|
Volver
LA PRÁCTICA PEDAGÓGICA: La educación del niño y el joven
RUDOLF STEINER (15-4-1923) – Primera Conferencia:
Traducción: Ana María Rauh
Estimados presentes y queridos amigos:
Al comienzo de este evento quiero ofrecerles mi cordial saludo. Si nuestro encuentro se hubiese realizado unos cuatro o cinco meses antes, los hubiese podido saludar aún en ese edificio allá al que le hemos dado el nombre de Goetheanum, el cual en sus formas, en toda su configuración artística les hubiese recordado aquello, que se busca desde Dornach, desde el Goetheanum. La desgracia, que para muchos que tanto habían amado al Goetheanum, es tan enormemente doloroso la desgracia acontecida en la noche de San Silvestre, nos ha quitado ese Goetheanum y por lo tanto, aquello que a modo de espíritu quiso imperar dentro de esa envoltura material, lo tendremos que practicar sin la misma.
Mi especial saludo de cordialidad lo dedico a las personalidades procedentes de Suiza, que con su presencia testimonian, que a pesar de todas las hostilidades que últimamente nos ha tocado vivir en este terreno, un determinado interés por nuestra causa, orientado hacia el lado pedagógico. Con una satisfacción especial saludo asimismo a los amigos de la Pedagogía Antroposófica, o aquellos que suponen convertirse en tales aquí en este lugar y que han venido tan numerosamente desde Checoslovaquia. Este hecho confirma, que actualmente, la cuestión pedagógica, ocupa un lugar preponderante entre las cuestiones humanas en general. Recién cuando las personalidades docentes puedan reconocer la gran importancia social de la cuestión pedagógica, la misma podrá ocupar el lugar que le corresponde. Luego, saludo también las personalidades que han llegado de otros países, con lo cual queda en evidencia, que aquello que aquí se esta buscando, de hecho debe ser un asunto internacional, un asunto general de la humanidad. Y saludo también a nuestros amigos, los maestros de la Escuela Waldorf de Stuttgart, que de hecho principalmente han venido, para colaborar aquí, a partir de su experiencia pedagógica en la Escuela Waldorf, que para nosotros es tan valiosa porque estando inmersos tan profundamente en nuestra causa, han querido estar participando aquí.
En la actualidad, se está hablando muchísimo acerca de pedagogía y de educación. Incontables personas del círculo de aquellos que tienen a su cargo la educación y la enseñanza de niños, están hablando de necesarios impulsos de reforma, justamente, con referencia al régimen educativo y de la enseñanza. Y podemos afirmar que existen muchísimos puntos de vista, a partir de los cuales se realiza el pedido. Contemplando todos estos puntos de vista y también aquello que se habla a partir de los mismos, a menudo, con un enorme entusiasmo con respecto a una nueva configuración y una reforma del régimen de la educación y la enseñanza, podría causar nuestra alarma. No solamente por el hecho de que es difícil imaginar como se podría llegar a una uniformidad, una unificación determinada a partir de esa multiplicidad de puntos de vista, acerca de los cuales cada cual sostiene, que el suyo es el valedero, sino, la alarma podría provenir de otro lado, muy diferente. Los puntos de vista alegados, no me preocupan mayormente, dado que las necesidades de la vida imponen múltiples equiparaciones, redondeos de aquello, que se está alegando desde esos puntos de vista. Es otra cosa empero, la que emerge de mi alma, una y otra vez, cuando hoy, podría decirse, casi toda persona con la cual nos encontramos, habla de la re-configuración del régimen de la educación y la enseñanza. Y ¿de dónde surgen estas ideas de reforma presentadas con tan loable entusiasmo? Emergen, de la memoria de la juventud propia, del recuerdo de la propia educación. En lo más profundo del alma propia radica una enorme insatisfacción con respecto a la educación propia, con la enseñanza recibida. Al tener empero esa sensación, reconocemos algo muy peculiar: reconocemos estar terriblemente mal educados. Al proponer ideas de reformas a partir de estos antecedentes, en realidad debemos decirnos: soy una persona terriblemente mal educada. Y, aún cuando la gente no se lo reconoce, y no lo reconoce frente a los demás, este juicio esta contenido en el matiz de las palabras, las oraciones de sus impulsos reformistas expresados. Muchos pensarán: cuán mala ha sido mi educación; esto tiene que cambiar! Sí, pero entonces frente a nuestra alma se plantean dos cosas que no otorgan consuelo. Dado que, en primer lugar, cuando se ha sido tan mal educado, cuando un cúmulo de mal se ha vertido sobre nosotros, ¿cómo podemos saber algo acerca del buen-educar? ¿De dónde pudimos haber aprendido eso? Por lo tanto, cuando nuestros reclamos reformistas acerca de una mejor educación se basan sobre la mala educación recibida, la cosa no está en orden. Y con lo segundo nos encontramos, al prestar atención a aquello que algunas personas dicen acerca de su educación propia y de la enseñanza recibida. Al respecto, quiero darles un ejemplo práctico, dado, que a lo largo de los próximos ocho días no quiero hablarles desde lo teórico, sino por doquier a partir de fundamentos prácticos. Hace algunos días ha aparecido un libro, que en realidad, de otro modo no posee demasiado interés para mí, que cobra interés empero por el hecho de que en los primeros capítulos se habla mucho de una personalidad acerca de la educación propia, la propia enseñanza, una personalidad muy particular, hoy, extraordinariamente famosa. Se trata de “Las memorias de vida de Rabindranath Tagore”, ahora aparecidas. Y bien, como no siento tanto interés por él como otras personas en Europa hoy, puedo decir, que las “Memorias de la vida”, de por sí no me interesan sobremanera, pero, con referencia al régimen de la educación y la enseñanza, ofrecen pormenores de interés. Estarán de acuerdo conmigo, que aquello que llevamos a la vida como lo más bello, de los días de nuestra infancia, no contiene el recuerdo de los pormenores, que nos fueron ofrecidos en esta, o en aquella clase durante nuestra enseñanza, aún, cuando la educación y la enseñanza han sido excelentes. De ser así, sería deplorable. Dado que aquello, mediante lo cual fuimos educados y a través de lo cual fuimos enseñados, debe pasar a formar parte de una especie de hábitos de vida, de una especie de destreza vital. Más adelante en la vida, no debemos sentirnos atormentados por los pormenores; todo tiene que confluir en la gran corriente de la práctica de vida. Aquello empero, que llevamos con nosotros como lo más bello de los días en los cuales fuimos educados y enseñados, es en realidad el recuerdo que nos une a los diferentes maestros y personalidades educadoras. Y debe ser considerado como hecho dichoso, cuando más tarde en la vida, con una satisfacción íntima podemos recordar esta o aquella personalidad docente venerada. Conforma un hecho dichoso en nuestra vida. Eso, corresponde sin lugar a duda al arte de educar y a la práctica educativa, posibilitándose para la vida.
