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ALIMENTACIÓN ACTUAL EN EL JARDÍN DE INFANTES
Michael Kassner
Traducción: Ana María Rauh
LA SITUACIÓN
A causa de los múltiples cambios realizados vertiginosamente en nuestra sociedad, los niños llegan al jardín de infantes con condiciones previas siempre renovadas. También los educadores jóvenes traen consigo nuevos conocimientos y habilidades de su reciente formación. Justamente en el caso de la nutrición, estos ajustes conducen a desafíos completamente nuevos en lo cotidiano del jardín de infantes.
- Los niños aporten nuevos hábitos desde los hogares.
- Poseen predilecciones claramente definidas y notoriamente marcadas, tempranamente.
- Muestran claramente su postura afirmativa o de rechazo.
- El apetito, las sensaciones de sed y hambre, no pocas veces parecen hallarse superpuestas por otros estados anímicos.
- El menos temporalmente, los niños suelen atenerse al consumo de alimentos conocidos y no admiten alteraciones.
- Muestran considerables deficiencias metabólicas.
- Sufren en medida cada vez mayor de síntomas patológicos tales como neurodermitis o disposición a la adipositas.
- Y para las educadoras cobra validez: ya no poseen la práctica natural de la preparación del alimento.
- A menudo poseen conocimientos profesionales unilaterales o incompletos, o bien de carácter personal en el ámbito de la nutrición y la preparación del alimento.
- Comprensiblemente, no han recibido una formación al respecto, siendo que por ahora tampoco hay un ofrecimiento en este sentido.
- Se encuentran plenamente ocupados con los voluminosos requerimientos de la educación, de modo tal que poco tiempo y por poca fuerza quedan para dedicarse a nuevas materias.
Las siguientes propuestas e iniciativas con respecto al trato adecuado de la nutrición en el jardín de infantes Waldorf deberán ser entendidas sobre el trasfondo de listado actualizado, pero seguramente incompleto, y un estudio del hombre antroposóficamente orientado siendo que los contextos mencionados pueden servir como regla de validez general, que empero requieren de modificación para algún niño en particular, o en el caso de circunstancias especiales. Deberá tomarse en cuenta además que aquí principalmente se hace referencia a la nutrición como tal, su posición en lo social del grupo del jardín de infantes, necesitaría de una consideración en particular.
Una teoría nutricionista orientada abarcativamente en el saludable desarrollo del niño, no conoce prescripciones ni prohibiciones y en cambio busca trasmitir fundamentos de criterio a aquel que se encuentra en la búsqueda de orientación que se basa en un conocimiento de alcance profundo del hombre y su desarrollo. En la libre decisión de las personas participantes, luego se encuentra aquello que será implementado en las respectivas situaciones de la vida.
LA ALIMENTACIÓN Y LA ALEGRÍA DE VIVIR
A partir de una profunda sabiduría la naturaleza ha dispuesto la nutrición ideal para los primeros meses de vida del hombre: la leche materna. Normalmente, recién en el momento del destete se presenta la cuestión acerca de la alimentación apropiada para el niño. Y dado que hoy disponemos de muchas posibilidades y una oferta casi incalculable de productos alimenticios, la elección suele convertirse en un tormento. De hecho, no solamente para los padres sino también para el niño.
Para los órganos digestivos, todo lo nuevo es un desafío para el desarrollo de los correspondientes humores de la digestión, las correspondientes fuerzas para la implementación, dado que justamente los órganos metabólicos se encuentran dispuestos de manera germinal, requiriendo de un tiempo de aprendizaje de alrededor de siete años, hasta llegar a la plenitud de su seguridad de funcionamiento y capacidad de carga. Este hecho, coloca a los jóvenes padres durante un largo lapso de tiempo, frente a una misión de gran responsabilidad: al ser alcanzado la madurez de la función inmunológica en aproximadamente el tercer mes de vida (nueve meses de época embrional más tres meses de tiempo de vida, suman un año entero, hasta el comienzo de la capacidad defensiva individual), la configuración fundamental de los órganos metabólicos requiere por lo menos siete años.
