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Georg Soldner – Michael Stellmann
LA EPILEPSIA


La epilepsia aparece con frecuencia mayor en la edad infantil: el 50% de todos los pacientes afectados por epilepsia, tienen menos de 16 años, el 75% de todas las epilepsias se manifiestan con anterioridad a los 18 años. El 4% de todos los niños tienen en el curso de su infancia al menos un ataque cerebral convulsivo. Ataques epilépticos pueden producirse en cada persona, como consecuencia de CAMBIOS AGUDOS DE EQUILIBRIO INTERIOR Y TRAUMATIZACIÓN FISICA EXTERIOR, por ejemplo en el caso de hipoglucemias en el primer septenio también en el caso del agudo ascenso febril, después de traumas de parto o de accidentes. Especialmente “vulnerables” parecen ser las personas cuyo cuerpo porta una disposición CONDICIONADA HEREDITARIA-GENETICAMENTE (ese círculo humano es aproximadamente 10 veces mayor que aquel de enfermos manifiestos).


El SINTOMA DOMINANTE de la epilepsia es el ATAQUE. Las afecciones con un curso de ataque no se encuentran limitadas a trastornos neurológicos: el asma bronquial por ejemplo también es una enfermedad con un curso de ataque clásico. En el ámbito de la vida puramente vegetativa (por ejemplo en un bambú) las manifestaciones a modo de ataque nunca son observables, mientras que los animales superiores también pueden ostentar ataques convulsivos. LOS ATAQUES ESTAN RELACIONADOS FUNDAMENTALMENTE CON LA ORGANIZACIÓN ANÍMICA (como realmente activa en lo físico, tal como está comprendido en la concepción del cuerpo astral) y son una EXPRESION DE LA ACTIVIDAD SUJETA A LO CORPORAL.
Al contemplar los ataques convulsivos cerebrales en su manifestación integral, podemos constatar tres complejos sintomáticos objetivos, o bien introspectivos.

  • Imposición de sentimientos anímicos a modo de sueños (aura) (comparar al respecto también el criterio de desplazamiento de König (1994-pagina 107): “el sentimiento asciende a la cabeza”, mientras que el movimiento de los miembros comienza a contraerse convulsiva y rítmicamente, o bien puede golpear tal como seria fisiológicamente, el sistema rítmico para el movimiento cardiaco)
  • Actividad independizada de la motricidad (de manera parcial o generalizada) con la tendencia de la perdida de la verticalidad
  • Reducción o pérdida de la conciencia.

Quien como  medico se reserva una franca percepción de las manifestaciones, constatará que estas manifestaciones de un ataque epiléptico ocasionan un ESTREMECIMIENTO PROFUNDO en los demás, en las personas que se encuentran en el lugar (sin este hecho de que el ataque convulsivo anímicamente por ejemplo para los padres en principio casi siempre provoca un SHOK DURADERO, el comportamiento de los familiares del paciente a menudo es incomprensible)


El ataque epiléptico despoja al hombre de su conciencia, de su libre facultad perceptiva, se verticalidad, su libertad de movimiento – y asi y todo a su vez es expresión de una actividad dependiente de lo anímico. Este hecho marca la necesidad de diferenciar la capa de esencia de lo animal-anímico, del cuerpo astral que comparten el hombre y el animal, de la organización del yo humano, comprendiéndola concretamente (Steiner 1985, páginas 42-60).


Otro aspecto significativo en este contexto se evidencia en las SITUACIONES en las cuales producen los ataques epilépticos: se refieren preponderantemente al RITMO DEL DORMIR Y DEL ESTAR DESPIERTO (al despertar, al dormir, partiendo del sueño), lo que puede cobrar importancia para la clasificación y el pronóstico de los ataques, asi como a determinadas ACTIVIDADES Y EXCITACIÓN ANIMICA, o bien tensiones (un aspecto especialmente importante en el caso de jóvenes y adultos, mientras que en el caso de niños menores cobra importancia en forma de tensiones familiares). En la historia previa – como sucede en casi todas las patologías que se presentan a modo de ataque – puede cobrar importancia un SHOCK sufrido, que a menudo es reprimido ampliamente de la memoria y que recién mediante una ayuda puede ser recordado.


