Volver


“El accionar fisiológico de los cuatro miembros del ser: cuerpo físico, cuerpo                   
  etérico, cuerpo astral y yo, a modo de niveles funcionales fisiológicos”.
  Peter Selz
  Traducción de Ana María Rauh

4.2.2 “EL CUERPO ETÉRICO”
4.2.2.1 “EL CUERPO ETÉRICO” Y LAS FUERZAS CÓSMICAS CIRCUNDANTES.

El 11.7.1923, Rudolf Steiner dijo en una conferencia: “Aquel, que hubiese comprendido todo aquello que puede ser comprendido a partir de la ciencia física para obtener  una concepción acerca del modo de acción del cuerpo físico, podría ser absolutamente ignorante acerca del cuerpo etérico,  dado que al estar mirando al hombre, es imposible hallar las leyes del cuerpo etérico, en la proximidad de la tierra”. No podemos buscar las leyes del cuerpo etérico en la cercanía de la tierra misma. Dado que cuando dejamos caer una piedra en forma vertical, decimos: allí está en acción la fuerza de gravedad de la tierra, la piedra se mueve en dirección al centro de la tierra. Del mismo modo como buscamos la causa de la caída de la piedra en la proximidad de la tierra, o dentro de la tierra, del mismo modo como allí procedemos correctamente, procedemos equivocadamente, al indagar las causas del acontecer en el cuerpo etérico, en el caso de seguir permaneciendo en la proximidad de la tierra. Aquello que actúa en nuestro cuerpo etérico, no lo tenemos que buscar sobre la tierra, sino en las lejanías del universo, ciertamente en la superficie de un globo a una indefinida distancia. Allí, las fuerzas actúan provenientes de todos lados. Del mismo modo, como del centro de la tierra, cobran acción las fuerzas físicas, así de todos lados entra el accionar de las fuerzas, condicionando nuestro cuerpo etérico. Vale decir, de todos los lados de la periferia del universo, entran en acción las leyes, al formarse el cuerpo etérico humano. Según Steiner, el reconocimiento de lo viviente obliga elevar la mirada, desde lo terrenal, hacia lo “extra-terrenal”, en lo vivo, actúa la energía de lo “extra-terrenal-etérico”. El cuerpo etérico del hombre, su organización vital, según Steiner, está “condicionado o formado” por las fuerzas “circundantes” cósmicas. (Las fuerzas que insertan al mundo el cuerpo etérico, proceden del medio circundante del mundo). Del mismo modo como el “cuerpo físico” se encuentra supeditado a las fuerzas procedentes del centro de la tierra, así “el cuerpo etérico” se encuentra supeditado a aquellas fuerzas que desde todas partes entran por la periferia, accionando en contra del centro relativo de la tierra. De la “periferia del universo” - vale decir, de todos los lados de la circunferencia del mundo, de los límites universales: en el cuerpo etérico, está contenido a su vez, toda la bóveda celeste, el firmamento todo. No podemos contemplar al cuerpo etérico separado de este cuerpo físico, sin que el cuerpo etérico nos enseñe por doquier al mundo estelar, los planetas y las estrellas fijas. Y en el curso antroposófico de la escuela superior, Steiner dijo en 1922, frente a los estudiantes en La Haya: “Solamente podemos estudiar el cuerpo etérico, al considerarlo formado a partir del cosmos en su conjunto, al comprenderlo de manera tal, que estos planos energéticos que de todos lados se aproximan a la tierra, se acercan al hombre, formando, plásticamente desde afuera, su cuerpo de fuerzas plasmadoras

Las legitimidades, y con ello las fuerzas de acción del medio circundante, no son aquellas de la tierra, cuyas leyes naturales –tal como Steiner remarcaba en muchas conferencias- disminuyen “con respecto a su valiz”, al aumentar la distancia del alejamiento de la tierra, la tierra no solo se encuentra delimitada espacialmente, sino también “en lo espacial a modo de cualidad física”, vale decir, la cualidad de su accionar, consiguientemente, la totalidad de las leyes naturales “físicas”, válidas sobre la tierra, cobran validez únicamente en el más estrecho ámbito terrestre. En su lugar, en el cosmos extra-terrestre aparecen “otras leyes”, “leyes vitales”, las leyes del mundo etérico, que según Steiner, no son comparables de ninguna manera a las leyes naturales “físicas”. Al aguardar desde allí las mismas leyes, como lo son las leyes naturales de la tierra, jamás podremos comprender la existencia etérica.

