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Elke Neukirch

LA METAMORFOSIS DE LAS FUERZAS ARQUITECTÓNICAS EN EL DESARROLLO INFANTIL.

Las causas del Disgramatismo

Por bajo disgramatismo entendemos la incapacidad de poder emplear correctamente las reglas gramaticales en la formación de las oraciones. Escuchamos en el habla del niño partes incompletas de la oración, o partes omitidas de la misma, así como posiciones tergiversadas de las palabras en la oración. También el empleo equivocado de artículos, casos y declinaciones pertenece a la carencia de las fuerzas formativas del desarrollo de palabras y oraciones. En el disgramatismo, como así también en el caso de todos los demás trastornos del desarrollo lingüístico, no se trata de una imagen de disfunción delimitada, que se refiere exclusivamente a la adquisición gramatical-lingüística, sino de una particularidad estructural en el desarrollo lingüístico, de la cual se encuentran afectados asimismo otros planos del habla -por ejemplo, la articulación- y el desarrollo global del niño. Una adquisición lingüística retardada, conjuntamente con poco entusiasmo por la práctica del habla, puede ser una primera indicación con respecto a una peculiaridad estructural en el desarrollo lingüístico. Más tarde se observan deficiencias en el desarrollo del equilibrio, de la atención, con tendencia al desasosiego, carencia de facultades rítmicas-melódicas, así como retardos evolutivos en ámbitos auditivos, visuales y táctiles. Al contemplar la esencia del asunto, el disgramatismo atañe a la estructura, la arquitectura del habla. En la gramática cobran vida las leyes formativas de la lengua, cuya réplica la hallamos de hecho en la estructura ósea. En los huesos, el principio de la construcción arquitectónica en relación con las fuerzas del equilibrio y las fuerzas de la gravedad, ha adquirido una especial expresión física. Pero también la figura humana tri-membrada en vías de desarrollo se encuentra  transpuesta por estas leyes formativas anímico-espirituales. En la arquitectura corporal humana, las relaciones del equilibrio se manifiestan en la estática, que son puestas en movimiento por el yo. Según su esencia interior, el principio arquitectónico es musical. Un equilibrio en estática y dinámica, el niño lo puede crear únicamente a partir de sus fuerzas más profundas y sagradas, en consonancia con el mundo divino-espiritual. El niño pequeño tiene una intensiva post-vivencia de la plástica y la arquitectura cósmica, al adquirir las arquetípicas facultades humanas dentro del erguirse, el caminar y el hablar. Quisiera introducir, mediante el hechizo al mundo físico-sensorial, esas vivencias que ha tenido en el mundo espiritual, con anterioridad a la concepción y al nacimiento. (GA 271, 12.9.1920)
En el proceso de erección original se hace presente una vivencia arquitectónica arquetípica. Allí, las fuerzas espaciales de orientación espiritual cobran efecto en la vivencia interior del movimiento. Este vivenciar interior está relacionado con la compenetración de las formas del cuerpo físico en desarrollo, sobre todo de los miembros inferiores. Tiene lugar una encarnación de la arquitectura universal y un traslado de la misma a la facultad del estar parado, la capacidad del movimiento. A partir del más íntimo impulso de su ser, el niño se apodera de aquello que, como principio arquitectónico-cósmico, se halla activo en él desde el mundo espiritual, y aparece visiblemente en el mundo físico, dentro del erguirse, estar parado y en el dar pasos, caminar. Este proceso es experimentado por el niño en lo más profundo de su ser, razón por la cual está relacionado con tanta alegría y sensación de intensivo bienestar. ¡En el radiar del niño, prácticamente se “torna alma” la arquitectura!
Se trata de un determinado momento en el proceso de la erección, en el cual el niño vivencia interiormente esa arquitectura universal, que se “hunde” en el sistema sanguíneo, a través de la onda nervio-respiratoria, que fluye hacia abajo. Dentro de la sangre, toda la arquitectura se convierte en vivencia interior, inconsciente. A partir de la misma, el niño desarrolla su activa vida del movimiento, basada en la imitación. Allí es el “lugar” en el cual el sentido del equilibrio y el sentido del movimiento, y también los otros dos sentidos inferiores, se amalgaman en homogéneo contexto de acción. El carácter del movimiento revela en qué medida –fuerte o leve- las fuerzas han entrado en el niño. Percibe un equilibrio profundamente dinámico cuando la línea central de su propio cuerpo coincide con la línea de gravedad de la tierra (GA 271, 6.4.1918). Este acontecer, vivenciado en profunda inconciencia, del hecho de que las fuerzas rectoras del ser, entradas desde el mundo espiritual, concuerdan con aquellas de la tierra dentro de su yo, el niño lo quisiera conquistar de manera duradera. Es por ello que el niño no se cansa de repetir el proceso de manera incansable. Se trata de uno de los momentos más decisivos y concisos de la encarnación en la vida humana, que cobra influencia sobre todo el desarrollo posterior.