Cuando en esa dirección, en las memorias de la vida de Tagore buscamos los lugares en los cuales habla de las personalidades que le impartieron enseñanza, no acontece que habla de las mismas con íntima alabanza, cuando, por ejemplo, se refiere a una de ellas diciendo: “Uno de los maestros de la escuela Normal, también nos daba clases particulares. Su cuerpo era escuálido, su rostro consumido, su voz severa. Tenía el aspecto de un bastón de caña”. Podríamos pensar, que de aquello que se torna necesario en asuntos de educación y enseñanza, solo acá, en nuestra cultura europea, tan atacada por los asiáticos, tenemos que hablar tanto. Pero vemos que un hombre, que ya ha alcanzado la fama, recuerda de esa manera su escuela hindú. Y bien, utilizo una expresión también empleada por Tagore, aquello que se refiere a la miseria escolar, ya no solamente pareciera ser internacional en Europa, sino que parece ser la cuestión cultural más expandida. Y mucho tendremos que hablar acerca de cómo hacer, para que el docente, el educador, logre despertar interés con respecto a aquello que tiene que enseñar. Quiero señalarles asimismo un ejemplo de las memorias de Tagore, acerca de cómo recuerda el interés que pudo despertar en él, allá en la India su maestro de inglés. Dice: “Recordando globalmente sus clases, no puedo decir que Aghor Babu ha sido un maestro severo. No nos ha manejado con el bastón de caña”. Aquí, entre nosotros, estas palabras nos remontan, naturalmente, a épocas más antiguas superadas. Que justamente Tagore se refiere con tanta frecuencia al bastón de caña al leer sus “Memorias”, lo podrán constatar, nos está señalando el imperio de una cultura primitiva. Es justificado suponer esto, cuando no solamente habla de un maestro comparándolo con un bastón de caña, sino también, que no está implementando al bastón de caña. Y sigue diciendo: “Hasta sus reproches nunca se convierten en una reprimenda. Pero, sean cuales fuesen sus méritos personales, lo sucedido aconteció en horas nocturnas y la materia era inglés! Estoy seguro, que a un joven bengalés, hasta un ángel se le hubiese figurado ser un enviado auténtico de Hamas (dios de la muerte), si al cabo de toda la miseria escolar vivida durante el día, llegase a la hora del anochecer, para encender un farol de escuálida llama, queriendo darle lecciones de inglés”.
Aquí, vemos un ejemplo dado por una celebridad de la actualidad, hablando de la educación que ha recibido! Pero Tagore también habla del hecho, que el niño ya trae consigo determinadas necesidades con respecto a la educación y la enseñanza, y con ello está señalando de una manera verídica de la vida, como hay que ir al encuentro de aquello, que el niño realmente necesita de nosotros, diciendo, que no ha sido el caso en lo que a su propia educación respecta. Dejo al criterio de ustedes, examinar estas cosas, tomando en cuenta las situaciones y circunstancias europeas. Dado, que veo con simpatía, señalar estas cosas a partir de condiciones asiáticas, cosas que tal vez podrían causar escándalo, si se las refiere a partir de situaciones europeas. La implementación europea la puede realizar cada uno por su cuenta. Tagoré cuenta: Ocasionalmente, Aghor Baba trataba de traer desde afuera, el céfiro de la ciencia, para que vivifique la aridez de nuestra aula. Cierto día extrajo de su bolsillo, un paquete envuelto en papel y dijo: “Hoy les enseñaré una maravillosa obra de arte de nuestro creador”. Y diciendo esto, abrió el papel y extrajo una laringe humana, explicándonos a continuación, los milagros del mecanismo.
