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PRACTICA DE LA ENSEÑANZA, SOBRE LA BASE DEL CONOCIMIENTO DE LOS MIEMBROS DEL SER

Unterrichtspraxis auf Grundlage der Wesensgliedererkenntnis

Libro: Gesundheit und Schule

Autor: Michaela Gloeckler

Traducción: Ana Maria Rauh

En una conferencia para los maestros en Berna, bajo el título “Pedagogía antroposófica y sus condiciones previas”, el 15.4.1924 Rudolf Steiner nos dice:

“Estos cuatro miembros de la naturaleza humana son totalmente diferentes entre sí. No son diferenciados empero en la observación común, por su accionar mancomunado, interconectado y porque esa observación ordinaria solamente llega hasta una revelación cualquiera de la naturaleza humana, procedente de la organización física, de lo astral, o de la organización del Yo. Sin conocer realmente estas cosas, de hecho es imposible enseñar y educar...

sucede, que es especialmente particular el accionar de la naturaleza humana, a través de la organización etérica, astral y del Yo. Este hecho lo tenemos que tomar en cuenta para el educar y para el enseñar. Como sabemos, podemos conocer al cuerpo físico, al desarrollar observaciones tales como las llevamos a cabo habitualmente en la persona viviente, o aun en el cadáver y si utilizamos el intelecto sujeto a la organización cerebral, analizando aquello que percibimos a través de los sentidos. De esa manera empero, no podemos conocerlos miembros superiores de la naturaleza humana. Estos se retrotraen a la mera observación sensoria, así como también al intelecto. Con un modo de pensar que vive en las ordinarias leyes naturales, no podemos por ejemplo llegar al cuerpo etérico. Es por ello, que en la formación del seminario y en la formación universitaria no solo deberían integrarse aquellos métodos que facultan al hombre a observar únicamente al cuerpo físico, y mediante el intelecto, que se encuentra sujeto al cerebro, sino que debería involucrarse una determinada facultad, de orientar la mirada a la manera como por ejemplo se manifiesta el cuerpo etérico en el hombre, debería existir una forma muy diferente de instrucción del seminario y universitaria. Sería necesaria tanto para el maestro en todos los ámbitos, como también para el médico. Y consistiría en un principio en aprender a modelar a manera de escultor partiendo desde el interior, a partir del desarrollo mismo de la naturaleza humana, de modo tal, que estaríamos en condiciones de crear formas según sus leyes interiores. La forma de un músculo, la forma de un hueso no se comprende al tratar de entenderlo de manera tal como se lo intenta hacer en la anatomía, en la fisiología actual. Las formas se comprenden recién, cuando son comprendidas a partir del sentido de las formas. Allí empero de inmediato se produce algo, que para el hombre de la actualidad se le figura como una locura. Para el copernicanismo en una época sucedía lo mismo, era tomado como locura de manera tal que determinada comunidad eclesiástica ha considerado a la teoría de Copérnico como algo descabellado, que debía ser prohibido a los creyentes, hasta el año 1828. Se trata de lo siguiente:

Observemos al cuerpo físico: es, por ejemplo, pesado; pesa algo y está supeditado a la fuerza de la gravedad. El cuerpo etérico no está supeditado a la fuerza de la gravedad, por el contrario, constantemente quiere fugarse, quiere desparramarse en las lejanías del universo. Y es lo que realiza inmediatamente, al cabo de la muerte. La primera experiencia al cabo de la muerte es la dispersión del cuerpo etérico. Experimentamos entonces, que el cadáver está supeditado por completo a las leyes de la tierra, al ser entregado a la sepultura; o cuando es incinerado, se quema de manera tal, como la combustión de cualquier otro cuerpo según las leyes de la física. No es el caso del cuerpo etérico. El cuerpo etérico se aleja de la tierra, en la misma medida como el cuerpo físico busca unirse con la tierra. Y ese querer alejarse no es un alejarse, un dispersarse hacia todos lados o un alejarse uniforme. Allí, estamos frente a aquello que da la sensación de grotesco, lo cual es verídico, lo cual es una percepción verídica para la observación de la cual he hablado. Al mirar el espacio circundante de la tierra, vemos allá afuera un conjunto de estrellas, mas allá, otro conjunto de estrellas, en otro lugar otro que nuevamente es diferente, es decir, por doquier vemos determinados conjuntos de estrellas. Estos conjuntos de estrellas son los que atraen al cuerpo etérico del hombre, que lo atraen, llevándolo a las lejanías. Supongamos que se encuentra aquí –esquemáticamente dibujado- y entonces, el cuerpo etérico es atraído por este conjunto de estrellas, que cobra un efecto poderoso; quiere alejarse con fuerza. De este conjunto de estrellas es atraído con menor fuerza, de modo tal, que el cuerpo etérico no es atraído hacia todos lados por igual, sino que hacia diversos lados es atraído de diversas maneras. No se genera una fuerza que se expande, sino que, al querer expandirse el cuerpo etérico se genera aquello que puede ser ejecutado a través de las fuerzas cósmicas que parten de las estrellas, en una determinada forma del hombre, mientras vivimos sobre la tierra y portamos el cuerpo etérico dentro de nosotros. Vemos, que aquello que le da forma al músculo en el muslo superior proviene de las estrellas, al igual, que aquello, que le da forma al hueso. Es menester tan solo, darnos cuenta de que las mas diversas direcciones del espacio sideral pueden generarse formas. Tenemos que poder tomar plastilina y darle una forma en la cual, digamos, la fuerza cósmica cobra un efecto longitudinal, pero, en una determinada de manera tal, que una forma adquiere redondez mas pronto de lo que sucede en otras fuerzas. En las formas, que adquieren redondez mas prontamente, obtenemos al hueso redondo, en las otras, huesos largos.

