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Georg Soldner – Michael Stellmann 5.4.3. CONVULSIONES FEBRILES (convulsiones infecciosas) El termino “convulsión febril” señala un fenómeno ambiguo, no-uniforme ni en su origen, ni en su pronóstico. Fenomenológicamente queda en evidencia que los niños pequeños, sobre todo entre un año y cuatro años, en las infecciones febriles – frecuentemente al comienzo de las mismas – muestran una tendencia a los ataques convulsivos. Al respecto, la temperatura del cuerpo ANTES del comienzo del ataque puede estar elevada moderadamente, mientras que DESPUÉS del ataque a menudo está dada una elevada temperatura del cuerpo. Se habla de un “ataque dentro del aumento febril”, siendo que la relación reciproca del ataque para con el ascenso de la temperatura no está definido. Dado que el mismo ataque puede contribuir al ascenso de la temperatura y en la mayoría de los casos no existe una relación causal entre la temperatura y el acontecer convulsivo. Acorde a ello, en la actividad medica podemos constatar fácilmente que en la mayoría de los casos el tratamiento antipirética (los “supositorios para fiebre”) NO POSEE UNA INFLUENCIA POSITIVA COMPROBABLE SOBRE EL ACONTECER CONVULSIVO. La temerosa fijación sobre la altura de la temperatura del cuerpo y su supresión a menos de 38,5 ºC, padece de todo fundamento científico solido. Indiscutible es por otra parte que un anticonvulsivo como Diazepam ya en dosis pequeña (por ejemplo 3,75 mg, rectal, cada 12 h, en los primeros 1-2 días), comparativamente poseen un efecto protector muy bueno en oportunidad de convulsiones febriles recidivantes. Las convulsiones febriles normalmente son ataques convulsivos en parte, de duración mayor. Tanto más sorprendente resulta ser entonces, que las mismas constituyen en MÁS DEL 90% DE LOS NIÑOS UNA “SOBRE-REACCIÓN” CON DEPENDENCIA DE LA EDAD EN EL MARCO DEL DEBATE FEBRIL CON UNA INFECCIÓN. La fenomenología – pero también la experiencia terapéutica con medicamentos potenciados – indica que en este gran grupo, el ataque tiene que ver con una INMADUREZ DEL ORGANISMO. La misma yace, con alta probabilidad, EN EL ORGANISMO CALÓORICO MISMO: en la fase del ascenso de la temperatura, se encuentra en una situación de máximo desafío. En lo clínico de este gran grupo de niños llama la atención el hecho de que a menudo se les hace difícil, responder mediante una actividad calórica respectiva (vale decir, activación metabólica) a la infección. Muchos de estos niños evidencian DIFICULTADES EN LA DISTRIBUCIÓN CALÓRICA (centralización, periferización del calor). En ellos se produce de manera dilatada una ascenso de la temperatura que a menudo llega a golpe, que fundamentalmente puede ser considerado como consecuencia de una ACRECENTADA INTERVENCIÓN DE LA INDIVIDUALIDAD DEL NIÑO, CON AUMENTO DE TODOS LOS PROCESOS CATABÓLICOS FORMATIVOS – catabólicos. Esa facultad de intervención RECIÉN SE APRENDE en la edad infantil. Por lo tanto, las mencionadas convulsiones febriles del extenso grupo de pacientes no reflejan problemas cerebrales y de índole intelectual, sino primariamente una problemática evolutiva de la ACTIVIDAD VOLITIVA (la actividad inmunológica puede ser considerada como tal) vale decir la entrada en efectividad de la individualidad infantil, dentro de la corporeidad heredada de los padres. No sorprende que la antipirética en estos casos no tienen utilidad: dado que dificultan la actividad de la organización calórica, en lugar de fomentarla y por otra parte no interrumpen al convulsivo intento de compenetración de la individualidad frente a su propia corporeidad. Diazepam es causalmente efectivo en el sentido de que separa la actividad del organismo anímico y el del yo, un trecho de los procesos puramente vitales del organismo (comparemos el efecto relajante y depresivo respiratorio de Diazepam, en el cual se evidencia la supresión de lo anímico de su actividad corporal). Con ello se impide tendencialmente un incremento patológico de la actividad convulsiva en la musculatura y en el cerebro. Un gran estudio comparativo británico en 14.676 niños de los cuales 381 han tenido ataques convulsivos con fiebre en la edad de niño pequeño (287 simples y 94 ataques febriles complicados), ha mostrado en un examen posterior a los 10 años, los siguientes resultados:
Con excepción de estas cuatro diferencias los pacientes con ataques convulsivos con fiebre no mostraban diferencia con aquellos del grupo de control. La comparación de convulsiones simples frente a las complicadas convulsiones febriles, tampoco evidenció una diferencia en los resultados. El momento de la primera convulsión febril, antes o bien después del primer año de vida, no mostró diferencia con respecto a los resultados posteriores…Los niños con una convulsión febril o varias convulsiones febriles, no muestran una diferencia en el desarrollo intelectual y en el comportamiento entre ellos, así como con respecto al grupo de control sin ataques convulsivos en ocasión de fiebre (Verity et al, 1998, Wölfel 1999) Tenemos que admitir que ataques convulsivos en ocasión de fiebre, sin lugar a dudas pueden ser SÍNTOMAS PRIMARIOS DE UNA EPILEPSIA (anamnesis, transcurso atípico, o bien edad atípica para la aparición de la enfermedad, post-examen neurológico, incluso EEG, observación del curso). También el convulsionar (con mayor frecuencia) de un niño cerebralmente dañado, en ocasión de fiebre, requiere una contemplación propia – aquí no podemos entrar en pormenores con respecto a esta situación. Entre los niños con convulsión febril sin punto de referencia de un subyacente trastorno neurológico, cobra sentido, diferenciar fundamentalmente en
En la mayoría de los casos los ataques en el grupo mencionado en primer término, transcurren con una gravedad mayor, los niños del grupo b, por lo general muestran una estructura lábil, física-anímicamente con carencia de armonía. 5.4.3.2 POSIBILIDADES TERAPEUTICAS DE LA HOMEOPATÍA Y DE LA MEDICINA ANTROPOSÓFICA En este capítulo nos referiremos a la terapia de aquellos niños con convulsión febril, en los cuales no hay indicio de una epilepsia subyacente o causa orgánicamente fijada del ataque convulsivo. EL PRIMER PASO TERAPÉUTICO en una minuciosa ANAMNESIS Y una CHARLA CONSULTIVA con los padres. Un ataque convulsivo es para toda persona que se encuentra con el paciente sin preparación previa (y generalmente desvalido), y más aún para los padres, es un acontecimiento chocante, que deja profundos y persistentes temores. Al no querer fomentar los mismos, es necesario una charla explicativa, al cabo de los exámenes físicos y los diagnósticos aparativos, en la cual se dilucida cada paso terapeutita en el intervalo y en el momento agudo, el pronóstico más favorable a largo plazo, se ilustra a el posible trasfondo (en el sentido de lo arriba expuesto), del suceso, dando un claro plan terapéutico. No solamente en este sentido, una charla de esta índole se asemeja con la situación al cabo de un primer así llamado ataque Pseudo-Krupp: también en ese caso nos encontramos frente a un “acontecer-ataque”, ligado a una determinada edad, con una estructura anímico-física, aun inmadura (ver capítulo 5.1.4). Al igual que allí podemos recetar sin lugar a duda un efecto medicamento alopático de emergencia (en el caso de convulsiones febriles Diazepam en forma de recto) y describir su indicación y la entrada en efecto. De esta manera se podrá crear una tranquilidad adicional, frente al infundado fogoneo de temores por la actividad febril del niño. La meta del TRATAMIENTO DE INTERVALO es, permitir una inserción más armoniosa y fluida de la individualidad infantil, tanto en el aspecto de su yo, (organización calórica), como también con respecto a la organización anímica (tendencia convulsiva, ver 5.1.4), para evitar una escalacion en el caos de infecciones- en el caso del TRATAMIENTO AGUDO, SE TRATA DE APOYAR LA MADURACIÓN DE LA ORGANIZACIÓN CALÓRICA INFANTIL, con lo cual se torna innecesario el ataque convulsivo, esto no excluye en el caso individual, una profilaxis alopática, o bien una terapia mediante Diazepam. EL MÁS IMPORTANTE MEDICAMENTO POTENCIADO en general, en el caso de las convulsiones febriles es Belladona D6- D15, Dil./Rh Dil (libre de alcohol) WELEDA Belladona actúa de manera abarcativa de modo MEDIADOR con respecto a la organización calórica entre el centro y la periferia, con referencia a la organización anímica, el cuerpo astral, entre la actividad catabólica, formativa, generadora de conciencia y la actividad que se relaciona con la organización metabólica (para mayores detalles ver 5.1.4 y 6.4.2.5) Los niños pequeños que necesitan Belladona como medicamento, tiene la tendencia de estancar en el ámbito de la cabeza, las fuerzas de su individualidad anímica-espiritual: correspondientemente, la cara está