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TRANSFORMACIONES EN EL SER DEL JOVEN ENTRE LOS 10 Y 15 AÑOS INTRODUCCION Los caminos de la planicie, o aquellos en un paisaje con colinas, son diferentes a los caminos de las montañas. Necesitamos mayores fuerzas y una seguridad mayor para poder avanzar en los senderos de alta montaña. Quién no toma en cuenta este hecho, adaptándose al nuevo ámbito, no podrá experimentar aquello, que puede vivenciarse únicamente sobre el trabajoso camino que conduce a la altura: el incremento de la fuerza propia, la prudencia indispensable en tramos poco seguros, y la visión de un alcance cada vez mayor. Una transición similar a aquella de la planicie a la región montañosa tiene lugar en la época escolar, entre el 6º y el 9º grado. A partir de allí, el joven tiene que trabajar y aprender de una manera diferente, para que se vean exigidas sus nuevas fuerzas de la voluntad y del pensar y para que pueda vivenciarse y dar prueba de las fuerzas de su personalidad. En nuestra época, que de múltiples manera sugiere, que la finalidad de la vida consiste en el disfrutar que únicamente lo agradable es lo valioso, lo que debemos buscar sin implementar esfuerzo alguno, se generan múltiples problemas en esta fase evolutiva, en sí nada fácil. Es por ello, que los temas ofrecidos en este libro “El aprendizaje en la época de transición a la adolescencia” son de gran actualidad. En las décadas pasadas, la escuela se ha conformado en campo de acción difícil, sobre todo, a partir del sexto grado, en el cual a través de la vivencia de la propia personalidad finaliza la infancia. Este hecho cobra validez también para las escuelas Waldorf. En los últimos años se conformó en una consulta seria, un tema que ya con anterioridad había aparecido una y otra vez. ¿El maestro, quien ha conducido a sus alumnos ya durante cinco, o seis años en las clases principales, deberá continuar al frente del grado hasta finalizar el octavo grado? ¿Se lo podrá exigir al maestro, dado los nuevos contenidos y métodos y se lo podrá justificar frente a los alumnos? A esta edad el aprendizaje requiere una gran concentración de parte de los alumnos, y del maestro, un incremento en la competencia de las materias y en lo pedagógico, en toda una serie de nuevos campos didácticos. Antes de pensar empero en cambios organizatorios para la solución de los problemas tan evidentes, debemos orientar nuestra mirada a las condiciones de aprendizaje de los jóvenes entre los doce y los quince años. Como trasfondo de cualquier consideración concreta, debería situarse la comprensión diferenciada, con respecto a las transformaciones exteriores-físicas, e interiores-anímicas en el ser del joven. A este hecho se refiere el primer aporte de este libro. A partir de estas transformaciones, resultan tareas concretas con respecto a la selección, y al tratamiento del material didáctico, que iremos tratando a lo largo de la obra. El segundo de los aportes se refiere al conocimiento causal, que de ahora en más reemplazará la comprensión mediante la imagen. Mediante un inventario mostramos, en que medida hasta allí se ha ignorado la condición causal, y como desarrollarla en las clases de física y química de 6º a 8º grado. A ello se refiere W.M.Götte, con el tema” Las clases de historia bajo el aspecto de la causalidad”. En una exposición detallada explica el concepto de la causalidad así como su significado para la materia historia, mostrando luego a partir de un ejemplo de la historia mas reciente (temas del 8º grado la comprensión causal de los procesos históricos. Un segundo ámbito temario, es el campo de las lenguas. H. Zimmann describe la desintegración lingüística, características para la pre-pubertad, relatando luego a partir de ejemplos y de ejercicios, de que manera dentro de una nueva captación interior de la lengua, puede insertarse la fuerza del pensar lógico. El mismo tema es tratado por A. Denjean, con respecto al aspecto de la enseñanza de la lengua extranjera. Partiendo de la vivencia de la lengua a través de la imagen del niño, se describe la grieta entre el hablar y el pensar que se produce en la transición hacia la adolescencia, ofreciendo a continuación caminos de ejercitación, que conducen a una relación nueva, ahora personal, del joven, hacia su