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Brigitte Nitsche

LAS FUERZAS DE IMITACIÓN EN EL PRIMER SEPTENIO

Los primeros años de vida del niño son decisivos para todo el desarrollo del hombre y yo, como educadora sí, que soy ejemplo para los niños del jardín de infantes, vale decir, yo como persona, al igual que el medio circundante por mí configurado, quiero ser digna de ser imitada. En medida cada vez mayor, puedo observar que llegan niños “cansados de imitar”, o que solo penosamente pueden emprender al juego ya sea, que se desvirtúa dentro de un impetuoso retaso desenfrenado, o los niños caen en un estado de desgano y pasividad.

¿QUÉ ENTENDEMOS BAJO IMITACIÓN?

En los manuales de psicología, el comportamiento de la imitación de los niños, se describe como un comportamiento, en el cual se está copiando un modelo y como una facultad básica que muy tempranamente aparece en el desarrollo y  que se corresponde “al nadar de los peces  y el volar de los pájaros”. Se dice que se trata “de una facultad inherente al hombre” (Yando Seitz, 1997 p.4).

Se dice que la imitaciones s lo opuesto al invento y puede ser hallado ene l diccionario bajo imitación social, alegando se que un impulso social es la base de la transferencia de tipos de comportamiento. Acaso  ¿imitación puede ser reducida a copiar y por lo tanto a actividad instintiva? Desde el punto de vista del Estudio del hombre antroposófico, se trata de una facultad arquetípica humana del niño, de relacionarse en los primeros siete años de vida, plenamente con las personas que le son familiares y  con  su entorno, relación que llega hasta los actos, sentimientos y pensamientos de esas personas. Esa facultad, los niños la traen consigo, dado que la imitación no es meramente hacer lo mismo, o hasta un pasivo asimilar y  reflejar, sino que es transformación activa de impresiones. El niño tiene que imitar, responde, repitiendo aquello que recibe a modo de impresiones –nosotros lo llamamos juego.

Aquí se torna ostensible que la afirmación, que la imitación del niño es comparable al “nadar de los peces”, tiene que ser revisada. El animal recibe la enseñanza de sus órganos, las expresiones de los sonidos y el lenguaje corporal de los animales. Un gato, que se cría entre perros, jamás se pondrá a ladrar, un niño en cambio que se cría entre perros, jamás adquirirá la fuerza de erección humana y no aprenderá el lenguaje humano.

EL NIÑO ES UN SER IMITADOR – O, EL MISTERIO DEL DESARROLLO INFANTIL

La situación inicial infantil ¿desde donde procede el niño? Al contemplar el desarrollo del hombre, la misma no se inicia recién con el parto físico. Al respecto Rudolf Steiner nos ofrece una idea general desde el punto de vista de la ciencia espiritual: “cuando el ser humano sale de la percepción espiritual - anímica y se atavía con un cuerpo ¿Qué está buscando? Quiere llevar a la realización lo pasado que ha vivenciado en lo espiritual, llevarlo a la realización en el mundo físico. Con anterioridad al cambio dentario, el hombre ciertamente se encuentra orientado hacia lo pasado. El hombre se encuentra plenamente colmado de esa entrega, que desarrollamos en el mundo espiritual. (g A 293).

Este estudio del hombre, además nos habla de tres nacimientos.

El primer nacimiento es aquel en el cual el hombre abandona la envoltura física materna. El segundo nacimiento tiene lugar alrededor de los siete años, vale decir en ocasión del cambio dentario. En esa oportunidad se libera la envoltura etérica, en ocasión de la madurez sexual, la envoltura astral. Oriento la mirada hacia el primer septenio, comenzando con el nacimiento físico. “Mientras que se abre el anillo cósmico de la edificación corporal, se cierra el círculo de la sangre propia. Comienza a fluir la corriente sanguínea propia. Está dada la base de la vida independiente.” El niño llega al mundo e inicialmente es completamente indefenso. Puede respirar por sí mismo, puede succionar, puede digerir la leche materna, puede gritar ene l caso de impresión excesiva. En ese tempo primero depende del amor sincero, la dedicación en el cuerpo, esto es algo así  como un ser recordado al estado de amparo prenatal y queda dormido.”. En ese primer tiempo el niño duerme durante más horas que aquellas del estar despierto.

Esa edad de la lactancia posee una importancia fundamental.

Está caracterizada por el encuentro inter-humano de los padres con el recién nacido. Un niño de pocos días, puede imitar expresiones alegres y tristes del rostro de los adultos. Al cabo de algunas semanas se observa la primera expresión puramente humana – la sonrisa. Ha tenido lugar un “real” encuentro mutuo. En esta temprana época, se llevan a cabo grandiosas conquistas.

