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EL SALUDABLE DESARROLLO DEL SER DEL HOMBRE
NOVENA CONFERENCIA
AUTOR: Rudolf Steiner, Dornach 31.09.1921
TRADUCCION: Ana Maria Rauh

Al entrar en el cambio dentario, se produce un cambio significativo en el hombre. Ese cambio dentario no solo es un acontecimiento físico en la vida humana, sino que el ser humano en su conjunto, experimenta una metamorfosis. Aquel que busca ser el ejecutor del arte de educar y del arte de enseñar, tiene que tener la capacidad de poder abordar fehacientemente esa metamorfosis. Aquello, que en anteriores reflexiones he denominado cuerpo etérico, refinado cuerpo plasmador, se libera en la época entre el cambio dentario y la madurez sexual del hombre. Con anterioridad, funciona de manera física-orgánica, para comenzar entonces a funcionar anímicamente. De esta manera empero, también lo corporal del hombre es posesionado desde el interior, de una manera muy diferente. Con anterioridad, de hecho, el asunto era de modo tal para el hombre, que ciertamente la concepción materialista es la justificada. La misma observa en el hombre una suma de procesos materiales y en lo espiritual anímico algo que con él se encuentra relacionada, como la llama con la vela. Esto, es en cierta medida correcto, con referencia al niño muy pequeño hasta el cambio dentario. Allí, lo anímico-espiritual cobra un efecto tal, que en realidad consiste en procesos fisico-corporales y todos los procesos físicos-corporales, a su vez son procesos anímico-espirituales; en el niño, todo esto, con respecto a la configuración plástica del cuerpo, es dirigida desde la cabeza. La finalización tiene lugar, cuando en la cabeza comienza la aparición de los segundos dientes. Las fuerzas activas allí con anterioridad, tienen que terminar de actuar en una medida tan expresa; entonces, la actividad anímica-espiritual se va replegando en mayor medida a las regiones inferiores de lo corporal, para formar parte del ritmo respiratorio y cardiaco. Con anterioridad a ello, las fuerzas ciertamente fluyen desde su actividad más productiva en la configuración plástica del cerebro, siempre hacia abajo, al resto del organismo, y actúan configurando  de manera plástica, interviniendo directamente en lo sustancial, en lo material del hombre. Allí, promueven procesos de crecimiento.
Esto experimenta un cambio con los nuevos dientes. Allí, determinadas fuerzas se tornan anímicas-espirituales e intervienen ahora únicamente en los movimientos que se producen en los ritmos cardiacos, en los ritmos respiratorios. Ya no actúan de la misma manera como otrora en los procesos materiales y en cambio, ahora actúan de modo separado de lo corporal, en el sistema respiratorio y circulatorio. Esto, lo podemos notar también físicamente, siendo, que a esa edad el ritmo respiratorio, el ritmo circulatorio se vigorizan. A esa edad, el niño tiene una impulsión interior, un anhelo de poder vivenciar aquello que paulatinamente ha conquistado como valor anímico-espiritual independiente –por cierto de modo inconciente, instintivo- a modo de ritmo, de compás, pero, como, compás y ritmo que por ahora tienen lugar en el propio cuerpo. Y siente el ansia de la producción de lo referido al ritmo y al compás, dentro de la organización propia. Es necesario, tomar en cuenta, que todo aquello que aproximamos al niño al cabo del cambio dentario, lo configuremos de una manera propia del ritmo, propia del compás, para que se articule dentro de aquello, que el niño de hecho está buscando. Como maestro y como artífice de la educación, tenemos que poder vivir por cierto dentro de un elemento propio del ritmo y del compás, con afinidad al ser del niño, que entonces podrá sentirse en su elemento.
Con ello empero, se da comienzo a algo mas. Cuando a esa edad el ritmo respiratorio y el ritmo circulatorio no reciben el trato debido, lo destruimos en cierto modo, para el resto de la vida, y ciertos estados patológicos, que justamente se encuentran en los órganos respiratorios y en los órganos del corazón, tienen su origen en una desacertada educación en la edad escolar. A causa del diferente accionar de su cuerpo etérico, en esa época el niño se desarrolla de manera tal, que allí sus miembros experimentan un fuerte alargue, que la vida muscular, la vida ósea y la del esqueleto, juegan un rol muy especial, queriendo adaptarse a la vida respiratoria y de la circulación. En esa época el niño va creciendo de manera tal, que los músculos participan de la vibración, en parte, en medida muy notoria, con el ritmo respiratoria y circulatorio, de modo tal, que todo el  ser del niño quiere adoptar un carácter musical. Mientras que el niño con anterioridad ejercía una actividad plástica en su propio cuerpo, ahora comienza a convertirse en un músico, un músico inconciente, que trabaja con orientación hacia su interior. Y lo esencial justamente en el caso del niño es, que sepamos, que a la escuela está llegando un  músico inconciente con el niño. Y tenemos que ir al encuentro del impulso latente en el niño, siendo, que quiere tratar a su organización propia, como por ejemplo bajo la influencia de un violinista frente a un nuevo violín, que, con su organización propia, encuentra acceso a las subidas y bajadas de las ondas (comparables a las olas del mar). Solo, que en el caso del niño, naturalmente todo es crecimiento; al violín lo podemos arruinar una vez por todas; al ser humano empero, le podemos incorporar erróneos principios de crecimientos, que luego constantemente se agrandan, se agudizan y pueden cobrar un efecto ruinoso por el resto de la vida.
