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LA CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE: LOS CUATRO MIEMBROS DEL SER Y LA TRIMEMBRACIÓN DEL ORGANISMO HUMANO AUTORES: JAN VAGEDES, GEORG SOLDNER TRADUCCION : ANA MARIA RAUH Para comprender el accionar conjunto del cuerpo, alma y espíritu, es importante reconocer, que el cuerpo no es tan solo una acumulación de células, cuyas funciones pueden ser explicadas tan solo a través de las leyes de la química y la física. Por el contrario, en el cuerpo se encuentran activos procesos de vida dinámicos de diferente índole, que entre otros, se manifiestan en la vitalidad y en la capacidad de regeneración. Por lo tanto nuestro cuerpo está dotado de vida hasta cada una de sus células, de una manera absolutamente específica, razón por la cual nuestro ente anímico-espiritual puede conectarse con nuestro cuerpo de un modo muy diferenciado. Steiner describe estos diferentes procesos de vida dentro de cada persona, como parte de una “organización vital”, mediante la cual las diferentes fuerzas de vida puedan actuar en conjunto, pleno de sentido. Dado que la organización vital al respecto media entre lo anímico-espiritual y lo físico, es considerada como miembro independiente del ser, siendo que asi obtenemos cuatro miembros del ser:
EL CUERPO VISIBLE Vale decir, la figura materialmente edificada, que puede ser analizada con métodos científicos naturales, es el cuerpo físico. Esta organización física del hombre, va desde los huesos hasta el valor heredado en cada célula. A ella le debemos nuestro aspecto físico exterior, nuestro peso, nuestra densidad y estática. En la época moderna, el cuerpo ha sido investigado exhaustivamente, puesto que la medicina orientada exclusivamente desde lo científico-natural, se ocupa preponderantemente con los procesos que pueden ser explicados mediante las leyes de la química y de la física. LA ORGANIZACIÓN VITAL Fuera de las leyes químicas y fisicales, existen energías que conocemos como fuerzas auto-curativas, como vitalidad, o como capacidad de regeneración. Al respecto, se trata de procesos vitales dinámicos, que pueden ser muy diversos en los diferentes órganos y tejidos. Es asi que la facultad regenerativa en las células hepáticas o en las glándulas germinativas (ovarios y testículos) es diferente a aquellas de las células cerebrales, o en la córnea de los ojos. Los diferentes procesos vitales dinámicos, pertenecen a una organización vital, que posibilita la armoniosa acción conjunta y plena de sentido de los diferentes procesos vitales. Cada persona posee su organización vital propia, del mismo modo como tiene su propio cuerpo físico. Rudolf Steiner ha denominado a esta organización vital, también “cuerpo vital”, o “cuerpo etérico”, siendo que la expresión “cuerpo” significa, que algo posee un figura o una forma. La expresión “éter” señala – en apoyo a las milenarias filosofías naturales – las fuerzas que desde el cosmos cobran efecto sobre la tierra. Con ello se expresa que todos los procesos vitales sobre la tierra y naturalmente en el hombre, se encuentran relacionados con las fuerzas procedentes del cosmos. De los cuatro elementos clásicos, tierra, agua, aire y fuego (calor), el agua es el elemento que cobra un rol especial para todos los procesos vitales, y con ello, para el “cuerpo vital”. Todos los procesos vitales se desarrollan a partir del elemento de lo líquido. Asi se ha generado la vida en el mar, pero también nosotros nos hemos desarrollado durante la fase embrional, plenamente desde lo acuoso. Las fuerzas del auto-sanamiento y la facultad regeneradora, además se encuentran estrechamente relacionado con el hecho de que el organismo tenga la suficiente cantidad de líquido. No en vano, en el caso de una enfermedad se señala una y otra vez que el paciente debe ingerir suficiente cantidad de líquido. Vemos asi que recién la organización vital es la que permite el accionar de lo anímico-espiritual en el cuerpo. Sin la misma, lo anímico no puede conectar con lo físico. En la edad infantil es especialmente activa, dado que el metabolismo, el crecimiento y la regeneración son en su conjunto, procesos