Aún recuerdo el impacto que sentí en ese momento, dado que había creído que la facultad del habla procedía de todo el ser humano, no había tenido la más mínima idea, de que al proceso del habla se lo podía observar de una manera así aislada. Por más, que el mecanismo de una parte aislada pueda ser maravilloso, por cierto, que lo será en medida menos que el ser humano en su conjunto. Y no es el caso, que por entonces tuviese evidencia acerca de ello, pero, instintivamente subyacía a mi sentimiento de rechazo. El hecho de que el maestro había perdido de vista esta verdad, por cierto ha sido el motivo por el cual el alumno no pudo compartir el entusiasmo del maestro acerca del objeto. Y bien, este ha sido el primer impacto en la introducción a la esencia misma del hombre. Se produjo empero un segundo, aún más contundente: “en otra oportunidad, nos llevó a la sala de disección de la Escuela de Medicina”. Podemos estar convencidos, de que el Aghor Babu quiso ofrecer a los muchachos un día de ceremonia especial. “Sobre la mesa se hallaba el cadáver de una anciana. Eso, no me molestó demasiado. Pero, una pierna amputada, apoyada en el pis, hizo que pierda el dominio anímico. La visión de una persona en este estado fragmentario, se me figuró tan horrible, tan absurdo, que durante muchos días no pude desprenderme de la imagen de esa oscura pierna exenta de expresión”.
Justamente en un ejemplo así podemos ver lo que sucede al joven, cuando hoy es acercado al hombre mismo. A partir del emprendimiento científico de la actualidad, al cual, siendo maestro, gracias a Dios, tuvo que interiorizarse el mismo, piensa que es maravilloso poder explicar el habla mostrando una laringe, o si podemos explicar la particularidad anatómica-fisiológica interior de una pierna. Dado que, en el sentido del pensamiento científico y su concepción en la actualidad, no necesitamos al ser humano en su integridad. Pero todo esto no son por ahora los aspectos que me impulsan elegir justamente estas partes de las memorias de Agoré. Hablaremos de ello, en el curso de la semana, no con vinculación a Agoré, sino con respecto al asunto mismo. Es otra cosa empero que me impulsa y es lo siguiente: quien hoy contempla a Tagore, como escritor, como poeta, dice: se trata de una persona excepcional, y tiene razón. Y ese hombre ahora cuenta la historia de su vida, y está señalando hechos terribles, acontecidos en el arte de la educación y la enseñanza, durante su infancia. Y entonces, se apodera de nosotros una idea extraña, la idea, que a Agoré no lo ha perjudicado, que ha sido mal educado, mal enseñado. Y entonces podríamos creer, que no tiene importancia, que la educación sea mala por demás, dado que no solamente podemos ser luego una persona pasable, sino asimismo, un famoso Tagore. Por lo tanto, nos sentimos atribulados en doble sentido, cuando escuchamos todo aquello que se propone a modo de impulsos de reforma. Por un lado nos decimos: si tenemos que retornar la mirada a una educación horrible, ¿cómo podemos saber entonces, como proponer algo mejor? Y por el otro lado nos decimos: si a pesar de la mala educación no solamente podemos convertirnos en una persona pasable, sino en una persona famosa, en realidad una educación así no nos ha producido daño alguno! ¿Por qué implementar entonces tanto esfuerzo para mejorar la educación? Como podemos ver, al contemplar únicamente lo superficial, podríamos creer, que hoy deberíamos ocuparnos de otras cosas, y no, de ideas de reforma con referencia a la educación y la enseñanza. Dado que, en primer lugar, a partir de la propia mala educación nos damos cuenta que nada juicioso podemos saber, y, por el otro lado, los ejemplos de Tagore naturalmente pueden ser multiplicados en centenares, aunque no en un formato con tanto estilo, nos vemos acosados nuevamente por la pregunta: ¿De hecho será tan indispensable tanto esfuerzo para hallar un ideal educativo, siendo, que una persona que tanto tiene que objetar acerca de su propia educación, así y todo se ha convertido en Tagore?
Si la Antroposofía, esta antroposofía tan hostilizada, se dedicaría a la formulación de ideas reformatorias, yo no lo consideraría tan significativo, justamente desde el punto de vista de la Antroposofía, que se emprendan ensayos en ese sentido, en el arte de la educación y de la enseñanza. La Antroposofía, en definitiva es empero algo muy diferente a aquello, que la mayoría de las personas hoy aún imaginan. Antroposofía emana hoy, realmente de las más profundas necesidades culturales. Y la Antroposofía no procede de igual manera como sus adversarios, desprestigiando del modo más terrible aquello que no guarda sintonía con ella, sino que Antroposofía busca el bien por doquier, donde existe en el mundo, lo reconoce, y lo reconoce exhaustivamente. Hoy, quiero hablarles a modo de introducción, aquello que anticipo a modo de constataciones, lo veremos documentado en los próximos días. Antroposofía llama la atención sobre magníficos progresos realizados por la ciencia desde hace trescientos a cuatrocientos años y cuan importantes se han tornado, sobre todo en el curso del siglo XIX. Reconoce plenamente estos aportes de las ciencias naturales.