lengua. La orientación hacia la realidad exterior, se basa ahora sobre una capacidad de vivencia subjetiva de mayor profundidad interior. A partir de lo expuesto por M. Schuchhard se evidencia, de que manera el sentir encuentra el camino hacia lo objetivo a través de la contemplación y el estudio del arte, y que efectos importantes se producen en el ser del joven a partir de este proceso. T.Kardel trata, de establecer bajo diversos aspectos pedagógicos, de que manera la escuela, y la enseñanza pueden satisfacer la necesidad y la búsqueda del joven en su búsqueda de independencia. Este 4º tomo de “Aportes a la pedagogía de Rudolf Steiner” está en medida mayor que los tomos anteriores, orientados hacia la enseñanza práctica. Contiene, esencialmente, nuevos aspectos y planteos metódicos nuevos, que marcan rumbos para el logro de las misiones pedagógicas. La pedagogía Waldorf no conforma un concepto pedagógico terminado, que debe ser llevado a cabo por el maestro. Bajo las condiciones especiales del presente y a partir de la clara visión de las transformaciones interiores en el ser del hombre, deberá ser llevada a una realización siempre renovada, desarrollada mas allá de lo ya logrado. TRANSFORMACIONES EN LA PERSONALIDAD DEL JOVEN ENTRE LOS 10 Y LOS 15 AÑOS - EL NACIMIENTO DEL CUERPO ASTRAL (Por Ernst-Michael Kranich) La relación hacia la escuela del joven se torna mas problemática, en la medida en que se acerca a la pubertad. Ese hecho conocido desde hace mucho tiempo unos años atrás, fue plasmado a través de cifras, en los primeros cuatro grados del ciclo básico, una tercera parte de los niños se siente menoscabado en su estado general; en la enseñanza media, mas que dos tercios (69%) de los alumnos vivencian como negativa a la escuela; y en los ciclos superiores, así la percibe aproximadamente el 80%. Pero también la escuela tiene problemas cada vez mayores con sus alumnos. En esa institución que debería servir para el desarrollo del hombre, impera una relación alterada. Y este hecho cobra validez en cierta medida hoy también para las escuelas Waldorf. Las dificultades se presentan, sobre todo, en el 6º grado, cuando los niños comienzan a entrar en la transición de la pubertad. Lo que el joven vivencia en esta etapa de su vida, muchas veces se conforma en hecho decisivo para su biografía, y con toda seguridad, para los siguientes años escolares. El joven comienza a vivenciarse como personalidad. Para que la escuela para él pueda significar algo importante, tiene que poder hallar una conexión personal hacia los contenidos y las formas de aprendizaje. Tiene que vivenciar, que para él tiene un sentido – como personalidad en evolución- ir a la escuela, día tras día. Del mismo modo como por doquier se resquebrajan y desmoronan las tradicionales formas de vida, tendrán que ser buscadas (nuevas) fuentes de renovación también con respecto a los contenidos y las formas de aprendizajes. Y cobra validez, sobre todo, para el aprendizaje en el momento de la transición de la infancia a la adolescencia. Únicamente, si sabemos lo que sucede dentro del joven en ocasión de esa transición, podemos hallar una contestación satisfactoria. Al respecto, debemos tomar en cuenta, la manera en que se preparan esos cambios que allí tienen lugar. Y debemos entonces retornar al séptimo año de vida. Allí comienza una nueva etapa en el desarrollo físico del niño. Al observar el crecimiento de los órganos, podemos constatar, que entre el sexto, y el octavo año de vida, concluye una primera fase del crecimiento. En esa primera fase, se plasman, sobre todo, las FORMAS de los órganos. Las simples formas orgánicas del recién nacido, se diferencian mediante un proceso de transformación plástica. Esto cobra validez tanto para la forma exterior, como también para la estructura interior de los órganos. Ese plasmado de forma llega a su conclusión en amplia medida, entre los seis y los ocho años. En la segunda fase del crecimiento - que ahora comienza – experimentan un aumento los órganos del tronco. Sucede empero, que un órgano, posee sus formas únicamente por el hecho, de que éstas se forman nuevamente. La forma material visible, se basa sobre una organización energética plasmadora. Constantemente recibe substancias nuevas y elimina substancias gastadas. Cuando los órganos