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Rudolf Steiner

REFLEXIONES MEDITATIVAS Y GUÍAS PARA LA PROFUNDIZACIÓN DEL ARTE DE CURAR

Segunda conferencia, Dornach, 3.1.1924

Hoy quiero continuar con la materia de ayer, en el sentido de referirme a las particularidades de los diferentes miembros humanos. Ayer hemos dicho que al hombre en su integridad lo podemos contemplar solamente de manera que dentro de él diferenciamos al cuerpo físico, relacionando empero a ese cuerpo físico con todo aquello que en el hombre puede ser presentado en sólidos contornos. Luego tenemos aquello que quisiera denominar el organismo liquido. Ese organismo liquido está transpuesto pro las fuerzas del cuerpo etérico, que empero a modo de componentes originales cualquiera se aúnan con el cuerpo físico. Ese hombre-liquido está transpuesto por las fuerzas eterices. Se trata de las fuerzas de acción periférica, las fuerzas que actúan desde todas partes. Luego tenemos al cuerpo astral, al cual tenemos que contemplar de manera tal que no nos alcanza la observación espacial que tenemos que tomar en cuenta: al cuerpo astral lo tenemos que contemplar de manera puramente cualitativa, una consideración cuantitativa nada nos puede aportar. Tenemos que imaginarlo situado en un mundo, que no es el mundo espacial, tal como en principio lo conocemos, y que se encuentra fuera de este mundo espacial. Y esto viene al caso más aun, con respecto a la organización del yo. Lo más fácil  y provechoso será, partir directamente de la organización del yo. ¿Qué representa esa organización del yo? En el mundo físico, esta organización del yo es percibida en la configuración del cuerpo físico. Naturalmente, en el mundo físico solo puede ser percibida en la configuración interior y exterior del cuerpo físico. Pero cuando observamos al cuerpo físico del hombre, tendremos que darnos cuenta de que así como allí está parado como cuerpo físico, en el mundo físico nada tiene en común con las fuerzas que actúan en el mundo físico. Dado que en momento en el cual el hombre pasa por el umbral de la muerte, momento en el cual la organización del yo se aleja del cuerpo físico, allí al cuerpo físico se presenta el hecho de que comienza a quedar supeditado a las fuerzas del mundo exterior, lo cual significa que no es edificado, sino destruido. Al considerar que el cuerpo físico se destruye mediante las fuerzas que ase encuentran en la naturaleza exterior, sin lugar a dudas reconocerán: en su configuración de ninguna manera puede estar supeditado a las fuerzas del mundo físico. Al configurar la organización del yo al cuerpo físico, esto de hecho significa, que lo desprende de las fuerzas que por otra parte pueden ser halladas en el entorno terrenal del hombre. Esto equivale a: la organización del yo es algo muy diferente a aquello que podemos hallar en el mundo físico. De hecho esta organización está emparentada auténticamente emparentada con la muerte. Vale decir que aquello que de pronto acontece con la muerte, tiene lugar continuamente durante a través de la organización del yo, durante el tiempo de la vida terrenal. En realidad el hombre muere constantemente, solo que ese morir se equipara. Para obtener una imagen del asunto, figurémonos estar ubicados frente al problema inverso de Penélope. Imaginemos que a diario nos ocupamos de sacar un montón de tierra con la pala, montón situado en la proximidad de su casa. Y por la noche en su ausencia alguien con la pala lo vuelve a trasladar hacia allí. Mientras que ese montón de tierra puede ser llevado al lugar, tenemos que volver a sacarlo. Solo cuando ese montón de tierra comienza a disminuir a causa de la actividad de aquel que la trae hacia ese lugar, va disminuyendo mas y mas para desaparecer finalmente, ya no cumplimos tarea con él. Algo así acontece con la organización del yo, en su relación con el cuerpo físico. Tomemos en cuenta que al estar alimentando al cuerpo físico, le suministramos sustancias procedentes del entorno terrestre.  Esas sustancias que estábamos aportando poseen sus fuerzas interiores, poseen una determinada configuración energética y cuando por ejemplo consumimos sal, como aditivo al alimento, esa sal, pro llegar desde afuera, tiene el mismo impulso de acción que posee afuera, como sal de mesa. Ya en el ámbito de la boca comenzamos a despojarla de sus cualidades, quitándoselas en medida cada vez mayor, de modo tal, cuando la organización del yo cumple su función debidamente, de la sal nada queda de aquello que existe afuera. La sal se ha convertido en algo completamente diferente. La actividad de nuestra o organización del yo justamente consiste en transformar los alimentos que ingerimos. Cuando en el cuerpo físico ya no tenemos la posibilidad de recepcionar alimento, entonces el yo ya no tiene tarea, del mismo modo como tierra con la pala. Entonces justamente a causa de la incapacidad de ingesta de alimento, para el yo se produce la imposibilidad de trabajar en el cuerpo físico a partir de las condiciones calóricas. Podemos afirmar que aquello que ocasiona la imposibilidad de transformar las sustancias exteriores de manera tal que ya nada tienen de aquello que tales sustancias exteriores poseen, encontrándose entonces plenamente al servicio de la organización del yo, ocasiona la muerte.