Al contemplar con detención mayor la edad del jardín de infantes, con el lapso evolutivo desde el tarcer año de vida hasta el acceso a la escuela, para la alimentación resultan tres campos de tareas:
- Participar de la configuración saludable, con capacidad funcional del conjunto de los órganos digestivos.
- Incentivar la gratitud frente a hombre, animal, planta, tierra y cielo por el trato con los alimentos.
- Introducir al niño a lo social compartido, a través del ejemplo brindado durante las comidas.
Estas tareas deberían ser llevadas a cabo a modo de juego, vale decir, en el sentido del niño, “con la seriedad del juego”. Después, el niño nunca más estará tan abierto – con alegría- frente a todo lo nuevo, como en estos primeros años de vida, constantemente guarda el equilibrio entre el habito, vale decir, seguridad a partir de experiencia, y curiosidad. Al respecto en la mayoría de los casos sabe muy bien hasta donde se arriesga, dado que este conocimiento se origina en los órganos metabólicos y no en la cabeza. En la profundidad de su ser, el niño porta la convicción. “¡El mundo entero es bueno!”
Es por ello que en el caso de inapetencia y en el rechazo de lo nuevo, generalmente subyace un motivo más profundo, tal vez anímico, que debe ser tomado en cuenta atentamente. En todo estamos entonces frente a un trastorno de las fuerzas vitales, lo que puede hallar su expresión en un órgano en especial – sobre todo el estomago y el hígado – o en la relación del organismo en su conjunto hacia el mundo circundante.
La causa puede ser un órgano individual, débil, enfermo o en cambio el efecto de penurias anímicas, como insatisfacción, desamor, soledad o miedo.
En estos casos, en realidad tenemos que estar agradecidos que el niño quiere llamar nuestra atención y preferiblemente deberíamos estar observando cuidadosamente, en lugar de tomar medidas rápidamente.
Por cierto no serán las medidas adecuadas, las de ofrecer mayor cantidad de alimento, o de forzar la ingesta. De hecho, los padres asimismo tienen que diferenciar tales causas a ser tomadas muy enserio, de aquellas de un primer plano, como ser: ir a jugar, comer golosinas antes de comer, imitar hábitos de comida de los hermanos o de otros niños (o de la madre que realiza una dieta).
LA CENA Y EL SUEÑO
¿Por qué a los niños les agrada la comida re-calentada del mediodía? ¡Porque con todos sus órganos ya conocen ese alimento! Por lo menos en el organismo sensorial, el niño está cansado y ya no tiene la fuerza de evaluar algo nuevo, seleccionar, gustar y digerir.
Por dicha razón, la cena debería ser simple y siempre muy similar al almuerzo, ofreciendo algo ya habido durante el día. Además, cobra validez a modo de regla de oro: rico en hidratos de carbono, podre en grasa y proteínas. El pan, los productos de cereales, las papas, las verduras, las ensaladas, las frutas no demasiado acidas, algunos de ellos conocido de manera especial, son bien tolerados, asi como también la proteína y la grasa de productos lácteos, tales como manteca, crema, queso blanco y queso fresco. En el caso del queso cortado, el queso duro, huevos y carne o embutidos, frituras y horneados, o en el caso de productos adicionales tales como fosfatos, tenemos que atenernos a las consecuencias tales como sueño inquieto, sudor nocturno, apatía matinal o dolor de cabeza y finalmente inapetencia. Acorde a ello, podrán ser luego, el levantarse y el prestar atención. Frutas muy acidas (cítricos o no-maduros) o ensaladas con vinagre, en casos individuales aun el arroz (como cereal claramente evacuador de liquido) pueden incentivar la eliminación en los niños durante la noche, conduciendo a una vejiga llena, con las consecuencias para el sueño del niño y de los padres. Todos estos trastornos pueden cobrar un efecto directo sobre el comportamiento social y la capacidad de la concentración.
