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LA PRÁCTICA PEDAGÓGICA:  La educación del niño y el joven

RUDOLF STEINER (16-4-1923) – Segunda Conferencia: Traducción: Ana María Rauh

            Para comenzar, intentaremos penetrar al ser del hombre en estado de crecimiento, tomando en cuenta, las etapas siguientes de la vida, para sacar de esta manera, las consecuencias pedagógicas-didácticas.

            Aquel conocimiento del hombre, al cual me he referido ayer, y el cual se posibilita mediante la investigación antroposófica, se diferencia esencialmente de aquello, que puede saberse con respecto al hombre a partir de las actuales condiciones previas científicas y demás órganos formativos. Podríamos decir: ese conocimiento del hombre, que proviene de la civilización actual, en la mayoría de los casos se apoya sobre aquello del hombre que no toma en cuenta lo espiritual, y una parte de lo anímico. Se apoya sobre lo anatómico y lo fisiológico que puede ser obtenido acerca del hombre, cuando lo tenemos como cadáver. Se apoya además sobre aquello que podemos saber acerca del hombre, al tomar en cuenta los cambios patológicos, que pueden producirse en el hombre a causa de enfermedad y demás y las conclusiones a las cuales se puede llegar, con respecto al ser del hombre que posee salud. Dentro de nuestra constitución anímica toda, tenemos entonces aquello, que podemos obtener de esta manera, y se llega a las conclusiones, también, con respecto a la persona inserta en la plenitud de la vida, dentro del movimiento vital.

            Desde un comienzo, la investigación antroposófica busca captar, comprender al hombre en su integridad, acorde a su ser físico, anímico y espiritual. Busca captar al hombre, no mediante una manera de contemplación interiormente abstracta y muerta, sino a través de un modo de mirar pleno de vida, que puede seguir los pasos del hombre, que puede comprender al hombre a través de conceptos plenos de vida, dentro de su entidad formada por espíritu, alma y cuerpo, también dentro de una plenitud vital y de esta manera estamos en condiciones, de poder tomar en cuenta correctamente, también aquellas metamorfosis de lo humano, que aparecen en el curso de la vida. Por así decirlo, somos hombres diferentes, según la etapa de la vida, el desarrollo infantil del nacimiento hasta el cambio dentario, o, el desarrollo desde el cambio dentario hasta la madurez sexual. Es aquello, frente a lo cual nos encontramos, al tener al niño en la escuela primaria, y luego aquel desarrollo, que sigue a la madurez sexual. En cada uno de los desarrollos, el hombre es diferente entre sí. Las diferencias empero son tan profundas, que es imposible descubrirlas, percibirlas mediante una manera de contemplación superficial. Y, sobre todo es imposible evaluar correctamente aquella íntima penetración mutua de cuerpo, alma y espíritu, completamente diferente en las tres etapas de la vida mencionadas.

            El docente, el educador, no debe aprender algo teóricamente, para decirse luego: aquello, que aprendido teóricamente, lo implemento ahora de esta o aquella manera en el niño. De esta manera, se aleja del niño, no se aproxima a él. Aquello que el maestro sabe acerca del ser humano, lo tiene que integrar a una especie de instinto superior, de modo tal, que en cierto modo, pueda encontrarse instintivamente, frente a cada impulso de la vida individual del niño. Es de esta manera, que el conocimiento antroposófico del hombre, se diferencia de aquel que en la actualidad es el habitual. El conocimiento del hombre que hoy se emplea, a lo sumo conduce a una rutina educativa, y no a un criterio educativo real y a una verdadera práctica de la educación. Dado que, una verdadera práctica de la educación tiene que estar basada sobre un conocimiento del hombre, que frente al niño a cada instante se torna instintiva, de modo tal , que a partir de todo el cúmulo que desde el niño llega a nosotros, frente a cada uno de los casos podamos saber, que hacer. Si me permiten una comparación, les diría lo siguiente: tenemos varias teorías acerca de la comida y la bebida, pero, en la vida generalmente hacemos caso omiso de las mismas, bebemos cuando tenemos sed, y comemos cuando tenemos hambre. Es algo que resulta de toda la constitución del organismo, comemos, cuando tenemos hambre. El hecho, de que todo ello esté inserto en un determinado ritmo de vida, tiene sus buenas razones, pero, el hombre come y bebe cuando tiene hambre y sed; la vida misma lo fomenta así. Un conocimiento del hombre, que subyace a una auténtica práctica educativa, al hallarse frente a un niño, deberá generar en el ser humano algo así, como se genera acaso, la relación entre hambre y comida. Tiene que ser algo tan natural como que a través del hambre, obtengo una cierta relación hacia las comidas. Esto se tiene que convertir en algo completamente natural, a través de un conocimiento del hombre que no se limita a “carne y hueso”, sino un conocimiento del hombre que penetra al alma y al espíritu, de modo tal que, si el niño se presenta frente a mí, sienta yo algo como hambre. Esto, es lo que debes hacer! Solamente, cuando el conocimiento del hombre de esta manera posee un cúmulo interior, de manera tal que puede tornarse instintivo, entonces, puede conducir a la práctica educativa; y no, cuando se desarrolla una teoría según exámenes y ensayos, acerca de cómo es el comportamiento de la memoria, la atención, etc. De esta manera, primeramente se lleva a cabo una mediación mental-intelectualista entre las teorías y la práctica. Esto empero, no puede tener lugar de ninguna manera; así, se superficializa toda metodología, toda práctica educativa. Aquello, por lo tanto, que queremos obtener en principio como conocimiento del hombre, debe ser la comprensión del niño en su impulso de vida.

