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VOLUNTAD AJENA Y VOLUNTAD PROPIA, Heinz Zimmermann
Traducción: Ana María Rauh
HEINZ ZIMMERMANN
El 6 de septiembre, Heinz Zimmermann falleció sorpresivamente, a los 74 años durante un viaje de conferencias en Rostock. Habiendo sido alumno Waldorf en Basilea, al cabo de su estudio como maestro del idioma alemán y de la libre enseñanza religiosa cristiana, volvió a Basilea por muchos años y después de Jörgen Smit, asumió la dirección de la Sección Pedagógica en Dornach. En incontables conferencias, seminarios y aportes escritos, Heinz Zimmermann hablo acerca de la pedagogía Waldorf, Antroposofía, arte y cuestiones sociales del trabajo humano en su conjunto. Ha sido un maestro de la palabra y de la capacidad del poder escuchar, que ha actuado y enseñado siempre con fino humor, a través de experiencias propias. El siguiente artículo es una conferencia dada en Heidelberg en 2001, aparecido en la editorial Menon de Heidelberg. Agradecemos a la editorial por la autorización de reproducción.
VOLUNTAD AJENA Y VOLUNTAD PROPIA – Heinz Zimmermann
La cuestión de si los jóvenes recurren a una droga o no, en primer lugar es una cuestión de la voluntad propia. Allí se encuentra uno de los grandes mal entendidos de la enseñanza secundaria. Siempre partimos de que la enseñanza en el ciclo superior es educación hacia el intelecto dado que se trata del despertar de la capacidad de juicio. En realidad empero se trata de que implementemos la voluntad de emplear al intelecto en el momento correcto y de la correcta manera. Se trata de educación volitiva, del despertar de la voluntad en primer lugar. A partir de este mal entendido, a partir de un intelectualismo de nuestra época, se agranda aun más la ya existente apertura frente a la tentación.
Quiere comenzar con una breve anotación del diario de un joven que más tarde ha llegado a ser honrado como poeta.
Había vivido de 1756 hasta 1793. A partir de esta cita podremos elaborar elementos esenciales. Este hombre, llamado Karl Philipp Moritz, escribió la primera novela autobiográfica ANTON REISER, además tratados referidos a la métrica y poética que Goethe ha empleado a menudo cuya lectura sigue siendo interesante aun en la actualidad. Bajo el titulo “libertad volitiva”, Moritz escribe en su diario: “reiteradas veces estuve parado en una torre en la cual la barandilla me llegaba hasta el pecho, siendo que estaba plenamente asegurado de la caída. Asi y todo de pronto tuve una idea horrible: ¡como si de pronto me sintiese impulsado a pararme sobre la barandilla y saltar desde allí al vacio!”
¡Esa es una situación típica! Estamos reflexionando: ¿Cómo sería si…? ¡Y cuando dejamos de lado ese “seria” lo hacemos! Es la imagen arquetípica de la tentación. Lo pensamos y luego tal vez lo hacemos. Luego empero, la idea se torna aun más complicada: pensamos que podríamos tener esa idea y que necesariamente seriamos conducidos a ello que por lo tanto la voluntad estaría determinada por otro. Esa es la vivencia. Y sigue diciendo: “no hubo otro requerimiento que mi voluntad, de no llevar a cabo este propósito” – la voluntad, de no hacerlo: desistimiento, “asi y todo este pensamiento me llenó de escalofrió y horror, era como si no confiase en la libertad de m i voluntad propia, no pude soportar ese estado de cosas ningún minuto más y sentía que rápidamente quería descender.”
¡Esta es en realidad la situación de un joven! Este: ¿Cómo sería si…? ¿Acaso mi propia voluntad posee la suficiente fuerza? ¿No existe acaso instancias más poderosas que hacen algo que yo ni quiero hacer? ¡De hecho, es la situación básica de toda tentación! ¿Y donde aparece en intensidad mayor que justamente en la edad juvenil? Al respecto un segundo ejemplo para más, algo humorístico: “Lo mismo me paso a veces en la iglesia, cuando tenía menos edad, siendo que imagine el escándalo y el desorden que se generaría si en medio del sermón comenzaría a hablar en voz alta, de pronto sentía que tenía que hablar en voz alta y eso me causada un miedo terrible, me atormentaba a menudo durante todo el sermón”
También aquí volvemos a ver el debate: ¿Qué es la voluntad propia, que es la voluntad ajena? ¿Qué postura asumo, cuan fuerte soy, cual débil soy? Se trata de una situación arquetípica, no solamente del adolescente sino del ser humano en sí. Sucede en cien situaciones que constatamos – no como en la obra divina de los seis días: “y he aquí, que era muy bueno”, sino “y he aquí que era muy malo, en realidad no lo quise hacer, pero igual sucedió”. La situación arquetípica de la actualidad. A partir de mi larga practica en el ciclo superior puedo decir, que en los últimos años una u otra vez ha sido formulada la pregunta: ¡se exactamente lo que debo hacer, pero no puedo hacerlo! Soy demasiado débil. ¿Puede ayudarme?