En 1924, Steiner escribió en un artículo: “Por el hecho de que el hombre se encuentra ubicado en lo terrenal que abarca lo inanimado, porta en sí a su “cuerpo físico”, siendo, que dentro del él desarrolla aquellas fuerzas, que atraen lo viviente de la lejanía del espacio, integrándolo a lo terrestre, posee un “cuerpo etérico” o “cuerpo de vida”. El hombre (como también la planta y el animal) desarrolla fuerzas que poseen la facultad de aproximar a la tierra, la esfera vital cósmica, de integrarla a la tierra, exenta de vida. Solamente al estar capacitado al respecto, lo etérico le será propio”.

Recordamos anteriores descripciones de Steiner, que afirman, que la activa presencia de lo “astral”, o bien, de la conciencia, dependen del hecho que el “portante” (potencial) se encuentra en condiciones de generar la muerte y de superarla en su ámbito propio de existencia (ver 2.2.3.2); también en sus anotaciones referidas a la medicina, Steiner (1923/19124) vinculó la posibilidad de la generación de organismos dotados de “eter”, a las correspondientes condiciones previas de las sustancias y escribió: “El mundo vegetal sobre la tierra es posible por el hecho de que existen sustancias en lo terrenal, que no permanecen limitadas dentro de las leyes físicas y en cambio dejan de lado legitimidad física, pudiendo adoptar una opuesta a la misma”.

El accionar de lo etérico por lo tanto se basa, sobre condiciones previas sustanciales (no definidas mayoritariamente) comunes a la constitución de la planta, el animal y el hombre, mientras que el mundo mineral, no posee la capacidad de interiorizar en su ámbito existencial propio, las fuerzas etéricas, ciertamente “objetivas” de radiante entrada. Según Steiner, esta interiorización tiene lugar realmente, en el organismo animal, dotado de sentimiento, obteniendo entonces la cualidad etérica, “una forma organizada, al menos, parcialmente autónoma”, acerca de la respectiva diferencia entre la organización vegetativa y la animal-humana, entre planta y ser humano, Steiner escribió una vez más a modo de aclaración: “Durante su vida, la planta continuamente integra dentro de sí, las fuerzas que irradian desde afuera sobre la tierra. El hombre empero, ya las porta dentro de sí, desde su época embrional, de manera individualizada. Aquello que la planta, de esta manera, recibe desde el cosmos, el hombre durante su vida, lo extrae de sí mismo”, por haberlo recibido ya en el vientre materno, para su evolución. Una fuerza que en realidad originalmente es cósmica, destinada para la radiación entrante a la tierra, actúa desde el pulmón o el hígado. Ha llevado a cabo una metamorfosis de su dirección. Tendremos que decir entonces, que el hombre porta lo etérico dentro de sí, de un modo individualizado. Del mismo modo, como lo físico lo porta dentro de sí, en la figura individualizada de su cuerpo físico y sus órganos físicos, también porta la etérico.

4.2.2.2 “LEYES ETÉRICAS” Y “LEYES FÍSICAS”

El “mundo etérico” se contrapone al “mundo físico”, busca abolirlo o convertirlo en lo contrario. Esto lo explicó Steiner sobre la base de la formación de sustancia física, así como ejemplarmente, a partir de los hechos anatómicos –fisiológicos del sistema nervioso central, comunicando más allá de ello, aspectos principales con respecto a la referencia “etérica”, hacia la materia y el espacio. Aquí, meramente señalamos, que Steiner partía de un desarrollo de la “materialidad física” en la esfera vital de lo etérico. Hasta su entrada a la esfera de vida dominado por las fuerzas terrestres, que le son inmanente, convertidos en estructurar, y con ello también en posesión de fuerzas “físicas” radiantes (es una materia tal, como la química considera, sólo como componente del cuerpo terrestre), la hasta entonces “materia terrestre”, con esta entrada sale de la “comunidad con la tierra”, o bien, le es “arrebatada”, siendo integrada a las fuerzas etéricas de orientación centrípeta: “Al contemplar el desarrollo de una materia o de un proceso a modo de vida, tenemos que imaginar que se está sustrayendo de las fuerzas que como del centro de la tierra cobran un efecto sobre ellos y que llegan al ámbito de otras fuerzas que no poseen un centro, sino un circuito. Al proceder al seguimiento de lo sustancial de las materias terrestres, para acceder a la formación etérica, tenemos que decir: por doquier, donde estas materias entran a esta formación, toman un carácter mediante el cual se enajenan de la naturaleza física. En este enajenamiento entran a un mundo, en el cual lo espiritual viene a su encuentro, transformándolas en su propio ser”. Determinado esencialmente por las influencias planetarias “etéricas” que a su vez cobran un efecto oponente modificador a una disolución completa de la figura a través de las fuerzas etéricas que actúan periféricamente, de manera difusa, así se llega a una reiterada formación de figura de la sustancia metamorfoseada sobre un plano superior.

