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EL “YO”
Peter Selg
2.2.4.1. ESPIRITU ANIMAL Y HUMANO
En una conferencia dada el 10.11.1910 en la Casa del Arquitecto en Berlín, Rudolf Steiner describió un posible camino de comprensión o de cognición hacia aquel cuarto miembro del ser humano señalado por él, como “yo”, como efectiva, activa entidad espiritual, separada de los miembros del ser del hombre. La representación dada en la conferencia buscó establecer una diferenciación de la constitución animal (“astral”) y humana (“yo”) y puede ser entendida como explicación antroposófica de aquellas ideas de Goethe, que, en su última carta a Humboldt (17.3.1832) vale decir, cinco días antes de la muerte de Goethe, fueron formuladas aforísticamente: “LOS ANIMALES RECIBEN LA ENSEÑANZA A TRAVES DE SUS ÓRGANOS, DECÍAN LOS ANTEPASADOS; YO AGREGO: CON LOS HOMBRES ACONTECE LOS MISMO, TIENEN EMPERO LA VENTAJA DEL PODER A SU VEZ ADOCTRINAR NUVAMENTE A SUS ÓRGANOS”.
Retornando a la propia designación del “cuerpo astral”, a modo de principio creador, “el edificador propio del cuerpo etérico y del “cuerpo físico”, en la conferencia de Berlín, Steiner describió al “cuerpo astral” en su actividad “interior” y “exterior” en la constitución del animal - en el cual – como dijo Steiner- “LA INTELIGENCIA MISMA AQUIERE EL ROL DE LA ACTIVIDAD, OBRANDO A PARTIR DE SU PROPIO INTERIOR”. Esta, “inteligencia” es, sabiduría “astral” – según Steiner, el cuerpo de la conciencia, según Steiner, se manifiesta en su actividad por el hecho, de la disposición de los órganos corporales, mediante cuyo accionar se lleva a cabo algo, que el hombre puede realizar únicamente a través de su inteligencia. En la conferencia decía además: “Y, por así decirlo, vemos distribuido entre los diferentes animales, este accionar espiritual interior, lo observamos en las destrezas, la habilidades de las diversas especies. Un tipo de animal denomina esto, otro tipo denomina aquello, lo cual consideremos como diversidad del cuerpo astral en diferentes especies animales”. Mediante el “cuerpo astral” del animal, o bien, de la ESPECIE animal, (que como Steiner escribió en 1914, debe ser considerada como principio individual dentro del reino animal) se realiza “la actividad individual del espíritu en el organismo animal. El acción creativo del “cuerpo astral”, es “accionar espiritual interior y se manifiesta en formaciones orgánicas específicas, que se convierten en modos vivenciales y comportamientos específicos de la especie: “Y cuando vemos que en un ser animal, se edifican los órganos sensoriales, las funciones del alma animal, a partir de una organización interior, entonces decimos: mientras que en el mineral, el espíritu se agota en configuración de la forma, en el animal se encuentra interiormente vivo. “ESTE ESTAR INTERIORMENTE VIVO, ESA EXISTENCIA DEL ESPIRITU DENTRO DE LA ORGANIZACIÓN ANIMAL MISMA, LA SEÑALAMOS COMO UNA ACTIVIDAD DEL CUERPO ASTRAL”.
El accionar espiritual “interior” configurador, el principio “astral” creador, al respecto es vivenciado dentro de ciertos límites, dentro de la organización animal, es acompañado con conciencia- el animal es un ser “animado”: “dentro de esta configuración (plasmadora de órganos), reconocemos la actividad espiritual, “Y EN ESTE ACOMPAÑAMIENTO POR PARTE DEL ANIMAL, EN ESTA CONFIGURACIÓN, RECONOCEMOS LA VIDA ANÍMICA DEL ANIMAL”. Le adjudicamos alma a un ser, que no solamente le da cabida al espíritu, que por demás vivencia dentro de si el espíritu y, a partir de este espíritu, se torna creador dentro de sí mismo”. El animal acompaña el accionar interior del espíritu a través del estado anímico atento, vivencia la actividad creadora, plasmadora, mediante un modo que le es propio, conceptualmente difícilmente de entender.
Esto empero a su vez significa: sobre un plano vivencial anímico, lo espiritual cobra conciencia de sí mismo y por ello, en principio se torna “consciente”: “Este accionar interior del espíritu dentro del organismo, este vivenciarse del espíritu en su actividad, es aquello, que señalamos como vivencia anímica.