crecen, esa organización energética se amplia; desarrolla sus fuerzas al crecer. En cada uno de los órganos en crecimiento, se desarrolla el saí llamado cuerpo etérico del niño. Siendo así, aumenta la actividad vital. En el hígado en crecimiento, se intensifican los procesos de formación de sustancias, en el pulmón en crecimiento se intensifica la vida respiratoria, etc. Dentro de ese crecimiento de los órganos se van desarrollando los procesos de la vida. Es así, que al plasmado de forma de la primera fase de crecimiento en la segunda fase del crecimiento sigue el desarrollo de la vida. Este suceso se expresa en la circulación sanguínea y en el ritmo del latido del corazón; dado, que la vida de los órganos está estrechamente relacionado con la circulación sanguínea. La demanda respiratoria y de nutrición de los órganos determina la fuerza del flujo de sangre que reciben. Al penetrar la sangre por ej. en el hígado, o en el riñón, se distribuye en los finos vasos capilares: 2500 a 3000 capilares en la sección transversal de tejido de un milímetro cuadrado. De esta manera el fluyente órgano de la sangre transpone con excepcional intensidad al hígado, al riñón, y a otros órganos, en los niños con mayor vigor aún que en los adultos. De este modo se produce un fuerte intercambio recíproco de sangre y líquido del tejido de los órganos. Los órganos reciben al cantidad de oxigeno, y otras substancias, indispensables para sus procesos vitales y la renovación de su consistencia material. Luego desvían al líquido sanguíneo hacia el torrente circulatorio venoso. De esta manera, los órganos del niño en estado de crecimiento determinan con sus procesos de vida, cuánta sangre entra por las arterias, y cuánta sangre sale de ellos, para retornar al corazón a través de las venas. De la cantidad de sangre que llega al corazón desde los órganos depende, si late más lenta, o más aceleradamente. De esta manera, el pulso es la expresión inmediata de los procesos de vida y el desarrollo de la vida en el cuerpo del niño. Desde el corazón, luego la sangre fluye hacia el pulmón. En todos los demás lugares del organismo, cesa en los órganos el latido rítmico de la sangre y de los vasos sanguíneos. El pulmón, en todo su conjunto, está transpuesto por el ritmo de los latidos del corazón. Es así, que dentro del pulmón se mezclan el pulso rítmico del corazón y el ritmo respiratorio. Dentro del ritmo respiratorio se manifiesta empero la emoción interior, que vivencia el alma del niño en los diferentes sentimientos. La vivacidad vivenciada por el alma en ocasión de experimentar una alegría, se manifiesta en la aceleración del ritmo respiratorio; el efecto paralizador de una tristeza, en una des-aceleración; la fuerte excitación, en ocasión de un enojo en una aceleración fuerte, e irregular, etc. Dentro de aliento, reside la entidad anímico-astral del niño, con sus numerosos sentimientos, afectos y estados anímicos; se manifiesta en las variaciones del ritmo respiratorio. En ese encuentro cobran acción recíproca, la actividad vital en desarrollo, y la entidad anímico-espiritual del niño. Tenemos que orientar nuestra atención a esa acción mancomunada, para comprender los cambios, que tienen lugar hasta los catorce años. Al dormirse, el niño se desprende del cuerpo con su entidad anímico-espiritual. Entonces, el ser-interior ya no actúa en el ritmo respiratorio. Por lo tanto, durante el sueño, la respiración es menos profunda y completamente regular. Tampoco el pulso se encuentra influenciado por las vivencias del ser anímico-astral. Es así, que en el pulso del niño dormido se manifiesta la vida en su forma perfecta. En los niños a la edad de seis y siete años, la relación del pulso a la respiración durante el sueño es de 5:1 (cinco latidos corresponden a una respiración). Al despertar, se modifica el cociente pulso-respiración, tomando la relación 4:1. la respiración está compenetrada por la entidad anímica-astral, y ésta cobra influencia sobre el pulso y a su vez, sobre la vida. Al actuar el ser interior del niño sobre la vida, ésta se aplaca. Únicamente a través del aplacamiento de la vida, dentro de él puede incentivarse el ser anímico-astral. Cuando el niño se duerme nuevamente, el cociente pulso-respiración retorna al 5:1. Cesa el efecto aplacante de la vida