En primer aspecto mencionado por Rudolf Steiner  con relación a la epilepsia, sobre todo en la edad infantil a lo mencionado en ultimo termino: “tomemos en primer lugar la relación entre el cuerpo físico y el cuerpo etérico. Se conserva a lo largo de toda la vida, desde la concepción, el estado embrional hasta la muerte, dado que pasa por todos los estados del estar dormido. En el cambio se interrumpe la relación con el cuerpo astral y la organización del yo mediante cada estar dormido” (Steiner 1985, página 43)


 Todos los aspectos hasta aquí mencionados, simplemente pueden resumirse en que los ataques epilépticos están relacionados con un trastorno de la actividad anímica, sujeta a lo anímico, al cuerpo astral. Dado que desde el nacimiento hasta la finalización de la madurez sexual, la organización anímica va conformando al cuerpo en “instrumento del alma” (W. Bühler), que en la infancia el cuerpo RECIEN TIENE QUE SER APROPIADO ANIMICAMENTE, esto aclara naturalmente que la actividad de lo anímico sujeta al cuerpo es más vulnerable a trastornos en esta fase. Este aspecto aclara asimismo que por ejemplo, que IMPEDIMENTOS FISICOS DE ACCIÓN ANÍMICA, condicionados por traumas en el parto o genéticamente, acrecientan el peligro de convulsiones (los defectos corporal-físicos de ninguna manera provocan una correspondiente reducción del potencial anímico, sino mas bien a menudo un relativo excedente de dinámica anímica frente a las posibilidades físicas de encarnación, hecho que muchos padres de niños con impedimentos pueden `percibir claramente en sus hijos).


Todo SHOK puede alterar de manera duradera, la congruencia física-anímica.
En cada despertar yace un acontecer de parto, de nacimiento, siendo que lo anímico inherente pasa a formar parte del uso activo del cuerpo. Los momentos del conectarse y del desprenderse de la actividad directamente sujeta al cuerpo, constituyen momentos particularmente vulnerables de la conjunción anímica-física (a semejanza de los momentos de partir en vuelo y de retorno), no asombra entonces que juegan un rol especial para la aparición de ataques de convulsión. Además se producen ataques en medida más frecuente, cuando parte de actividad más acrecentada de lo anímico (excitación, o bien pasos evolutivos del organismo) – es asi que las epilepsias infantiles justamente irrumpen en determinadas “piedras miliares” del desarrollo de manera más numerosa, o empeoran (por ejemplo, en el marco de la pubertad).


En un doble sentido empero, este accionar físico-anímico en conjunto en el hombre NO ES UNA FINALIDAD EN SÍ. Por un lado lo anímico en el hombre desde un comienzo está al servicio de un plano de organización superior, un miembro del ser superior, el YO HUMANO, como real entidad activar (organización del yo). La verticalidad, el habla y el pensar constituyen DIFERENCIAS CUALITATIVAS DEL HOMBRE Y EL ANIMAL, que están relacionadas con esta condición del cuerpo astral yo – cada ataque epiléptico – y en ello está dado algo fundamental de su patología, asi como de su efecto de pavor sobre los demás – invierte en lo opuesto a esta condición: la actividad del cuerpo astral (cada ataque es un estado de hiperergia) se independiza frente a la organización del yo, se pierde lo específicamente humano de la actividad anímica: “Aquel, quien no está habituado a estas situaciones se estremece frente a esta des-humanización que tiene lugar frente a nuestra mirada” (König 1994, página 103). De ello desprende de manera directa, una meta terapéutica esencial del tratamiento de la epilepsia: es menester fortalecer LA FUERZA DE CONDUCCIÓN DEL YO, FRENTE A LA ORGANIZACIÓN ANÍMICA.

FISIOLOGICAMENTE, esto se produce mediante el desarrollo  -sobre todo – de la adolescencia misma (el cual está acompañado por una reducción de la frecuencia epiléptica), recién en el joven y en el adulto, esa relación puede ser aprovechada terapéuticamente en su plena efectividad. El aspecto mencionado constituye una meta directiva esencial hasta en el empleo de medicamentos potenciados, que cobran efecto en ese plano.


