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Traducción: Ana María Rauh
TRADUCCIÓN PARA EL CORAZÓN, PARA EL ALMA –
DEDICADA A ANA MARTA ESPECIALMENTE
Frank Thiees- LA CASA DE LOS PÁJAROS
De pronto Jones escuchó la voz de un pájaro,
un canto, con sonido de plata. En el
silencio se elevaba como el rayo cristalino de una fuente, en fulgurantes
escalas corría a través del modo mayor al modo menor, descendiendo lentamente,
elevándose una vez más en un motivo melancólico, para finalizar en un dulce
trino.
Asombrado contempló a Paradisi, a través de
cuyo rugoso semblante corrió una sonrisa de satisfacción, así como si también
este diminuto milagro sonoro era obra de su arte.
Jones no recordaba haber escuchado jamás,
canto alguno proveniente de gargantas de
pájaro, de esta manera. Preguntó: “¿Qué pájaro ha sido?” Pisani se levantó.
“venga conmigo” dijo, y fue con él a la
habitación siguiente. Jones se levantó y con paso algo titubeante siguió a
Pisani. Paradisi los siguió.
Este lugar se diferenció de aquel en el cual
habían estado tan notoriamente,, quejones, asombrado, se detuvo en el umbral.
Hacia un lado, el muro había sido abierto, dando paso a una veranda, cuyos
altos ventanales podían ser cubiertos por cortinas de enrollar. Por doquier se
hallaban grandes recipientes con oleandros, laureles, gomeros. También la pared
estaba cubierta con plantas, que crecían en anchos cajones. La luz del sol
vespertino yacía sobre el enredo de
hojas verdes, ramas colgantes y zarcillos en flor, que en partes estaban tan
tupidos, que formaban recovecos de sombre esmeralda. También desde el cielo
raso colgaban camastros con plantas, por
cuyos bordes desbordaban ramas que se mecían en la corriente de aire.
A Jones le parecía que estaba soñando: la luz dorada-verde del lugar,
transpuesta por el perfume de las plantas floridas, el titilar de los rayos del
sol sobre las hojas que cubrían la pared, la silenciosa calma del anciano, el
dulce encanto, que a modo de un suave vaho rodeaba su cabeza, cual transparente
nube…
Lo que empero en mayor medido lo asombró era,
que este jardín interior parecía ser una jaula de pájaros. Desde todos lados se
escuchaban las voces de los pájaros que volaban libremente, que estaban
sentados sobre las ramas de las plantas, que desde los bordes de los canteros,
curiosos miraban a las personas, que no mostraban temor, aunque Jones y
Paradisi habían seguido al anciano hasta el centro del espacio. Pisani se detuvo frente a una camelia de roja flor.
Emitió un silbido fino, vitrioso. Entonces, apareció volando, un pájarito
amarillo con cabeza azul, y confiado se posó sobre su arrugada mano, y como si
algo quería contarle, elevo su vocecita en suaves tonos trinos.
El anciano le hizo una seña a Paradisi, que en
silencio le indico a Jones que se detenga en el lugar sin moverse. El pequeño
pájaro trinaba apenas audible, se generó una pausa y luego, sentado en la mano
de Pisani, comenzó a cantar.
Jones sintió un escalofrío que le corrió por
la espalda. La vocecita de una irreal delicadeza primeramente silbó un pequeño
motivo, luego su diminuto pecho parecía ensancharse por el deleite del canto y
del piquito azul abierto fluían sonidos borbollantes, a modo de perlas
fulgurantes, de una indecible transparencia y vehemencia. El hechizo acústico
de este proceso era una dulzura tal, que Jones, atónito contemplaba a ese
milagro cantante, poseído por una extraña ternura y felicidad.
La mano del anciano no temblaba, tenía la firmeza de una mano de un cirujano.
Jones no pudo ver su rostro, pero, a partir de la postura del pájaro cantor, se
desprendía, que su mirada posaba sobreel cantor. El diminuto ser parecía
perderse poco a poco plenamente en la voz, sonido arquetípico de la naturaleza,
la mística pureza, ojo resonante de la deidad, fuente encantada, de la cual se
vertían cascadas de luz, que el hombre estaba dotado a escuchar únicamente en
sagrada oportunidad.
Pisani hizo un
movimiento apenas perceptible con la cabeza. El pequeño cantor finalizó su canto con un trino nacarado, calló, y se alejó
volando.