Y es exactamente lo mismo por lo cual nos decidimos hacer algo de lo cual sabemos con toda certeza: es malo. Con ello quiero definir: en toda la cuestión de la droga por ejemplo, no deberíamos aislar el problema. Se trata de un problema global, o sea la cuestión de la educación: ¿Cómo se logra, anclar la voluntad o aquello que se presenta a modo de instancias, procedente de la determinación ajena?
Cuando una y otra vez se está hablando de voluntad fuerte y de voluntad débil tenemos que decir_ voluntad fuerte o voluntad débil no equivale a que la voluntad es fuerte o débil. Tan solo tenemos que tener presente, el esfuerzo que realiza la persona dependiente, para acceder a su sustancia: allí – podemos decir – actúa la voluntad, una voluntad muy fuerte podemos decir. Puedo recordar: yo era un fuerte fumador y me encontraba en una escuela de reclutamiento, en un lugar muy alejado, siendo que se me habían terminado los cigarrillos. Tuve que caminar dos horas para obtener ese agente. No se trata de una fuerte voluntad en el sentido de que se desarrolla la voluntad. Dado que entonces podríamos decir la voluntad mayor, más fuerte, la tiene el niño pequeño: ese no cansarse nunca.
Una voluntad fuerte es la voluntad dominada por el yo. ¿Cómo me apodero de la voluntad? Esa es la cuestión. Y la fuerza depende de cómo lograr reemplazar la voluntad sujeta al cuerpo por una voluntad aliada al yo. Dado que la voluntad que me impulsa a caminar siete kilómetros para comprar cigarrillos evidentemente es una voluntad sujeta a lo corporal. Y el problema que se formula ¿como esa voluntad sujeta a lo corporal puede transformarse en una voluntad relacionada con el yo, o relacionada con el espíritu? Es en realidad el encargo, el cometido, la misión de la educación en el tercer septenio.
LA SOBERANÍA DEL YO
De manera inmediata estamos viendo que esta cuestión referida a la voluntad también esta relacionada con la cuestión de la libertad, y el tener presentes algunas situaciones podemos notar también como la libertad puede ser vivenciada a partir de diversas frases de la ilusión. Estamos por ejemplo esquiando a una vertiginosa velocidad, teniendo una sensación de ponderación, de soberanía absoluta, de libertad, hasta que luego se produce una caída imprevista, con una fractura. Lo mismo cobra validez con respecto al manejo del automóvil: ¡velocidad, embriaguez, libertad! O estamos sentados en una ronda tomando cerveza y al pagar el consumo de todos los participantes: ¡nuevamente una sensación de libertad! Mediante el ejercicio de poder, el sentimiento de libertad es ilusión, es sensación de libertad dentro de la percepción corporal.
¡Qué tipo soy con mi musculatura! Esto se presenta justamente en la pubertad: ¡todo lo que puedo hacer! Una madre cierta vez me conto que su hijo, alumno del noveno grado, un día llego a la casa y al agarrarla le dijo: “¡yo PODRÍA aplastarte ahora! Pero no lo hago”. Vale decir: yo podría... Yo podría aplastarte. También tenía la sensación de la libertad. La cuestión empero es: ¿cuán libre es la libertad?
Desde estas vivencias podemos pasar a otras vivencias. Al haber finalizado una pieza de trabajo, también vivenciamos una determinada sensación de soberanía, naturalmente una sensación completamente diferente: hemos llevado a cabo algo, que ahora podemos ver, dominamos algo, vivenciamos un entesar de la voluntad! O hemos renunciado voluntariamente a algo. No existe otra vivencia de soberanía, tan intensiva como la capacidad de renunciación en el caso actual.
Yo he tenido un hogar paterno maravilloso, un padre que – no sé por quien incentivado tal vez por Goethe – había decidido: cuando los niños por de pronto lo mayores, y yo pertenecía a los mayores llegan a la pubertad tiene que pasar por algunas pruebas. Y una de estas pruebas consistía en que dentro del término de catorce días, en tres oportunidades se tenía que renunciar al postre. Aun hoy recuerdo el sentimiento de soberanía que he tenido: yo puedo decir no ahora ningún postre ¡maravilloso! Ha sido un magnifico sentimiento de soberanía: yo soy yo. El renunciamiento es la base de la libre voluntad, o de un sentimiento: yo soy yo.
Vemos entonces por el otro lado – al hablar de una voluntad fuerte y una débil - como chocamos tan pronto algo se aparta de los hábitos. Podemos pensar por ejemplo: este es un problema únicamente de los toxicómanos, los fuerte fumadores pero tan solo tenemos que observar alguna vez la reacción, cuando suena el timbre en la casa de una persona, sentada en ese momento frente a una trasmisión deportiva de alguna carrera de algún worldcup en el deporte de esquí, o que está mirando otra de sus transmisiones favoritas, el problema que le significa, perder tan solo unos minutos del programa. O: ¿que acontece en una persona cuando en alguna oportunidad no está el diario o alguien lo ha llevado en un determinado tiempo? Entonces nos damos cuenta: allí existen poderes, de cuya existencia nada hemos sabido. Vemos: en realidad el problema de las drogas solo evidencia algo, que fundamentalmente existe, con respecto a la cultura volitiva, justamente el ciudadano declarado como mas probo es tal vez el mayor antihéroe. Para ello no hace falta realizar una búsqueda en los grupos marginales de la sociedad, sino ver: se trata de un problema conjunto, vale decir, el problema, ¿Cómo valerme de mi voluntad? ¿Cuáles son de por si los motivos para apoderarme de mi voluntad?