que parte de lo anímico-astral. A los diez años, se produce un cambio significativo: el cociente pulso-respiración de 4:1 del día pasa también a la noche. También durante el reposo del sueño, el pulso y la vida transcurren como lo hicieran anteriormente durante el día solamente bajo la aplacadora influencia a través de lo anímico-astral. Se acaba el contraste hasta entonces existente entre el cociente pulso-respiración en el estado despierto y el estado dormido. La vida se ha adaptado por completo a la acción de lo anímico-astral. Se ha abierto frente al ser interior del niño. Ese ser-interior ahora penetra desde el pulmón a la vida de la sangre y a través del pulso del flujo de la sangre arterial, hasta los órganos en crecimiento. Según Rudolf Steiner con ese cambio se ha producido aquella acción recíproca entre la vida en evolución del cuerpo y el ser anímico-astral del niño, que desemboca en los procesos de transformación de la incipiente pubertad. “inspiramos aquello, que nos torna maduros sexualmente” (Steiner). A partir de los diez años, y sobre todo en las niñas, se desarrollan características sexuales secundarias. Con ello, en el organismo de los niños se presentan los indicios de la pubertad. Antes de analizar los procesos de transformación que comienzan a os diez años, tendremos que formular con mayor exactitud, el significado de la expresión “entidad anímica-astral”. Se trata de un ámbito del ser del hombre ricamente diferenciado. A él pertenecen todas aquellas fuerzas, que se apoyan estrechamente a procesos corporales:
Próximos a estos ámbitos de lo anímico-astral se encuentran los sentimientos de agrado y desagrado, bienestar y malestar. Luego existe otro ámbito, que se genera a partir de la transformación de las mencionadas cualidades elementales. Al abrirse la sensación del agrado, expandiéndose un poco, se genera el gusto. Otra etapa de la transformación es por ej. la alegría. Y cuando el agrado se conforma en la desinteresada conexión interior con otro ser, se transforma en entrega, compasión, misericordia, piedad y en amor. Transformaciones similares existen también en todas las demás fuerzas elementales de lo astral. De esta manera, el deseo, por un lado se conforma en pretensión, anhelo y en esperanza; y por otro, en curiosidad y sobre otro nivel, en interés. De las fuerzas de la pasión puede generarse la manía; pueden empero asimismo espiritualizarse - a través de varias etapas – llegando al entusiasmo. Estos pocos ejemplos nos indican la riqueza interior del ámbito del ser anímico-astral y nos muestran la clara diferenciación entre las fuerzas elementales instintivas y las cualidades transformadas. Indicamos esa diferencia con la denominación anímico-astral: con “astral”, nos referimos a las fuerzas elementales, con “anímicas” (del alma), las fuerzas transformadoras y con ello, más interiorizadas. Por lo demás, seguimos la terminología de R. Steiner y denominamos todo el volumen de estas fuerzas astrales y anímicas como CUERPO ASTRAL. Sobre todo, con respecto a las cualidades anímicas del cuerpo astral existen grandes diferencias individuales entre los hombres. Mediante este conocimiento podemos realizar un seguimiento más exacto del desarrollo de los órganos en el cuerpo del niño después de los diez años, y de qué modo en ese desarrollo participan las fuerzas astrales y anímicas del niño que ahora penetran a la vida del cuerpo, de la manera descripta. A partir de los diez años, se presenta una visible diferencia entre el desarrollo de las niñas y de los varones. En las niñas, los nuevos procesos de desarrollo comienzan uno a dos años antes. Es así, que justamente en el décimo año comienza una peculiar aceleración del crecimiento pulmonar. Hasta la primera mitad del décimo cuarto año de vida, la capacidad vital del volumen respiratorio entre la inspiración profunda y la espiración profunda aumenta de 2463 = 430 cm3 a 3486 = 437 cm3. Se trata de un aumento del 41%. En los varones, la capacidad vital crece en un aceleramiento aún más marcado del pulmón, entre los doce y el comienzo de los dieciséis años, de 2623 =399 cm3 a 4290 =815 cm3, vale decir, un 55%. Ese crecimiento de la capacidad vital significa una fuerte profundización de la respiración, o sea, un proceso respiratorio que se incrementa a través de los