En sus anotaciones escritas, Steiner ha referido que este proceso esbozado, ya en la esfera vegetativa de la formación de la planta se lleva a cabo una “eterización”, de materias terrestres, anteriormente “físicas”, en la mayoría de los casos, sólo de manera parcial, siendo acompañada al mismo tiempo, por una degeneración física progresiva de materias anteriormente vivas: “En el caso de la planta, de la sustancia inanimada, se separa la animada”. En un principio, no tiene lugar la segregación propiamente dicha, sino una completa transformación de la sustancia física mediante las fuerzas etéricas. Esto empero, en el caso únicamente en ocasión de la formación de la semilla. En la misma puede tener lugar esta plena transformación, por el hecho, de que la semilla, mediante la envoltura de la organización materna, está protegida frente al efecto de las fuerzas físicas. Al liberarse la formación de semilla de la organización materna, la acción energética de la planta experimenta una membración tal, que en la formación de sustancia tiende hacia el ámbito de lo etérico, y en otra tendencia, en la cual nuevamente va en dirección de una nueva formación. Se generan miembros del ser vegetal que se encuentran en la vía de la vida, y otros, que van en busca de marchitarse. Estos aparecen como miembros de eliminación del organismo vegetal. En la formación de corteza del árbol, podemos observar esa eliminación, a modo de un ejemplo especialmente característico. Según estas exposiciones, acontece una completa metamorfosis de sustancia, en el sentido de una real eterización de las sustancias vegetales, sin influencia modificadora de impedimento mediante fuerzas físicas solamente en la formación de la semilla, a consecuencia de ello, entonces se establecen dos “corrientes de sustancias”, orientadas hacia el “polo etérico” y el “polo físico”, siendo que a ambos les corresponde importancia constitutiva para la formación de la figura en su conjunto (“Lo inanimado se transforma en viviente, lo viviente se transforma en inanimado”. En esta corriente se generan los órganos vegetales). Vitalización y devitalización, vivificación orgánica-“etérica” y con ello, apertura periférica así como mineralización y tendencia terrenal física se expresan sustancialmente en la esfera vegetal, determinando al proceso de vida (“entre estos dos miembros, se enciende y se apaga la vida, y el morir de la planta, es tan solo el predominio de los efectos por parte de la radiación saliente frente a las fuerzas de radiación entrante”).

En el caso de que el cerebro pesara sobre la base del cráneo mediante la fuerza del peso constituido por la gravedad terrestre-“física” de su masa sustancial, resultaría, tal como Steiner lo ha referido reiteradas veces, una comprensión y una destrucción de los vasos sanguíneos basales. Mediante la fuerza ascensional, que el cerebro experimenta en el sentido del principio de Arquímedes, a través del líquido cerebrospinalis, se produce una fuerza de oposición a la gravedad, y casi se anula con respecto al cerebro. Este fenómeno de la fuerza ascensional, según Steiner, pertenece al mundo etérico, se torna posible recién por él mismo, en el líquido cefalorraquídeo se desarrolla preferentemente la suma de las fuerzas etéricas, que nos eleva por encima de lo terrenal. (En este alejamiento mediante lo líquido, actúa lo etérico). Al cerebro se le quita su condición terrenal del peso, lo “terrestre del cerebro”, se cancela en elevada medida: “En nuestro cerebro no vivimos a través de la cualidad terrestre de la gravedad, sino mediante aquello que busca alejar de la tierra”. Mediante las fuerzas (ascensionales) “etéricas”, el cerebro en realidad tiene un impulso ascendente, va en contra de su propio peso. El 24.3.1920, Rudolf Steiner ha dicho en ocasión del primer curso medicinal: “Del mismo modo como allí se supera y no estamos viviendo dentro del peso físico de nuestro organismo, sino en la elevación, en la fuerza opuesta al peso físico, lo mismo acontece también en los otros procesos. De hecho no vivimos de aquello que el físico hace con nosotros, sino de aquello que es levantado por el físico”. Mientras que en el capitulo 4.3.2 nos referimos a los contextos de las fuerzas “etéricas” con el organismo de los líquidos, queremos mencionar aquí, que Steiner tanto en el primer curso científico natural (Stuttgart 24.12.1919), como también dos años más tarde en una conferencia pública (Oslo, 1.12.1921), destacó para el sistema nervioso central humano en medida especial, un dominio de lo “etérico” sobre lo “físico”. Así decía en Oslo: “Todo aquello que es nuestra cabeza con los órganos sensoriales, se encuentra eximido de la fuerza de gravedad, por lo tanto, esto no se orienta hacia la materia pesada, hacia la materia ponderable”, se orienta hacia el éter, articulado en el mundo sensorial. Esto lo realizan con preferencia los sentidos. Mediante todo esto, el hombre no solamente se convierte en miembro del mundo exterior etérico”. Y en Stuttgart: “De modo tal, que para nuestro cerebro, el organismo etérico acalla, domina al organismo físico  y para el cuerpo restante, la institución y las fuerzas de nuestro organismo físico, acallan aquellas del organismo etérico”.