Es evidente que un elemento esencial de toda la educación, y sobre todo de la educación Waldorf, cuando prospera consiste en brindar inventivo para el renunciamiento a favor de un deleite superior. Jamás puede ser un ideal educativo: figuras esquilmadas de monjes, vestidura cilicia, prohibición de disfrute, se renuncia en cambio, en pro de un goce mayor. Significativo es cuando con un niño nos acercamos a un acontecimiento: hoy es martes, y el domingo es la fiesta del cumpleaños. Mañana es miércoles, tengo que dormir todavía cuatro veces. Llega jueves, viernes y sábado por la mañana y entonces llega el día! Primero la invitación y luego la fiesta. Y al día siguiente se dice: ayer, ¡que fiesta tan hermosa! Es importante la mirada retrospectiva. Avanzar hacia algo con alegría preliminar, luego llega el acontecimiento y después la resonancia.
Comparemos con esta calidad por ejemplo, cuando en algún lugar durante las vacaciones en el curso del día lame el cuarto, o el quinto helado: no se trata de un goce. La calidad del renunciamiento constituye la base del incremento del verdadero gozo. Al respecto el Fausto es una maravillosa escuela de aprendizaje: los grados del goce hasta llegar al gozo de las acciones, el goce de aquello de entregarnos por los demás y disfrutarlo. Por lo tanto el gozo no es algo que debe ser repudiado, sino algo que en medida cada vez mayor debe ser desarrollado desde el ámbito de la dependencia corporal, de manera tal que es requerido y conducido y por lo tanto sublimizado. Esto es un elemento esencial en la época primera en el primer septenio y en el segundo, a modo de profilaxis, como prevención contra el abuso de drogas.
CAPACIDAD DE JUICIO EN LA EDAD JUVENIL
Ahora quiero limitarme al tercer septenio. En el caso de muchos alumnos he tenido la experiencia que se trata de una cuestión abierta, si una disposición ya latente conduce a la culminación o no, esto decisivamente puede depender de los encuentros que tienen lugar a esa edad.
A la pubertad, vale decir el comienzo de la edad juvenil, la podríamos señalar – hablando gramaticalmente – como conciencia de vida de lo conjuntivo: ¿Cómo sería si…? Al pasar la mirada por los rostros infantiles a rostros juveniles, vemos algunos realmente entregados a imágenes, y de hecho recordamos aquello que por entonces hemos anotado en nuestro diario. ¿Cómo sería si por ejemplo me convertiría en un gran artista? ¿Cómo sería si ahora en este momento estuvieran mirándome dos mil personas, considerándome alguien importante? ¿Cómo sería si…? Esto hipotético, ese soñar unido con deseos, pero también esperanzas o consideraciones, de hecho es lo mismo, descripto por Moritz – esto hipotético, que puede desembocar en el olvido: ¿Qué es de hecho el “como si” y aquello que realmente es? ¿Qué es hipótesis, y que es realidad? Es interesante que podemos observar que por ejemplo la capacidad de juicio del joven en la primera fase, hasta aproximadamente el decimo grado puede ser excelente con respecto a la lógica, a las conclusiones a todo aquello que la computadora también tiene que dominar, pero la referencia a la realidad, si un juicio realmente es válido, si se corresponde con la realidad, ese es un asunto muy diferente ¿acaso cobra validez sobre todo también con respecto a la existencia propia, a la propia valoración? ¿Qué sé efectivamente y qué supongo saber? O ¿Qué creo no saber? Esa fluctuación entre la concepción, el deseo, la realidad, podríamos señalar como algo esencial para esa edad. En esa discrepancia entre realidad y deseo, concepto e ideal, esa hendidura entre adentro y afuera se expresa de manera especialmente masiva, la doble naturaleza del hombre a esta edad.
Lo que tanto nos aterra y nos preocupa como educadores y sobre todo como padres es que la madurez corporal no se corresponde con aquello que debería hacerse cargo de una real responsabilidad, sino que el cuerpo se adelanta al alma. Tanta menor cantidad de problemas había por ejemplo si el hombre alcanzara la madurez sexual a los veinte años. De hecho existe una fuerte discrepancia biológicamente. Y esto no se refiere tan solo a este ámbito resonante sino a muchos otros.
Al contemplar la experiencia del yo con una detención un poco mayor, vemos que comienza con el juego del rol, lo cual no es un realidad otra cosa que una capacidad de entrega. A ello corresponde probar que prendas me sientan bien. El impulso de integrarse al grupo, en ninguna edad, el efecto de solidaridad es tan fuerte como justamente a los catorce, quince, dieciséis años. La búsqueda de los límites propios también es un motivo que se produce con intensidad a esta edad, esto puede acontecer en cosas muy diminutas. Según mutuo acuerdo, por ejemplo se debería estar de regreso a casa a las 22 horas, pero se llega cinco minutos tarde. La madre nada dice al respecto, para no ser cargosa. Al día siguiente el retraso es de diez minutos. Y la madre piensa ¿corresponde que ahora diga algo? Aguarda un poco más. Luego nuevamente el retraso es de cinco minutos y hasta puede llegar a 15 minutos. Esta sería una posibilidad, otra posibilidad - una situación banal en el aula- comienza con la charla. Algunos niños comienzan a hablar en voz baja durante la clase. No queremos ser anti-populares e intervenir de inmediato. Luego la charla va creciendo en volumen, después otro poco más, todos los días más, hasta que tomamos la decisión: ¡basta! Ese es el asunto: ¿Dónde está el límite?