Siendo que las fases del estar despierto se van alargando, el paso ene l curso de medio año se ha duplicado, el niño va conquistando su corporeidad. Allí la imitación ocupa un primer plano, o expresado de otra manera todo aquello que se desarrolla en estos años hasta el cambio dentario, subyace a las fuerzas de la imitación del niño.

Se sabe que estos primero sietes años de vida constituyen una fase evolutiva de los ojos, la sonrisa, el levantar la cabeza, el asir las cosas, el sentarse, pararse y caminar. Al cabo de aproximadamente un año de vida se realizan los primeros pasos. A esta fuerza de erección reservada al hombre en contra de la fuerza de gravedad le sigue otra facultad humana: el habla. Después de la conquista del habla, alrededor de los tres años, nace la palabra “yo”. Junto al habla, luego se desarrolla a primera capacidad del pensamiento.

En ningún momento posterior de la vida aprendemos tanto como en estos siete primeros años. Se plantea la pregunta, de cómo en un tiempo tan breve, el niño adquiere la capacidad del caminar, hablar y pensar.

EL NIÑO TODO, ES ÓRGANO SENSORIAL

Como ya lo hemos dicho, en el primer septenio se ubica el desarrollo del cuerpo. El niño tiene que desarrollar su cuerpo, tiene que erguirse y aprender a dominarlo. Las condiciones previas que al respecto el niño trae consigo, las describe Rudolf Steiner de la siguiente manera: “Esto es lo esencial que tenemos que saber con respecto a toda educación hasta el cambio dentario, que en realidad en el niño vive algo naturalmente religioso, que el cuerpo mismo se halla en un clima de religiosidad. (g A 309). El niño se encuentra en un estado anímico religioso, está entregado al mundo, presenta una apertura absoluta frente al mundo, indefenso y confiado, permite la plenitud del flujo a su interior. El niño, íntegramente es órgano perceptivo, o todo órgano sensorial. Está abierto  hacia el mundo, es curioso y pleno de interés. Rudolf Steiner nos habla de una religiosidad física tal como mas tarde es vivenciable en profundísima entrega de una persona religiosa.

Cada una de las percepciones se apodera de todo el cuerpo del niño. Al ser amamantado un lactante, las manitas y los piecitos participan del goce. Todas las impresiones que recibe el niño pequeño, pasan sin ser filtrados a su cuerpo y entonces el cuerpo las elabora lo penetrado, a su propia manera. El niño juega con ello e imita.  Rudolf Steiner describe de la siguiente manera la transformación de las percepciones: “Por el hecho de que el niño íntegramente es órganos sensorial. Tiene que recepcionar estas cosas, del mismo modo, como el ojo no puede negarse, tiene que ver lo que existe en su medio circundante. Pero aquello que está recepcionando, el niño lo recibe únicamente al estar despierto. Luego el niño queda dormido. Los niños pequeños pasan mucho tiempo dormidos. Y durante el estar dormido el niño realiza la elección. Aquello que quiere recepcionar, lo envía desde su alma al cuerpo.

Aquello que no quiere recibir, durante el sueño lo expulsa había el mundo etérico, de modo tal que el niño en su corporeidad recepciona solamente aquello por lo cual está predestinado mediante su carma, por su destino. El imperar del destino lo podemos ver sobre todo en los primeros años  de la infancia.(g A 226, El ser del hombre, el destino humano y el desarrollo del mundo)

Allí habla de una gran sabiduría del niño, que en correspondencia con su destino decide lo que quiere incorporarse y aquello que será expulsado al mundo etérico.

Dado que de manera invisible en los primeros años acontece “la toma de habitación del alma y del espíritu dentro del cuerpo, que en el recién acido se encuentran como ubicados en el exterior del mismo. Es así que en las primeras horas de la vida, los primeros días del hombre, podemos detectar en él algo así como un “encanto” que se nos manifiesta a modo de habito de un ser celestial. (Reiner Johannes, Leyes del curso de la vida, procedentes de la biografía y la enfermedad, página 23)

Para comprender la vida anímica del niño pequeño tenemos que saber que el mismo aun no tiene a su disposición un espacio interior protegido. Lo sensorial y lo abstracto son vivenciados aun a modo de unidad. Las percepciones sensoriales son vivenciadas con intensidad mucho mayor, dado que la actividad  anímica y la de los pensamientos no están separada. Aquí se vislumbran claramente los diferentes planos de conciencia del niño pequeño del adulto. Cuando el adulto quiere comprender un objeto, lo capta a través del pensamiento, por ejemplo un piña puede ser descripta según su forma, su tamaño y material. El niño lo vivencia a través de la percepción sensoria y con mucha anterioridad a saber que ha encontrado una piño, la ha “conocido” mediante el tacto, la vista, el olfato y el gusto.

A través de la capacidad imitativa, “todo el cuerpo del niño se adapta a cada finura de aquello que se percibe y participa”.

