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DISPOSICIÓN PRENATAL CON RESPECTO A TRASTORNOS DEL MIEDO CONSAGRACIÓN MEDIANTE LA SUPERACIÓN DEL MIEDO AUTORA: MICHAELA GLOECKLER TRADUCCION: ANA MARIA RAUH
Al retornar en la cultura, hallamos lo más tempranos testimonios acerca del miedo y del temor, en los documentos de antiguos misterios, vale decir en documentos acerca de iniciación. Dado, que la iniciación estaba relacionada con pruebas que causaban temor. Mediante determinados ejercicios referidos a valentía, resistencia, esperanza, confianza se pasaba por una preparación para poder soportar estas pruebas: donde hubo inseguridad, el ejercicio consistía en el logro de seguridad, donde se sentía como vertido en inconmensurables lejanías yermas, sin sostén y sin luz, se debía tratar de hallar sostén y luz en el propio interior. Todo ello, son réplicas de cualidades de iniciación. La arquetípica cualidad de iniciación es, sentir temor y desarrollar valor, trasformar el temor frente al futuro, en confianza frente al futuro. Solamente aquel que esto lo lograba, era digno a conducir un pueblo, actuando como sacerdote, médico o maestro. El lema que Rudolf Steiner le dedicó a los jóvenes médicos en una circular en 1914, y que señala la necesaria colaboración mutua entre el pedagogo y el médico así lo dice:
Era en tiempos antiguos ¿Por qué nos llaman “enfermos por naturaleza”? Al reflexionar sobre este dicho “enfermos por naturaleza”, queda en evidencia que el hombre por naturaleza no está terminado. Tenemos miedo por naturaleza. Al contemplar los animales, nos puede impresionar de manera especial, la manera de perfección y plenitud absoluta, con la cual manejan su vida. No podemos percibir miedo en ellos, sino seguridad vital-cuando viven en su hábitat natural. Una vaca no puede convertirse en más vaca, el hombre empero, puede convertirse en más humano. La evolución, el desarrollo, es propenso al trastorno. Alguien que no puede desarrollarse, está enfermo. Todos nosotros tenemos impedimentos evolutivos cuando no nos esforzamos y permanecemos en desarrollo, estando en camino de ser siempre más humanos. Estamos enfermos por naturaleza por el hecho de estar en medida mayor o menor necesitados de ayuda o de curación. Necesitamos educación, necesitamos apoyo, tenemos que estar aprendiendo de por vida. Cuando estamos adultos, y las metas de enseñanza ya no provienen del medio circundante, nosotros mismos tenemos que brindarnos ayuda, apoyo y cura. Disposición Prenatal Para Los Trastornos Del Miedo Lucifer, como legítimo La curva vital entre la muerte y el nacimiento a través de las esferas planetarias. La figura muestra la curva vital entre la muerte y el nacimiento con su ascenso y descenso a través de las esferas planetarias y de la misma manera como en la tierra tenemos una mitad de la vida, también tenemos una mitad de la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento-hecho, que los iniciados denominan: “medianoche del universo”. En ese punto, cierra la elaboración de la última vida terrenal. Se produce una calma profunda, en las tradiciones esotéricas, también se habla del “reposar en Dios”, o del “contemplar al sol a la medianoche”. Estas son imágenes del encuentro más profunda con Dios y con el sentido, que puede tener el hombre, donde se vivencia plenamente justificado como ser en desarrollo. Esta medianoche universal, es el momento anímico más sublime que posee el hombre en el fondo de su alma. En la vida normal podemos sentir siempre algo de esta medianoche universal, cuando el “instante se convierte en eternidad”, tal como lo formula Goethe, cuando en ese momento la presencia anímica es plena. En tales momentos de presencia y autenticidad absoluta, hallamos conexión a nuestra decisiones prenatales, entonces, a nuestra vida anímica llega algo de la radiancia de este momento de la medianoche del universo. Ascenso hacia la medianoche del universo: Vida determinada por la voluntad (el hacer) Llevamos a la vida postmortem todo aquello que hemos compenetrado con nuestra voluntad, todos los resultados de nuestros actos, todos los impulsos volitivos, todos los deseos, añoranza, todo aquello que en realidad hemos querido, pero, también aquello que malogramos. A la vida postmortem cuasi llevamos la cualidad volitiva de toda una vida terrenal. La vida hasta la medianoche universal es determinada por la voluntad. Descenso de la medianoche universal: Vida determinada por el