La tendencia de la vida moderna, de comer durante el día únicamente snacks, fast food, alimentos dulces y livianos para recuperar con la cena, en calma todo lo no ingerido durante el días, es comprensible pero desfavorable ya para los adultos y es completamente inadecuado para los niños. Algunos adultos lo soportan únicamente con ayudas tales como espressso, alcohol, medicamentos y nuevamente café por la mañana - ¡nuestros niños tienen que arreglárselas sin esas ayudas!
EL DESAYUNO Y LA ENERGIA
El desgano pro ingerir el desayuno puede tener su causa en la cena, pero puede tener asi mismo origenes y diferentes: existen niños cuyas reservas de azúcar en el hígado les alcanza para poder pasar las primeras horas del día. Esto se evidencia en un buen rendimiento de la atención que llega hasta la próxima comida. La inseguridad y el temor frente al acontecer a producirse durante el día en cambio pueden ‘’estrangular la garganta’’, pueden agotar la saliva y los humores estomacales.
De todos modos, es aconsejable que los niños tomen algo antes de salir de casa: leche, té, café malta, jugo de fruta galleta, bizcocho, papilla, musli fruta, etc. Son apropiados. Todo ello no debería ser muy frio, más bien, blando y líquido, e ingerido con calma; pequeñas cantidades ya alcanzan. El estomago ya está ocupado y ocasionales enojos tempraneros no caen sobre un estomago vacio, hecho que a veces puede conducir a una leve irritabilidad y una agresividad desproporcional.
El ‘’desayuno imperial’’ propiamente dicho es el segundo entre las 9 y las 10. A esa hora las funciones orgánicas han despertado y se hallan ávidas de acción. Sobre todo la bilis quiere entrar en actividad y para ello necesita el estimulo de alimentos vigorosos: grasa proteínas , más bien salados y también en formas de digestión mas pesada, tales como queso cortado, embutidos, huevo hervido o frito, pero también verduras y pan integral. Esta comida debería ser algo más abundante, para brindar una buena base a las actividades de la mañana. De otro modo, comienza en algún momento el accionar procedente del ‘’vientre hueco’’, las reservas se consumen y cuesta regenerarlas. Sobre todo los niños se tornan apáticos al medio día ‘’a través del hambre’’, nuevamente algo irritables, desganados, mal dispuestos, requiriendo algo dulce de manera penetrante, a veces carecen de fuerza para ingerir un buen almuerzo –comer y digerir requieren energía- deseando comer algo liviano y rápido, sobre todo algo ya conocido, algo que o presupone una actividad nueva para el gusto, algo que en lo posible ‘’atrae’’, tal como de modo excelente lo logran el empaque y la publicidad.
Contra ello difícilmente puede oponerse la comida amorosamente preparada por la madre.
EL ALMUERZO IMPERIAL
El haber llegado al punto culminante del día, el mediodía, el niño del jardín de infantes también ha llevado a cabo tareas – aunque fuese en el arenero – y por otra parte queda mucho por hacer: el hambre se hace sentir, lo cual manifiesta la necesidad de proveerse de nuevas fuerzas. En ocasión de esta comida mayor, deberían estar presentes las cuatro orientaciones del gusto: lo acido (promueve la alegría), lo salado (promueve el sentimiento corporal), lo amargo (ordena las fuerzas vitales), y lo dulce (me siento dentro de mi mismo).
Lo ACIDO aparece en la salsa de la ensalada, y para el niño menor debería ser logrado preferentemente mediante la acidez láctea (por ejemplo yogurt o kwass) y en medida menor mediante vinagre.
Lo AMARGO en la actualidad es más bien dejado de lado, y en la edad del niño pequeño solo tiene que aparecer de manera muy delicada: el agregado de una hoja de laurel en la cocción, o de alguna fruta de enebo, una hoja de salvia o de estragón son suficiente para fomentar la sensación del estar satisfecho.
El hecho de que un componente SALADO corresponde hallarse en el almuerzo se percibe con toda claridad, cuando el mismo salta en alguna oportunidad: aun con anterioridad al arroz con leche con frutas o el omelette dulce no puede faltar una vigorosa sopa de verduras.
