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Traducción: Ana María Rauh
Peter Selg
4.12.4. DESDE EL CAMBIO DENTARIO HASTA LA MADUREZ
SEXUAL Y LA ADOLESCENCIA
4.12.4.1. EL DESARROLLO DEL “SISTEMA RITMICO” JUNTO AL MUNDO CIRCUNDANTE – LA
ARMONIZACIÓN DE LA RESPIRACIÓN Y LA CIRCULACIÓN SANGUÍNEA, EL PROCESO NERVIOSO
Y METABÓLICO
“¿Qué es lo más activo en el niño? ¡Justamente la
actividad cerebral! De la misma irradia la configuración plástica de todo el
cuerpo. Hasta el cambio dentario, la misma cobra su mayor actividad. En ocasión
del cambio dentario, esta facultad formativa se traslada al sistema
respiratorio-cardíaco y hasta la madurez sexual tenemos que ver con la misma.”
Según Steiner, el “sistema rítmico”, desarrollándose a sí mismo, y poniendo su
fuerza configuradora al resto de la organización del cuerpo infantil, se
encuentra en el centro de los procesos evolutivos fisiológicos en el segundo
septenio de la vida. “Predomina orgánicamente” y es lo decisivo en el más amplio de los sentidos” dentro del organismo
global infantil: “El ritmo respiratorio, el ritmo sanguíneo, todo el ritmo
impera entre el cambio dentario y la madurez sexual del niño. ¡Únicamente el
ritmo!” (Ya en 1916, Steiner señaló por vez primera en una conferencia, al
desarrollo individual del sistema respiratorio y circulatorio en el segundo
septenio y remarcó la importancia de las fuerzas “etéricas activas”). Antes de
que el “sistema rítmico” de manera radiante logra intervenir en los procesos
plasmadores del cuerpo, él mismo es desarrollado, formado. Esto acontece – al
igual como en el primer septenio, pero de manera modificada – junto al medio
circundante, que ahora toma posesión de
“todo el ritmo interior del organismo”. En su libreta de apuntes, Steiner anotó
el 23.11.1921: “Con el cambio dentario comienza el ritmo - el niño se entrega al entorno y su elemento
anímico-espiritual y de buena voluntad y participación anímica recibe las
impresiones del mismo. La organización pectoral se forma junto al medio
circundante.” Después del cambio dentario, el niño recepciona las impresiones con
participación del sentimiento”, vale decir, “a partir del órgano sensorio, se
ha convertido plenamente en alma, ya no vive primariamente en la imitación
exponente-imitadora de lo percibido, sino que anímicamente se abre al mundo.
Con el elemento de la sensibilidad que se ha liberado durante la época del
cambio dentario, con una interioridad que se ha tornado posible sobre la base
de la emancipación anímica-espiritual y la consecutiva especialización de los
ámbitos sensorios, vive en el mundo sintiendo, y junto a él desarrolla al “hombre
del sentimiento”, hablando fisiológicamente, su “sistema rítmico”.
Según Steiner en esa época el niño experimenta un
impulso interior de vivenciar su existencia anímica, inicialmente liberada del
cuerpo – “de hecho de manera inconsciente, a modo de instinto, como ritmo, como
compás, que en principio tiene lugar en el propio cuerpo.”
Posee un anhelo de “ejecución” de ritmo y compás en la
organización propia. Orientado hacia el exterior, el interés del niño ya no
pertenece al gesto, sino al habla, “plenamente a modo de escucha y de músico, tiene
– sobre todo desde el cambio dentario hasta aproximadamente el noveno año de
vida –el deseo de experimentar lo escuchado, de manera rítmica y a modo de
compás, en su organización interior, convirtiendo lo musical, no como hasta
entonces en lo plástico, sino en lo “rítmico, en lo referido al compás
interior”. “PARTICIPA DE LA VIBRACIÓN.
INTERIORMENTE REPRESENTA AQUELLO, QUE PERCIBE AFUERA”. Según Steiner, las
fuerzas actuantes en el habla y en la música,que a la organización craneana la
utilizan meramente a modo de “punto de transición”, primariamente no se
apoderan de la sustancia corporal – las mismas (o bien las “replicas”de las
impresiones) ya no cumplen una acción material-plástica, sino que permanecen
dentro del “sistema rítmico”, interiormente, siguen siendo elemento musical. A partir
del “artista plástico hacia el interior”, se produce un “artista musical hacia
el interior”, que a partir del noveno año de vida en medida cada vez mayor,
comienza a adquirir una real comprensión con referencia al ritmo y al compás,
el cual, en lugar de la representación interior, logra progresivamente, la
figuración cognitiva de “formación” musical-externa.