años. Al mismo tiempo, cambia el ritmo respiratorio. En el niño menor, las variaciones respiratorias conciernen, sobre todo, la frecuencia, vale decir, la velocidad del ritmo. Ahora, la respiración se torna más calma (lenta) y más profunda. Y las variaciones respiratorias ahora conciernen sobre todo, la profundidad de la respiración, la así llamada amplitud. La profundización de la respiración se encuentra en relación con los demás cambios en el organismo del niño, sobre todo, el agrandamiento de los miembros y la necesidad de oxígeno relacionado con ello; el desarrollo de un órgano dentro del organismo, es llevado a cabo siempre a partir de la relación con el desarrollo de los demás órganos. Para poder comprender en todo su alcance ese crecimiento del pulmón y los cambios respiratorios, tendremos que tomar en cuenta empero también otros fenómenos: una vez, que el pulmón ha crecido y la respiración se ha profundizado, en el alma del joven aparecen nuevos sentimientos, por ejemplo, el sentimiento del amor y de la nostalgia, vale decir, sentimientos de una profundidad de la vivencia interior, que el niño no conocía. Los sentimientos en su conjunto entran a una nueva intensidad y profundidad; se tornan personales. La profundidad de un sentimiento se manifiesta en la respiración en el tamaño de una amplitud. De esta manera la nueva dimensión de la vivencia acompañada por el sentir se manifiesta en un tornarse más profundo y casi siempre también en un tornarse más calmo de la respiración. En el pulmón de un niño de 7 u 8 años, tales sentimientos aún no pueden estar presentes; su profundidad respiratoria no es suficiente. El pulmón debe pasar primero por aquellos procesos de crecimiento y de transformación que tienen lugar entre los 10 y los 13 años, o bien, entre los 12 y los 15 años. En estos procesos participan las fuerzas anímicas profundizadas, que allí se vivencian interiormente. A partir de los 10 años penetran al pulmón. Se sumergen dentro de la vida de los órganos en crecimiento, vale decir, en las regiones inconsistentes del cuerpo. Y al actuar allí, en el crecimiento del pulmón, este adquiere aquella configuración, que guarda concordancia con esas fuerzas anímicas: una respiración más profunda, y más lenta; en ocasión de un determinado incremento del rendimiento físico, en un niño de 9 años, la frecuencia cardíaca asciende 2 o 3 veces más que después de la pubertad. Una vez que se ha generado esta configuración, las fuerzas anímicas ya no actúan en las profundidades inconscientes del organismo en crecimiento. Quedan unidas al pulmón, viviendo ahora en el ritmo de la respiración. Desde el accionar –inconsciente- dentro del impulso del crecimiento se elevan a la vivencia interior. Con estos sentimientos, que se plasman dentro del ritmo respiratorio transformado, el joven ser humano ahora se dirige al medio que lo rodea. El corazón de los niños posee una dinámica de crecimiento similar al pulmón, evidentemente empero, sin la diferencia en edad entre las niñas y los varones. La forma del corazón se torna más individual y con la pubertad alcanza la forma de adulto. También en lo que al corazón respecta, lo anímico en un principio permanece completamente en el ámbito de lo inconsciente y en medida más pronunciada que en lo que al pulmón se refiere. Ya unas décadas atrás, H.Plugge ha constatado que niños con graves afecciones cardíacas, como endocarditis y miocarditis, no tienen conciencia de los síntomas subjetivos que padece el adulto. Escribe Plugge, “que los niños menores de 10 años, aparentemente no sienten nada, o muy poco de su enfermedad, o la notan recién en un estado muy avanzado de la afección”. Al jugar con otros niños, el niño enfermo juega igual que un niño normal. “sobre exigiéndose sin vacilar la deficiente capacidad de su corazón, pudiendo llegar hasta el umbral de la muerte”. De la observación de tales niños con enfermedades del corazón surge algo, que evidentemente es valedero para todos los niños: “entre los 10 y los 12 años tiene lugar un cambio en la experiencia de la propia corporeidad, que entre otras cosas, se caracteriza por el hecho de que los niños enfermos del corazón, recién al cabo de esa cesura se comportan como adultos enfermos del corazón, y entonces fundamentan su conducta con la vivencia de su