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Wolfgang Leonhardt
¿DE QUÉ MANERA SE COMPORTAN LAS FUERZAS ELEMENTALES Y LAS FUERZAS ETÉRICAS EN EL TEMPERAMENTO?

El aspecto del pasado y del futuro de los temperamentos

En la primera parte de este trabajo, a partir del acontecer respiratorio y del desplazamiento del equilibrio de las fuerzas elementales, se han señalado posibilidades terapéuticas para la intervención en el caso del aumento excesivo de las unilateralidades de los temperamentos. Con ello, finalmente se presentó la pregunta referida al comportamiento de las fuerzas etéricas al respecto: ¿Las mismas participan de tales desplazamientos o no se encuentran afectadas por las mismas? ¿Qué relación tienen entre sí las fuerzas elementales y las etéricas y de qué manera esa relación cobra influencia sobre el temperamento?
Nuestro propósito será tomar en cuenta lo etérico, para poder comprender así de manera más profunda al temperamento como ser-temporal, para poder manejarnos mejor en la educación y también en la auto-educación. ¿Cómo vivenciamos al temperamento?
Existe en un comienzo EL LADO EXTERNO: se expresa, se manifiesta física-corporalmente, puede accionar colmando el espacio, apoderándose del mismo. ¡Cuán enorme diferencia, por ejemplo, existe entre el apoderarse del cuerpo de un vigoroso, vehemente colérico y un rechoncho, blando flemático!
Existe empero asimismo EL LADO INTERIOR, lo más bien oculto. ¿Qué acontece en el interior del flemático, que hacia afuera aparece ser estático? ¿O, cómo es el lado interior del sanguíneo, tan desbordante hacia afuera?

  • TEMPERAMENTO Y ELEMENTO

Hablando del lado interior del temperamento, no nos estamos refiriendo tanto a lo anímico espiritual de la conciencia, sino a aquello que por ejemplo precede en forma de procesos interiores inconscientes o semi-conscientes, al temperamento colérico vivenciable exteriormente. Esto, en la mayoría de los casos permanece oculto. Pertenece al enigma vital del temperamento, tal como lo ha expresado también Rudolf Steiner (“El misterio de los temperamentos humanos”, página 9).
¿O por qué quiere el melancólico replegarse, permanecer a solas consigo mismo? ¿Por qué excava en lo profundo? El elemento por sí sólo, la tierra dominante, no basta para poder comprenderlo exhaustivamente. ¿Qué otra cosa está ligada al dominio de la tierra, con respecto a efectos vitales, y de qué manera ello cobra influencia sobre el alma? O tomamos el principio por excelencia de la pedagogía Waldorf: ¡TENEMOS QUE PARTIR AQUELLO QUE EXISTE Y JAMÁS AQUELLO QUE NO EXISTE!
¿Qué tiene empero el niño, o bien, el temperamento con respecto a fuerzas interiores a las cuales podemos vincularnos, a las que podemos fortalecer? La exactitud y la diferenciación de las indicaciones de Steiner con respecto a la educación de los temperamentos, es asombrosa. Siempre me he preguntado: ¿qué está tomando en cuenta? De hecho va mucho más allá del dominio del elemento. Si no lo entendemos así, tampoco podemos manejarnos con el tema. Y todo cobra una validez aún mucho mayor con respecto a sus indicaciones referidas a la auto-educación, por ejemplo, en el así llamado Ciclo de Envoltura (GA145).
El ELEMENTO (tierra, agua, aire, fuego) es una fuerza espiritual, que a través de lo estético, cobra intervención hasta en lo físico, y promoviendo por ejemplo la tierra, digamos, la solidez ósea. Todas las cualidades negativas de los temperamentos, unilateralidades, se producen por el dominio de ese accionar.
MELANCÓLICOS: inclinación de la cabeza, paso arrastrado, lentitud, pesadez, son efectos del dominio tierra.
FLEMÁTICOS: anchas espaldas, obesidad, desbordante goce sensorial, comportamiento esquivo: dominio acuático.
SANGUÍNEO: movedizo, tendencia de extravío, desasosiego, fantoche: dominio del aire.
COLÉRICOS: agresividad, irritabilidad, actividad excesiva: dominio del fuego.
Vale decir, que a partir del elemento, el ser del pasado del cuerpo generado, se apodera del hombre, promoviendo las falencias del temperamento. Aquí, cobra efecto aquello que denominamos disposición temperamental. Aquí se puede observar con poder mayor la parte heredada del temperamento. Ahora podríamos alegar: un ataque colérico tiene a su vez un deje de futuro, tiene su intervención el futuro! Esto empero cobra validez para cada acción, para cada acontecimiento terrenal. En la persona colérica, un ataque se nutre del fuego, vale decir, del calor que se consume. O, el aire que mueve al fantoche, el agua que desborda, la tierra que promueve el descenso, todo ello son efectos del pasado del cuerpo, dentro del cual el ser humano se encuentra sujeto. El hecho de que allí pueden expresarse también efectos mayores, más amplios, es un aspecto absolutamente diferente, que no debe ser tratado aquí.