Y ejecuta de manera inteligente lo sensorialmente vivenciado. Además queda una memoria  de ese proceso (Wolfang Goebel, Michaela Glöckler, Ateneo infantil, página 296). Todo proceso de erección es practicado múltiples veces a través del juego y transcurre de manera completamente individual. Además lo externamente escuchado, es imitado en ejercicio constante. Así, todo movimiento del nuevo aprendizaje, cada  nueva destreza, se fija a modo de memoria corporal. Esta memoria corporal, también es señalada como recuerdo muy especial, dado que mediante todo aquello que por la imitación se incorpora en el niño, se genera un fino hábito interior, y aquello que de allí emana al cabo del cambio dentario, se convierte en un hábito anímico, que luego es memoria.

Aquí podemos formularnos la pregunta: ¿Por qué se le requiere un esfuerzo tan enorme al niño pequeño? ¿Por qué los niños no pueden llegar al mundo caminando, hablando y pensando? Al nacer físicamente, el niño trae consigo a la tierra su destino, en su cuerpo actúa su “yo”, aun de manera inconsciente. A s vez, este “yo” también inconscientemente, construye su correspondiente casa, la cual más adelante puede ocupar. En los siete primeros años tenemos un cuerpo que nos entregan la naturaleza exterior y los padres. Es un modelo. Frente a ese cuerpo, con nuestro alma nos hallamos como el artista frente a un modelo, al que tiene que imitar… el cuerpo creado por nosotros mismos, lo teneos recién al cabo de siete años. (g A 311, página 18 “El arte de la educación a partir de la comprensión de la entidad humana”)

A su llegada a la tierra, el niño se encuentra con la libertad de configurar, con la ayuda de otras personas, su cuerpo de manera tal como lo necesita. Quiere hacer él mismo.

EL NIÑO ES UN SER VOLITIVO

A más tardar la voluntad se ha apoderado del cuerpo con la erección. No se trata empero de una voluntad consciente, guiada por la razón, a lo sumo podemos hablar de una forma primitiva de la voluntad, que principalmente aun consiste del deseo, el ansia. A esa edad aun vive plenamente en la acción y el niño aprende principalmente a través de actividades, a través de la imitación reiterada de un ejemplo activo.

El niño percibe junto al adulto y todas las formas del movimiento, así como también el paso erguido se aprenden por imitación, no existe una capacidad innata al respecto. Cada uno de estos procesos, es a su vez un proceso volitivo, que requiere el esfuerzo del niño. En su alma vive un indomable impulso de revivenciar interiormente aquello que afuera está viendo con referencia a ademanes. De esta manera se produce una conexión interior con aquello que está percibiendo. Esa percepción profunda conduce a la imitación, que a su vez en cada niño tiene un carácter diferente. Con la ayuda de la voluntad infantil, se imita aquello que acontece en su entorno. Para que empero en el niño se despierte la curiosidad, es necesaria la presencia de algo o alguien, un entorno viviente en movimiento.

EL SIGNIFICADO, LA IMPORTANCIA DEL GESTO, DEL ADEMÁN, PARA EL NIÑO

“No tenemos que tomar en consideración la curiosidad, sino algo diferente: que el niño de manera natural se fusiona con usted mismo, que usted vive dentro del niño. El niño pequeño aun es un saco, un “Plumpsack”, que no tiene curiosidad, sobre el cual tenemos que ejercer impresión por el hecho de aquello que somos nosotros mismo!. (g A 311, página 21)

Esto cobra validez sobre todo para los dos y medio primeros años, con anterioridad al despertar de la conciencia del yo. En ese espacio, el desarrollo del niño tiene lugar sobre todo mediante los gestos que le sirven de ejemplo. El niño llega a este mundo con una confianza primordial y aguarda justificadamente que sus personas de referencia se encuentren a disposición a modo de ejemplo. Mediante estos ejemplo, aprende a posesionarse de su cuerpo, vivenciando al mismo tiempo una socialización.

Nuestra primera comunicación o encuentro inter-humano no necesariamente tiene lugar a través del habla. Cada emoción, sentimientos y deseo, se expresan a través de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo está incapacitado a la no-comunicación – también un “no-hacer”, es expresión. Samy Molcho, un maestro de la pantomima, dice: “en algunas miradas exentas de palabra nos damos cuenta de ello: allí esa mirada, un gira de la cabeza, un gesto conmovedor, un además de rechazo, dicen más que mil palabras.

