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CONFORMACIÓN DEL DESTINO DURANTE EL DORMIR Y EL ESTAR DESPIERTO
Rudolf Steiner.

Traducción de Ana María Rauch. Buenos Aires. Argentina.

Pasemos hoy a considerar algo que tal vez pueda conformar un complemento de la conferencia pública de ayer (¿Qué quiso ser el Goetheanum y qué debe ser la Antroposofía?).

Quiero referirme a la manera en la cual el hombre se inserta a aquella parte del orden universal que está relacionada con su propio destino, con aquello que acostumbramos llamar el karma.
¿De qué manera se lleva a cabo esta configuración del destino en el hombre? Para poder dar una respuesta valedera y no simplemente teórica, debemos profundizar en la entidad del hombre.

A menudo se habla de la vida humana de modo tal que se dice: la vida del hombre se divide en estos dos estados de conciencia diferentes entre sí: el estar despierto y el estar dormido. Al dormir empero se lo toma meramente de modo tal que se dice: durmiendo el hombre descansa.  La concepción científico natural de por sí supone, que la actividad consciente cesa con el caer dormido, comenzando a funcionar nuevamente al despertarse, de modo tal que el dormirse no es otra cosa que un cese de actividades del organismo para la obtención del descanso. El sueño empero no es un simple descansar, sino un ausentarse de aquello que llamamos el cuerpo astral y de aquello esencial que es el yo, durante el tiempo del dormirse hasta el despertarse.

El grado evolutivo en el cual se encuentra el hombre actualmente en la vida terrenal, no puede obtener una conciencia inmediata de la actividad realizada por el yo y el cuerpo astral durante el lapso comprendido entre el dormirse y el despertarse. Pero, para la vida humana, lo que hacen allí el cuerpo astral y el yo es de una importancia por lo menos similar a lo realizado durante la vida diurna.

El hecho de que el yo y el cuerpo astral no puedan desarrollar conciencia alguna de los complicados episodios que con ellos suceden durante el sueño, tiene su causa en que en el actual estado terrenal, este yo y este cuerpo astral no poseen órganos de percepción para los acontecimientos a los cuales están ligados. Pero los acontecimientos existen. Y esos acontecimientos son vivenciados desde el momento de dormirse, hasta el despertar y cobran el efecto en la vida diurna, en la vida consciente del hombre.
Obtendremos las representaciones más fehacientes acerca del actuar y cobrar efecto de las vivencias del yo y del cuerpo astral durante la vida despierta-diurna, al tomar nota del comienzo de la vida humana. Ya lo hicimos frente a otras reflexiones. En la primera época de su vida, el hombre, siendo infante, penetra en la vida terrenal durmiendo. No se refiere únicamente al estar dormido físicamente, sino que tenemos que hablar de todo ese tiempo del cual no podemos tener memoria con nuestra conciencia ordinaria. Para la observación exterior, el niño puede dar una impresión despierta, pero lo que está pasando en la conciencia no recibe  una formación tal, que pueda ser recordado más adelante. Y todo lo que es vivenciado por el niño, sin que lo recuerde más adelante, lo podemos resumir de modo tal que decimos: nos remitimos a la época en la cual el hombre entra durmiendo a la vida terrenal.

¿Pero, qué es lo que se va desarrollando allí, justamente a partir de ese estado de sueño, en el comienzo de la vida terrenal del hombre? Tenemos que fijarnos especialmente en tres cosas, si queremos comprender el efecto de aquello que el hombre ha traído consigo desde la existencia preterrenal, aquello que de una manera oscura, sumida en sueño, va tejiendo dentro de su existencia física; son tres las cosas, que el hombre tiene que hacer suyas de manera diferente a la empleada por los animales. Los animales, o no las adquieren, o ya las traen consigo de alguna manera.

Esas tres cosas son aquello que comúnmente señalamos en la vida de forma muy global. Sólo una pequeña parte del gran conjunto se capta en esencia. Lo primero es “el aprender a caminar”. El hombre llega a la tierra, siendo un ser que no puede caminar, que recién tendrá que adquirir esa facultad. Lo segundo que debe ser adquirido es el hablar y lo tercero es el pensar. Podemos diferenciar en el niño claramente, cómo a veces lo uno llega antes que lo otro, pero tomando a la humanidad en su conjunto, se podrá decir: el hombre aprende a caminar, a hablar y a pensar –en todos los casos, el pensar después del hablar. Recién a partir del hablar se va generando la facultad de poder ir fijando también en el pensamiento, lo que se formula mediante palabras. Y pasa bastante tiempo hasta que pueda afirmarse realmente: el niño piensa.

Pero justamente el caminar se toma con mucha unilateralidad. El caminar no consiste en el mero hecho de que el niño aprende a erguirse y logra poner en un movimiento de péndulo a sus piernas, sino que consiste en el hecho de que el niño adquiere el equilibrio, aprende a dominar el equilibrio humano en el mundo, de modo que pueda decirse: uno puede pararse donde sea que fuere, sin caerse, de modo tal que uno puede parar a su cuerpo dentro del mundo, que puede aprender a dominar sus músculos, sus miembros de modo tal que el punto de gravedad del cuerpo cae sobre el lugar adecuado, tanto al estar parado, como al estar caminando. Pero aún así lo estamos viendo de un modo unilateral, pues debemos tomar en cuenta algo excepcionalmente importante que se está llevando a cabo: la diferenciación de las piernas y los brazos.

Los animales emplean sus cuatro miembros de modo uniforme  –generalmente por lo menos; cuando así no sucede, existe una explicación al respecto–  el hombre en cambio realiza la diferenciación. Para ponerse en equilibrio, para caminar, necesita sus piernas, mientras que los brazos y las manos se conforman en maravillosos medios de expresión para lo anímico y son portadores del trabajo que realiza sobre la tierra. Y justamente en esa diferenciación entre pies y manos, brazos y piernas está dado aquello, que tomamos con demasiada unilateralidad frente al aprender a caminar.