Tenemos que tomar en cuenta este hecho, que el mundo de la actualidad justamente fomenta esto: ¡no renunciar a nada! ¡Todo es ilimitado! ¡Por lo tanto preferentemente comer diez barras de chocolate que solamente una! Todo está en existencia. Aquí pluralismo significa que todo lo podemos hacer, no hay trabas ni limites. Vemos esta problemática exclusivamente desde la situación planteada desde la situación del estudio del hombre ¿Qué acontece de hecho en la pubertad con respecto a la motricidad – vale decir, el movimiento – el paso erguido, el hablar y el pensar? Podemos ver: existe un fenómeno conjunto en los tres ámbitos al observar las personas en ocasión del deporte o el juego vemos movimientos armoniosos en los once y doce añeros, tan pronto empero que se produce el cambio de la voz, toso se torna pesado, no funciona, se vuelve flácido, desaparece la postura erguida. ¿Qué pasa con la voz? Con ello entramos a un campo de gran actualidad. Al observar la voz masculina, - en el caso de la niña no es tan evidente pero también se observa una tercera descendente – no solamente desciende sino que también se torna más des-articulada. Al respecto escuchamos las voces de las afables tías y abuela: ¡por favor habla con una poquita mayor claridad! ¡No te entiendo! Y entonces el gruñido es mayor aun. ¿Qué proceso es ese? Lo podemos entender perfectamente: es la pérdida de las consonantes, la pérdida gradual de las consonantes.
Y no se trata de un asunto silencioso, puede ser muy ruidoso, un griterío, pero no es la medida correcta. Ya sea que es un barbullar – nada se entiende – o es un griterío, que tampoco se entiende. Justamente, cuando escuchamos a varones bajo la ducha o en el baño, podemos sentir un fuerte elemento vocal desde adentro, casi un bramar. Esto se debe a que las consonantes desaparecen. Allí se llega al mismo fenómeno como en el caso de embriaguez. La embriaguez no es otra cosa que la sucesiva pérdida de las consonantes, la fuerza formativa en el habla.
PUBERTAD COMO ESTADO DE EMBRIAGUEZ Y MADUREZ TERRENAL
En definitiva la pubertad es un estado de embriaguez. De hecho lo es. De hecho tenemos que saber manejarnos con el mismo. A ello se debe la disposición del dejarse seducir, porque algo ha salido de la fuerza de los músculos, por ejemplo la fuerza del sostén. Comparemos la naturalidad del movimiento del alumno de quinto grado, con el deplorable arrastre de los pies del alumno de noveno grado. El comprarlo podemos observar: las fuerzas han abandonado a la persona. O dicho con mayor exactitud: la abandonaron fuerzas cósmicas, antiguas, fuerzas de conducción. Y aun no ha llegado el yo. Y ahora llega ese tiempo intermedio, el vacio, donde todo entra, o puede entrar, ahora se trata de cómo llenarlo.
Al llegar al tercer fenómeno, la capacidad del pensamiento, llegamos nuevamente a un despertar. En un comienzo empero, no aparece el pensar, mediante el cual entendemos al mundo repentinamente. El pensar aparece en el lugar donde es crítico, analítico, donde vemos con claridad las equivocaciones del otro, donde somos supe listos, sutiles, donde se producen eternas discusiones que solamente podemos finalizar diciendo: “¡basta ya! Ha sido bueno discutirlo, asi y todo haremos lo que hemos dicho en un comienzo”. Puesto que no tiene ningún sentido seguir discutiendo todo se repite y el adolescente también es consciente de que no se trata de esto. Lamentablemente existen muchos adultos que no lo soportan y opinan que esa discusión hace falta y hasta ceden, dado que en el caso de esta discusión no existe un fin. Se trata de un juzgar critico, que se aborda ene l lugar de la muerte. En definitiva es el pensar en el polo de la muerte donde aparece el pensar en primer término.
Al resumir todo esto, tenemos aquello que Rudolf Steiner señala con la bella expresión de “madurez terrenal”: hemos adquirido la madurez para la tierra. Madurez,, madurez terrenal debe ser entendida en el sentido de que ahora nosotros mismos podemos formular juicios que tenemos que colmar nosotros mismo estos miembros, si algo tiene que acontecer con ellos, y que la voz ahora es la voz propia.
Al contemplar el pensar que se está generando vemos con toda claridad que la fuerza del pensar, la voluntad del pensar aun se encuentra completamente sin desarrollo. Es el pensar no colmado volitivamente, para poder elaborar por si mismo puntos de vista que únicamente busca criticar y analizar lo existente. La voluntad aun no está contenida en el pensar y esto conduce a que muy a menudo el incipiente pensar autentico es avasallado por el sentimiento y que el pensar aun no posee la capacidad de sostenerse.