malestar. Recién alrededor de los 13 años, el corazón aparece en la vivencia interior del niño. Es entonces empero el órgano junto al cual se reflejan los sentimientos más profundos, a través de los cuales el joven vivencia su ser subjetivo, y, a su vez, su relación personal hacia el mundo. Mediante la aparición de los sentimientos personales profundizados en el ritmo respiratorio del pulmón y en el ritmo pulsador del corazón, nace el ámbito anímico del cuerpo astral. Con el término de “nacimiento del cuerpo astral” Rudolf Steiner describe aquél proceso, en el cual las fuerzas del cuerpo astral se desprenden de la acción inconsciente dentro de los procesos de crecimiento del cuerpo, tomando contacto al entorno exterior –del mismo modo como el cuerpo del niño en ocasión del nacimiento físico. Cambios similares tienen lugar en los órganos sexuales. El pecho de la niña comienza a desarrollarse a los 10 años, así como también se observa un mayor crecimiento de los órganos sexuales interiores y exteriores. En el varón, la aceleración del desarrollo de los órganos sexuales comienza entre los 10 y los 11 años. Cuando los órganos sexuales en las niñas y en los varones han adquirido su tamaño pleno, pueden inflamarse en ellos, las fuerzas astrales de la vivencia sexual. Son fuerzas del apetito (carnal) con las cuales, como siempre en ocasión de la satisfacción de deseos, están presentes sensaciones de placer. En las fuerzas astrales del apetito (instinto) se pueden diferenciar dos matices diferentes: el deseo más bien instintivo, y el deseo absorbente. Las fuerzas del deseo instintivo pujan hacia afuera, para experimentar allí su satisfacción; el efecto absorbente del deseo, recepciona el deseo dentro de sí, para sentir en él, dentro de sí, al placer de la satisfacción. Al acelerarse fuertemente el crecimiento en los órganos sexuales, esto se debe al hecho, de que se impulsa adicionalmente el crecimiento normal, mediante nuevas fuerzas. En los varones se observa un impulso orientado notoriamente hacia afuera; en las niñas, la acentuación de un gesto orientado hacia afuera con recepción hacia el interior. En el varón, la fuerza astral del deseo instintivo se sumerge dentro del órgano sexual exterior. Allí actúa dentro de los procesos de crecimiento inconsciente. En la niña sucede lo mismo, sólo, que en ella la fuerza astral del deseo absorbente actúa en el crecimiento de los órganos sexuales exteriores. Luego, la aceleración del crecimiento va declinando. Las fuerzas astrales se desprenden de la acción inconsciente en las fuerzas del crecimiento. Con ello, para el joven se inicia la fase aquella de su vida, en la cual las fuerzas del deseo/instinto pueden inflamarse interiormente en los órganos sexuales al ser excitados desde afuera. El joven ha logrado la madurez sexual por el hecho, de que las mencionadas fuerzas astrales, entran en relación con el medio circundante, vale decir, que han nacido. En cambio más notorio en el organismo del niño se lleva a cabo en el crecimiento de los miembros. A la edad entre los siete, y los nueve años, las niñas crecen alrededor de cuatro centímetros por año. Luego el crecimiento aumenta hasta un apogeo a los doce años, para luego finalizar rápidamente. En los varones, ese crecimiento acelerado se inicia dos años más tarde y se incrementa hasta su punto culminante a los catorce años. Puede observarse, que inicialmente poseen tal crecimiento acelerado, únicamente las piernas y los brazos. Ese crecimiento transcurre de manera peculiar. La aceleración del crecimiento atañe primeramente sólo a la estructura ósea. La musculatura no aumenta en medida mayor que en los años anteriores. Por tal razón, los huesos adquieren un sobrepeso en los miembros, sobre todo, en las piernas, que no poseían hasta ese entonces. Los huesos son empero aquella parte de los miembros, que a causa de su densidad y rigidez, se desligan del interior del hombre. Son algo exterior, dentro del cuerpo del hombre, dentro de ellos, el hombre no puede vivir interiormente, tal como lo hace dentro del pulmón, o la musculatura. Por esa razón, están supeditados fuertemente a la influencia de la gravitación mediante su elevado peso específico de 1.936 –el peso específico de la musculatura es de 1.058. Al crecer únicamente los huesos en las piernas, con