Volver


APROPIACION Y APRENDIZAJE A TRAVES DEL SUEÑO

Autor: Stefan Leber

Traducción: Ana María Rauh

22/10/2009.

Se trata de una experiencia, que todos podemos realizar;  al estar ocupado con un problema, una tarea, una obra, (ya sea el aprendizaje de una poesía, una canción, o una nueva secuencia de movimientos)que mediante y a través de la acción nos aproximamos a lo propuesto. De hecho, así mismo nos daremos cuenta, de que el nivel alcanzado, aún en el caso de la práctica continuada, no puede ser superado de modo continuado, sino, que de alguna manera, quedamos estancados. Cuando al cabo de haber dormido, el mismo proceso de ejercitación se reinicia, podemos notar, que inmediatamente, al cabo de la nueva práctica, aparece una escala más elevada como punto de partida. Evidentemente, el sueño posee un efecto tal, que en él cobra efecto la resonancia del proceso del día:” A los suyos, el Señor se lo da durante el Sueño “. De hecho, a eso tenemos que añadir: por cierto a aquellos, que algo hicieron anteriormente.

Podemos afirmar entonces, que uno de los acontecimientos más importantes de la vida personal, o sea, el aprendizaje, mediante el cual el ser humano crece espiritualmente y se enriquece, está relacionado estrechamente con el estado del estar dormido (tal, como asimismo lo está indicando también la investigación actual del sueño). El hecho, de que no solamente entramos a una relación diferente, ciertamente más definida hacia las manifestaciones, sino también a una relación más íntima, evidentemente, también es promovido por el sueño. Esa unión profunda, empero, es una manifestación sutil, poco llamativa, y sin embargo, real. Es el sueño que ciertamente cubre la vivencia de la apropiación, o pareciera borrarla, y es sin embargo en él, donde se lleva a cabo el activo proceso del aprendizaje, que posibilita el dominio de lo anteriormente practicado.  “Al imaginar, como estas vivencias del aprendizaje se transforman en facultades, en capacidad, entonces, tenemos que contemplar al estado del sueño que permite exclusivamente, que en el alma humana las vivencias se transformen en facultades, en fuerzas…..y aquello, que día tras día nos ha transformado las vivencias allí habidas, en definitiva está arraigado en nuestra alma, y puede actual de manera correcta cuando, por así decirlo, no estamos presentes. Lo cual nos lleva a la conclusión de que en nuestra alma existe algo más elevado que toda nuestra vida consciente.” (GA 119, 24/3/1910, pág. 99.) De hecho, es muy peculiar que justamente el sueño, durante el cual en lo que a la conciencia respecta, estamos “ausentes”, nos enriquece, nos perfecciona y nos capacita.