Antroposofía no debe orientar su mirada solamente hacia los diferentes logros de la ciencia natural, sino que tiene que contemplar la constitución anímica humana, que resulta de la corriente moderna de las ciencias naturales. Allí, no podemos decir que nos importa lo que están pensando algunos natural-científicamente formados; eso, no cobra mayor importancia para la humanidad en general. Eso, no lo podemos decir. Dado que, también aquellos, que nada saben de las ciencias naturales, hoy reciben los fundamentos más importantes para la constitución de su alma, y su orientación en el mundo, de los resultados de las ciencias naturales. La constitución de la humanidad moderna adopta en medida cada vez mayor un carácter tal, que proviene de las ciencias naturales y sus magníficos éxitos loables. Para la constitución anímica empero, la ciencia natural ha producido algo particular. En medida cada vez mayor, ha impulsado su conocimiento de la naturaleza exterior, a su vez empero, la ha enajenado cada vez más, de su propia entidad humana. ¿Qué estamos haciendo cuando nos acercamos al hombre científico-naturalmente? En un principio, hoy de una manera ya perfecta aprendemos a conocer las leyes básicas del mundo inerte, inorgánico. Luego, desmembramos al hombre, observamos lo que acontece en su interior, fisiológica, químicamente y aquello que conocimos en el laboratorio, lo empleamos en el hombre. O en cambio observamos otros reinos de la naturaleza, el vegetal, el animal. La ciencia natural misma tiene conciencia, de no poseer aun, una legitimidad tan satisfactoria como sí lo posee el reino inorgánico; pero, con referencia a lo animal, aquello que se ha aprendido, es empleado igualmente con respecto al hombre. De esta manera, podemos decir para la conciencia popular, el hombre no se ha convertido en la corona de la creación, sino, se ha convertido en el punto final de la serie animal. Se contempla la serie animal en sus grados de perfección, llegando finalmente al hombre. Hasta cierto grado, se entiende a los animales, luego se otorga otra orientación a aquello que poseen los animales, estructura ósea, estructura muscular y se obtiene como punto final, como el animal superior, erguido, al hombre.
Hasta ahora empero, no ha surgido una consideración real de la entidad humana. Este hecho lo tendremos que tomar en cuenta de manera especial, con respecto a pormenores, que nos interesan pedagógicamente. Y podemos decir: mientras que para ideologías anteriores, el ser humano, ocupaba un lugar central en todas las concepciones, ahora ha sido desplazado, ya no está allí. Es aplastado por los períodos geológicos, es aplastado también por aquello que podemos mencionar como teoría de la evolución para la serie animal. Estamos satisfechos ya, cuando podemos atribuir un huesecillo del oído a la pierna cuadrada de un ser animal, aún inferior. Se trata solamente de un ejemplo, pero, el modo, a partir del cual desde lo humano es organizado anímico, físicamente, la esencia física del hombre: eso, ha sido desplazado del campo visual, ya no está. Y esto no es debidamente tomado en cuenta, por tomar como normal, un proceder tal, como el recién referido. Es el resultado de la cultura moderna. Y sería triste, si no lo hubiese aportado; bueno es, que lo ha hecho, dado, que la humanidad no podía continuar dentro de las concepciones anteriores a las ciencias naturales. Pero hoy estamos necesitando, justamente dentro del pensamiento científico natural, una nueva comprensión del ser del hombre. De esta manera, podemos adquirir a su vez, una comprensión, un conocimiento del ser universal.
Reiteradas veces he intentado clarificar, como del punto de vista científico natural, excepcionalmente loable, se promueven las mayores ilusiones por el hecho de que este punto de vista científico natural siempre tiene razón. Cuando en algún hecho podemos comprobar que no tiene razón., el asunto es relativamente fácil; lo más difícil empero resulta ser, manejarnos en oportunidad de que tiene razón. O sea: ¿cómo en la actualidad la teoría, que hoy ya es propiedad de las personas formadas culturalmente, esa teoría, que conduce al origen del planeta Tierra, la generación del sistema planetario, según la teoría famosa KANT-LAPLACE, hoy modificada? Se retrocede a través de largos períodos. Al hablar de 20 millones de años, ya se es un “huérfano”, dado, que otros hablan de 200 años, etc. Con toda razón, se calculan los procesos que actualmente acontecen en la Tierra, físicamente no puede ser tomado en cuenta otra cosa, se observa por ejemplo, como en algún lugar se forma un depósito, como acontece una transformación o metamorfosis, y entonces se desarrolla una concepción acerca de aquello, que notoriamente ha cambiado, se realiza un cálculo acerca del posible tiempo requerido para la transformación. Por ejemplo, cuando las aguas de la catarata del Niagara caen durante determinado tiempo sobre las rocas subyacentes y se calcula luego, el desgaste habido, entonces, en otro lugar en el cual se encuentra un desgaste mayor, mediante una simple multiplicación completamente correcta, se puede llegar al resultado de 20 millones. Y es así, que se puede partir del actual punto de vista, pudiendo calcularse para el futuro, cuando la tierra entrará a la famosa muerte calórica, etc. Este mismo cálculo puede ser realizado empero también de otra manera. Observemos año tras año, el corazón humano y el cambio que en él tiene lugar. Tomemos nota de ese cambio, y, al realizar un cálculo correcto, podemos formularnos la pregunta que se corresponde plenamente a un correcto método y que podría ser establecida según el método geológico. ¿Cómo ha sido el corazón humano 300 años atrás, y cómo será dentro de 300 años? El cálculo será absolutamente correcto, nada se podrá objetar. Al elegir una edad media del hombre, digamos, alrededor de los 35 años, se podrá obtener un prolongado espacio de recorrido del corazón. Sólo falta tomar en cuenta un pequeño detalle: hace 300 años, el corazón humano no ha existido, y no existirá dentro de 300 años. Vale decir, el cálculo es completamente correcto, pero, el asunto no es real. Hoy, en nuestra época intelectual, le otorgamos un excesivo valor a lo exacto y ya no tenemos el hábito de fijarnos en que todo aquello que debemos comprender, captar en la vida, no sólo debe ser exacto, correcto por lógica, sino también debe serlo en relación a la realidad. Durante el curso de esta semana, nos volveremos a encontrar reiteradas veces con este concepto. Pero, a veces acontece también, que muchas cosas se pierden de vista al establecer teorías. Acaso no lo han vivenciado ustedes, no quiero decir que ustedes mismos lo han hecho, dado, que los presentes siempre están excluidos de las cosas que se dicen de una manera tan simpática, que la rotación de los planetas alrededor de su cuerpo central, el sol, puede ser mostrado ya en la escuela, siendo, que se recorta una hojita de cartón en forma circular, se la pasa por una gotita de aceite, se pasa un alfiler, se deja flotar en el aguas y se lo lleva a la rotación. Entonces, las diminutas gotitas de aceite, los pequeños planetas, se desprenden y tenemos un sistema planetario. Con ello, el asunto está “comprobado”. Y bien, en cosas del orden moral del mundo es bueno que el hombre se olvide a sí mismo, pero, en el caso de investigaciones científicas, la primera base para la creación de lo acorde a la realidad, es, que no dejemos de lado, condición alguna, y la condición más importante al respecto es el señor maestro, quien en este caso está girando el alfiler! Por lo tanto, esto puede ser tomado como hipótesis, si presumimos, que un enorme señor-maestro está girando un gran alfiler universal en ese asunto; de otro modo, no debemos llevar a cabo la hipótesis.