El hombre no despierta únicamente para estar anímicamente activo en el cuerpo, sino QUE DESPIERTA PARA POSESIONARSE ACTIVA Y PERCEPTIVAMETNE DEL MUNDO EXTERIOR, ATRAVES DE SU CUERPO (Steiner 1985 página 44): dentro del percibir, pensar y actuar con independencia, sale sobrepasándose a sí mismo  - de otro modo no adquiere conciencia. Bajo ese aspecto es significativo que también en el pleno despertar humano, la organización del yo es claramente conducente: el niño que se yergue e imita la madre que está hablando, en todo su tomar posesión del medio circundante sigue la aspiración de comunicar su propio y o con el mundo a través de su cuerpo. Este camino de introducción al mundo es fundamentalmente diferente a aquel del animal, que despierta integrándose a un circulo de configuración fijado en su organización corporal especializada, que justamente no posibilita una conciencia – visto desde el aspecto del hombre, el animal despierta de una manera incompleta (comparativamente como soñando): es instruido por sus órganos – el hombre instruye a sus órganos (Goethe). La epilepsia está relacionada con un trastorno de la facultad mencionada en el último término.


El despertar pleno depende de especial manera de EQUILIBRIOS: en la verticalidad misma, en la organización calórica, sobre el plano de los cursos de excitación neurofisiológica. El cerebro, el oído interior, fisiológicamente no solo están relacionados con la conciencia pensante, sino asimismo con la percepción y regulación de estos equilibrios. Los trastornos de este órgano atañen igualmente la conexión del yo hacia el mundo y el manejo y la regulación de la conjunción anímica-física mediante el yo, en medida especial. Rudolf Steiner resume al trastorno a ello vinculado, referido a la individualidad espiritual-anímica del hombre en el marco de su exposición de la siguiente manera: “Para obtener la conciencia es necesario salir” (de la mera relación con el organismo, a una conexión con el medio circundante). “Obtenemos conciencia al estar compenetrado”. Al haber entrado tan solo (en el cuerpo, en los órganos) “despertamos al estar compenetrado, obtenemos la conciencia”. Al “quedar atascado adentro”, el sueño que es sana inconsciencia, se convierte en inconsciencia enferma, vale decir aunque la persona despierta no obtiene la conciencia.(Steiner 1985, p.50). Recién por lo tanto cuando la DINAMICA INTENCIONAL del alma humana (que en el caso del gravemente listado en lo físico, ocasionalmente puede ser mayor que en el caso del niño asi llamado normal) en RELACION CON CORPOREIDAD TRASTORNADA (que sin duda alguna es una condición previa esencial de las patologías epilépticas) es comprendida, el concepto de “convulsión” (en el sentido de un acrecentado esfuerzo frustrado) obtiene un contenido. (Rudolf Steiner dice que esa dinámica puede llegar a un acumulamiento en “la superficie” de los órganos afectados (ya sea del cerebro o de otro órgano, lo cual a modo de reflejo puede conducir también a trastornos funcionales de la actividad cerebral)  - lo cual se encuentra en notoria correspondencia con la investigación de la actualidad, que llegando hasta la farmacología tiene su punto de peso en la investigación de procesos patológicos en las MEMBRANAS CELULARES: “De otro modo no se dispone de contenido al estar hablando de convulsiones cuando no se sabe que allí en la superficie se encuentran unidos el cuerpo astral y la organización del yo. No pueden salir, empujan h hacia fuera y  son retenidos” (Steiner 1985, página 51).