Podemos decir entonces,: para que podamos aprender algo, apropiarnos de algo, es necesario que en la vida se intercalen los estados del sueño. El alma tiene la necesidad de retraerse de cuando en cuando del cuerpo, para obtener fuerzas de un ámbito que no se halla dentro del cuerpo, por el hecho de que justamente dentro de lo corpóreo se desgastan las fuerzas referidas……”Al despertar del sueño por la mañana, traemos fuerzas para desarrollar facultades, que no podríamos desarrollar, si siempre estuviésemos sujetos dentro del cuerpo” (GA 60, 24/11/1910, pág. 133). Facultades de índole instrumental están relacionadas con el hecho de que dominamos el cuerpo desde lo profundo, como interiormente. Ya no tenemos que reflexionar acerca de la secuencia de la acción anticipadamente, sino, que intervenimos la secuencia mediante un impulso seguro, sin conocer los pormenores del asunto. Con ello está relacionada la paradoja, de que mayoritariamente nos damos cuenta de nuestra capacidad, cuando tenemos que implementarla para la solución de tareas. Por un lado, muestra ser inconsciente, y por otro, como capacitación del ser propio, para el accionar hábilmente y con certeza. Allí actúa algo superior, nuestro propio ser, el espíritu propio mismo, el YO espiritual, un ente supra-consciente. Esas fuerzas superiores entran en acción, cuando nos hallamos en estado infra-consciente. En ese estado de la vida nocturna, las vivencias son transformadas en facultades y el alma alcanza una madurez cada vez mayor. De esta manera, un ser superior trabaja en nuestra evolución (GA 119, 24/3/1910, pág. 99). Es una experiencia sabida, que una poesía aprendida, practicada, al cabo del sueño, es recitada con mayor aplomo y seguridad. Aquello, que durante el día ha sido vivencia, es elaborado durante la noche, transformándose por la persona misma, en fuerza  espiritual, retornándose al mundo físico a través de la capacitación. Ese desarrollo, sin embargo, posee límites, dado que nuestro cuerpo físico y el cuerpo etérico, evolutivamente son “mayores” que el cuerpo astral y el yo. Con ello, por un lado son más “maduros” y por otro lado, menos flexibles. Mientras que la creación desde el pasado, sobre todo es dominada por las leyes calculables, los propósitos se configuran desde el futuro y el mismo siempre es multifacético. Esto, está relacionado con el escalonamiento jerárquico. Conforme a ello, el cuerpo astral y el yo, durante la noche recorren un desarrollo, que el cuerpo físico y el cuerpo etérico no pueden absorber de la misma manera. Es así, que en ocasión de cada despertar, los miembros espirituales encuentran a los miembros físicos de manera tal, que en principio poco pueden hacer con respecto a los mismos. Una impresión anímicamente excitante, o un proceso en ese sentido, de hecho pueden manifestarse de manera inmediata, en la mímica; pero, para convertirse en rasgo básico, para quedar grabado a modo de runa vital, es menester un tiempo prolongado, y entonces queda grabada la orientación fundamental de la vida, y no los pormenores multifacéticos. Es por ello, que la transformación en los miembros del ser se lleva a cabo generalmente de una manera muy lenta: cuando los miembros espirituales se comportan como e minutero, los físicos lo hacen como la aguja que marca la hora. El hecho de que esto es así, nos puede enseñar la mirada comparativa hacia la fisonomía de una persona. Existe, empero, un límite para la transformación de las fuerzas….Es el límite que nuestro cuerpo físico le impone a las facultades por nosotros adquiridas. Algo, podemos llegar a transformar hasta dentro de la corporeidad, pero no todo…. Todas esas facultades que no pueden manifestarse, toda esa añoranza que rebota en el cuerpo poco dócil, se va juntando en el curso de la vida….la suma de aquellas fuerzas que no han podido penetrar al cuerpo y que aguardan un desarrollo…..conforman algo así como una oposición con respecto a la corporeidad exterior y actúan sobre la misma, a modo de fuerza opositora. Se trata de la fuerza más importante, que no se encuentra en armonía con nuestra vida en el cuerpo físico. Paulatinamente lo va disolviendo y provoca su languidecer, y trata de desprenderse de él, como una traba molesta (GA 118, 12/4/1910, Pág. 209). La muerte es la expresión de esa tensión entre los miembros del ser y la manera diferenciada de vivenciar la noche, dicho burdamente: en la cama y en otro mundo. Mediante estas indicaciones, hemos aclarado el efecto apropiador del sueño. Pero ¿Cómo es la manifestación opuesta, es decir, poder contemplar los procesos y las vivencias al cabo del sueño de una manera más distanciada? ¿Cómo se llega a esos hechos?

 

LA VIVENCIA RETROSPECTIVA DE LAS VIVENCIAS DIURNAS.