Es así, que justamente en lo más certero, que hoy procede de la ideología científica-natural, lo que en sí no es impugnable en su propio método, se encuentra una enorme cantidad de elementos de una constitución anímica no acorde a lo real, que simplemente se llevan a la escuela. Dado que ¿cómo podría ser de otra manera? Naturalmente, estamos pasando por la formación de la época. Y eso, es como debe ser. Al ocuparnos de un tal cálculo geológico, de una comparación astronómica, si estudiamos el asunto, todo resulta ser correcto. A menudo, nos asombra lo ingenioso del asunto. Todo lo que allí se hace, es correcto, pero, se aparta de la realidad! Cuando empero queremos educar seres humanos, no debemos apartarnos de la realidad; puesto, que allí estamos parados frente a la realidad, tenemos que llegar al ser humano mismo. En un sentido empero, este no poder aproximarnos al ser humano, ya ha penetrado al pensamiento referido a la práctica de la educación y la enseñanza. Quiero mostrarlo mediante un ejemplo: al tener que educar un niño, estamos frente a lo siguiente: un niño está dotado en mayor medida por lo uno y menos por lo otro. Todos ustedes seguramente están al tanto de estas cosas que hoy se tratan en la pedagogía, sólo las menciono para poder entendernos. Vale decir, que nos encontramos con habilidades diversas. ¿Y de qué manera nos aproximamos hoy a estas habilidades justamente allí, donde, diríase, el pensar científico ha registrado su mayor avance? A partir de vuestra literatura, todos ustedes saben, nos aproximamos a ellas a través del así llamado método de la correlación. Se habla del desarrollo del coeficiente de correlación. Vale decir que, cuando dos habilidades, capacidades, se encuentran siempre relacionadas, lo cual nunca es una excepción, se registra el coeficiente de correlación para esas dos habilidades con 1. En realidad, eso no existe, pero, es una suposición. En el caso de tratarse de dos capacidades completamente incompatibles, se registrará el coeficiente de correlación con 0. Y se pasa a examinar según ese método, de qué manera concuerdan las diferentes habilidades de los niños. Se encuentra por ejemplo, que el dibujo y la escritura tienen, digamos, el coeficiente de correlación 0,70. Vale decir, que aparece en más de la mitad de los niños; siendo que, si uno posee habilidad con respecto al dibujo, también la tiene para la escritura. Se busca tales coeficientes de correlación para otros contextos entre las capacidades, digamos para la enseñanza de la escritura y la enseñanza de la lengua materna, allí, el coeficiente es de 0,54. Luego se busca el coeficiente de correlación, digamos, para el cálculo y la escritura, encontrándose 0,20, para el cálculo y el dibujo 0,19, etc. Vale decir, el cálculo y el dibujo tienen la menor afinidad, la escritura y el dibujo tienen la afinidad mayor. Aproximadamente en la mitad de los alumnos existe la capacidad para la lengua materna y para el dibujo unida. Nada estamos objetando aquí, contra el derecho de tales investigaciones en el campo de la ciencia. Estaríamos completamente equivocados al decir que tales investigaciones no deberían ser realizadas. Estas cosas son muy interesantes. Y de ninguna manera me opongo a métodos experimentales o estadísticos en la psicología. Pero, cuando esto es empleado de manera inmediata en la práctica de la educación y de la enseñanza, esto se me figura como algo así: que pretendamos que alguien se convierta en pintor, sin advertirle, que ahora se tendrá que manejar con colores, introduciéndolo, acorde a su individualidad, al tratamiento de los colores, diciéndole en cambio: “aquí tienes un bello manual de la estética, en el mismo puedes hallar el capítulo referido a la pintura y entonces podrás ser pintor”. Cierta vez en Munich, un pintor famoso me ha contado algo, que he mencionado en diversas oportunidades: él se hallaba en la escuela de pintura; en Munich se encontraba el famoso estético Carriere, que daba conferencias sobre estética. Los alumnos de la escuela de pintura cierta vez fueron a una conferencia en la cual también hablaría sobre pintura. Pero, fueron una sola vez, dado que se referían a ese famoso esteta diciendo, que se trataba de un “gruñidor estético gozoso”. Algo así podemos sentir, cuando se nos pide, que de los datos antes mencionados, tenemos que obtener algo útil para la práctica de la educación y la enseñanza. Es interesante como resultado científico, pero, para el manejo de la educación y la enseñanza, se necesita otra cosa. Es menester, por ejemplo, penetrar tan profundamente al ser del hombre, hasta descubrir, de qué funciones interiores proviene la destreza del dibujo y la habilidad de la escritura, y de donde proviene a su vez, la capacidad, la destreza con respecto a la lengua materna. Para poder descubrir como del niño emana esa facultad especial para el dibujo, esa capacidad especial para poder relacionarse con la lengua materna, etc., es menester la contemplación del ser del hombre. Entonces, no nos hacen falta cifras tales, sino, que nos atenemos a aquello, que el niño mismo nos está indicando. Entonces, en todo caso, esas cifras se convierten en una interesante comprobación. Por lo tanto, ciertamente poseen su valor, pero, el querer educar y enseñar a partir de los mismos, sólo nos está indicando, en qué medida nos hemos alejado del ser del hombre en su reconocimiento.