de renovación. La organización vital forma la base para el desarrollo de la salud, dado que dentro de sí porta las fuerzas del auto-sanamiento: sin ellas, no se cura ninguna herida, ningún cirujano podría tratar exitosamente al paciente a no ser que la organización vital promueva la curación de las heridas de cirugía. Terapéuticamente, la medicina antroposófica se diferencia de la medicina puramente tradicional justamente por el hecho de haber desarrollado implementos externos, tales como compresas o linimentos, o terapias del movimiento, como la euritmia curativa, que con prioridad fomentan y guían la actividad de las fuerzas del auto-sanamiento. LA ORGANIZACIÓN ANÍMICA Ya sea pena o alegría, el temor o el orgullo – justamente en el niño, podemos advertid cada impulso anímico directamente en la expresión. Dicho con otras palabras: en el niño, lo anímico está íntimamente relacionado con el cuerpo y con los procesos vitales dinámicos. Esto se evidencia asimismo en la inapetencia y en los trastornos digestivos en ocasión de una pena, o en la aceleración respiratoria en el caso de emoción o de alegría. Los diferentes sentimientos, tales como alegría, simpatía y antipatía, la capacidad de poder percibir algo conscientemente, de desear o de querer algo, son expresión de diferentes fuerzas anímicas. Pertenecen a la organización anímica, que posibilita al mancomunado accionar armonioso o pleno de sentido de los diferentes impulsos anímicos. Cada ser humano posee su propia organización anímica, tal como asimismo tiene su organización propia y su propio cuerpo anímico físico. La organización anímica crea dentro de nosotros, un espacio interior, que nos brinda la sensación de independencia. Es asi que todos nosotros podemos vivenciar en nuestro interior, que podemos cobrar influencia sobre nuestro pensar, nuestros sentimientos y nuestras fuerzas volitivas. Los dinámicos procesos de vida, como la vitalidad y la fuerza de regeneración, generalmente no los podemos modificar arbitrariamente. Por lo cual, en nuestro interior se produce un esplendor, que nos torga la sensación de independencia. Rudolf Steiner comparó esa independencia con aquella de una estrella en el cielo, y denominó la organización anímica al lado de “cuerpo del alma” también “cuerpo astral”, con referencia a la palabra latina de “Aster”= la estrella. En comparación a todos los cambios del cuerpo y los procesos vitales dinámicos, como crecimiento y regeneración, las transformaciones en el ámbito de lo anímico se llevan a cabo aceleradamente. Tal como lo hemos dicho, para los procesos vitales, con respecto a los cuatro elementos clásicos, el agua asume un rol destacado. Las fuerzas anímicas en cambio, son determinadas marcadamente por el elemento del aire. Los antiguos griegos, con la expresión “Pneuma”, señalaron tanto al “aire”, como también al “alma”. La relación entre la respiración y lo anímico, entre otros se evidencia asimismo por el hecho de que la inspiración y la expiración se modifican de modo inmediato, por toda emoción anímica y todo movimiento. Asi por ejemplo, al tener miedo, nuestra respiración se agita, en cambio se torna profunda y relajada, cuando dormimos distendidos. En la medicina antroposófica, se le adjudica gran valor a las fuerzas anímicas, puesto que la organización del alma juega un rol importante en la generación de las enfermedades. La aflicción persistente, pero también los deseos suprimidos, a la larga cobran efecto sobre los procesos vitales y en definitiva, sobre el cuerpo físico. Y también en el caso de la terapia, la organización anímica juega un rol decisivo. A través de las diferentes terapias del alma, como la formación del habla, la músico-terapia o el modelado, abordamos directamente las fuerzas anímicas, pudiendo así fomentar al auto-sanamiento. LA INDIVIDUALIDAD HUMANA Cada persona, cada niño es una individualidad: única y sin par, indivisible e insustituible y significa que no es posible una división en unidades inferiores tal como lo indica el concepto “individuo”, derivado del latín: “in-dividire”. Cada cual puede decir “yo” únicamente a sí mismo. El yo se corresponde con lo espiritual en nuestro