Lo DULCE en forma de hidratos de carbono, en realidad es la parte principal del almuerzo: ya sean papas fideos, cereales de todo tipo, o sobre todo la multiplicidad de las verduras. Aunque en la boca no posee un sabor dulce, de otro modo rápidamente nos quitarían al apetito, en el organismo empero en la mayor medida posible son transformados en azúcar. Quien produce su azúcar a partir del almidón en el organismo ¡es fuerte realmente! El hecho de que los niños en crecimiento lo aprendan a realizar es la misión educativa principal en los primeros siete años de vida.
Los tipos y formas de cereales que se servirán en la mesa es sobre todo una cuestión de la preparación dado que también un grano integral de centeno de ‘’ pesada digestión’’ puede ser preparado de manera tal que es rico y digerible, mientras que la harina blanca ‘’fácilmente digerible’’, mediante la preparación y los correspondientes agregados, pueden convertirse en lo opuesto. Para los ojos y los oídos infantiles es importante que los alimentos tengan un aspecto ‘’alegre’’ y tengan un nombre sonoro. Naturalmente los espaguetis y las papas fritas cumplen ese requisito en medida mucho mayor que una desolada montaña de granos integrales de cereal, que además son recomendados como marcadamente saludables y además, producidos biológicamente.
Estos dos criterios de selección, corresponden estar en la mente de la cocinera y no en la mesa del niño, dentro de su fundamental confianza parte del hecho de que el alimento que le es ofrecido posee valor pleno y es requetesaludable, como la leche materna. Todas las afirmaciones adicionales delimitan y ocasionan más bien lo contrario.
El niño pequeño ama aquello que para él ha sido preparado con amorosa entrega. Esto empero en toda clase de sociedad es realizable con dificultad excepcional, hecho que ya requiere del niño una reversión incipiente de sus expectativas corporales anímicas, a favor a la comunidad.
El valor de los cereales y de las verduras se encuentra en sus materias contenidas, cúmulo que hasta la actualidad no ha sido plenamente investigado (tales como sustancias vegetales secundarias), presentes dentro de una composición económica muy armoniosa. Cada verdura no solamente es una multivitamina dadora, y dadora de sustancias multiminerales, sino a su vez una ‘’ sinfonía orgánica’’. El cúmulo global de colores, olores y formas sobre el plato proviene del mundo de las plantas y en medida cada vez mayor es descubierto como cultivo preventivo de la salud.
Las verduras livianas, tales como zanahoria, zuchini, pepinos, hinojo, brócoli, por cierto que deberían tener un lugar de privilegio en la alimentación infantil, sin desplazar empero los tipos de verdura algo mas trabajosos en su preparación, como ser la remolacha y los tipos diversos de repollo. Lo mismo acontece con los diferentes tipos de cereales. Existe gran cantidad de productos pre elaborados en mayor y menor medida que son ampliamente valiosos y saludables, pudiendo ser preparados rápidamente: Termo-cereales (Korn-fix), Bulgur, Csuscous, Polenta copos, etc. también los fideos pueden ocupar su lugar, siendo empero ya tan pre elaborados que no requieren mayormente ser masticados – muy cómodos, y en realidad, un alimento para “guerreros cansados”. La papa debería ocupar su lugar en el calendario alimenticio, en igual medida que las demás verduras. Debe presentarse con mucho calor (re calentadas es ventajoso), acompañadas por buenas grases (manteca, aceite de girasol) y condimentos aromáticos (hinojo, comino, mejorana), puré de papas, albóndigas, tortillas. De otro modo, seguirán siendo desplazados por los cereales tan ricos en fuerzas de luz y de orden en sustancias minerales y fibras y “resistencia del masticado”.
¿Es bueno que los niños tengan un postre? Esta costumbre proviene de una alimentación unilateralmente carnívora y equipara la eventual carencia de hidratos de carbono. Una comida constituida por cereales y verdura, no requiere del postre – en ocasión del consumo del grano integral, el azúcar más bien es molesto y puede conducir a ventosidades.
Un descanso al cabo de la comida es aconsejable y no siempre tiene que tratarse de acostarse y dormir. Ese objetivo lo cumple asimismo el descanso sensorial, el momento para soñar, un juego liviano o un paseo. Un lema popular lo indica perfectamente: “la barriga llena no quiere estudiar”.