  • TEMPERAMENTO Y FUERZA ETÉRICA

¿Qué acontece ahora, con la fuerza etérica coordinada al elemento?
Con nuestro ÉTER INTERIOR, nos hallamos siempre en conexión con el ÉTER EXTERIOR, que nos rodea:

  • el éter calórico dentro de nosotros con el éter calórico exterior,
  • el éter- luz, con el éter-luz externo,
  • el éter químico, con el éter químico externo,
  • el éter de vida, con la vida exterior omnipresente.

Allí siempre tiene lugar un encuentro (GA145, GA213). ¿Qué sucede cuando por ejemplo la luz interior se halla debilitada? Entonces no puede realizar el correcto encuentro con la luz exterior, y tiene la tendencia de confundirse con la luz exterior.
DEBILIDAD: significa no poder unido al éter interior, no poder mantenerlo concentrado.
FORTALEZA: significa poder resistir el encuentro con lo externo, por poder mantener unida la fuerza interior.
¿Qué sucede en el caso del MELANCÓLICO? El éter de la vida pertenece a la tierra, como el éter químico pertenece al agua, el éter de la luz al aire y el éter calórico al fuego. Por lo tanto, tiene una tierra dominante. ¿De qué manera se comporta entonces el éter de la vida? ¿Cómo se comporta el melancólico frente a la vida como un todo, cómo es su encuentro con sí misma? La vida exterior cobra un efecto excesivo sobre él, lo supera, es por ello que prefiere retrotraerse a su casita de caracol. Está debilitada su resistencia interior, el movimiento de su fuerza vital interior, frente al éter de vida externo.
FLEMÁTICO: dominio del agua; ¿qué acontece con la química interior? ¿La domina? Es característico para él, que admite en el interior, efectos sustanciales exteriores, que puede deleitarse en aquello que en la química de desborde puede ser señalado como el licuarse en la acción química hasta llegar a las tendencias maniáticas.
SANGUÍNEO: dominio del aire; ¿qué sucede con la luz? Se observa un debilitamiento con todo lo que tiene que ver con lo puntual, la perseverancia, la firmeza interior y la rectitud. Aparece a modo de una nube luminosa, se mueve de una luz a otra, etc. Esto también se evidencia en la mirada, que suele esquivar la mirada del otro.
COLÉRICO: dominio del fuego; ¿qué muestra el éter calórico en el interior? Posee en menor medida las cualidades de la calidez interior, tal como la entrega cálida, el calor anímico, la concentración del calor en el interior, el calor es proyectado más bien hacia afuera, hacia la acción.
De esta manera hemos conocido otra regla adicional: EL ACRECENTAMIENTO DEL ELEMENTO CONDUCE A UN DEBILITAMIENTO DEL ÉTER CORRESPONDIENTE. ¿Acaso esto cobra validez también en el caso inverso? Para poder dar una respuesta, primeramente tenemos que formular la pregunta más importante, con respecto al conocimiento del temperamento: ¿Dónde se encuentran las PODEROSAS FUERZAS INTERIORES de los temperamentos? Al respecto, damos una cita de Rudolf Steiner, que cobra una decisiva importancia con respecto al conocimiento del temperamento: “…las fuerzas de Saturno, que cobran efecto dentro del hombre, los protegen de licuarse en el éter químico. Esas fuerzas saturninas de hecho son fuerzas que están ligadas con lo más íntimo de la naturaleza humana. Cuando hablamos por ejemplo de una persona ácida o una persona dulzona, estamos hablando más bien en un sentido transferido. Pero las cosas no son así solamente en el sentido transferido, sino que el efecto moral-físico ácido de una persona tiene que ver de hecho un poco con su composición química. Y son esas fuerzas saturninas, que participan en esa composición química. De la manera de accionar de Saturno en una persona depende de cómo se expresa a partir de su organismo en la vida. De modo tal que el melancólico es melancólico por el hecho de que se instala de modo especial en su composición química, en todo aquello, que se está forjando en el hígado, en la bilis y, ya en el estómago; lo melancólico, por lo tanto, se fundamenta en el hecho, de que las fuerzas saturninas en estas personas se hallan desarrolladas con especial poder.” (GA213, 3ra conferencia, 30/6/1922, pág. 59/60)