enrojecida, la cabeza está caliente, mientras que la periferia se conserva fresca: de esa desproporción resulta asimismo, la tendencia a las anginas. En la clásica convulsión febril, el cerebro en sí está sano, la actividad de descarga que aparece en el ataque refleja un estancamiento frente al ámbito metabólico y de los miembros y no primariamente un problema cerebral. La belladona actúa en contra de ese estancamiento y promueve una armoniosa afluencia de los impulsos individuales al acontecer corporal, a la conversión, llegando hasta el movimiento de las extremidades. El efecto de Belladona se complementa a través de PLATA potenciada, que sobre todo fomenta una MADURACIÓN CALÓRICA y COBRE potenciado, que entre todos los metales es aquel que de manera más intensiva cobra un efecto opositor a la DISPOSICIÓN CONVULSIVA, que parte de lo anímico. Entre los medicamentos sobre una base vegetal, la CHAMOMILA (planta tota) D12 –D20 Dil. WELEDA/glob. en la edad infantil actúa en una dirección similar como el obre. Este medicamento está indicado cuando el niño a los impulsos procedentes del sistema nervio-sensorial no los puede trasladar a un acontecer metabólico, rítmicamente proporcionados, sino tiene la tendencia a un “cortocircuito” – que da la impresión de convulsión, ataque – sobre todo en el caso de estrés y de cansancio excesivo. Este medicamento es especialmente efectivo en los niños que constitucionalmente excitables, irritables, sobre-sensibles y que por el otro lado ostentan una estrecha LIGADURA A LA MADRE. El cobre y la manzanilla en forma potenciada cobran un efecto-inconsciente, que llega a la expresión, sobre todo en la FUNCIÓN RENAL () compárese los capítulos 5.1.4 y 6.4.2.5). A la edad de los 2 años hasta los 5 años la misma experimenta una definida maduración. 8.1.6. INDICACIONES TERAPEUTICAS d) REFERENCIAS ORGÁNICAS EN EL TRATAMIENTO DE LA EPILEPSIA Comenzando a partir de los 3 años a los 4 años y a más tardar con el advenimiento del tercer septenio, cobran una importancia cada vez mayor para el tratamiento del acontecer epiléptico, los TRASTORNOS FUNCIONALES ORGÁNICOS ( que pueden llamar la atención tanto físico como somáticamente): en estos trastornos puede estar dado un importante impedimento para el cuerpo astral y la actividad del yo para tomar posesión plena del cuerpo, convirtiéndolo en herramienta de su conexión con el mundo. Con respecto a la epilepsia, R.Trichler (1979, pág. 14-27) sobre todo la epilepsia del adulto; se ha referido ampliamente a este aspecto, se ha referido ampliamente a este aspecto. La referencia orgánica hacia el CEREBRO, que en la medicina tradicional ocupa un lugar de primer plano casi exclusivo, es un reduccionismo, en esa se exclusividad, que se encuentra relacionada todavía con la concepción cartesica que sostiene que el alma humana solamente se conecta con la epífisis, siendo que el resto del organismo es un autómata, manejado desde ese lugar (Descartes, Passions de l’ ame, traite de l’homme). Cuando en cambio podemos reconocer y percibir que la organización del yo y del alma se encuentran tan activamente presentes en el corazón y la mano como en el sistema del limbo, entonces las inhibiciones de la función orgánica POR DOQUIER en el organismo obtienen un significado pedagógico para la consideración de la epilepsia, dado que DE HECHO, LA TOTALIDAD DE LOS PROCESOS FÍSICOS DEL ORGANISMO SE RELEJA EN EL CEREBRO (y correspondientemente, allí puede conducir a trastornos). La referencia orgánica más importante con respecto a la terapia de las epilepsias infantiles, existe hacia el RIÑON, siendo que existen estrechas relaciones hacia el sistema endocrino, sobre todo hacia la CAPSULA SUPRARRENAL. Los síntomas indicadores pueden ser:
Terapéuticamente el medicamento metálico mas importante es el COBRE, exteriormente como fricción de la región orgánica, o interiormente, circunstancialmente en aleación con el preparado orgánico homologo:
En el curso de una mayor excitabilidad
Una fuerte referencia renal posee asimismo, el mencionado carbón de abedul,
En relación con las epilepsias infantiles, terapéuticamente vienen al caso: para el incentivo de la función hepática-biliar y la desintoxicación en el caso de prevista carca medicamentosa, en especial, anticonvulsiva
El medicamento-mas importante-metálico, en relación con el trastorno hepático epilepsia es
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