Y de esta manera, como escultor tenemos que desarrollar un sentimiento, una sensibilidad, para con el mundo. Ese sentimiento ya estuvo existente originalmente dentro de una instintiva conciencia de la humanidad. Y, mientras que en el orientalismo de los milenios prehistóricos estuvo expresado claramente, también lo podemos descubrir aun en la época griega. Pensemos tan solo en la desesperación de los actuales artistas naturalistas, frente a la forma de los hombres griegos en la escultura. ¿Por qué están desesperados? Porque creen, que los griegos han trabajado según modelos. Tienen la impresión, de que allá, en los griegos, se pudo observar al hombre desde todos los lados. Los griegos empero aun tuvieron la percepción de cómo el hombre proviene del cosmos, como el cosmos mismo le da la forma al hombre. Al realizar una Venus de Milo, que a los artistas de la actualidad los sume en la desesperación, los griegos habían utilizado aquello que proviene del cosmos, lo que solo se altera un poco por la forma terrenal que le habían adjudicado a la organización humana. Se trata entonces de que debemos reconocer: Al querer reproducir al hombre según la naturaleza, no podemos atenernos servilmente a los modelos, tal, como hoy colocamos los modelos en los talleres, dándole forma al hombre en tarea de esclavitud. Tenemos que poder orientarnos hacia el gran modelador plástico, que crea la forma a partir de aquello, que puede ser obtenido por el hombre a modo de sensibilidad espacial. Es eso lo que debe ser desarrollado: ¡sentimiento del espacio!

Comúnmente se cree que se puede trazar una línea a través del hombre, una línea a través de los brazos extendidos así y otra línea así (se hacen trazos). Estas son las tres dimensiones del espacio. Servilmente, dibujamos al hombre dentro de las tres dimensiones del espacio. Todo esto, es abstracción. Al trazar una línea que pasa por el hombre, obtengo fuerzas de tracción muy diferentes así, asá y allá, hacia las diferentes direcciones yendo hacia el espacio. Ese espacio geométrico, que se ha conformado en el Espacio-Kant y acerca del cual Kant ha dado definiciones y teorías tan desdichadas es una absurda quimera, es en realidad un organismo que posee fuerzas dispares hacia todas las direcciones. Por el hecho de que el hombre desarrolla únicamente los sentidos mas burdos, no desarrolla ese sutil sentimiento del espacio. Y lo podemos tener hacia todos los lados. Al dejarlo imperar, de hecho se produce el ser humano. Desde el sentir, que surge del interior se produce el hombre a modo de escultura. Y si tenemos una sensibilidad con respecto a ese tratamiento de pálpito de esa masa blanda y plástica, en ese tratamiento de la masa plástica y blanda está dada la condición para la comprensión del cuerpo etérico, del mismo modo como en el intelecto que se encuentra sujeto al cerebro y como en los órganos sensorios están dadas las condiciones para la comprensión del cuerpo físico.