Habla del lenguaje del cuerpo, siempre existente. El niño plenamente es órganos sensorial, en su interior vivencia cada gesto, cada movimiento, con el significado moral, de modo tal que en el caso de un padre iracundo, el niño vivencia lo amoral, que puede estar vinculado a la ira. Y el niño vivencia en los movimientos más sutiles que realiza la persona en su medio circundante, los pensamientos que tiene la persona. Por lo tanto no deberíamos permitirnos jamás tener pensamientos impuros, amoral en el entorno del niño, diciendo: pensándolo, nos lo podemos conceder, total el niño no lo sabe. Esto no es cierto. Al estar pensando de alguna manera, siempre se mueven nuestros cordones nerviosos interiores. Las mismas son percibidas también por el niño, sobre todo en los primeros años. El niño es un fino observador e imitador de su entorno. (g A 226)

Interiormente el niño aun no comprende nada de estos sentimientos, pero vivencia como amoral aquello que se presenta a su vista. Este gesto viacundo entra hasta su corporeidad, vale decir, llega hasta su organización sanguínea y en oportunidad de una frecuente reiteración, se convierte en expresión dentro de la circulación sanguínea del niño. Enfermedades que se manifiestan recién en la edad adulta, pueden tener su origen en la infancia. Esto cobra validez asimismo para todo el anabolismo orgánico, en ese septenio. Vemos así que la educación tiene un efecto sanador, o un efecto enfermante. Cada impulso anímico deja sus huellas en el niño y transpone  todo el ser del niño pequeño. “Cada influencia, cada gesto del mundo circundante tiene un efecto plasmador en el niño”. Del mismo modo como el agua refleja arboles, montañas y nubes, el alma del niño recepciona todo aquello que lo rodea (Marta Heimeran, “La religión del niño pequeño”, página 25)

El gesto es lo primero con lo que se encuentra el niño y hacia ello se orienta, entregándose con todo el cuerpo. El niño asimila estos gestos sin tener conciencia de ello, puesto que tiene el impulso interior de imitar todos los movimientos.

“Tenemos que tener en claro que en realidad también la acción común del hablar es un especie de  mímica. Solo que los gestos no se producen mediante – digamos – los brazos, las manos y otros miembros del organismo, sino que el gesto se forma mediante la corriente del aire respiratoria”. (Rudolf Steiner, “Euritmia – la revelación  del lenguaje del alma”, G A 277, pág. 326)

Aquí casi tenemos la impresión de que lo invisible es visible, para el niño. Siempre cobramos efecto sobre el niño, por un lado a través de aquello que hacemos, y por el otro, mucho a través de aquello que somos. Aquello que decimos, se convierte en elemento segundo rango, dado que el niño se relación con aquello que en su entorno se siente, se piensa y se trata emprender.

El hecho de que el niño es receptivo con respecto a pensamientos y a sentimientos, ha sido comprobado ahora también por la reciente investigación de las neuronas-reflejo: “Lo sorprendente está dado en el hecho de que esas vías nerviosas, no –como hasta ahora se suponía- solamente entran en actividad cuando se mueve un miembro del cuerpo propio, sino también cuando se observa ese mismo movimiento en otra persona. (Rizzolatti Giacomo/Sinigalia Corrado, Empatía y las neuronas reflejo). Mediante la investigación de las neuronas-reflejo han llegado a la expresión los fundamentos fisiológicos de la imitación. El niño pequeño imita aquello que vivencia todos los días, tal como el hábito al pasear de su abuelo, el manejo de una herramienta, el sacudir del mantel, el marcar los precios de la vendedora en el supermercado…

Quiero remarcar una vez más que el niño al imitar, no meramente repite, sino que se convierte en un “re-creador”. Esto se torna claramente evidente cuando el niño se encuentra con lo desconocido o con algo temible. En la imitación, las impresiones son elaboradas de manera tal que una vez desaparecidas y recreadas mediante la imitación, son vivenciadas a modo de liberación. Después de la catástrofe en Japón, en el jardín de infante los niños juegan “terremoto” y elaboran aquello que tuvo efecto sobre ellos, lo juegan a voz de cuello durante todo el día: “Todos debajo de las mesas”. En la temprana edad practicamos aquello que más tarde, en la vida llevaos a cabo en otro plano.

A partir del comportamiento de la imitación de los niños pequeños resultan dos cuestiones para la investigación: ¿por qué imitan los niños en sí  y por qué algunos modelos y modos de comportamiento son “imitados” con frecuencia mayor que otros? Las respuestas dadas por el Estudio del hombre son las siguientes:

El niño pequeño, íntegramente es órgano sensorio y a partir de este hecho se reúnen sus percepciones y “la voluntad en el gesto”, no a través de la conciencia, sino a través de la imitación. “Ella es el grado elemental de la libertad del hombre, su verdadero fundamento. Dado que selecciona y actúa desde  el oculto santuario del yo. Con una fuerza del amor  y de la entrega, comparables únicamente con el “congregarse! Religioso, en el mismo actúan las fuerzas de la confianza, las fuerzas de la encarnación del niño. Aquello que capta de su entorno social a través de la imitación lo irán formando en su salud, su modo de hablar, sus gestos, su temperamento, su mentalidad anímica básica. Por el hecho de que la imitación se arraiga en la esfera esencial del yo, no imita indiscriminadamente. Los niños asimilan en sorprendentes transformaciones aquello que es vivido y actuado frente a ellos, (gestos, sutiles impulsos…) El adulto no debe interferir autoritariamente en esta corriente volitiva y de decisiones, al hacerlo, expulsa la secreta actividad del yo, que está ejercitando en la imitación como fuerza de la elección y de la decisión, de manera inconsciente, pero poderosa en su ser. (Helmut von Kügelgen, Euritmia elemental en el primer septenio, Eiziehungskunst, 1979, tomo 7/8)

El niño no imita discrecionalmente, sino únicamente los comportamientos que se corresponden con estado evolutivo actual.