            Contemplemos en primer lugar al niño que crece y se relaciona con el mundo. Observémoslo primeramente de manera primitiva. Hallaremos, que el niño después de su entrada a la vida, prontamente tiene que apropiarse de tres facultades, hecho que es decisivo para toda su vida. Las actividades a conquistar por el niño son: caminar, hablar, pensar. El poeta alemán Jean Paul, así se autodenominó, dijo cierta vez: En sus tres primeros años de vida, aprende mayor cantidad de cosas para esa vida, que en los tres años académicos. Esto es cierto, es así. Dado que, aunque alarguemos la época académica por muchísimo más tiempo, es así, que el resultado para la vida de aquello que se aprende durante los tres años académicos es menor que aquello que se adquiere para la vida, mientras que el niño se encuentra en la actividad del aprendizaje referido al caminar, hablar y pensar. Pero, que significa esto: ¿el niño aprende a caminar, hablar y pensar? En principio, el caminar es algo, que en la vida lo resumimos tan popularmente. En ello, está empero contenido infinitamente más que el mero hecho de que del arrastrarse se yergue hacia aquel modo de andar del que se apropia para toda la vida. En ese aprendizaje del caminar yace la incorporación del ser humano, la orientación del hombre de la manera de que todo el equilibrio del organismo propio y de todas las posibilidades del movimiento del universo, en la medida en la cual nos encontramos insertos. Al estar aprendiendo a caminar, estamos buscando aquellas condiciones particulares, únicamente propias del hombre, entre la actividad de los brazos y las manos y la actividad de los demás miembros. Esa asignación de los brazos y las manos a la vida anímica, mientras que las piernas permanecen al servicio del movimiento del cuerpo, es algo enormemente significativo para toda la vida restante. Dado que la diferenciación de las actividades de las piernas y los pies y las actividades de los brazos y las manos, es la búsqueda del equilibrio para la vida. En un comienzo buscamos el equilibrio físico al erguirnos, pero, en la liberación del accionar de los brazos y las manos, estamos buscando el equilibrio anímico. En este aprendizaje del caminar, se encuentra algo infinitadamente mayor aún, siendo, que al pronunciar esta denominación “aprender a caminar”, sólo estamos tomando en cuenta lo fundamental, y en definitiva, ni siquiera eso, sino meramente lo que estamos observando exteriormente en el niño. En realidad, deberíamos decir: Aprender a caminar, es aprender la estática y la dinámica del hombre interior, con respecto al universo. Y hasta: aprender la estática y dinámica física y anímica del hombre con referencia al universo, al cosmos, eso, es aprender a caminar. Pero, veamos, al emancipar de esta manera los brazos y las manos para lo humano, de las piernas y de los pies, aparece otra cosa: con ello ha sido creado una base, para toda la evolución humana. Esta base se manifiesta exteriormente por el hecho que, con el aprendizaje del caminar, el hombre, con todo su ritmo y compás interior y también con todo el interior de su ser, se inserta en el mundo externamente visible. Y de esta manera, en el desarrollo de la entidad humana se articula algo muy particular. Aquello, que se lleva a cabo con las piernas, en cierto modo actúa de manera tal, que promueve en la vida física anímica del hombre una relación mayor con lo acompasado, con las inserciones de la vida. Dentro de la particular concordancia entre el movimiento de la pierna derecha y la pierna izquierda, aprendemos a estar en relación con aquello que se encuentra debajo de nosotros. Luego, aquello que experimenta emancipación en los brazos, desprendernos de la activación del movimiento de las piernas: con ello, a lo acompasado, rítmico de la vida, entra un elemento musical-melodioso. En el movimiento de los brazos, aparecen los temas de la vida, el contenido de la vida. Y esto a su vez, conforma la base para aquello que se desarrolla en el aprendizaje del habla; lo cual ya queda caracterizado exteriormente por el hecho de que en la mayoría de las personas la activación del brazo derecho es superior, lo cual se corresponde con el desarrollo del órgano lingüístico izquierdo. A partir de aquello que podemos observar en el hombre vívidamente en movimiento en situaciones entre la actividad de las piernas y la actividad de los brazos, de allí emana la relación que el hombre obtiene por el hecho de aprender a hablar.