Se trata del hecho de que en primer lugar tenemos que crear el método para el reconocimiento, vale decir, una concepción plástica, que en cierta medida siempre está relacionada con una actividad plástica interior. De no ser así, el reconocimiento del hombre termina en el cuerpo físico, dado, que el cuerpo etérico no puede ser captado mediante conceptos, sino mediante imágenes, que solamente podemos comprender, si en cierto modo podemos darle las formas tales como provienen del cosmos. Entonces, llegamos hacia aquello, que es el siguiente miembro de la entidad humana. ¿Cómo van las cosas en la actualidad? Tenemos por un lado los criterios científico-naturales imperantes y sus portadores, que a la humanidad actual autoritariamente le imponen lo correcto. Allí tenemos solitarios, en el mundo de sus almas, tergiversados antropósofos, que también hablan del hecho de que existe un cuerpo etérico, un cuerpo astral. Cuentan las cosas, que pueden ser contadas acerca del cuerpo etérico, acerca del cuerpo astral. Pretenden que las personas acostumbradas al pensamiento científico-natural capten al cuerpo astral con el mismo modo de pensar y los mismos métodos como al cuerpo físico. Eso no es posible. El cuerpo astral se expresa en el cuerpo físico; su expresión en el cuerpo físico puede ser comprendido según las leyes naturales. Pero a él mismo, según su entidad interior y su accionar, no puede ser comprendido según las leyes naturales. Podemos comprender al cuerpo astral, cuando no solamente poseemos comprensión exterior del hombre, sino comprensión interior, tal como se tenía en Oriente, amenguado en la época griega y no existente en la época actual. Del mismo modo, como el cuerpo etérico cobra efecto a partir de la plástica cósmica, el cuerpo astral actúa a partir de la música cósmica, a partir de melodías cósmicas. En el cuerpo astral lo terrenal es únicamente el compás; el ritmo y la melodía actúan plenamente desde el cosmos. Y el cuerpo astral consiste de ritmo y melodía. No podemos aproximarnos al cuerpo astral con aquello que hemos obtenido a partir de las leyes naturales, sino que tenemos que aproximarnos al cuerpo astral con aquello que hemos obtenido al tener una comprensión interior de la música. Podremos sentir entonces, por ejemplo, frente al sonido de una tercera: allí existe algo, que es percibido por el hombre, que puede ser vivenciado como en su propio interior. Es por ello que aun puede haber una tercera mayor y una tercera menor. De esta manera, en la vida del sentir humano a través de esa membración de la escala puede ser promovida una considerable diferencia. Se trata aun de algo interior. Al llegar a la quinta, la vivenciamos junto a la superficie: allí, encontramos un límite del hombre; allí, el hombre se siente como si se hallase en el límite del estar todavía adentro. Al llegar a la sexta y a la séptima, siente, como si la sexta y la séptima quieren transcurrir en su exterior. En la quinta, sale de si mismo y al entrar a la sexta y a la séptima, percibe, que lo que allí sucede es algo externo, mientras que a la tercera la percibe como algo eminente interior. Esto lo promueve el cuerpo astral, que es un músico dentro de cada ser humano, un músico que imita la música del universo. Y todo lo que existe dentro del hombre a su vez cobra actividad dentro de él y se desarrolla en la forma humana. Esto es algo que, si logramos llegar a una reflexión tal, puede resultar directamente estremecedora con respecto a la comprensión del mundo. Aquello, que del cuerpo astral pasa a ser forma, lo que empero no se fundamenta ya en la plástica cósmica, sino, que se genera por el hecho de que el impulso musical del cuerpo astral transpone al hombre, esto puede ser estudiado también de manera directa, solo que tenemos que llegar a la persona con comprensión musical, al igual como antes con comprensión plástica al querer estudiar los efectos del cuerpo etérico. Si tomamos la parte del organismo humano que desde los omóplatos llega hasta los brazos, esto es un efecto de la primera que vive en el hombre, el tono básico y si llegamos a la segunda, esta está situada en la parte superior del brazo. Estas cosas aparecen a través de la euritmia. Al avanzar hacia la parte inferior del brazo, nos encontramos con la tercera, tenemos en la música la tercera mayor y la tercera menor. Al avanzar llegando al intervalo de la tercera nos encontramos con dos huesos en el antebrazo y esto sigue así, hasta dentro de los dedos. Esto se parece a charlatanería; puede empero ser comprobado mediante una real observación científico-espiritual del hombre, tan fidedignamente como un problema matemático puede ser comprobado para el matemático. No es algo, que se promueve a través de una mística trucha, sino, que puede ser comprobado con exactitud. De modo tal, que para comprender estas cosas, la formación de seminarios y médica en realidad debería partir de una comprensión interior de la música, de aquella comprensión interior musical, que dentro de una reflexión y circunspección plena deberá ocupar nuevamente el lugar que con anterioridad a la edad griega ocupaba la comprensión musical oriental. Comprendemos al arte edilicio oriental únicamente, al comprender de que manera la percepción religiosa se ha vertido en la forma. Del mismo modo, como el arte musical se expresa únicamente en las experiencias temporales, así el arte edilicio se expresa en las espaciales. El hombre debe ser comprendido igualmente, según su cuerpo etérico y su cuerpo astral. Y la vida del sentir, la vida de la pasión no puede ser comprendida, si queremos comprender según las leyes naturales, como se dice, “psicológicamente”, sino únicamente si nos aproximamos al ser humano con las mismas formas anímicas que descubrimos, que percibimos en lo musical. Tiempo vendrá, en la cual no se hablará como los psicólogos actuales o los maestros del alma hablan acerca de cualquier sentimiento enfermizo, sino, frente a un sentimiento enfermizo se hablará como frente a un piano desafinado, con una expresión musical.