Lo segundo que adquiere –al igual que con ocasión del caminar y pararse, al buscar el equilibrio, al diferenciar manos y pies, probando e imitando, es “el hablar”. Y podemos decir: el hablar no está exento de relación con el caminar y sobre todo no está exento de relación con la mano diferenciadora. Puesto que se sabe que el hablar está relacionado con un determinado desarrollo de una parte del cerebro en la circunvolución temporal izquierda. Es el caso empero únicamente en aquellas personas que realizan los asuntos más importantes de la vida preferentemente con la mano derecha.

Los que utilizan la mano izquierda, tienen situado el órgano del habla en el lado derecho del cerebro. Este hecho nos muestra, cómo con la búsqueda del equilibrio está relacionado aquello que se expresa en el hablar.
Y a partir del hablar, luego se va desarrollando el pensar.
Sólo mediante una forma artificial, el nacido sordo puede ser llevado al pensar. Pero para las personas que no nacieron sordas, el pensar es algo que se desarrolla a partir del hablar.

Estas peculiaridades del hombre, que recién hemos resumido, las podremos comprender en su totalidad, al observar la transición del estar despierto al estar dormido. Allí sucede, que el cuerpo físico y el cuerpo etérico yacen físicamente en el lecho y que el yo y el cuerpo astral se han separado en lo esencial del cuerpo físico y del etérico. Si empero, nos acercamos a ese cuerpo astral con los medios de la ciencia espiritual, tal como se encuentra separado del complejo físico-etérico en el tiempo del estar dormido al despertarse, nos daremos cuenta de que ese cuerpo astral contiene esencialmente las fuerzas, que están relacionadas con el aprender a hablar del hombre.
Es excepcionalmente interesante observar el dormirse y el despertarse del hombre, cuando siendo niño, está aprendiendo a hablar y, hasta es más interesante aún, observar en alguna persona que recién de adulto, está aprendiendo a hablar, cómo el cuerpo astral participa de un modo tan activo en ese aprendizaje. Pues sucede que el cuerpo astral lleva consigo lo espiritual-anímico que está contenido en las palabras, en el hablar, en el momento en que el hombre está inmerso en el aprendizaje del habla, y también más tarde cuando en el curso del día se sirve de la palabra.

Al poder observar cómo el hombre habla, cómo formula sus palabras, cómo les imprime a las palabras aquel sonido propio, infundiéndoles la fuerza de la convicción de su alma, cómo vuelca dentro de esas palabras lo anímico que está vivenciando, entonces podrá observar así mismo, cómo al quedarse uno dormido, el cuerpo astral extrae eso espiritual-anímico del cuerpo físico y del cuerpo etérico, conteniendo el efecto posterior de lo espiritual-anímico de la lengua, como una especie de resonancia en el mundo espiritual-anímico.

Puede uno también observar en el cuerpo astral dormido, las formulaciones de las palabras, los matices de los sonidos, la fuerza de convicción, que la persona supo participarles. Por supuesto que ya no existe la fuerza oscilatoria, que se imprime al aire, y es así como tampoco se produce el sonido físico de la palabra. Pero es aquello que emana de la boca humana, como espiritual-anímico sobre las ondas de las palabras y que es escuchado por el oído, aquello que se transmite anímicamente sobre la corriente de la lengua, lo que transporta el cuerpo astral, como lo espiritual-anímico al mundo espiritual, cuando el hombre está durmiendo. 

Esto se nota con mayor nitidez cuando el niño o también el adulto está haciendo el esfuerzo de aprender a hablar. Pero está sucediendo durante toda la vida que aquello que hablamos durante el día con referencia a lo espiritual-anímico, luego durante la noche es transportado al mundo espiritual por el cuerpo astral. De modo, que podemos decir: en especial el matiz sensible de lo hablado es extraído por el cuerpo astral durante la noche. Es esa la peculiaridad del cuerpo astral.

Observemos ahora la conducta del yo durante el tiempo que transcurre entre el quedarse dormido y el despertarse. Naturalmente el yo está ligado al sistema de los miembros, del mismo modo como el cuerpo astral está ligado al pecho, y del pecho emana el hablar, así, el yo está ligado a todo aquello que hace el hombre con sus miembros, desde el momento de despertarse, hasta el momento de quedar dormido, realizando tal o cual paso, al llevar a cabo tal o cual acción con sus brazos y sus manos.
Del mismo modo como el cuerpo astral penetra dentro de cada palabra, extrayendo lo anímico de esa palabra durante el sueño, así el yo está ligado con cada movimiento que realizamos, visitando este, o aquel lugar en el mundo mientras estamos despiertos. El yo está ligado a cada movimiento de nuestro brazo, con el asir de cualquier objeto, pero, mientras que con respecto al cuerpo astral se toma en cuenta en menos medida lo propiamente anímico, lo concerniente al alma que se halla vertido dentro del hablar, ya en conexión del yo con los miembros uno se inclina a no tomar en cuenta para nada el hecho de que allí se relaciona algo con lo espiritual-anímico.
Uno toma el caminar, el asir de las manos como algo que sucede de acuerdo a una especie de mecanismo físico; no es empero ese el caso. Aquello que está contenido en cada movimiento de un dedo en el curso del día, lo que está contenido en cada uno de nuestros pasos, con los que vamos a tal o a cual lugar, contiene así mismo lo espiritual-anímico del mismo modo como la palabra contiene lo espiritual-anímico. 
Y aquello, que está ligado a nuestros miembros, con nuestros movimientos, el yo lo lleva consigo de nuestro cuerpo físico-etérico, cuando dormimos, al mundo espiritual, sólo que ahora relacionado con un hecho espiritual-anímico especial, con el hecho de que en cada instante entre el estar dormido y el despertarse, inconscientemente se halla satisfecho o no satisfecho.