pensar. El descenso, la preparación para la siguiente vida terrenal, es determinado por el pensar. El pensar es la herencia de nuestro encuentro con las jerarquías divinas. Antiguamente, en la tradición cristiana, las jerarquías eran llamadas inteligencias. La relación de las jerarquías entre sí, la creación toda en su referencia a Dios, es inteligente. Somos inteligentes, cuando a cada parte la podemos coordinar certeramente al todo. También hablamos de la facultad del juicio, cuando a la parte la podemos coordinar a su origen. Esto lo traemos a modo de herencia prenatal del mundo espiritual. Según ello, toma forma nuestra cabeza como órgano del pensamiento y de la reflexión en la siguiente vida terrenal. Medianoche del Universo: La vida en la parte media, el sistema rítmico El sistema rítmico, el medio, donde no impera la inacción, donde somos proceso puro, donde sólo existen minúsculos instantes de la calma entre una respiración y la otra, entre dos latidos cardíacos, donde constantemente oscilamos, a modo de polaridad arquetípica entre la muerte y el nacimiento, ese sistema rítmico es réplica de la medianoche del universo. Dado que allí se realiza la referencia entre aquello que hemos hecho en la última vida terrenal, y aquello que planificamos para la próxima vida terrenal. A través del sentimiento, se comunican el querer y el pensar, siendo, que allí se tiene un profundo presentimiento certero de lo venidero, pudiendo así, diferenciar y ordenar la futura vida terrenal, según disposición de la cabeza y los miembros, según pensar y querer, según capacidad inteligente y volitiva. Podemos decir también, en la medianoche del universo somos plenamente parte media. Y la polaridad, memoria del cosmos-pensar y añoranza de la tierra a diferencia de voluntad, miembros y metabolismo-se configura recién nuevamente, cuando formamos nuestro cuerpo para la próxima vida terrenal. Diferentes formas de miedos en los niños. Ya desde el momento del parto mismo, vivenciamos un comportamiento muy diferenciado en los niños. De un lactante miedos que grita constantemente, no podemos decir que ha sido traumatizado, menos aún, si ha sido recibido en un buen ambiente tranquilo. Algunos niños traen consigo al mundo, una disposición sobre dimensional con respecto al miedo. Otros, lo desarrollan recién aquí en la tierra. El hecho empero, de que existe una relación del destino hacia el miedo, de que el miedo puede constituirse en destino para todo una vida terrenal, una encarnación ocupada por el miedo, esto posee profundos motivos pre-natales, procedentes de anteriores vidas terrenales. No existen tan sólo los buenos seres divinos, sino también aquellos que nos seducen, fuerzas y seres demoníacos. Al respecto se trata de un endemoniado doble, en la Apocalipsis señalado como Satanás y Diábolos, en la Antroposofía, como Ahriman y Lucifer. Al cabo de la muerte y antes del nacimiento, esto es lo magnífico- vemos, como este así llamado, mal, posee un profundo significado macro cósmicos y una justificación. Dado, que Lucifer en definitiva nos quiere mantener en unión con el mundo espiritual, quiere transmitirnos el orgulloso sentimiento de ser un ser-espiritual, el sentimiento de abstraernos dentro de belleza y de gloria y así, al cabo de la muerte, es un conductor legítimo hacia el mundo espiritual. Correspondientemente, Ahriman es un legítimo conductor desde lo pre-natal hacia el mundo terrenal. Dado que, aislarse del mundo espiritual para tener cabida en un cuerpo físico, concentrado y sólido, adquirir límites y además, desarrollar poder sobre todo esto constituye cualidad ahrimánica. Puede transformarse en mal cuando caemos en poder de estas fuerzas y no nos manejamos constructivamente con las mismas, cuando queremos ejercer dominio sobre otros y entramos en dependencia de ello. Es empero el poder, que prenatalmente nos prepara para la encarnación, que recién la posibilita. En la medianoche del universo nos encontramos con la santa trinidad. El así llamado mal, son los poderes, que posibilitan la enfermedad y la muerte, como Ahriman, o en cambio, el error, la culpa, el orgullo, la ira y el odio, como Lucifer. Se trata de fuerzas poderosas, que pueden desconcertar al hombre, que empero, cuando de ellas nos apoderamos desde el yo, nos pueden ayudar a desarrollar fuerzas nobles:
. Lucifer es redimido por altruismo: el orgullo y el odio se transforma así en vigorosa integridad y una amorosa relación hacia el mundo.