BEBER - SÍ, PERO ¿QUÉ, CUANDO Y CUANTO?
El deleite del niño, con referencia a tantas comidas preparadas con dedicación y amoroso esfuerzo, puede perderse mediante el consumo de bebidas dulces ingeridas antes de comer: lo dulce quita el apetito, lo acido y lo amargo lo estimulan. Por lo tanto lo apropiado son las bebidas sin acido carbónico, tales como infusiones con hierbas o juegos de fruta, diluidos o una mezcla de ambos (pequeñas cantidades, y no muy frías). Un almuerzo con ensalada, verdura y productos de cereales, generalmente es rico en líquido (80- 90 %) y no requiere de líquido adicional. Algo diferente sucede en el caso de una comida integrada por pan, queso, embutido, mermeladas o en el caso de frituras horneadas, o calentados por microondas, asi como comida-lista. Sobre todo esta última a menudo contiene mucha sal, además de otras sales y ácidos (conservantes), que aumentan la necesidad de líquidos el beber durante la comida disminuye la formación de saliva y de jugo gástrico estomacal, hecho que va en desmedro de la digestión.
Cuando un niño dice que tiene sed, la mayoría de los casos realmente es un deseo físico que se basa en una percepción de muy buen funcionamiento. Aquello empero, que es apropiado a modo de mitigador de la sed en la situación respectiva de la vida, lo tiene que saber y decidir el adulto. El niño solo puede denominar aquello que conoce, aquello que ha recibido en otra oportunidad o lo que está viendo en otros.
Mas allá de ello, la sed puede ser expresión del estar “sediento” en lo anímico – esto lo conocemos sobre todo de los niños que tienen problema para quedar dormidos. Algo los afecta y quieren “beber” cariño.
La des pertenece a las fundamentales percepciones físicas y no debería ser manejada con liviandad desde afuera – el niño sano bebe tanto como necesita (un niño de jardín de infantes fácilmente, un litro por día).
COMIDAS INTERMEDIAS Y GOLOSINAS
Los niños pequeños tienen estómagos pequeños y por lo tanto no pueden asimilar grandes cantidades de alimento a la vez. Con un pequeño primer desayuno luego un segundo desayuno mas abundante y el abarcativo almuerzo, se encuentran cubiertos fehacientemente, los momentos más activos del día curiosamente aun al cabo de una comida bien constituida y abundante, en los niños y también en los adultos, muchas veces entre las 14 y las 15 horas, liviano, gustoso. Aquí, no brindan satisfacción ni un amanzana, ni una rodaja de pan integral.
Partiendo de la actividad hepática a esa hora vespertina, desciende el nivel de azúcar en sangre, y lentamente se hace notar la primera fase de agotamiento físico y anímico - ¡y tanto queda por hacer aún!
Esta comida es apropiada de manera especial para la realización de un intermedio dedicado a darse un gusto: no se trata de calmar el hambre, ni de satisfacer necesidades materiales, lo buscado es algo preparado con cariño: pan dulce, galletitas chocolate, bombones, crema chantillí, cacao, café, té servido en vajilla fina y si fuese posible con música o charlas amenas.
Aquí los obsequios o las golosinas guardadas de fiestas pasadas vivencian una recepción digna. Aunque durante el día impere la hética o impere la simpleza, aquí debería crearse el espacio para el reconfortante deleite de la alama y del espíritu. Aquí también el ciudadano más diminuto puede convertirse en un gozador.
Una y otra vez queda en evidencia: al ser instalada esta merienda en el sentido aquí recomendado, se des agudiza notoriamente, la discusión a menudo penosa por lo dulce. El goce - naturalmente no tan solo el material – ¡pertenece al ser humano! Gozamos con los sentidos y los mismos se encuentran prevalecientemente en la cabeza, y se encuentran estrechamente ligados al estar despierto, a la conciencia despierta. Fisiológicamente es asi, que el azúcar en sangre es la base de nuestra conciencia despierta, nos proporciona una “ego edad inocente” (Rudolf Steiner).