A medida que lo vaya explicando lo irán entendiendo mejor –estar satisfecho,  hablando un poco trivialmente, se refiere a si las piernas se han ido desplazando hacia este o aquel lugar para hacer algo, y si los brazos llevaron a cabo tal o cual cosa.

Al dormir no sólo se lleva LA RE-SONANCIA del movimiento de las piernas y del movimiento de los brazos sino que se lleva ese sentimiento de conformidad o disconformidad y permanece pegado a la vivencia del yo desde el dormirse hasta el despertarse: en realidad no deberías haber ido a ese lugar. O: en realidad fue bueno haber ido a ese lugar. En realidad fue bueno que hicieras tal o cual cosa con tus brazos. En realidad fue malo que hicieras tal o cual cosa. Esto es lo espiritual-anímico que el yo adiciona a aquello que extrae de los miembros del yo, para llevarlo al sueño. ¿Por qué sucede esto? Esto se debe al hecho de que el cuerpo astral, al ser transportado entre el dormirse y el despertarse al mundo espiritual, según el orden mundial, en el hombre en realidad está destinado a tomar íntimo contacto en el tiempo entre el dormirse y el despertarse, con aquellas entidades que en mi “ciencia oculta” se definieron como pertenecientes a la jerarquía de los Archangeloi,  los Arcángeles. Ya que con aquello que como resonancia de la lengua llevamos al sueño, se sienten familiarizados  esos seres arcangélicos. Es lo que necesitan, lo que quieren vivenciar.  

Diríase: del mismo modo como nosotros los hombres en la vida terrenal física dependemos de la respiración, o sea de estar rodeados de oxígeno y por lo tanto percibimos el oxígeno como algo agradable, así los Arcángeles – que están ligados con el interior de la tierra – perciben como necesidad que las almas humanas, cuando duermen, les entreguen la resonancia de aquello que yace dentro de su lengua, su palabra hablada.

Eso es lo peculiar de la lengua humana, que a través de la mediación del estado de sueño posea parentesco con la jerarquía de los Arcángeles. Si llaman a su memoria lo que dije anteriormente, recordarán que en realidad los Arcángeles son lo guías, los genios y conductores de las lenguas de los pueblos. Los Arcángeles son los guías de las lenguas de los pueblos por el hecho – dicho gráficamente –  de que directamente inspiran aquello que el hombre les entrega a partir de la lengua al dormirse. Se produce empero de inmediato una insuficiencia del hombre, cuando al dormirse, no aporta lo apropiado.

Es algo que puede observarse especialmente dentro de la cultura presente: en realidad existe poco de aquello que se conoce como idealismo y paulatinamente las palabras humanas han adoptado un sentido tal que se refieren a cosas físicas-materiales, externas. La denominación de ideales – lo que presupone que uno cree en lo espiritual, dado que lo ideal es espiritual –desaparece cada vez más y más. En el estado de hallarse despiertos, los hombres no desarrollan el impulso, el entusiasmo interior correspondiente al idealismo y eso tiene como consecuencia que prácticamente hablen únicamente acerca de cosas tales que tienen existencia en el mundo físico. Las palabras adoptan, en medida cada vez  mayor, la denominación para cosas existentes en el mundo físico. Sucede que en nuestra época, en mayor o menor medida, hasta aquellas personas que muy fanáticamente quieren creer en el espíritu, en realidad lo rechazan. Realizan experimentos espiritistas en los cuales promueven que el espíritu se manifieste, dado que quieren creer en el espíritu únicamente si puede ser material. Pero ese no es un espíritu que aparece dentro del brillo lumínico material y cosas por el estilo: el espiritismo es la forma extrema del materialismo. Se intenta negar al espíritu por el hecho de querer hacer valer como espíritu sólo aquello que entra al mundo de lo material. O sea, que estamos en una época en la cual las palabras no salen del alma de un modo tal que tomen un impulso ideal y tal impulso va en constante disminución. Si empero no existe ese impulso ideal, si el hombre estando despierto no logra hablar también de sus ideales, orientándose hacia aquello que pertenece al ideal, lo que se sobrepone al mundo físico, lo que le  marca metas a la vida que van más allá de la vida física; cuando el hombre en su lengua cotidiana no desarrolla palabras para sus ideales, cuando la lengua misma no está vertida dentro del idealismo – entonces le resulta difícil al hombre encontrar aquella relación con los seres arcangelicales cuando duerme, relación que le es necesaria y entonces le falta un orden al estado del sueño, orden que debe imperar dentro de lo que debe llevarse a cabo entre el alma humana y la jerarquía de los Arcángeles. Cuando este es el caso, cuando el hombre está atrapado por el materialismo y en su lengua no desarrolla idealismo y poco a poco las palabras se han conformado de modo tal que el hombre poco habla de ideales, entonces la vida terrenal transcurre de modo tal que el hombre todas las noches – por así decirlo – pierde la conexión hacia el ser angelical y le será difícil conectarse de manera tal con el mundo espiritual que después de su muerte pueda sustentar una vida vigorosa desde la muerte hacia un nuevo nacimiento. El hombre se debilita por el hecho de que su lengua no contiene idealismo, se debilita para la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento.

El saber qué sucede con esas cosas ya es un conocimiento vital. Aquel que sabe qué importancia y qué significado tiene si la lengua no posee idealismo, finalmente cobrará la fuerza suficiente y tratará por todos lo medios de que al hablar humano se le infunda idealismo. Ya durante la existencia terrenal puede notarse que aquel quien no puede enriquecerse con la necesaria fuerza del ser arcangelical en el estado del sueño, no puede luego disponer de esa fuerza. Con respecto a aquello que la lengua debe realizar en nosotros como hombres durante el sueño podemos afirmar: para poder recibirlo de la correcta manera, como resultado para la vida tendremos que esforzarnos en poseer tal idealismo, que dentro de nuestras palabras no fluya meramente la comunicación referente a la vida cotidiana sino que las palabras contengan así mismo lo espiritual en forma de idealismo.