¿Qué hace la organización del yo realmente con el cuerpo físico? Lo destruye constantemente, hace lo mismo como la muerte, sol que esto siempre es equiparado pro el hecho de que el cuerpo físico posee la capacidad de incorporar sustancias exteriores a modo de alimento, de modo tal que tenemos la oposición polar entre la organización del  yo y la alimentación. La organización del yo significa empero para el hombre – no solo que dentro de una actividad continua – lo que significa la muerte de un modo, digamos resumido. A través de nuestra organización del yo estamos muriendo constantemente, vale decir, destruimos nuestro cuerpo físico hacia adentro mientras que la naturaleza exterior al pasar por la muerte destruye a  nuestro cuerpo físico desde afuera. El cuerpo físico es destructible en dos direcciones diferentes y la organización del yo simplemente es la suma de las fuerzas destructivas hacia adentro. Podemos decir que la organización del yo tiene la misión de producir la muerte – más adelante veremos porqué esto es así – pero en un principio parece ser así, que esta organización del yo no tuviera otra misión como la de constantemente promover la muerte en el ser humano, que siempre es impedida por el hecho de que se produce el re-abastecimiento y que esa actividad de producir la muerte consiste tan solo en el emprendimiento. De modo tal que tenemos: la organización del yo en realidad cualitativamente es idéntica con la muerte y la organización física en realidad es idéntica con nutrición. Volvemos sobre este particular.

ORGANIZACIÓN DEL YO = MUERTE

ORGANIZACIÓN FÍSICA  = ALIMENTACIÓN

Estos dos procesos que en el hombre imperan como procesos polares, tienen entre sí al cuerpo etérico y al cuerpo astral. Entre la organización del yo y el organismo físico se encuentra el cuerpo astral el cuerpo etérico. El cuerpo astral cobra un efecto directo solamente sobre lo referido al aire del organismo humano y a través del cuerpo etérico, sobre el organismo de los líquidos y el organismo nutricional o físico. En cada uno de los órganos humanos, tenemos una acción conjunta del organismo etérico y el astral. Al contemplar la acción del organismo etérico y el astral. Al contemplar la acción del organismo etérico sobre cualquier órgano, el efecto del organismo etérico se evidencia de manera tal que el órgano obtiene vida germinante y brotante de ese organismo etérico. Todo aquello que a modo de fuerza vital se encuentra en un órgano o en el organismo, se debe al organismo etérico. Al contemplar al organismo astral, vemos que el mismo a cada instante se comporta de manera tal que tiene la tendencia de paralizar, inhibir al crecimiento, la vida germinante, brotante, no matándola, pero inhibiéndola.

La organización del yo tiene la iniciativa constante de dar muerte al organismo y a los diferentes órganos y a ello tiene que oponerse aquello que como al sustancia alimentaria incorporada desde afuera, vivificada constantemente a los órganos, algo que cobra especial acción en la infancia y en la juventud del hombre.