A partir de ello también se posibilita una nueva comprensión de la enfermedad para los padres y los afectados: se torna entendible por ejemplo, porque el despertar (matutino o nocturno), constituye una fase vulnerable para el paciente, porque niños dañados en ocasión del parto, mas tarde cuando justamente están por comenzar a llevar a cabo un nuevo paso evolutivo, se encuentran en mayor peligro convulsivo, pero también que al cabo de una fase de acrecentada actividad convulsiva, entre otros, queda manifiesto un claro progreso del desarrollo, que ESTÁ RELACIONADO CON LA ACTIVIDAD INTENCIONAL DE LA INDIVIDUALIDAD INFANTIL QUE TRABAJA BAJO AGRAVADAS CONDICIONES FISICAS. Lo importante es brindarle apoyo en todos los esfuerzos terapéuticos, abrirle paso en lo posible sin colocarle obstáculos mayores en el camino. Ante este trasfondo, la terapia convulsiva alopática siempre constituye un pasaje sobre una cornisa, que deberá ser examinada con respecto a si deja realmente un espacio para el accionar del yo, o si limita la actividad del yo (o bien también la vitalidad de la organización de la vida), en una medida tal que el daño es mayor que el beneficio.


Frente al aspecto presentado en ultimo termino podría tornarse tal vez mas entendible la composición del Evangelio que subyace al cuadro de Raffael: la epilepsia, la “enfermedad sagrada” (Hippokrates), ha sido para la humanidad, hasta llegar a la edad moderna, no tan solo una manifestación inquietante, que daba testimonio de la irrupción de fuerzas demoniacas – a modo de tempestad – en la naturaleza humana, era vivenciada asimismo como expresión de un alma, cuyo potencial no pudo ser abarcado pro el propio cuerpo (Madelyn 1990, pág. 370). En la tempestad del ataque el alma pudo haber escuchado también la voz de los dioses: la poseída energía de César, asi como las inspiraciones de Mahoma por lo tanto no constituyen contradicciones con respecto a la disposición epiléptica. Los lectores en las postrimería del siglo 20 han encontrado en Dostojewski al autor que de manera más persuasiva – con anterioridad a la psicología en profundidad – representó la dramaticidad espiritual-anímica del hombre en el debate con sus condiciones existenciales inconscientes – instintivas y corporales. En el caso del príncipe Myschkin, epiléptico, quiso describir la manifestación de lo puramente humano en su época – y a su libro le dio el título “El idiota”. “En el epiléptico empero la parte diurna es más luminosa y la parte sombría es más oscura, sucede que en el capo de tensión en el cual se encuentra todo ser humano, el epiléptico se encuentra conectado con potenciales mucho más elevados de su existencia” (König 1994, pág. 102).

 

8.1.2 ASPECTOS DIAGNOSTICOS
Edad, anamnesis, examen clínico-neurológico, aportan ya en la consulta pediátrica, un diagnostico circunstancialmente exacto. La clasificación de la epilepsia al cabo de la realización del diagnóstico aparativo (EEG, EEG con supresión del sueño, tomografía Kernspin, o similares) que en todos los casos es logrado de manera satisfactoria, soluciona solamente una parte de los problemas de diagnostico.
Las siguientes preguntas deberían ser planteadas:

  • CAUSAS DESENCADENANTES/CIRCUNSTANCIAS ACOMPAÑANTES
    La clasificación del ataque a menudo brinda poca información, o bien brinda únicamente generalidades, determinados hallazgos patológicos del EEG, también pueden aparecer en personas fenomenológicamente sanas SIEMPRE es importante la pregunta: ¿Qué aconteció particularmente con anterioridad a los primeros ataques, qué circunstancias han existido? los mismos pueden tener importancia  causante o profundizar taras patológicas pre-existentes, de modo tal que entonces se producen los ataques convulsivos. Cobran importancia:
  • Trastornos del embarazo, trastornos den el desarrollo pre-natal, enfermedades
  • Lesiones, por ejemplo traumas durante el parto.
  • Daños cerebrales en la temprana infancia, por ejemplo a causa de inflamaciones
  • Vacunas

Las clasificaciones exactas de epilepsias jamás reemplazan la búsqueda de circunstancias desencadenantes concretas.