“Vemos empero, que el crear; el producir espiritual, vale decir, aquel que hallamos arraigado en el cuerpo astral, se agota en la formación de los órganos, en aquello, que los animales de manera directa traen al mundo. Se ha agotado en aquello que el animal trae al mundo. El animal trae consigo lo que puede hacer y lo que le permite vivenciar la existencia. Mínimamente puede ir más allá de ello. Con ello evidencia al mismo tiempo, que el espíritu se agota en la formación de los órganos del animal, que se ha vertido”. “Al haber edificado el espíritu una cierta suma de órganos, el animal tiene que llevar a la representación a este espíritu, tal como ha actuado en los órganos, tal como se manifiesta en los órganos; no tiene posibilidad alguna de ir más allá de la medida de ese espíritu que se manifiesta en los órganos”. “El animal “instruido” de sus órganos y de los principios espirituales activos en los mismos, su vida anímica se lleva a cabo dentro de una atadura orgánica, yace en la tendencia de sus órganos, en el apetecer de sus órganos, sobre todo, en la actividad de estos órganos, orientado hacia la vida interior”.
“Un animal que digiere, vale decir, que está vivenciando dentro de sí la actividad interior del espíritu, siente allí su bienestar especial. Se trata de la vivencia anímica de la corporeidad interior, en la cual el espíritu está actuando de manera directa”. Steiner habló de un espíritu vivenciado interiormente –físicamente”, de una vivencia propia referida a lo orgánico y un “goce”, de una “INTERIORIDAD CORPORAL DEL ALMA ANIMAL”.
Para el An-thropos, aquel cuya mirada va más allá y se eleva a altura mayor de la realidad corporal propia , según Steiner, cobra validez, que en él lo anímico se emancipa del acontecer orgánico – interior, o bien de aquello que es un espíritu vivenciado interior – corporalmente. Contra la “interioridad corporal” del alma animal, Steiner ubicó la “exterioridad corporal” y la “interioridad espiritual” del alma humana y dijo: “El hecho de que puede deleitarse en las cosas del mundo exterior, que puede abrirse paso hacia aquello que se manifiesta exteriormente, que a modo de espíritu habla al alma, esto el hombre se lo debe de hecho a la circunstancia de que su alma se ha emancipado de la corporeidad, que se ha separado de la vivencia interior del espíritu - y la seguridad de vivenciar al espíritu por su propia cuenta, lo ha tenido que pagar por el alto precio de una inseguridad y torpeza y hasta imperfección que a los instintos se refiere”. El “desprendimiento” anímico del hombre de sus órganos, significa la pérdida de aquella “seguridad de los instintos”, que le es propia a todo animal de manera individual a la especie. Se logra en cambio, la facultad de “vivenciar al espíritu por cuenta propia”, directamente espiritual y transcendental en lo corporal: “El hombre está capacitado a recepcionar, sin que el mismo tenga que verterse primeramente a través de los órganos, a través de la corporeidad, mientras que el animal depende de la manera en la cual el espíritu se vierte en los órganos. El animal vivencia dentro de sí el espíritu, de la manera en la cual se vierte en los órganos. EL HOMBRE, DESPRENDE SUS ÓRGANOS DE LO ANÍMICO Y VIVENCIA DE MANERA DIRECTA, Y EL FLUIR DEL ESPÍRITU AL ALMA”. La recepción inmediata – directa de contenidos puramente individuales, posibilita al hombre dentro de un horizonte antropológico, un aprendizaje junto aquello “que llega a su encuentro en la vida, aquello que a él llega desde afuera, lo que se le presenta directamente a modo de espíritu”. De esta manera, el hombre adquiere la facultad de trabajar, de seguir trabajando con sus órganos con independencia, desarrollarlos volitivamente, y, hasta “instruirlos” (Goethe, 17.3.1832).
En la citada conferencia del 10.11.1910, en Berlín, Steiner dilucidó la referencia diferencial hacia el cuerpo del alma humana y el alma animal, también en el sentido patofisiológico; señaló, que la vivencia anímica, en el animal tan íntimamente sujeta a la corporeidad, se puede introducir también con una profundidad mucho mayor (de hecho, lo tiene que hacer) como es en el caso del hombre, y dilucidó este hecho constitucional a partir de las percepciones diferentes del dolor, o bien, el modo vivencial dispar del hombre y del animal. Al respecto dijo entre otros: “Por el hecho de que la vida anímica del hombre de manera tal se emancipa de la vivencia interior corporal, el dolor en el hombre frente del animal superior - dolor provocado por todas las meras circunstancias corporales - no es tan atormentador, que carcome al alma, como acontece en el animal. Este hecho lo podemos observar todavía en los niños, en los cuales el dolor físico aún es mucho mayor en lo anímico como en los años posteriores, por el hecho de que el hombre, en medida en la cual se independiza de la organización física, encuentra los miedos contra el dolor corporal en las cualidades de su alma, que tiene que partir directamente de su alma.