A los impulsos etéricos se opone la actividad del cuerpo astral que de hecho constantemente inhibe la actividad etérica. Supongamos que en su organismo existiera únicamente la actividad  etérica, vida desorbitante: jamar podríamos obtener una vida anímica, nunca podríamos desarrollar una conciencia. Tendríamos que vegetar dentro de una existencia similar a la de la planta. Todo intenta creer y brotar, pero dentro del meramente dedicado al  germinar, brotar y crecer  no se desarrolla una conciencia. Tendríamos que vegetar dentro de una existencia similar al a de la planta. Todo intenta crecer y brotar, pero dentro del meramente dedicado al germinar, brotar y crecer no se desarrolla una conciencia. Para que pueda desarrollarse conciencia, tiene que acontecer inhibición a lo etérico, la vida desbordante. Y con ello tenemos un órgano que es inhibido, ya en la vida normal del hombre, en realidad el inicio constante de la enfermedad. No podemos desarrollar una conciencia dentro de nosotros, sin desarrollar constantemente la tendencia del estar enfermo. Dado que si solamente pretendemos estar sanos, lo podríamos lograr al precio del estar vegetando. Si buscamos tener una vida anímica, si queremos tener conciencia en primer término tenemos que tener al vegetar, para luego inhibirlo. Y de esta  manera se ubican polarmente – aunque no tan marcadamente como organismo físico y organización del yo – el organismo etérico y el astral en un sentido más reducido, siendo que el organismo astral constantemente tiene que inhibir aquello que es promovido por el organismo etérico. Por lo tanto aquello que realiza el organismo astral día tras día en la vida humana es una constante tendencia hacia la enfermedad. Aquello que realiza el organismo etérico, es desbordante salud. Y de la misma manera, como de modo abstracto podemos decir, que el hombre consiste de cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y organización del yo, podemos decir, el hombre consiste de procesos nutricionales, de desbordantes procesos salutíferos, de procesos, de procesos de enfermedad de accionar constante y aquello que es una ejecución continua, que una y otra vez es detenida hasta que se suman estos procesos de ejecución formando un integral, produciéndose entonces la muerte.

Contemplemos a este organismo astral que constantemente tiene la tendencia de enfermar al hombre, ya sea en un órgano o al hombre en su conjunto. Al realizar una auto-observación, podrán descubrir que esto es así, dado que en nosotros no podría generarse sentimiento algo, si no existiera este organismo astral. Imaginemos esto: el organismo etérico está allí, desarrolla la vida, el organismo está allí, inhibe la vida. Estando despierto – al estar dormido, luego me referiré – constantemente tiene que tener lugar un ir  y venir, dentro de un lábil equilibrio, entre lo etérico y lo astral. De esta manera el hombre siente. De no existir ese ir y venir, nada podría sentir. Imaginemos ahora que la actividad astral no es rebotada inmediatamente por la actividad etérica. Cuando es rebotada, cuando por lo tanto en el status nascendi, de inmediato lo astral es rechazado por la actividad etérica, se genera la capacidad normal del sentimiento. Veremos en lo físico, de qué manera esto está vinculado con la actividad glandular. Cuando empero la organización astral se torna más poderosa, de modo tal que el órgano etérico en su actividad no puede responder de manera correcta, entonces el órgano es afectado en exceso por la actividad astral y en lugar de que tenga lugar un oscilar del vaivén, se genera una deformación del órgano y tenemos entonces en el hecho de que el cuerpo astral paraliza mas allá de la medida correspondiente –lo que puede ser equiparado en el Status nascendi – tenemos ubicado allí la causa de la enfermedad. Y de hecho la enfermedad está relacionada con el sentir de manera tal que podemos decir: la vida del sentimiento humano, simplemente es el reflejo de la vida de la enfermedad. Cuando en el curso del tiempo tiene lugar un movimiento pendular, inicialmente subyace a la vida del sentir en el status nascendi, en el momento de la generación, el mismo proceso que significa un proceso patológico, en el caso del predominio de lo astral. Puede acontecer empero a su vez que se retrotraiga lo astral y cobre predominio lo etérico, entonces se genera un proliferación vale decir, una enfermedad orientada hacia el lado opuesto. Al observar el predominio de lo astral en la provocación de estados inflamatorios, en el caso del predominio de lo etérico, observamos la aparición de proliferaciones. Y podemos decir entonces que en la normalidad de la vida de los sentimientos, constantemente tiene lugar un lábil equilibrio entre las proliferaciones y los procesos inflamatorios. La vida normal del hombre necesita la posibilidad del enfermarse. Solo que tiene que haber una constante equiparación. Esto posibilita que sobre todo en la vida anímica del ser humano podemos observar un cumulo de aquello – en el caso de tener capacidad para la observación de tales cosas, se puede constatar la aproximación, la llegada de una enfermedad, con anterioridad mucho mayor que esa enfermedad pueda ser  diagnosticada físicamente. La enfermedad es tan solo una anormalidad de la vida sentimental del hombre.

