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“El accionar fisiológico de los cuatro miembros del ser: cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y yo, a modo de niveles funcionales fisiológicos”.
Peter Selz
Traducción de Ana María Rauh

4.2.4. EL “YO”
4.2.4.1. LA ACTIVIDAD DEL “YO” Y LA DESTRUCCIÓN DEL CUERPO FÍSICO

El “yo” humano, en su actividad fisiológica, fue descripta por Steiner en varias conferencias de los últimos años, como organización del yo, asimismo como catabolizando al proceso de vida propiamente dicho, en cierto modo, en medida aún mayor, como la catabolización realizada por la actividad astral. Funcionalmente Steiner contraponía “la organización del yo” al cuerpo físico, al acontecer metabólico y nutricional. Cuando la actividad astral frena los procesos de vida del “cuerpo etérico”, los reprime, la organización del yo actúa sustancialmente sobre el cuerpo físico, al que cataboliza, endurece, reseca. Lo destruye constantemente, hace lo mismo como la muerte, solo que esto una y otra vez, es equiparado por el hecho de que el cuerpo físico posee la capacidad de asimilar sustancias externas a modo de alimento, que poseen el contraste polar entre organización del yo y alimentación. La organización del yo actúa a través de la continuidad del tiempo; según Steiner, significa para el hombre lo que significa la muerte, de una sola vez, ciertamente, de manera resumida. Morimos constantemente por nuestra organización del yo, vale decir, destruimos nuestro cuerpo físico hacia adentro, mientras al pasar por la muerte, la naturaleza exterior destruye nuestro cuerpo físico hacia afuera. El cuerpo físico es destructible en dos direcciones y la organización del yo es simplemente la suma de las fuerzas de destrucción hacia adentro. Podemos decir entonces, que la organización del yo tiene la misión de producir la muerte, que constantemente es impedida sólo por el hecho de que se lleva a cabo nuevo reabastecimiento y que así sólo se inicia la actividad de promover a la muerte. De modo que tenemos: “la organización del yo en realidad es idéntica con la muerte y la organización física es idéntica con alimentación”

4.2.4.2. EFECTIVIDAD DEL “YO” Y ANABOLISMO DEL CUERPO A PARTIR DE SUSTANCIA DEVITALIZADA, MINERALIZADA – GENESIS DE LA CONCIENCIA DEL YO