El hombre, quien de cierto modo se independiza de su organización corporal, que se “eleva” por encima de sí misma, según Steiner, le debe su ser así, a una entidad “supra - corporal”, espiritualmente activa, que a diferencia de la organización animal, le es inmanente. El principio espiritual que dentro de él cobra acción, al respecto, parcialmente avanza también hacia su vida consciente - en las por Steiner así llamadas “cualidades de su alma, que preceden directamente del alma”, extrae, “con referencia a lo más profundo de su ser, de su interioridad misma” su “yo”. Se trata – según Steiner – del “yo viviente, que se encuentra en el alma”, que se ubica activamente en el hombre “entre el espíritu y la organización corporal, estableciendo la medición entre ambos. El “yo”, entiendo en el sentido de Steiner como unidad activa, es una “entidad energética”, que sobresale evolutivamente en lo histórico – humano y lo biológico, que brinda apertura a la mencionada evolución en la dimensión antropológica, que a partir de su existencia liberada de la organización física, posibilita al hombre, poder elevarse por encima del animal constitucionalmente (en lo físico, lo anímico y lo espiritual).
Según Steiner, el “yo” humano actúa “en el alma”, y de hecho es “el más íntimo centro del alma”, el “centro mismo del alma”. Manifiesta al “espíritu propiamente dicho del hombre, el más profundo núcleo del ser, lo inmortal de la naturaleza humana”. Este cuarto miembro del ser, “vive” dentro de los otros tres miembros del ser y concentra de un modo supra sensorial, las envolturas consistentes de cuerpo “físico”, “etérico” y “astral”, pero no, a manera de cáscara de cebolla que rodean, sino que actúan regularmente los unos entre los otros, compenetrándose vigorosamente, “configurándose”.
Antes de que al final de esta descripción nuevamente nos referiremos nuevamente a la entidad propiamente dicha del “yo”, y su arraigo en la actividad en el mundo, a continuación nos referiremos preponderantemente a las implicaciones de este “yo” sobre la vida consciente del hombre, esbozadas por Steiner.
2.2.4.2. LAS CONDICIONES PREVIAS DE LA CONCIENCIA DEL YO HUMANA
“En el caso de que el cuerpo astral quedara abandonado a sí mismo, dentro de él se ejecutarían los sentimientos del deleite y del dolor, del hambre y de la sed; lo que empero entonces no se produciría es la sensación: existe algo DURADERO en todo esto. No lo duradero en sí, aquí se está señalando como “yo”, sino aquello que vivencia esto duradero. Con el tomar en cuenta de lo duradero, perenne, en el curso de las vivencias interiores, comienza a darse cuenta del “sentimiento del yo”. No por el hecho de que un ser sienta hambre, pueda otorgarle el sentimiento del yo. El hambre se presenta, cuando en el ser en cuestión se produce nuevamente la motivación respectiva. El sentimiento del yo recién aparece, cuando no solamente estas renovadas motivaciones impulsan hacia el alimento, sino, cuando en una previa sociedad se ha generado un goce y ha permanecido la conciencia de este deleite, de modo tal, lo impuesto hacia la obtención del alimento no se basa únicamente en la vivencia ACTUAL del hambre, sino en el goce del PASADO. Del mismo modo, como el cuerpo físico se descompone, a no ser que el cuerpo etérico lo mantiene unido, como el cuerpo etérico se une la inconciencia, a no ser que el cuerpo astral lo transilumine, el cuerpo astral tendría que permitir que lo pasado constantemente se hunda en el OLVIDO, a no ser que lo mismo, por el “yo” fuera puesto a salvo, al ser llevado al presente. Lo que para el cuerpo físico es la muerte, para el cuerpo etérico es el estar dormido, es el OLVIDO para el cuerpo astral. Podemos decir asimismo: “al cuerpo etérico, le es propia la VIDA, al cuerpo astral, la CONCIENCIA, y al yo, la MEMORIA”. Al posibilitar el “yo” la memoria, se fundamenta en él, una continuidad que se configura en la biografía o en historia individual de vida, sumando múltiples vivencias particulares – esta continuidad vivencial conscientemente, es empero la necesaria condición previa para la génesis del “sentimiento del yo”, o bien, “conciencia propia” En una conferencia pública, dada en Berlín el 27.10.1910, Rudolf Steiner amplió al contexto así señalado, entre la capacidad de la memoria y la conciencia propia o “sentido del yo” (de manera aparentemente anónima también se habló de un “concepto del yo” o de un “concepto del propio yo”). Al respecto trató brindar una exposición acerca de contextos