Activamente se halla en la búsqueda de aquellas experiencias que necesitan para poder desarrollarse.

¿QUÉ ASPECTO TIENE QUE TENER LA EDUCACIÓN EN EL JARDÍN DE INFANTES, BASADA EN EL PRINCIPIO DE LA IMITACIÓN?

Las expectativas de los niños.

Con total desprendimiento, con incondicional confianza, una profundísima confianza primaria, el niño llega  este mundo, comparable, a la más profunda entrega religiosa. Aguarda una aceptación incondicional y  seguridad por parte de las personas de su referencia. Quiere sentirse amparado, seguro y aceptado. Su postura fundamental es: el hombre, el mundo es bueno. Una postura básica profundamente moral.

La envoltura etérica

Con el parte, el niño abandona la envoltura materna, nace el cuerpo físico, y recién con el cambio dental nace el cuerpo etérico, también llamado cuerpo de vida. Durante el cambio dental, la envoltura etérica abandona al cuerpo etérico y hasta la madurez sexual, existe tan solo la envoltura astral. Todo desarrollo subyace a directivas. En el crecimiento de las plantas, al cabo de las  hojas, se desarrollan los pimpollos, luego las flores y recién entonces el fruto. El crecimiento acontece en planos prefijados. Para acceder al plano siguiente, tiene que desaparecer el paso previo, o dicho de otra manera, tiene que transformarse para el plano siguiente. Se crea espacio para lo nuevo. También la evolución humana se encuentra supeditada a leyes.

El cuerpo físico plasma sus órganos, cuya forma y función empero, ya son una réplica, una expresión del cuerpo etérico. Ese cuerpo de vida puede ser referido únicamente a partir de la percepción suprasensorial, no puede ser visto con los ojos. Ese cuerpo de vida empero, aun se encuentra velado. Ese velo etérico es creado por la madre o por personas que lo rodean mediante aquello, como ene l entorno del niño se actúa con plenitud de sentido, o bien se trabaja de esa manera. Ese accionar promueve en el niño, que volitivamente imita las actividades. Inicialmente aun se trata de una real participación actúa y al percibir en el adulto  esas actividades plenas de sentido acompañadas por una postura anímica acorde, entonces al niño se le abre la posibilidad de asumir la misma actividad como su “modelo”. Eso puede acontecer en el caso de todos los trabajos necesarios, como limpiar la mesa, barrer, lavar las manos, regar las flores… La acción del adulto tiene que estar plenamente a esa actividad, y no tiene  que ser tomada como medida pedagógica. El niño puede descubrir sus experiencias en el mundo, únicamente vivenciando esa libertad. “Esa acción del adulto, la tenemos que tomar con la necesaria amplitud, con todos los valores morales y  demás valores. El adulto transpone de acción al medio circundante del niño, lo imprime  y vitaliza con su postura interior, sus convicciones y su modo de pensar ¿en qué estado anímico fundamental se encuentra la adre al estar trabajando? ¿Qué relaciones tiene hacia el mundo? ¿Qué costumbres tiene? Eso es lo etérico, aquello que forma para el niño la envoltura etérica que crea ambiente para el niño.

De esta manera, la voluntad del niño podrá ser apoyada del modo as intensivo por nosotros.  (Angelika Knabe, “El niño pequeño, un ser volitivo”. Medizinisch – Pädagogische Konferenz, tomo 56, febrero 2011, página 28)

Del mismo modo como el accionar del adulto configura al cuerpo etérico, también nutren las imágenes de los cuentos. Estas imágenes profundamente morales dejan una impresión en el cuerpo del niño, del mismo modo como el cuerpo etérico realiza una imagen del ataque de ira.

Cuando comienza el cambio dentario, el libre cuerpo de vida trabaja en el hombre. Se liberan fuerzas que ya no se requieren para el crecimiento corporal y que ahora pueden estar al servicio de lo interior, lo anímico. Ahora se liberan las fuerzas para las concepciones activas, propias, memorias, pensamientos e inclinaciones.

