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EL EFECTO ESENCIAL PROCEDENTE DE LA NOCHE, EN EL DESARROLLO DE LOS NIÑOS Y LOS JOVENES. Autor: Jörgen Smit 18/10/2009 Traducción: Ana María Rauh Dentro de la conciencia cotidiana, desde la mañana hasta el dormirnos por la noche, nos hallamos en una determinada superficie de la existencia mundial. Esa superficie está inserta en una profunda realidad espiritual, de la cual empero nada sabemos en la conciencia diurna. Lo magnífico sin embargo es, que justamente en esa delgada capa superficial existe la posibilidad de la libertad, de la moral propia e independiente, mientras que en la profunda realidad espiritual (que afuera colma al universo y también adentro colma al cuerpo propio) impera la inexorable, firme necesidad espiritual. Cada vez al dormirnos, el yo y el cuerpo astral salen de los órganos sensorios físicos y etéricos, mientras que al mismo tiempo, una parte del cuerpo astral, penetra a mayor profundidad de la oculta realidad espiritual del cuerpo. Cuando nos despertamos, esa parte astral asciende, la otra parte desciende, de modo tal, que llegamos nuevamente a la superficie de las percepciones sensorias habituales. (compárese al respecto: Rudolf Steiner: “El alma humana en su relación con individualidades espirituales-divinas”, 11 conferencias, 1923, GA 224, Dornach, 1983; así como “Ser humano, destino humano y evolución del mundo”, 7 conferencias, 1923, GA 226, Dornach, 1978). Se plantea entonces la pregunta: ¿Qué llevamos nosotros desde esa delgada superficie hacia los profundos espacios estelares de la noche, y qué traemos de retorno de estos inconmensurables espacios de las estrellas a la pequeña superficie de la conciencia diurna? Al observar más detenidamente esa superficie vemos, que no solamente contiene la posibilidad de la libertad, sino también de la arbitrariedad personal, la posibilidad, de no hacer nada esencial en el curso del día, llenándolo sólo con hechos y pensamientos sin importancia. ¿Qué sucede, cuando, al quedar dormidos y durante todo el día no hemos realizado nada esencial, cuando tan sólo ha imperado la arbitrariedad personal, cuando sólo hemos estado en la superficie, cuando nosotros mismos nos hemos vuelto superficiales, sin darnos cuenta que vivimos en lo superficial? Entonces, entramos al sueño, a los profundos espacios de la noche, con las manos vacías (hablando espiritualmente), sin frutos, sin resultados del día. Cuando luego hemos pasado por la noche y despertamos nuevamente (visto moral-espiritualmente), no nos hallamos en el mismo lugar que el día anterior, sino que nos encontramos en una situación algo peor. ¿Cómo sucede eso?, ¿Qué ha acontecido durante la noche?. Cuando descendemos así, con las manos vacías, a las profundidades de la noche, fuerzas elementales ahrimánicas se abalanzan sobre el alma; y el alma ni siquiera se resiste ni opone, por el hecho de que a causa de la superficialidad de la vida durante el día, ha adquirido semejanza para con estos seres ahrimánicos. Se ha generado una fuerza de atracción entre el alma y las entidades ahrimánicas, (celebran un encuentro, perciben la mutua pertenencia).¿Cuál es la gran misión universal, a ser llevada a cabo por los seres ahrimánicos?. Tienen que promover el “ajnamiento” de lo divino, tienen que generar la superficie no compenetrada por lo divino como tal. La superficie es creada solamente a causa de la separación de lo esencialmente espiritual, la negación de lo espiritual. Es una característica de las entidades ahrimánicas, que crean espiritualmente, pero, su crear espiritual consiste en la negación del espíritu. Sin esa resistencia ahrimánica, no avanzaría la evolución del mundo. El alma (que se ha vuelto superficial y permanece dentro de esa superficialidad) con cada quedarse dormido, se liga más y más con las entidades ahrimánicas y con cada despertarse, entra a la vida diurna, compenetrada en mayor medida con las mismas, con un desarrollo de giro descendente, en un círculo vicioso, con cada día se torna más ahrimánica. Todo esto no solamente debe ser visto negativamente. Mediante el acrecentamiento de las fuerzas ahrimánicas, se forma todo el grosor y la solidez de la negación espiritual, del materialismo. Es necesario en el acontecer universal, dado que, cuando se ha vuelto lo suficientemente concentrado e impenetrable, el más íntimo ser espiritual del hombre rebota en él. El hombre despierta, descubre la superficie. Es la resistencia suficientemente concentrada y saturada frente a la cual el alma despierta hacia una nueva espiritualidad purificada. Sin haber chocado contra esa resistencia, el hombre podría permanecer dentro de una conexión cálida y confiada con el mundo espiritual, pero, el espíritu y la materia se confundirían a modo de un estado de sueño. Tales sueños espirituales de la conciencia serían más próximos al origen, lo divino, pero, la espiritualidad inherente, no sería realmente pura. El hombre que ha despertado a partir de la resistencia frente a la superficie, descubre en su interior la nueva espiritualidad purificada, (que en un comienzo es muy delgada). Solamente a través de la práctica puede tornarse más fortalecida y concentrada, y podrá crecer. ¿Cómo puede acontecer esto? Por el hecho de que