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“El accionar fisiológico de los cuatro miembros del ser: cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y yo, a modo de niveles funcionales fisiológicos”. 4.2.3. EL CUERPO ASTRAL El cuerpo físico y el cuerpo etérico tienen una estructura espacial temporal. El cuerpo astral y el yo, según Steiner, supra-espaciales y supra-temporales, la estructura física etérica y la estructura espiritual anímica del hombre son absolutamente diferentes. Con referencia a la naturaleza supra-espacial del cuerpo astral y del yo, Steiner ha dicho en 1924, frente a estudiantes de medicina y médicos, al tomar en cuenta al cuerpo físico y al cuerpo etérico del hombre, y agotamos al universo con nuestra reflexión. Las fuerzas contenidas en el cuerpo astral, y en el yo del hombre, no pueden ser halladas en el espacio exterior del universo, no pertenecen al mundo del cual participa la tierra. Steiner señaló como fenómeno fundamental, o como gesto básico de actividad anímica espiritual en el cuerpo humano, la imaginación, una intervención activa en el orden del espacio y el orden del tiempo, valiéndose de la misma para conservarla, la estructura física etérica es de manera tal, que se diferencia en los diferentes órganos a modo de organismo, que ciertamente ha promovido el emerger de los diferentes órganos como del centro de la vida. La estructura astral y la del yo es más bien de modo tal, que desde afuera es impulsada hacia adentro. Vale decir que en mayor medida se producen por invaginación, de modo, que lo esencial al respecto es la reserva del espacio, y también la reserva del tiempo, mediante la invaginación. Es así, que Steiner ha dicho también con respecto del cuerpo astral, que el mismo, sin ser el mismo espacial, cobra efecto sobre lo espacial, tomando entonces la figura del accionar espacial. Según Steiner, el cuerpo astral porta dentro de sí, fuerzas provenientes de afuera del espacio, hace caso omiso de contextos espaciales (y temporales), pero, emplea a los mismos, para desarrollar actividad terrenal. Lleva a cabo la mediación entre la materia que ejerce presión y el éter que ejerce succión, sin participar él mismo, en el espacio extensivo o intensivo. Cuando más allá de ello, en el éter, se había visto un principio activo, que conduce al espacio tridimensional a su opuesto en el interior, constituyendo al mismo tiempo, temporalidad en la existencia humana, el cuerpo astral a su vez hace realidad la fase “superior” siguiente, en la cual según Steiner, el tiempo mismo es “succionado”. Una y otra vez, conduce al hombre nuevamente a su infancia, llevando a cabo de esa manera, una vida retrospectiva, que se refiere a lo pasado y se oculta dentro de la progresiva maduración existencial. 4.2.3.2. LA IMPORTANCIA DEL “CUERPO ASTRAL” PARA LOS PROCESOS DEL CATABOLISMO Y LA ELIMINACIÓN La importancia del “cuerpo astral” para la génesis de la conciencia ha sido tematizada nuevamente por Steiner, con la indicación a su efecto obstaculizante. La conciencia no se genera mediante el proseguir de la actividad que a modo de resultado procede del cuerpo físico y del cuerpo etérico, sino, que estos dos cuerpos tienen que llegar al punto cero en su actividad y, hasta aún más abajo que el mismo, para generar así, lugar para el imperar de la conciencia. El cuerpo astral, preponderantemente está paralizando constantemente aquello, que es activado por el organismo etérico, por el cuerpo etérico humano empero es creado, lo que a modo de fuerza vital se encuentra en un órgano solo, o en el organismo en su conjunto. Por lo tanto, el cuerpo astral constantemente cataboliza los procesos orgánicos, cataboliza la vida de las células y de las glándulas, eleva al proceso de mineralización de los órganos y se encuentra en posición polar al cuerpo etérico o cuerpo de las fuerzas plasmadoras. Entre las actividades astrales y las etéricas, existe un constante vaivén, dentro de un lábil equilibrio, el cual a su vez forma la base para el sentimiento humano: el cuerpo astral anaboliza sus órganos, los cataboliza nuevamente, al permitir el desarrollo de la actividad del sentimiento en la conciencia del alma. La actividad astral, con su acción de obstrucción o destrucción de