  • Situación anímicamente tensa a causa de un problema de relación, sobre exigencia profesional
    Estos desencadenantes comparativamente pueden ser hallados con frecuencia. Aun siendo reconocidos en muchos casos es escasa la disposición de realizar un cambio. La rigidez, el férreo comportamiento paterno, que genera este clima tenso, paulatinamente puede conducir a la estrechez del desarrollo anímico del niño (tal como puede afectar también una parte de la pareja con la posibilidad de ausentarse de la familia). Sobre todo en el caso de EPILEPSIA DE MANIFESTACIÓN NUEVA DESPUES DE LOS NUEVE AÑOS, estos momentos desencadenantes juegan un rol importante – pero ya a la edad de la lactancia podemos percibir en algunos casos una clara influencia de tensión paterna sobre la actividad convulsiva infantil.

Significativos son –sobre todo a partir del segundo año el:

  • Miedo del niño o del joven frente a las exigencias sociales/escolares/sobre exigencias incluso de expectativas de los padres
  • Vivencias de shok no elaboradas o bien reprimidas
  • Problemas de disolución, crisis de pubertad y adolescencia. Es importante no confundir estos DESENCADENADORES con las consecuencias de los ataques epilépticos, que condicionadas por el shok y el miedo SECUNDARIAMENTE pueden promover comportamientos de marcada sobreprotección pro parte de los padres, con los correspondientes trastornos emocionales infantiles.
  • Trastornos de la función de la columna vertebral, del paso cráneo-cervical, de la profundidad respiratoria y del ritmo respiratorio.
  • Problemas circulatorios y de la regulación glucemia

Estos últimos pueden producirse por ejemplo en ocasión de largos viajes, en relación con carencia de movimiento, exceso de fatiga y nutrición no adecuada (viajes grupales).

  • Incompatibilidad sensorial-anómala (luz, pero también olores, etc.)
  • Sensibilidad anormal frente a la luna y los cambios climáticos
  • Medicamentos preliminares, sobre todo los de efecto superviso, anestesia general
  • Afectaciones procedentes del medio ambiente, intoxicaciones
  • RITMO DE VIDA
    El mismo adquiere una importancia decisiva en la infancia, con respecto a las posibilidades de desarrollo de la conjunción anímica física.
  • Comportamiento del sueño, irregularidades del dormir, sobre fatiga
  • Anomalías en el proceso del despertar (a menudo existe un largo intervalo entre el despertar y el “estar realmente y del quedar dormido)
  • Irregularidades o bien desplazamientos en el ritmo del comer
  • Trastornos del ritmo a causa de tensión en la situación escolar y en la formación
  • Estimulantes, consumo de drogas.

En este contexto pueden ser mencionados asimismo el consumo de medios y el tiempo dedicado a la computadora (a menudo el déficit de sueño, abundante consumo de estimulantes y la excesiva actividad dedicada a la computadora, provocan ataques convulsivo, asi como también la excitación lumínica en las discotecas, etc.)

  • HABITOS NUTRICIONALES
    Con respecto a la intolerancia de alimentos (¡justamente esos alimentos en parte se consumen a modo de manía!), trastornos de glucemia (ausencia de desayuno, consumo de golosinas) y también nutrición no adecuada (por ejemplo carencia de Vit. B12 en niños que durante muchos años han sido consecuentes vegetarianas) siempre es recomendable una detallada anamnesis.