Mediante este acontecer, el niño, por un lado, se articula dentro de sí mismo y, por el otro lado, encuentra su articulación dentro del mundo espacial. Se convierte tanto en una experiencia espacial interior como también exterior. Cuando este “posesionamiento corporal”, profundamente íntimo, dinámico, de las fuerzas rectoras del mundo, puede convertirse en una vivencia de la sangre, entonces, con esa capacitación, el niño también se sumerge en el habla.
En este contexto se tornan comprensibles las siguientes palabras de Rudolf Steiner:
“Al penetrar con la mirada en toda esa relación, cuando vemos cómo en el proceso de la formación de la oración las piernas desde abajo cobran efecto sobre el habla, como en el proceso de la formación del sonido –vale decir, en la percepción interior de la oración, entran los contenidos de las palabras. Entonces, allí tenemos una réplica de cómo lo rítmico, referido al compás de los movimientos de las piernas, cobra efecto sobre lo más bien temático-interno de los movimientos de los brazos y las manos. Cuando, por lo tanto, un niño es vigoroso en su regular caminar, cuando no es desordenado en su andar comúnmente, y por el contrario puede imprimirle énfasis a su regular caminar, allí tenemos una base física que, tal como veremos más tarde, ya proviene del espíritu, que se manifiesta, empero, a modo de una base corporal. La base para un correcto articular también al hablar. De modo tal, que el niño, con el movimiento de las piernas aprende a formular oraciones correctas. Podemos ver: cuando el niño camina de manera desprolija, desordenada, tampoco genera los intervalos correctos entre una oración y la otra, sino que todo se confunde en las oraciones”. (GA 306, 16.4.1923)
Cuando el proceso de erección es alterado desde afuera, por ejemplo, a través de una prematura intervención en los intentos del pararse y del caminar, no se concreta esa “vivencia arquitectónica-arquetípica”. Entre otras, las consecuencias  pueden manifestarse en una debilidad que se evidencia hasta en el aprendizaje del habla. En un niño con disgramatismo, en primer lugar tenemos que pensar en un proceso de erección, llevado a cabo no sin trastorno. A causa de la intervención externa en ese acontecer –a ello pertenece asimismo todo el espectro de los ayudantes-, el pensamiento abstracto es el leitmotiv del accionar. Se entromete destructivamente en el proceso del yo infantil, completamente entregado a los principios espirituales. En un programa de erección determinado por fuerzas físicas-mecánicas y un modelo de movimiento establecido, el yo no puede recibir las fuerzas espirituales que a través de la circulación quieren conectarse con todo su ser. Como las fuerzas rectoras cósmicas son de naturaleza moral –vale decir, son fuerzas rectoras del ser espirituales-, son decisivas para el desarrollo del niño, o bien participan de manera directa en el desarrollo del yo. En el habla, las fuerzas arquitectónicas se activan sobre otro nivel. Ciertamente experimentan una transformación integradora a las leyes de la construcción lingüística, cobrando efectividad en la corriente temporal del habla. En el caso del disgramatismo, estamos frente a una transformación tan exigua de las fuerzas arquitectónicas hacia la corriente temporal del habla que no puede ser desarrollada la arquitectura en el habla, o bien se descompone en la corriente del habla. Las causas más  profundas, empero, pueden estar situadas en una debilidad kármica. La misma existe cuando desde la vida pre-natal al niño no le pueden ser participado de suficiente manera las fuerzas arquitectónicas de la erección, del caminar, del hablar y del pensar. En cada caso en particular, esto deberá ser hallado a través del niño mismo.
En la euritmia curativa se torna efectiva, en las vocales, una arquitectura espiritualizada. Allí, es llevado a la efectividad el principio arquitectónico-cósmico, que se sumerge en nuestro ser-circulatorio de manera tal que puede desarrollarse a modo de potencia arquitectónica-espiritual en las fuerzas de la erección, del caminar y del hablar. Al niño se le intra-articulan las fuerzas rectoras cósmicas-morales a modo de fuerzas plasmadoras-anímicas de lo corporal, a través del vocalizar, de modo tal que desarrolla la facultad no solamente de captar ordenadamente a la corriente temporal del habla, sino también articular el habla correctamente. Las fuerzas formadoras anímicas-espirituales actúan a través del movimiento vocal, sobre todo con las piernas, llegando hasta cada uno de los sonidos. Dentro de la flexión y de la expansión de las formas vocales, el niño experimenta una música universal, espacialmente interiorizada. Cuando en el primer septenio, el niño, a través de la euritmia vocal, se sumerge de manera tal que en el camino de la encarnación se convierte en inconsciente vivencia de la sangre, adquiere la capacidad de abarcar la arquitectura del habla a partir de sus propias fuerzas. A través de las vocales, las relaciones de forma y equilibrio son conducidas a movimientos rítmico-dinámicos.