LA CONFIGURACIÓN EXTERNA DE UN JARDÍN DE INFANTES WALDORF

Para fomentar las fuerzas de imitación, el medio circundante tiene que apoyar el desarrollo corporal, tiene que brindar incentivos, dado que toda actividad se desarrolla en el quehacer imitativo, significa que de ello se despliegue una facultad, una capacidad para más adelante en la vida.

No existe una guía acerca de “¿Qué aspecto debe tener un jardín de infantes Waldorf? En la configuración de los espacios, también es decisivo el entorno cultural. Un jardín de infantes en África  tendrá que tener otro aspecto que un jardín de infantes en Alemania. En la organización del espacio, la idea de la libertad tiene que ocupar un primer plano. Puede resultar chocante y extraño, si todos los jardines de infantes tuvieran el mismo aspecto  en Alemania.

Según mi experiencia, la configuración ambiental varía con cada  año – dependiendo de los niños y  de s estructura de la edad.

En el primer término existen hechos externos con los cuales tenemos que debatirnos todos y luego todos estos espacios tienen que cobrar vida. El espacio habitado se convierte es espacio de experiencias y espacio de los juegos de los niños. También el espacio circundante adquiere cuerpo, produce impresiones. Los sentidos tienen que recibir cuidados, no deben ser sobre-excitados, por ello la inspección acerca de los estímulos brindados, los colores los sonidos, las temperaturas, los olores imperantes. Los sentidos de los niños se cuidan asimismo, a través de la calidad, la condición del material de los juguetes. Los materiales naturales, sin definición ni terminación, generan una actividad interior, poseen vida e incentivan la fantasía, estimulan la transformación. Todo lo terminado, mecánicamente perfecto, paraliza las fuerzas de la fantasía, se inculca en su particularidad al organismo indefenso, dispuesto a la imitación.

A esa edad, el niño aun se encuentra rodeado por seres animados, de modo que un pedazo de tela puede ser su muñeca, un trozo de madera su auto. El niño aun está conectado con el mundo espiritual, y su plano perceptivo es diferente al del adulto. El niño entra en relación por lo tanto con las muñecas súper-confeccionadas o también des-configuradas.

El educador tiene que prestar atención en configurar un ambiente que le permita al niño llevar a cabo su propia formación, en el cual puede realizar sus propios descubrimientos, donde no acechan peligros. Lo mismo cobra validez también para el jardín.

CONFIGURACIÓN INTERNA DE UN JARDÍN DE INFANTES WALDORF

Todos los jardines de infantes son instituciones complementarias de la familia, ofreciendo a los niños relaciones interhumanas, tanto hacia los otros niños como también hacia los educadores.

También aquí la configuración depende de las diferentes personas.

Rudolf Steiner ha expresado muy acertadamente como debería ser ese ámbito humano: “Cuando se torna posible la imitación de saludables modelos en un clima tal de amor, el niño se encuentra en su justo elemento. Por lo tanto debería prestarse rigurosa atención al respecto, de que en el entorno del niño no suceda nada que el niño no pueda imitar. No deberíamos hacer nada de aquello que al tenemos que decir: eso no lo debes hacer…” (La Educación del niño, página 26)

Crear un clima de amor, no quiere decir empero que el niño pequeño viva acurrucado entre los brazos del adulto, sino que el niño debe sentirse cómodo en su  ambiente. Ese ambiente debe ser activo, aun cuando los niños están  “inactivos”. El niño recepciona ese clima de laboriosidad dentro de una imagen interior del proceso de trabajo y a menudo más tarde se torna activo. Mediante actividades que tiene sentido y se encuentran conectadas a la vida, debe ser logrado que cada niño, “a su debido tiempo” y “a su debida manera” pueda encontrar aquello  acorde a su grado evolutivo ya su deseo de imitación.

Ese impulso de libertad queda  cargo del niño, con referencia a qué, cómo, y si quiere imitar algo.

En el jardín de infantes, el niño  tiene que encontrar un amplio campo de ejercitación con respeto a sus habilidades básicas.

El habla, la motricidad y el comportamiento social, son vivenciados con plenitud, en conexión con actos y situaciones. El habla es vivenciado en la ronda, las canciones, los cuentos, la oración que decimos en oportunidad de las meriendas… y no en forma de un programa lingüístico. Los  niños aprenden de otra manera, la plenitud de vida, el proceso, ocupan un primer plano, y en medida menor, el contenido.