Desde el inicio de su actividad de conferencias y publicaciones científicas espirituales antroposóficas, Steiner había señalado, que para la configuración y el mantenimiento de la forma corporal del hombre, eran esenciales fuerzas “supra físicas”, queda en evidencia el cadáver en descomposición, que durante la vida, las fuerzas físicas terrenales tienen que ser refrenadas por fuerzas superiores. Es así, que Steiner ha dicho en su conferencia del 3.1.1924: “Al contemplar empero al cuerpo físico del hombre, tenemos que llegar a la conclusión, que así, tal como allí, está parado como cuerpo físico, en el mundo físico, nada tiene en común con las fuerzas que actúan el mundo físico. Dado que en el momento que el hombre pasa por el umbral de la muerte, cuando la organización del yo se aleja del cuerpo físico, entonces para el cuerpo físico se produce el hecho que es presa del mundo exterior, lo cual significa que es destruido y no, anabolizado. Al considerar que el cuerpo físico se destruye a través de las fuerzas que imperan en la naturaleza exterior, tendremos que reconocer indefectiblemente: en su configuración no puede estar supeditado a las fuerzas del mundo físico. Al configurar, formar la organización del yo al cuerpo físico, esto de hecho significa que lo arranca de las fuerzas, que de otro modo se encuentran en el entorno terrestre del hombre”. Con ello, Steiner remarcó la importancia la importancia de la organización del yo para el cuerpo físico, o bien, la figura del cuerpo en el sentido más estrecho, que así mismo en las conferencias dadas en Praga, con respecto a la “fisiología oculta”, ha sido señalada como “organización con orientación hacia el yo”. La figura corporal humana, no puede ser equiparada con el cuerpo físico, el mismo más bien, tiene su campo de acción dentro de la misma: “cuerpo físico” es aquello que tiene lugar físico-químicamente en el ser del hombre. En el ser humano de la actualidad, esto acontece dentro de la figura humana. La misma empero, es enteramente espiritual. Las fuerzas del yo, forman la figura del cuerpo en cierto sentido, actúan en contra de las potencias terrestres, catabólicas, destructivas, en contra del proceso físico existente en el organismo humano, que parte de la cabeza de manera centralizadora o radiante, ellas mismas están sujetas, a esta tarea opositora, a este efecto reactivo, esto empero significa a su vez, que las fuerzas del yo en cierto modo, actúan “anabólicamente”. Esto lo remarcó Steiner también en 1924, en una conferencia frente a médicos, más allá de ello sostuvo, a las fuerzas cósmicas de radiación entrante, le son propias facultades destructoras del cuerpo, así como el aspecto conservador y configurador del cuerpo, al lado de la organización del yo, se debe a sí mismo al cuerpo astral. El 21.4.1924 Steiner ha dicho en Dornach: “Todos los procesos que acontecen en la naturaleza, fuera del hombre, actúan sobre el hombre en el sentido de la catabolización y de la anabolización. Y al querer comprender al hombre, en realidad tenemos que reconocer una triple catabolización. La primera es aquella que ciertamente acontece desde adentro, mediante todo aquello, que desde la tierra actúa sobre el hombre. Las fuerzas terrenales actúan de manera tal que catabolizan al hombre desde adentro. Las fuerzas que actúan desde el aire preferentemente a través de la respiración, y son trasladadas al hombre, actúan de manera catabolizadora desde la periferia terrestre. Y las fuerzas de la luz actúan sobre el hombre desde el cosmos, de manera catabolizadora. De modo tal que las fuerzas catabolizadoras del cosmos, actúan triplemente catabolizadoras sobre el hombre, y la catabolización se produce de manera inmediata, en el caso de que en la organización humana, no colaboran la organización del yo y el cuerpo astral. El cuerpo astral y el yo actúan en contra de los principios catabolizadores en el hombre. En el momento en el cual ya no actúan el yo y el cuerpo astral en el hombre, tiene que producirse el catabolismo a través de las fuerzas extrahumanas.” Queda en evidencia así, que el accionar corporal de lo anímico-espiritual, según la visión antroposófica, debe ser contemplado de modo diferenciado, y desde diversas perspectivas. El yo y el cuerpo astral, espíritu individual y alma humana posibilitan la consciencia terrenal mediante procesos de inhibición frente a la sustancia viviente. Cuerpo físico y cuerpo etérico, tienen tal como lo afirma Steiner, que descender debajo del punto cero de su actividad, en cierto modo tienen que ser suprimidos y conducidos a lo opuesto, para que se genere conciencia. Y es lo que llevan a cabo el yo y el cuerpo astral. Según Steiner, es empero el núcleo del ser humano que se encarna, que impulsa la formación corporal sobre la tierra y luego la mantiene y es el alma espiritual humana, que actúa en contra de las potencias eliminadoras de formas de la tierra y del cosmos. Es sobre todo el yo que puede valerse de los elementos minerales terrenales del cuerpo, salidos del proceso de vida, fecundándolos para el desarrollo de la organización del yo, que impregna los órganos del cuerpo con lo anorgánico, que actúa en las fuerzas mineralizadoras. La organización el yo necesita esta transición de la sustancia orgánica al estado exento de vida. Toma a su cargo una parte de las sustancias según preparación astral y continúa la actividad del cuerpo astral de manera modificada, en Londres Steiner dijo el 28.8.1924: La organización del yo, salva a su vez determinados elementos de esta catabolización (astral) y de aquello que yo ha sido catabolizado por el cuerpo astral, quiero decir, las materias caídas del cuerpo etérico y del cuerpo físico, que ya fueron catabolizadas, son nuevamente anabolizadas por la organización del yo. Ese es en realidad, el secreto de la naturaleza humana. El yo humano, o bien, la organización del yo, desarrolla su actividad, junto a las sustancias escapadas del proceso de vida del organismo global, posee una relación especial, para con todo lo mineral en el hombre en la cual cobra actividad, transformando, suprimiendo la formación de sal. Esta transformación empero, según Steiner es la condición orgánica previa, para el desarrollo de la autoconciencia humana, en 1924, escribió: “La autoconciencia, que se resume en el yo, asciende de la conciencia. La misma se genera cuando lo espiritual entra al ser humano por el hecho, de que las fuerzas del cuerpo físico y del etérico catabolizan a las mismas. En la catabolización de estos cuerpos, se crea el suelo cuerpo sobre el cual la consciencia desarrolla su vida. Para que no se destruya la organización, a la catabolización tiene que suceder una anabolización. Es así, que cuando ha sucedido una catabolización para la vivencia de la consciencia, lo catabolizado tiene que ser edificado precisamente de nuevo. Junto a la percepción de este anabolismo, yace la vivencia de la conciencia propia. El fenómeno de la conciencia propia, o la conciencia del yo, como conciencia de la conciencia, por su parte pueden ser superadas, la re-edificación, la re-vitalización de lo paralizado, la transformación de la sustancia “perceptiva” en aquello que luego se convierte en portadora del espíritu, es, según Steiner, un hecho del núcleo esencial individual humano, del yo que se vivencia en su actividad creadora, que al actuar toma nota de sí mismo. Mediante la contemplación interior, podemos participar de este proceso. Podemos percibir, como lo consiente es trasladado a lo autoconsciente, siendo que a partir de nosotros mismos, creamos una réplica de lo meramente consciente. Lo meramente consciente, tiene su imagen en el lugar ciertamente vaciado del organismo, debido a la catabolización. Hacia allí, se ha mudado la consciencia, provocando el vacío,  nuevamente se ha llenado desde el interior. Lo esencial capacitado para esa culminación, es vivenciado a modo de yo.