Mientras que el hueso conserva su plasticidad, el principio arquitectónico puede ser amalgamado con la sangre, desarrollando el cuerpo. Llegada la pubertad, el joven, a través del hueso, vivencia principalmente la mecánica del movimiento. En la figura de su movimiento queda de manifiesto en qué medida se ha incorporado en las fuerzas de la mecánica exterior. Entonces, el principio arquitectónico ha sido asimilado plenamente por la gravedad y las fuerzas terrenales. Allí, la vocalización promueve, entre otros, que esas fuerzas “caídas” dentro de la mecánica terrenal puedan ser re-animadas y pueden ser liberadas de su “destierro”. Para ello, empero, debe ser captado mediante el sentimiento, la geometría cósmica del vocal. Recién a través del camino del movimiento transpuesto de sentimiento, pueden cobrar vida las fuerzas arquitectónicas imperantes en la sangre y pueden ser impulsadas nuevamente por las fuerzas rectoras cósmicas del ser. Lo que aquí se está llevando a cabo es un “proceso de inspiración” espiritual, que es recepcionado por el cuerpo astral y el yo. En lo físico, el mismo necesariamente incentiva una espiración, para que las fuerzas formadoras puedan realizar profundamente su entrada. Dado que solamente de esta manera al hombre en su integridad pueden ser participado estas fuerzas formadoras y configuradoras.
El niño aprende a hablar en una época en la cual está entrando a la vida en un estado parecido al estar dormido. El mundo de ensoñación anímica del niño vive primariamente en lo melodioso del hablar, en la melodía de la frase. En un principio también se hace entender a través de lo melodioso. En el balbuceo puede expresar todos los matices del estado físico-anímico. Cuando a través de la voz del adulto la figura sonora de una oración, una palabra experimenta un cambio, para el niño muy pequeño también se modifica el sentido. Frente a ello, reacciona de manera inmediata con todo su ser. Este hecho nos revela que el niño vivencia el sentido de lo hablado, a partir de la melodía de la voz. En un principio, el contenido del pensamiento en el habla no puede ser integrado a la conciencia del niño; es captado con plenitud de vida a través de una actividad musical interior. El niño ha traído esa comprensión musical interior, desde la armonía cósmica de su existencia pre-natal. Por lo general, lo interiormente resonante, recién más adelante se apodera del elemento gráfico, plástico, consonante, del hablar. En la palabra arquetípica “MAMÁ”, en la A resuena lo más íntimo del habla vocal. En la M, en el sonido labial el niño capta la periferia más externa de su organización del habla. En el camino, desde adentro hacia fuera, resuenan las vocales A – E – I - O – U. A través del camino de los sonidos por los labios –dientes-, lengua y paladar, se lleva a cabo el advenimiento más bien plástico del habla, desde afuera hacia adentro. Ese elemento plástico en la toma de posesión de las consonantes, se desarrolla ya en el niño muy pequeño, estrechamente relacionado con las impresiones sensoriales, que llegan al niño desde el mundo. Al chocar con las mismas desde adentro, despierta paulatinamente para el mundo y para el habla.
El elemento melodioso está desapareciendo en medida cada vez mayor de la cultura lingüística moderna, que se ha convertido en una cultura unilateral del entendimiento. En el interior, el gesto lingüístico intelectual mismo ha caído por debajo de su nivel, de modo tal que en ese hecho podemos observar un nuevo grado de la descomposición lingüística. De ese rudimento ha sido expulsado por completo el elemento musical, espiritual-anímico. En el curso de la euritmia curativa, Rudolf Steiner señala cómo la lógica del contenido cobra un efecto des-acelerador sobre el ritmo, y que por esa razón el hombre sale del contexto del ritmo respiratorio-circulatorio (GA 315, 12-4-1921). Para el niño pequeño esto significa que mediante ese tipo de lógica lingüística, en primer lugar no puede desarrollar un correcto ritmo, y por ello tampoco puede hallar un equilibrio en la relación entre respiración y circulación. En medida cada vez menor, el niño puede adaptarse dentro de este mundo decadente del habla, con sus fuerzas formativas espirituales. Esto, por un lado conduce a deformaciones del sistema rítmico y, por otra parte, prepara el suelo no solamente con respecto a múltiples particularidades deformantes en el desarrollo lingüístico, sino también con referencia a enfermedades. Las mismas hacen su aparición recién más adelante en la vida, manifestándose tanto en patologías metabólicas, como también en enfermedades tales en las cuales se separa prematuramente la relación efectiva entre la sangre y el nervio. Cuando este contexto en la infancia no es establecido en sus fuerzas más profundas sin crear el equilibrio suficiente, esto, por ejemplo, quedará en evidencia en el curso de la enfermedad esclerosis lateral amiotrópica. En ese cuadro patológico podemos observar la des-composición de toda la organización motriz, como también aquella de la arquitectura lingüística.