evolutivos- fisiológicos relevantes en la temprana infancia y dijo entre otros: “En la vida normal de la actualidad, el hombre recuerda lo acontecido hasta un cierto punto de su infancia, luego desaparece la memoria. A pesar de tener la certeza de que con anterioridad ya se hallaba allí, no puede recordarlo. Sabe, que se trata de su mismo yo espiritual – anímico, que le ha edificado la vida, pero le falta la posibilidad de ir más allá y cruzar ese escalón. A partir de la observación del alma infantil, podremos obtener el resultado, de que LA MEMORIA RETORNA EXACTAMENTE HASTA EL MOMENTO EN EL CUAL EN EL SER HUMANO EN CUESTÍON, SE GENERA EL CONCEPTO DEL YO, EL CONCEPTO DEL YO PROPIO. Esto es una hecho de extraordinaria importancia. Con el “inicio” de la consciente “concepción del yo” del niño, según Steiner, comienza asimismo, “el recuerdo retrospectivo”. ¿De dónde proviene este hecho particular? Proviene de la realidad, de que para la memoria es necesario algo más que el haber tomado contacto, o contacto en sí, con un objeto. Por más que tomemos contacto con un objeto, no por ello esto promoverá un recuerdo. La memoria se basa sobre un determinado proceso anímico, un proceso de vida interior, espiritual-anímico, totalmente determinado. El movimiento recordatorio del hombre tiene como punto de partida obligatorio, el concepto a formarse junto a la vivencia – “la vivencia exterior puede presentarse tantísimas veces: sino lleva la impresión del sello de la concepción, no puede ser incorporado a la memoria”. La “noción” el “concepto”, como “impresión de un sello interior”. De lo vivenciado es “una vivencia sensorial orientada hacia el interior”. La capacidad recordatoria se basa sobre la conservación de este “giro al interior”, vale decir, sobre su encuentro con el “yo” activo: “Aquello, que en nuestra vida sensorial es vivenciado hacia el interior, es incorporado a nuestro yo, en ocasión de cada impresión sensorial exterior, en todo aquello que podemos recepcionar en el mundo exterior. Puede haber una percepción sensorial, que no se incorpora al yo. PARA EL MUNDO EXTERIOR ES IMPOSIBLE QUE UN CONCEPTO QUEDE GUARDADO EN LA MEMORIA, CUANDO NO HA SIDO RECEPCIONADO HACIA EL INTERIOR, EL AMBITO DEL YO. Es así, que en cada concepto que nos formamos a partir de una vivencia sensorial y que puede quedar guardada en la memoria, el yo se encuentra en el punto de partida. Un concepto que desde afuera llega a nuestra vida anímica, no puede ser separada del yo”. Mediante la “recepción en el ámbito del yo”, el concepto formado puede constituirse en un “concepto de la memoria”, recordable, disponible para una nueva representación de lo vivenciado.
Los procesos mencionados se desarrollan dentro de una dinámica anímica – espiritual, cuyas relaciones del accionar, en el sentido riguroso no pueden ser llevados a la presentación aislada, ni consecuentemente cronologizada. Es así, que el concepto tampoco se forma junto a la vivencia sensorial, para ser recepcionada “a continuación” en la esfera de la actividad del “yo” – por el contrario, el “yo” – humano (como íntimo centro del alma), ya participa en cierto modo, del proceso de la formación del concepto: “podemos imaginar, que la vivencia del yo representa algo así como una superficie esférica interior, vista desde afuera, que luego se acercan las vivencias sensoriales y que el reflejarse de las vivencias en el interior, resulta ser el concepto. Así, “DE HECHO LA VIVENCIA DEL YO, EN TODO AQUELLO QUE PUEDE SER INCORPORADO A LA MEMORIA, ES COMO UN ESPEJO, QUE HACIA EL INTERIOR NOS IRRADIA LAS VIVIENCIAS”. Cuando Steiner a modo de introducción había declarado, que la capacidad humana de la memoria (y, relacionada con ello, también la memoria retrospectiva biográfica) se basa, “sobre un determinado proceso anímico”, sobre “un proceso de vida interior determinado, espiritual – anímico”, esto concretizó en las afirmaciones siguientes dadas en la conferencia, en el sentido de que la capacidad recordatoria en lo fisiológico – evolutivo, presupone la “vivencia del yo”, desarrollada y cobrando actividad. El echar de ver del accionar del propio “yo”, la “vivencia del yo”, o, la “percepción del yo” es – con otras palabras – la manifestación en lo que a la constitución en su conjunto del niño se refiere, altura evolutiva que tiene que ser alcanzada. Recién allí, “donde la percepción del yo se ha producido, el yo se coloca frente a los conceptos a modo de un espejo” y se posibilita la tarea de la memoria.