EL NACIMEINTO DE LA INTERIORIDAD
Todo esto lo podemos resumir en la expresión “Nacimiento del cuerpo astral”, nacimiento – por lo tanto, liberación, emancipación – de la instancia en el hombre que es portadora del juzgar, del sentimiento de la voluntad, portadora por lo tanto de la interioridad. Todo esto se emancipa, pero aun no está unido a un yo auto consciente, todo este periodo entre los catorce y los veintiún años – al valernos del ritmo del septenio, siendo naturalmente que hay muchas transiciones. Lo podríamos señalar como “el anhelo del yo”. La pedagogía del tercer septenio tiene que tener como meta satisfacer ese anhelo. Cuando asi no acontece, el lugar del yo es ocupado por diversos yo-sustitutivos. Hablamos aquí de las drogas, existen empero también otros yo-sustitutivos ídolos, sectas, toda clase de ocultismos, todo aquello, que en realidad es manifestación cualquiera, que no se cumplen en el correcto sentido. Aquí la representación del adulto que ya ha desarrollado su yo, adquiere un dignificado una importancia muy especial.
Al tomar en serio este concepto de nacimiento, esto equivale a que desde lo anímico-espiritual se produce aquello que acontece en oportunidad del nacimiento corporal. El niño humano recién nacido necesita calor, protección, ayuda. Al trasladar esto físicamente al adolescente, naturalmente es terrible! ¿Qué significa calor, protección, nutrición en el sentido de lo anímico-espiritual,, que aun no se encentra desarrollado? La actitud a ser asumida indica “en representación del yo” tiene que existir el incentivo con respecto a la actividad propia, dentro de una envoltura creada por el adulto, pero naturalmente no en el sentido externo, físico. Y en ello consiste todo el arte. Al formularnos la pregunta acerca de cuál es en realidad la cualidad principal del accionar del yo, podríamos responder: existen durante todo el curso de la vida. Tiene su mayor intensidad al cabo del nacimiento, luego se atenúa un poco, pero a través del impulso de la pubertad, nuevamente adquiere una mayor expresión. En realidad se trata de voluntad de cambio, voluntad orientada hacia la auto transformación.
Todo el ser humano, el joven en su integridad afirma: no quiero permanecer como soy, ¡de ninguna manera! Naturalmente todo esto se ve proyectado a lo exterior: estos granitos tienen que desaparecer, tengo un pelo horrible, y entonces se usa maquillaje. Se trata tan solo de actos sustitutivos referidos a la voluntad: quiero realizarme quiero entrar a la actividad propia, tengo que auto-cambiarme por lo cual recién podre ser yo mismo. Al ser llevado a cabo esto en correspondencia al nacimiento del cuerpo físico – no cabe aquí referir los pormenores – observaremos una nueva erección, un nuevo aprendizaje lingüístico y un nuevo aprendizaje del pensar, sobre un nivel superior, además la superación de la afección raquítica, en este caso la raquitis anímica. Edwin Hübner lo ha formulado bellamente en su libro “COMPRENSIÓN DE LAS DROGAS – AMOR HACIA LOS NIÑOS – AVENTURAR EDUCACIÓN” (Stuttgart 1996). A ello pertenecen asimismo, las latentes preguntas mencionadas por Rudolf Steiner.
IDEALISMO O VOCACIÓN BURGUESA
Se trata de tres cuestiones fundamentales: ¿Qué soy? Allí está la búsqueda del yo en la cuestión existencial: ¿Qué es esto realmente que está en mi interior? Es la búsqueda de la identidad propia, la búsqueda de la oculta libertad superior. La segunda pregunta es: ¿Cómo o donde puedo encontrar al prójimo? Es la búsqueda de la comunidad. El amor oculto, que a menudo solo es tomado encuentra de manera corporal, la capacidad de entrega, la capacidad del amara, empero existe de manera fundamental ¿Dónde está el otro? Existe un muy bello dicho de Martin Buber en su libro “Yo y tu” (Heidelberg 1966): “el camino hacia mi yo: digo tu”. Descubro lo divino en el otro, el misterio dentro de mí. La búsqueda del otro naturalmente, la búsqueda de comunidad, la superación de la comunidad sanguínea a través de la comunidad adaptativa es un motivo que vive fuertemente en los quince dieciséis y diecisiete añeros. Por último, la tercera cuestión latente cobra un efecto existencial a menudo no-expresado: ¿Dónde está mi misión? ¿Qué tengo que hacer en el mundo? no solo exteriormente a través de una profesión, sino: ¿Cuál es el encargo de mi destino? Esto es lo que justamente en oportunidad del primer nódulo lunar entre los 18 y 19 años, puede hallar a manudo una respuesta existencial este directo: yo soy yo, y tengo que realizar algo en la tierra.