El MELANCÓLICO mantiene unido al ÉTER QUÍMICO, frente a la química universal externa. El éter numérico, el éter tonal, el éter de los pensamientos…, todo es lo mismo, la poderosa fuerza del melancólico. Está relacionado con ir a lo profundo mediante el pensamiento, el conocimiento, membrar, ordenar, analizar, abstraer, oponerse con antipatía al mundo. ¿Cómo se comporta el polo elemental opuesto, lo acuoso, en la constitución melancólica? En la mayoría de los casos se encuentra retrotraído, visto físicamente, más bien es seco y templado.
En el FLEMÁTICO, domina el agua. ¿Dónde yace su fortaleza? Vive en mayor medida en su entorno, en aquello que lo rodea, tiene dificultad en la concentración puntual. Pero con la vida propia puede llevar a cabo el encuentro con la vida exterior. Y hasta descansa dentro de sí mismo, lo cual tiene como consecuencia que a veces puede no participar, mostrar desinterés. Su vida se ubica al lado de la vida exterior, ciertamente, poco afectada. De esta manera, conserva la “mente fresca”, y puede ser objetivo y práctico. Realiza su encuentro con lo exterior con la vida propia y no en primer término con el yo. Esa vida propia es fuerte, se halla transpuesta con su sentir, ama la comodidad, tiene un vigoroso sentido de la vida. Por lo tanto, el ÉTER DE LA VIDA es su fuerza poderosa. ¿Qué acontece con la tierra? Aquí acontece lo opuesto como en el caso del melancólico, lo óseo ocupa un plano secundario, se halla más bien disuelto en lo acuoso. Aparece más bien cálido y húmedo.
El SANGUÍNEO va al encuentro de todo, la tercera, la cuarta vez, con la misma intensidad como lo hiciera en la oportunidad primera. Así queda en evidencia al poderosa fuerza de lo sanguíneo, en el avance hacia algo en el ir al encuentro de algo, en la orientación plena hacia todo lo que le acontece. Entonces, presta atención, aún cuando a menudo es de poca duración. El maestro, el educador, tiene que tener esa fuerza, dado que los niños la necesitan de modo imprescindible. Se trata de calor interior, FUERZA CALÓRICA-ETÉRICA, esta capacidad de frescura de entrega, de apertura genuina, esa es la poderosa fuerza del sanguíneo. Frente a ello, el calor que fluye hacia afuera, hacia la acción y hacia el espacio, más bien ostenta debilidad.
Ese calor posee el COLÉRICO. Sabe qué hacer y cómo hacer las cosas. ¿De qué manera se enciende el fuego de la acción? Al encontrarnos con la mirada del colérico podemos vivenciar una y otra vez una asombrosa claridad, firmeza, seguridad. Así lo describe asimismo Rudolf Steiner: “Hay un órgano en el cual se evidencia de modo especial la acción configuradora del cuerpo astral y del yo, y es en el ojo, la postura firme y segura del ojo del colérico. Por lo general vemos como esa luz interior, fuertemente encendida, que todo lo orienta laminosamente hacia afuera, se expresa a veces mediante un ojo de negrura del carbón, siendo que por una determinada ley –vale decir, por el hecho de que el colérico a causa de aquello que conduce hacia el interior su fuerza del yo- no le otorga al cuerpo astral al posibilidad de teñir aquello que recibe color en el caso de otra persona” (“El misterio de los temperamentos humanos”, página 26). La poderosa fuerza del colérico, es la concentración de la luz interior frente a la luz exterior, la concentración del ÉTER-LUZ en el interior. Sabe lo que debe hacer, esto le brinda seguridad, presión lumínica genera presión calórica, de esta manera se genera fuerza de acción a partir de la luz. ¿Y qué efecto cobra esto sobre el aire? ¿La respiración es profunda, serena, equilibrada? No, lo contrario es el caso. A menudo se presenta disnea, una respiración inquieta, comprimida. Como vemos, en los cuatro temperamentos se ha confirmado que un aumento de la fuerza etérica, a su vez conduce a la disminución del respectivo elemento. Esquemáticamente, resulta lo siguiente:

Sanguíneo

Colérico

Melancólico

Flemático

Éter calórico

Éter-luz

Éter químico

Éter de vida

Fuego

Aire

Agua

Tierra

Colérico

Sanguíneo

Flemático

Melancólico

Vemos que la coordinación superior es diferente a la inferior, de modo tal, que en realidad tendríamos que implementar una diagonal, para caracterizar aquello que concuerda. ¿Qué significa esto?