Frente a esa experiencia contradictoria, que evidentemente traemos del mundo de los sueños, es fecundo para una toma de conocimiento, partir en primera instancia de aquello, que Steiner en cierta ocasión denominó “pre-estado etérico”.(GA 115, 15/11/1922, Pág. 113). Del mismo modo como el día se separa de la noche por el estado de penumbra, que a su vez lo a su vez lo une a ella, así también el sueño, a través de su estado previo a modo de arco de penumbra parece estar unido a la vivencia del estar despierto. ¿Ese estado previo puede ser equiparado al sueño REM? A continuación  describiremos el proceso que allí tiene lugar, para referirnos luego al sueño REM. “Cuando quedamos dormidos, salimos con nuestro YO y nuestro cuerpo Astral de nuestro cuerpo físico y nuestro cuerpo etérico, para entrar al mundo espiritual. Allí está presente aún el efecto posterior de aquello que hemos experimentado durante el día. Pero, los pensamientos no se conservan de la manera tal como los pensamos, tampoco en la forma de palabras. Todo eso no sigue siendo igual, podría decirse, queda colgado a modo de restos en el cuerpo astral, cuando sale.” (GA 236, 22/6/1924, Pág. 262). Y de esta manera el hombre, entre el quedarse dormido y el despertar, de hecho, vivencia una especie de repetición retrospectiva de aquello que ha llevado a cabo durante el día. No es tan sólo que el hombre desde que se duerme hasta que se despierta, (el sueño también puede ser breve, en tal caso, todo se contrae) tiene una mirada retrospectiva hacia sus vivencias diurnas, una mirada retrospectiva inconsciente, porque tiene lugar durante el estar dormido, no, cuando el alma realmente se torna clarividente durante el sueño, o, cuando de modo clarividente recuerda aquello que ha vivenciado entre el dormir y el despertar, queda en evidencia, que el hombre de hecho vivencia retrospectivamente aquello, que ha vivenciado desde su despertar último…..El último acontecimiento tiene lugar inmediatamente después de quedarse dormido y así, sucesivamente. El sueño en sí, cobra un efecto de equilibrio inmediato, muy particular…. Cuando dormimos quince minutos, el comienzo del sueño ciertamente ya es conocedor de su finalización y en ese cuarto de hora retrocedemos en la memoria sobre todo lo que hemos hecho desde que despertamos. Asombrosamente, se acomoda al tiempo disponible. Y esa vivencia retrospectiva es algo que se sitúa entre la realidad plena y la apariencia. (GA 218, 4/12/19222, Pág. 272)

“Sucede que en el momento en el cual la persona ha quedado dormida, aunque se trate de un sueño muy breve, todo el sueño conforma una unidad y el cuerpo astral inconscientemente es un profeta que posee una visión general de conjunto hasta el despertar, naturalmente, en perspectiva”. (GA 236, 22/6/1924, Pág. 263). Se sobre entiende, que la investigación cognitiva de los procesos durante el sueño inconsciente, requieren de una incrementada conciencia por parte de quien realiza la investigación, dado que, de otro modo se sustraerían de su conciencia, de la misma manera como sucede con aquél que está durmiendo. Este incremento de atención de la conciencia, que se logra mediante la ejercitación, se produce de modo escalonado, a través de la imaginación, la inspiración, y la intuición. Ya la vida cotidiana nos muestra, que existen diferentes grados del estar despierto en la conciencia; ya en la vida común, se presentan una y otra vez, momentos de mayor atención, ya sea en situaciones de peligro, ya sea, al cabo de experiencias dolorosas, ya sea, a causa de “gracia”. Los métodos de instrucción, mediante los cuales ese incremento puede ser realizado más sistemáticamente, han sido presentados por Steiner en múltiples ocasiones. (GA 10, GA 12). Para poder realizar observaciones supra sensorias en el campo del sueño, es menester al menos, la conciencia inspirada e intuitiva. (GA 218, 4/12/1922, Pág. 273). De esta esfera proceden los conocimientos de Steiner, siempre amplificados, con respecto al ámbito del sueño y su naturaleza. Así y todo, pertenece a las investigaciones científico espirituales más complejas, profundizar y analizar los hechos entre el quedar dormido y el despertar. (GA 236, 22/6/1924, Pág. 258). De esta manera así mismo se torna comprensible, que un conocimiento del sueño puede ser desarrollado mediante un avance paulatino. De la pluma de Steiner no existe una exposición escrita, sistemática, del fenómeno del sueño, a pesar de que verbalmente ha dado lineamientos sistemáticos con respecto a esta temática, en los cuales las diferentes afirmaciones se unen a modo de mosaicos adecuados para formar una imagen global.