esa aceleración, esa influencia se intensifica fuertemente. La aceleración de crecimiento comienza en el esqueleto de los pies. Unos meses más tarde pasa a los huesos del muslo inferior. Al cabo de medio año, al muslo superior, y recién al cabo de un año del inicio en los pies, pasa al tronco. De esta manera, el joven va entrando en forma de etapas en medida cada vez mayor a la esfera de acción de la gravitación. Mediante ese proceso centrípeto, la gravitación va entrando desde abajo, desde la tierra, más y más profundamente al hombre; separa los pies y las piernas de su anterior estrecha relación para con el resto del organismo, insertándolos poderosamente a los efectos energéticos terrestres. Con anterioridad a ese crecimiento óseo, la relación de la musculatura hacia la circulación sanguínea y hacia lo anímico, que actúa desde el ritmo circulatorio en la sangre arterial, posee una gran importancia para el movimiento. La actividad volitiva es impulsada en las piernas fuertemente por sentimientos y estados anímicos. Luego, la voluntad, de modo creciente entra en el ámbito de la influencia de la gravedad. A un año del comienzo de la aceleración del crecimiento en el esqueleto de la pierna, comienza un aumento en el crecimiento muscular. Ese crecimiento se basa sobre una intensificación de la voluntad. Esa voluntad empero no es la misma de antes; ahora se halla por completo dentro del ámbito de la gravitación y de la mecánica del esqueleto de la pierna, vale decir, activa dentro de las fuerzas y leyes exteriores del mundo. Lo que se lleva a cabo dentro del empuje de crecimiento de los miembros, es el nacimiento de la voluntad dentro de las fuerzas objetivas del mundo. En lo que al crecimiento en largo de los miembros se refiere, cobra validez la siguiente norma: cuanto más tarde se inicia, tanta más duración tendrá, conduciendo aun mayor crecimiento en extensión de todo el cuerpo conducirá. Al iniciarse tempranamente, como sucede con las niñas, los procesos de vida y de crecimiento interiores adquieren gran actividad. De esta manera se disminuye la influencia de las fuerzas exteriores sobre el organismo humano. Esto cambia, cuando la intensidad de la vida interior disminuye al cabo de los doce años. Es así, que los miembros de las niñas no crecen con la misma fuerza que los miembros de los varones. Existen muchos fenómenos, a partir de los cuales se puede notar la fuerte influencia de la gravedad sobre el organismo masculino que se produce con el inicio del empuje de crecimiento. Una vez que decae el crecimiento acelerado de los miembros, comienza un intensivo crecimiento del tronco. Se observan curvaturas más pronunciadas en la columna vertebral, en las apófisis de vertebra se generan epífisis óseas. Con ello, se alargan las palancas, a partir de las cuales se inserta la musculatura de erección y de movimiento de la espalda. Todo esto conduce a que el joven de allí en más vivencie con mayor intensidad en su tronco, el encuentro con la gravedad y e poder mantenerse en equilibro. Mediante sus geniales experimentos, H.A. Witkin ha descubierto, de qué manera cambia la vivencia del equilibrio a la edad de 10 años. Los niños menores se orientan en gran medida por las estructuras verticales de su entorno, más tarde empero por la experiencia interior del equilibrio. “A los 8 o 10 años de edad, los niños se encuentran fuertemente influenciados por su campo visual, pero a los 13 años muestran una marcada adquisición de independencia frente a ese campo visual. Al sentir más intensamente dentro de sí al equilibrio, vale decir, al insertarse a la gravitación orientada hacia el centro de la tierra, el joven se vivencia a su vez más centrado en sí mismo. Ese hecho surge también de las investigaciones de Witkin. Del mismo modo, y en la misma medida en la que el hombre en su vivencia del equilibrio se independiza del campo visual, se independiza al mismo tiempo de su medio ambiente y de otras personas. Ya no se deja dominar indiscriminadamente por las normas de comportamiento de su entorno y vivencia una mayor independencia interior. En los casos extremos se aísla –como lo hacen algunos varones- de su entorno, pierde el contacto con los demás y pasa a ser excéntrico. A través de la mayor conjunción de la organización volitiva y las fuerzas de