8.1.3POSIBILIDAD DE UNA AMPLIACION DE LA TERAPIA
En la actualidad el tratamiento de niños con afección epiléptica es preponderantemente objeto de terapia alopática-anticonvulsiva. La misma en la dosificación empleada con frecuencia muestra efectos colaterales tóxicos (transminasener-höhung – elevación de transminasen, trombopenia en grado moderado y toros). Este MENOSCABO DE LA ORGANIZACIÓN DE VIDA INFANTIL puede constituir una motivación suficiente para buscar un tratamiento COMPLEMENTARIO, orientado en menor medida al cerebro como por ejemplo al hígado, riñón, intestino y médula ósea, vale decir a los grandes órganos de vitalización y desintoxicación. Un tratamiento ACTH, por ejemplo puede tener un efecto pronunciadamente destructivo, los informes más recientes con respecto a los posibles afecciones irreversibles de perjuicio sobre el campo visual del niño a causa de Vigabatrin (que en principio había sido calificado como relativamente pobre en efectos colaterales) muestran que lo efectos delimitadores de los medicamentos anticonceptivos sobre el desarrollo físico difícilmente pueden ser captados y previstos en el caso individual (por ejemplo la toxicidad del ácido Valproina). Tanto más importante se torna el compromiso terapéutico en este campo.
Los anticonvulsivos alopáticos pueden tener un efecto de liberación ANÍMICA, liberando grandes potenciales evolutivos del niño que habían estado reprimidos a través del enredo en el acontecer de los ataques, hallándose frenados, con el peligro de agotarse. Este hecho lo remarcamos aquí especialmente. Por otra parte, como consecuencia del tratamiento anticonvulsivo pueden producirse trastornos emocionales de índole depresiva o agresiva, o bien agitada, pudiendo constatarse un enajenamiento, una actitud pasiva del acontecer anímico (“este ya no es mi niño”, “esto  ya no soy yo  mismo”). Las POSIBILIDADES ESPIRITUALES DEL DESARROLLO, en parte pueden ser perjudicados irreversiblemente (por ejemplo el desarrollo de la inteligencia ene le caso de la terapia con Fenobarbital, durante un tiempo extenso en la primera infancia). Esto obliga a evaluar la terapia un y otra vez, bajo el criterio planteado en el capitulo 8.1.1 sin orientarse unilateralmente hacia el ideal de la liberación de ataques, que de ningún modo tiene que concordar con el éxito del tratamiento a largo plazo.


Por el lado de la homeopatía, diversos autores, desde Sauffer (1998, p.766-774), a través de Imhäuser (2000), hasta R.Morrison (1999, p.847-863),  han remarcado qe el tratamiento con medicamentos potenciado es muy difícil  y extenso y relativamente muy a menudo no es positivo, frente a ello sin embargo se encuentran casos aislados con resultados terapéuticos impresionantes y duraderos (por ejemplo las casuísticas de H.Imhäuser (2000). Medicamentos homeopáticos por unidad – asi como también lo confirman los autores – que con exactitud representan el simil del caso patológico, a menudo provocan un agravamiento previo en los niños afectados por epilepsia. Este hecho necesariamente tiene que ser tomado en cuenta con respecto del esclarecimiento de los padres, el momento de la realización del tratamiento y la conducción del paciente.

CASUISTICA
Un varón de diez años, cabello oscuro, cabeza grande, introvertido, con desarrollo acorde a su edad, llega a la primera consulta, después de tres ataques convulsivos, generalizados, en la fase del despertar. El esfuerzo requerido al cursar el cuarto grado, provoca una clara tensión en el alumno capaz y algo ambicioso. Se observa un cierto desasosiego, una determinada reserva. Se trata del hijo mayor, hay otro hijo y una hermana mucho menor. En el EEG no existe patología, anamnesis familiar vacía – belladona (D15), indicada primariamente en el caso de la epilepsia acontecida al despertar, no surte efecto, nuevos ataques convulsivos tónicos-calóricos, fuertes, se producen distanciados entre sí, de 2 a 4 semanas, con inconsciencias, con incontinencias inmediatamente al cabo del (temprano) despertar. Los padres aun no pueden decidirse al suministro del ácido valproina, también por parte medica parece justificable un intento de estimular al organismo a una auto regulación, dado que el acontecer del ataque está limitado a una situación manejable, siendo que aun no existe una amenaza directa para el desarrollo del niño. Entonces se receta Causticum D200. Al cabo del primer suministro (al anochecer) de 3 glóbulos, durante la noche se producen tres grandes ataques, en el intervalo de una a dos horas. Cuidadosamente se evita cualquier otra intervención, el niño permanece en casa durante tres días. Durante un año no se producen ataques. En ocasión de una situación de gran sobre exigencia se produce nuevamente un ataque por la mañana. Se repitió Causticum, ahora sin efecto agravante. Desde entonces (post-observación 3 años y medio) no hubo ataque.
Desde el lado antroposófico, R. Madeleyn (1990) ha presentado la exposición más detallada de las posibilidades y de los límites de un tratamiento complementario o también alternativo del tratamiento de la epilepsia infantil, con medicamentos antroposóficos y homeopáticos. Este trabajo que hace referencia a todas las formas importantes de la epilepsia en la edad infantil, que evalúa los resultados terapéuticos clínicos-propios en 125 niños que presenta el emprendimiento del diagnostico antroposófico de la epilepsia y  su terapia, conteniendo exposiciones de casos, hasta ahora no ha tenido igual en este campo. En el diagnostico de los niños (y en la cualificación neuro pediátrica del autor) cumple también las fundamentales exigencias que deben establecerse con respecto comparativo a los asi llamados parámetros de la medicina tradicional (hecho que no está dado en la literatura de mayor antigüedad). Aquí tan solo podemos remitir a esa exposición.