Siempre, cuando impulsamos al niño a la realización de tareas sensoriales y del pensar fomentamos su deseo por la obtención de hidratos de carbono de fácil digestión y corre todo por azúcar. Cuando por otra parte el niño menor posee el tiempo para estar viviendo dentro de sus sueños, de moverse dentro de su mundo y no estamos obligando constantemente a introducirse a tareas intelectuales, ese deseo por lo dulce se aminora, o ni aparece tan masivamente. Por paradójico que pueda parecer en principio: el esclarecimiento referido a las caries de los niños, ¡fomenta el consumo del azúcar! Al cabo de un día nutricional como el aquí referido, no debería ser un problema entrar a la noche después de una cena plena de sentido, aquí mencionada.
¿Alimento crudo o cocinado?
Para poder generar correctamente la digestión de la alimentación cruda con raíces tales como zanahoria y la remolacha, la persona necesita un fehaciente proceso de masticación, el proverbio lo dice: bien masticado, la digestión ya se encuentra medio realizada. El niño pequeño no puede ni debe llevar a cabo esto, para ello tienen que aparecer las condiciones previas respectivas, vale decir las morales. Solamente esas muelas pueden triturar las paredes celulares de manera tal que la saliva bucal llegue a las materias contenidas, para generar la transformación de los hidratos de carbono en azúcar. Al no ser iniciado ya en la boca este proceso no puede hallar continuación en el estomago, se encuentra reservado entonces únicamente a las secreciones del páncreas. Esto puede tener consecuencias para la digestión en su conjunto sobre todo al adicionarse otras influencias que dificultan al curso digestivo: alimentos muy grasos (sobre todo con ácidos grasos saturados), abundantemente bebida (ver arriba), o cansancio y hética.
Acaso, ¿esto equivale a que el niño pequeño no debería comer zanahorias? No, por el contrario: el masticar fortalece todo el ámbito del palabras hasta las encías y su irrigación sanguínea, ofrece una saludable resistencia a los dientes en desarrollo y ocupa en definitiva toda la musculatura digestiva, hasta el punto de la eliminación. A menudo podemos encontrar pedacitos no digestivos de zanahoria en la evacuación - no han servido como aporte nutritivo, pero en medida mayor al “training”.
Al respecto debe ser tomado en cuenta, que en primer lugar con todo aquello que es raíz (a ello pertenecen asimismo, la mayoría de los tipos de repollo) en estado crudo, solamente se brinda un aporte menor a la provisión nutricional, en segundo lugar, que el alimento debe ser elevado en temperatura pro el organismo infantil mismo, hecho que puede sobre exigir a los niños con un organismo calórico débil, y en tercer lugar que un niño sano requerirá tantos cantos duros de pan y verdura como siente que lo beneficia. ¡Ofrecer sí, pero no exigir! Al lado de este alimento de ejercitación, el niño necesita para su metabolismo el alimento post-madurado y adecuado mediante el calor las frutas maduras no pueden ser señaladas como crudas, han sido “cocinadas” por un cumulo de calor solar.
Las ensaladas típicas, sobre toda la preparada con lechuga deben ser coordinadas entre fruta y raíz.
LA SAL Y LOS CONDIMENTOS
El temprano acceso a la alimentación del adulto en la actualidad conduce al niño a un muy elevado consumo salitroso y al encuentro con algunos pocos condimentos, a menudo muy fuertes: tenemos allí, sobre todo la pimienta, sustancias aromáticas naturales e idénticas a las naturales, extractos de levadura y glutamato. Los mismos según su tipo y la cantidad empleada no se encuentran adecuados al paladar aun muy delicado del niño, acostumbrado a la leche, apenas dulzona y el cereal, con su aparición reservada.
En un principio, la sal no es requerida, mas tarde únicamente en forma de una pizca. A modo de matices de gustos inicialmente alcanzan las aromas naturales de los tipos de frutas y verduras y aun de los mismos, algunos son demasiado fuertes (apio, endivias, naranjas). Más tarde podemos adicionar las hierbas tradicionales, frescas, como eneldo, perejil, cebollín, mejorana, en péquelas cantidades.