De esta manera, llegamos a la organización del Yo. Se trata de lo siguiente: Esa organización del Yo, en principio puede ser estudiada en su esencia –como el cuerpo astral en la música- en la lengua, en el hablar. Por lo tanto, se dirá, todos, también los médicos y los maestros –por parte de los maestros esto ya se reconoce- tienen que detenerse en la actual formación del habla. ¿Podrán comprender entonces también la configuración interior de la lengua? No, esto lo puede únicamente aquel, que no considere la lengua como aquello, que nuestro mecanismo ha formado de la misma, sino como algo dentro de lo cual el genio del habla actúa como algo viviente. Lo puede aquel, que se ejercita en la comprensión de la configuración de la palabra. En las palabras hay un contenido enorme y excepcional de sabiduría. El ser humano no está a la altura de esa sabiduría. Toda la particularidad de los hombres se expresa en la manera como forman una palabra. Podemos conocer la particularidad, el carácter, de los pueblos, a partir de su lengua. Tomemos por ejemplo la palabra “Kopf” (cabeza). Originalmente, se relaciona con lo redondo, que encontramos también en Kohl (repollo) al cual también decimos Kohlkopf. A partir de la figura, la forma, puede sentirse la palabra para la cabeza. Esta, es una constitución muy diferente del Yo, como por ejemplo en el caso de la palabra romana “Testa”, que proviene del dar testimonio. Vale decir, de fuentes muy diferentes ha surgido la motivación para formular la palabra según el sentimiento.

Cuando comprendemos a la lengua de esa manera interior, entonces adquirimos una visión con respecto a como actúa la organización del yo. Hay regiones, en las cuales el rayo no es llamado “Blitz”, sino “Himlizzer”. Se trata de personas, que dicen Himlizzer, que no ven el disparo simple y veloz del rayo, sino el serpenteo articulado. Quien dice Blitz, ve el disparo, quien dice, Himlizzer, lo ve formado al rayo por el zigzagueo. Así, el ser humano según su Yo, en realidad vive dentro de la lengua. Solo que como civilizado hambre actual, ha salido de la lengua, la lengua se ha tornado abstracta. No estoy diciendo de que aquel que así entiende la lengua ya posee una conciencia interior clarividente, mediante la cual introduce su mirada a entidades similares a la organización del Yo, pero emprendemos el camino a poder entrar con nuestra mirada a estas esencias, al acompañar el hablar con nuestra comprensión interior.

Es así, que tanto en la escuela de medicina como en los seminarios para docentes, deberá ser cultivada la formación en esta dirección, tal como se la tiene que tener cuando se tiene la búsqueda interior para el accionar plástico, cuando la plástica puede ser practicada a partir de la sensación del espacio, comprensión interior de la música y la comprensión del habla. Ahora, ustedes podrán decir: Los auditorios de por sí están vacíos, finalmente vaciaríamos de esa manera también al integrar todo esto. ¿Qué sucedería entonces? Constantemente se intenta alargar el estudio médico. Si se continúa con el método actual, esto llevará a que los estudiantes se reciben a los 60 años como médicos. Esto, no se debe a condiciones interiores, sino del hecho de que esas condiciones interiores no hallan cumplimiento. Cuando de los conceptos abstractos no pasamos a la comprensión plástica, a la comprensión musical, al entendimiento de las palabras del universo, entonces, al detenernos en el comprender abstracto, el horizonte se torna infinito, podemos seguir andando y andando, sin llegar a un límite, desde el cual es posible la mirada de circunspección. Mediante la comprensión interior, que se produce cuando se suma la comprensión de la plástica y la música, por tornarse mas racional en su interior, por cierto el hombre no es demorado en su proceso de formación, sino que se acelera interiormente. Así, a partir de ese proceso interior obtendremos una formación metódica de los pedagogos, donde se forman los maestros y aquellos, que en la pedagogía de actualidad deben prestar un aporte muy especial: los médicos.