interior y forma el centro de nuestra personalidad, posibilita la auto-conciencia y la facultad de la evolución. Se manifiesta no solamente en nuestro pensar y en nuestra facultad cognitiva, también compenetra y configura al alma y al cuerpo. Con ello se convierte en fundamento de la “libertad” que vivenciamos los hombres, cuando actuamos en independencia o cuando tomamos una decisión. La “organización del yo” posibilita la inserción del yo en el alma y en el cuerpo: coordina e integra todos los diferentes procesos del organismo, mediante lo cual el yo individual de modo progresivo puede crear y configurar al pensar, sentir y hacer. El elemento del cual se vale la organización del yo de manera preponderante es el calor. El calor es la forma primaria de la energía, todo actuar es posible únicamente a partir del dominio del calor, sobre todo del calor propio. Frente a lo sólido, líquido y aéreo, el calor constituye una cualidad superior, por el hecho de que pueden compenetrar los otros elementos. Por esa razón el calor es tan importante para la actividad integradora, coordinadora de la organización del yo – hecho que queda de manifiesto en la fiebre, en el caso de la enfermedad. Indica, que la persona sumida en el estado febril está ocupada en destruir lo ajeno, lo que no pertenece a su organismo, como virus y bacterias y eliminarlos. Por lo tanto en el caso normal de fiebre sirve para proteger al cuerpo de lo ajeno y conservarlo como instrumento del yo, de la individualidad propia. La organización anímica y la organización del yo, o expresado en términos generales: lo anímico-espiritual no está relacionado con intensidad pareja con lo viviente-físico del cuerpo. Durante el día, lo anímico-espiritual se halla sumergido con profundidad mayor en el cuerpo, está más presente – estamos despiertos, percibimos conscientemente, hablamos y actuamos. Durante la noche en cambio, lo espiritual-anímico se desprende nuevamente en cierta medida del cuerpo. A semejanza de un “proceso respiratorio” en un sentido superior, el ser humano con su concienciase desprende del cuerpo y al estar despierto, la conciencia nuevamente ser reúne en mayor medida con él. También en lo que a la organización del calor se refiere, se manifiesta la diferencia del estar despierto y del estar dormido: durante el sueño, el calor fluye hacia fuera, el cuerpo se enfría un poco y tenemos que taparnos. Durante el día, la temperatura del cuerpo se interioriza en mayor medida y se encuentra a disposición del yo para su actuar propio. LA RECIPROCIDAD DE LOS CUATRO MIEMBROS DEL SER En el ejemplo de la música podemos representar gráficamente, que funciones adoptan los diferentes planos. Al respecto, el cuerpo se corresponde con el instrumento musical, la organización vital con el músico, el alma con el director y el yo con el compositor de la pieza en ejecución. Entre las diferentes partes, existen relaciones reciprocas. Cuando el instrumento musical tiene deficiencias en su construcción, el músico tiene problemas en la ejecución, el director no puede lograr la correcta resonancia de la pieza y el compositor no encuentra realizadas sus ideas musicales. Pero también a la inversa existe una reciprocidad de la relación, dado que si el compositor no se halla realmente presente en lo espiritual durante el acto del componer, o cuando el director emocionalmente no participa en su tarea, pueden producirse disonancias, a pesar de los músicos comprometidos y los instrumentos musicales en perfecto estado. Positivamente, en concreto se puede expresar de la siguiente manera: el reconocimiento y el fomento de las fuerzas del yo, de la conciencia propia y de la personalidad, cobran un efecto positivo sobre las fuerzas anímicas en el pensar, el sentir y en el querer. El sosiego interior así generado, fomenta las fuerzas sanadoras inherentes a la organización vital, y las mismas a su vez cuidan de que quedemos sanos físicamente. En la dirección inversa esto significa que todo aquello que recepcionamos a través del cuerpo, como comida, bebida, el aire de la respiración, pero también todo aquello que recepcionamos a través de los sentidos, como imágenes, olores y