Por lo tanto podemos decir: todo este llamado del joven es un llamado dirigido a los adultos, a sobreponerse a la vocación burguesa, dentro de sí y en todo sentido. El burgués busca, pretende que todo quede y siga igual. El estado de los bienes tiene que ser mantenido a lo sumo debe ser redondeado un poco más, pero fundamentalmente lo valido es: si se posee algo, deber ser resguardado, esto empero justamente es lo que el joven no quiere, lo que quiere es la transformación, el cambio. Todo lo trata supeditar al cambio: esa es la máxima fundamental del joven. Es rebelde y revolucionario por naturaleza, y por tal razón la burguesía, lo burgués es lo peor, con respecto al yo en evolución. Por ello la institución como los exámenes en su conjunto son lo peor que existe en su modelo actual. Se aprende, para aprobar al examen. Y configurar exactamente lo opuesto a la actividad propia. Justamente a la edad en la cual este impulso adquiere su fuerza mayor: todo tiene que cambiar y tengo que encontrarme conmigo mismo y lograr la autodeterminación, impera la mayor determinación ajena, mediante algo que estoy aprendiendo para aprobar al examen y no porque me interesa. Dado que de hecho no podemos interesarnos por todo. El tiempo no alcanzaría. Se trata de fenómenos conocidos, investigados de múltiple manera ¿Qué significa entonces “aporte para la formación del esqueleto en lo anímico-espiritual”? se trata de aquello que posee calidad de yo, que incentiva a la actividad propia, de modo tal que ese anhelo por el yo, realmente pude hallar satisfacción. De etapa en etapa. A ello pertenece con toda seguridad como lo elemental, el idealismo, pero un idealismo entendido de manera tal que existan ideas realmente amadas, por las cuales vale la pena abogar. Esto naturalmente es una experiencia que el joven en primer lugar tiene que realizar en su medio circundante, siendo que se encuentre con personas que tienen tales ideales. Con ello llegamos nuevamente al anti-idealismo, al burgués. Lo característico es que el burgués justamente no posee esto. Naturalmente existen determinados ideales domingueros, ideales farsantes, pero no ideales por los cuales podría en juego la existencia propia, para obtener un cambio. El carácter obligatorio, lo incondicional en el pensar es aquello que justamente el joven aun no posee. Puede arder, tener la exaltación, pero no posee la capacidad de realizar el mismo estos ideales. Para ello tiene que ser incentivado. Esto por un lado es una postura fundamental, podríamos decir la nutrición espiritual a través de ideales, tratándose de ideales en proporción menor, no en mayor. Dado que los grandes ideales en la mayoría de los casos poseen el carácter de frases rimbombantes: todos queremos ser libres. Y queremos que la miseria desaparezca del mundo. Eso es lógico. Nadie quiere esa gente pobre, los ghettos, tiene que acontecer algo. Todos estamos en contra de las drogas, naturalmente. Estas empero son proclamaciones, no son ideales.
DEL IDEAL A LA EJERCITACIÓN DE LA VOLUNTAD
Recién la implementación diaria hace a los ideales. Y asi llegamos a una calidad profunda de la ejercitación, de la práctica de la voluntad, vale decir el consciente accionar reiterado a partir de una idea-meta: yo lo quiero y por eso lo repito. De hecho en cada oportunidad requiere un esfuerzo, un sobreponerse, pero realizo este esfuerzo porque la meta es poderosa. La acción repetida es el mejor medio educativo, justamente a esta edad. Esto tendría –lamentablemente tenemos que expresarlo en el conjuntivo – la consecuencia, que los ciclos superiores tendrían que convertirse en completamente re-estructurados, también la mayoría de los ciclos superiores de las Escuelas Waldorf-. Aquello que en medida mayor ejercita la voluntad es el trabajo con las manos, el hacer reiterado con las manos el oficio, la artesanía, la horticultura, la agricultura, la terminación industrial, la artesanía artística, cocinar, trabajo social con actividades regulares. Vivimos en una época en la cual el natural accionar corporal se ha replegado fuertemente a causa de la implementación maquinaria. A consecuencia de este hecho tenemos una de las causas de la debilidad volitiva de la actualidad, dado que no tiene que ser implementado el órgano de la voluntad, vale decir, la musculatura, los miembros. Tenemos entonces la imagen caricaturesca del hombre-cabeza, sentado frente a la pantalla, y del deportista, del fitness-trainer, que mueve sus miembros pero falta la parte del medio, el movimiento pleno de sentido, vale decir, el movimiento activo socialmente, a modo de una conducción hacia el trabajo. En el libro “IMÁGENES DE UNA ESCUELA DIFERENTE” de Klaus Fintelmann, Peter Happel, Cornelia Matern y Werner Spies, aparecido en 1996, podemos observar la gran importancia de estos emprendimientos. En la actualidad existen unas veinte escuelas de este tipo en Alemania, en las cuales el trabajo ya está integrado desde el ciclo inferior, pero no en el sentido de ganancia y lucro, sino en el sentido de un puntual accionar efectivo con orientación hacia lo social, la acción reiterativa con miras a una meta. Podemos señalar asimismo, algunas iniciativas que se están desarrollando en Suiza. La escuela “Jura (j=i) Südfuss en Suiza es una de estas iniciáticas, además Schule und Beruf” (escuela y profesión) en Basilea, donde a partir del decimo año escolar existe un intercambio de tareas en empresas y la escuela. Se trata de algunos pioneros, pero en conjunto, la conciencia de la importancia del trabajo y el significado del movimiento pleno del sentido, aun carece de desarrollo.