            Al tomar conocimiento de todo este contexto, al observar como dentro del proceso del desarrollo, las piernas desde abajo actúan dentro del habla, como en el proceso de la formación del sonido, vale decir, en la percepción interior de la estructura de la oración hacen su entrada los contenidos de las palabras, entonces, allí tenemos una réplica de aquello, como lo acompasado, rítmico de los movimientos de las piernas, cobra un efecto sobre lo más bien temático, interiorizado de los movimientos de los brazos y las manos. Cuando por lo tanto, un niño es vigoroso en el regular caminar, cuando se andar no es desprolijo en el caminar regular, sino que muestra vigor en ese caminar, allí tenemos una base corporal que naturalmente, tal como luego veremos, ya procede del espíritu, que empero se manifiesta como base física: la base correcta graduar también el hablar. De modo tal, que el niño, mediante el movimiento de las piernas también aprende a formular correctas oraciones. Y podremos observar: cuando un niño camina de manera desprolija, tampoco realiza intervalos correctos entre frase y frase, sino que todo se confunde en las oraciones. Y cuando un niño no aprende a realizar movimientos armoniosos con los brazos, su modo de hablar tiene un tinte de graznido y no posee un sonido agradable. Lo mismo ocurre, cuando no logramos que el niño sienta la vida en sus dedos, entonces, no adquirirá un sentido para la modulación en el habla. Todo esto se refiere a la época en la cual el niño aprende a caminar y a hablar. Pero, asimismo podemos observar también otra cosa, vemos como en la vida, suelen existir combinaciones como hay cosas que aparecen con tardanza, con respecto al tiempo en el cual deberían aparecer, según su contexto interior. Vemos empero a partir de este contexto interior, que la relación correcta en el hombre se produce, prestando atención en primer lugar al aprendizaje del caminar, tratando de evitar que el niño aprenda a hablar con anterioridad al aprendizaje del caminar. El aprendizaje del habla tiene que desarrollarse de un modo ordenado, sobre la base del aprendizaje del caminar, del aprendizaje del movimiento de los brazos, de otro modo, el habla del niño no se convierte en una actividad con fundamento en el ser humano en su integridad, sino una actividad que sólo balbucea. En aquellas personas, que por ejemplo en lugar de hablar emiten balidos, lo cual a menudo ocurre, no se ha prestado atención a estos hechos, tales, como acabo de caracterizar.

            Lo tercero entonces, que el niño debe aprender sobre la base del caminar y hablar, es el pensar, cada vez con mayor conciencia. Pero, en realidad, debe producirse en último término. Según se entidad, el niño no puede desarrollar el pensamiento en otra cosa que no fuera el hablar. Inicialmente, el habla es la imitación del sonido escuchado; y, al tener el niño subyacente aquella relación particular entre los movimientos de los brazos, y los movimientos de las piernas encuentra una comprensión de estos sonidos y los imita, sin relacionar inicialmente aún, pensamientos con los sonidos. Inicialmente, el niño relaciona únicamente sentimientos con los sonidos; el pensar, que luego aparece, tiene que ir desarrollándose recién a partir del hablar. La secuencia correcta que por lo tanto tenemos que tomar en cuenta es, en el niño en estado evolutivo: aprender a caminar, aprender a hablar y aprender a pensar.

            Tenemos que seguir penetrando en estos tres procesos evolutivos del niño. El pensar, que se aprende en último término, o, que debe ser aprendido en último término. El pensar, en el hombre cobra un efecto tal, que en realidad al pensar solamente tiene algo así como imágenes-espejo de los seres de la naturaleza exterior y de los procesos exteriores de la naturaleza. Ya sabemos, que aquello que el hombre durante su vida luego toma como impulsos morales por ejemplo, no procede de su pensar, sino, que procede de aquel sistema de fuerzas, digamos, del interior del hombre, que denominamos conciencia. Proviene de profundidades del alma y colma al pensar desde esas profundidades del alma; mientras que el pensar que adquirimos siendo niños nos indica a las claras, que en realidad está afinado a la comprensión de los seres de la naturaleza exterior, y los procesos de la naturaleza exterior, como tan sólo quiere aportar imágenes de seres naturales y procesos de la naturaleza.