El desarrollo del “sistema rítmico” implica la
armonización del ritmo respiratorio y circulatorio sanguíneo, vale decir, el
desarrollo de una “estructura musical interior”, a modo de “RITMO RELATIVO” de
ambos movimientos y con ello la conquista de un equilibrio entre el hombre
“superior” y el hombre “inferior”, entre el sistema nervio-sensorio y el
sistema metabólico y de los miembros. Al respecto según Steiner, la “DINÁMICA
CUALITATIVA INTERIOR” que tiene lugar entre el sistema respiratorio y la circulación
sanguínea, la acción recíproca entre ambos, está caracterizada por el hecho de
que hasta el noveno año de vida se
encuentra el momento vital, en el cual aquello que con anterioridad se hallaba
en la respiración, lo que antes aún estaba anclado en el hombre superior, en esencia
pasa al a circulación sanguínea, donde organiza-interiormente en el niño tiene lugar
aquella maravillosa orientación entre uno y cuatro, entre las aproximadamente dieciocho
ejecuciones respiratorias en el minuto y las setenta y dos pulsaciones cardíacas.
Esta relación entre respiración y circulación sanguínea se instala en este en
este punto de la vida. “Al armonizarse la respiración y la circulación
sanguínea y con ello también el proceso nervio-sensorio y la actividad metabólica, equiparándose el sobre peso anteriormente existente de las formas
procesuales superiores en beneficio del metabolismo y la circulación sanguínea,
se modifican – tal como Steiner señaló en su segundo curso medicinal en la
primavera de 1921 – entre otros, los procesos nutricionales y del equilibrio;
dado que hasta el noveno/décimo año de vida, la inserción por el yo en la
sustancialidad de las materias estaba regulada por la cabeza, dominando la
individualidad actuante dese el “hombre superior” el “yo superior” (e
indirectamente, el ritmo respiratorio), ahora se produce un “acoplamiento del
yo al organismo humano desde abajo, vale decir, un obrar mayor de los procesos
metabólicos y los de la sangre sobre la parte humana del medio y
consecutivamente un encuentro de los procesos metabólicos compenetrados con el
yo, con el “sistema superior”. Las herramientas del yo, la polaridad del yo, es decir lo inferior del yo,
que se encuentra con el superior del yo, recién entonces se ubica en una
relación correcta. El “yo” desarrolla entonces una corriente calórica
ASCENDENTE, que constituye la imagen opuesta del trans-calentamiento de la
temprana infancia a través de la organización de la piel y que depende del
captar de las fuerzas sustanciales ascendentes a través de la nutrición, del
traslado a la circulación, a la respiración y luego al sistema de la cabeza.
“El tratar del yo en las fuerzas de las materias externas, tiene que ascender
mediante la circulación y la reparación, hasta la correcta inserción en el
sistema de la cabeza.”
Sin referirse en mayor medida a la relevancia de estos
contextos para los procesos nutricionales infantiles, Steiner señaló además,
que el “desarrollo del yo desde abajo hacia arriba” también cobra importancia
para los proceso de la erección y del equilibrio; dado que según Steiner, “la
fuerza de erección elemental”decisiva previa al cambio dentario, “recibe apoyo
de aquello que fluye desde arriba hacia abajo, disminuyendo empero luego en la
mitad del segundo septenio de vida, en favor de las fuerzas que desde abajo fluyen
hacia arriba, de modo tal que ahora tiene que ser obtenido un nuevo equilibrio
en el encuentro a mitad del camino.
4.12.4.2. LA GENERACIÓN DE LA CONCIENCIA PROPIA
INTERIORIZADA
Tal como Steiner lo ha formulado, el hallazgo a ser
logrado en la época del noveno al décimo año de vida de un espacio medio-fisiológico
en la ritmización de la respiración y la circulación,
manifestación de transformación altamente significativa de la vivencia anímica
y de la “corporal-física”. En sus cursos de las conferencias pedagógicas,
Steiner habló de un “Rubicón” que debe ser
transpuesto, un “punto-nodal de la vida” – entre los nueve y los diez años, el
niño vivencia los cambios constitucionales relacionados con el “acople del yo”,
centrado metabólicamente, a modo de una modificada “conciencia del yo”. A partir
de un “despertar de la naturaleza de la fuerza del yo”, un “nacimiento del yo”
orientado hacia el interior, de allí en más el niño está posibilitado de decir
“yo” a sí mismo, “con plena conciencia”, vale decir, se lleva cabo el proceso
de la auto-representación del tercer año de vida, ahora de un modo
intensificado, de mayor espiritualidad: “La conciencia del yo retorna de una
forma más espiritual, mientras que en el segundo o en el tercer añode vida es de
índole más bien anímica.” El niño de aproximadamente nueve años, descubre su
“yo” “fortificado” y “profundizado”, arraigado en el organismo superior e
inferior y aprende a diferenciarse, o bien desligarse de su entorno, de todo lo
“no-yo” externo, diferenciando por vez primera entre el sujeto y el objeto. Con
anterioridad había “estado sintiendo” a su “yo” anímicamente, pero el
“sentimiento del yo”, y el “sentimiento del mundo” no se habían separado, sino
se entrelazaban siempre mutuamente.