Esto se torna más notorio empero, si ahora observamos al estado de sueño del yo. El yo lleva consigo al estado de sueño conformidad o disconformidad acerca de aquello realizado por los miembros,. Del mismo modo como el cuerpo astral es transportado por el efecto posterior de la lengua junto a la jerarquía de los Arcángeles, así el yo es transportado junto a la jerarquía de las fuerzas prototípicas de los Arcai, a través de aquello que lleva al sueño como resonancia del actuar diario a través  de piernas y brazos.  A partir de los Arcai recibimos luego la fuerza, en primer lugar, para compenetrar de correcta manera nuestro cuerpo físico, de modo tal, que no solamente nos proponemos el bien sino que hasta cierto grado también estemos en condiciones de dominar los instintos del cuerpo físico en medida tal que no tengamos un obstáculo en nuestro cuerpo físico para realizar aquello que dentro de la libertad del pensamiento nos proponemos como deber o como meta. Somos libres en nuestros pensamientos. Pero la fuerza para emplear la libertad en la vida la recibimos solamente cuando llevamos al sueño la correcta relación con las fuerzas prototípicas, con los Arcai. ¿Cómo podemos lograr tal cosa? El idealismo coloca a nuestro cuerpo astral dentro de una correcta relación para con los seres arcangélicos. ¿Qué es lo que coloca en correcta relación a nuestro yo para con las fuerzas prototípicas? Aunque nosotros por ahora permanecemos inconscientes durante la noche – el ser empero, proveniente de la jerarquía de las fuerzas prototípicas tiene plena conciencia de los hechos, capta aquello que en nosotros es inconsciente y lo desarrolla hacia una expresa idea de conformidad o disconformidad para con aquello que hemos realizado durante el día. ¿Qué es empero aquello que nos coloca en una correcta relación para con estas fuerzas prototípicas, una relación tal, como la obtenemos a través del idealismo dentro de la lengua para con los Arcángeles?
No hay otra cosa para entrar en una correcta  relación hacia las fuerzas prototípicas con respecto a nuestro yo durante el sueño, como el real, auténtico y verdadero AMOR HUMANO, amor humano franco, amor humano general, auténtico interés por nuestro prójimo, con el cual nos encontramos en la vida; no simpatía y antipatía que surge meramente de algo que no queremos vencer. El auténtico y verdadero amor humano durante el estar despiertos nos lleva durante el tiempo que transcurre entre el dormir y el despertar, al seno de las fuerzas prototípicas de los Arcai – de correcta manera; y allí, mientras el yo descansa en el seno de los Arcai, se forma el Karma, el destino. Allí se produce el juicio: estoy disconforme con aquello que he realizado con mis brazos y piernas y, de aquello que surge como conformidad o disconformidad, se genera no solamente lo que cobra validez para la época  corta que sucede a la muerte, sino para la próxima vida terrenal; se genera la fuerza para un correcto plasmar del destino, de modo tal que las cosas que hemos sentido en una vida terrenal dentro del yo en relación con las fuerzas prototípicas durante el sueño, lleguen a su real armonía y equilibrio.

Tomando en cuenta todo esto, podrán entender esa peculiar relación entre el yo y el destino, el Karma. Tal como podemos observar al cuerpo astral, entregando lo hablado a modo de ofrenda a los Arcángeles – cuando el hombre es un idealista – de modo que luego los Arcángeles puedan guiarlo de correcta manera entre la muerte y un nuevo nacimiento, vemos también como el yo teje en el destino. Se elabora el karma conjuntamente con las fuerzas prototípicas y las fuerzas prototípicas tienen el poder de otorgarnos aquello que necesitamos no solamente para trasponer la época, el tiempo entre la muerte y el nuevo nacimiento, sino para llegar a la tierra – en un nuevo descenso. Con la fuerza tal de que siendo niños pequeños podamos aprender a caminar de tal o cual manera sirviéndonos de nuestra herencia, encontrando el equilibrio y aprendiendo a diferenciar los pies de la manos, los brazos de las piernas. 

Es muy peculiar ver, cómo en el niño, cuando del gateo pasa al caminar, cuando en un principio adquiere equilibrio, dentro de ese esfuerzo cobra efecto la manera en que el yo en su vida terrenal anterior pudo relacionar el sueño con las fuerzas prototípicas a través del amor humano general. Eso se expresa en el aprender a caminar. Esto puede ser observado hasta dentro de los detalles. Puede verse – cuando el niño cae una y otra vez – que eso se debe a que en una vida anterior el niño ha desarrollado fuertes sentimientos de odio humano. Así, sólo pudo aproximarse a las fuerzas prototípicas sin poder encontrar la correcta unión con ellas y, justamente dentro de ese aprender a caminar, dentro de ese constante desplomarse se marca esa consecuencia. Aquel que adquiriese la percepción certera para ello y quien se propusiese: quiero conformarme en auténtico educador a través del hecho de observar  detenidamente a los niños cuando aprenden a caminar –  quien pudiese llevar a cabo esto, podría captar realmente una inmensidad de aquello que como educador, como maestro se debe equiparar, equilibrar por haber sido traído de una vida anterior a esta vida, a causa de un amor-humano no suficiente o suficiente y mal implementado.