Varias de las hierbas de condimento - sobre todo, cuando luego las sacamos - poseen un efecto levemente curativo y deberían ser implementadas más bien de manera puntual, en ocasión de determinadas afecciones de niños en particular. Los condimentos exóticos, tales como curry, chili, jengibre, nuez moscada, canela, clavo de olor, pertenecen – de manera ideal - recién a la edad escolar. Algunos de estos condimentos poseen un efecto bactericida, siendo por lo tanto no conveniente para la flora intestinal en su desarrollo. Pertenecen a los países con clima cálido y condiciones de vida y de nutrición muy diferentes.
FRUTAS SECAS Y NUECES
Por el largo tratamiento calórico y luego por el intensivo masticado y ensalivado, las frutas secas son muy valiosas para los niños en etapa de crecimiento, especialmente las manzanas, las peras y los damascos. Lo mismo acontece con las nueces. Aquí empero, deberían realizarse algunas diferenciaciones: la nuez procedente del nogal, es un alimento típico del invierno y debería ser empleado en esa época del niño. La avellana ejerce un estimulo especial sobre la actividad nervio-sensorial y el cerebro y por lo tanto debe ser evitado para los niño ya muy despiertos, las alergias producidas al respecto, nos lo indicaran. Corresponden hallarse en la “comida de los estudiantes” y pueden prestar maravillosos servicios en la edad escolar y de los estudios. El maní pertenece a la especie de las leguminosas y de hecho madura bajo tierra, es rico en proteínas y propenso al hongo del moho – el empleo más apropiado es, tostado y salado. Un sobre saliente complemento para las frutas secas, y sobre todo indicado para la dieta del niño pequeño es la almendra: pertenece al tipo de las rosáceas y tienen alguna similitud con la leche materna. Como puré (tempranamente sin cascara, luego con) pueden ser adicionadas a la papilla de fruta y cereal, siendo apropiadas asimismo, como alimento entre las comidas.
CARNE, HUEVO, PESCADO - ¿realmente necesarios?
Durante muchos siglos, la carne el huevo y el pescado tenían poca calidad en el alimento infantil. Recién a causa de las carencias, sobre todo durante la segunda guerra mundial, y luego a causa de esto ha experimentado un cambio. Hasta el comienzo del siglo 20, se ha recomendado el consumo de hasta 140 g de proteína por día. Por entonces, Rudolf Steiner llamo la atención sobre el hecho de que en ocasión de un consumo tan elevado de proteína, entre otros se producirá una pre disponibilidad de las personas a las enfermedades infecciosas. Hoy la ciencia recomienda 60 g de proteínas diarias (con 70 Kg. De peso corporal), incluyendo en ese valor, una elevada tasa preventiva. El comedor moderno en los países civilizados hace empero caso omiso de esta recomendación y consume alrededor de 100g de proteínas diarias. Para un niño de cuatro a siete años, se recomiendan 0.9g/Kg de peso corporal, siendo en un peso de 15 Kg, 13,5 g de proteína por día. Esa cantidad ya está contenida en 60 g de carne de ternera sin grasa o dentro de 100 g de queso blanco descremado.
El consumo sobre todo estos alimentos de procedencia animal, se propaga actualmente muchas veces a partir de diferentes materias contenidas, tales como el hierro o de algún acido graso en particular sin tomar en cuenta las diversas otras sustancias, o el carácter global del producto alimentario en cuestión. Está comprobado que los niños sanos pueden cubrir su necesidad proteica mediante una alimentación lacto-vegetariana (vegetales con leche y productos lácteos). Según la visión del estudio del hombre, esta forma alimentaria es la más apropiada al niño en crecimiento, lo cual empero no impide que la carne, el huevo y el pescado – en pequeñas cantidades - puedan tener su ubicación sobre el plato infantil.