Al respecto tenemos responsabilidad frente a aquello que hacemos y la corrección es dada por la pieza de trabajo misma. Al haber medido mal, por lo cual nada encaja la naturaleza, la realidad nos corrige: la silla está torcida, cuando nuestra medición ha fallado. Y en esto consiste el efecto educador.
Otro ámbito al que quisiera referirme, relacionado con ese ideal en lo pequeño, son los ejercicios higiénicos - anímicos. Estoy convencido de que justamente en el ciclo superior deberíamos dar muchos más incentivos referidos a la auto-educación, naturalmente, siempre en el terreno de la libertad. Lo quiero mostrar en un ejemplo concreto. Decimos: vamos a ver, quien puede llevar a cabo este ejercicio, a las 6 en punto, observar lo que acontece en el entorno y anotarlo. Al cabo de una semana preguntamos: ¿Quién lo hizo? Un alumno se para diciendo: a las seis menos cinco todavía estaba pensando en eso, luego, de pronto lo olvide. Otros refieren otras experiencias positivas y negativas. Veremos qué pasa la próxima semana aquello que ya lo lograron, podrán elegir ellos mismos el horario. Para el alumno, esto significa: estoy probando lo que puedo hacer por mí mismo. Veo como acrecentar mi capacidad. Es algo que yo determino en libertad -naturalmente, esto es algo muy esencial en el caso de estos incentivos, trabajar a modo de ejercicios en la propia higiene anímica.
Cierta vez tuve un alumno con tendencia a caer en la droga y que en una charla me dijo: Señor Zimmermann, sé muy bien lo que debería hacer, pero no tengo voluntad ¿puede ayudarme? Le conteste: por supuesto que sí, pero tenemos que tener paciencia, y tú debes quererlo. A continuación lo planificamos. Lo más efectivo ha sido – y esto a su vez muestra otro motivo más – que le propuse el dibujo de determinadas formas, vale decir, ejercicios artísticos, los cuales debía presentarme siempre, media hora antes del comienzo de las clases por la mañana. Después de comentar el trabajo realizado le propuse la forma siguiente. Esto significaba que tenía que levantarse más temprano de lo habitual. Esto seguramente ha sido la decisión más difícil para el yo, levantarse antes, lo cual significaba un ejercicio volitivo importante. El ejemplo muestra que esto no lo podemos hacer con treinta y seis alumnos. La individualización impera en una medida mucho mayor que antes. En toda mi época de docencia y ahora en oportunidad de observación de los alumnos pude constatar que en los últimos veinte años se ha generado un marcado aumento de la necesidad con respecto a la relación individual. Ya no se pueden hacer las cosas grupales, tenemos que individualizar. Tiene que edificarse una clara relación, una aceptación por parte del joven y viceversa por parte del educador, el adulto, una reciprocidad. Y sin duda alguna, nosotros mismos también tenemos que levantarnos más temprano. Tampoco podemos proponer un ejercicio diciendo: observa todos los días algo, para decir luego: yo no lo hice. Para el alumno, esto es sugestivo, para el maestro no necesariamente. Tenemos que tener la franqueza de reconocer, lamentablemente lo he logrado tres veces y no seis o siete veces. La reciprocidad es un elemento esencial para esa edad, pero también en el sentido del anhelo del encuentro con el tu, el anhelo por la relación. Estoy convencido de que la mejor profilaxis contra la droga en la juventud consiste en poder establecer una intensiva relación con un adulto – como dada por el destino - de una manera individual. Creo que todo colegio del ciclo superior debería plantearse la pregunta: ¿acaso todo alumno, toda alumna tiene una persona que verdaderamente irradia cualidades del yo y donde tiene lugar una reciprocidad? Otra profilaxis en el sentido más amplio consiste en lo siguiente: en el cese de la contradicción entre escuela y el libre tiempo privado. Antiguamente se adjudicaba gran valor a ello. Conocemos las situaciones en los hogares, cuando también en el tiempo libre el maestro constantemente mete la cabeza del joven. Yo aquí lo entiendo de otra manera, lo entiendo especialmente para la edad juvenil.
ESCUELA COMO ESPACIO DE VIDA: CONFERENCIA AL SIGNIFICADO DEL ARTE
Cuando el joven tiene la sensación: después de la escuela el maestro es una persona privada, jamás se podrá establecer una relación total. El compromiso realmente tiene que ser acorde a la vida. Lo podríamos formular de esta manera: la escuela tiene que convertirse en un espacio vital. Edwin Hübner lo ha referido de bella manera en su libro “comprender las drogas”. La misión – y es la experiencia obtenida por todos aquellos que lo intentaron – no es el sacrificio realizado a lo largo de las veinticuatro horas, desacreditado en todas las organizaciones terapéuticas y educativas. Cuando esta relación es autentica podemos realizar la experiencia -y tenemos que tener en claro que no podemos edificar un sin número de relaciones- de que cuando existe un compromiso siempre es reciproco. Se aprende y se aprovecha de igual manera del otro, pero cuando opinamos de que se trata de una vía sola, nos atormenta el cansancio y se tiene la sensación: yo estoy dando, dando y dando. Podemos empero realizar la observación de que incontables incentivos retornan para el fortalecimiento del yo, justamente a través de esta misión. Este hecho incondicional o este compromiso en la relación es convocante.