            En aquello en cambio, que tiene que ver con el aprendizaje del hablar, entra el fluir de algo muy diferente. La ciencia de la actualidad, con respecto a aquello que se refiere al aprendizaje del habla, aún se halla en “pie de guerra”. Esa ciencia ha aprendido hechos magnánimos, por ejemplo, con referencia al desarrollo animal con el hombre obteniendo resultados muy reconocibles; con referencia empero al aprendizaje del habla, la ciencia actual no posee datos fidedignos, aún con respecto a los animales. Dado, que ante todo tiene que ser hallada una respuesta a una pregunta determinada. El hombre emplea su laringe y los demás órganos del habla, para hablar. Los animales superiores también poseen estos órganos, aunque de un modo más primitivo. Si dejamos de lado aquellos animales que llegan a la emisión de ciertos sonidos, que empero son muy primitivos, que únicamente en algunos animales llegan al desarrollo de una especie de canto, llegamos a la pregunta, y no la formulo dentro de una falsa manera teológica sino de una manera causal: ¿por qué razón se encuentran desarrollados en los animales la laringe y sus órganos vecinos, dado que es evidente, que recién el hombre emplea estos órganos para hablar? En el animal no son empleados para el habla, pero, se encuentran en existencia, y allí están con toda evidencia. Al llevar a cabo la anatomía comparativa se observa, como en los animales relativamente mudos con respecto al hombre, existen órganos en ese sentido. De hecho es así, que de algún modo, predestinadamente contiene lo humano, y, así y todo, el animal no llega al habla. ¿Qué significado tiene por lo tanto en el animal la laringe y los órganos linderos? Una fisiología más avanzada alguna vez podrá descubrir, que toda la forma animal depende del desarrollo de la laringe y los órganos linderos. Cuando un animal, por ejemplo, se convierte en un león, la causa debe ser buscada en sus órganos pectorales superiores; desde allí irradian las fuerzas, que lo convierten en forma de león. Cuando un animal se convierte en forma de vaca, la causa de esta forma vacuna esta contenida justamente en aquello, que en el hombre se convierte en órgano del habla. De estos órganos irradia la forma animal. Esto tendrá que ser estudiado alguna vez, para poder ser entendido, cómo de hecho debe ser configurada la morfología, cómo debemos comprender la figura animal, cómo se encuentran configurados justamente estos órganos pectorales superiores, también, al pasar a formar parte de los órganos bucales. Dado, que desde allí, irradia toda la forma del animal. El hombre configura estos órganos sobre la base de su ser de postura erguida y su accionar con sus brazos, plasmándolos en órganos del habla. Al permanecer en aquello que acontece en el presente, vemos, que recoge aquello, que actúa en su entorno, referido a sonido y habla. ¿Qué es, lo que el hombre capta de esa manera? Pensemos, que en esos órganos yace la tendencia de plasmar al organismo todo, según la forma. Al escuchar el hombre, por lo tanto, la palabra pronunciada, que por ejemplo es apasionada o iracunda, capta algo a lo cual el animal no permite el acceso. El animal solamente puede recibir su forma, desde la laringe y sus órganos linderos; el hombre empero, integra a su ser, lo apasionado e iracundo de su medio ambiente, fluye, hasta las estructuras del tejido más extremas. Cuando la persona escucha sólo lo afable, amable, apacible en su entorno, ese flujo llega hasta la estructura de sus más finos tejidos, se inserta en sus formas y justamente se introduce en la organización más refinada. La menos fina, el hombre la maneja de la misma manera como el animal, pero, a la más refinada entra el flujo de todo aquello, que el hombre capta mediante la palabra hablada. Es por ello, que están dadas también las más refinadas organizaciones delos pueblos: fluyen del habla. El hombre es una réplica del habla. Tenemos que comprender por lo tanto lo que significa, que en la evolución, los hombres paulatinamente han aprendido diferentes idiomas: de esta manera, el hombre adquiere una mayor universalidad. Estas cosas tienen una enorme importancia para el desarrollo del hombre.

            Y bien, vemos de esta manera, como durante su primera infancia, el hombre es orientado plenamente en su interior, llegando hasta la circulación sanguínea, orientado según aquello que acontece en su entorno, y de ello fluye aquello, que luego adopta como orientación de sus pensamientos. Quiero recomendarles, prestar un cuidado especial con respecto a aquello que acontece en el hombre en ocasión del aprendizaje del habla. Por lo tanto, quiero formularlo en dos oraciones, que ciertamente indican la diferencia existente entre el hombre y el animal. Si el animal pudiera expresar aquello que concierne su dar forma, su acción configurativa con referencia a los órganos pectorales superiores, tendría que decir: YO ME FORMO EN COINCIDENCIA DE LOS ÓRGANOS SUPERIORES DEL PECHO Y LOS ÓRGANOS DE LA BOCA, LLEGANDO ASÍ A MI FIGURA Y NO DEJO ENTRAR A MI SER, QUE MODIFIQUE LA FIGURA. Esto, tendría que decir el animal, al querer expresar esa relación. El hombre en cambio diría: YO ADAPTO MIS ÓRGANOS SUPERIORES DEL PECHO Y DE LA BOCA A LOS PROCESOS DEL MUNDO, QUE TRANSCURREN EN EL HABLA Y SEGÚN ELLO ORIENTO LA ESTRUCTURA DE MI ÍNTIMA ORGANIZACIÓN. Vale decir, no se trata de la organización exterior, que se desarrolla con similitud a la animal; pero, el hombre adapta justamente la organización física de mayor intimidad a aquello, que en su entorno acontece en el habla. Este hecho es de importancia enorme, para la comprensión toda del ser del hombre. Dado, que a partir del habla, se desarrolla a su vez, la orientación del pensamiento y de esta manera, el hombre se convierte en un ser, que en estos primeros años de la vida, se halla entregado al mundo exterior, mientras que el animal se encuentra completamente encerrado en sí mismo.

