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LA ULTIMA HISTORIA DEL ABUELO

GEORG DRESSIG

 

  Cuando éramos niños, nuestro abuelo nos contaba a menudo cuentos, y nosotros lo queríamos mucho a causa de esto y porque era nuestro abuelo. Así  un día -  yo era  entonces muy pequeño, pero vuelvo a ver  la escena todavía perfectamente – mi madre  nos  tomó  aparte y nos dijo: “niños, tened cuidado  y no hagáis ruido ni entréis en la habitación del abuelo: está muy, muy enfermo”. En la forma que había dicho muy,  muy enfermo, cada  uno sintió, incluso yo que era muy pequeño, que la enfermedad era grave. Desde entonces, solo caminábamos en puntas de pie, no hablábamos jamás fuerte y habíamos cesado de reír por un tiempo que me pareció una  eternidad.
  Pero un día, nuestra madre tuvo noticias para nosotros:  “ Si os portáis todos como ángeles, dijo, podréis entrar en la habitación del abuelo. Le gustaría veros”. Hicimos lo mejor que pudimos y la seguimos. El abuelo estaba sentado en su cama, recostado sobre un montón de  almohadas; parecía muy  débil, pero nos sonrió con sus buenos  ojos castaños y, con su mano, nos hizo una señal para que nos acercásemos. Cuando estábamos sentados en el borde de su cama, puso su mano endeble sobre mi hombro y habiendo reflexionado un instante, se  puso a hablar, con  una voz dulce y tranquila. Y he aquí el cuento que nos contó:

  “Yo estaba así en mi cama, tan débil  que he creído que no podía vivir más, cuando de pronto me he  acordado de un día de mi infancia en el que murió  mi propia abuela. Hace ya de esto mucho  tiempo; pero era como si ese  niño  que  fui  entonces reviviese todavía una  vez este día. Me he visto de vuelta en la habitación de mi abuela, sentado en compañía de mi madre y mi padre que tenían lágrimas en sus ojos.  Me acuerdo que les pregunté: “¿por qué lloráis?” y  ellos me respondieron: “por la abuela. Seguro que  la muerte va a venir.” Yo miraba a la abuela y vi que dormía; y me preguntaba quien podía ser esta  “Muerte” que iba a venir y  que volvía a mi padre y mi madre tan tristes.  Esta debe ser una mujer horrible, me dije al  fin, puede ser  una vieja  bruja... y   yo también empecé a tener miedo

   Estando  así  un  buen rato, sentados juntos en  silencio, de pronto la puerta se abrió y una joven  dama entró, que  yo jamás  había visto. Tenía cabellos de oro  y ojos brillantes, y sobre su  cabeza,  una  corona de flores.  Muy alegre, miró  alrededor de ella y preguntó. “¿ hay alguien aquí que quisiera venir conmigo a  mi jardín ? Amo  tener compañía”. Hubiese querido ir yo  allí, pero no me animaba: la abuela  estaba tan  enferma y papá y mamá  tan tristes, y también a causa  de esta bruja Muerte que debía venir. Pero cual fue mi sorpresa que vi a mi abuela levantarse  de su lecho, como si jamás en la vida hubiese estado enferma y la escuché responder: “si, yo quiero ir contigo a tu jardín.  Y estoy segura que Benjamín nos acompañará un trecho del camino”. Entonces se levantó rápidamente, me  miró  sonriendo y me preguntó: ”¿ quieres venir a ver el jardín  de mi amiga, verdad, Ben ?” .

E
ntonces olvidé todas mis dudas  y, sin ni siquiera  mirar  a mi madre ni a mi padre, seguí  a la abuela y a la joven dama. Cuando estuvimos afuera, vi que los árboles estaban en flor y los arbustos llenos de capullos, las  abejas zumbaban atareadas en todas partes y el aire resonaba con  miles de cantos de  pájaros. El sol brillaba y me acuerdo que me dije: “¡ mejor que haga  buen tiempo y calor!  “Sino, la abuela podría  encima tomar frío con su camisón!” Pero  cuando la miré de nuevo, constaté con  estupefacción  que llevaba  un bello vestido blanco  y ella también, flores en los cabellos; la joven debía habérselas puesto  justo en el momento  en que yo no miraba. Las   dos  se habían adelantado y  ahora, me esperaban. Cuando la abuela se dio la  vuelta  grité  asombrado:”¡ pero abuela,  pareces tan joven! ¿ se diría que  eres toda  una  dama  joven! ¡Ah, abuela, que bella eres! “Me lancé para abrazarla.  Ellas me tomaron de la mano, la joven dama  y la abuela, y los tres nos pusimos a  bailar, salimos  del jardín y bailamos en el campo, mucho tiempo, mucho tiempo...  Al fin llegamos  delante de un seto de  escaramujo.  Había allí  un portal,  y la joven dama fue a abrirlo completamente. Estábamos allí y mirábamos por la abertura del portal, el jardín   de la joven dama,  y estábamos mudos de  admiración, tan hermoso era este jardín,  tan hermoso que apenas  me atrevía a  respirar, yo mismo no sé porque.