Su canto empero, parecía haber incentivado a
los demás pájaros; desde las ramas de los árboles y desde los bordes de los
camastros, se escucharon voces. Una pulgurante lluvia de sonidos con radiancia
solar recorrió el espacio, escalas ascendentes, trenzadas de mágicas flores,
gorgoritos de una dulzura tal, como si perlas diamantes del rocío se
vaporizaran dentro de la radiancia del arco iris de las voces matinales de los
espíritus. Jones tuvo la sensación de un hecho sobrenatural, este aleluya
producido por encantadas gargantas, ese ascenso y caída en palpitantes luces
sonoras, en diminutos motivos de flauta, en danzantes y melodiosas chispas
solares.
No se movió, ni atinó dirigir su mirada a
Paradisi, que sonriente se hallaba a su lado, escuchando.
Pisani giró y le
dijo a Jones: “Si fuese la hora del anochecer, le presentaría mi mayor milagro
tonal, un ruiseñor que canta con una
belleza mayor a todos aquellos que usted pudo haber escuchado. Es cierto, una
vez pasada la festividad de San Juan, guarda silencio y solamente practica un
poco. Por lo tanto, queda poco tiempo para escucharlo”.
Jones, en silencio hizo un gesto afirmativo.
Paradisi dijo en
voz baja: “Muéstrele la alondra, maestro. O al imitatore”.
Pisani miró a su
alrededor y silbó, pero, de manera diferente a la anterior. “ven acá,
Imitatore”, dijo a media voz, “note escondas”. Jones escuchó un aleteo, y un
pájaro verde oliva con alas grises rodeó en vuelo a Paradisi, se posó sobre su
hombro, se alejó y se sentó finalmente sobre el oleandro, muy cerca del
maestro, quien de su bolsillo sacó una pequeña flauta, entonando un reclamo
similar al canto del pájaro.
De inmediato comenzó de nuevo, el trinar y
cantar en los árboles y en las plantas, los sonidos aleteaban a modo de pétalos
de rosas a través del espacio.
“Guardad silencio”, Pisani les dijo a los
demás.
“Ahora va a a cantar Imitatore”, y dirigiéndose a Jones: “mi risueñorRaffaele
no lo escuchaba con agrado, cuando Imitatore muestra su arte, pero, luego se
reconcilia nuevamente. Y bien, puedes comenzar”.
El pájaro color verde oliva nose hizo rogar,
abrió reiterada veces su piquito y al instante resonaron algunas suaves escalas
de práctica, tal como si estuviese calentando su voz. Pisani le indicó algo mediando un silbido, a
lo cual el pájaro dio una respuesta, mientras con sus negros ojitos miraba al
maestro. Al cabo de ello, abrió su pico
descomunalmente; mostrando su diminuta lengua negra y expulsando al aire. Cerró
el pico y salió volando.
“Eso no puedo ser”, exclamo Pisani (también
ahora a media voz, al igual como todas las charlas se realizaban de este modo).
“¡No te vas a escapar, Imitatore!”.
El pequeño pájaro se había sentado en la cima
de un gran gomero con anchas ramas, desde donde miraba a Pisani. De pronto y
sin transición, comenzó a cantar.
Jones agarró la mano de Paradisi. Como no
había aguardado otra cosa que una suave canción, se sobresaltó frente a la
fuerza que estalló de la garganta del
pequeño cantor. Un sonido jubiloso sin par, colmó al recinto, ascendió como un
cohete luminoso y en deslumbrante altura luminosa, se despegó en una descendente
lluvia chispeante de sonidos. Y entonces, el cantor comenzó a imitar a la
perfección casi, la canción del ruiseñor. La suave melancolía de su lamento, el
fervor de su sonido pleno y apasionado, la brillante blandura de su canto
dispuesto en amplios intervalos, y a su modo hasta logró instrumentar el trino
conmovedor del zickue-zickue-zickue, de
una manera que se aproximaba al milagro. Así y todo, en su canto se percibía un
cambio; le faltaban el hechizo del amor que ostenta el destello lunar, el sollozo
del bosque sumido en sueño, inmerso en lágrimas y rocío de la noche. Tenía el
impacto de la luz del sol, hacia el final, el vigor de su voz se acrecentó tan
poderosa y radiante de su sonido, que a Jones de pronto le pareció escaso el
lugar para poder recepcionar esta jubilosa melodía de la vida. También la clave
era pertenencia propia de Imitatore. Fluyendo suavemente hacia un melancólico
como menor, finalizó en una secuencia tonal cromática, terminando en un motivo
jocoso staccato al cual hizo sumergir en una diminuta figura de flautas.