Según Steiner, con el desarrollo del “concepto” de la
individualidad propia va acompañado, que el niño a partir de su “yo” ahora
comienza a elaborar en el interior de su alma, impresiones recibidas – cuando
hasta ese entonces el pensar, el sentir y el querer estaban plenamente
entregados al mundo circundante, ahora el pensar ciertamente es “entrado al
interior” del niño. Comprendiéndose de esta manera en su propio ser y
apoderándose del mismo – un acontecer procesal que en importante medida se
desarrolla a partir de la lucha del niño por la compenetración anímica de la palabra
hablada – el niño de los nueve años se torna facultado al encuentro con el otro
ser humano, reconoce en quien se encuentra frente a él, un auténtico tú; el
31.12.1921 Steiner dijo frente a pedagogos en Dornach: “Las otras personas a
las cuales el niño con anterioridad al cambio dentario imita de manera
imponderable en sus movimientos, en el habla y hasta en los sentimientos, por
el niño aún no son percibidos de manera tal que pueda tomar en cuenta el propio
ser de aquellos, su propio ser interior. Hasta su séptimo año de vida, el niño
en realidad al otro ser humano no lo siente de hecho como otra persona, sino
como algo así como la relación hacia sus brazos o sus piernas. Aún no establece
una separación suya del mundo. Con el cambio dentario, con el sistema del sentir,
que actúa con independencia a través de la respiración y la circulación, el
niño se separa del otro ser y de esta manera, la otra persona para él se
convierte en un ser con interioridad.”
4.12.4.3. EL
PROGRESIVO DESARROLLO DEL SISTEMA DE LOS MÚSCULOS Y DEL ESQUELETO JUNTO A LA
“ORGANIZACIÓN RITMICA” Y LA OBTENCIÓN DE LA “MADUREZ TERRENAL”
El niño de los
nueve hasta los diez años, adquiere una parte media, a partir de la cual pueden
configurarse de nueva manera, la vida y la vivencia; tal como Steiner
reiteradas veces remarcó en las conferencias, el “sistema rítmico” se convierte
en el centro plasmador del organismo infantil en el segundo septenio. Aunque
sigue existiendo una corriente craneana que actúa en dirección craneo-caudalar, que hacía el final del segundo septenio de
vida obtiene una renovada intensidad, el decisivo “desarrollo vital” del
cuerpo, ahora parte del “hombre del pecho”, de la respiración y la
circulación. En ocasión del “desarrollo acabado
de la forma” – “según su forma el cuerpo propio está plasmado desde un todo” –
tal como ha dicho Steiner, a través de la organización rítmica, el cuerpo del
niño es llevado “a la adaptación a sí mismo”, de manera “radiante”, domina un
sistema funcional, que dispone de grandes fuerzas sanadoras, que conducen al
organismo a un “desarrollo vital” armonioso. Steiner habló de una “organización
guiada por lo rítmico de todo el organismo humano, hacia lo musical”, que
abarca al sistema nervioso, así como también las funciones metabólicas y del movimiento
y que acontece dentro de la esfera “etérica” a las “fuerzas plasmadoras”.
Remarcó de manera especial, a la asi llamada “adaptación” del “sistema de los
miembros” a la organización rítmica (o bien, el “segundo” organismo respiratorio,
desarrollado al cabo del cambio dentario), que se efectúa en etapas, dentro del
segundo septenio de la vida. El 31.12.1921 dijo frente a pedagogos: “En esa
época, a través del diferente accionar de su cuerpo etérico, o cuerpo de las
fuerzas plasmadoras, el niño se va formando de manera tal que sus miembros se
alargan notoriamente que la vida muscular y ósea, la vida del esqueleto juegan
un rol especial, tratando de adaptarse a la vida respiratoria y circulatoria.
En esa época, el niño crece de manera tal que los músculos vibran, en parte en
medida especialmente destacada, con el ritmo respiratorio y el ritmo
circulatorio, siendo que todo el ser del niño quiere adoptar un carácter musical.
Mientras que con anterioridad el niño ejercía una actividad plástica en su propio,
cuerpo, ahora comienza en convertirse en un músico, un músico inconsciente, que
trabaja con orientación hacia el interior.” De modo pormenorizado, Steiner
sostuvo, que aproximadamente a partir del décimo año de vida, los músculos del
niño entran en una íntima “relación” con el sistema respiratorio y
circulatorio, se “inclinan” ciertamente hacia la organización rítmica, se
orientan hacia el latido y la respiración; el niño entonces vive desde su
sistema sanguíneo, dentro de su organización muscular, cuyos procesos de
crecimiento se llevan a cabo de manera tal como lo logra el sistema rítmico,
concretado en el interior”. Cuando el niño se aproxima al décimo año, se
desarrolla aquello que impera en el sistema respiratorio y circulatorio-sanguíneo,
el compás, el ritmo que allí se encuentra, orientan su desarrollo hacia el
sistema muscular. Los músculos son abastecidos por la sangre, la sangre llega
con su vibración a los músculos de manera tal como el hombre es en su interior.