sonidos, brinda apoyo a los procesos que tienen lugar en la organización vital. Esto a su vez actúa positivamente sobre las fuerzas anímicas y en definitiva sobre el yo, que realiza y lleva a la práctica sus ideas. LA TRIMEMBRACIÓN DEL HOMBRE En las diversas formas del esqueleto humano, Steiner reconoció entre otros, una membración que señaló como tri-membración del hombre. En términos genérales podríamos resumir al mencionado principio de la tri-membración de la siguiente manera: dos contrastes se unen entre sí, a través de una parte media, equiparadora. Para el esqueleto humano esto equivale a: la cabeza está construida en forma globular, los brazos y las piernas en cambio son rectos y alargados. En la caja torácica, ubicada entre ambos, se observan tanto formas rectas como también redondeadas. En el ámbito craneano, los huesos son planos, entre-crecidos, formando algo así como un globo. Se encuentran “afuera” y protegen un espacio interior (cerebro). A diferencia a ello, los huesos de las extremidades (los brazos y las piernas) son rectos y alargados, unidos entre sí mediante articulaciones, que permiten el movimiento. Se encuentran en el interior de las extremidades y están rodeados por musculatura. Entre otros polos opuestos, la caja torácica ocupa una posición intermedia: posee algo “envolvente” como el cráneo, con las costillas empero posee una forma abierta, a semejanza de los dedos; al igual como en la cabeza, protege un espacio interior (pulmón y corazón), pero está rodeado de musculatura, como las extremidades. Este principio de la trimembración puede ser hallado, no tan solo en el esqueleto, sino también en muchos otros ámbitos, como por ejemplo en la disposición de los órganos en las tres cavidades del cuerpo: la cavidad del cráneo, del vientre y en la cavidad del pecho, situada entre ambas. En la cavidad craneana, el cerebro está membrado en dos mitades simétricas. Muy dispares son las condiciones en la cavidad abdominal- allí, los órganos se hallan coordinados asimétricamente: el estómago, el intestino, el hígado ubicado a la derecha, el bazo, el páncreas – no existe simetría alguna. Entre estos dos extremos, los órganos de la caja torácica, muestran características tanto simétricas con asimétricas: el pulmón, aun teniendo dos mitades, de las cuales empro la izquierda está membrada en dos lóbulos y la derecha en tres “lóbulos pulmonares”. También las dos mitades del corazón, están dispuestas de manera diferente. Rudolf Steiner se ha ocupado intensivamente con el principio básico de la tri-membración. Finalmente resumió los polos opuestos en sistema nervio-sensorio por un lado y sistema metabólico y de los miembros por el otro. Al centro equilibrador lo denominó sistema rítmico. Cada uno de los tres sistemas de manera específica ejerce mediación ente el interior del cuerpo y el mundo exterior:
EL SISTEMA NERVIO-SENSORIO En la cabeza se encuentran grandes partes del sistema nervioso-central, como los órganos sensorios de los ojos, oídos y nariz. Poseen la facultad de poder transmitir de manera óptima, las impresiones del mundo circundante hacia el interior.
En el ámbito del sistema nervio-sensorio, tomamos conciencia de las percepciones sensorias y los pensamientos. EL SISTEMA METABÓLICO Y DE LOS MIEMBROS En el espacio abdominal se encuentran los importantes órganos metabólicos, tales como el estómago y el intestino, el bazo, el hígado, bilis y páncreas. Después de que el alimento ingerido ha sido desmenuzado y catabolizado, en el sistema metabólico dominan sobre todo los procesos anabólicos. Por un lado el metabolismo tiene lugar interiormente, cuando las sustancias mediante las glándulas digestivas modifican su composición. Por otro lado empero también en lo exterior, se “modifican sustancias”, lo cual acontece mediante el apoyo de nuestros miembros, a través de los cuales recién estamos en condiciones de apoderarnos de las materias del mundo exterior, elaborarlas activamente y modificarlas. Mediante el sistema metabólico y de los miembros, los impulsos volitivos pueden ser transformados en actos concretos. EL SISTEMA RÍTMICO En el medio, en la caja torácica, tiene lugar la equiparación