vida, ya en sus inicios, en el “status rascendi”, es limitada, rechazada (con vehemencia) por lo estrictamente activo, es equiparado, evitando así, que se convierta en el inicio de un proceso (pato) fisiológico de una enfermedad. En tendencia empero, el mismo se encuentra siempre en existencia latente. En los pormenores, Steiner ejemplificó las actividades polares de la esfera anabólica, “etérica”, así como de la esfera catabólica “astral”, entre otros, a partir de la relación recíproca entre los procesos proteicos, comprometidos con la formación plástica del cuerpo, y los procesos fisiológicos de eliminación del organismo y escribió: “La incorporación de proteína es un proceso, relacionado con un lado de la actividad interior del organismo humano. Es el lado, que se genera a partir de la recepción de materia. Toda actividad de esta índole, tiene como resultado, plasmado de forma, crecimiento, nueva formación de contenido sustancial. Todo aquello que está relacionado con las funciones inconscientes del organismo, pertenece a este lugar. Frente a estos procesos, tenemos aquellos que consisten en eliminaciones. Puede tratarse de eliminaciones dirigidas hacia afuera, puede tratarse también de otras, en las cuales el producto eliminado sigue siendo elaborado en el interior, en la formación y la sustanciación del cuerpo. Estos procesos forman la base material de las vivencias consientes. Mediante los procesos del primer tipo, se reduce la fuerza de la conciencia, cuando excede la medida de aquello, que puede ser mantenido en equilibrio, mediante los procesos del segundo tipo”. A partir del ejemplo de la eliminación del ácido úrico, Steiner refirió, que el cuerpo astral promovía la eliminación de la misma –significativa en lo orgánico global- a través del segregado úrico, participando empero a su vez en asimilación sustancial de pequeñas cantidades de ácido úrico hacia los tejidos del cuerpo, en el sentido de una eliminación hacia el interior, en el terreno del cerebro, las mismas pasan a organización del yo, para formar luego la base para la formación de lo anorgánico en el sentido de esa organización. Según Steiner, el cuerpo astral es de relevancia decisiva para la homeostasis ácido ureíca y en tal sentido, “abre caminos” y es mediador para la actividad del “yo” referida al cuerpo, siendo que promueve a los órganos a captar los depósitos anorgánicos instrumentados por la organización del yo, para el desarrollo de la conciencia. En este proceso le incumbe un rol importante, aunque no mayormente elaborado, o bien resaltado de la materialización del ácido úrico. Según adicionales exposiciones de Steiner, sobre el plano de las sustancias, cobra validez sobre todo, que la esfera energética astral, la materialidad terrenal, de un modo que aún va más allá de la transformación etérica, se enajena de su entidad física. En esta “enajenación”, la sustancia viva se metamorfosea parcialmente en perceptiva, siendo que a pesar de la influencia de la esfera astral, organizada en el organismo animal, se siguen llevando a cabo los ya esbozados procesos físicos etéricos, procesos de evolución y devolución de sustancia, aún tratándose de un modo más atenuado, y en conexión con los correspondientes procesos orgánicos, así por ejemplo, existe en el organismo dotado de percepción, asimismo una eliminación sustancial hacia lo inanimado, comprometida al menos tendencialmente a las reglamentaciones del “cuerpo físico”, acerca del cual Steiner dijo: “Lo que aparece en la planta como formación de corteza a modo de desarrollo de sustancia en orientación hacia lo mineral, aparece en lo animal, a modo de producto de la eliminación de la digestión. Se encuentra más alejado de lo mineral que la secreción vegetal. A consecuencia de ello, las sustancias en amplia medida extraviadas al proceso de vida del organismo datado de percepción, son específico para el mismo, vale decir, son comprensibles en su particularidad, únicamente en el contexto del obrar astral”. Para el proceso de vida en su conjunto del organismo animal cobra validez empero, que se desarrolla entre un polo “astral” y un polo físico-etérico, siendo que el efecto recíproco de ambos subyace orgánicamente a los fenómenos de la conciencia o las percepciones. |