Para el AUTOCONTROL EN EL CASO DE  EPILEPSIA, que en la edad juvenil se torna  cada vez más importante (sobre todo en oportunidad de los ataques con aura procedente) que de manera especialmente importante muestra la posibilidad e una CURA mediante la ACTIVACION DEL YO EN LO ANIMICO, existe literatura científica en medida cada vez mayor. En este lugar es importante señalar que los medicamentos de la orientación terapéutica homeopática y antroposófica primariamente no contienen un mecanismo de efecto supresivo sino que actúan en cambio de modo estimulante y armonizador sobre la actividad propia, corporal, anímica y espiritual: estos medicamentos no actúan directamente como sustancias de acción, sino indirectamente, sino a través de la RESPUESTA, QUE PROVOCAN EN EL ORGANISMO.


A continuación se presentarán algunos aspectos generales de orientación para la terapia, una vista global acerca de los medicamentos empleados y luego dentro de una membración referida a la edad con las posibilidades de una terapia para la epilepsia infantil. Lo fundamental es la experiencia práctica de los autores en el tratamiento independiente o complementario de la epilepsia, con medicamentos antroposóficos y homeopáticos. Estas exposiciones pueden ser tan solo un incentivo para la actividad propia, las condiciones indispensables de una terapia consciente de la responsabilidad, es el conocimiento, el dominio de la Materia-médica, conocimiento y experiencia en el campo de la epilepsia y el entrar en confianza con el paciente.

8.1.4 ASPECTOS DE ORIENTACIÓN CON RESPECTO A LA TERAPIA


En primer lugar debería ser aclarado el PORPÓSITO TERAPEUTICO del paciente, o bien de los padres (Morrison 1999 p.847-850) ¿desean tan solo un tratamiento de acompañamiento de una terapia anticonvulsiva ya existente, por ejemplo a causa de efectos colaterales temidos, o ya existentes, o el acontecer del ataque está ocupando un punto central? De todos modos es importante tomar un conocimiento exacto acerca del diagnostico  y de la META TERAPUTICA. Esto resulta ser significativo pro el hecho de poder tomar asimismo, la suficiente distancia terapéutica que permite la inclusión del paciente  y su familia en el trabajo terapéutico. En lo pediátrico se trata de CAPTAR AL NIÑO MISMO EN SU INDIVIDUALIDAD. Esto tal vez será asimismo la expectativa más profunda de los padres.
Una TERAPIA ANTOCONVULSIVA PRE-EXISTENTE en lo posible NO DEBERÍA SER MODIFICADA inicialmente, en tanto esto sea justificable con respecto a posibles efectos colaterales, siendo que la terapia es racional bajo los parámetros usuales. El contacto con el neuro pediatra, participe en el tratamiento previo o acompañante del tratamiento a iniciar, sin lugar a dudas debe ser conservado  y debe ser abierto y pleno de confianza. En el caso del pacientes con tratamiento previo – hoy son la mayoría – es necesario evaluar con anterioridad las posibilidades del efecto reciproco de un tratamiento complementario. En el caso de un tratamiento ACTH por ejemplo, las mismas son mucho más limitadas que en el caso de un tratamiento con fenobarbital o acido de Valproina. Pero casi siempre es posible a pesar de una medicación alopática previa, vivenciar un efecto positivo en ocasión de un empleo correcto con medicamentos complementarios, val decir al disminución de la frecuencia, la gravedad y  la duración de los ataques y de los resultados relacionados con los mismos. RECIÉN CUANDO SE HA PRODUCIDO LA MISMA, CON SUMO CUIDADO PEUDE INTRODUCIRSE UNA REDUCCION DE LA TERAPIA ANTICONVULSIVA.