en la superficie misma, se produce un movimiento, que se realice una actividad. Cuando la persona se propone: “yo ya no quiero vivir únicamente en la superficie”, y comienza a trabajar en sí misma, entonces, a partir de una fuerza interior de erección espiritual, se eleva por encima de la superficie y supera aquello que ha sido con anterioridad, ciertamente andando a rastras. Este proceso posee un cercano parentesco con aquel que lleva a cabo el niño pequeño (no a partir de una espiritualidad pura, sino inconcientemente) cuando supera su estado de arrastre y se yergue. Son las mismas fuerzas en una escala superior, que actúan en el adulto, cuando se eleva espiritual y moralmente. En esas fuerzas vive algo fuertemente cálido, una energía interior. Tenemos que diferenciar ese calor interior del elevamiento interior, de otros tipos calóricos, por ejemplo, aquellos que cobran un efecto horizontal. Al respecto, un fragmento importante de una conferencia de Rudolf Steiner del 28/4/1923 dada en Praga (GA 224): “Los procesos de combustión, vale decir calor, en l hombre son muy diferentes a aquellos que tienen lugar en el animal. Cuando la llama del ser orgánico cobra un efecto horizontal, destruyen aquello, que procede de la conciencia, no puede cobrar efecto aquello que procede de lo moral de la conciencia. El hecho, de que en el hombre se transpuesta por la conciencia, se debe a que la llama volitiva ocupa una posición vertical en el hombre respecto al suelo. A esa inserción de lo moral, eso supeditado ala conciencia se traslada el niño, de la misma manera como a la posición exterior del equilibrio físico, Con el aprendizaje del caminar, se vierte en el hombre, la naturaleza moral humana.” Nos detenemos un instante, para poder llegar a la conclusión, de que aquí no se trata de una postura estable vertical, la que también ostenta un loro, o el pingüno. Estos animales, no se yerguen, se encuentran sujetos en su posición, razón por la cual poseen un parecido de caricatura con el hombre. Lo decisivo en el niño es la capacidad de poder erguirse, primero el arrastrarse, y luego, la paulatina conquista de la fuerza de la erección Y algo similar acontece en el caso del adulto; expresado, a modo de imagen, yace horizontalmente junto a la superficie, sólo se arrastra, y luego, algún día descubre, ha llegado el momento de erguirse. Se ha alcanzado entonces, una nueva etapa de la fuerza de erección, más elevada, obtenida mediante el calor espiritual interior. “De hecho, e trata de fuerzas elevadas que allí cobran efecto, cuando el niño pasa del movimiento de arrastre al paso erguido. Esas fuerzas, cuando realizamos su seguimiento de modo retrospectivo a través de la oscuridad de la conciencia infantil, nos conducen a un trato aún más supremo del hombre con las entidades a las cuales denominamos fuerzas arquetípicas, los Archai.” ¿Quiénes son los Archai o Espíritus de la Personalidad? Han pasado su etapa humana en el estado de Saturno, junto a las vivencias del calor, y han cursado luego toda la evolución planetaria, en etapas siempre renovadas. Cuando la humanidad llega a la tierra, recibe omo obsequio de los Espíritus de la forma, no de los Archai, la sustancia, la imagen original del YO, las posibilidades del YO! (ver al respecto: Rudolf Steiner, La Ciencia Oculta, Capítulo: El ser de la humanidad, GA 13, Dornach, 1977) Los Archai, también llamados Espíritus del Tiempo, actúan dentro de esa sustancia con la cual guardan parentesco, de un modo estimulante, fecundador, en el acompañamiento tanto de la erección del niño pequeño en la elevación moral-religiosa, así como en el insertarse en una vertical de índole física, anímica y espiritual. Contemplemos una vez más, la superficie de la vida cotidiana. Cuando en el curso del día el alma ha realizado algo en la dirección de erguirse, entonces entra al mundo del estar dormido, no con las manos vacías, sino, con los frutos de esa fuerza y de ese calor, y con ello, llega a la proximidad inmediata de los Archai. Ellos, que nada pueden hacer cuando el hombre nada les ofrece, pueden fortalecer las fuerzas morales-religiosas del hombre. Y así, el hombre entra al nuevo día con un nuevo empuje de sus fuerzas, mucho más vigoroso que aquél, que podría producir por su cuenta. Aún, tratándose de un primer inicio, crece la capacidad moral-religiosa del hombre. Existe esto, no solamente en el pequeño curso circulatorio del día y la noche, sino en el mayor de vida terrenal a vida terrenal. Y muchas personas, también niños, tienen vivo dentro de sí, tales fuerzas Archai, que no proceden de esta vida terrenal, sino de anteriores. Tenemos que orientar nuestra mirada especialmente, a los nuevos gérmenes que se generan en esta vida, que en un principio se van generando en el corto curso circulatorio del día y la noche, para pasar luego al curso circulatorio mayor. En el caso de que los niños tengan esas herencias morales-religiosas de vidas anteriores, pedemos aceptarlas agradecidos, a modo de un milagro. Lo nuevo, se forma en los niños.
En cada vivir, lo eterno deslumbra, y en cada morir, se nubla, más perdura….. La luz es en la tierra su envoltura, allí, ya no es luz, es fuente de nueva vida, y espera a ser vestida de diferente luz en cada vida
Cristina Martínez |