La vida del sentimiento permanece dentro de lo anímico, porque constantemente existe una equiparación en lo etérico. En el momento en el cual esa equiparación ya no tiene lugar, la vida del sentir desciende precipitándose al cuerpo, ligándose con él, y tan pronto como la vida del sentir se convierte en el órgano, la enfermedad aparece. Cuando entonces el hombre de manera normal puede conservar al sentimiento en el alma, esta con salud; si no puede hacerlo, el sentimiento en algún lugar impacta en los órganos y así se genera la enfermedad. Todo esto lo estoy diciendo a modo de introducción porque de ello ustedes pueden desprender cuan necesario es que el médico realmente tenga una mirada sutil, también para la vida anímica del hombre. Y en definitiva no podemos desarrollar el sentido con respecto al diagnosticar, sino tenemos una fina mirada referida a la vida anímica humana. Volveremos sobre los pormenores de este asunto.

¿Qué acontece empero al tomar en cuenta la organización del yo y al organismo físico? Contemplemos en primer lugar al proceso nutricional. Este proceso nutricional constantemente destruye aquello que con las sustancias en el mundo exterior. El organismo astral inhibe, paraliza, aquello que el hombre es su interior, debido a su organismo etérico, se trata del establecimiento de un equilibrio entre el organismo astral y el organismo etérico. Entre el yo y el organismo físico está establecido un equilibro, entre el mundo exterior y el mundo interior. De modo que podemos decir: la sal, tal como la conocemos es el mundo exterior. Una vez que la sal es apoderada por la alimentación y la organización del yo, la organización del yo tiene que estar en condiciones de transformar íntegramente a esa sal, retrasándole todo lo que ha sido afuera. Si así no lo hiciera, esto equivaldría a ser una cuerpo extraño den el organismo humano. Este cuerpo extraño en el cuerpo humano, no lo tenemos que tomar  tan solo como un cuerpo con contornos filosos, ese no es el caso. Sino que un cuerpo extraño tal, también puede ser el calor extraño. No tenemos que tener calor alguno en el organismo, salvo aquel que elaboramos nosotros mismos a través de la organización del yo. Imaginemos al hombre, y tenemos que enterarnos de que un estado calórico exterior no elaborado por él, se apodera de él en algún lugar, así como un trozo de madera es presa de un estado calórico externo. El estado calórico seria para el hombre no solamente  estimulo como para elaborar un calor propio a modo de reacción, o de efecto, sino que el calor externo – o el frio externo – se acercaría de manera directa al hombre. Y  vemos a ese frio externo, o calor externo, también como cuerpo extraño dentro de nosotros. De modo tal que podemos decir: el equilibrio interior entre la enfermedad y la salud es promovido por el organismo astral y el etérico, el equilibro entre el hombre y el mundo a través del contraste polar entre el cuerpo físico y la organización del yo. Se trata de adquirir una autentica mirada con respecto al efecto, a la actividad de estos cuatro miembros del organismo humano. Puesto que tal como lo hemos visto, la enfermedad no puede ser reconocida a partir del organismo exterior-físico. Aquello que es enfermedad tiene lugar plenamente en lo supra sensorio. Al querer aproximarnos a aquello que es la enfermedad, tenemos que tener en concepto una idea, del organismo astral. Y ustedes podrán reconocer todo esto a partir de otro estado de cosas, cuando hoy a modo de introducción nos encontramos con tales conceptos triviales. En un órgano aparece dolor. Sí, cuando el cuerpo astral es excesivamente poderoso, el órgano experimenta una deformación y siente dolor. Cuando el órgano de inmediato equipara la influencia del cuerpo astral, en el status nascendi, aparece el sentimiento. En definitiva empero, el dolor es sentimiento, solo que sentimiento acrecentado, procedente de la deformación, de modo tal que se comprende por qué la enfermedad está acompañada por dolor. De otro modo nos vemos impulsados a preguntar ¿por qué la enfermedad está acompañada por dolor? Fácilmente podemos comprender la aparición del dolor, sabiendo que esa enfermedad vive solamente en una tan fuerte aparición del sentimiento, que esa vida del sentir cobra un efecto deformante sobre el órgano. Nos daremos cuenta de que todas las manifestaciones del sentimiento realmente pueden ser evaluadas, a partir de la consideración profunda de la vida anímica humana. Sucede que  todas estas cosas las podemos reconocer debidamente al decirnos: naturalmente acontece algo diferente en el hombre, cuando de alguna manera esto aquel órgano es afectado por una actividad avasalladora del cuerpo astral. Supongamos por ejemplo como en un caso dado, digamos el hígado es afectado por el cuerpo astral. El hígado se comporta de manera diferente como otros órganos. Puede ser deformado en elevada medida por el cuerpo astral, sin provocar dolor, sin que se produzca un dolor inmediato, directo en el órgano hepático. Es por ello que las enfermedades del hígado son tan ocultas y ladinas, porque no se revelan a través del dolor. Esto se debe al hecho de que el hígado es el órgano aquel, que en realidad a través de toda su constitución, es un enclave en la organización humana. En el hígado tienen lugar procesos que entre todos los procesos que acontecen en el organismo humano, en mayor medida se asemejan a los proceso del mundo exterior, de modo tal que de hecho en el hígado el hombre en mayor medida no es hombre. En el hígado, deja de ser hombre. Se convierte en mundo exterior, en el interior posee un fragmento de mundo exterior. Esto es muy interesante. Tenemos al mundo exterior (ver dibujo), tenemos al hombre y dentro del hombre a su vez algo que nuevamente es mundo exterior.