la gravitación y del equilibrio, el joven vivencia su independencia en la toma de conocimiento de estas fuerzas, y su dominio. Percibe con mayor conciencia, su estar inserto, y su accionar dentro de estas fuerzas. Al estar parado y posar su peso sobre una pierna, experimenta, como con ese hecho están vinculados cambios en la actividad volitiva en la otra pierna, en la cadera y en la espalda. Con cada cambio de posición, y con cada movimiento, momentáneamente se modifica la acción volitiva en todo el cuerpo. La activación en un lugar está rigurosamente coordinada con la modificación en la actividad volitiva en el sistema matriz restante. Únicamente mediante la acción conjunta excepcionalmente eficaz de la dinámica volitiva dentro de una coordinación general, el hombre puede mantenerse en equilibrio. De esta manera, el joven esta vivenciando a través del profundo estar inserto dentro de las fuerzas exteriores de la gravedad y la mecánica ósea, un riguroso “cuando…….., entonces”. En la organización de su voluntad vivenciando la causalidad. “…….después de los doce años, el sistema óseo, que se introduce en el mundo externo, cobra dominio sobre el sistema muscular….y la consecuencia es, que entonces el hombre obtiene una comprensión –interiormente vivenciada- de causa y efecto, de fuerza, y de aquello que es percibido como lo erguido y lo que es percibido como lo horizontal, etc. (Steiner 1922.). Sucede empero, que a los 12 y 13 años, tiene lugar un cambio importante también en la vida del pensar y de la imaginación/representación. Después de los 7 años, el pensar está estrechamente ligado a la vida imaginativa. Por tal motivo, está orientado hacia aquello que puede contemplar. Ahora, las nociones “por un lado se tornan más generales y abstractas, y por otra parte, también menos nítida, sobre todo, menos graficas” (Nickel, 1979). La vivacidad interior de la concepción imaginativa se torna más difícil, y con ello, el pensar se desprende de la evidencia en imágenes, hasta ahora existente- Mediante ese debilitamiento de las imágenes interiores, la observación sensorial exterior adquiere una influencia mayor sobre la conciencia. Al mismo tiempo, el joven adquiere la facultad de formar un pensamiento, sin una referencia directa hacia lo concreto. El pensar se eleva a la esfera de los conceptos puros y la relación de esos conceptos entre sí. Y con ello, se abre el mundo interior de la lógica. Ahora, el joven mediante el pensar por deducción, puede comprender por ejemplo: Si a A le corresponde la cualidad de C, y B pertenece a A, también a B le corresponde la cualidad de C. En el sentido de J Piaget, comienza la etapa de las operaciones formales. Al desprenderse el pensar de su intrincamiento con lo grafico, puede nacer como el pensar puro. “Ahora el pensar llega a su desarrollo pleno. Se independiza.” (Steiner, 1924.) En la esfera de los conceptos puros y de la lógica pura nos podemos empero mover únicamente cuando el pensar es guiado. Todo lo meramente asociativo debe ser desconectado por el hecho, de que mediante la circunspecta actividad volitiva se pasa de un concepto al otro, de un juicio al juicio próximo. Ahora, el joven tiene el deseo de adquirir independencia en el pensar, y en el evaluar. Y cuando con aquellas fuerzas, dentro de las cuales experimenta su independencia, quisiera conducir interiormente su pensar, resulta una pretensión determinada. La vivencia interior de la independencia surge de la organización volitiva cambiada. Y dentro de esta, la cualidad de la voluntad mediante la cual el hombre se mantiene en equilibrio, es la acción rigurosamente causal. Según su esencia es lo mismo, si hablamos de la causalidad en el manejo de la mecánica ósea a través de la voluntad, o de la independencia. En uno de los casos estamos mirando la norma de acción de la voluntad, en el otro, la calidad interior de la vivencia de esa acción volitiva. Si el joven quiere conquistar la independencia interior en la cognición, vale decir, en la esfera de lo espiritual, lo logrará únicamente, si a través de la nueva cualidad de la voluntad de acción rigurosamente causal, conduce al pensar, o bien, al reconocer, avanzando de la anterior comprensión imaginativa hacia el conocimiento causal del mundo.
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