Después que en las conferencias de introducción hemos visto, de que manera todo el estado de salud del ser humano está relacionado con el modo de la educación y de la enseñanza, ha quedado completamente en claro, de que una real pedagogía no puede ser desarrollada, sin tener presente una medicina real. Eso, es absolutamente imposible, el ser humano debe ser evaluado según sus condiciones de salud y de enfermedad por aquel que lo educa y enseña; de otro modo, el resultado será aquello que ya estamos sintiendo: ya se siente, que el médico es necesario en la escuela. Se lo siente fuertemente, y se manda el médico de afuera a la escuela. Es empero el peor método que podemos elegir. ¿Qué relación tiene el médico con los niños? No los conoce, ni conoce los errores que por ejemplo comete el maestro, etc.. La única manera es esa, de que llevamos a cabo un arte pedagógico tal, donde lo médico está contenido tanto de lo médico, que el maestro constantemente puede darse cuenta del efecto curativo o enfermante de sus medidas en el niño. Cuando empero enviamos al médico desde afuera de la escuela, no se ha llevado a cabo reforma alguna, aunque digamos que el médico es necesario. Cuando la formación de los médicos es la imperante en la actualidad, los médicos no saben lo que deben hacer, cuando son enviados a la escuela. En ese sentido, se tendrá que conocer la formación, al estar buscando un arte pedagógico, que se encuentra sobre la base del conocimiento del hombre. Por saber, cuan difíciles son de captar y de comprender, tenemos reparos en hablar de estas cosas. Pero justamente esto, de creer, que podemos comprender al hombre mediante algunos conceptos obtenidos de la ideología de las ciencias naturales, es un error y al darnos cuenta de ello, es una de las condiciones vitales en el desarrollo del arte pedagógico.

Recién cuando tememos estos conceptos, podremos darnos cuenta de la radical injerencia en la naturaleza humana es aquello que sucede por ejemplo en la época del cambio dentario, cuando en realidad la memoria se torna imaginativa y ya no está sujeta del cuerpo físico, sino se encuentra sujeta del cuerpo etérico. Dado que, ¿qué hecho produce la segunda dentición? El hecho de que hasta el cambio dentario, el cuerpo etérico está estrechamente ligado al cuerpo físico. Luego, se separa un poco, de no ser así, tendríamos una nueva dentadura cada siete años. Para el hombre de la actualidad, que gasta sus dientes tan rapidamente, de hecho sería necesario; los dentistas tendrían que tener otra ocupación. Después de que el cuerpo etérico se ha separado, aquello, que con anterioridad ha actuado en el cuerpo físico, actúa de manera anímica. Para aquel, que puede observar estas cosas, este es el caso, cuando puede mirar dentro de la boca de un niño, sin que el niño se de cuenta. Siempre es lo mejor que el niño no se cuenta. Es por esa razón, que la sicología experimental tiene tan poco éxito, por ser notada de esa manera por el niño. Vemos los segundos dientes del niño: fueron formados provenientes del cuerpo etérico y se conforman luego en imagen plástica de la memoria. En la configuración dentaria podemos observar, que memoria ha dispuesto el cuerpo etérico. No podemos cambiar a los dientes, tal vez los podemos limar un poco, pero no los podemos cambiar. Un poco podríamos intervenir, en el caso de que la medicina se configurase de manera tal, como lo ha expresado el profesor Roemer, sobre la base de ideas antroposóficas, algo podría hacerse, aun cuando ya están formados los segundos dientes. Pero, dejémoslo de lado. Aquello, que permanece principalmente en lo anímico, la formación de la memoria, esto, aparte de aquello que es el organismo físico, cuando el cuerpo etérico se ha separado, es lo que conduce a la pista correcta al educador y a quien le imparte enseñanza. Hasta el cambio dentario, existe la unión de lo anímico espiritual con lo físico-etérico. Aquello, que ha sido físico y ha actuado conjuntamente con lo síquico, se expresa en la forma dentaria. Lo que anteriormente ha colaborado en la formación dentaria, se separa en un ideal crecimiento de fuerza y se conforma en memoria, en fidelidad de memoria, etc..