De modo tal que el hombre entre su 9º y su 11º año, desarrolla su sistema
muscular de manera tal como le es propio a sus disposiciones rítmicas
interiores. En este período evolutivo, el movimiento de los miembros del niño
se lleva a cabo dentro de una primaria “apelación al sistema muscular”, que
está relacionada con un “arrastre” de la “forma ósea”, o bien, del esqueleto óseo,
insertado“en el sistema muscular” que le sigue; como Steiner ha dicho, “impulso anímico-espiritual” actúa directamente
en la organización muscular, los nervios “motrices” sensibles al movimiento,
perciben lo que “yace en los músculos”.
“Al llegar al
11º año, el 12º año, aquello que se encuentra en el sistema rítmico y en el
sistema muscular mediante radiación entra al sistema óseo y a todo el
esqueleto.” Los músculos ahora comienzan a “amistarse con los huesos a través
de los músculos”, su crecimiento se ubica en la mecánica y en la dinámica del
sistema óseo, es dominado por el mismo; “allí, los músculos se apartan de su íntima
relación con el sistema respiratorio y el sistema circulatorio y se orientan
hacia el sistema óseo, hacia el esqueleto, se desarrolla de manera tal que de
allí en más se adaptan al esqueleto. Ahora la figura del movimiento resulta por
el hecho de que los niños se apoyan sobre sus pies de manera tal que siempre
buscan hallar el equilibrio, que sientan en su interior el equilibrio-palanca,
lo maquinal del sistema esquelético”, siendo que los procesos nerviosos
sensibles, registran y transmiten los procesos con ello relacionados en músculos
y huesos. Al cabo de la “transición del sistema (muscular) blando, al sistema
(óseo) duro, en el ámbito anímico el niño ahora está en condiciones de
desarrollar una comprensión interior “de causa y efecto”, de fuera y de aquello
que puede sentirse como lo erguido, puede ser sentido como lo horizontal,
etc.”, vale decir, que ahora en lo anímico-espiritual se alarga hasta el
esqueleto óseo y las leyes que allí actúan. Logra conectar su capacidad del
pensamiento con las fuerzas de la voluntad, obteniendo así paulatinamente la
facultad de la formación de los pensamientos edificados lógicamente. El
31.12.21 se decía en Dornach: “Esta inclusión de la vida de los tendones, de la
relación de huesos y músculos, es la expresión externa, física, de la entrada
de lo meramente anímico-rítmico, del elemento del compás a aquello que ahora es
lógico, lo que ya no posee ritmo y compás.”
Steiner
describió al proceso evolutivo en el primer septenio y en el segundo con una
compenetración del organismo, anímica-espiritual, en dirección cráneo-caudal,
“desde la cabeza, lo espiritual-anímico se apodera a todo el ser humano, avanza
luego desde arriba hacia abajo, de la respiración a la circulación sanguínea,
compenetra los músculos, “finalmente se apodera de los huesos”, con lo cual
sucesivamente se logra la “MADUREZ TERRENAL”, es este el proceso de una progresiva
adquisición de la periferia corporal y con ello un abrirse logrado en etapas
frente al mundo exterior – “el niño ciertamente con su alma, plenamente va
desde adentro hacia afuera”. Culminando en la individualización de los órganos
del movimiento y finalmente en la capacidad reproductiva en la época de la
pubertad, a través de sus fuerzas anímicas-espirituales, configuradoras
corporales e instrumentadoras físicas, el niño conquista su propia realidad
vital y realiza una adaptación interior al mundo que lo rodea: “En el niño muy
pequeño, las fuerzas plastificadoras, configuradoras, se ubican en el cerebro,
irradian desde allí. Luego el asunto pasa a los músculos. Y cuando el ser
humano ha llegado a los doce años, ubica todo su ser en el esqueleto, y luego sale al mundo, recién entonces sale.
El nombre pasa a través de sí mismo y llega luego a una relación hacia todo el
mundo. Primero las fuerzas de la cabeza; estas fuerzas de la cabeza luego son
vertidas a los músculos y después a los huesos; el hombre se ubica en los
huesos y cuando ha llegado a la madurez sexual, se coloca en el mundo todo. Es
entonces cuando recién en realidad se encuentra en el mundo. CON SU ESFUERZO, EL
HOMBRE VA AVANZANDO A TRAVÉS DEL SISTEMA RESPIRATORIO, A TRAVÉS DEL SISTEMA
CIRCULATORIO, HASTA LA INSERCIÓN ÓSEA DE LOS MÚSCULOS. MEDIANTE SU ESFUERZO, SE
APROXIMA PLENAMENTE A SU PERIFERIA HUMANA Y CON LA MADUREZ SEXUAL IRRUMPE EN EL
MUNDO EXTERIOR. SE SITUA PLENAMENTE EN EL MUNDO EXTERIOR.”