Es algo así como si ciertamente se hubiese abierto una especie de agujero en la organización humana. Y del mismo modo como no causaría dolor, si al cuerpo astral lo estrujara dentro de este paño, tampoco dolería la presión del cuerpo astral en el hígado. El cuerpo astral puede destruir, pero no causa dolor, en lo que al hígado respecta por el hecho de que el  hígado es el órgano aquel que es reservado, donde interiormente, a modo de un enclave, aparece un fragmento del mundo exterior en el organismo humano.

Sin tomar en cuenta estas cosas, jamás podremos comprender al organismo humano. En la literatura filosófica y anatómica habitual, podemos hallar los datos más diversos referidos al hígado. Los podemos comprender, al saber que el hígado es aquello en el interior del hombre que en mayor medida le es ajeno. ¿Y por qué sucede esto? Al contemplar un ojo humano – o un órgano sensorial en sí – vemos que es algo así como una caverna, que desde el mundo exterior se extiende hacia el interior del hombre. En el ojo existen procesos, que casi podríamos comprender mediante la física. En el caso del ojo no resulta ser difícil, presentarnos frente al hombre, como mero físico. Trazamos un dibujo con algunas rayas – que en realidad son una tontería pura – que nos pueden representar al proceso de refracción de la luz y generación de la imagen en el cristalino común. Exactamente el mismo dibujo hace la gente en el caso del ojo. Trazan un rayo de luz cualquiera que pasa por un cristalino, que se refracta, forma una imagen ene l fondo del ojo, etc. Con respecto al ojo, la gente se ha convertido en grandes físicos y desde la época de Helmholtz, el oído prácticamente se ha convertido en piano. Vale decir en los órganos  sensorios muestra expansión la observación aquella que puede ser implementada exteriormente sobre la naturaleza. Allí algo procedente de afuera, experimenta continuación hacia adentro. Y hasta está justificado en lo histórico-evolutivo. Vemos en determinados animales inferiores, como el ojo se encuentra formado desde afuera mediante invaginación  y relleno. De modo tal que el ojo ciertamente es inserto hacia el interior del organismo, proviniendo en crecimiento desde el interior. De modo tal que en los órganos sensorios tenemos en el organismo un fragmento de mundo exterior. Pero tienen apertura hacia  afuera, el mundo exterior entra al organismo a modo de un golfo en los órganos sensorios. El hígado es de manera tal que se encuentra cerrado hacia todos los lados, pero es como un órgano sensorio que de hecho en lo inconsciente ostenta una alta sensibilidad con respecto al valor nutritivo de las diferentes sustancias que ingerimos. Y tenemos que afirmar que recién cuando al hígado no solamente le adjudicamos aquellos procesos físicos que hoy se le adjudican, comprendemos aquello que acontece en la digestión en la nutrición. Esos procesos son tan solo la expresión del o espiritual-anímico. Tenemos que adjudicarle al hígado el ser un órgano sensorial interior, con referencia a los procesos nutricionales. Y con ello se ubica a una proximidad mucho mayor a las sustancias terrestres que nuestros órganos sensoriales comunes. Con el ojo en principio como efecto estamos expuestos al éter, con el oído al aire, el hígado está expuesto directamente a las cualidades materiales del mundo exterior y tiene que percibir y descubrir esas cualidades. Otro órgano sensorial es el corazón. Ero mientras que el hígado se encuentra expuesto con su capacidad perceptiva frente a las sustancias exteriores que penetran la interior del hombre, el corazón es un órgano sensorial para la percepción interior del hombre. Es un absurdo afirmar que el corazón es una especie de bomba que impulsa la sangre por las arterias. El movimiento de la sangre se realiza a través del yo y del cuerpo astral. Y con el corazón meramente tenemos un órgano que percibe la circulación, percibe sobre todo la circulación del hombre inferior, hacia el hombre superior.