  • EL TEMPERAMENTO COMO SER TEMPORAL

El cuerpo etérico es el asiento del temperamento. Él, es el cuerpo temporal. Todas las unilateralidades, exageraciones, patologías –tanto las elementales como las cualidades etéricas son tales- están relacionadas con cambios. En la corriente del tiempo, todo se encuentra en constante movimiento. Pueden existir al respecto retardaciones, fijaciones o también anticipaciones. ¿Algo así puede acontecer también en el caso del temperamento? De ser así, debería ser hallado algo, un punto arquetípico, o un momento que se fija, o que se anticipa. Existen tales momentos o etapas en la vida que pueden ser tomados como imagen sana con respecto a aquello que luego toma validez como cualidad del temperamento. Esto es verdadero tanto para lo elemental como para lo etérico.
Al tener frente a nosotros una persona, por un lado se trata de aquello que ya ha sido, vale decir, el pasado, y por otra parte, también siempre de aquello que será. También en el caso del niño nos hallamos siempre frente a ambas corrientes del tiempo.
Orientamos nuestra atención primeramente a LO QUE YA HA SIDO. ¿De qué manera se sitúa frente a nosotros en el primer septenio? En realidad, lo que allí está frente a nosotros, es un cuerpo físico solamente, el cuerpo etérico, el cuerpo astral y el yo se encuentran allí inmersos, ciertamente ocultos. Esto oculto, a su vez es el misterio que rodea al niño. Por el hecho de que ese cuerpo en realidad se halla frente a nosotros, en realidad sin envoltura, el niño, necesariamente requiere de la envoltura vital de la madre, de los padres. Esa es la SITUACIÓN NORMAL ARQUETÍPICA DEL MELANCÓLICO. Con cuánta facilidad los efectos producidos por la vida desde afuera pueden tornarse excesivamente fuertes, cuando falta la envoltura o cuando es muy débil. Entonces, de inmediato se produce la tendencia de la retirada.
Cuando esa situación, el PRIMER SEPTENIO, donde se trata del desarrollo del cuerpo físico, la Tierra en el ser humano, es fijada para la vida más adelante, se produce el temperamento melancólico, unilateral (GA303, 13ª conferencia, pág. 236/237).
En el segundo septenio nace el cuerpo etérico, vale decir, nace la independencia. Ahora, se producen imágenes y concepciones propias. Con las mismas, el niño puede encontrarse con el mundo. Emerge de la estrechez del primer septenio, adquiere capacidad de desarrollo en la escuela; por un lado, el elemento líquido se manifiesta en el ondular de esas imágenes y concepciones, luego, también en el desarrollo de los procesos circulatorios rítmicos de los líquidos, que en medida cada vez mayor se colocan en relación con la respiración. Esta nueva vida interior ritmizadora, que promueve el fluir tal como se produce en el SEGUNDO SEPTENIO, es la sana IMAGEN ARQUIETÍPICA DE LO FLEMÁTICO. Al ser cultivado expresamente algo de ello, tratándose de un niño pequeño, o cuando se lo fija, más adelante en la vida, se genera el temperamento flemático unilateral.
Rudolf Steiner nos dice: a los 14 años, con la pubertad, “el ser humano alcanza la madurez para el sanguinismo”. Recién entonces, con el tercer septenio, despierta la conciencia con respecto al mundo sensorial. Entonces se genera el apetito referido a las vivencias sensoriales, a la variación, el movimiento. Ha quedado atrás el mundo infantil, de esta manera, pudo generarse un vacío, que ahora quiere ser colmado. El joven necesita diversidad, actividad para su fantasía, a través de la movilizadora vivencia del mundo. Aquí, en el TERCER SEPTENIO, se encuentro la sana IMAGEN ARQUETÍPICA DE LO SANGUÍNEO. Al mismo tiempo se produce la maduración y de la activación de la respiración, del elemento del aire. Al ser adelantado en los primeros 14 años, o cuando sufre una fijación más adelante en la vida, se genera el temperamento sanguíneo unilateral.
En el CUARTO SEPTENIO el joven ser humano se transforma. Adquiere mayor firmeza, muestra mayores fuerzas de la voluntad, se ha reunido consigo mismo. Logra confrontarse consigo mismo, se profundizan las fuerzas de la memoria. El fantoche es dominado en medida mayor por las fuerzas ígneas de la voluntad. Aparece la fuerza del querer determinarse a partir del yo, de vivenciar al yo como lo perenne, que puede sostenerse y que puede ejercer la determinación. Esa, es la sana IMAGEN ARQUETÍPICA DE LO COLÉRICO. Al ser adelantado en el tiempo, o fijado posteriormente, se genera la exageración de la colérica, el atropello contra resistencias, querer imponer a toda costa al yo, etc. Esto ha sido, de cuádruple manera, el lado terrenal físico elemental, lo ya generado, lo hecho.
Podemos entonces a aquello QUE SERÁ, lo futuro, que siempre está en existencia, que nos rodea. Se trata de lo etérico que porta lo anímico-espiritual. También al respecto existe la imagen arquetípica: “Al guiar nuestra atención a cosas tales como lo son los temperamentos, para luego ordenar al grado para impartir la clase, tenemos que tomar en cuenta sobre todo que el ser humano como tal, es un ser en constante evolución. Y esto es algo que debemos apropiarnos constantemente, en nuestra conciencia educadora, que el hombre se encuentra en evolución continua, que pasa por metamorfosis en el curso de su vida. Y del mismo modo como podemos tomar muy en cuenta las diferentes disposiciones de temperamentos de cada uno de los niños, podemos reflexionar acerca de lo evolutivo, aquello que vendrá y podemos decir: principalmente, todos los niños son sanguíneos, aunque por un lado son flemáticos o coléricos. Todos los adolescentes, varones y niñas, son coléricos, y si no es así, si en esa época no es así, se trata de un desarrollo no saludable. En la adultez el hombre y la mujer son melancólicos. Y al llegar a la edad anciana, el ser humano es flemático (GA295, pág. 30/31).”
A continuación podemos observar una secuencia algo diferente a aquella que ya hemos conocido:

1- 14

14 - 28

28 – 63/70

63/70 - +

niñez

juventud

adultez

ancianidad

sanguíneo

colérico

melancólico

flemático

éter calórico

éter-luz

éter químico

éter de vida

fuego

aire

agua

Tierra

colérico

sanguíneo

flemático

melancólico

4º septenio

3º septenio

2º septenio

1º septenio

La consecuencia de los temperamentos según la edad, mencionada por Rudolf Steiner, se integra en armonía en la secuencia superior, la secuencia etérica. Opuestamente, comienza con el éter calórico y la infancia, yendo hacia la edad anciana y el éter de vida. La INFANCIA es SANGUÍNEA, siendo empero, que no se refiere al lado del aire, el lado del pasado, sino aquello que en realidad constituye al niño: fuerza de atención, confianza, entrega incondicional. Este, es el niño como ser-calórico y la imagen arquetípica y la fuerza del futuro del sanguíneo, la fuerza del éter calórico.
A partir de la pubertad, esto se transforma en el temperamento JUVENIL, lo COLÉRICO. No se refiere empero a lo fogoso, sino, que a través del despertar en el mundo sensorio, se genera una nueva luz, que otorga seguridad, búsqueda de una meta, aparece el ir hacia adelante, que no quiere ser detenido. Cuando el joven luego entre los 20 y los 21 años se encuentra consigo mismo, esa fuerza, con certeza y vigor juvenil lo puede insertar en el mundo. Esta es la imagen arquetípica con respecto al lado etérico-luz, la fuerza de futuro del colérico.
De ahí en más, sigue la parte seria de la vida, donde se trata de responsabilidad, la reflexión a mayor profundidad, membración, orden, organización, etc., la edad adulta o EDAD MADURA. Es la época madura de la vida y es la época MELANCÓLICA de la vida, lo cual, una vez más, no se refiere a la parte terrenal, sino el lado del futuro, que tiene que ver con la concentración del éter químico, el éter de los pensamientos.
A la EDAD ELEVADA, el hombre debería convertirse en FLEMÁTICO, en medida cada vez mayor. No se trata empero de holgazanear. Se trata del sumergirse en el entorno, la esfera sensorial de la vida –no aquello que perciben los sentidos de modo aislado, esto, se reducirá, sino aquello, que se encuentra detrás, o por encima del mundo sensorial- la vida como un todo, tal como en rompiente viene a nuestro encuentro… se conectan la fuerza etérica de vida del afuera y del adentro. Esto, nos produce un cansancio, está la amenaza del hundirnos en aquello que nos circunda. …
Con el éter de la vida está relacionada la vida, pero también la muerte. La vida comienza con el éter-calor y finaliza con el éter de la vida.