            Vemos entonces, que para el hombre cobra una inmensa importancia la manera en la cual encuentra primeramente estática y dinámica, luego, el habla, luego el pensar, durante los primeros años de la infancia. Se torna enormemente importante, debe desarrollarse de la correcta manera. Todo sabemos, que esto se plasma de la manera más diversa en el hombre y tenemos que preguntar: ¿de qué depende, que esto pueda desarrollarse de la manera correcta? Depende de diversas cosas. Pero, para esta primera edad infantil lo más importante, de lo cual todo depende, es la correcta relación entre el tiempo del estar dormido y el tiempo del estar despierto; de manera tal, que paulatinamente adquirimos una cognición instintiva acerca de cuanto tiempo tiene que dormir el niño y cuanto tiempo tiene que estar despierto. Dado que, supongamos: un niño duerme un tiempo mayor al que corresponde. Cuando el niño duerme en desmedida, entonces, en la actividad de sus piernas se desarrolla una especie interior de fijación. En su interior, el niño desarrolla una aversión hacia el caminar cuando duerme de manera excesiva. Ciertamente, muestra pereza con respecto al caminar y acorde a ello, también mostrará pereza con referencia al hablar. El niño no desarrolla la correcta secuencia en el tiempo para el hablar. Habla con mayor lentitud a la que debería hacerlo. Cuando luego nos encontramos con una persona, en la cual esa falencia no ha sido equiparada durante la escolaridad, a menudo podemos experimentar desesperación, por el hecho de que entre una y otra palabra nos brinda la oportunidad de realizar un paseo. Existen esas personas, a las cuales les cuesta llegar de una palabra a la otra. Al encontrarnos con una de ellas, podemos orientar nuestra mirada a su infancia, y hallaremos: sus padres o sus educadores lo han dejado dormir en exceso, justamente en la época, en la cual se ha desarrollado el acto del caminar. Supongamos ahora, que el niño duerma menos tiempo del necesario; por lo tanto, no se presta el cuidado necesario, para que el niño obtengo su sueño necesario, relativamente extenso. Luego, en el interior este hecho cobra un efecto tan particular, que el niño no logra ejercer el debido dominio sobre sus piernas. En lugar de caminar, bambolea. En lugar de dominar realmente las palabras con el alma en su secuencia, se le escapan, se suprimen. Las oraciones se generan de manera tal, que las palabras se parten. Es algo diferente al no-hallazgo de una palabra, allí nos encontramos frente a un exceso de fuerza, no tenemos acceso a la palabra siguiente. En el caso, al cual ahora me refiero, la fuerza es insuficiente; ciertamente, la palabra siguiente no es captada con la corriente continua del alma, sino, que se está aguardando encajar en la palabra siguiente. Y cuando esto conduce al extremo especial, se expresa en el tartamudeo. Cuando en alguna persona encontramos la disposición al tartamudeo, sobretodo, cuando acontece a los veinte o a los treinta años, entonces podemos estar seguros: estos niños, cuando han estado en la edad del aprender a hablar, no han sido exhortados de manera apropiada, para dormir el tiempo debido.

            Vemos así, que mediante el conocimiento del hombre, están dados los fundamentos para aquello que debemos hacer. Así, podemos penetrar con la mirada a todo ese organismo humano, viendo, como en los tres primeros años se va adaptando al mundo, como, ciertamente permite la entrada del flujo de la estática y la dinámica de sus propios movimientos a aquello que mediante la configuración del aire produce al hablar, con ello están relacionadas aún muchas otras cosas, lo cual luego resulta ser una consecuencia para el pensar. Contemplemos todo esto, y luego observemos al niño con referencia a ello con respecto a la persona adulta, entonces, nos daremos cuenta, que en el niño tiene lugar un accionar en conjunto mucho mayor entre esa dinámica interior, entre caminar, agitar y mover los brazos, formar ideas. Todo ello, confluye en el niño en medida mayor que en el adulto. En este sentido, el niño aún es una unidad y también en otros sentidos, el niño esencialmente es una unidad mayor que el adulto en el cual luego se convertirá. Cuando, siendo adulto, por ejemplo, estamos chupando un caramelo, lo cual en realidad no deberíamos hacer, esto, en realidad solamente significa un goce para la lengua, para el paladar; no llega más allá en dirección al cuerpo. En el caso del niño, sucede otra cosa; el gusto avanza en una medida mucho mayor. Sucede, que el niño no lo comenta y nosotros no prestamos atención a ello, pero, allí el gusto cobra un efecto mayor. Seguramente, muchos de nosotros hemos observado a niños, que, según  todo su organismo se hallaba transpuestos de alma, de espíritu, viendo, como esas cualidades llegan a la expresión. Es muy interesante, en el caso de un niño lleno de vida que se encuentra alejado un poco de una mesa sobre la cual hay algo dulce, observar los brazos y las piernas, en lugar de observar la boca. Lo que dice la boca es algo casi sobre-entendido, pero, como el niño desarrolla la ansiedad por ejemplo en los dedos de los pies, en los brazos, cuando rema en dirección al azúcar, allí, podemos ver con claridad, que no solamente se trata de un cambio sobre la lengua, sino en todo el ser humano. El gustar, fluye al interior del hombre en su integridad. Al penetrar en todas esas cosas de una manera objetiva, podemos comprender, que el niño es en su conjunto, en cierto sentido, plenamente órgano sensorial, organización sensorial, de hecho, con el avance del tiempo, en medida cada vez menor, el inicio de su vida terrenal en medida mayor, pero, en esencia, del nacimiento hasta el cambio dentario. Aquello, que más tarde se ha refugiado en nuestros sentidos en la superficie del cuerpo, se halla presente vivamente en todo el organismo del niño. Estas cosas, naturalmente, no deben ser tomadas burdamente, pero, en esencia se hallan presentes. Y se encuentran presentes de manera tal, que podrán ser comprobadas por la fisiología externa, en el órgano sensorial en principio más expresivo, más evidente, el ojo.