El 4.11.1910, una semana después de la exposición pública en la casa del Arquitecto en Berlín, Steiner tematizó estos contextos frente a la reunión general de la Sociedad Teosófica. En esa oportunidad dijo: “Aproximadamente a esa distancia retrospectiva a la cual llega la memoria referida a los acontecimientos anteriores, se sitúa así mismo el momento en el cual el niño ha adquirido la facultad de desarrollar el concepto del yo, la conciencia del yo. Solamente aquellos conceptos que han sido recibidos de manera tal, que el yo ha intervenido activamente, que hubo una fuerza activa, siendo, que el yo pudo sentirse a modo de un yo consciente, sólo esos conceptos pueden ser recordados en la vida humana común, solamente estos pueden ser recordados. ¿Qué hace entonces ese yo, al cobrar vida, digamos, en el segundo o tercer año de vida del niño? Con anterioridad, ciertamente ha recibido las impresiones de manera inconsciente, sin estar presente. Luego, como conciencia del yo, comienza a desarrollarse realmente y con esta conciencia del yo, el niño comienza a vincular entre sí todos los conceptos y a situarse frente a sus conceptos, colocándolos detrás suyo. Ciertamente queda de manifiesto de modo palmario: con anterioridad, el yo se hallaba inserto ciertamente en toda su vida conceptual, luego sale y se ubica de manera tal, que de allí en más, de manera libre se encamina al futuro y – por así decirlo – se encuentra armado para asimilar todo aquello que se aproxima desde el futuro, colocando empero detrás suyo, los conceptos pasados”.
En la conferencia del 4.11.1910, Steiner intentó dilucidar los trasfondos “científicos – espirituales” del concepto del “yo” formado, mediante una ampliación de lo ya expuesto. Destacando la particularidad del “concepto del yo”, que según Steiner, diferencia la misma de todos los demás conceptos del hombre, dijo: “Tomemos en cuenta, que el concepto del yo, jamás nos puede ser dado desde afuera. Todos los demás conceptos que se refieren al mundo físico, nos son dados desde afuera. El concepto del yo, y ya la percepción del yo, jamás nos puede ser dado desde afuera. Esto recién lo comprendemos debidamente, cuando ahora imaginamos, que el niño, antes de poseer la concepción del yo, es incapaz del sentir a su propio cuerpo etérico; en el momento en el cual comienza a desarrollar la conciencia del yo, siente a su cuerpo etérico, y retro-refleja hacia el yo, la esencia de su propio cuerpo etérico. Entonces, posee al “espejo”. Mientras que todos los demás conceptos que se refieren al espacio fijo y a la vida en el espacio fijo son asimilados a través del cuerpo físico del hombre, vale decir a través de los órganos sensoriales, la conciencia del yo en sí se genera por el hecho de que el yo colma al cuerpo etérico y ciertamente se refleja en sus paredes interiores. ESTO, ES LA ESENCIAL DE LO CONCIENCIA DEL YO, DE QUE SE TRATA DEL CUERPO ETERICO QUE SE REFLEJA HACIA EL INTERIOR. El “cuerpo etérico” se refleja “hacia adentro”, el mismo se refleja en el cuerpo etérico por lo cual, el “yo” toma conciencia del “cuerpo etérico”; la conciencia, el conocimiento acerca del “cuerpo etérico”, le posibilita al “yo”, tener conciencia propia, forma la base del “concepto del yo”, es – por así decirlo –el yo, que llena al cuerpo etérico y que mediante el reflejo interior, toma conciencia de ese cuerpo etérico como tal.