El primer
septenio, hasta el cambio dentario, está caracterizado por los procesos
configuradores nerviosos-centrales, determinados por la organización del “yo” y la organización “astral”, la época del
cambio dentario hasta la pubertad, preferentemente por un efecto
“astral-etérico” que parte del “sistema rítmico”, el período evolutivo siguiente
a la madurez sexual empero por un predominio de la organización “etérica-física”.
Según Steiner el proceso global esbozado puede ser comprendido, como una
adaptación que se desarrolla por etapas de la entidad supra-sensoria humana a las condiciones terrenales – recién
en la época de la pubertad, el joven ser humano, al cabo de una “metamorfosis
grandiosa” se encuentra “inserto” en las mismas y en dependencia de ellas.
Entonces se encuentra en relación con el mundo energético terrenal, se articula
en la tierra y articula la tierra dentro de sí, lo que entre otros, conduce a
nuevo “choque” entre el “sistema metabólico” (ligado a lo terrenal) y el
sistema “nervio-sensorio” (cósmicamente organizado, siendo que ahora, a
diferencia del periodo del cambio dentario predomina la influencia de las
fuerzas metabólicas.
Según Steiner la
“entrada al mundo”, o bien la “madurez terrenal”, significa que el joven ahora
está en condiciones de desarrollar en el sentir liberado del cuerpo, la “fuerza
del amor con respecto a todo aquello que
se encuentra en su medio circundante, en lo cual está incluida la sexualidad y
la madurez sexual (“solo un matiz especial, un hecho destacado, más allá del
amar en general es el amor entre el varón y la mujer. Solo cuando lo
contemplemos en esta especialización, lo entendemos correctamente y
comprendemos asimismo su misión en el mundo”. Steiner señaló la aparición de la
madurez sexual meramente como un “síntoma externo” de la transformación plena
del ser del niño en el segundo septenio de la vida, diciendo que mediante la
“entrega” de una parte de las fuerzas metabólicas en beneficio de los órganos
sexuales, se constituye de nueva manera el metabolismo global del joven con
madurez terrenal.
4.12.4.4. LA
DINÁMICA ENERGÉTICA DEL CAMBIO DE LA VOZ EN LA PUBERTAD Y LA APROPIACIÓN
INTERIOR DE LA LENGUA HABLADA
Según Steiner el
cambio de la voz del joven que se produce en la pubertad, es una clara
expresión de la articulación a las relaciones energéticas terrenales; en una
conferencia pedagógica dijo el 4.1.1922 en Dornach: “Aquello que procura el
hombre en la transformación del registro de su voz es algo que le es impuesto
desde afuera, es algo mediante lo cual se ubica con su íntimo ser en el mundo
exterior. Es simplemente el hecho de que ahora no tan solo las partes blandas
buscan el apoyo en orientación a los huesos, sino lo que allí se presenta, es
una leve osificación de la laringe misma, y en definitiva, una salida de la
laringe del mero ser humano interior, a la existencia universal. “La
transformación de la voz “impuesta al joven por el mundo terrenal, se realiza
fisiológicamente por un “golpear ascendente” de las fuerzas metabólicas, o bien
un “accionar ascendente” de digestión al
organismo respiratorio, por lo cual la voz no por más tiempo puede ser “expresión
exclusiva del “sistema nervio-sensorio”,
sino que más bien entra en la esfera de influencia de la “organización inferior”,
el “yo inferior”, hablando anímicamente, de las fuerzas evolutivas humanas. Las
mismas tal como Steiner ha dicho, se localizan, o bien se “acumulan” hacia el
final del segundo septenio, “disparadas” hacia la organización de la laringe, o
bien la organización lingüística (“luchando” allí con las fuerzas musicales del
mundo exterior, interiorizadas dentro del “sistema rítmico” – para hacerse
valer luego, “filtrados” y “plenos de alma”, en los proceso del pensar de la
cabeza: “Desde el cambio dentro hasta la madurez sexual , la voluntad se abre
paso de manera tal que en el caso del varón tenemos la vivencia del impulso de
la voluntad en el cambio de la voz, en la mutación de la voz”. (Este proceso
según Steiner tiene lugar de manera parecida en el organismo femenino, “en un
campo algo diferente” sin embargo globalmente orgánico y no claramente
localizable). Esto no solamente tiene efectos sobre el registro de la voz del
joven, sino que promueve una vivencia completamente diferente del habla y el
comportamiento de la dicción (entre el cambio dentario y la madurez sexual, el
niño adquiere un relación completamente diferente hacia la lengua.” Cuando
hasta ese entonces el lenguaje infantil se hallaba bajo la influencia del
entorno, dentro del cual se había generado a partir de la imitación (“no se
sabe, de que la misma manera como recibimos los primeros dientes a través de
una especie de herencia de los padres, recibimos el habla a través de una
especie de influencia del entorno, a través del principio de la imitación que
empero se convierte en principio orgánico”), así la penetración de la “libre
voluntad” en el habla, posibilita sobre todo una “trans-configuración” completa
del mismo, en el sentido de un “apropiación interior”, o trans-animación de la
palabra hablada. Según Steiner en el curso del segundo septenio se produce un
“captar del hombre, frente a su propio ser”, siendo que el joven de manera cada
vez más intensiva articula al sonido que emerge del “sistema rítmico”, con sus pensamientos, con
sus sentimientos, con su voluntad. En la conferencia dada en Ilkley el 8.8.1923, Steiner destacó de manera especial, que
dentro de este proceso el habla comienza a desprenderse del organismo corporal
y lo explicó a partir del ejemplo de los sonidos labiales pronunciados, según
Steiner, aún al finalizar el primer septenio de vida, los labios se mueven a
través de una “actividad puramente orgánica”, a través de la circulación
sanguínea y la circulación de humores instintiva. En cambio, aproximadamente a
partir del 12º año de vida, “aparece” la actividad anímica del sentir, mueve
los labios arbitrariamente, que entonces llevan a la expresión, lo anímico del
habla, “lo cariñoso, lo simpatizante con el otro, trasladándole la simpatía.