Todo tiene que estar colmado de vida, tiene que estar en movimiento (rimas, andar a caballito montado sobre las rodillas…)

A través del cuerpo etérico, aun no-nacido, actuamos a través del ejemplo y el ritmo. La capacidad de la memoria – por ejemplo – es implementada a esta edad. No puede ser atraída volitivamente, al formular preguntas, sino que tiene lugar un darse cuenta físico. El niño llega al jardín de infantes y por el olor existente se da cuenta de que hoy es el día del mijo, todos los miércoles comeos mijo y el niño al cabo de un tiempo “sabe” que al día que sigue al mijo, sigue el “müsli”. Se trata de los primero intentos-ensayos del pensar, que tienen lugar de manera completamente sensorial, a través del olor o también a través del ojo. A través de este ritmo, el niño experimenta orientación, seguridad y confiabilidad. El principio del ritmo es lo vivo las reiteraciones de lo similar. Toda educadora tendrá un curso diario con ritmo, marcado por un tiempo libre y un tiempo con actividades conducidas. A través del ritmo se forman las costumbres. Las buenas costumbres son formadas de envoltura, son ayudantes no verbales en la vida cotidiana, evitando  la implementación de reglamentos. No hace falta la “discusión” acerca de la colocación del calzado para el interior al  entrar, dado que el calzado de la calle siempre queda afuera. Este hábito es mostrado por las educadoras. En los cálidos días de veranos, los niños pueden entrar al salón descalzos. También una canción dedicada al ordenamiento de las cosas al cabo de los juegos, impone un límite natural, de modo tal que el manejo de los límites es más puntual y posee mayor claridad. También en este caso, a través del cultivo de las costumbres, tiene lugar un cultivo físico de la memoria.

LAS CONSTUMBRES DEL SALUDO

En cada cultura existe un ritual del saludo. Los gestos y sus trasfondos no podrían ser mas diferentes entre sí: en algunas culturas orientales se besa al suelo, caer de rodillas, reverencia, besar los pies, colocar las manos planas sobre el muslo superior e inclinar la parte superior del cuerpo, abrazos fraternales (culturas del desierto para poder descubrir debajo de la amplia vestimenta eventualmente, armas ocultas), beso sobre la mejilla, tomarse de los brazos con las manos, y luego el beso fraternal. En las culturas asiáticas, se considera como descortesía al contacto ocultar directo, en ocasión del saludo, se evita o se interrumpe rápidamente. Es esencial conocer también otras costumbres dado que en nuestro s jardines de infantes se encuentran también niños de otros círculos culturales, siendo que nuestros gestos del saludo pueden ser desconocidos para ellos.

“En nuestra cultura, el firme apretón de manos y  el encuentro de la mirada, pertenecen por cierto a la ceremonia del saludo. En el apretón y el sacudo de la manos, se ostenta la medida de vitalidad sentimiento y objetividad que poseemos o brindamos” (Molcho Samy, “El lenguaje corporal”, página 208). En el jardín de infantes, el saludo es el momento de la atención indivisa. En el gesto de dar la mano, del encuentro de la mirada así como del “buen día…” yace la postura y la manera de ser del educador: el hecho de que estás aquí, me llena de alegría y  te doy la cordial bien-venida.

Mediante un gesto de compenetración tal, se genera una comunicación profunda, que el niño puede re-producir en su interior, asimilándola a su manera. Esta vivencia cotidiana es percibida por el niño en su cuerpo, pudiendo ser incluida en la edificación de su cuerpo.

Mediante la ayuda  de la imitación, se selecciona y se actúa en lo oculto. Cada niño saluda a su manera brindando así a su vez  al educador, información acerca de su estado general del momento. Un encuentro profundamente inter-humano.

EL EJEMPLO DEL EDUCADOR

Entre el educador y el niño existe un fino contexto espiritual interior. El educador tiene que saber que con el nacimiento han sido traídos los “frutos” de anteriores vidas terrenales, para posibilitar adicionales evoluciones, siendo que los educadores sirven como ejemplo. Esa es una misión importante que n  podemos evadir: “Dado que de hecho el educador, al ser una personas integra, toma del niño en la misma medida en la cual le da. Aquel que no puede aprender del niño aquello que como mensaje le trae del mundo espiritual, tampoco puede revelarle nada al niño acerca de los misterios de la existencia terrenal. Únicamente cuando el niño se convierte en educador nuestro, alterar consigo mensajes del mundo espiritual, a su vez el niño estará dispuesto a recibir los mensajes que le ofrecemos, provenientes de la vida terrenal. (Rudolf Steiner, Fuerzas de acción espiritual, en relación a las dos generaciones, la de los mayores y la de los menores, g A 217)

Educación es un dar y un recibir dentro del intercambio inter-humano. El educador tiene que poder retrotraerse y poder admitir, dentro de una amorosa entrega. Desde el trasfondo del estudio del hombre es nuestra meta de primacía, crear las bases para un ser  humano libre y consciente de sí mismo.
Ser ejemplo en el primer septenio significa:

  • Poder interesarse verdaderamente por el niño (el ser humano), brindar calidez y tener capacidad de compenetración
  • Conectarnos con la actividad , ser auténticos
  • Lograr que las actividades sean entendibles, plenas de sentido y de estimulo para el niño
  • Prestar atención a los gestos y la mímica, aun cuando los niños no se encuentran en la proximidad inmediata (guardar la mu ñeca con gesto de-cuidado), tomar en cuenta siempre el efecto sobre los niños
  • Los gestos deben ser auténticos, con real participación interior, frente al niño, tener solamente pensamientos tales que pueden ser imitados interiormente,
  • Conceder la libre imitación sin dar explicaciones sin hacer correcciones, ni imponer un trato intelectual, dado que ello significa una intromisión en la corriente volitiva, el curso del movimiento,
  • Educación hacia un nueva plasticidad  y sustancialidad, superando los “conceptos muertos”
  • El lenguajes debe ser sereno, bien articulado, bien trans-respirado, nunca dramático
  • Los niños pueden llegar al asombro únicamente cuando el educador siente asombro y cuando revivifica las fuerzas del respeto. Respeto también frente a aquel que se encuentra delante mío: ¿qué se oculta allí, qué está queriendo desarrollarse?
  • Prestar  atención a nuestra imagen externa (vestimenta, peinado),
  • Posibilitar momentos de calma
  • Expresar claridades y conocer los limites y los reglamentos propios de manera tal que seamos confiables,
  • El buen humor  y al apacibilidad poseen un efecto de liberación. Buscan en nosotros mismos, la alegría del juego; la alegría supera la pesadez y  el cansancio
  • Capacidad del juicio independiente, lo que no excluye la disposición al cambio, dado que el comportamiento propio también tiene que ser reflejado

Lo decisivo es aquello que yo mismo soy como ser humano, dado que toda mi postura frente a la vida, se refleja en pormenores. Mi postura espiritual es más decisiva que las palabras emitidas, dado que el gesto interior y el exterior se transmiten al niño. El mundo exterior es el mundo interior del niño. En el primer septenio el niño no necesita ofertas de instrucción en forma de ocupaciones, sino que tiene que crearse espacios para experiencias, en los cuales el niño siente bienestar.
Quiero mencionar tres gestos adicionales que nos son “ejemplares”:

  • El aburrimiento y la pereza (ahora no tengo ganas), nos alejan del niño pequeño
  • El mayor enemigo del movimiento es la precipitación, el apuro, dado que echan a perder todo lo relacionado con el juego.
  • Todos los mandamientos, todas las prohibiciones se orientan hacia el intelecto (tienes que comer todo lo que está en el palto, quédate quiero sobre la silla, para saludar, tienes que dar la mano linda…), apelamos al pensamiento, al tener y no al querer. Esta facultad pensativa retrotrae fuerzas de vida necesarias para l edificación corporal.

La educación se convierte en arte. Necesita para su clima fundamental, sobre todo la gratitud. Justamente cuando nos encontramos frente a niños “difíciles”, también allí tenemos que comprender lo divino. Allí el educador se encuentra frente a u n gran desafío: poder ser digno de imitación – hasta en los pensamientos. Nos hallamos frente a un campo de ejercitación que se extiende a lo largo de toda la vida y el consuelo que en el caso de esta misión, al lado de lo efectivamente logrado, cobra validez asimismo, el esfuerzo imprentando.

MIRADA RESTROSPECTIVA


Mi pregunta inicial ha sido: “¿Se debilitan las fuerzas de la imitación y por qué el jugar puede ser tan difícil?” al cabo de este debate con la imagen del hombre en el primer septenio, mi pregunta se formula de la siguiente manera: “¿El niño vivencia su entorno aun como pleno de sentimiento, y aun encuentra ejemplos a partir de los cuales puede llevar a cabo su propia educación?”


Frecuentemente se habla del cambio operado en la infancia de las actividades inhibidoras del desarrollo. Estoy convencida de que cada época presenta deficiencias y problemas que cobran  efectos sobre los niños. El medio circundante de los niños ha cambiado. En muchos ámbitos las maquinas se han hecho cargo del trabajo manual, se ha modificado la posibilidad de la observación de las tareas (puré de manzanas en el frasco, puré de papas en cajas), a causa de los apurones, se genera una cierta  superficialidad (subir rápidamente al auto, para hacer las compras apresuradamente). Los niños vivencian una oleada de impresiones, poco tiempo les queda para ocuparse de una cosa, a cambio nuestro “espíritu de la época”, materialista, oree muchos juguetes, que empero generalmente posibilitan escasa actividad propia.
Nuestra misión debe ser, comprender conscientemente la función de ser ejemplo y ejercerla. Para sus fuerzas de imitación, los niños, necesitan confianza, optimismo y apacible alegría proveniente de los adultos.

27.9.2012

En el fluir eterno de mi yo,
que corre a través del hilo de la vida,
como hálito, como suspiro,
como un tono infinito
que resuena y resuena,
como melodioso canto
de celestial fineza,
presiento el obrar,
la sustancia divina
de ese ser que soy yo,
ese ser que me inspira,
que me guía en mis sueños,
que me despierta en mi día.
                                      

Cristina Martínez