Esto lo sabe todo aquel quien ya ha llevado a cabo proyectos de cualquier índole, por ejemplo la realización teatral. Allí se funde una comunidad, existe una meta compartida, en definitiva deja de existir el comportamiento habitual de los roles maestro-alumnos. Considero que la dramatización es algo esencial para la prevención de la debilidad de la voluntad, o para el fomento de la cualidad del yo, debajo la condición de que se trata de una buena calidad. No me refiero aquí a la dramatización de cualquier cosa, creo que debe estar garantizada la calidad artística, el maestro debe tener cierto conocimiento del oficio, tiene que “tomarle la mano”. Cuando este es el caso podemos observar que se trata de uno de los medios más provechosos, para estimular de la correcta manera la tensión, la formación del esqueleto. Constantemente estamos en la búsqueda de un rol, y de hecho lo estamos ejecutando constantemente. La cuestión es, ¿cuál? Al ser cultivado artísticamente este rol, cuando podemos meternos en lo otro, eso no es otra cosa que la capacitada de entrega de esta edad. No existe el tercer septenio. Lo único necesario al respecto, es un mínimo de profesionalidad, de profesionalidad en el buen sentido, y naturalmente, la calidad de la obra que se está representando.
Fundamentalmente podemos decir: el arte es el elemento que posee esa cualidad del yo y formación del esqueleto, siendo que el arte es algo que tenemos que ejercitar mediante la consciente practica reiterada, lo cual por lo tanto fortalece la voluntad. El arte siempre es el elemento que nos hace libres, nos transmite la sensación de la libertad, por lo tanto el elemento al cual me he referido inicialmente. A esta edad se pone en cuestión de manera especial, la relación hacia la corporeidad propia y a menudo conduce a la droga dependencia. ¿Qué acontece en realidad con este cuerpo? Se pregunta el adolescente. ¿Cómo puedo orientarme al respecto? Existen extremos diversos: rechazo, sobre todo en el e caso de las niñas, o el ser- atormentado en el sentido de una sobre poderosa sexualidad, el abandonarse, la desmesura. Y cuando al respecto nuevamente orientamos la mirada hacia el arte –ahora el arte formativo, el modelado, la contemplación artística – el significado del cuerpo bello, el cuerpo elevado por el artista, que ahora podemos contemplar sin pudor por la elevación que ha experimentado pro el proceso artístico, desde lo meramente corporal a lo ideal, podes decir: ese es el mejor método para desarrollar una sensibilidad referida a lo sublime, artes en ese sentido – arte formativo, contemplación del arte, viejas referidos al arte por ejemplo – como algo que nuevamente posee la transformadora cualidad del yo.
Quiero cerrar mi exposición con una idea de muy difícil realización, que empero constituye una decisiva condición previa para satisfacer ese anhelo del yo adolescente. Para que el joven pueda desarrollarse sanamente hacia su yo, lo puede realizar únicamente en un ámbito que le resulta ser positivo. Posiblemente es lo más difícil y lo más importante. Quiero formularlo asi: ¿Cómo podemos mostrarla al joven a través de nuestra propia postura que en el mundo tal como es podemos actuar? ¿Cómo podemos transmitir una relación positiva hacia ese mundo? Solamente podemos modificar, cambiar aquello que aceptamos fundamentalmente. Al comportarme de manera tal como si hubiese perdido toda la esperanza, eso sería tremendo. Cuando en los diarios leemos noticias horrendas acerca de la maldad del mundo, de la perversión, del empeoramiento del medio ambiente, de las crisis, la decadencia social, todo es negativo. Si lo pronunciamos o no, aun cuando lo pensamos es pesimismo. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué nos brinda la fuerza para la positividad? Creo que se trata de uno de los problemas cardinales en toda terapia, en toda educación: ¿para que todo esto, si acontece en el mundo del diablo? ¿Acaso es menester replegarnos dentro de un ghetto? ¡Aquí nos hallamos alejados de estos asuntos punibles, aquí estamos bien, estamos protegidos! Adaptación significa: lo hacemos igual como los demás, como la burguesía. ¿Cómo podemos obtener una postura propia? Y allí se definirá, si nosotros mismos tomamos en serio los ideales. Acaso nosotros mismos tenemos la certeza de poder ver: estas sobras de hecho solamente son la contra-imagen de la luz ¿tenemos la certeza, al realizar de hecho pasos en el desarrollo del yo, que tendremos contacto con instancias que nos otorgan valor y fuerza? Esto, no lo podemos predicar, solo lo podemos realizar, llevar a cabo. Opino empero que es decisivo para el éxito o para el fracaso de toda educación, llegar realmente a ese punto en el cual verdaderamente podemos pensar en el ser evolutivo – humano y en la libertad con el impulso de la exaltación y no, en el horror, debido a las consecuencias que necesariamente puede tener el encuentro con el mal.
19/11/2012
Es extraño: sentí como si Heinz Zimmermann hubiera estado aquí, acompañándome…
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