El por qué la encarnación por naturaleza está relacionado con miedo y con temor, lo podemos imaginar muy bien, al tener presente nuestro normal sentimiento existencial:
. Los niños y los adultos se sienten amenazados, al no ser respetados sus límites corporales y anímicos, siendo destruidos y avasallados. Al existir la amenaza de grave lesión y de destrucción (el accionar de Ahriman sobre la tierra)
Con ello empero a su vez está dado la más importante condición previa para el desarrollo. Sólo, cuando lo viejo muere, algo nuevo puede desarrollarse. El morir, el soltar, empero genera miedo. Así, la estrechez y densidad del cuerpo físico se corresponden con el miedo. Rudolf Steiner dice que la mayor parte del miedo tiene su asiento en los huesos, por estar mineralizados en mayor medida y hasta dice, que los huesos son miedo cristalizado. Las fuerzas plasmadoras de órganos y huesos ejercen radiación sobre lo anímico. Es por ello que la vivencia anímica del miedo emociona como algo completamente natural.
. A Ahriman le debemos la constitución mineral, delimitación y forma de nuestro cuerpo y con ello asimismo al temor. El hecho de que podemos desarrollar al sentimiento propio, de que podemos sentirnos como un propio ser, de poder mantenernos dentro de nosotros mismos, procede de temor transformado de la vida pre-terrenal. La otra parte, en la cual se transforma ese temor pre-natal, es la voluntad: todo aquello que aparece a modo de nuestros impulsos volitivos, lo que subyace a nuestro accionar en el mundo, se halla en existencia previa a nuestro descenso a lo terrenal, a modo de temor. Dos gestos de encarnación Lucifer nos conduce al mundo espiritual, nos expandimos, vivimos con los seres espirituales, elaboramos y comprendemos nuestra vida terrenal. En principio queremos quedar allá, no queremos nacer nuevamente. Entonces, se produce un proceso particular, el hecho de que el macrocosmos, el plano universal, la voluntad divina que nos porta, nos ayuda a tomar esa decisión a una nueva vida terrenal encarando nuevas metas evolutivas. Al tomar entonces el camino hacia una nueva encarnación, acontecen dos cosas: Primer gesto-contracción Según nuestro destino, contraemos nuestros miembros del ser nuevamente de las energías universales:
El otro gesto es, que el macrocosmos, a modo de un grandioso gesto de antipatía, a modo de un proceso de parto macro cósmicos nos separa y nos “expulsa” de la medianoche universal y de las esferas del mundo espiritual hacia la tierra. Dicho de otra manera, esto significa, que el macrocosmos se torna ajeno para nosotros y él mismo nos señala el camino hacia la tierra. A este enajenamiento del cosmos lo vivenciamos como temor, que intensifica al impulso de encarnarse y así vencer entonces ese temor. Comprendemos de inmediato, porque la dignidad propia, o bien, la consciencia de sí mismo puede vencer ese temor macros cómico prenatal. Dado, que el motivo por el cual nos desprendemos del mundo espiritual para encarnarnos en la tierra es, que aquí queremos desarrollar consciencia propia. Esto no lo podemos lograr en el mundo espiritual. Allí, desarrollamos consciencia del mundo, consciencia de Dios y consciencia acerca de los grandes contextos, como ser, acerca de la evolución de la humanidad. Allí, vivimos dentro de la verdad del desarrollo dentro del cual nos encontramos, pero, no tenemos la posibilidad de desarrollar consciencia propia. Cuando por lo tanto, durante la vida terrenal desarrollamos consciencia propia esto lo llevamos al mundo espiritual, como gran conquista terrenal. “Si fuese un rey y no lo supiese, no sería rey” (Meister Eckjart). Vale decir: si fuese un yo maravilloso, creado por eternidad de lo divino, y no podría experimentar de hecho al ser individual, de nada me valdría. Sería como un pez en el agua y no sabría de mi existencia. Por lo tanto, nos extraemos del macro cosmos con nuestro miembro del ser hasta llegar al parto- con organización del yo, cuerpo astral, cuerpo etérico y cuerpo físico- y luego en la tierra nos desarrollamos de manera tal, que estas fuerzas sucesivas de nuevo se liberen del cuerpo:
Miedo en el primer septenio Conocemos los típicos miedos del niño pequeño, condicionado por el desarrollo – a causa de separación y experiencia de límite-, pero, asimismo, del estar separado de la luz, la oscuridad. La oscuridad provoca miedo, dado que falta la luz que torna visible el límite propio con respecto al entorno. Habiendo luz, el niño puede ver que está aquí, y allá el mundo. La luz crea un contexto supervisable, dentro del cual, el niño puede posicionarse en su estar separado y puede sentirse amparado. El miedo físico tiene dos componentes:
. El miedo de perderse, de perder los límites, y con ello, la consciencia propia, sentirse como amplificado (componente luciférica) o, Los niños pequeños vivencias fuertemente al mundo espiritual. Los niños sienten miedo, a partir de determinadas experiencias. Por aquí y por allá, pueden ver fantasmas o terribles figuras demoníacas, que hacia ellos llegan desde rincones oscuros, sombras, agujeros de nudo de una tabla o un tronco desde la pared. Los niños son realistas. Cuando tratan con un adulto que toma en serio sus vivencias, que ponen en orden nuevamente a su mundo, que les brinda un consejo acerca de cómo manejarse con estos seres, el miedo anímico puede desaparecer inmediatamente. Dado que se genera por desprotección anímica. La sensación de estar protegido, puede ser restablecida a través de la seguridad, y la presencia de la persona de referencia. Luego, también existe las condiciones climáticas, en las cuales se vivencias al mundo elemental de manera real: los niños vivencias las tormentas, con mucha mayor profundidad que los adultos. No solamente vivencian exteriormente al rayo y al trueno, sino también los poderes demoníacos destructivos desencadenados, relacionados con las mismas. Puede aportar ayuda, vivenciar una tormenta, teniendo a los niños en los brazos, de modo que el niño puede experimentar que esto es soportable, y que podemos ofrecer resistencia. Cuentos de hadas como ayuda para la superación del miedo. El miedo aparece, cuando nos confrontamos con algo desconocido, algo que no podemos evaluar. Uno de los motivos, por los cuales les contamos cuentos a los niños, es para que aprendan a dar nombre a los seres espirituales, fuerzas y poderes. En el caso de los cuentos de Grimm, que son valiosos cuentos evolutivos para los niños pequeños, podemos vivenciar, que la valentía, la veracidad, la buena voluntad, la humildad y la confianza en la evolución, vencen a todos los poderes del mal; que la vida es más fuerte que la muerte, el espíritu más fuerte que la materia. A partir de estos cuentos, los niños experimentan que las cualidades esenciales del yo humano son más fuerte que todos los poderes demoníacos. Al tener un poco más de edad, tiene miedo de las consecuencias de algo que hacen de lo cual saben perfectamente, que, en realidad, no deberían hacer. Luego todavía existe el miedo con respecto al susto y al shock, trauma, soledad, abandono, maltrato. A todo ello se agrega, que hoy a los niños muy tempranamente, se les debe advertir, que no tienen que ir con nadie, que tienen que temer a las personas. Luego existe un miedo – del cual nos tendremos que ocupar todavía en particular- el miedo traído, referido al destino, la constitución que no se debe a acontecimientos externos. ¿CÓMO PODEMOS AYUDAR A LOS NIÑOS A DOMINAR SUS MIEDOS? Lo más importante es una postura des-atemorizante del adulto. El niño tiene que vivenciar que el adulto conoce la situación en la cual él se encuentra. Casi siempre es suficiente esa circunstancia de que el adulto supervisa el asunto. Al decirle al niño: “¡No tienes que tener miedo!” – no pierden por ello su miedo. Por el contrario esta oración es generadora de miedo, dado que muestra que hay algo que tenemos que temer. Es importante tener en cuenta, que el miedo es un fenómeno anímico, y que por tal razón, solamente puede ser superado y comprendido, mediante cualidades concebida anímico - espiritualmente. Esto significa, que es importante, que nosotros mismos no tengamos miedos sea cual fuese la situación de que se trata. De hecho, tiene que ser verdad, dado que los niños pequeños son clarividentes y muy sensibles tratándose de la verdad. Esa sensibilidad, recién la perdemos al ser adultos. Es de enorme importancia, que