Steiner habló de un desarrollo del dominio de los movimientos labiales a través
del sentimiento humano, de un “maravilloso traspaso de la actividad orgánica de
los labios a una activación anímica de la actividad labial”, de un “plasmar de
los labios en el ser orgánico-anímico del hombre”. Siendo que la vida del
sentir juvenil, apoyada sobre un formado sistema rítmico en el curso del
segundo septenio de vida se emancipa progresivamente de la corporeidad,
independizándose, logra manifestarse lingüística-comunicativamente, bajo la
instrumentalización de las fuerzas volitivas aún más sujetas al cuerpo. Así puede
producirse una progresiva “apropiación interior” de aquel lenguaje que
originalmente procedió de un proceso orgánico de imitación.
4.12.4.5. LA
CONSONANCIA DEL PENSAR Y DEL QUERER Y LA RELACIÓN DEL JOVEN HACIA EL MUNDO
Tal como Steiner
ha referido en Dornach, el 4.1.1922, las fuerzas orgánicas del ritmo, se
metamorfosean en la época de la madurez sexual, vale decir, al cabo del cierre
de la “ritmización” también del sistema muscular y el
sistema óseo – adquiriendo una “libre actividad anímica”, en el sentido de una
sensibilidad en desarrollo con “respecto a formaciones ideales”, “con respecto
a lo referido a la fantasía”, que
caracterizan la época de la pubertad y la temprana adolescencia. Al mismo
tiempo, el desarrollo –acorde a la edad – del “sistema del medio” o bien del “hombre sensible”, forma el
fundamento para la armonización del “sistema nervio sensorio”, pensar y querer,
para que puedan relacionarse, conectarse mutuamente: “Al desarrollar
correctamente al hombre del sentimiento entre el 7º y el 14º año de vida, llevamos a una relación correcta
aquello que desde arriba va hacia abajo y aquello que desde abajo va hacia
arriba”. Exponiéndose al mundo exterior con su ser interior y compenetrando con
fuerza volitiva sus procesos sensorio y de cognición, el joven dotado con
fantasía y con “madurez terrenal”, ahora está en condición de desarrollar
fuerzas de criterio libres e independientes. “Recién entonces, cuando el hombre
ha adquirido la madurez sexual, obteniendo de esta manera fisiológicamente una
relación completamente diferente hacia el mundo exterior, adquiere así mismo,
en su vida anímica y física, en su vida corporal en el sentido más abarcativo, una nueva relación hacia el mundo exterior.
Ahora despierta el espíritu en el hombre. Recién ahora el hombre busca en lo
lingüístico todo lo referido al juicio, a la lógica. “La consonancia del
“sistema nervio-sensorio” y del “sistema metabólico y de los miembros”, o bien
de pensar y querer, posibilita el desarrollo de fuerzas volitivas en el proceso
representativo, la obtención de la conclusión lógica y del juicio, a su vez
empero asimismo, el hacer valer de representaciones en la vida volitiva, vale
decir, un accionar motivado por ideas, o bien un accionar guiado por ideas.
4.12.4.6. LOS
MIEMBROS DEL SER ACTIVOS
Los hasta aquí
esbozados proceso evolutivos del niño y del joven en el segundo septenio de la
vida, según Steiner, se llevan a cabo a modo de hechos fenomenales frente al
trasfondo de la época de la temprana infancia, dentro de una dinámica de los
miembros del ser modificada específicamente según la edad. Al respecto, es
sobre todo el “cuerpo astral” humano, que se hace valer intensivamente dentro
de procesos físicos y anímicos y que con la madurez sexual finalmente “entra”
en su “plena justificación” dentro de la constitución global, o bien promueve la misma, a través
del mundo cambiado su accionar. El 18.8.1924, Steiner dijo en una conferencia
pedagógica: “¿qué sucede con el cuerpo astral del niño entre el 7º y el 14º año
de vida? En realidad llega a su actividad plena, recién con la madurez sexual.