2.2.4.3. LA CONCIENCIA DEL YO, Y OTRAS FORMAS DE CONCIENCIA DEL HOMBRE
“Una conciencia tal, como hoy la tenemos entre el nacimiento y la muerte, presupone, que: el yo actúe con los otros tres miembros del ser en forma conjunta, tal como es el caso en la actualidad, siendo el mayor entre los cuatro miembros de la entidad humana”. La “conciencia es el estar despierto” del hombre en su conciencia normal durante el día, ha sido señalado reiteradas veces por Rudolf Steiner, a modo de una “conciencia del yo” y con ello, como el grado de conciencia de la referencia al mundo, conceptual – recordatoria. El “yo” humano, como fuerza espiritual activa, participa casualmente en la formación y el resguardo de conceptos; más allá de ello, “centraliza” toda la actividad conceptual humana: “EN EL HOMBRE NORMAL, LO ESCENCIAL ES, QUE TODOS LOS CONCEPTOS PERSPECTIVAMENTE ESTÁN REFERIDOS COMO A UN PUNTO: EL YO, DE LA CONCIENCIA PROPIA. En el momento del quedar dormido, sentimos claramente, como el yo, ciertamente, en principio es dominado por los conceptos, a pesar de que oscurecen. Los conceptos se valen de su independencia, viven una vida propia, por así decir, van formando algunas nubes conceptuales dentro del horizonte de la conciencia y el yo se pierde juntos a los conceptos”.
Al respecto, la “conciencia del yo”, como “conciencia diurna” propiamente dicha, es la forma más desarrollada de la conciencia del hombre. Tal como Steiner lo ha dicho “súper - ilumina” y “súper- resuena” otros “tipos de conciencia” en el hombre despierto-sin eliminarlos empero por completo. Dilucidando este hecho el 7.3.1904 señaló en la Casa del Arquitecto en Berlín: “Durante nuestra vida diurna, común, nuestro yo, nuestra conciencia, constantemente se encuentra presente, cuando recibimos las impresiones del mundo exterior; no vivimos con el mundo exterior, sin que el yo-diurno controle las impresiones del mundo exterior. Es necesario, que el hombre desde adentro, de una determinada manera compenetre sus órganos perceptivos, los entremezcla, para que puedan producirse las percepciones sensoriales externas. No solamente es necesario que tengamos los ojos y oídos, sino que es necesario que vivifiquemos desde adentro de aquello que nos suministran los ojos y los oídos, que dese adentro a ello opongamos algo, que lo transforman en imágenes., en conceptos, lo que entonces promueve que cobre existencia para nosotros. En la vida común es nuestro yo, es nuestra clara y despierta conciencia diurna, que por sí misma, desde el mundo interior opone al mundo exterior aquello que necesitamos, para destacar las impresiones y convertirlas en expresiones de nuestra conciencia. Imaginemos tan sólo, borrada esa conciencia. Aunque el cuerpo astral aquello que percibe desde afuera siempre lo puede transformar en imágenes, sólo, que no es transformado en conceptos, sólo que no es integrado a ala clara y despierta conciencia diurna. De esta manera – y esa es una posibilidad – el cuerpo astral del hombre, transforma tales impresiones en imágenes que lo rodean, ya sea de una manera confusa, irregular o, de un modo regular, cuando el yo- por así decirlo- está presente en todo el proceso. Es un contacto de esta índole con el mundo exterior, está el cuerpo astral, el alma del hombre, que se encuentra en un estado sonámbulo, en una conexión similar ya está el alma de quien está soñando”. Según Steiner, la “conciencia astral” en el hombre despierto es, “sobre – iluminado” y “sobre- resonado” por “la luz del yo”. No tan solo el fenómeno de la secuencia de las imágenes de los sueños están indicando la continuidad existencial, en profundidad, de la “conciencia astral”; las declaraciones de Steiner citadas en el capítulo 2.2.3.5, con respecto al origen de la percepción del dolor, nos muestran, que un “despertar” del “cuerpo astral” (semejante incentivación de la “conciencia astral”) desde el punto de vista “científico – espiritual” es posible también durante el día – que, dicho de otra manera, el estado constantemente late de la “conciencia astral”, puede ser actualizado mediante un cambio en la estructura de los cuatro miembros del ser. En un modo comparativo, esto cobra validez también, con respecto a los planos de la conciencia, o bien, tipos de conciencia, ubicados a una profundidad mayor: “No tenemos que suponer, por vivir durante el día en la conciencia del yo y en la conciencia astral, que no están presentes igualmente los otros tipos de conciencia. Sólo, que nada sabemos de ellas. No podemos descender a las regiones aquellas, que podemos señalar como la conciencia de nuestro cuerpo etérico y nuestro cuerpo físico. Aunque también al estar durmiendo sin sueños tenemos una conciencia, pero, se trata de una conciencia a nivel tan bajo, que el hombre en la vida común no están en condiciones de saber algo de esta conciencia. Esto empero no es un motivo, para que no hagamos nada durante esa conciencia. Esa conciencia la posee por ejemplo normalmente la planta, solamente consiste de cuerpo físico y cuerpo etérico.