cuidemos a nuestra consciencia de manera tal, siendo educador, padre, médico, que el niño con todos sus modos vivenciales pueda sentirse absolutamente amparado. Amparo en el alma de un adulto, es el instrumento más importante de la quita del miedo. Esto cobra una validez especial en el caso de un niño, que en su casa vivencia debilidad, violencia o extralimitación, y siente miedo cuando el padre está ebrio, la madre está de mal humor, y luego llega a la escuela y se siente amparado en proximidad del maestro, que tiene comprensión frente al plumaje enmarañado y no se irrita, aun cuando el niño es problemático. Dado con los niños con problemas tienen más miedos y sienten más ira que otros, simplemente a causa de su destino o de su vivencia de la temprana infancia. Necesitan mayor protección y amparo junto con un adulto comprensivo. Pasos terapéutico Cuando hemos comprendido al miedo como un fenómeno-límite, tal como acabo de señalarlo desde diversos lados en sus diferentes causas, el emprendimiento terapéutico es: crear sanas vivencias terapéuticas. Esto transmite amparo, seguridad, confianza y le dice al niño: “Construyo el puente hacia ti, no estás aislado. Y si piensas en mí, estamos unidos”. Tan pronto que el niño se titula con yo y tiene recuerdos, puede soportar la separación, cuando la madre por ejemplo dice- “en una hora estoy de vuelta, cuando la aguja grande del reloj está arriba”- entonces, el niño confiado, mira la aguja del reloj, que ahora se ha convertido en síntesis de la voluntad de la madre y sabe, que regresará. Al construir puentes de conciencia, podemos superar miedos de separación a través de un representante en nuestra ausencia, al cual el niño puede ver y puede guardar en la conciencia mediante la memoria local. Por lo tanto, los pasos terapéuticos serían: .Adquirir una idea general, conociendo y cuidando los limites .Luego tenemos que descubrir, cual es la cualidad específicamente causante del miedo, para poder evitarlos. .Tenemos que controlar además, si existe sobre-exigencia o sub-exigencia, o bien, cómo el niño se posesiona entre ambos. La sobre exigencia causa miedo y a menudo no nos damos cuenta de ello. .Necesitamos realismo, el cual, nosotros los adultos lo transmitimos a los niños. A ello pertenece, que vivamos en la conciencia de que el miedo es algo normal, que pertenece a la vida y que en cierto modo también es saludable. Si no tuviésemos miedo físico, constantemente nos quemaríamos los dedos y nos lastimaríamos. El tener miedo es una reacción de protección, corresponde a la estrechez corporal. Se trata de un sentimiento físico natural, una sana reacción espontánea, cuando algo –por más mínimo que fuese-nos está amenazando: una nación, algo que observamos, un sentimiento, una vivencia. Es por ello, que debería ser tomado como algo normal, el estar trabajando con nuestros miedos, siendo adulto. . Acerca de cuentos, en los cuales alguien tiene que aprender el miedo, o bien, aprende a superar al miedo, podemos observar el acompañamiento de los niños de tales historias. Al respecto, vivencian fuertemente temas propios y sentimientos que han tenido. Algunos niños no soportan que el cuento tengo un final no –favorable. Un final no-feliz, es insoportable para ese niño, dado, que su conciencia propia aún no es lo suficientemente fuerte como para saber, que al cabo de las catástrofes todo sigue y que la muerte y la transformación son parte de todo, etc. Quien es miedoso por naturaleza, esto no lo soporta y adquiere temor con respecto a desarrollo. Primariamente, también a los niños valientes los tendríamos que fortalecer en su valor y no infundirles miedo, creyendo, que ya están en condiciones de soportarlo. Todo aquello que hasta aquí he mencionado, han sido tipos normales de miedos en el primer septenio, que durante esta edad se hallan fuertemente marcados por el desarrollo por el desarrollo y por el cuerpo. Patologías del miedo, fobias En el primer septenio, raras veces acontecen trastornos y fobias del miedo. Normalmente, a lo sumo comienzan en el segundo septenio. Puede suceder empero, que padres preocupados tienen la impresión de que su niño tiene un trastorno del miedo, por el hecho de que por