Justamente, cuando le quitamos la vida a un animal para conservar nuestra vida, y valoramos ese producto, no debería faltar el sentimiento de la gratitud y el trato cuidadoso y amoroso con el mismo. En ese sentido, la leche adquiere una ubicación muy diferente a la carne, aves y pescado, dado que para su obtención mantenemos con vida al animal y hasta le tenemos que proporcionar cuidados especiales. A pesar de ataques múltiples, la leche y los numerosos productos derivados, como crema manteca, queso blanco, yogurt y queso siguen siendo conservados para la cultura centro-europea, especialmente para la nutrición infantil, siendo difícilmente reemplazable y de modo incompleto.
LA PROCEDENCIA DE LOS ALIMENTOS- ¿tienen que ser “Bio”?
No existe duda alguna que nuestros niños tienen que confrontarse con numerosos problemas ambientales, que a menudo no podemos revertir. En el caso de la elección de los víveres en cambio tenemos la libertad de adquirir productos no contaminados con sustancias perjudiciales. Sin entrar aquí en debate acerca de las notorias diferencias, solo podemos aconsejar – sin lugar a dudas – a la compra de alimentos ecológicos.
Aun cuando el valor superior de los alimentos para el niño no quede en clara evidencia, es indispensable el fomento de una agricultura protectora del medio ambiente con dignas condiciones de vida para los seres humanos, pensando en el futuro.
COMIDAS A MODO DE RITUALES
En los jardines de infantes Waldorf, las comidas compartidas tales como el desayuno y en los grupos de permanencia de todo el día, el almuerzo, son elementos relevantes en el curso del día. Se hallan sujetos a ritmos repetitivos y rituales que brindan seguridad y habito. Más allá de ello, algunos jardines de infantes tienen un plan alimentario fijo: en los diferentes días de la semana se ofrecen diversos tipos de cereales, siempre en el mismo orden. El adulto puede pensar: ¡qué aburrido, para cada día de la semana siempre la misma comida!
Los niños empero, aman las costumbres y aguardan por ejemplo el día del mijo el miércoles y saben en el día de la avena, que ha llegado el viernes. De esta manera las comidas brindan apoyo a la creciente percepción del tiempo de los niños.
Para muchos niños, en la actualidad ya no es lo natural y sobre entendido, que en la casa se prepare la comida que luego se comparte en la mesa familiar. En el jardín de infantes pueden disfrutar, no solamente las fuerzas nutritivas de los alimentos, sino también la vivencia compartida del comer. Los niños son involucrados asimismo, en el proceso de la preparación de la comida, de esta manera aprenden a comprenderlo y entenderlo. La preparación de la comida acontece en el curso de las tareas del día, conjuntamente con los niños. Algunos untan los panes, otros cortan zanahoria y manzanas, se prepara la masa de la tarta, se amasa el pan y se preparan también deliciosos postres. Se dispone la mesa con todos los utensilios que luego de comer serán lavados y guardados. Finalmente, será barrido el piso.
Todos se encuentran en actividad, tiene numerosos impresiones sensoriales, como oler, degustar, palpar, sentir, y naturalmente la alegría del poder ayudar y cocinar, como asi también el apetito frente a la rica comida. Y hasta el difícil manejo de cuchara, tenedor y cuchillo puede ser aprendido con facilidad mayor en comunidad.
De esta manera la comida en comunidad se convierte en un “medio de vida”, mediante buenos hábitos y reglamentos.
La nutrición no es un hecho secundario, sino una vivencia, un momento del detenerse, en el cual cada uno puede degustar hacia su interior y deleitarse. El lema dicho al comienzo de una comida ye l agradecimiento al final, por lo tanto no solamente colocan un marco exterior, sino que elevan a la comida ubicándola por encima del movimiento y la agitación de lo cotidiano.
Con ello, se cierra el círculo y tal vez ha quedado en claro que el saludable desarrollo y el fomento de la alegría de vivir de nuestros niños se encuentran entrañablemente ligados al respeto frente a todos los seres vivientes, de los cuales procede el alimento de todos los días: frente a la tierra en su conjunto con el agua, aire, luz calor, las plantas y los animales, y en definitiva del hombre, como generador, comerciante, elaborador, artista culinario y “consumidor”.
28/04/12
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