En este caso vemos cómo el modo de ver materialista se detiene en lo físico únicamente. Esa opinión materialista describe cómo el organismo humano se yergue a manera de una máquina, para aprender a caminar, etc. Pero a todo lo físico está ligado lo espiritual y, aquel que abarca con su visión el proceso en su totalidad, se dará cuenta de que en ese aprender a caminar del niño cobra interferencia la vida terrenal anterior. Vale decir, aprender a caminar es en sí la manera como el hombre aprende a dominar su cuerpo físico, al entrar en una nueva vida terrenal; y para aquel que ejerce una visión completa, el aprender a caminar no se agota con el hecho de que uno puede erguir sus piernas y puede erguir todo el cuerpo entero, sino que lleva a que ahora  se producen procesos en el interior del hombre, también a que el hombre ahora domine su actividad glandular, etc. Dado que cuando el niño aprendió a caminar – y antes aún – es importante que aprenda a dominar su actividad glandular, digamos, en ocasión de tener un temperamento flemático o colérico o emociones desmedidas. Y esto está relacionado nuevamente con aquello que en la vida terrenal anterior se reveló como relación hacia las fuerzas prototípicas, a partir del amor-humano en general o de la ausencia de ese amor-humano.

Al pensar de manera materialista, se dice: el hombre descansa al dormir. – Pero no sólo descansa. Al desarrollar el verdadero idealismo cuando está despierto, lleva a su sueño la posibilidad de elevación a la jerarquía de los Arcángeles para su cuerpo astral, o sea la posibilidad de contactarse durante el sueño con el mundo espiritual, de manera tal que pueda ser vivida correctamente la época comprendida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Por supuesto que traemos debilidades con nosotros a la vida terrenal cuando no vivimos correctamente ese tiempo. Pero del modo como el hombre se relaciona correctamente con las fuerzas prototípicas, con los Arcai, depende de qué manera implementamos la próxima vida. Como se ve, el amor-humano en general posee una fuerza auténticamente creadora, ya que ¿de qué depende que alguien sea vigoroso en una vida para poder colocar a su cuerpo físico al servicio del alma, pudiendo dominar a ese su cuerpo físico? Depende del hecho de que en la vida anterior ha desarrollado amor-humano, algo puramente anímico.

Recuerdan ustedes lo que dije en conferencias anteriores (Ciencias ocultas): Lo anímico de una vida terrenal, cobra vida en lo físico de la próxima vida terrenal, lo espiritual de una vida terrenal cobra vida en lo anímico de la próxima vida terrenal. (De hecho puede afirmarse:) De esa misma manera están ligadas las cosas a las que acabo de referirme. No puede uno afirmar de modo generalizado que existe algo así como un destino, algo así como un karma. De hecho puede afirmarse: puede verse como el hombre trabaja en su karma. Lo teje durante su sueño pero cosecha lo que necesita  para ese tejido, mientras está despierto; ya que aquello que está tejiendo son los hilos que debe elaborar a partir del amor-humano en general; o los hilos que se cortan constantemente y que forman un karma malo para la próxima vida, son aquellos que fueron un karma tejido por odio-humano. Dado que, para el karma se emplean, sobre todo, el amor-humano y el odio-humano, deberá empero considerarse este asunto de modo correcto. Es en el fondo una concepción muy cómoda si se dice: estoy enfermo – y bien, es mi karma. Me tocó esta desgracia – es mi karma. No quiero decir con ello que es una sabiduría de vida tranquilizadora, es empero una concepción teórica cómoda, atribuirle todo al karma. Pero es absolutamente incorrecto de este modo; ya que supongamos que no miremos a esta vida terrenal, sino a la subsiguiente, entonces  de esa vida terrenal subsiguiente podrán ustedes mirar a esta vida actual y entonces dirán: “es mi karma” – pero lo que es su karma, indicará hacia atrás, hacia esta vida terrenal, allí se ha generado. Vale decir, está presente constantemente el karma que se está generando.

No tenemos que remitir todo al pasado. Tenemos que tener  en claro que el tener la correcta postura hacia el karma nos lleva a la afirmación: una enfermedad que ahora me toca, no necesariamente tiene que ser la consecuencia de una debilidad anímica anterior, sino que puede darse el hecho de que una enfermedad se dé a raíz del presente, no obstante el karma sigue siendo valedero. Si me toca una enfermedad, una desgracia, en esta vida terrenal, el balance vendrá, o esta desgracia, esta enfermedad pueden constituirse en hecho que viene a compensar.

Vale decir, que se debe tomar en cuenta siempre también el futuro cuando se habla del karma. La relación que se tiene hacia el karma es esa en que uno adopta una aceptación inamovible de la justicia universal general, de modo tal que se sabe: todo llega a un equilibrio, pero no de una manera tal que meramente se rompa la secuencia de las vidas terrenales a causa de la actual, derivando todo hacia el pasado.

Aquel quien sabe: existe el equilibrio, la compensación se inserta de modo vital dentro del curso kármico de los acontecimientos de la vida. Lo esencial empero en lo que al concepto de karma se refiere es el estado anímico del alma que debe surgir de ese concepto; y es el siguiente, que para el caso – digamos de una desgracia – es la equiparación o compensación de una debilidad anterior del alma, quien sabe esto encontrará la motivación para decir: “si no hubieses experimentado esta desgracia ahora, hubieses tenido que seguir padeciendo esa debilidad. Si miras dentro de las profundidades de tu alma tienes que decir: es justo que esta desgracia haya sobrevenido, dado que así una debilidad ha sido eliminada, ha sido quitada esta debilidad”.

Quien desaprueba (desea que no se cumpla) tal desgracia, que equipara una anterior debilidad del alma, o una equivocación, en realidad no se ubica en el criterio de plena dignidad humana. Es como si dijera: me es indiferente si sigo siendo débil o si conquisto cierta fortaleza. Sólo aquel que asume una desgracia en forma correcta, quien dice: en caso de que se trate de una debilidad anterior, está bien que me ha tocado; ya que a través de la desgracia sentiré la debilidad que tuve y que tal vez se ha expresado a través de una falta. De este modo corrijo la debilidad, soy fuerte nuevamente.