El principio de Arquímedes lo podemos expresar de manera tal, que digamos: Todo cuerpo sólido colocado dentro de un líquido pierde tanto de su peso, como es el peso del cuerpo líquido desplazado. Y podemos seguir diciendo: toda fuerza, al unirse a las fuerzas etéricas pierde tanto de su rigidez, como las fuerzas etéricas en ella se convierten en fuerzas de succión, en la medida de fuerzas de succión aportada por las fuerzas etéricas. Steiner habló por primera vez de “fuerzas de succión”, así como de “materia negativa”, durante el segundo curso científico natural del 10.3.1920, en Stuttgart, en relación con el fenómeno calórico. Allí se ha señalado la existencia de “efectos de succión”, a modo del “negativo” de los efectos de presión, característicos para el mundo material, con los cuales según Steiner, puede ser caracterizada la esencia de la materia, o bien, del mundo material. Como resultado de largas reflexiones con respecto al concepto calórico fisical, a las cuales aquí no podemos referirnos, Steiner ha dicho: “Por la fuerza de los hechos mismos, nos vemos obligados, a imaginarnos a los hombres de una manera material, sino suponer dentro nuestro a hombres como algo que no solamente no es materia, sino que en todos sus efectos se comporta frente a la materia de modo tal, como el efecto de succión frente al efecto de presión. Y al concebir en pureza a nuestro ser humano, tenemos que imaginarlo como aquello, que la materia aniquila constantemente, succiona. El hecho de que la física moderna no desarrolla este concepto, de la materia negativa, que frente a la materia exterior se comporta como el efecto de succión frente a un efecto de presión, esto es la desgracia de la física moderna”. En las conferencias posteriores, que volvieron sobre la temática señalada, Steiner luego remarcó explícitamente, que con este efecto de succión, se estaba señalando la dimensión etérica del “cuerpo humano”, la materia física, la sustancia física ejerce presión, aquello que vive en lo etérico, succiona, todo aquello que colma el espacio, lo saca de allí, todo lo succiona. Y durante nuestra existencia terrenal, en realidad constantemente estamos dentro de esta alternancia. Según Steiner, el “éter” posee la cualidad opuesta a la presión, siendo la misma, la característica principal de lo físico. Es la materia cualitativamente negativa en el sentido, de que la materia física la carga sacándola del espacio, de que la materia espacial la “aniquila desde el espacio”. Mientras que la materia física, según Steiner, se encuentra, triplemente expandida en el espacio, siendo ella misma directamente, materia física tridimensional, un espacio colmado por “éter”, forma un espacio opuesto, un espacio (no representable euclidicamente) de entidad negativa. En este espacio opuesto, para cuya comprensión Steiner señaló los modos conceptivos de la geometría proyectiva, el espacio revela aquello que se encuentra en su interior, mientras que en sus tres dimensiones comunes que tenemos frente a nosotros, solamente nos muestra su lado exterior. Por tal razón, el cuerpo etérico, no es simplemente exento de espacio o supra espacial, sino descriptible únicamente en las cualidades del espacio opuesto, por él mismo constituido. Cuando Steiner decía que los “efectos de succión” que parten del éter como tales, no corren dentro del espacio, sino fuera del espacio, esto cobraba validez con respecto al espacio tridimensional “externo” de la geometría euclídica. El hecho de que en un sentido más amplio, también en el caso de las fuerzas etéricas se trata de fuerzas espaciales (interiores) dilucida una vez más, un pasaje de la conferencia del 17.4.1920, en el cual Steiner decía que lo “físico” y lo “etérico” “agotan” aquello en el hombre que “podemos concebir como espacial”. “Fuerza que presiona y fuerza que succiona es aquello que podemos hallar en el espacio