entre los procesos polares en el hombre “superior” (sistema nervio-sensorio) y el hombre “inferior” (sistema metabólico y de los miembros). La respiración y la actividad cardiaca median constantemente entre el mundo interior y el mundo exterior; en su actividad se refleja, si actuamos con calma y concentración en nutro sistema nervio-sensorio, si estamos justamente consumiendo una opulenta comida o si estamos escalando una montaña. Esta parte media saludable es de importancia vital: en el caso de una re-animación, la respiración y el pulso cardiaco ocupan un primer lugar para el médico de primeros auxilios. Del mismo modo como las fuerzas del pensar están relacionadas con el sistema nervio –sensorio, el sentir está relacionado con los procesos rítmicos. La respiración y el pulso cardiaco se modifican directamente en dependencia con los sentimientos. Es así que el corazón puede “saltar” de alegría y la respiración se puede acelerar y por el otro lado no existe un sentimiento del dolor, que no se refleje en cambios del pulso cardiaco y de la respiración. En el Estudio antroposófico del hombre, se le adjudica una importancia especial, como tercer elemento independiente a la parte media, equiparadora y mediadora. Dado que justamente el medio es el lugar donde a través de la equiparación entre las polaridades, se genera la salud. DESDE LA INFANCIAS HASTA LA VEJEZ De hecho la trimembración no es un sistema estático o de avance uniforme. Recién en el curso de su vida, de su desarrollo, obtiene un equilibrio entre las mencionadas polaridades. En el lactante, visible para todos domina en principio el polo craneano con el sistema nervio-sensorio y los grandes ojos, ya relativamente avanzada maduración – la parte interior hasta ya tiene culminado su crecimiento en ocasión del parto. Frente a ello, la caja torácica y los miembros recién poseen el inicio del desarrollo. Poco a poco desde arriba hacia abajo, el niño se va apropiando de su cuerpo: a la edad escolar, madura la caja torácica y la columna vertebral así como los miembros sobre todo, la musculatura de los mismos, en la juventud crecen vigorosamente. Sobre el plano de las funciones corporales, tiene lugar lo completamente opuesto. Al comienzo de la vida, dominan las fuerzas del crecimiento y del metabolismo: el niño se recupera rápidamente, su metabolismo es acelerado, así como también la cicatrización. En la infancia el impulso del movimiento es especialmente importante. Y cuando el niño tiene fiebre, acelera y acrecienta su metabolismo enormemente- comparable a un deportista de alto rendimiento. En cambio en la vejez, al final de la vida, los procesos catabólicos y del endurecimiento (esclerosis) ocupan el primer plano: las fuerzas regeneradoras caporales, el metabolismo, la cicatrización, la predisposición febril, y la motricidad reducen con el avance de la edad. La musculatura retrocede claramente ya al cabo de los 40 años – para la mayoría de los deportistas de alto rendimiento, es el final de la carrera. Cuando los lactantes más bien tienen tendencia a las hemorragias (por lo cual por ejemplo reciben gotas de vitamina K para el apoyo de la coagulación sanguínea) en las personas mayores existe el peligro de la aceleración de coagulación, cerrando vasos sanguíneos (tendencia a la trombosis). Al contemplar el siguiente cuadro, parecería que la vejez únicamente tiene desventajas frente a la infancia, al observar únicamente los cambios físicos: PROCESOS OPUESTOS DEL CUERPO EN LA INFANCIA Y EN LA VEJEZ Dado empero, que el hombre es una unidad formada por cuerpo, alma y espíritu, resulta una perspectiva muy diferente, al incluir lo anímico-espiritual. Durante la primera fase de la vida, lo anímico-espiritual del niño se encuentra plenamente “sumergido” en los procesos físicos dinámicos-vitales, mediante los cuales el cuerpo físico es configurado. Dicho con otras palabras: durante la infancia, también las fuerzas anímicas espirituales son requeridas en elevada medida para el sano desarrollo del cuerpo físico. De esta manera poco a poco, el cuerpo se convierte en instrumento musical, a través del cual puede resonar finalmente lo anímico-espiritual. Por