La planta vive constantemente en un estado de conciencia del estar dormido sin sueños. Nuestra conciencia del cuerpo etérico y del cuerpo físico también existe en el estar despierto diurno; pero, no podemos descender hasta el lugar hasta donde se encuentra. Que esa conciencia empero puede actuar, queda en evidencia por ejemplo para nosotros, al llevar a cabo actos sonámbulos, de los cuales nada sabemos. Estos actos los realiza la conciencia al dormir, exenta de sueños. La conciencia común del yo y la conciencia astral no llegan a la profundidad, donde por ejemplo se realizan los actos del sonámbulo”.
La exposición dada por Steiner de diversos tipos de conciencia, jerárquicamente dispuestos, del hombre, debe ser vista en constante contexto con sus declaraciones acerca del variado y complejo Problema del “relejo”, de los aspectos dinámicos – recíprocos, de los cuatro miembros del ser. Tal, como se indica en el capítulo 2.2.3.6., en la conferencia de Berlín 24.11.1910, Steiner había señalado por vez primera, que la toma de conciencia de actividad anímica, presuponía un reflejo a través de los procesos físicos (“NUESTRSO PROCESOS FISICOS EN RELIDAD SON AQUELLO, QUE A MODO DE INHIBICIÓN SE CONFRONTA CON NUESTRA VIDA ANÍMICA Y ESTOS PROCESOS DE INHIBICÍON, AL MISMO TIEMPO, SON LOS PROCESOS DEL REFLEJO”). Aunque Steiner en los “procesos físicos” preponderantemente tenía en mente los fenómenos del “cuerpo físico” (“conciencia es el reflejo de las vivencias ATTRAVÉS, DEL CUERPO FÍSCIO”), también el “cuerpo etérico” explícitamente era señalado como el “aparato reflejo”. Según Steiner, el mismo, en el mencionado contexto, reflejaba la actividad interior del pensamiento – o bien – según Steiner – era aquello, que “dentro del solitario reflexionar, al cual en principio no subyacen impresiones externas, se refleja en nosotros”. Cuando bajo la denominación perifrástica “en nosotros” se entiende el ámbito humano del “yo”, entonces, el 24.11.1910, Steiner habló de vivencias – conscientes del “yo” obtenibles a través de una actividad específica del pensar y que se basan sobre una acción conjunta con una esfera vital del organismo. Por lo tanto el trasfondo fisiológico - evolutivo del “concepto del yo”, o bien, de la “conciencia del yo” – el reflejo del 2yo” en las “paredes interiores” del cuerpo etérico (tratando con anterioridad el 4.11.1910), sería idéntico con la dinámica procesual esbozada el 24.11.1910. al respecto, debe ser tomado en cuenta asimismo que el 4.11 Steiner ya había hablado del hecho, que el niño que está desarrollando el “concepto del yo”, comienza a “retro – reflejar” hacia el yo, “la esencia, el ser, del cuerpo etérico propio – siendo, que en el sentido de lo dicho en el capítulo 2.1.3., acerca del reflejo recíproco, allí ya ha sido señalado, que la realidad del “yo”, que refleja en el “cuerpo etérico” , colmándolo, aparentemente provoca cambios dentro del “cuerpo de las fuerzas plasmadoras”, junto a los cuales, el “yo” indirectamente puede percibirse (así mismo). (“Sé que, ESTOY HABLANDO A MODO DE IMAGEN, PERO, ASÍ Y TODO, ESTAS COSAS SIGNIFICAN UNA REALIDAD”
2.2.4.4. EL “YO” COMO ÓRGANO COGNITIVO DEL MUNDO EXTERIOR
En una conferencia dada en el marco del “Cuarto congreso de filosofía” (Bologna del 6 al 11.4.1911), Steiner señaló el 8.4.1911, que “la opinión de la conciencia común, que el yo debe ser considerado como entidad ubicada de manera absoluta dentro del cuerpo, deber ser tomada como NECESARIA de la vida anímica inmediata”. Ya en el año antes, el 28.3.1910, en Viena, Rudolf Steiner había afirmado, que el “yo” humano, también durante la conciencia diurna no se encuentra PLENAMENTE dentro del hombre (al respecto, ver lo dicho en el capítulo 2.2.64. con respecto al sueño humano). En Viena Steiner, denominó al “yo” humano, algo, que en cierto modo también se encuentra en la existencia en el entorno del hombre y dijo: “El yo humano concuerda sólo parcialmente con aquello que percibimos como físico”. Destacó, “QUE EL YO EN REALIDAD SIEMPRE, TAMBIÉN CON RESPECTO A SU ENTIDAD SUSTANCIAL, SE ENCUENTRA EN NUESTRO ENTORNO”.