Queremos captar al ser del hombre mediante estadísticas. En ciertos ámbitos tiene su parte buena. Podemos captar científicamente, mediante estadísticas el ser del hombre, pero, con ello no podemos penetrar a su ser. Recordemos, cuanto aporta la estadística en un ámbito, donde puede ser implementada con toda plenitud existencial: en el régimen de los seguros. Al querer adquirir un seguro, preguntarán los datos de mi edad y examinarán mi salud. A partir de allí, se puede sacar la cuenta, acerca de cuanto hay que pagar, siendo joven, o siendo de avanzada edad. Se está realizando un cálculo acerca de la posible duración de la vida, y esa duración de la vida concuerda con las necesidades del régimen del seguro. ¿Cuándo alguien ha adquirido el seguro por veinte años a los 37 años de vida, se sentirá obligado a morir a los 57 años porque lo calculado es correcto? Vemos, que es algo absolutamente diferente, aproximarnos a la vida en forma directa, o plantear consideraciones, lógicamente correctas, que para un determinado ámbito pueden ser de gran utilidad.
En el caso de la escritura y del dibujo se trata por ejemplo, de lo siguiente: cuando se implementan las pruebas justamente en niños que han entrado a la edad escolar obligatoria, (en el curso de estas conferencias volveremos a hablar de las edades) estos niños han entrado aproximadamente a la edad, en la cual están pasando por el cambio dentario. En el curso de las conferencias escucharemos, que toda la educación deberá separarse en las tres edades de vida principales del ser humano en evolución: la edad del nacimiento al cambio dentario, la edad del cambio dentario hasta la madurez sexual y la edad posterior a la madurez sexual y que debemos realizar un estudio pormenorizado, el comportamiento del hombre en estas tres etapas de su vida.
Tomemos el caso de la escritura y el dibujo. Por el hecho de haber estudiado exhaustivamente los tres reinos de la naturaleza, implementando todo eso sobre el hombre, entonces tenemos la impresión: comprendemos al hombre, al poder emplear todo lo aprendido acerca de los tres reinos de la naturaleza. Al aproximarnos empero directamente al hombre nos encontramos con lo siguiente. Tenemos que tener la valentía de contemplar ala hombre de la misma manera como contemplamos la naturaleza exterior; la actual concepción del mundo solamente tiene el valor de contemplar a la naturaleza exterior, pero no tiene el valor de contemplar al hombre de la misma manera, como contempla la naturaleza exterior. Observemos, como el niño se desarrolla hasta el cambio dentario: cambia los dientes. Como sabemos, el cambio de los dientes en la vida humana normal, es el último acontecimiento en la existencia terrenal; no existe otro, hasta el momento de la muerte. Si tenemos la misma sensación como Tagore frente a la pierna amputada, nos diremos: aquello que hace emerger los segundos dientes, no está ubicado meramente en las mandíbulas, sino que se ubica en el hombre enteramente. En el ser humano en su conjunto, hasta los 7 años aproximadamente, se encuentra algo contenido y se manifiesta a modo de un punto final en oportunidad del cambio dentario. En la forma original en la cual está presente en el organismo humano, se encuentra hasta el 7° año; luego, no existe más de esta manera.