4.2.2.3 EL SIGNIFICADO DEL “CUERPO FISICO” PARA LA EXISTENCIA DEL “CUERPO ETÉRICO”

Los efectos cualitativamente diferentes del cuerpo “físico” y “etérico”, con ello empero también de espacio “físico” (tridimensional) y “espacio etérico opuesto”, de “fuerzas físicas de presión”  y de “fuerzas etéricas de succión”, de tierra y cosmos, se encuentran en reciprocidad en  el hombre, en organización plena de vida. Cuando el cuerpo etérico busca renovar espacialmente la materia física –tal como Steiner mencionó en varias conferencias- al cuerpo físico en cambio, a su vez le incumbe la tarea de mantener “dentro de sus límites” al cuerpo etérico del hombre. Dado que el cuerpo etérico posee una orientación centrífuga, busca alejarse de la tierra, ciertamente, siempre quiere adquirir el tamaño del universo. Según el concepto científico espiritual, el cuerpo etérico no se encuentra supeditado a las leyes del espacio tridimensional, pero como corporalidad espiritual actuante, es existente en forma humana-individualizada dentro del ámbito energético terrenal, únicamente a través de la influencia del cuerpo físico. Es el cuerpo físico que -como Steiner dijo el 20.8.1923 en Pernmaenmawr- “individualiza” al hombre en sentido físico, convirtiéndolo en “un ser singular”. Si en la vida perdiéramos a nuestro cuerpo físico por un instante, el cuerpo etérico de inmediato –como a modo de fuerza elástica- obtendría la tendencia de disolverse en todo el cosmos. Y se mantiene unido durante la vida, únicamente mediante el cuerpo físico, dentro del cual ese cuerpo etérico siempre se conserva. En un lugar de la conferencia Steiner señaló que el contexto indicado puede ser definido también de manera tal que el cuerpo físico en cierta medida impide al “éter cósmico del mundo”, afluir al cuerpo etérico humano. Puesto que este cuerpo etérico, según su esencia es una parte individualizada del cosmos etérico (mediante la constitución global y sobre todo también, a través del cuerpo físico del hombre), en “miembro del éter universal”, una especie de extracto del éter del mundo. Aquello que vive en el cuerpo etérico, ha sido tejido en el interior del hombre, a partir del ser etérico del cosmos. Jamás puede desprenderse completamente del cosmos. El acontecer cósmico-etérico halla continuación en la organización humana, y el organismo etérico, es la continuación interior humana. El acontecer etérico dentro de la constitución global humana, nunca puede desprenderse por completo del cosmos etérico, vale decir empero a su vez, que en gran parte se distancia del mismo, que obtiene figura individual y autónoma, al menos a modo de rudimento. El cuerpo físico como organización energética, colmada de espacio, impide al éter mundial cobrar un efecto limitado sobre el cuerpo etérico del hombre, su recíproco accionar, su organización viva con lo etérico, crea límites también allí, donde el espacio tiende a caer en lo opuesto.

4.2.2.4. CUALIDADES DEL “ETER” Y ELEMENTOS/ESTADOS DE AGREGADO

Según Steiner, el “éter”, como entidad existente en el universo, puede ser diferenciado en diversas cualidades del accionar. En los cuerpos medicinales y científico-naturales, diferencia entre, “éter de vida” (el elemento propiamente vivificante en todas las entidades orgánicas), “éter químico” (las fuerzas etéricas siempre se encuentran en oposición polar a las fuerzas que actúan en las materias físicas), “éter de la luz y del calor” –dilucidando el significado fisiológico de los cuatro éteres, cuya delimitación diferenciadora ya había sido llevada a cabo por Steiner en los años iniciales de la conciencia espiritual antroposófica. En los cursos medicinales del los últimos años, se trataba esencialmente de la internalización o interiorización y transformación (metamorfosis) a través del hombre, con ello en definitiva también de una determinación de relación diferenciada, entre el éter cósmico y el éter humano. A continuación, a modo de resumen señalamos las relaciones, las cualidades etéricas y los estados de agregado terrenales, o más bien elementos, que Steiner ha desarrollado, entre otros, en el segundo curso científico-natural (Stuttgart 1.3_14.3.1920), así como en el primer curso para médicos, el 31.3.1920. Según lo expresado en el curso de Stuttgart, el calor deber ser considerado como “entidad calórica”, en su posición entre los tres “estados agregados”, según Steiner, mejor como “dominios reales” en lo físico- de lo sólido, lo líquido y lo gaseoso, así como las cualidades etéricas de la vida, del efecto químico y de la luz, es un estado de equilibrio entre lo etérico y lo material-ponderable, es al mismo tiempo éter y materia, actúa, tal como Steiner explicó a partir de fenómenos fisicales, desde el interior del espacio hacia su aproche, desde la intensidad del espacio hacia la extensidad.