ejemplo cada vez que impera un poco de oscuridad, entre en pánico. .En el adulto existe un trastorno del miedo, cuando ya no puede comunicarse consigo mismo. Dado que, creando ya no puede ayudarse a sí mismo y ya no puede dominar su miedo, es necesitado de ayuda y consulta al médico para poder hallar con él, una terapia apropiada. .El niño aún no puede manejarse con sus miedos de una manera activa - para ello necesita al adulto. Cuando el adulto ya no llega al niño, se sobrepasa en él, la línea sutil entre enfermedad y salud. Entonces, cobra sentido, consultar al médico. Como terapia medicamentosa-sobre todo, cuando el ritmo seguido por el miedo se manifiesta dependiente de la luna, puede ser de ayuda el suministro de plata y fósforo en un ritmo de 14 días (También en el caso de pavor nocturnus). Estos medicamentos cobran un efecto estabilizador sobre el ritmo del cuerpo etérico y le brindan al yo la posibilidad de una mayor presencia en el cuerpo etérico, manteniéndolo unido. La referencia de los miembros del ser hacia el miedo. En este lugar quisiera hacer una pequeña inserción, para clarificar la referencia de los miembros del ser hacia el miedo. Esto es importante sobre todo para nosotros, los médicos, en el momento de actuar, dado que el miedo de un niño, desborda al marco normal. El cuerpo físico como núcleo de todos los miedos físicos El cuerpo físico es el núcleo el portador del miedo, por posibilitar límite y porque es lesionable y es mortal. Cuerpo etérico y miedos conscientes ¿ACASO EL CUERPO ETÉRICO MISMO POSEE UNA PARTICIPACIÓN FOMENTADORA DEL MIEDO, O, QUÉ PUEDE APORTAR EL CUERPO ETÉRICO, PARA QUE EL MIEDO PROFUNDAMENTE ENCRISTALIZADO EN EL CUERPO FÍSICO, PUEDA HALLAR UN CIERTO EQUILIBRIO? El cuerpo etérico, siendo portador de nuestras fuerzas del crecimiento, de la auto regulación, de la auto-cura, posibilita, en el buen sentido, todos los procesos mediadores, unificadores, no delimitadores. La actividad vital etérica está exenta del miedo, vale decir, la vida misma no conoce al miedo, verdece y florece sobre ruinas. EL cuerpo etérico liberado del cuerpo, el portador de la conciencia pensante, está expuesto a los miedos de la conciencia, provocados por ideas e imágenes interiores. Es por ello, que el cuidado de lo etérico y el modo mediante el cual gravamos el pensar de los niños, o bien el acompañamiento del desarrollo de los pensamientos, tiene una enorme importancia. Al suponer, que al miedo de un niño subyace una debilidad etérica, por el hecho de que la fuerza vital exenta de miedo del cuerpo etérico no ha sido vigorizada suficientemente, de modo tal que no puede superar los miedos procedentes de lo físico, entonces cobra importancia una cuidadosa anamnesis con respecto al acontecer y las condiciones en el hogar. Comenzando por el color de las paredes, el dibujo de las cortinas, la mirada por la ventana- todo ello, bajo el interrogante: ¿QUÉ TIENE QUE VER EL NIÑO CONSTANTEMENTE? ¿QUÉ HÁBITOS DE VIDA TIENE LA FAMILIA? ¿ALLÍ, IMPERA EL CAOS O EL ORDEN? ¿EL MEDIO DE VIA EXHALA ALEGRÍA VITAL Y ESTÉTICA? En las referencias vitales impera un maravilloso orden. Todo lo viviente es un pequeño cosmos, lo cual, traducido, significa “bello orden”. Es por ello, que lo etérico también es portador del pensar, al cual subyace el magnífico ordenamiento de los pensamientos. Cuando en una vivienda existe suciedad, desorden, caos, la falta de estética. Lo repugnante, llegando a olores desagradables, o, ruido constante producido por autos, la radio u otros medios, esto atañe y perjudica lo etérico. Tenemos que imaginar a niños pequeños constantemente expuestos a ritmos destrozados y voces alteradas, que además están basados en emociones y palabras procedentes del mundo de los adultos, hacia los cuales el niño no tiene relación alguna, esas son impresiones que dañan al cuerpo etérico. No transmiten la sensación de un bello orden, dentro del cual el niño puede sentirse sujeto. Algo muy diferente acontece, cuando al niño le es dado, poder escuchar tonos y sonidos ordenados, bien estructurados, por ejemplo, a través de una lira bien afinada, al cantar y al ejecutar música en ritmos clásicos. Esto otorga sostén y estructura, fomenta la