La mirada retrospectiva que s produce en oportunidad del sueño, en un principio tiene como contenido, las vivencias del día pasado. Mientras que durante el día vivenciamos los acontecimientos mas bien desde el lado intelectual, durante el sueño vivenciamos todo nuevamente, pero con un matiz moral. Se insertan los impulsos morales-religiosos, vivimos el asunto de manera tal, que a cada acontecimiento lo valoramos en el sentido, de considerar cuan valioso o no valioso nos hace como ser humano….Allí evaluamos los acontecimientos del día, según nuestra humanidad (GA 224,21/6/1923, Pág. 59). Pero, a su vez, esta mirada retrospectiva posee otra dimensión, una corriente oculta, de extenso alcance, que llega más allá de la existencia actual, a vidas anteriores. Con cada retrospección, no sólo nos internamos a los acontecimientos ocurridos en el día que paso, sino también a toda la vida ya pasada, y más allá aun. Durante nuestro estar dormido, retornamos al comienzo de nuestra “existencia terrenal”, y, hasta la existencia pre-terrenal. Al lado de las imágenes concretas del día que acaba de pasar, a la realidad del sueño entra hasta la efectividad de las vidas anteriores: “al avanzar en el sueño, comienza la sumersión del hombre, primeramente dentro de aquellas vivencias que pertenecen a la vida anterior, luego, a la vida anterior, y así, sucesivamente” (GA 226, 16/5/1923, Pág. 12 – GA 236, 22/6/1924, Pág. 262). Ese proceso tiene lugar durante el sueño por el hecho, de que la realidad diurna del yo y del cuerpo astral se presenta como meramente aparente, la existencia nocturna en cambio, como absolutamente real. La realidad del cuerpo astral y del yo abarca mucho más que aquello que puede ser tomando en cuenta dentro de la conciencia de lo cotidiano. Podemos clarificarnos es realidad, cuando asumimos que el yo y e cuerpo astral se detienen en el inicio de la vida terrena. Participan del desarrollo terrenal sólo espiritualmente, según su realidad, permanecen en lo extra-terrestre. Esto puede deducirse del hecho, de que únicamente el cuerpo físico envejece, mientras que es el cuerpo etérico, que en todos los casos une al comienzo de la vida con el punto, en el cual nos hallamos en nuestra evolución. Durante el sueño nos encontramos con el ser atemporal del yo y del alma. Por la mañana, con la inmersión en el cuerpo físico, luego tenemos que adaptarnos a la edad real, ese proceso lo lleva a cabo el cuerpo etérico. El es a su vez, quien establece la relación hacia todo el pasado del hombre. El cuerpo físico refleja la edad al cuerpo etérico: ese reflejo, en la vida cotidiana lo denominamos nuestro yo. El yo verdadero y el cuerpo astral, permanecen allá lejos en el comienzo terrenal. (GA 226, 16/5/1923, pág. 15)