Rudolf Steiner acota: “En las profundidades de nuestro ser vivenciamos la oración de manera musical. Y, al adaptarnos al mundo exterior, ataviamos lo musicalmente percibido, con la imagen plástica ... una oración, compuesta de sujeto, predicado, objeto, en realidad, en el inconsciente es una melodía ... una tri-sonancia”. (GA 301, 6-5-1920). (¡Qué gran verdad!)
Por lo tanto, la gramática primeramente es “sentida” interiormente, de manera inconsciente, a través de lo musical del habla. Mediante la melodía de la frase, dentro de la cual el niño se introduce a modo de un sueño, a su vez va creciendo dentro de las estructuras gramaticales de la oración. La carencia auditiva de la percepción de la melodía de la frase, también puede constituir una causa del disgramatismo. La capacidad arquitectónica supra-sensorial no puede intra-configurarse debidamente en la lengua hablada, para efectivizarse a modo de cualidad ordenadora dentro de la construcción de la frase.
Una estructura de la oración musicalmente tomada en cuenta a través del sentimiento es, empero, la base para que más adelante el habla pueda asimilar, comprender, pensamientos.
Este es un asunto enormemente decisivo, también para el desarrollo interior del hombre. Cuando más tarde, a través de un desarrollo interior y una formación, el contenido en medida cada vez mayor nuevamente se puede retrotraer volitivamente de los pensamientos, vale decir cuando el pensar aprende a desarrollarse en actividad pura, se mueve sobre el terreno de aquella facultad que debe ser llamada musical y no plástica. Allí, estamos activos dentro de una arquitectónica que ha adquirido vitalidad y movimiento.
Con el dibujo de formas en el primer grado, Rudolf Steiner se vale del principio de una arquitectónica de efectividad vital: ¡recta y curva, como principios de la arquitectura universal! Una etapa posterior la hallamos en la geometría. Allí, sabidamente puede ser practicada una gran capacitación en un movimiento sin contenidos sensoriales. Se trata de fuerzas puramente arquitectónicas, que allí llegan a la implementación, y que pueden ser conducidas a la actividad liberada de lo físico.
En la euritmia curativa vocal nos ubicamos en un terreno sensorial-suprasensorial. En los procesos motores y auditivos de la vocalización, las fuerzas creadoras, dadoras de estructura de lo arquitectónico-suprasensorial se tornan activas dentro de todo el ser humano. Aquello que se concentra en el sentimiento a través de las leyes del sonido, se manifiesta como la luz formadora de la arquitectónica celestial. Dentro de la capacidad auditiva interior, que el euritmista curativo puede adquirir mediante la práctica de las vocales, se revelan las fuerzas morales de aquello de las fuerzas rectoras divino-espirituales, a través del vocal es pulsado hacia la sangre. El niño, con sus fuerzas del yo, participa en esta vivencia de la sangre, con profunda inconciencia ciertamente, sumerge a su espíritu, que aún se sitúa en lo profundo del cuerpo, dentro de esas fuerzas religiosas, que adquieren efectividad objetiva a través del vocal. A partir de estas fuerzas, máximamente íntimas y profundas, impulsa su propio desarrollo.
En la vocalización tenemos una entrada y un incorporar de las fuerzas rectoras del ser, que en el primer septenio, a través de la corriente plástica-arquitectónica, trans-configuran a todo el niño, llegando hasta las corrientes vitales más profundas. Son tomadas en posesión por el niño a través de la imitación interior y exterior. De esta manera, experimenta una animación que llega hasta las fuerzas más profundas del cuerpo etérico, de modo tal que puede ser vigorizada la debilitada auto-percepción y la aminorada percepción del mundo en sus fuerzas de equilibrio dentro de la erección y el habla. De esta manera, la euritmia curativa constituye una insuperable ayuda frente al destino, con respecto al conjunto de la evolución hacia el futuro del niño.

6-8-2012