Steiner señaló además, la unidad original del “terreno etérico” con el terreno material ponderable, el hecho de que los elementos y el éter se han generado juntos, son un todo, ciertamente son uno solo, visto desde dos ángulos. En épocas pasadas de la evolución terrestre, según Steiner, fueron necesarios cambios dentro de lo gaseoso, con manifestaciones luminosas, fueron necesarios proceso líquidos con procesos químicos y fue necesario lo sólido vinculado con lo viviente, y de la misma manera, como desde el cadáver retornamos con la mirada hacia la vida, cuando el cadáver se hallaba conectado con lo anímico-espiritual, de la misma manera, desde los cuerpos sólidos de la tierra, miramos hacia atrás, conduciendo estos cuerpos sólidos hacia atrás, hacia estados anteriores de tipo físico, cuando lo sólido se encontraba conectado con la vida, donde toda la tierra no ha sido sólida, en el estado actual, del mismo modo, como el cadáver cinco días antes no era un cadáver, donde lo sólido no se hallaba por doquier en lo terrestre, donde lo sólido puede aparecer sujeto a efectos químicos, donde lo gaseoso solo puede aparecer sujeto a los efectos de la luz. Donde, con otras palabras, no hubo gas alguno que no tuviese una radiancia interior, una luminosidad interior, que no simultáneamente brilla interiormente, oscurece, ostentando ondas fosforescentes a causa de sus concentraciones y atenuaciones, donde no hubo únicamente líquido, sino un constante accionar químico pleno de vida. Para el estado evolutivo de la actualidad y con ello también para la física actual en cambio era válido, que ha lo “sólido terrestre” ha sido abandonado de la vida, lo líquido terrestre de las emanaciones de efectos químicos, lo gaseoso-terrestre de los efectos lumínicos emanantes. Además, en la contemplación científico-espiritual, afirmaba, existía un parentesco último de los tres, terrenos físicos reales, en correspondencia con los tipos etéricos, de modo tal que por ejemplo lo líquido no tiene que estar sujeto a efectos químicos, que empero estos a su vez pueden, valerse de lo líquido, pudiendo así establecer una libre ligadura. Actualmente lo etérico, nada tiene que ver con lo físico, con la materia perdurable, recién mediante la activa compenetración de lo físico mediante lo etérico, se genera nuevamente una referencia de unión. Es así, que Steiner ha dicho en Stuttgart: “Donde sea que tienen lugar procesos químicos, en cierto modo todo lo que se genera con respecto a aleaciones químicas y percepciones químicas, descomposiciones químicas, se encuentra ligado al elemento líquido”. La especial manera de accionar de lo líquido, la tiene que continuar dentro de lo sólido y dentro de lo gaseoso, para allí puedan, llevarse a cabo efectos químicos. Y así, al estar hablando de nuestra química terrenal, podemos tomar en cuenta un interaccionar de los efectos químicos y lo líquido, en ocasión de una separación relativa de estos dos terrenos, vale decir una compenetración, y en el compenetrarse, ciertamente comprometerse, tomar en consideración, cuando en resumidas cuentas estamos hablando de nuestra química terrenal. Nuestra química terrenal representaría por lo tanto, ciertamente una vivificación del elemento líquido, a través de los efectos químicos”. Al respecto Steiner, dejó en claro, que el reitero de la conexión de lo físico y etérico, depende esencialmente de la capacidad de lo físico de ser accesible a los efectos de lo etérico. Habló de un captar de lo imponderable por parte de la tierra misma, y dijo, con respecto a lo líquido y el éter químico: “mediante las fuerzas de la tierra, ciertamente es captado el efecto químico y trabaja en el interior de la materia líquida”. Con referencia al hombre empero, esto significa que solamente es partícipe de un cuerpo etérico, en tanto desarrollar fuerzas capacitadas integrar al éter cósmico a lo terrenal físico.

Es una proximidad inmediata a lo expuesto en el curso de Stuttgart, en el cual desarrolla las relaciones de los “terrenos terrenales reales”, de lo sólido, lo líquido y lo gaseoso, a los tipos de éter, del éter de la vida, del éter químico y del éter-luz (catorce conferencias) elaborando así, la posición mediadora del calor, en la conferencia décima primera, del curso profesional médico (31.1.1920). Steiner llama la atención llama la atención sobre un aspecto espacial de estos contextos. Sin emplear el término de éter y hablando solamente de fuerzas de vida, fuerzas químicas, luz y calor, Steiner señaló que la tierra sólida no solamente en gran parte está cubierta por líquido y por una zona aérea atmosférica, sino adicionales esferas cósmicas, cuyos efectos se desarrollan dentro de lo terrenal-físico. Que de esta manera, más allá de la zona atmosférica existe un “manto calórico de la tierra”, una “zona calórica extra terrestre”. A alguna distancia de la tierra, aquello que está contenido en las fuerzas calóricas, juega un rol similar como la atmósfera misma,  juega por debajo de este manto calórico. En esa zona calórica extra terrestre, según Steiner, se encuentran, no las condiciones calóricas terrestres, sino condiciones calóricas muy diferentes. El calor terrestre, y el calor cósmico no son idénticos, el éter calórico (al cual ambos parecen pertenecer), consiste tal como Steiner remarcó explícitamente en octubre de 1923, de “dos partes” dos capas: una capa de ellas es la capa calórica terrestre, la otra es la capa calórica cósmica, y ambas se intercalan constantemente. De hecho, no tenemos un solo tipo de calor, sino dos clases de calor, aquel calor, que en la realidad es de origen cósmico. Y ambos, constantemente se intercalan.