Una vez que hemos emprendido el camino del conocimiento del hombre, efectivo para la pedagogía y la didáctica, descubriremos, que ese carácter general al cual me he referido aquí, se prolonga a través de toda la edad escolar hasta la madurez sexual comenzando con el cambio dentario, siendo empero, que también esta etapa de la vida se subdivide nuevamente en tres periodos. El primero dura desde el cambio dentario hasta alrededor del noveno año cumplido, el segundo hasta el decimosegundo año de vida y el tercero luego desde los trece hasta la madurez sexual.
Justamente junto a aquello que el niño vivencia en su interior musicalmente, podemos adquirir experiencias acerca de cómo estos tres periodos de vida se diferencian entre si. En el primer periodo de vida, hasta aproximadamente el noveno año de vida concluido, el niño quiere experimentar todo aquello que a él se aproxima, a través de ritmos interiores, acompasado interiormente, que se plasma con su ritmo respiratorio, su ritmo circulatorio y a través de ello, a su vez, con la configuración de los músculos, de los huesos. Y cuando esa evolución carece de armonía, ensamblándose lo uno con lo otro, entonces el hombre se desarrolla a modo de lisiado interior –hecho, que no se detecta de inmediato en lo externo. Hasta su noveno año, el niño busca experimentar, vivenciar interiormente todo a modo de ritmo, a modo de compás. A través de una mirada comprensiva, que puede llegar a la organización interior anímica del niño podemos darnos cuenta de que al escuchar música a esa edad , en realidad transforma, conduce, todo ese caudal hacia lo rítmico, hacia el compás interior. Vibra a la par. Va plasmando interiormente, lo percibido exteriormente.
A esta edad, el niño sigue siendo algo de aquello que ha sido con anterioridad. Antes, hasta el cambio dentario, en amplia medida, en realidad ha sido órgano sensorio; no, un órgano sensorio que actúa concientemente, pero, un órgano sensorio que al igual como los demás órganos sensoriales, inconcientemente reproduce el mundo exterior; tal como lo he expuesto, hasta el cambio dentario, de hecho es un imitador.
Al contemplar el ojo humano, sin tomar en cuenta aquello que se integra mediante el ojo humano a la vida conceptual, la organización ocular en el sentido propiamente dicho, también se expresa  en el hecho de que el mundo circundante se reproduce interiormente. Recién posteriormente, la vida conceptual se apodera de estas reproducciones. Allí, la vida de los conceptos se adhiere a la vida sensorial. El niño muy pequeño, es plenamente órgano sensorial inconciente. En su interior reproduce aquello, que está percibiendo, principalmente, en las personas de su entorno. Esas imágenes interiores, empero, no son meramente imágenes, son a su vez, fuerzas que lo organizan interiormente, en lo plástico y en lo material.
Entonces, al llegar el cambio dentario, esas reproducciones de imágenes, solamente entran al sistema motriz, al sistema rítmico, solo quieren hacer su entrada allí. A modo de formación plástica, algo se conserva, pero, a ello se agrega aquello que no estuvo en existencia con anterioridad en la misma medida. Existe una diferencia en el comportamiento del niño frente al ritmo y al compás, antes y después  del cambio dentario. Antes, el ritmo  y el compás también han sido algo que el niño imita, algo, que empero se transforma en plástica. Después, es transformado en un elemento musical interior.
Una vez que el niño ha finalizado alrededor del noveno año de vida, entonces, hasta el decimosegundo año recién obtiene una comprensión con respecto al ritmo y al compás en sí, con respecto a lo melodioso en sí. Ya no quiere reproducir  tan vigorosamente lo rítmico, lo referido al compás en su interior; lo toma como algo, como una formación, que está por fuera de él. Con anterioridad, el niño vivencia al ritmo y al compás; después, comienza a desarrollar comprensión y capacidad de entendimiento al respecto. Esto tiene una duración –no solamente con respecto a lo musical, sino frente a todo aquello con lo cual se encuentra en el mundo-, hasta aproximadamente los doce años.
Al aproximarse al decimosegundo año, o también con un poco de anterioridad, en el niño recién comienza la capacidad de conducir a lo meramente propio del pensamiento aquello, que con anterioridad quiere ser vivenciado a modo de fantasía, referido a lo musical, lo rítmico, lo propio del compás.
Mediante la mirada contemplativa, en todo aquello que es divisado anímicamente, podemos ver también los co-efectos  externos, físicos-corporales. Les he dicho, que el niño quiere reproducir los músculos, los huesos según la imagen existente  en su interior.
Ahora, en la proximidad de los doce años, el niño comienza a no querer vivir únicamente dentro del ritmo y el compás, sino dejar fluir el sentimiento del ritmo y el compás en dirección a lo abstracto referido al pensamiento, del mismo modo como en esa época paulatinamente se vigoriza mas y mas la parte del músculo que corre en dirección al tendón. Con anterioridad, todo movimiento se encuentra orientado en medida mayor al músculo como tal, después, hacia aquello que se direcciona el mero tendón. Todo lo que acontece en lo anímico-espiritual lo volvemos a encontrar en lo corporal-físico. Y esta inclusión de la vida del tendón, la unión de hueso y músculo, es la expresión exterior,  física, con referencia al navegar, desde el elemento rítmico, propio del compás, perteneciente al sentimiento, hacia aquello que ahora es lógico, que ya no posee ritmo ni compás. A aquello que allí adquirimos mediante la cognición del hombre lo tenemos que tomar en cuenta y lo tenemos que fomentar, en el arte de la educación, en el arte de la enseñanza.