En la conferencia dada en Bologna con el título “Los fundamentos psicológicos y la postura teórica – cognitiva de la teosofía”, Steiner dilucidó las implicaciones teóricas -cognitivas del estado de los asuntos “científicos – espirituales, por él tratadas. Allí decía entre otros. “EL YO – CON TODO EL NUCLEO DEL SER HUMANO – PUEDER SER CONSIDERADO COMO ENTIDAD, QUE VIVENCIA SUS RELACIONES CON EL MUNDO OBJETIVO DENTRO DE ESTE MISMO, Y QUE RECIBE SUS VIVENCIAS A MODO DE IMÁGENES ESPEJO DE LA VIDA CONCEPTUAL DESDE EL ORGANISMO FÍSICO. EL ALOJAMIENTO DEL NUCLEO DEL SER HUMANO DE LA ORGANIZACIÓN FÍSCA, NATURALMENTE NO DEBE SER PENSADA ESPACIALMENTE, SINO DEBE SER TOMADO A MODO DE UN DESPRENDIMIENTO RELATIVAMENTE DINÁMICO. EN EL ESTADO DESPIERTO, EL NUCLEO DEL SER DEL HOMBRE ESTÁ INSERTO EN LA ORGANIZACIÓN FÍSICA, DE MODO TAL, QUE MEDIANTE SU RELACIÓN HACIA LA MISMA, REFLEJA EN ELLA; AL ESTAR DURIMIENDO, EL REFLEJO SE INTERRUMPE”.
Las explicaciones dadas por Steiner en Viena y en Bologna acerca del que “yo” humano, que siempre “se encuentra existente” en el entorno del hombre, también con respecto a su entidad sustancial, amplían, y complican la comprensión del cuarto miembro de la entidad human. El “yo” humano, a modo de principio de reconocimiento dentro del así llamado “mundo exterior”, como fuerza espiritual unifica la corporeidad humana alejada, con la totalidad de la creación. La “apertura hacia el mundo” del hombre, se fundamenta esencialmente en una “inmanencia universal” de su “yo” “que le permite realizar objetivamente, vivencias espirituales fuera de su propio cuerpo (comparemos lo dicho en el capítulo 1.2.3.: las “ideas”, o fuerzas configuradoras de las cosas, que, conjuntamente con la manifestación sensorial posibilitan el conocimiento de la realidad, son “vivencias” por el “yo” anímico- espiritualmente dentro del “mundo exterior objetivo”, por lo cual, el hombre nuevamente se convierte en la parte del mundo global). Estas vivencias, el hombre las puede acompañar con la conciencia aquella, que se torna posible a través de la relación dinámica del “yo” y la “organización corporal – física”. (“el yo – con todo el núcleo o esencial humano – puede ser considerado a modo de una entidad, que dentro de la misma vivencia hacia al mundo objetivo, obteniendo sus vivencias como imágenes- espejo de la vida conceptual procedente de la organización física”)
En Bologna Steiner así mismo habló de un “yo” que se desarrolla en el “cuerpo conciente”, que llega a la manifestación a través de la “relación del núcleo del ser”, ejercida sobre la organización física”. Con ello, por vez primera ejerce una diferenciación explícita entre el “yo esencial” y su “manifestación anímica”, tal como se genera una relación dinámica hacia la corporeidad humana. ( De interés es además, que Steiner en otros contextos y sin mayor explicación , habló del cuarto miembro de la entidad human, como de “PORTADOR” DEL “YO” ( así, por ejemplo, en la conferencia dada el 10.1.1907, revisada por Steiner mismo y luego entregada a la impresión “La educación del niño vista desde la ciencia Espiritual”, donde además, por vez primera se utilizó el concepto de “CUERPO DEL YO”, como denominación del cuarto miembro del ser).
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