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EL REAL REINO DEL SUEÑO
Autor: Harting Schiller
Traduccion: Ana Maria Rauh
26/10/2009

Afortunadamente, ya en mi época escolar se me ha revelado un misterio fundamental del sueño. En mi escuela aun se acostumbraban las grandes tareas del aprendizaje de memoria. De hecho, los maestros se quejaban de que las cosas ya no funcionaban como en los buenos tiempos de antaño, pero, se esforzaban con ahínco de impedirlo. En esas buenas épocas de antaño ( y eso lo confirmaban también nuestros padres y abuelos) en la escuela se aprendían de memoria muchas hojas. Los ejemplos eran siempre los mismos: consistían en largas baladas y el autor favorito de los maestros era Friedrich Shiller. También nosotros hemos recibido nuestra parte con respecto al legado cultural de occidente, cuyo valor exclusivo parecería consistir en su recitación de memoria, exclusivamente. Algunos maestros “progresistas” hasta confesaron a los alumnos los grados superiores, que le “como” del manejo de estos temas, su elaboración o configuración, estaba fuera de su alcance. Esa intimidad debía ser asunto privado. Lo decisivo, era la reproducción verbal exacta. De esta manera, lo único que quedaba era el intransigente aprendizaje de memoria. Evidentemente, no podía ser utilizado para ello, el tiempo en las aulas, razón por la cual durante meses, gran parte de las tareas del hogar consistían en el aprendizaje de una gran cantidad de estrofas.

Realmente se trataba de una ardua tarea, que era postergada en cuanto se podía, era interrumpida en cuanto era posible, a la que se daba un último toque por la mañana, rumbo a la escuela, para evitar consecuencias demasiado funestas. En una de esas mañanas tuve un descubrimiento revelador: dominaba el texto de una manera mucho mejor a aquella en la cual la había dejado la noche anterior. ¡Durante la noche, el asunto había evolucionado! Desde ese día, el aprendizaje de memoria perdió algo de su espanto. Paulatinamente se puso a prueba una nueva técnica, la que luego se elaboro y perfecciono, que apuntaba a efectividad y economía. El día anterior se practicaban los textos solo en la medida que por la mañana siguiente su recitación se tornaba manejable. Así nació un arte de la memorización fragmentaria, que sin esfuerzo superaba la valla del rendir la lección. De hacho, aun hoy me estremece el trato otorgado al verdadero arte.

Una y otra vez me ha ocupado el estudio del efecto nocturno en el aprendizaje, me ha ayudado, alentado y me ha permitido avanzar.

En otra oportunidad descubrí, que este efecto no se limita únicamente a rendimientos cognitivos. He sentido una gratitud especial, cuando como maestro de grado en formación, me dedique al aprendizaje de la flauta y del tejido. Cuán difícil resulto ser, llegar a la afinación de un solo tono, ni hablar de ritmos y de secuencias tonales. Pero también aquí sucedió algo similar como en el caso del memorizar textos. Al día siguiente pudo observarse una mejoría. Durante todo un día luché con el aprendizaje de determinada canción, y, al día siguiente, pude tocarla. Aquello, que durante el día anterior había practicado una y otra vez sin lograrlo, lo llevaron a cabo mis dedos automáticamente al día siguiente. Por lo tanto, no existía solamente el aprendizaje cognitivo durante la noche, sino también con respecto a lo práctico. Pero ¿Quién era, que había aprendido en realidad? De hecho no había sido yo! Dado, que agotado, había abandonado. No había sido yo, puesto que había mostrado ser incapaz de asimilar. Pero, en el curso de la noche lo dominé, yo. Por lo tanto, en el curso de la noche tuve que haber recibido una instrucción de alguna manera. ¿a través de quién, o de qué? De todos modos, hubo una continuidad del individuo aprendiz y los efectos de la noche tenían una participación decidida en su desarrollo.

En la naturaleza misma del sueño esta dado, que tan poco sabemos e él. No en vano Hypnos, el joven de la mitología griega, porta sus insignias especiales. La frente que porta alas, señala otro mundo, del cuerno de la abundancia caen sueños a modo de flores que adornan el camino y del tallo de la amapola fluye savia adormecedora. Su esencia es el olvido y el misterio envuelve su accionar. No resulta ser fácil, quitar el velo de su misterio, sin destruir su maravilloso efecto. Con cuidado y suma atención, así y todo, podemos seguir su paso. Desde su inicio y su fin podemos descifrar su rastro. Una de las experiencias más elementales es la recuperación que nos otorga. Un saludable sueño prolongado refresca y brinda nuevas fuerzas. El mundo cambia de aspecto y también lo contemplamos con otra mirada, después de un descanso. Ese aumento de la vitalidad y de buena disposición es de amplia envergadura. Por la mañana sentimos un bienestar físico que no existía al finalizar el día. Nuestra salud ha experimentado una mejoría. Esto cobra validez no tan solo para estados extremos, como por ejemplo enfermedades agudas. En el curso del día, por la mañana nuestra constitución ha experimentado una mejoría y se ha restablecido. Pero, también el ámbito de lo viviente experimenta un efecto de apoyo. Por la mañana, las fuerzas vitales ostentan mayor frescura que por la noche. En el ámbito de lo anímico, se ha establecido un nuevo equilibrio. Se ha llegado a una mayor calma y así, problemas que aun al anochecer parecían ser amenazantes, los vemos con mayor tranquilidad. Ha aumentado el impulso de un nuevo comienzo en la vida. Se ha acrecentado la alegría existencial. Todo ello acontece también a los así llamados dormilones. Solo que todo esto, les acontece con un poco de retraso. Una vez que han superado esa etapa de transición, experimentan todo lo mencionado de igual manera. Finalmente podemos mencionar todavía la ya mencionada, misteriosa instrucción, enseñanza, que se produce mientras dormimos. Podemos observar un cambio, una evolución, podemos ver nuestras metas con mayor claridad. La individualidad de la persona se manifiesta con definición mayor, lo cual ofrece mejores condiciones previas para su accionar.