Es entonces que recién actúa plenamente
en el organismo humano. Mientras que entre el nacimiento y el cambio dentario,
el cuerpo etérico ciertamente es extraído del cuerpo físico, se torna
independiente, ente los 7 y los 14 años, poco a poco atraemos al cuerpo astral;
lentamente el cuerpo astral va entrando al cuerpo humano desde todos los lados.
Las líneas y las direcciones que sigue son los cordones nerviosos, el cuerpo
astral va entrando desde afuera hacia adentro. Comienza allí, desde el entorno,
desde la piel, paulatinamente para luego contraerse interiormente, colmando al
cuerpo en su integridad. Anteriormente es una nube suelta, dentro de la cual
vive el niño, luego se contrae, abraza íntimamente todos los órganos y al
hablar burdamente, se conecta químicamente con el organismo, con el tejido
físico, y el tejido etérico”. Cundo el “cuerpo astral” entonces se ha
“instalado”, compenetrado íntimamente al cuerpo “físico” y al cuerpo “etérico”,
“entonces el hombre ha arribado al punto vital de la madurez sexual.”
Ya en el curso
del segundo septenio de la vida, se logra el desarrollo del “sistema rítmico, que se lleva a cabo bajo la
conducción esencial del “cuerpo sensible” – tal como Steiner destacó reiteradas
veces, el impulso musical plástico, transpone al organismo infantil al cabo del
cambio dentario, “desde el cuerpo astral. El niño que hasta ese entonces ha sido
“hombre estelar”, en el segundo septenio de esta manera se convierte en “hombre
aéreo”, siendo que a través de la respiración está compenetrado ahora más
intensivamente por las “fuerzas del medio circundante, terrestres atmosféricas; según Steiner, en esa época, el proceso
respiratorio por vez primera es “conectado” plenamente al cuerpo a través de la
“astralidad” de mayor efectividad, cobrando entonces
también influencia sobre los procesos nerviosos. Dado que el aire es el
“elemento vital” del “cuerpo astral”, en él se encarna, “vibra” dentro de lo recepcionado a través de la respiración y trans-actúa al
organismo infantil de manera musical. Es así que no solamente acontece la
determinación rítmica-musical del sistema nervioso, de la respiración, la circulación
sanguínea, la musculatura y el sistema óseo, sino también la madurez sexual,
que –según Steiner en el sentido “científico-espiritual”, puede ser considerada
como consecuencia física del proceso respiratorio cambiado, impregnado
astralmente, al cabo del cambio dentario. El 7.8.1921 dijo en Dornach: “La
ciencia natural aun no vislumbra este contexto entre la respiración y la
madurez sexual. De hecho empero existe. EN REALIDAD INHALAMOS AQUELLO QUE NOS
TORNA SEXUALMENTE MADUROS, AQUELLO EMPERO QUE A SU VEZ EN EL SENTIDO MÁS AMPLIO
NOS BRINDA LA POSIBILIDAD, DE UNA RELACIÓN DEL ABRAZO AMOROSO CON EL MUNDO. ESO
ES LO QUE EN REALIDAD INHALAMOS. En el proceso respiratorio está dado un hecho
espiritual y un hecho espiritual-anímico. Este hecho espiritual penetra a
nosotros a través del proceso respiratorio. Puede entrar recién cuando las
fuerzas se volvieron anímicas, esas fuerzas que con anterioridad han actuado en
el organismo y que con el cambio dentario dejan de actuar en el organismo. Allí
entra entonces en el hombre aquello que quiere venir desde el proceso
respiratorio.”
En el desarrollo
de su actividad dentro del organismo vital-infantil, el “cuerpo sensible” tiene
que ubicarse en una relación con los demás miembros del ser, coordinar, afinar,
sobre todo con aquella organización energética, que le es la más cercana en la
orientación corporal. Al respecto según Steiner, tenemos que tomar en cuenta
que el “cuerpo etérico”, al igual se encuentra en un desarrollo constante, que
en el segundo septenio para por “su organización especial”, a pesar de la
parcial metamorfosis energética en el período del cambio dentario, siguen
adiestrándose en el organismo físico,
tratando de obtener una “postura” independiente frente al mismo. Mientras que
esta consonancia de organización “etérica” y “física” es fomentada por el
“cuerpo astral” (“de hecho en lo esencial es tarea del cuerpo astral, el
promover la equiparación de las elasticidades del cuerpo físico y del cuerpo
etérico”) – según Steiner, entre el mismo y las fuerzas no-metamorfoseadas y
orgánicamente aun-activas del “organismo plasmador”, tiene lugar una “lucha”
real: “En esta etapa de la vida del niño, existe en medida expresa, una lucha
entre las fuerzas del crecimiento y las fuerzas aquellas, que afluyen a nosotros,
a través de la inspiración física, a través de la respiración. Se trata de un
proceso muy significativo en el interior humano, el cual en medida cada vez
mayor tendrá que ser estudiado para poder conocer al hombre.” El “choque” del
“cuerpo astral” y del “cuerpo etérico” halla su expresión en la lucha
fisiológica por una armonización del ritmo respiratorio y el ritmo circulatorio
sanguíneo, que culmina al noveno hasta el décimo año de vida: “Tenemos nuestro
sistema metabólico, que empero interfiere en nuestro ritmo sanguíneo en el
sistema del ritmo sanguíneo; es aquello que por parte del cuerpo etérico,
ciertamente se precipita hacia arriba en esa época, entre el séptimo y el
décimo cuarto año. El cuerpo astral actúa en oposición a ese impulso. Tenemos
por lo tanto la afluencia de aquello rítmico en el correlato que proviene de la
respiración y tiene lugar esa lucha entre el ritmo circulatorio sanguíneo y el
ritmo respiratorio. Esto es lo que acontece interiormente en el hombre, en esa
etapa de la vida.”