  • EL TEMPERAMENTO INDIVIDUAL, A MODO DE CONSONANCIA DE IMPULSOS PASADOS Y FUTUROS

En el acontecer del temperamento, se hallan presentes siempre el comienzo y el final, el temperamento es un ser temporal viviente. Hemos visto dos lados:
En los cuatro primeros septenios ha sido el origen, o bien, la imagen arquetípica de los temperamentos, con relación a los elementos, en el temperamento de la vejez, a lo largo de toda la vida, se presenta la imagen arquetípica del lado-éter del temperamento. ¿Qué es, y cómo se genera el temperamento individual? Tomemos el ejemplo de un niño de diez años: con respecto al septenio impera una tendencia flemática, con respecto a la edad una tendencia sanguínea, vale decir, el elemento acuoso se encuentra en tratativa con el éter-calor. Este hecho empero, nada los está indicando con respecto al temperamento individual.
El mismo se genera por el hecho de que…
el MELANCÓLICO sujeta al primer septenio, o avanza hacia la etapa siguiente de la vida atrayendo algo del lado del futuro, del lado de la adultez, dado que el temperamento siempre tiene ambos lados;
el FLEMÁTICO traslada el segundo septenio al primero, o lo mantiene fijado para la vida más adelante, atrayendo asimismo algo de la edad del anciano;
el SANGUÍNEO traslada el tercer septenio a los dos primeros, o lo mantiene fijado en la vida más adelante, mientras que a lo etérico-calórico de la edad infantil lo mantiene fijado para la vida más adelante;
el COLÉRICO traslada algo del cuarto septenio a los tres primeros septenios, a la vez que integra algo de la luz de la edad juvenil a la infancia, o lo mantiene fijado más allá de la edad juvenil.
Vemos así, que el temperamento individual siempre está compuesto por ambos componentes de una fuerza pasada y una fuerza futura. ¿Quién promueve esto? ¿Quién sujeta y atrae? ¿De qué fuerza se trata, que dentro del cuerpo etérico –como desde un solo centro- logra relacionar, conectar lo pasado y lo futuro, lo corporal y lo etérico? Escuchemos lo que al respecto nos dice Steiner: “En aquello que a nosotros llega en el temperamento del hombre, en cierto modo tenemos algo como una fisionomía de su más íntima individualidad” (“El misterio…”, pág. 16/17). El temperamento ocupa una parte central entre aquello que traemos con nosotros individualmente y aquello que procede del pasado. Al unirse las dos corrientes, una corriente tiñe a la otra. “Aquí estamos frente a la radiación anímica del hombre, y las características naturales heredadas.”
“El temperamento equilibra lo eterno con lo perecedero.”
Esa individualidad íntima, esa entidad esencial es aquello que actúa en ese equilibrio, siendo que, tal como lo hemos visto, entran en relación siempre lo pasado y lo futuro.
El COLÉRICO, por ejemplo, tiene “de hecho” la tendencia de verterse al espacio y perderse allí. Desde el lado juvenil, colmado de éter-luz, su ser íntimo le indica interiorizarse en medida mayor y prestar atención a sus verdaderas metas.
El SANGUÍNEO se pierde dentro de la multiplicidad del mundo. Desde la infancia, desde el éter-calor, su verdadero ser le indica prestar mayor atención a lo uno, al niño contenido en el hombre, desde donde todo procede.
El FLEMÁTICO en cambio se empantana en el deleite propio. Desde lo etérico de la vida del final de la vida, le llega la voz, pidiéndole que se abra frente a los nuevos impulsos de vida del entorno.
El MELANCÓLICO finalmente, tiene la tendencia del retroceso frente al peso de la vida: desde la mitad de la vida el éter resonante lo alienta a asumir la responsabilidad, y en ello se manifiesta su ser superior.