Y en el caso de que la desgracia se presenta como primer paso en el karma, entonces la postura al respecto será que uno se dice: si al hombre le aconteciese únicamente aquello que para sí desea, se volvería muy débil justamente por semejante curso de vida. En el curso de una o dos vidas terrenales viviríamos muy cómodamente dado que sólo  acontece aquello que deseamos, pero en la tercera o cuarta vida terrenal estaríamos como paralizados anímica y espiritualmente dado que no tendríamos que realizar esfuerzo alguno para vencer las resistencias. De hecho, las resistencias pueden ser vencidas únicamente cuando estamos frente a lo no-esperado, a lo no-deseado. Al desarrollar empero una auténtica fuerza frente a las resistencias, al llevar el suficiente amor humano hacia el sueño, entonces aquello que se teje por el yo, en relación con las fuerzas prototípicas, con los Arcai, se implementa de modo tal  que tiene lugar el correcto equilibrio en la próxima vida terrenal.

Todas las verdades antroposóficas tienen que ser no solamente verdades teóricas a través de las cuales se toma un conocimiento, sino que todas ellas poseen la cualidad de pasar al ánimo, a la constitución anímica; y aquel en el cual no se han integrado por completo a la constitución anímica no las ha captado aún por completo, las ha captado únicamente a modo de verdades teóricas. La real comprensión del karma, del destino, lleva a que el hombre, al encontrarse en la vida, desarrolle una perceptibilidad mayor frente a dicha y desgracia – viviendo con fuerza la dicha y la desgracia – encontrando  empero también la posibilidad de colocarse en aquel clima anímico frente a los mundos espirituales que ya no proceden a partir de una confesión de fe, sino a partir de la contemplación de aquello que es realizado por el Yo y el cuerpo astral, al hallarse alejados de la vida diurna. A partir de la aceptación de todo esto llega a la postura de creer irreversiblemente en la justicia universal. Comprender al karma significa contemplar de la correcta manera la justicia universal. No significa tornarse flemático frente a desgracia o dicha, frente a alegría o dolor, significa en cambio, situar en su debido lugar en la vida a la alegría y al dolor, a la dicha y a la desgracia.

Podemos decir: cuando se ve al hombre durante la vida diurna, en realidad sólo se ve al yo y al cuerpo astral, tal como cobran actividad en el cuerpo físico y entonces sólo se sabe algo de la actividad  en el cuerpo físico, nada de lo espiritual-anímico dentro del yo y del cuerpo astral. Cuando hablo con un hombre presto atención a las palabras que me dice y si soy materialista me lo explico de la manera siguiente: pulmón, laringe etc. trabajan; de ese modo, el aire se pone en oscilaciones que golpean mi oído, etc. – si empero miro al asunto de un modo certero, veré vibrar dentro de aquello que se va formando a modo de palabra lo que va tomando forma dentro de lo hablado, su cuerpo astral. Hallaré empero, ligado a ese cuerpo astral de la persona, el parentesco con el mundo divino-espiritual y entonces me diré: al estar el cuerpo astral dentro del cuerpo físico durante el estar despierto diurno, se oculta dentro del hablar y dentro de actividades similares. Durante la noche toma parte de la vida de las jerarquías superiores y lo mismo sucede con las actividades del yo.

Podemos afirmar entonces: al estar durmiendo el hombre, no se trata de un mero descanso para la vida diurna. Está trabajando en el mundo espiritual del mismo modo como trabaja con su cuerpo físico, como habla con su cuerpo físico aquí en el mundo físico y, del mismo modo como el materialista niega que el yo y el cuerpo astral existen durante el sueño, el materialismo debe reconocer que no posee comprensión de la integridad del mundo. Dado que ¿Qué es para el materialismo el mundo moral? Mundo moral es para el materialismo lo que el hombre se propone en sus pensamientos, lo que empero nada tiene que ver con las fuerzas creadoras del mundo. Para aquel quien real y verdaderamente profundiza dentro de la vida humana, el orden mundial – moral es aquello, dentro de lo cual el hombre vive con la misma fuerza al estar dormido, como lo hiciera estando despierto, dentro del aire y dentro de la luz.

Y hay otra cosa esencial que debe ser tomada en cuenta. Al morir, llevamos la lengua – lo mismo cobra validez para el karma – morimos y estuvimos ligados de manera correcta o de manera más bien precaria con el mundo de los Arcangeloi. Eso se repitió en oportunidad de cada sueño. Llevamos a través  del portal de la muerte aquello que nos han entregado los seres arcangélicos durante el sueño. Podremos entonces llegar de modo certero al acceso al mundo espiritual, que es el logos, que está formado por los elementos cósmicos que tienen su réplica en las palabras de la lengua – podremos entrar al mundo espiritual para la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero no es tan sencillo. Al pasar por la muerte no tenemos cuerpo físico. Basta allí aquello que nos fuera entregado por los Arcángeles, en oportunidad de cada uno de los sueños para actuar y evaluar/aprovechar entre la muerte y un nuevo nacimiento. Al despertar empero, siendo hombres terrenales, físicos, tenemos que sumergirnos nuevamente dentro del cuerpo físico. Eso no nos lo pueden transmitir los Arcángeles. Tienen que colaborar aún jerarquías superiores: aquellos seres que en mi “Ciencia Oculta” los he señalado como los Exusiai y los Kyriotetes. Son ellos los que (en comunidad con los Arcángeles) deberán introducir a los impulsos e instintos del cuerpo físico – que de otro modo nos ofrecerían resistencia – aquello que hemos ganado/conquistado en comunidad con los Arcángeles a través de la espiritualidad de la lengua – y allí se encenderá, como voz de la conciencia. Pero al inflamarse como voz de la conciencia aquello que a partir del sueño introducimos al cuerpo, dentro de esa voz de la conciencia cobra efectividad aquello que está dado en la jerarquía de los Exusiai y de los Kyriotetes, como una jerarquía superior a aquella de los Arcángeles.