  Al fin la joven dama  dijo a  la abuela: “ahora, ven conmigo. Quisiera mostrarte las flores que han dado las semillas que  tu sembraste”. Y volviéndose hacía mí continuó: “ tú,  quédate aquí, Benjamín. Pero puedes mirarnos entrar. “ La abuela  me dio un beso en la frente. Después siguió a la joven   dama. Mientras ellas entraban  al jardín, se  daba vuelta  a menudo para saludarme o   sonreírme, y  yo estaba muy contento de estar allí y de responder a sus saludos. Después las  vi detenerse y la joven dama mostró  a la abuela algunas plantas especiales.  Yo vi  a la  abuela agacharse y cortar una flor que  tenía una gran corola de oro. Volvió hacía mí, con la flor en la mano: “Mira Ben, dijo ¡ mira que hermosa flor ha crecido   en    mi  macizo ! ¿te gusta? .   Yo acerqué mi nariz  a la flor para oler su perfume  y tuve la impresión que jamás había sentido un  olor tan maravilloso. “ Puedes llevar la flor  a casa para tu madre y tu padre y los saludas de mi parte.”
 “ Acaso te  quedas aquí, abuela?” pregunté asombrado. “Si,  Ben respondió, naturalmente que sí.   Es necesario que me ocupe de las flores que han dado las semillas que yo he sembrado. Pero tu vendrá a  verme  de cuando en cuando. Vendrás al gran portal, ahí te volveré a encontrar y te daré más  flores. “Yo le prometí volver. Entonces nos despedimos el uno del otro. Le mandé un saludo a joven dama y ella  me respondió también.

  Debía estar muy  cansado cuando volví  a casa y me deslicé sin ruido en la habitación de la abuela: debí dormirme  enseguida. Fuese lo que fuese, me acuerdo que al despertar alguien puso su mano sobre mi hombro.   Cuando levanté mis ojos, vi el rostro de mi madre. Parecía muy triste y  dio un  profundo suspiro antes de decirme: “Benjamín, ya ocurrió, la   abuela ha muerto”. Me condujo cerca  de la  cama. La abuela estaba  ahí acostada inmóvil, y   vieja como yo la había conocido siempre. Pero su rostro   estaba iluminado por  la sonrisa de  la joven dama con la que yo  había bailado  cuando fuimos al jardín donde la abuela tenía que ocuparse de  su   macizo de flores. Yo tenía además una flor de ese jardín. Pero cuando  bajé          mis ojos hacia mi   camisa, donde  la abuela  me había metido el tallo,   en un ojal junto a  mi corazón, la flor había desaparecido,  y sin embargo tenía la impresión de que estaba todavía allí. Si, podía todavía sentir su perfume delicioso.


 Conté a mi madre y a mi padre donde habíamos ido juntos y que la abuela se había vuelto tan joven. Ellos me escucharon  sin decir una palabra: pero enseguida sus ojos ya no tenían el aire tan  triste. Nos callamos un  momento; después mi padre dijo: “Benjamín, cuando vuelvas al jardín saluda a la abuela de nuestra parte y también a  la joven  dama. “ Mi madre lo aprobó con una inclinación de cabeza y dijo: “Si, salúdala de nuestra   parte”.

  La mano del abuelo todavía estaba  puesta sobre mi hombro. Estábamos sentados en el borde de la cama y no nos atrevíamos a movernos. Pero al fin yo no podía más y le pregunté: “¿ y volviste allí, abuelo?”  Me sonrió y me respondió pausadamente: “Sí, Volví. A menudo fui al portal  para encontrarme  de nuevo  con la abuela y transmitirle los saludos de papá y mamá. Siendo niño, iba allí regularmente. Casi me había olvidado, pero ahora me acuerdo de nuevo”. Me  parecía que no estaba bien que el abuelo se hubiese olvidado del jardín y de su abuela; quise tener el corazón tranquilo:  pero abuelo, ¿ahora que te acuerdas de nuevo, vas a volver, verdad? “ Hubo un gran silencio en la habitación después de mi pregunta; sólo la  mano del abuelo acariciaba suavemente mi brazo. Después dijo: “ ahora que me acuerdo del jardín de nuevo, seguro que voy  a volver allí.” Poco después    añadió: “espero incluso que esta vez tenga el derecho de entrar. Pues sabéis, yo  también tengo allí un macizo de flores y  me gustaría saber si mis semillas han dado bellas plantas”. La idea de que el abuelo tuviese en el jardín  de la hermosa y joven dama un macizo de flores suyo me encantó tanto  que salté a su cuello para abrazarlo.
  “No seas tan  brusco con  el abuelo!” gritó mi madre tirándome para atrás. Sabes muy bien que el abuelo no  está  muy   fuerte”. Me sentí muy   avergonzado. “¡ Es  un abuelo tan  bueno!”,dije yo para excusarme . Le dijimos buenas noches y salimos. Pero cuando  me volví para saludar una vez más  al abuelo, me sonrió y descubrí que tenía un aspecto muy joven. “Tendrás que  venir a   verme al portal del jardín, murmuró, allí  verás mis  flores.” Por supuesto que iba a ir allí.
  Dos días más tarde, estábamos reunidos  en su habitación de nuevo. El abuelo estaba acostado sobre sus almohadones; se hubiese dicho que dormía. Pero nuestra madre nos anunció que estaba muerto. “  Ahora está en el jardín de la joven dama,  y si   podéis encontrar el camino, iréis  a visitarlo. ¡Y lo saludaréis de nuestra parte!”. Estábamos tristes  de que el   abuelo  nos hubiese dejado y lloramos todos. Pero por la noche, cuando  me dormí, el  abuelo  vino  hacia mí,  llevando en la mano una hermosa flor    roja.  “ Huélela un poco, ¿ no es maravillosa?.

   Desde entonces  yo fui allí en mis sueños. El  camino es muy fácil de  encontrar. Algunos se olvidan al envejecer. Pero sé que  un día me acordaré de nuevo, como lo hizo el abuelo el día que nos contó su última historia.