  • LA MISIÓN DEL TEMPERAMENTO EN LA EDUCACIÓN, Y EN LA AUTO-EDUCACIÓN

Bajo los aspectos hasta ahora obtenidos, contemplaremos ahora las medidas pedagógicas propuestas por Rudolf Steiner, dadas con respecto al tratamiento de los temperamentos.
En el caso del COLÉRICO, por ejemplo, dice: “Al niño colérico se le impondrán resistencias, dificultades. (“El misterio…” página 34)…tendremos que presentarle justamente aquellas cosas en las cuales tiene que implementar fuerza, donde se justifica la práctica del temperamento colérico. Vemos que el impulso colérico debe llegar a la expresión. Pero, ¿cómo? Preferentemente, en bagatelas, en cuyo caso tiene que implementar una fuerza enorme… donde empero triunfan los hechos y la fuerza empleada se desintegra en la nada”. Lo remanente debe ser el respeto por los hechos. Vale decir, que el lado elemental debe llegar al sosiego, debe ser vencido de esta manera. Esto, es uno de los lados. A ello, necesariamente se adiciona el otro lado: “El colérico debe poder desarrollar el aprecio y el respeto por las obras de la personalidad”, siendo que todo depende de que pueda tener la fe, que el educador entiende, domina su cometido. Se trata de fuertes sentimientos a los cuales apelamos: respeto, aprecio, fe. Las mismas cobran un efecto interior de erección, vigorizando fuerzas de luz interiores. En las así llamadas conferencias-puente, GA202, 10ª conferencia del 17.12.1920, Steiner dice: “El éter-luz SIENTE. Por lo tanto aquí se trata del fortalecimiento del lado del futuro, de las fuerzas del futuro.”
No es posible imponerle la perseverancia al SANGUÍNEO “a los palos”. No la posee. Todo: objetos, cosas, asuntos, temas, son de breve interés. Pero UN interés tiene, debería tener, el amor hacia una personalidad, preferentemente hacia aquella que lo educa. En ese caso, que la ama, esto le otorga fuerza frente a la inconstancia, la ligereza, vale decir, QUE EL EDUCADOR DEBE SER DIGNO DE SER AMADO POR EL NIÑO SANGUÍNEO. Esto significa una activación máxima del ser-futuro y del ser-calórico del niño sanguíneo. Aquí se trata de apego, amor, entrega, vale decir, el fortalecimiento del lado etérico-calor. En GA202, el calor, el éter-calórico, es coordinado al QUERER. Pero, como ya hemos dicho, en el caso del sanguíneo ya no se trata tanto de voluntad, del querer, sino de un deseo, una voluntad-deseo, que empero, a través del amor recibe un impulso en dirección a la voluntad-sostenida.
La palabra mágica en el caso del FLEMÁTICO es: Al flemático SE LE DEBERÁ HACER VER QUE ES VENTAJOSO TOMAR EN CUENTA, PERCIBIR LOS INTERESES DE OTRAS PERSONALIDADES.
Vive más bien en aquello que lo rodea; tener compañeros es algo importante para él. Como educadores, deberíamos ocuparnos de que los tenga. ¿Qué intereses tienen esos compañeros? La convivencia de intereses y en lo posible de muchos intereses de los demás –esto lo dice Steiner expresamente, vale decir, que no debería tratarse de experiencias unilaterales-, eso lo educa. El éter de vida es el éter del SENTIDO, ahora no se trata del amor, no del respeto, sino de experiencia de vida obtenida a partir de los demás, o sea, nuevamente se trata del fortalecimiento del lado del futuro del temperamento.
El MELANCÓLICO se halla afectado siempre por su propia persona, contraído, concentrado en sí mismo, triste, siente el peso, la vivencia del dolor. Ese dolor, orientado hacia sí mismo, tendrá que ser desviado hacia afuera. Tiene que generarse compasión, conmiseración con otras personas.
Un educador que ha pasado por el dolor, por cierto que puede aportar una ayuda mayor que aquel que no lo ha experimentado.
La palabra mágica el: EL MELANCÓLICO DEBE APRENDER A DESARROLLAR UN CORAZÓN COMPASIVO FRENTE AL DESTINO AJENO, EL DESTINO DEL OTRO.
Hemos dicho que el éter-químico es la fuerza del futuro del melancólico que piensa… y ahora todo resulta ser diferente. El niño melancólico tiene que activar las fuerzas de su corazón, orientarse hacia las personas que sufren… ¿Esto está al alcance de un niño?
Ya hemos mencionado al educador que ha pasado por la experiencia del dolor, que debe aportar su ayuda. Por otro lado, esto está señalando la señalando la particularidad del niño melancólico, que a tan temprana edad realiza el esfuerzo con su yo, esfuerzo que conduce a la concentración, que empero puede cambiar de rumbo para orientarse hacia afuera. Aquí se manifiesta un misterio, podría decirse un misterio de corazón, que es de fundamental importancia para la autoeducación, más adelante en la vida.
Hasta aquí no hemos mencionado a los órganos. Rudolf Steiner ha coordenado al temperamento sanguíneo-flemático, al sistema nervioso-sensorial, y al temperamento colérico-melancólico al sistema metabólico-de los miembros (GA300 b, 6.2.1923).

Sistema nervio-sensorial
sanguíneo-flemático
Sistema rítmico
Sistema metabólico-de los miembros
colérico-melancólico