Cuando podemos entonces observar en el mundo físico que éste o aquel hombre desarrolla su conciencia de modo tal que su cuerpo físico genera mejores impulsos, mejores instintos, es porque a causa del idealismo de su lengua, Kyriotetes y Exusiai pudieron actuar sobre él de modo certero.

Y por otra parte, cuando el hombre entra en una correcta relación con los Arcai a través de un generalizado amor-humano, se elaborará un karma de un modo tal, como se introduce al cuerpo en las próximas vidas terrenales, al aprender a caminar, al aprender a mantener el equilibrio, al cobrar destreza los brazos, al dominar el sistema glandular, etc. durante la primera época infantil, cuando entramos a la vida terrenal en un estado de sueño. Puesto que hemos adquirido la facultad de poder trabajar en unión con las fuerzas prototípicas, con los Arcai, en la época entre la muerte y un nuevo nacimiento. Para que empero el hombre aquí sobre la tierra reciba una fina percepción y una aguda conciencia para sus propios actos, es necesario que aquella jerarquía que en la “Ciencia Oculta” les he señalado como Dynamis, actúe en relación con los Arcai, o sea, nuevamente entidades de una jerarquía superior.

Cuando al hombre le falta el amor-humano general, le falta el interés auténtico para con su entorno humano, no encontrará la conexión certera hacia los Arcai. Por ese hecho pierde la posibilidad de tejerse, de manera correcta, un karma para la próxima vida terrenal y entonces necesitará otras vidas terrenales  para hallar una equiparación. Pero para esa vida terrenal, aún tiene como desventaja el hecho de que tendrá cada vez menos fuerza para llevar al cuerpo físico los juicios que se forman con respecto a conformidad y disconformidad con aquello que hacen piernas y manos; ya que eso no lo podemos hacer nosotros mismos, tenemos que reunirnos del modo correcto con los Dynamis, a través de un mayor amor-humano. Ellos aportan luego del modo correcto la fuerza a nuestro cuerpo físico, fuerza que llevará a cabo lo correcto. De otro modo nos desplomaremos, a pesar de que somos conocedores de lo correcto. Podemos adquirir libertad en nuestros pensamientos. Para que empero podamos emplear también la libertad de correcta manera en la vida física, para ello necesitamos generar el correcto equilibrio en el estar despierto y en el sueño, dado que debemos encontrarnos del correcto modo no sólo con las fuerzas prototípicas, sino también con los Dynamis.

La suprema jerarquía, Seraphim, Cherubim y Throne quieren sacar al mundo aquello que nosotros hacemos. Exusiai, Dynamis, Kiriotetes extraen del sueño a modo de fuerza moral, aquello, lo que captamos con nuestros pensamientos, para introducirlo a nuestro ser físico. Los Seraphim, Cherubim y Throne nuevamente lo transportan hacia el mundo de modo tal que nuestras propias fuerzas morales se constituyen en fuerzas creadoras universales.

Por lo tanto la tierra en épocas futuras pasará al Estado de Júpiter y nuestras fuerzas morales llevarán a cabo las correctas funciones en ocasión de esa transformación –los Seraphim, Cherubim y Throne naturalmente sólo tienen que ver algo con ello– si nosotros les brindamos los fundamentos necesarios. Si por el hecho de que nos tornamos cada vez más débiles les entregamos fuerzas destructoras, colaboramos en la destrucción de la tierra y no en la edificación de Júpiter.

Como pueden ustedes observar, la membración del mundo espiritual en antroposofía, de hecho, no existe únicamente para darle un nombre a los diferentes grados, sino que poco a poco se puede penetrar a todo el contexto del mundo para lograr una visión acerca de la relación del hombre con el mundo espiritual, tal como se conoce la relación del hombre con el mundo físico. Y es aquello lo que a los hombres les brindará nuevamente la fuerza certera para una vida constructiva, cuando de ese modo encuentran el camino para darse cuenta de su relación con el mundo espiritual; cuando no meramente crean que el sueño existe para descansar, sino que ganen convicción: tenemos al sueño para obtener la correcta relación con el mundo espiritual, bajo las repercusiones del cuerpo físico.

Es ciertamente correcto que el hombre puede negar el mundo espiritual-moral, puesto que lo vive estando durmiendo en su actual estado terrenal. A través de una auténtica ciencia empero debe revelarse lo que el hombre experimenta sumido en sueño. Es aquello que como existencia celestial se extiende dentro de la vida terrenal. Para ello, el hombre tiene el sueño, para que pueda extraer del mundo espiritual la fuerza correspondiente, justamente para su vida física.

Comparen ahora a partir de este punto de vista la relación de aquello que a modo de bosquejo intenté presentarles con mi “Filosofía de la Libertad” y notarán: he recalcado expresamente que no es el caso de concebir la teoría de que la voluntad sea libre, sino que el pensamiento debe ser libre. Es justamente el pensamiento el que debe dominar la voluntad, si se quiere ser un hombre libre. Para que empero la voluntad no ofrezca una resistencia imposible de vencer al libre pensamiento, el hombre tiene que implementar su vida de un modo correspondiente. Al pensamiento lo podemos liberar siendo hombres tales como somos en el mundo físico. El sentir y el querer empero los podremos liberar únicamente si para el sentir entramos en la relación correcta con los Arcángeles y si para el querer entramos en la relación correcta con los Arcai.