Más allá empero, de este efecto calórico (cósmico) tenemos el polo opuesto de la zona del aire, allí, donde todo se comporta de manera opuesta a aquello que acontece en nuestra zona del aire. Siendo que allí, si se me permite la expresión, se des-airea, se elimina la existencia del aire, en esa zona, como disparado por el des-aire emerge aquello, que nos es enviado a modo de luz. El manto calórico de la tierra, señalando a su vez como “zona calórica extra terrestre (!)”, constituye la transición hacia una “zona luz”, que se encuentra en referencia a la zona polar a la “zona del aire” terrestre. Según Steiner, la luz terrestre, llega de esta zona-luz, donde se genera en la supresión de lo aéreo. Es un verdadero desatino, creer que nuestra luz terrenal proviene del sol. Nuestra luz terrenal proviene de esta zona, “extra terrestre” empero, se encuentra una zona de las fuerzas químicas, a modo -como dijo Steiner- de contra imagen de la zona de líquidos, terrenal. Y es un absurdo, buscar los impulsos de los efectos químicos sobre la tierra, en las sustancias mismas. No están allí. Provienen de esas regiones en dirección a la tierra. Por más extraño que nos pueda parecer: lo físico-químico dentro del hombre, no procede de la tierra. Al respecto, Steiner remarcó el 12.4.1921, que los impulsos efectivos del éter químico no pueden ser equiparados propiamente con los efectos terrenales-químicos, dado que estos últimos se producen más bien a modo de reacción frente a los primeros: “las fuerzas etéricas se encuentran siempre polarmente opuestas a las fuerzas que actúan en las materias físicas. Por lo tanto, cuando se produce una síntesis química, las fuerzas etéricas actúan analizando”.

Como “imagen opuesta” a la “formación terrestre”, la solidificación, hacia aquello que podría llamar, tomar firmeza, formación de la tierra, Steiner en definitiva señaló otro ámbito cósmico, en el cual la formación de vida, el origen de la vitalización puede ser hallado, esto, de hecho es aquello que yace en las fuerzas de vida mismas, que por lo tanto proceden de distancias aún más lejanas que las fuerzas químicas. Tal como Steiner lo ha dicho en abril de 1921, el éter de vida es, el elemento vitalizador propiamente dicho en todas las entidades orgánicas, acciones de vida y acciones químicas acompañan la luz en acción. La diferenciación de diversos componentes de cualidad (etéricos) dentro del espectro de luz, ha sido tematizado por Steiner, a partir de los ensayos Oreher, en el curso de Stuttgart, alusivamente, también en el curso medicinal de abril de 1921. Ya en las introducciones a los tratados científicos naturales, se encuentran indicaciones referidas a la importancia de estos ensayos.

Resumiendo, Steiner caracterizó la descripta disposición en capas, en regiones terrestres y en regiones etéricas (1923) con las siguientes palabras. “Tenemos el éter luz, tenemos el éter calor. Luego limitando al éter calor, tenemos el aire. Luego vendrían el agua y la tierra, y arriba vendría el éter químico y el éter de la vida”.

4.2.2.5. EL CUERPO ETÉRICO COMO PRINCIPIO VITAL ANABÓLICO

Al cabo de estas exposiciones introductorias del “éter” como entidad cósmica, así como con respecto a sus complejas relaciones hacia lo terrenal físico, retornamos una vez más, al cuerpo etérico del hombre. Aspectos esenciales del cuerpo etérico, que Steiner había referido en los primeros años de la ciencia espiritual antroposófica, se han retomado y presentado ahora en aspectos pedagógicos-medicinales. Así por ejemplo, la importancia anabólica-curativa del cuerpo etérico, su referencia hacia la capacidad activa del pensar del hombre, y finalmente la caracterización del cuerpo etérico como “cuerpo temporal”. A ello nos referiremos a continuación.