inteligencia mediante la réplica de claridad del pensamiento. Practicar música y canto, son decisivos medios del quitar el miedo, mediante el fortalecimiento del cuerpo etérico. El orden y la belleza hacen desaparecer al miedo, dado que brindan claridad y alegría, siendo, que la vida en definitiva es algo con plenitud de alegría. Cuerpo astral y miedos del alma En lo anímico somos asustadizos, sensibles, nerviosos y reaccionamos de manera sensible a las influencias. Para que el niño pierda los miedos sobre este plano, es menester la terapia del comportamiento. El médico y el pedagogo, conjuntamente con los padres tendrían que reflexionar acerca de cómo tratar al niño, para que no se siga y se siga sintiendo atacado anímicamente, Cuando no es posible la colaboración de los padres, el educador y el maestro tienen que ver, cómo ayudar al niño. El alma puede angustiarse muy fuertemente y estar bajo presión. Sobre este plano prevalece una dinámica muy diferente a aquella del plano vital etérico. Quita del miedo del alma mediante la religión El alma es fuerte y es sana, cuando el yo está presente en ella, cuando en medio de sus oscilantes sentimientos, su desconcierto, en su emocionalidad y volubilidad posee un centro, que puede manejarse con estas fuerzas anímicas. Mientras que el niño no ha formado aún un centro tal, a los padres se les debe transmitir la importancia de una educación en ese sentido. La educación religiosa es necesaria para el año del niño, devoción veneración, rituales y la lucha de los padres por la conquista de un centro del ser propio en calma. En todo tratamiento del miedo en el plano anímico, es de un valor incalculable el significado de una educación religiosa, una diaria y consecuente vida religiosa. Mediante el bautismo, el bebé siente, que el medio circundante sabe, que algún día, cuando sea adulto, en este cuerpo se hará notar un yo. Desde ahora mismo, se ubica confianza en este ser propio en evolución. En el bautismo a él se apela, siendo adherido a la medianoche del universo. El bautismo es el arquetipo de la presencia del espíritu, donde el espíritu humano se adhiere directamente al espíritu divino. Es por eso que Steiner también dice, que una buena educación es un continuo bautismo, porque una y otra vez estamos creando momentos de presencia espiritual y unión con lo divino con los niños. Son momentos de confianza, de paz, del buen clima anímico, de la amorosa comunión fraterna. El cuerpo astral puede estar colmado del miedo, allí se manifiestan el temor y el miedo anímicamente. Podemos decir: el cuerpo físico posibilita constitucionalmente al miedo. El cuerpo astral posibilita que lo vivenciamos, se trata de un fenómeno de la conciencia. Anímicamente, el miedo se radica en el cuerpo astral, pero, el hecho de que podamos tomar conciencia de esta vivencia, yace en el yo. Del mismo modo, como el cuerpo físico a través del cuerpo etérico es involucrado en el deleite de la vida, en la fe en la vida eterna imperecedera que sigue a través de muertes y de nacimientos, hallando así curación, así, el dañado, lesionado cuerpo astral tiene que ser sanado por el yo y esto, en principio acontece a través de la educación religiosa. Con anterioridad a que el niño mismo pueda ir en búsqueda de un consciente camino espiritual, de ello debe ocuparse el medio circundante. Los rituales del tipo religioso, son los instrumentos más importantes contra las fobias. Llevan a la conciencia del niño, verdaderas vivencias espirituales por el hecho de que prosiguen durante días meses y años. A través de la constante repetición, la vivencia se torna tan intensiva, que puede compensar la fobia original. Esto, por así decirlo, es un emprendimiento terapéutico muy eficiente del comportamiento, con los medios de la religión. Miedo en el primer año de vida. – Miedo físico En el primer año de vida aparece de manera arquetípica el miedo físico como rechazo manifiesto a los desconocidos. Conocemos los espacios de esta actitud: es diferente en cada niño la distancia permitida de acercamiento de personas no conocidas. Cuando el niño se encuentra en brazos de la madre, vemos al límite permitido en el hecho de que el niño aporta la mirada y se