran alegría: la mami, el papi, el abuelo, la abuela. “Ha llegado nuestro amado Wolfgang”, decían. Y con Wolfgang había llegado alguien más: era su pequeño osito, ya estaba sentado allí y miraba la alegría de todos. Se parece al oso del jardín especial, y seguramente es su amigo. Sabe las mismas cosas como el oso grande. Durante mucho tiempo, los padres construyeron su casa. Al estar encendidas dos velas de cumpleaños, pronto llegó el otro niño, el amado Antonio. ¡Qué alegría! Ahora que arden seis velas, Wolfgang sabe donde está Jähnchen. Quiere ser también tan laborioso como sus padres y como los seres humanos en Jähnchen. Por tal razón, pronto irá a la escuela y el osito siempre le ayudará. Wolfgang sabe también que su Ángel de la Guarda siempre está allí, aún cuando no lo ve. ¡Y es así que no tiene que tener miedo y puede decirlo todo a su ángel!. |