Hoy, por ejemplo, tenemos el valor de decir en lo que a la física atañe: existe un calor latente y existe el calor libre. Hay un calor sujeto, no puede ser determinado con el termómetro; mediante algún proceso se libera, entonces, puede ser medido con el termómetro. Ese valor lo tenemos frente a los fenómenos de la naturaleza. No tenemos ese valor frente al hombre, de otro modo diríamos: aquello, que ha estado en el hombre hasta el 7° año, lo cual luego ha salido con el cambio dentario, ha estado sujeto a su organismo, de hecho, hace su aparición también en la restante formación ósea, luego se libera y aparece en otra figura, a modo de cualidades interiores, anímicas del niño. Se trata de las mismas fuerzas, con las cuales el niño ha trabajado en su organismo. Tenemos que tener el valor, de contemplar al hombre cognitivamente a la naturaleza. La actual ciencia natural no contempla al hombre de igual manera como a la naturaleza, sino que contempla a la naturaleza, pero no se atreve aproximarse al hombre con los mismos métodos. Cuando empero nos decimos esto, somos guiados a todo aquello que es óseo en el hombre, lo que ciertamente solidifica la figura humana, brindándole sostén. Y bien, hasta ese punto en todo caso podría avanzar aún, la fisiología común, y lo hará, aunque hoy aún no quiera hacerlo. Justamente las ciencias más importantes están involucrados en una transformación y por cierto emprenderán caminos tales como los acabo de señalar. Ahora empero, se añade otra cosa. Más adelante en la vida nos ocupamos de diversas cosas, también anímicamente. Practicamos, por ejemplo, la geometría. Hoy, en nuestra época abstracta-intelectualista, tenemos la concepción, tomemos algo muy simple, las tres dimensiones espaciales se encuentran allí, suspendidas en el aire. Se trata de tres líneas verticales, situadas una sobre la otra, imaginadas hasta el infinito. Esto se puede obtener naturalmente, poco a poco, mediante abstracción, pero, no se trata de una vivencia. La tridimensionalidad empero quiere ser vivenciada; y es vivenciada aún en lo inconsciente, cuado el niño aprende a erguirse del estado de arrastre, en el cual por doquier pierde el equilibrio, para obtener ese equilibrio con el mundo. Allí, concretamente se halla en existencia la tridimensionalidad. Allí, no podemos trazar tres líneas en el espacio, sino que hay una línea que concuerda con el eje vertical del cuerpo, que examinamos al estar dormidos y estamos acostados y no estamos presentes y que también tenemos como característica de diferenciación más importante del animal, que tiene su columna vertebral en forma paralela a la tierra, mientras que nosotros tenemos una línea vertical como columna vertebral. La segunda dimensión es aquella, que obtenemos inconscientemente, al extender los brazos. La tercera dimensión es aquella, que va desde adelante hacia atrás. En realidad, las tres dimensiones, vivenciadas concretamente son: arriba, abajo, derecha, izquierda, adelante, atrás. Y lo que se implementa en la geometría, es abstracción. El hombre vivencia aquello que representa en las figuras geométricas en sí, pero solamente a la edad en la cual aún mucho en él es inconsciente, vivido como en sueño; más tarde, es elevado (a la conciencia) y da la impresión de ser abstracto.
Con el cambio dentario ha quedado afianzado justamente aquello que al hombre le brinda sostén, apoyo interior. Desde el momento, en el cual el niño se yergue, hasta el momento vital, en el cual pasa por esa solidificación interior, dada en el cambio dentario, en lo inconsciente el niño está probando la geometría, el dibujo. Ahora, eso se torna anímico; justamente con el cambio dentario, esto se torna anímico. Y, por un lado tenemos lo fisiológico, hemos formado dentro de nosotros lo duro, semejante al caso de una solución que, cuando se enfría, puede formarse un residual, un sedimento, siendo así, que lo restante adquiere una claridad mayor. Así, hemos formado en nuestro interior lo duro, nuestro sistema óseo propio vigorizado, a semejanza del sedimento; y por el otro lado queda el remanente y se ha convertido en geometría, dibujo, etc. Vemos emanar del hombre, las cualidades del alma. Y tomemos en cuenta el interés, que esto genera por el hombre. Veremos, como todo esto fluye en lo pormenorizado y como lo anímico cobra un efecto retrospectivo sobre el hombre. Esta relación guarda un contexto durante toda la vida del hombre. Lo que hacemos en el niño, no lo hacemos sólo para ese momento, sino para toda la vida. La mayoría de las personas no desarrolla la observación para toda la vida, porque quieren tomar la observación sólo de ese preciso instante del presente; por ejemplo, del experimento. En el experimento, el presente se encuentra frente a nosotros. Observemos empero, como por ejemplo existen personas que, cuando a una edad bastante avanzada se encuentran en un grupo humano, cobran un efecto benéfico. Ni hace falta que digan algo, meramente mediante su presencia, son benéficas. Emanan indulgencia, brindan bendición. Y, al recorrer el curso de vida de esas personas, se hala, que han aprendido a respetar, a venerar, no por coerción, sino de correcta manera, siendo niños. Podía decir también, han aprendido a rezar, siendo, que bajo rezar entiendo asimismo, en un sentido abarcativo, el respeto hacia otra persona. Quiero expresarlo mediante una imagen, que ya he empleado reiteradas veces: quien en su juventud no ha aprendido a juntar las manos (entrecruzando los dedos), en la vejez no puede extenderlas para dar bendición.