En el caso de los PACIENTES QUE NO HAN TENIDO UN TRATAMIENTO PREVIO, el médico asume una responsabilidad especialmente elevada. De todos modos tiene que ampara al niño de las consecuencias de apreciaciones fuera de lugar dogmaticas-irreales, y no debe permitir que lo conviertan en su herramienta. El posible peligro que corre el paciente es un hecho, pero debe ser presentado de manera realista y no marcado por el temor. Al existir un fundamento de confianza, por otra parte en estos casos se tornan posibles cursos terapéuticos especialmente impresionantes. De todos modos tiene que existir la posibilidad en el caso de un fracaso, de plantear nuevamente la cuestión del camino del tratamiento a emprender.


El tratamiento de la epilepsia siempre es una misión a largo plazo, los éxitos a corto plazo son engañosos. Como por ejemplo en el caso del asma bronquial ha sido el valor, establecer un marco TEMPORARIO (que aquí se extiende siempre a lo largo de años) y debatirlo con claridad. Ataques convulsivos provocan profundas angustias, como en el caso de todas las enfermedades en forma de ataque, es un dispensable el poder comunicarse de manera inmediata con el médico para la edificación de la necesaria CONFIANZA.


Las reglas generales del comportamiento, en especial empero, la constitución de un RITMO DE VIDA ESTABLE (vigilancia, sueño, comidas, etc.) representan necesarias condiciones de marco del tratamiento son de publico conocimiento (que empero a menudo son participadas a los pacientes de manera desapasionadamente o de un modo que genera temor). Pero también en ese terreno es necesario LA CREACION DE CONFIANZSA EN EL PROPIO COMPO DE ACCION: debería ser debatido de manera precisa lo que le es permitido al niño, que reglar debe cumplir y donde en el caso de riesgos menores, se le puede adjudicar un libre espacio. Hoy se conocen debidamente LOS PERJUICIOS SECUNDARIOS CONSECUENTES DEL COMPORTAMEINTO PROTECTIVO, a partir de la exposición presentada inicialmente (8.1.1) queda en evidencia aun mayor, QUE LA PATOGÉNESIS PUEDE EXPERIMENTAR UN AGRAVAMIENTO A TRAVÉS DE UN DEBILITAMIENTO DEL YO Y SU INICIATIVA POR UN COMPORTAMIENTO FIJADO EN EL TEMOR, SOBRE TODO POR PARTE DE LOS PADRES. Bajo el aspecto de la curación, el niño o bien o joven, tiene que conocer su espacio libre y tiene que poder aprovecharlo.


Recién la CONQUISTA DE UNA NUEVA POSTURA que toma conciencia de temores propios, tensiones irresueltas y expectativas traídas consigo irreflexivamente, que al niño y a si mismo activamente abre nuevos caminos hace posible la centralización, no la supresión del ataque, sino la explotación, el cultivo del  potencial que allí llega a la manifestación.
El TRATAMIENTO AMPLIADO ENTROPOSOFICA Y HOMEOPATICAMENTE, se orienta preponderantemente en cuatro aspectos:

  • Sintomática, incluyendo la clasificación neuro pediátrica de los ataques
  • La edad y la situación constitucional respectiva del niño
  • Las causas disparadoras de la convulsión, o bien las circunstancias acompañantes
  • La indicación de trastornos acompañantes, funcionales-orgánicos, no solamente del cerebro, sino también de otros órganos (sobre todo hígado y riñón)

Con respecto a al DIETÉTICA, remitimos a los expuesto con referencia a la MIGRAÑA (capítulo 7.10), tomando en cuenta la multiplicidad de los procesos de la enfermedad, difícilmente se tornan posible afirmaciones generalizadas.
30.4.2013