            A menudo hay personas que me preguntan: ¿a partir de la ciencia actual, qué podemos elaborar de modo especial, digamos, con respecto a una disertación, ya que las disertaciones pertenecen asimismo a la “miseria” escolar? Y a aquellos, que por ejemplo son fisiólogos, les aconsejo algo, que por cierto en la fisiología “flota en el aire”: les indico, que observen el desarrollo del ojo humano, tal como aparece en el embrión y avanza, y luego, que observen al embrión en su conjunto en el estado correspondiente, en la manera, como se va desarrollando desde el germen. Y podremos hallar un peculiar paralelismo entre el ojo y el germen humano en su evolución embrional. Descubriremos: el ojo ciertamente, “arranca” más tarde, omite los primeros estados, y el embrión en su conjunto no llega al final al cual llega el ojo, sino que se detiene antes. De modo tal, que para la fisiología embrional resultará algo enormemente significativo. Al acompañar el desarrollo embrional, tal como luego avanza, llegamos a considerar ese inicio a modo de estados ideales, que se hallan presentes en el germen y en el ojo del embrión, tan sólo en el rudimento. Sólo el ojo avanza, se convierte en sentido pleno, perfecto, el embrión queda rezagado y más tarde pasa al desarrollo del cuerpo.

            Pero, en el caso del niño aún está presente este hecho, que en todo su desarrollo anímico-espiritual, posee ese derrame de lo sensorio sobre todo el cuerpo. En cierto modo, el niño todo, es órgano sensorial y como tal, se encuentra frente al mundo. Este hecho debe ser tomado en cuenta constantemente en la educación y también en todo aquello que se lleva a cabo en el entorno del niño, en la época preliminar al cambio dentario. Tendremos que hablar aún, sobre el elemento más bien pedagógico-didáctico: recién después de adquirir la visión correcta, podremos dar la respuesta correcta a determinadas preguntas vinculadas al ser del hombre. Dado que, existe un interrogante, que cobra excepcional importancia para aquel, que contempla la evolución de la humanidad, no solamente de modo superficial, según la historia conocida. Como sabemos, en épocas históricas antiguas del desarrollo de la humanidad, mucho se habló del pecado, y del pecado original, se habló de ello mucho más que ahora. No quiero brindarles aquí, un tratado histórico, pero, quiero señalar aquello que acontece en aquellos que han aprendido a contemplar estas cosas de una manera un poco más científica, qué aporta este hecho para nuestras situaciones actuales. Para los antiguos, el pecado original en el hombre era todo aquello que procedía de las cualidades heredadas. Aquello, que el hombre tenía de sus ancestros eso, era el pecado original. Ese, es el real concepto del pecado original. Más tarde, este concepto ha sido modificado fuertemente, según las nociones que se iban obteniendo. Lo heredado directamente en lo físico, en el hombre otorga disposiciones que subyacen al hecho de su pecaminosidad, eso, se decía antiguamente. ¿Qué se dice hoy? Hoy se dice: tenemos que observar con prioridad las disposiciones heredadas, y tenemos que desarrollar al hombre de manera tal, que esas disposiciones adquieran preponderancia. Si una ciencia del pasado tendría que emitir un juicio al respecto, diría: algo bonito habéis aprendido mediante el progreso de la humanidad; habéis aprendido el principio de fomentar justamente el desarrollo del o pecaminoso en el hombre. Eso, lo tendríamos que decir en realidad, en el sentido de una ciencia del pasado. Observamos los procesos históricos solamente a partir de aquello, que lamentablemente se encuentra registrado de manera superficial en los libros de historia; por tal razón, no descubrimos estas cosas.