Al penetrar de esta manera con nuestra mirada a la naturaleza humana, podemos contemplar muchas cosas que luego podemos integrar a la educación y a la enseñanza. Al estar vividamente compenetrado de un conocimiento tal del hombre, cuando contemplamos al hombre, obtendremos aquello como didáctica y pedagogía, que realmente nos colma de entusiasmo, aquello que nos exalta como maestro, aquello que se manifestará en nuestro accionar. Aquello, que se orienta según las reglas contenidas en los manuales pedagógicos, es una actividad interior abstracta del alma, aquello, que obtenemos a partir de un conocimiento real, antroposófico del hombre, se integra al actúar, al querer; se conforma en impulso de lo real-positivo, que el maestro lleva a cabo en el grado. A través del viviente conocimiento del hombre, el maestro se organiza anímicamente, mientras que a través de aquello que surge de la mera concepción científica-natural podemos saber muy inteligentemente que hacer con el niño, sin poder hacerlo por el hecho de que no entra a la habilidad y el manejo viviente del viviente espíritu por parte del maestro físico. Y cuando podemos lograr que esto cobre vida dentro de nosotros realmente, mediante un real conocimiento del hombre, nos daremos cuenta, como este cuerpo etérico en realidad se libera al cabo del cambio dentario, como desde el interior del niño surge el deseo de recibir todo a través de imágenes, dado, que en su interior quiere ser imagen. En la primera época de la vida, las impresiones no quieren conformarse en imagen, sino en hábitos, habilidades; la misma memoria ha sido hábito y habilidad antes del cambio dentario. Con sus movimientos, el niño quiere imitar lo que ha visto. Luego podemos observar, como la toma de conocimiento cambia; entonces, el niño quiere sentir dentro de sí algo acerca de imágenes reales, animicas; es por ello, que entonces en la enseñanza lo tenemos que llevar todo a la imagen. El maestro mismo debe comprender este llevar a la imagen de todas las cosas. (Rudolf Steiner: “Pedagogía antroposófica y sus condiciones previas”, GA 309, Dornach 1981, conferencia del 15 de abril de 1924)

En su libro mas reciente, Armin Huseman ha publicado una amplia investigación goetheana, acerca de la relación del cambio dentario con el desarrollo anímico –espiritual. Recomendamos expresamente la lectura de esa publicación.

Queremos reproducir en este lugar también la impresión recibida como oyente en un primer grado, a modo de ilustración de lo recibido aquí por Rudolf Steiner:

Al final de la clase principal (ya han pasado tres meses del inicio de las clases) el maestro anuncia el título del cuento que contará a continuación. Dice: y ahora, para finalizar la clase principal os contaré el cuanto de Juan el Fiel. Una parte de los niños conoce a este cuento, -por cierto no contado con frecuencia- de los hermanos Grimm, su reacción empero es completamente polar: mientras que los ojos de una serie de niños se ilumina al saber que ahora escucharán ese hermoso relato, un niño resabido exclama, pronunciando con ello el deseo de otro grupo de niños: Oh.. a ese cuento ya lo conozco, ¿no puedes contar otro cuento? A partir de esa reacción polar podemos darnos cuenta, en que niños ya ha tenido lugar la madurez del esmalte de las coronas dentarias, que generalmente es correlativo con el comienzo del cambio dentario, y donde esto no es el caso aun. Allí, donde ya ha tenido lugar la madurez del esmalte coronario (tiene lugar entre los 6 y los 8 años de edad) ya se ha liberado la actividad plasmadora de estas formas corporales de mayor solidez, liberado para el pensar, quiere “morder” espiritualmente, y con ello, retener aquello que se ha oído. Con ello, ha nacido la memoria abstracta, al igual, como la capacidad de reproducir lo escuchado y lo visto dentro del pensar propio y no indispensablemente pasará por la inmediata imitación, tal como lo llevan a cabo, naturalmente, los niños de menor edad. Esos niños, cuyos ojos resplandecían, por el hecho de que gustosos querían volver a escuchar el cuento, aun no poseen esa memoria abstracta en medida suficiente y mientras están escuchando, recuerdan aquello que les causa alegría.

Thiem: Manual para el estudio curativo de la dentadura y el paladar: EL CAMBIO DENTARIO. Cuadernillo de estudio de la Unión Internacional de los Jardines de Infantes Waldorf, Stuttgart.