lo cual también cobra sentido, que el cuerpo infantil aun es blando y formable. Siendo así lo espiritual - anímico puede colaborar de la mejor manera en la formación para que en medida cada vez mayor pueda convertirse en un instrumento sin par. Un vez logrado esto, con el avance de la edad, lo anímico-espiritual se va desprendiendo en medida cada vez mayor de lo corporal, estando entonces a disposición del adulto y la persona mayor en la segunda mitad de la vida, de manera independiente para los procesos puramente anímicos-espirituales. Esto lo vivenciamos en primer término como maduración y evolución de la personalidad, hasta la proverbial “sabiduría de la vejez”. En la imagen de la música esto significa: en la infancia, el compositor (lo espiritual) y el director (lo anímico) emplean su fuerza, para colaborar en la construcción del instrumento musical (el cuerpo). En la segunda mitad de la vida, pueden entonces hacer resonar al instrumento con melodías de su propia composición. Enfermedad a modo de crisis y perspectiva posible. El niño tiene que aprender recién, la conjunción armoniosa de sus tan diversas disposiciones. Con respecto al sistema inmunológico humano, la “enseñanza” tiene lugar ya en los tres primeros años de vida, tal como lo ha demostrado la investigación alérgica. Ningún niño nace “sano”- salud es algo que solamente puede ser logrado y estabilizado mediante el aprendizaje. Esto cobra validez en diversos sentidos: el niño tiene que aprender a conectarse con su medio circundante, percibirlo y digerir alimento ajeno. Y a su vez tiene que aprender a delimitarse de manera cada vez mejor frente a ese medio que lo rodea, estabiliza su digestión e inmunizarse contra agentes patógenos. Tiene que aprender asimismo, a afirmarse en lo social-frente a sus hermanos y otros niños en el jardín de infantes. Al respecto naturalmente pueden producirse crisis y pueden ser tan amenazantes que el niño necesite una rápida asistencia. Muchas enfermedades de la edad infantil, en este sentido son crisis, en las cuales el niño aprende en el plano físico, a defenderse frente a un “ataque” procedente del medio circundante (por ejemplo a través de agentes patógenos), delimitarse y vigorizar al sistema inmunológico. Vale decir en el plano físico, el niño se desarrolla paulatinamente en dirección hacia su independencia. Este hecho puede ayudar a los padres a reducir su miedo frente a la enfermedad del hijo propio y concentrarse en la cuestión: ¿Cómo puedo ayudarte yo a través de esta crisis, a que puedas superarla también mediante tu propia fuerza y te vuelas más fuerte, más maduro o como fuiste antes? Siendo que naturalmente el niño tiene que ser acompañado rigurosamente por el médico en todas las enfermedades, sin ser expuesto a ningún riesgo no controlado. Al contemplar la enfermedad de esta manera queda en evidencia, que una y otra vez debe ser hallado el equilibrio en el organismo infantil. Por lo tanto una autentica salud a largo plazo no puede ser procurada tan solo desde afuera mediante medicamentos o a través del médico, al eliminar el mismo la enfermedad. No debemos olvidar, cuan activo se torna el organismo infantil ya en un resfrío y la tos – todos los síntomas patológicos que nos preocupan, ya son medidas tomadas por el niño para combatir y eliminar activamente los agentes patógenos. Pero también las crisis anímicas del desarrollo son inevitables para los niños y ya comienzan a la edad del lactante, cuando el niño (y los padres) tiene que aprender cómo conciliar el sueño tranquilamente sin quedar sujetos durante horas en la cólica de los gritos. El niño tiene que aprender el correcto quedar dormido y el correcto despertar, ambos hecho son absolutamente decisivos para una saludable conjunción del cuerpo y del alma. La meta de una terapia abarcativa es, estimular y estabilizar la actividad propia y sus fuerzas de la auto –curación y la autorregulación en todas las crisis de la infancia. Esto va mucho más allá que el tratamiento unilateral de síntomas, que una y otra vez repara afecciones parciales, en lugar de vigorizar al conjunto. 19.2.2015
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