            Aquel, que pueda introducir su mirada en aquello que he narrado hoy: como el hombre se adapta a su entorno en el hablar y en el pensar, dentro de la estática y la dinámica de su ser, podrá obtener un correcto conocimiento acerca de la medida de lo heredado puramente físico, y acerca de cuanto depende de aquello que tiene lugar en el entorno humano, que penetra de una manera mucho mayor al ser humano de lo que suponemos comúnmente. De diversas cosas hoy se dice, que la persona lo ha heredado de su padre o de su madre, mientras que en realidad se las ha apropiado en la primera época de su vida, imitando el modo particular de caminar de su entrono, o los movimientos de las manos, o la forma de hablar. En el primer período de la vida, lo que prevalecientemente viene al caso, es la entrega al medio circundante, y no, la herencia. En su ámbito, las teorías de la herencia tienen razón, pero tiene que tomarse en cuenta de la manera, como lo he dicho ayer. Dije: salimos a transitar el camino, la superficie ahora está blanda; quedan marcadas las huellas de nuestros pasos. Ahora, llega alguien de Marte, que no conoce los seres humanos de la tierra y declara: y bien, estas huellas están provocadas por el hecho, de que allá abajo en la Tierra se encuentran fuerzas, que en algunos lugares del suelo ejercen una presión mayor, en otros lugares una presión menor, entonces, las huellas se configuran de manera tal, que se genera algo así como la huella del pie. De semejante manera, las personas explican las disposiciones heredadas, y desde el cerebro, el ser anímico. Del mismo modo, como las huellas del pie se imprimen desde afuera, se hallan impresas en el cuerpo, y, sobre todo en el cerebro y en la organización nerviosa, aquellas cosas que son vivenciadas a partir del medio circundante, dentro del aprendizaje del caminar, hablar y pensar. Por cierto, que lo que dice la psicología física externa, todo es correcto: el cerebro es una clara réplica de aquello, que es el hombre anímicamente; pero, tenemos que saber, que no es el generador de lo anímico, sino el campo, en el cual se desarrolla lo anímico. Del mismo modo como no puedo caminar sin tener el suelo debajo de mis pies, tampoco, como hombre terrenal, puedo pensar sin cerebro, naturalmente. Pero, el cerebro no es otra cosa que el terreno, dentro del cual el pensar y el hablar configuran aquello, que recibimos desde el mundo, el mundo de nuestro medio circundante, y no, desde las disposiciones heredadas.

            De ello se desprende, que para el hombre de la actualidad, lo que acontece en estos tres años no “académicos”, se encuentra sumergido en al incertidumbre. Allí, en gran medida se configura y se interioriza el hombre. Ya lo he remarcado: el pensar, que luego aparece, se orienta hacia el mundo exterior, forma réplicas de la naturaleza, de las cosas de la naturaleza y los procesos naturales. Pero aquello, que se forma con anterioridad, el habla, de modo temperado, matizado, asimila todo aquello, que espiritualmente yace en el habla, que cobra efecto sobre el hombre, lo que cobra efecto anímico sobre el hombre desde el medio circundante. Con el habla incorporamos aquello, de lo cual nos apropiamos procedente del entorno. A través del habla, penetra a nuestro interior, el alma del medio ambiente. Sabemos, que el niño es órgano sensorial en todo su ser, que realmente tienen lugar procesos interiores, al estar presentes todas estas cosas, a modo de impresiones anímicas. De modo tal, que si el niño por ejemplo se encuentra en el entorno de un padre iracundo, que lanza sus palabras siempre a modo de un iracundo, entonces, el niño en su interior vivencia toda esa particularidad anímica, que esta contenida en la formulación de las palabras a través de la ira y eso se imprime en el niño ahora, no solamente por el hecho de que también se torna anímico, sino, que el niño, a causa de tener acontecimientos iracundos en su entorno, elimina una mayor cantidad de sustancias de sus finas glándulas, lo cual no sucedería en un ambiente exento de ira. Y sus glándulas se habitúan a una fuerte eliminación de sustancia. Esto cobra efecto luego durante toda la vida, ya sea, que las glándulas se acostumbraran a eliminar mayor o menor cantidades de sustancia. En el caso de que la escuela no logre remediar esta situación, la persona podría llegar a estar dispuesta a ser nerviosa, tal como hoy se dice, con respecto a todo aquello que en el entorno se encuentra con referencia a expresión iracunda. Vemos, que allí en lo físico, penetra lo anímico de manera directa, inmediata. De otro modo, por doquier en el mundo tratamos de comprender la relación de lo físico y de lo anímico; pero no tomamos en cuenta al hecho, donde en el primer período de la vida, lo físico se manifiesta de manera inmediata en hechos anímicos.