Las edades de vida del hombre están relacionadas entre sí, y si tomamos en cuenta como se hallan unidas las diferentes edades, se torna enormemente importante para nosotros, visualizar para la práctica de la educación y la enseñanza, todo el curso de la vida humana. Aprendemos mucho para el niño, al aprender como lo anímico emana, después de haber trabajado en el interior del cuerpo, durante la primera pepota de la vida. Hoy, los fisiólogos se encuentran reflexionando dentro de las hipótesis más curiosas, acerca de la relación recíproca entre el cuerpo y el alma. Una época de la vida, nos clarifica la otra. Al conocer la relación en el niño entre el cambio dentario y la madurez sexual, esto nos brinda una explicación acerca de aquello, que ha acontecido en el cuerpo a través del alma, hasta llegar al cambio dentario. Los hechos tienen que aportar la mutua aclaración. Imaginen ustedes, como aumenta entonces el interés! Y es el interés aquello, que necesitamos, el interés por el ser del hombre. Lo necesitamos, para el régimen de la educación y la enseñanza. Sucede, que hoy empero, los hombres piensan de manera abstracta, acerca de la relación del alma y el cuerpo. Y, a causa de que a través de su reflexión han podido descubrir tan poca cosa, en la actualidad se encuentra en boga una teoría realmente cómica, la teoría del así llamado paralelismo psico-físico. Allí, los procesos toman un curso paralelo, sin importar de puntos de cruce. El paralelismo psico-físico, ya no tiene que preocuparse por la relación entre el alma y el cuerpo, tienen su punto de cruces a una infinita distancia. Siendo así, la teoría es realmente cómica. Cuando empero profundizamos estos contextos, aquello, que emerge de la experiencia real, entonces podemos encontrar estas relaciones. Nuestra mirada debe cubrir la vida en su conjunto. Contemplemos una persona que, digamos, a una determinada edad se enferma de diabetes o de reumatismo. Las personas suelen tomar en cuenta únicamente al presente: se toma en consideración un medicamento para esa enfermedad. Esto, es completamente correcto, el reflexionar acerca de la curación de la enfermedad. Pero, quien ahora recorre todo el curso de esa vida, hallará, que la diabetes proviene del hecho, que en la época entre el cambio dentario y la madurez sexual, la memoria ha sido sobrecargada, o ha sido tratada de manera incorrecta. La salud de las personas mayores sobre la tierra depende de la manera como nos comportamos en relación con el alma durante la edad infantil. De la misma manera como formas y desarrollas la memoria, actuarás sobre el metabolismo, al cabo de un cierto período. Cuando entre los 7 y los 14 años dejamos restos de memoria, no elaborados por el alma del niño, el cuerpo de esa persona, entre los 35 y 45 años aproximadamente, el cuerpo permite el depósito de residuales, que provocan el reumatismo o la diabetes. Tenemos que decirlo: los maestros deberían tener un conocimiento de la medicina. No es una relación correcta, cuando, por un lado se encuentra el maestro y tiene que dirigirse al médico escolar por todo aquello que requiere la salud del niño, quien por otra parte, no conoce a los niños. Cuando ya mucho en nuestra época requiere una universalidad en la formación, la pedagogía y la práctica de la enseñanza la requieren en primer término.
Esto, es lo que quería darles a modo de introducción, para señalar, donde se halla aquello mediante lo cual la Antroposofía se consuela, cuando, según la opinión de alguna gente se mete chapuceando también en la pedagogía; que empero, según la opinión de otros, sí, tiene derecho a dar su opinión. No cabe entonces, que educación y enseñanza también pudiesen ser innecesarios, o, que no deberían ser discutidos, por el hecho de que nosotros mismos hemos dios mal educados; en la Antroposofía en principio se parte de algo muy diferente, no de la corrección de las ideas de épocas pasadas, sino de un conocimiento del hombre, que hoy se ha tornado necesario, a causa del progreso de la humanidad.
Al volver la mirada sobre los antiguos sistemas educativos vemos: por doquier han surgido de la cultura humana general, de lo universal, aquello, que el ser humano ha sentido en su interior. Tenemos que retornar a algo así, algo, que a modo de lo universal, emana del hombre. Me gustaría, poder darle un nombre diferente cada día a la Antroposofía, para que la gente no quede pegada en la palabra, realicen la traducción de la palabra griega formulando un juicio. La denominación es indiferente, de aquello que aquí se hace. Lo que importa es que aquello que se hace, se oriente por doquier hacia la realidad, rigurosamente, sin querer imponer ideas sectarias. Y así, diríase, se encuentra por un lado aquello, que viene a nuestro encuentro a menudo. ¿Y, qué es? La gente dice: ¡Hemos tenido tantos sistemas educativos, prolijamente diseñados! ¡Padecemos del intelectualismo, al menos, debe ser exterminado del sistema educativo! Esto, es correcto. Pero, luego llegan a decirse: Por lo tanto, no tenemos que apelar nuevamente a los instintos pedagógicos! Eso, es bueno, pero lamentablemente no es posible, dado, que la humanidad ha progresado. Los instintos existentes en otras épocas, ya no existen y tenemos que re-conquistar la ingenuidad, de una manera cognitiva. Y esto puede ser logrado únicamente, al penetrar nuevamente en el ser del hombre. Y es lo que busca la Antroposofía. Y aún otra cosa viene al caso. Por doquier se siente al intelectualismo y lo abstracto y se dice: los niños no deben ser educados de manera tal que sólo se eduque nuevamente sólo su intelecto, ¡tenemos que educar el corazón del niño! Esto, está bien. Pero a menudo en la literatura pedagógica y en la pedagogía práctica vemos, que no basta la formulación del requerimiento. Se pide de manera teórica-abstracta la educación del corazón. Tampoco se toma en cuenta, que el requerimiento no debe ser orientado solamente al niño, sino que tenemos que formular el requerimiento al maestro y sobretodo, a la pedagogía misma. De esto quiero hablar con ustedes en nuestro encuentro: que no solamente impongamos el requerimiento: Tu debes educar al corazón del niño y no solamente su intelecto, sino, cómo podemos cumplir al requerimiento: ¿qué debe acontecer, para que la pedagogía nuevamente sea poseedora de corazón?
|