¿Qué temperamento corresponde al sistema rítmico, al pulmón, al corazón? Evidentemente, en principio, ninguno. El sistema rítmico se compone de un órgano superior (el pulmón) y un órgano inferior (el corazón). El corazón puede ser señalado como centro vital calórico, como órgano volitivo del hombre rítmico.
Con ellos están relacionados todos los impulsos humanos más profundos, el darse un sacudón… pegar un salto más allá de la sombra de uno mismo… abrirse interiormente… dar una nueva orientación a nuestra voluntad, querer realizar lo bueno. Todo ello es posible únicamente mediante la activación de este órgano: ¡Sí, puedo querer lo bueno! Solamente así puede producirse realmente un cambio.
Con ello empero, nuevamente está relacionado un profundo misterio, un misterio calórico: el calor, el éter calórico, es el que porta a todos los demás éteres. Existen exposiciones de Steiner que evidentemente contradicen esto. Por ejemplo, en el 2º curso médico, GA313, 2ª conferencia del 12.4.1921, se dice que el éter-calor y el éter-luz, desde la cabeza actúan hacia abajo, que éter químico y el éter de la vida actúan de abajo hacia arriba, y que en el corazón luego tiene lugar un mantener separado a ambas fuerzas, o bien, una especie de formación-remolino.
En la 7ª conferencia del curso medicinal-pastoral (GA318) se expone el tema de la RESPIRACIÓN CALÓRICA. El éter-calor, portador de todos los demás éteres es recepcionado por la cabeza desde el macrocosmos y desde allí avanza hasta el hombre inferior. Aquí, este hecho meramente puede ser señalado. Lo importante es que las adjudicaciones de los éteres a las actividades anímicas, aquí son diferentes. En las conferencias puente, antes mencionadas, vemos: éter calórico = querer, éter-luz = sentir, éter químico = pensar; aunque aquí no se menciona al éter de la vida, a partir de otros aspectos, lo podemos coordinar a la perfección. En el curso medicinal-pastoral leemos: el éter-luz PIENSA, el éter químico SIENTE, el éter de la vida QUIERE. Allí, el éter calórico sólo se menciona diciendo que porta a los demás. El calor como aquello que porta, que constituye el fundamento para que todo pueda existir.
¿Cómo podemos interpretar todo esto? Nos hallamos frente a la descripción de dos ámbitos etéricos, dos corrientes etéricas, una micro-cósmica que se encuentra siempre dentro de nosotros, ciertamente, dentro de nuestra piel y una macro-cósmica, en el exterior de nuestra piel, que estando allí nos rodea constantemente, irradiando calor hacia nosotros. Y, si entonces al niño melancólico le ayudamos a orientar hacia afuera su dolor, hacia personas que están sufriendo, para que en su corazón pueda sentir ese dolor, compartirlo, entonces estamos activando su respiración calórica desde el corazón, puesto que éter químico macro-cósmico siente.
Ese “orientarse hacia afuera” es posible únicamente cuando el corazón ya no se cierra, sino que se abre frente a aquello que a modo de vida “que brinda calor”, nos rodea  constantemente.
Es lo que a partir de nuestro más profundo ser del yo, podemos emprender en la autoeducación, hacer sanar el ser micro-cósmico todo, transformarlo más y más a través del macro-cosmos. Y esto puede acontecer únicamente a partir del corazón, que tiene relaciones hacia los cuatro temperamentos.
Imaginemos un SANGUÍNEO que logra transformar en medida cada vez mayor su voluntad colmada de deseos, que logra apaciguar su capricho, transformándose paulatinamente en ser humano atento en todas las situaciones de la vida. Capricho se trasforma en atención desprendida, en fundamento portante de la vida nueva.
El COLÉRICO puede sentirse a gusto y seguro dentro de sí mismo. Imaginemos que estaría dispuesto a integrar en medida cada vez mayor ese sentir, la luz universal objetiva, el pensamiento universal, por ejemplo, mediante la exacta investigación de las causas, representaciones históricas, etc. (Rudolf Steiner menciona al respecto, por ejemplo, a Tácitus y a Homero, que han introducido mediante la elaboración, su carácter colérico a sus obras, habiendo obtenido de esta manera el sosiego). El sentirse a sí mismo, se convierte en un sentir más objetivo, pensante.
Tomemos ahora al MELANCÓLICO, que piensa de modo excesivamente abstracto e introvertido a cerca de cómo abrir su corazón a los impulsos macro-cósmicos. De esta manera su pensar se convierte en sustancial, pleno de vida, de sentimiento y comprensión del sentimiento del otro.
El FLEMÁTICO finalmente permanece en exceso dentro de la mirada absorta al mundo sensorial. Mediante el corazón puede abrirse a la vida para recibir verdaderos impulsos volitivos desde allí, en lugar de tener que generar de sus propias entrañas, la obstinación que hunde más y más.

MACRO-COSMOS

Atención

Pensar

Sentir

Querer

MICRO-COSMOS

Querer

Sentir

Pensar

Percibir

 

Éter-calórico

Éter-luz

Éter-químico

Éter-vida

 

sanguíneo

colérico

melancólico

Flemático

De esta manera hemos conocido tres etapas de la trasformación y de la cura:

  • Lo elemental-pasado tiene que amenguar.
  • Lo futuro-etérico tiene que emerger y fortalecerse.
  • Saliendo del corazón se produce la verdadera cura, mediante la recepción de impulsos macro-cósmicos a través de la respiración calórica.

A partir de lo dicho podemos intuir que en el temperamento se halla dispuesto algo así como un sistema mercurial abarcativo, que a través de sus oscilaciones, sus vibraciones, se encuentra la evolución superadora del hombre.

1.11.2010