Vemos entonces que el hígado por así decir tiene que constatar en el proceso digestivo, el valor dentro del hombre, digamos de un hidrato de carbono cualquiera. El corazón tiene que constatar la acción del cuerpo astral y del yo ene l hombre. Por lo tanto el corazón es una órganos sensorial completamente  espiritual, el hígado un órgano sensorial completamente material. Y tenemos que tomar en cuenta esta diferencia. Tenemos que llegar a una cognición de los órganos que es cualitativa ¿de qué manera procede hoy la ciencia natural, sobre la cual se basa la medicina? Realmente con una gran indiferencia se extrae un tejido de una parte del organismo, digamos del corazón o del hígado. Ese tejido es investigado con respecto a su estructura exterior, física, y su constitución. Con ello empero nada hemos revelado acerca del órgano en cuestión dentro del organismo humano. Tengo aquí un cuchillo y otro cuchillo y los investigo. El uno es un cuchillo y el otro es un cuchillo. Cuando los reviso con respecto a su forma, a su aspecto, viendo que en el dorso posee un canto, adelante un filo, está inserto en un mango, etc., me entero solamente de una cosa: este es un cuchillo y aquel es un cuchillo. Tengo que salir de esta manera de investigación, tengo que abarcar un todo y  puedo entonces hallar la diferencia entre un cuchillo de mesa y una navaja de afeitar. Exteriormente considerado, una navaja podría ser asimismo, un cuchillo de mesa. Vale decir que no meramente por la figura exterior puedo reconocer si se trata de una navaja o de un cuchillo de mesa, sino que a cada cosa la tengo que contemplar en todo su contexto. Entonces a partir de la mera observación de un órgano, tal como hoy se practica, nada puedo saber acerca de la importancia de este órgano, siempre tengo que observarlo dentro de su contexto global. La mera investigación del a estructura y constitución de un órgano nada nos aporta. De hecho tenemos que fundamentar nuestro estudio  acerca del hombre sobre algo muy diferente a aquello que emana de la química, que investiga únicamente las afinadas químicas, las energías químicas. Al respeto en la actualidad, las personas son terriblemente ingenuas. En un determinado instituto fisiológico se realizaron estudios acerca de cómo ratones podrían ser alimentado con leche. Pueden ser alimentados perfectamente. Prosperan de modo excelente. Al mismo tiempo y para comprobar que dentro de la leche aun hay otra cosa que sus componentes, se separaron los componentes y se los suministró a los ratones.los ratones murieron al cabo de tres o cuatro días, no pudieron ser mantenidos con vida. ¿Qué ha hecho la gente? Ha dicho: es decir que la leche no solamente tiene sus componentes, los que conocemos sino que adicionalmente tiene una materia: la vitamina. Tuvieron que constatar todavía una sustancia muy fina, la vitamina. Se inventó esa materia. Pero no se trata de esto, sino del hecho de que si tenemos los componentes de la leche los tenemos de manera tal como si dijéramos: aquí hoy un reloj con cadena. Paso a conocer al oro, a la plata, los demás metales que componente al reloj, el vidrio, etc. Y bien el vidrio, el oro, la plata y los demás metales no constituyen aun al reloj. El reloj yace en aquello que el pensamiento del mecánico realiza con ello. Y el pensamiento del mecánico al contemplar la leche y sus componentes, es en ese caso que en los componentes están contenidos las cualidades terrestres, las cualidades que los diferentes componentes han recibido de la tierra. En estos componentes durante determinado tiempo se encuentran en existencia las fuerzas periféricas procedentes del cuerpo etérico.