A pesar de no pertenecer propiamente al contexto de este capítulo, finalizando queremos señalar, que Steiner también en las conferencias de los últimos años de vida ha dilucidado al logro de la conciencia propia o conciencia del yo, desde los aspectos más diversos, de mutua contemplación, pertenecientes a los planos siempre diferentes de la constitución humana. De esta manera se ha referido simultáneamente a los mencionados contextos, entre otros al significado del sueño, que interrumpe periódicamente, la continuidad temporal de la vida consciente y dijo: “Al llevar a cabo una mirada retrospectiva sobre su vida, se encontrarán con las vivencias y no tomarán en cuenta estas interrupciones. Notarán en cambio a su yo. Es por lo tanto la ausencia de vivencias diurnas, la que en realidad nos brinda la concepción de nuestro yo, vale decir, cuando decimos “yo”, estamos tomando en cuenta aquel tiempo de nuestra vida, durante el cual hemos estado durmiendo. De hecho, al contemplar con la mirada retrospectiva, lo dejado en blanco en la vida, vemos que es el incentivo para la percepción del yo”. La discontinuidad de la conciencia forma la base, el incentivo de la percepción del yo, o bien, de la conciencia del yo, la concepción del yo, o más bien, del “sentimiento del yo”, que Steiner en su conferencia dada en Basilea, el 21.4.1920, ha diferenciado explícitamente a la concepción del yo. Como adicionales aspectos que contribuyen a la conciencia humana del yo, en el sentido de condiciones necesarias, pero de ninguna manera suficiente. Steiner mencionó la asociación de percepciones del lado izquierdo y del lado derecho del cuerpo, tal como está dada prototípicamente en el quiasma óptico, así como el diferente desenvolvimiento de la cabeza y el organismo restante. Nos vivenciamos como yo, por el hecho que nuestra cabeza corre cuatro veces más lenta que el resto del organismo. Se trata de sentirse interiormente, el percibirse en el interior, de un correr atrás de la velocidad del organismo metabólico y de los miembros, con aquello que son las funciones de la cabeza. Más allá de ello, Steiner, tematizó reiteradas veces la proximidad de la actividad nervioso-sensorial para con el yo humano, habló del hecho de que el hombre vivencia su conciencia propia, en su organización del pensar, y agregó que la conciencia humana del yo se encuentra íntimamente sujeta a volumen íntegro de las percepciones sensoriales. Cobrando validez principalmente, que las fuerzas que le otorgan conciencia propia al hombre, se hallan en estrecha relación con el mundo terrenal, sensorialmente perceptible, o bien, son de origen terrenal propiamente.