Contemplemos ahora la viviencia nocturna en sí. Como vivencia retrospectiva transcurre a velocidad mayor la vivencia diurna, por el hecho de que permanecemos un tiempo menor sumidos en el sueño. Es así, que el transcurso se concentra. Al respecto se produce, empero, otro proceso, directamente paradójico: cuando la persona, por ejemplo, el 22 del 12 se acuesta a dormir, recorre el tiempo retrospectivamente hasta el 22 por la mañana; allí habrá llegado exactamente, al despertar el 23 del 12 por la mañana, al despertar. De esta manera, entre la realidad de la retrospección y la realidad del tiempo del despertar se produce un efecto tijera, que observa su apertura mayor por la mañana. ¿de que manera se puentea ese salto de la realidad para la vivencia?. En el momento del despertar, el cuerpo astral está obligado a abandonar su esfera temporal y adoptar la figura temporal del mundo físico, mediante un sacudón. “Dentro del tiempo, estamos empujando hacia adelante nuestro ser anímico. Se trata de una concentración del tiempo, o, más bien, de aquello que vive en el tiempo. Y mediante ese proceso, nuestro ser anímico, nuestro cuerpo astral en el tiempo se concentra de manera tal, que porta las impresiones del mundo exterior, a modo de memoria permanente…. De esta manera, nuestro cuerpo astral adquiere la poderosa fuerza de la memoria “(GA 219. 22/12/1922, pág. 115). Por lo tanto, el acumulo retrospectivo en la vivencia es el motivo de una cualidad humana fundamental: la capacidad de la memoria, con la cual se encuentra íntimamente relacionada la vivencia de la identidad propia.

Llevar a cabo esa mirada retrospectiva en la vida cotidiana, conforma un beneficioso ejercicio de la voluntad, para salir de la rutina cotidiana y del automatismo de los acontecimientos, para llegar a la independencia interior (GA 214, 20/8/1922, pág. 137). Al aceptar la idea del curso inverso, vale decir retrospectivo, de las vivencias diurnas durante el estar dormido, entonces se tornan comprensibles las experiencias referidas inicialmente. Una observación puede ayudarnos a entender: durante una conferencia en un seminario, un músico tocó una melodía en el piano y pregunto al público, alrededor de unas 350 personas, ¿conocen esta música? Todos reían, era la melodía de Hanschen Klien…. a continuación volvió a tocar nuevamente una melodía y formuló la misma pregunta. Entre los escuchas solamente cinco la reconocieron. Era nuevamente Hanschen Klein…., esta vez, sin embargo, tocada en sentido invertido, y con ello, absolutamente ajeno al habito auditivo! La inversión de lo habitual modifica todo, rompe lo acostumbrado. Si imaginamos, que estamos subiendo una escalera, para intentar luego, invertir el proceso y descender hacia atrás, y, en lugar de apoyarnos para el impulso sobre la parte delantera del pie, realizar ese apoyo sobre el talón, nos daremos cuenta, que esfuerzo es necesario, para la “inversión” de lo imaginario. De lograrlo, nos daremos cuenta, que se produce una relación cambiada con respecto al proceso original: ahora podemos observarlo con “distancia”, nos hallamos menos sujetos a él, por el hecho de estar menos “metido”. Frente al proceso en el cual estuvimos inmersos anteriormente, adquirimos una postura más independiente, y hasta podríamos decir, soberana; se libera la intensidad de la conexión con el proceso. De esta manera se torna comprensible de modo inmediato, “la mirada ajena sobre el hacer propio” en ocasión del despertar reciente y el efecto equilibrador del sueño. Cuando de hecho se invierten las vivencias, se torna entendible que los procesos con los cuales durante el días estuvimos profundamente relacionados, al cabo de un buen sueño cobran una proximidad menor, y que por lo tanto nos podemos hallar frente a ellos con mayor tranquilidad, a modo de vivencias del día anterior. Mediante la toma de conocimiento de la esencia de la mirada retrospectiva, se comprende un hecho importante de la vivencia del sueño, que nos permite entender, en qué sentido, al cabo del sueño podemos llegar a la “mirada cambiada” con respecto a los hechos y vivencias habidas. Las experiencias cotidianas por sí mismas, no logran revelarnos e misterio de este fenómeno.

 

Cielos séptuples de tiene marcados por pautas bien precisas,

sucediéndose sin respiros en el acontecer humano,

sellándole cualidades paso a paso en su destino,

como los siete planetas giran ligados al sol en sus ritmos…..

….hasta liberarse de tiempo y forma marcados,

de paso, pauta y destino, y abarcar todo el espacio,

llegando a doce portones de eternidad dorada,

perfundidos en plenitud del habito divino.

 

Cristina Martinez.