En una conferencia dada en Londres, el 28.8.1924, Steiner señaló, que dentro de la constitución humana en su conjunto tiene lugar tanto el anabolismo mediante el cuerpo físico en conexión a la tierra, como también el anabolismo en el cuerpo etérico en conexión al cosmos. El cuerpo etérico del hombre, el modo individualizado de la acción de las cuatro cualidades etéricas cósmicas del calor, de la luz, del efecto químico y de lo viviente mismo es, cuerpo de las fuerzas plasmadoras de la figura humana, subyace esencialmente a los procesos vitales, como organización energética. Al respecto, en una conferencia dada en Dornach el 29-10-1921, Steiner diferenció siete fases vitales, siendo que las mismas, a diferencia con la representación de 1909/1910, obedecían a la trimembración fisiológica, puesto que, Steiner ahora estaba hablando de la vida “sensorial”, “nerviosa”, “respiratoria”, “circulatoria”, “metabólica”, “motriz” y “reproductiva”. El hecho de que el cuerpo etérico actúa de manera diferenciada, con intensidad mayor o menor, lo cual se desprende necesariamente a partir de los argumentos dados con respecto a la trimembración y a los miembros del ser, fue remarcado por Steiner asimismo el 29.10.1921. (Steiner ha considerado las “siete fases vitales” también dentro de su curso astronómico del 5.1.1921, a modo de metamorfosis de las funciones (de vida), entre los polos de interiorización orgánica- anímica y extroversión de orientación ambiental).

Como “cuerpo de fuerzas plasmadoras” de cualidad sobre natural, el cuerpo etérico es el terapeuta cósmico de toda tendencia patológica, o bien deformativa en el ámbito del físico humano: “el saneamiento siempre parte del cuerpo etérico”  

4.2.2.6. EL “CUERPO ETÉRICO” COMO “CUERPO DE LOS PENSAMIENTOS” Y COMO “CUERPO TEMPORAL”

Desde su punto de vista, defendido ya antes de 1900 en lo referido a las obras de Goethe, Steiner ha señalado al cuerpo no solamente como corporeidad espiritual, sino directamente como cuerpo creativo de los pensamientos, como un tejido realizado con pensamientos vigorosos. Según Steiner la figura humana y las funciones humanas de vida se basan sobre “ideas de acción” o “pensamientos” plasmadores corporales, el éter cósmico mismo, es un mundo activo del pensamiento, o un mundo plasmador de pensamientos. El pensar humano, según su esencia, es actividad etérica, o bien se genera dentro del cuerpo etérico, basándose sobre una participación activa en el mundo etérico. “El verdadero pensar transpone al mundo, está presente en el mundo como estructura dinámica, y no meramente en el hombre”. El proceso etérico del pensar permanece en lo inconsciente, no es la ejecución del proceso del pensar lo que se percibe conscientemente sino los pensamientos “reflejados” en el cuerpo físico, coagulados  a partir del proceso plasmador, imagen “sombra del cuerpo etérico”

En sus conferencias pedagógicas, basándose en lo ya dicho en 1906/1907, Steiner definió procesos de metamorfosis, mediante los cuales una parte del cuerpo de las fuerzas plasmadoras corporales del niño en desarrollo, se convierte en el cuerpo de fuerzas plasmadoras de pensamientos, cuya actividad subyace al pensar humano. A consecuencia de ello, el cuerpo etérico en la perspectiva científico espiritual tiene que ser contemplado esencialmente en su dinámica temporal, y de hecho es, cuerpo temporal, u, organismo temporal. Frente al cuerpo físico que dentro del metabolismo se renueva constantemente, se encuentra la entidad humana interior, que en su esencia se va desarrollando constantemente, desde el nacimiento (o bien desde la concepción) hasta la muerte, frente al cuerpo físico espacial, un cuerpo temporal. A diferencia del cuerpo físico, según Steiner, el cuerpo etérico puede ser considerado como entidad homogénea, con continuidad en el tiempo, como una realidad cerrada en sí misma, de un definido tiempo a otro. En cierto modo, el cuerpo etérico, en desarrollo representa al curso de vida humano, dado que le es propia la estructura temporal de la biografía humana, en el sentido de una perpetua referencia a la totalidad existencial. Tal como lo ha dicho Steiner el 2.2.1924, se encuentra presente siempre a modo de un todo, correspondiente a la duración de la vida pasada en el curso de esta vida. Aquello que consideramos como cuerpo etérico en un determinado momento temporal, es tan solo una abstracción, lo concreto es el curso temporal. El cuerpo etérico es una memoria en acción de la biografía, en la cual de modo orgánico, se encuentran relacionados, el después y el antes. Respondiendo una pregunta referida al organismo temporal etérico, y al organismo espacial físico, Steiner dijo frente a estudiantes en la Haya el 12.4.1922: “Sólo obtenemos una concepción correcta de aquello que propiamente es el cuerpo físico del hombre, al poder separar lo espacial de lo temporal. En el caso del hombre es de fundamental importancia, dado que llegamos a comprensión alguna al no saber, que en él, todo lo temporal transcurre como entidad por sí misma y lo espacial es dominado por lo temporal, a modo de algo dinámico, mientras que en una máquina, lo temporal es tan solo una función de aquello que es espacial. Esa es la diferencia. En el hombre lo temporal es algo real, mientras que en el mecanismo, lo temporal es tan sólo una función del espacio”