            Al entrar en la estática y la dinámica de su medio circundante, inconscientemente, el niño lleva a cabo algo extraordinariamente significativo. Pensemos tan sólo en el esfuerzo que les cuesta a algunas personas más tarde en la escuela, para aprender la estática y la dinámica y, emplearla, solamente en lo que a lo maquinal se refiere! El niño lo realiza de manera inconsciente. De hecho, incorpora la estática y la dinámica en todo su ser humano. Y, justamente a partir de la investigación antroposófica queda de manifiesto, que hasta aquello que proyectan los más eruditos profesionales en estática y dinámica para el mundo exterior, es una bagatela frente a una estática y dinámica tan complicada, como aquella que el niño se incorpora, al aprender a caminar. Y lo realiza a través de la imitación. De esta manera podemos ver, cuan particularmente actúa la imitación, justamente sobre estas situaciones. En la vida podemos ver muchos ejemplos al respecto, y les quiero presentar uno. Había dos niñas, con poca diferencia de edad que caminaban, una al lado de la otra. El caso se produjo en una ciudad del centro de Alemania, hace ya muchos años. Al verlas caminando, pudo observarse, que una pierna rengueaba, con paso irregular. Con movimientos completamente similares, tenían una diferencia peculiarmente configurada entre un modo más vívido del brazo derecho y los dedos de la mano derecha, y un porte algo más entumecido del brazo izquierdo y los dedos de la mano izquierda. Ambos niñas eran réplicas exactas-mutuas; el niño menor era una copia perfecta del niño mayor. Pero, era únicamente el niño mayor que tenía un defecto en la pierna izquierda; el niño menor, era completamente sano, que había adquirido todo, únicamente a partir de imitar la dinámica no-correcta de la hermanita. Por doquier en la vida, podemos encontrar casos de esta índole, sólo que pocas veces los podemos ver en contingencias tan extremas, que saltan a la vista. En configuraciones más refinadas, existen por doquier en la vida. Allí, donde se aprende a caminar, donde se están apropiando estática y dinámica, el ser humano esta adoptando espíritu de su entorno. De modo, que podemos decir: en el aprender a pensar, adquirimos cosas referidas a la naturaleza exterior. En el aprender a hablar, nos apropiamos de lo anímico del medio circundante, y, en aquello, que en realidad el hombre debe hacer en primer término, al entrar a la vida terrenal, del entorno adquirimos el espíritu.

            Espíritu, alma, cuerpo-espíritu, alma, naturaleza, esa, es la secuencia en la cual el mundo de la vida terrenal circundante se aproxima al hombre. Al recepcionar lo anímico, con ese elemento anímico, al mismo tiempo nos apropiamos esencialmente, de nuestras simpatías y antipatías en la vida. Su fluir penetra, imperceptiblemente. El modo, en el cual aprendemos a hablar, es al mismo tiempo, la manera de apropiación de determinadas simpatías y antipatías. Y, lo curioso es: aquel, que adquiere una mirada al respecto, naturalmente, un ojo del alma, podrá descubrir en la manera en la cual el niño apoya sus pies, si apoya el pie más bien sobre el talón, o, sobre la punta del pie, si lo, hace con firmeza, o, arrastrándose. Dentro de este hecho externo-físico, puede hallar en su conjunto, el carácter moral del hombre, preparado para más adelante en la vida. De modo tal, que podemos decir: con aquello espiritual, que integramos al aprender a caminar, desde el entorno asimismo fluye hacia nuestro interior, lo moral. Y es recomendable adquirir una mirada al respecto, acerca de como mueve las piernas el niño, que luego se convierte en un niño bueno, y como mueve las piernas el niño que se convierte en un niño malo. Dado, que lo más naturalista es aquello que adquirimos a través del pensar en la infancia. Lo que adquirimos mediante el habla, ya se halla transpuesto con lo anímico. Y transpuesto moral y espiritualmente, es aquello que adquirimos a través de la estática y la dinámica. Dado, que no se trata de una mera estática y dinámica, tal como la aprendemos en la escuela, sino se trata de una estática y una dinámica nacida del espíritu. Es de enorme importancia, poseer la correcta mirada con referencia a estas cosas, para no caer dentro de aquellas psicologías que en primer término se hallan basadas en lo físico, en las cuales se vuelve a imprimir en las primeras 30 páginas aquello, que el fisiólogo posee en explícita fisiologías, anexando luego las manifestaciones anímicas, vale decir, referir lo anímico a lo físico. Está vedado hablar del espíritu, desde que un concilio ha negado la existencia del mismo diciendo: el hombre no consiste de cuerpo, alma y espíritu, sino únicamente de cuerpo y alma, siendo, que el alma posee cualidades espirituales. En la Edad Media, la tricotomía se ha prohibido dogmáticamente, pero la actual ciencia, exenta de condiciones previas, ejerce psicología, afirmando desde un principio: el hombre consiste de cuerpo y alma. Desconoce, cuan poco exenta de condición previa es, al seguir irrestrictamente a la dogmática medieval! Los profesores más iluminados de las facultades la siguen, sin tener la menor noción al respecto. Para poder orientar nuestra mirada correctamente hacia el interior del hombre, tenemos que verlo según cuerpo, alma y espíritu. El materialista comprende únicamente al pensar, lo cual es su punto trágico. La materia, es lo que el materialista comprende en menor medida, porque no descubre en ella al espíritu. Únicamente dogmatiza: solo existen la materia y sus efectos, pero no comprende, que por doquier radica el espíritu. Al querer describir al espíritu, tenemos que llegar a la definición: el materialismo es la ideología, que nada entiende de la materia. Se trata, de que tenemos que conocer exactamente los límites, acerca de donde se encuentran las manifestaciones físicas, donde las anímicas, donde las espirituales y como una conduce a la otra. Y esto cobra una especial necesidad, frente al desarrollo infantil, en el primer período de su vida.