Sucede empero también lo siguiente: aquello que vive dentro de la lengua, durante la noche sale con lo espiritual anímico. Aquello que vive dentro de nuestros miembros, sale también. El cuerpo astral y el yo salen. El cuerpo etérico permanece junto al cuerpo físico. El pensar, que está sujeto al cuerpo etérico, continúa dentro del cuerpo etérico. Sólo que escapa a nuestra conciencia ordinaria el hecho de que el cuerpo etérico posee la facultad de pensar, desde el momento en que nos dormimos hasta que despertamos. No es correcto que cuando estamos dormidos no pensamos, pensamos desde el dormirnos hasta el despertarnos. Los pensamientos transcurren constantemente en nuestro cuerpo etérico, sólo que el hombre nada sabe de eso. Recién comienza a saber algo nuevamente, cuando se despierta; entonces los pensamientos cobran vida nuevamente para su conciencia. Por ese hecho de que los pensamientos están ligados así con la vida terrenal física a través del cuerpo etérico, es que el hombre puede ser libre en sus pensamientos. Pues fue llevado a la tierra para conquistar la libertad. Puede únicamente obtener la fuerza de la libertad a partir del mundo espiritual, la fuerza de la libertad en el sentir, la fuerza de la libertad en el querer.

Esta es la relación con el hecho de que el hombre mantiene el fundamento real de su facultad del pensar – el cuerpo etérico – a través de toda la vida terrenal. Durante toda la vida terrenal, el cuerpo etérico no se aleja a un mundo cósmico. Recién en el momento de la muerte, se aleja también el cuerpo etérico. Comienza entonces la mirada retrospectiva a la vida, que dura uno, dos o tres días, oportunidad en la cual el hombre contempla toda su vida, tal como se describió ayer, con referencia  a la imaginación, el primer grado de cognición suprasensorial. Después de la muerte acontece en todos los casos que el hombre lleva a cabo esa mirada retrospectiva a su vida reciente. Pero, mientras que todo ese mar de pensamientos, que ha transpuesto despierto y en sueños, entre el nacimiento y la muerte, mientras que en los tres primeros días después de la muerte, yacen allí a manera de un mar de pensamientos entretejidos, el cosmos hace valer su derecho. Se disuelven y al cabo de dos a tres días toda la retrovisión se integró al cosmos. Decíamos que el cuerpo etérico también se ha separado. En realidad, el cosmos ha recibido al cuerpo etérico, lo ha absorbido. Se ha ido ensanchando más y más, hasta que finalmente se ha integrado completamente al cosmos. Allí seremos recibidos nuevamente como yo y astralidad, en el seno de las jerarquías superiores y recién, cuando nuevamente recibimos un cuerpo etérico, podremos descender a la vida terrenal para continuar la tarea en nosotros mismos en pro de conformarnos en hombre libre. Puesto que la vida terrenal tiene como meta constituir al hombre en hombre libre. Eso le puede ser concedido sobre la tierra, lo que en el pensar puro fundamenta la libertad. Es por ello que el cuerpo etérico queda unido al cuerpo físico durante toda la vida, vale decir, se desprende al cabo de la muerte, disolviéndose dentro de mundos, donde no se aprende la libertad. La libertad se aprende durante la vida terrenal; y como ustedes saben, únicamente durante determinadas épocas de la vida terrenal.

Podemos darnos cuenta entonces de que la libertad se encuentra en certera relación con el karma, dado que la libertad tiene que ver con aquello que permanece acostado en la cama, lo que está ligado a nosotros aún durante el sueño, lo que no se separa de nosotros. El karma es tejido por el Yo entre el dormirse y el despertarse. El karma es tejido lejos de aquello dentro del hombre, donde se encuentra la libertad. El karma tampoco teje en los pensamientos libres o no libres, el karma teje en el sentir y en el querer. Allí surge el karma desde las profundidades de la naturaleza humana, desde el sentir sumido en sueño y el querer dormido. Dentro de ellos podemos verter, vale decir podemos oponer aquello, lo que vive en el pensar puro, dentro de los impulsos éticos, morales, tal como los he referido en la “Filosofía de la Libertad”; puesto que estos deben hallarse dentro del pensar puro.

De esta manera, todo se une y sería muy necesario que se preste una atención cada vez mayor al hecho de que cuanto más se avance en Antroposofía, tanto más debe llegarse a una conjunción de los pormenores. Por supuesto, cuando alguien se aproxima a algo que representa éste o aquel ámbito, puede hallar contradicción tras contradicción y no es posible de otra manera, dado que para poder evaluar un ámbito por separado, siempre se tendrá que mirar ese ámbito en relación con el conjunto. De otro modo le sucederá como a alguien que está juzgando acerca de un sólo planeta y no puede comprender  porqué ese planeta se mueve de tal o cual manera; para poder comprenderlo se tendrá  que tomar el sistema planetario en su conjunto y de la misma manera, si algo quiere saberse acerca del mundo y de la vida, la relación entre los hechos físicos, anímicos y espirituales y los pormenores de los mundos de los hechos, se tendrá que intentar la mirada global.

Hoy como tuvimos la posibilidad de encontrarnos reunidos en la Rama, quise explicarles todo esto. Quise hacer un aporte en el sentido de que ustedes perciban el clima anímico que el hombre puede desarrollar frente al karma, vale decir, frente a la justicia universal, cuando se introduce de manera correcta a la Antroposofía. Puesto que depende de los sentimientos que llevamos a la vida y no solamente de la mera visión de lo teórico. Es de desear que puedan conformar en medida cada vez mayor aquello que brinda la Antroposofía no sólo en el contenido de los pensamientos sino en el contenido del alma, o como se dice tan acertadamente, en el contenido del corazón. Y cuanto más se logre que la Antroposofía se conforme en contenido del corazón de aquellos que quieren entenderla, tanto más se logrará introducir la Antroposofía a la cultura general y a la vida espiritual. Y esto es muy necesario, pues de otro modo, la humanidad no logrará avanzar con las viejas tradiciones, con los asuntos antiguos de otras épocas. Intenten más y más, hallar el camino de la Antroposofía  desde la cabeza al corazón. En su corazón, la Antroposofía hallará un buen amparo.