Tenemos que decidirnos a tomar estas cosas en mayor medida como existentes. Cosas como la vitamina son inventos mediante los cuales simplemente se constata lo existente. Tiene que tener lugar un modo de considerar las cosas completamente diferente.

Cuando comemos demasiada cantidad de pasas, para nada nos servirá constatar la acción de las papas ene l organismo humano al cantidad de hidratos de carbono. Los demás hidratos de carbono, que por ejemplo se encuentran en las hojas y no en las raíces, o digamos en las frutas, hallan su elaboración en el tracto digestivo. La papa es algo excepcionalmente peculiar. Penetra con sus fuerzas de tal manera al organismo humano que aquello que digamos con respecto a la alubia todavía acontece dentro del tracto digestivo, ene l caos de la papa recién acontece en el cerebro. Ene l cerebro también acontecen constantemente procesos nutricionales. Quiero señalar estas cosas para ampliarlas más tarde. Aquel que come papas en exceso, circunstancialmente puede sobre-exigir a su cerebro. Requiere del cerebro procesos que deberían tener lugar en un lugar inferior del cerebro. A partir de ello obtenemos la posibilidad de aprender de la medicina algo positivo para nuestra higiene, y para toda la vida social en sí, al aprender de esta manera no a partir de la constitución química, sino a partir del contexto del universo, las relaciones del hombre hacia la materia que lo rodea. Existe una diferencia fundamental entre la aparición de una sustancia en la hoja o en la raíz. Mucha mayor importancia cobra saber de qué parte de la planta procede, en lugar de saber si contiene hidratos de carbono. Las raíces se encuentran ligadas en mayor medida a la organización de la cabeza, la organización de las hojas y las flores, se corresponden con el hombre en su parte inferior. Y la constitución química juega un rol de ninguna manera decisivo. Al querer evaluar realmente lo enfermarte, tenemos que obtener el conocimiento de las relaciones del hombre hacia el mundo circundante,  a partir cosas muy diferentes. Tomar en cuenta las señales que aporta la química abstracta, es algo que ha socavado cada vez más, todas las cogniciones del hombre, por el hecho de que de esta manera no se sabe a través de al constitución química, qué relación tiene l hombre realmente hacia el mundo que lo rodea.

Tomemos otro ejemplo: el modo de consideración procedente meramente de la química muestra que el oxigeno es necesario en l aire, pero el nitrógeno no de la misma manera. Y a partir de aquello que la gente hoy está pensando acerca del oxigeno y de nitrógeno, podríamos creer que frente a la respiración, no sería tan esencial, si el aire tuviese poco nitrógeno, y que lo importante es que tenga suficiente oxigeno. Se sabe empero que cuando dentro de un aire hay faltante de nitrógeno, el hombre aporta nitrógeno, para restituirlo en el aire circundante.

El hombre depende de que exista una determinada relación entre el contenido de nitrógeno y el contenido de oxigeno en el aire circundante.

 Todas estas cosas son de eminente importancia para el conocimiento del hombre pero todas estas cosas  pesar de ser investigado o reconocido por este o por aquel, permanecen si fertilidad para el mundo científico de la actualidad, cuando no existen pruebas ni comprobantes, para la incorporación del hombre, en todo su medio circundante. Esto lo haremos mediante nuestras consideraciones para expandir de esta manera una luz acerca del hombre sano, así como acerca del hombre enfermo.

LA ORGANIZACIÓN DEL YO   =   MUERTE

LA ORGANIZACIÓN ASTRAL   =  ENFERMEDAD

LA ORGANIZACIÓN ETÉRICA   = SALUD

LA ORGANIZACIÓN FÍSICA     = ALIMENTACIÓN

 

5.2.2013