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EL MENSAJE DEL MIEDO Autor: Michaela Glöekler Traducción: Ana María Rauh
Todo ser humano conoce el miedo y la preocupación. Al predominar, ejercer un efecto perjudicial sobre la vida anímica y física. Sin embargo, el miedo tiene una función importante en la vida del hombre. Despierta su atención, su tensión. Cuando por ejemplo nos enteramos de una enfermedad nueva, de inmediato nos informamos mediante la lectura, y cuando sabemos como coordinarla y como protegernos, a través de ese conocimiento, ese miedo con respecto a la enfermedad habrá desaparecido en gran medida. La función del miedo, ha sido encaminar ese proceso cognitivo. Vale decir: el miedo despierta. El estar despierto nos conduce a la toma de conocimiento, y el conocimiento apacigua al miedo. Cuantas personas vivirían en un estado de apatía e indiferencia a no ser que tuviesen miedo y no se preocupasen por algo!. Cuando el miedo empero, no conduce al conocimiento, está dado el peligro de quedar atascado dentro del mismo, de permanecer entregado a ese miedo. Esto, a su vez, lleva al trastorno y a la enfermedad. Quien por ejemplo, se consume en el temor con respecto al a los tóxicos ambientales, a la radio-actividad artificial, no podrá obtener beneficio alguno, ni para sí mismo, ni para el medio ambiente. Quien, en cambio, toma estos problemas de la actualidad como motivo de reflexión acerca de la vida propia y de las circunstancias mundiales, de esta manera podrá sentir el impulso de colaborar en un cambio de las condiciones culturales y en la superación de esta crisis de nuestra civilización. El miedo siempre puede llevar a que llevemos a cabo un paso de aprendizaje. Cada miedo, y hasta cada temor, en definitiva es precursor de un futuro conocimiento. Quién tiene que luchar con poderosos miedos, puede dimensionar al respecto, la voluminosidad de las cogniciones a las que debería arribar, y lo que debe adquirir, para disolver y superar esos miedos. Y, en esta tarea, nos puede ayudar el Angel. Dado, que allí, hasta donde el conocimiento aún no llega y sigue estando el miedo, pueden aparecer los momentos de desesperación en la vida. Quien en cambio, en esos momentos puede tomar conciencia, que en realidad no existe nada que pueda aniquilar espiritualmente al hombre, y que hasta la muerte y el nacimiento son procesos profundamente humanos, que forman parte de nuestra vida, puede sentir la proximidad de su Angel. Y pueden despertar entonces, la confianza en el destino propio y el amor frente a la evolución. De hecho pertenece a la vida humana, tener que pasar por situaciones extremas, y si no existiría la muerte en el mundo, nada nuevo podría generarse. La transformación es posible únicamente, cuando lo anteriormente existente se entrega y se sacrifica. Cuando nace la confianza en la existencia propia, cuando despierta la fe en las posibilidades de transformación y evolución, en la capacidad de morir y de nacer nuevamente, puede producirse una insospechada gratitud frente al destino, y el miedo desaparece. Entonces, sentimos las alas protectoras de nuestro Angel, que nos rodean. Nos hallamos como separados, amparados frente a aquello que nos acosaba. Quien ha superado el miedo existencial, solamente experimenta el efecto positivo del miedo (que quiere conducir a la cognición). Por lo tanto, aporta ayuda, en el caso que no podemos dominar nuestros miedos, dedicar al anochecer un cuarto de hora de tiempo, consciente y serenamente, (regularmente y durante algún tiempo) para ocuparnos del mundo angelical. Al respecto podemos proceder así, que comparemos entre sí, diversas representaciones (imágenes) de Ángeles, formulándonos la pregunta: ¿que ha llamado su atención al respecto?, ¿Qué cualidades morales se ocultan allí?. Quien así procede, pronto podrá notar que su Ángel se le aproxima, y como se torna posible, una nueva calma y una seguridad interior.
Cuando me llevéis afuera no digáis: “para calma eterna” Tres días he de descansar. Luego emprenderé mi camino. El aire de la altura es bueno; muy pronto he de sanarme. El Verbo de los mundos resuena desde el fundamento astral, Así se desarrolla el espíritu humano, transfigurado en la luz divina, Él no conoce la eterna calma, quiere peregrinar,
De “El peregrino de los mundos”, de J.W. von Goethe. Resurrección de vida
Cristina Martínez |