aferra a la madre, es, como si penetrara al cuerpo de la madre, refugiándose allí. Cuando empero nos encontramos a mayor distancia, su mirada muestra osadía. Es evidente, que la vivencia del miedo depende totalmente de la distancia entre los cuerpos. Vemos asimismo, que los miembros del ser del niño- yo, alma también el organismo vital- no se encuentran plenamente encarnados, siendo, que se hallan en un aura que rodea al niño. Al ser tocado este aura, el cuerpo, como centro de la conciencia, se siente amenazado. Estas reacciones de rechazo al desconocido no significan que el bebé no nos quiere. En cambio deberíamos alegrarnos de la sana reacción del niño, manteniendo distancia. Y sonríe desde la distancia. El miedo físico se supera mediante el amparo del cuerpo. Aquí es interesante recordar, que el miedo en la edad infantil no existe en los pueblos naturales. Donde aún se está viviendo según las tradiciones culturales de los pueblos de cultura antigua, las personas hallan seguridad en su modo de vida: los adultos se sienten amparados en la naturaleza, en la religión y la tradición y existen los rituales para cada edad- todos se vivencian dentro de un mundo seguro. Pregunté a un cacique aborigen australiano, quien me mostró Uluru (Ayers Rock) en el centro de Australia, qué significado tenía para él la iniciación. Él dijo: Hablamos de iniciación, cuando aprendemos algo nuevo “Iniciación significa, miedo frente a lo nuevo, frente al paso siguiente, a sobreponerse; tener el valor de emprender algo desconocido. Miedo en el segundo año de vida. – Miedo del alma En el segundo año, el miedo es vivenciado por el niño de manera más bien anímica. Lo puramente anímico está estrechamente ligado al sentimiento. El niño necesita la mirada de la madre, o bien, de la educadora, de la persona de referencia, mediante la cual se siente incluido y amparado. Entonces, puede superar la primera experiencia anímica del miedo. EL miedo anímico en el segundo año, puede ser disuelto por la mirada o por la sonrisa de un adulto, que trasmite la sensación de ser percibido. La regla es que todo tiene que hallarse en el campo visual del niño. La constituye una prueba de valentía, cuando los niños se ocultan, cubriendo la cabeza con un paño. Se trata de ver y ser visto. El desaparecer también pertenece a ello. Miedo en el tercer año de vida, miedo consciente. En el 3er /4to. Año de vida, conjuntamente con la formulación del yo, por vez primera aparece el miedo basado en el pensamiento. Entonces, existe la posibilidad de decirle al niño: “Mira al reloj-cuando las agujas nuevamente se encuentran la una sobre la otra, estaré de regreso.” Ahora, el niño ya puede confiar en una palabra hablada, o bien en un pensamiento que brinda seguridad. Aprende, a perder el miedo mediante la actividad del pensar. Podemos enseñarlo a los padres que tienen hijos miedosos. Es algo así como la des-sensibilización en el marco de un tratamiento de alergia. Cuando los niños por ejemplo gritan como en un ataque de pánico cuando los padres quieren alejarse de la casa, podemos practicar su alejamiento y el aguante de la separación en pequeñas dosis edificando así, poco a poco, la confianza en la confiabilidad de los padres. Al tener miedo, los niños se retrotraen y se interrumpe su disposición al aprendizaje. Los miedos deben ser tratados, porque quitan el ánimo evolutivo. Es por ello, que el tratamiento del miedo es uno de los temas más importantes. Esto se refiere asimismo a los miedos ocultos, que se esconden detrás de melancolía, comodidad, aferrarse a lo conocido. Tenemos que aprender a leer los síntomas del miedo. Únicamente a través de la superación del miedo, se libera la voluntad tendiente al desarrollo y el deseo de conocer lo nuevo. Al no ser tratado, el miedo tiene consecuencias físicas, tales, como trastornos de regulación, metabólicos, alimentarios, crecimiento y para conciliar el sueño- una multiplicidad de trastornos funcionales, que pueden indicar un miedo no reconocido. En ocasión del tratamiento de estos diferentes trastornos, siempre deberá ser indagado un subyacente posible miedo.
Aprender, es experiencia. Todo lo demás, simplemente es mera información. Albert Einstein |