 
VIVENCIA MATUTINA
VIVENCIA VESPERTINA
INDIVIDUALIDAD

REALIZACION, CRECIMIENTO, PRESENCIA

ESTRECHAMIENTO, DEBILIDAD, PERDIDA

CONSTITUCION ANIMICA

ARMONIA, ALEGRIA DE VIVIR

UNILATERALIDAD, CANSANCIO

ORGANIZACIÓN VITAL

FRESCURA

FATIGA, AGOTAMIENTO

FISICO

RECUPERACION

DESGASTE

Esto se refiere únicamente a un sueño saludable y suficiente. Entonces, toda persona puede realizar esta experiencia. Las objeciones, con respecto a efectos divergentes, menos anabólicos, indican casi siempre interrupciones patológicas de este suceso. En el caso de los trastornos del sueño, el ámbito del estar despierto se inserta de manera perjudicial en el dominio del sueño. Impiden la entrada en el acontecer del sueño y mantienen a la persona en el estar despierto. Esto cobra validez asimismo para todos los demás estados que impiden la llegada del sueño, tales como, preocupaciones, pena, o excitación. Frente a todos los efectos benéficos mencionados del sueño, que pueden ser percibidos por la mañana, podemos observar estados complementarios opuestos al llegar la noche. A la recomposición física le antecede un desgaste. No solamente el largo de la estatura del hombre disminuye al atardecer. Todo el cuerpo envejece hasta los rasgos del rostro. Tiene necesidad de recuperación de los procesos de vida y anabolismo del organismo. Aquello que por la mañana se ha manifestado con bienestar, al atardecer se ostenta como agotamiento y cansancio. En el ámbito anímico no siempre se produce un decaimiento de las expresiones vitales. Suelen ser las primeras horas de la noche, que justamente aportan las vivencias más bellas y diferenciadas. En la fase del cansancio puede observarse empero, que fácilmente pueden producirse distorsiones de la vida anímica. Las cosas pierden su correcto parámetro, o, se vivencian unilateralmente o de modo exagerado. Se ha perdido el equilibrio interior. Esto calma por la armonización y nuevos impulsos. Cuando por la mañana puede hablarse de la misteriosa instrucción del núcleo individual del hombre, al anochecer nos encontramos con una cierta inseguridad y desorientación tendencial, que cobra un efecto debilitador. Desde una visión amplificada, busca nuevas perspectivas con respecto a los interrogantes que se plantean durante el día. Podría decirse entonces, que el anochecer y el amanecer se comportan a modo de pregunta y respuesta dentro de un dialogo espiritual.

Al contemplarse lo aquí expuesto a través de una mirada en conjunto, llama la atención, la existencia de una determinada simetría entre los acontecimientos de las vivencias matutinas y vespertinas. En cada capa del ser humano, se halla una relación del anochecer y amanecer y en el plano de lo individual aparecen los tres ámbitos restantes de manera transformada. La armonía de la constitución anímica, es la condición previa para la realización en lo individual-espiritual. La frescura de la organización de vida está relacionada con el crecimiento del individuo y el restablecimiento del físico, posibilita una presencia real e independiente. Esto cobra validez igualmente para las manifestaciones matutinas como vespertinas. Los procesos observados, al mismo tiempo los podemos determinar y señalar como ciertas cualidades del sueño. El sueño en un SANADOR. Recompone, complementa, modera. También es un rejuvenecedor. Con el efecto de frescura del sueño está relacionado siempre, un rejuvenecimiento sobre el organismo. Rasgos frescos y decididos del rostro nos lo están indicando. El sueño a su vez es un apaciguador. Calma las tormentas de la vida anímica, creando equilibrio interior y sosiego. Además, el sueño es un maestro. Transmite nuevos conocimientos y facultades. Siendo así, tal como hace un buen maestro, a diario resume lo elaborado, produciendo así, la evolución hacia nuevas experiencias. Por lo tanto, nos conviene entrar en amistad con el sueño  y tomar conocimiento de su ser. De hecho, nos convierte en un ser mejor. En cada una de las etapas de nuestra existencia, nos conduce de retorno hacia nuestra imagen ideal, dado que, si nos contemplamos detenidamente, podremos valorar positivamente, al estado matutino generado por el sueño. El sueño, tan misterioso como es su acción, promueve algo en nosotros, que está relacionado con nuestros mejores propósitos. Sucede, que nosotros una y otra vez perdemos de vista esos propósitos, o los reducimos. Quedamos atrás de aquello que son nuestros ideales. El sueño, empero, es aquel quien nos une nuevamente a los mismos. De ello se desprende la pregunta, de cómo hacer para que el sueño sea amigo nuestro.