“Bien hecho, Imitatore”, lo elogió Pasani. “Y
ahora todavía podrá conocer a Carino, mi alondra. No cantará para usted una
gran aria, esto no podemos aguardar de ella, así y todo, este pájaro es el más
querido para mi, por ser un pequeño puente-luz, que une a nuestra tierra con el
cielo”.
“¿Los pájaros no se le escapan?”, pregunto
Jones, al ver como Pisani abrió la gran puerta de vidrio hacia el jardín.
“Sí, y no”, sonrió el anciano. “Carino sale
volando, dado que solamente puede cantar arriba, muy arriba”, con su arrugada
mano señaló al cielo, “pero, retorna. Siempre ha vuelto hacia mí”.
Luego se acercó a unos arbustos de laurel,
ubicados dentro de un cajón de madera
pintado de color verde, abriendo sus ramas con cuidado. “¿Carino?”,
exclamó con su tierna voz oscura. “Oh,
se ha escondido. El canto de Imitatore parece que ha sido demasiado fuerte en
su tonalidad. No te hagas rogar mi pequeño cantor, muestra tu arte.”
Reacomodó las ramas y, buscando miró a su alrededor. “Todos ellos son
pequeños traviesos”, siguió diciendo, “siempre listos para hacerme una broma. A
veces nos reprendemos mutuamente, pero, nadie lo toma en serio con el enojo,
todo tan solo es un juego; es por eso, que pueden cantar tan bellamente. En su
corazón no existe ningún granito de polvo”.
De pronto hubo un movimiento de ramaje en un
arbusto que crecía en la tierra fértil. Un pájaro de color gris oscuro salió
vertiginosamente y se posó sobre la puerta de vidrio abierta.
“Aquí estás, Carinello”, sonrió Pisani,
extendiendo hacia él su mano, pero no de
manera tal, como querer apretarlo, sino en un gesto casi de bendición, suave y
magnánimo, que recordaba al gesto en la Creación de Miguel-Angel, con el cual
Dios se acerca a Adán. La alondra emitió un susurro, elevó las y de pronto,
trémula se hallaba en el aire, ascendió, aleteando y trinando suavemente,
siguió ascendiendo en tirones apenas visibles y comenzó a cantar. Los tres
hombres quedaron inmóviles. Siguieron su vuelo con la mirada.
La canción era una de aquellas, que Jones ya
había escuchado en un centenar de veces, cuando al amanecer, desde los
sembrados las alondras ascendían hacia la luz. Así y todo, creyó, que hoy por
vez primera, podía intuir aquella que denominamos canto. Y a pesar de que
carecía de talento musical y no podía cantar correctamente, con ese radiante
sonido, que frente a él se trazó frena sus sentidos en el aire, penetró algo en él, a lo cual no pudo resistirse, un
poder transformador del alma. ¿Sería acaso el júbilo de muerte, y hasta más
allá de nosotros mismos, para arrojarnos al corazón de la Deidad?¿Unificarnos
con todas las fuerzas que tejen, braman, arden y generan en la naturaleza?
¿Cómo un diminuto manojo de plumas, al cual acababa de ver como pájaro pequeño
y modesto frente a sí, a una señal del viejo mago podía elevarse exento de
sembrados, jardines y calles de los hombres, podía descansar en lo exento de
nubes, colmando al amplio espacio con las estremecedores corrientes tonales de
su milagrosa garganta? No era un pájaro que cantaba, el apenas visible cuerpo
de la sagrada criatura se había disuelto en luz y en canto, había dejado de ser
cuerpo, garganta y plumaje, sino voz, hábito sonoro de Dios, que a todos nos
colmaba y del cual somos conocedores solamente en singulares horas de nuestra
vida…
Solamente Pisani, el anciano que poseía poder
sobre estos seres huraños y delicadísimos seres de la naturaleza, agachado se
encontraba junto al portal abierto. Sus ojos se hallaban semi-cerrados, su
cabeza inclinada levemente hacia el costado. También él estaba escuchando.
¿Acaso, en este frágil cuerpo se hallaba la estación energética, desde la cual
partía una corriente hacia la altura, hasta la alondra apenas aún visible?
¿Acaso, la mantenía sujeta a él, mediante las mágicas fuerzas de su espíritu?
¿Y si así fuera, desde qué profundidades emanaban? ¿Acaso, eran acordes con
aquellas, que allá en la altura le abrían la garganta al pájaro, para que las
fuentes de júbilo de su canción podían ser ejecutadas sobre los rayos del sol,
como sobre un arpa? El anciano había hablado de un puente-luz que une nuestra
tierra con el cielo. ¿De qué especie era ese puente? ¿A qué seres les se
permitido transitar sobre el puente?
21-3-2015
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