Según lo
expuesto en las conferencias de Steiner al lado del ritmo respiratorio-circulatorio, también la relación de día
y noche que así mismo se modifica a mitad del segundo septenio, es resultado
del accionar en oposición y en conjunto del “cuerpo consciente” y del “organismo de vida”. Mientras que Steiner no
se ha referido a los aspectos cuantitativos de los periodos del estar despierto
y los del estar dormido en ese período evolutivo, destacó en cambio que recién
entre el noveno y el décimo año de vida se lleva a cabo un “real
desprendimiento del yo y del cuerpo astral del cuerpo etérico del cuerpo físico” durante el estar
durmiendo y se desarrolla la constitución del sueño. El hecho de que este
“proceso del desprendimiento” se basa sobre todo en las relaciones mutuas
modificadas de la acción del “cuerpo astral” y del “cuerpo etérico” parece
evidente, pero no ha sido tematizado por Steiner.
El proceso que
tiene lugar sobre todo durante y después de la pubertad, mediante el “cuerpo
astral” intenta “ubicarse en la relación correcta hacia el cuerpo físico y el
cuerpo etérico”, tiene según Steiner, consecuencias de profundo alcance para la
vida anímica del joven. En Stuttgart dijo el 16.6.1921: “Y vemos entonces como
exteriormente puede notarse, que tanto en los varones como en las niñas a esta
edad se produce algo, que a partir del desarrollo individual a menudo resulta
ser bastante inexplicable, lo que a menudo hasta se contradice
marcadamente al carácter individual hasta entonces observado, que empero
muestra un cierto hecho común, un hecho general, y que se inicia con la
maduración sexual. Vemos como aparece aquello que en los varones denominamos la
edad del pavo – de otra manera existe en las niñas. Estos años del pavo tienen
su origen en este cuerpo astral que está
llegando a un poder sentir interior especial, que dentro de sí encierra al yo,
que empero no ha llegado empero al desarrollo, y se encuentra en la lucha para
obtener la correcta relación para la vivencia del sistema de lo físico y con ello
al medio circundante en su conjunto.” El “cuerpo astral” se esfuerza por entrar
en una relación activa con el organismo vital, vale decir con la corporeidad
individual, que se extiende hasta la esfera de los miembros, conectada con la
tierra, armonizar la “subjetividad” propia, con las condiciones previas
objetivas de la vida- y llega a una cambiada auto-percepción, un “sentirse a sí
mismo interior especial”. Los “cambios del carácter”, que acontecen el curso de
este proceso, o bien la negación de todo lo desarrollado hasta aquí, que ahora
se produce difieren de manera típica, según el sexo, si bien la “astralidad” del joven. Al respecto, para el activo “cuerpo
astral” femenino Steiner hizo valer que el mismo es más diferenciado en sí
mismo, esencialmente más diversamente membrado que aquel del varón; a través
del mismo, al organización femenina (sobre todo entre el 10º y el 14º año de
vida y con efecto a la circulación sanguínea) se organiza en mayor medida hacia
el cosmos”, que para la constitución global adquiere una importancia mayor que
el “cuerpo astral del varón”. Dijo Steiner que al niña entre los 13-14 años y
los 20-21 años se desarrolla de manera tal que “su yo es influenciado
intensivamente por aquello que se configura en el cuerpo astral”. “En la niña
vemos como el yo paulatinamente –diríamos – es absorbido por el cuerpo astral,
de modo tal que cuando llega a los 20, los 21 años, en la niña en realidad
tiene lugar una fuerte presión opuesta, un fuerte esfuerzo, por llegar al yo.”
Anímicamente esto en su conjunto tendría como consecuencia que la niña debido a
su constitución en ese momento orientada hacia lo “supra-terrenal” en menor
medida se convierte en enigma para sí misma, sino que en cambio tenga duras con
respecto al mundo exterior, queriendo hallar en él la realización de valores;
según Steiner, a través del yo dominado por el “cuerpo astral” en medida menor
se orienta, en dirección de la subjetividad propia, teniendo en cambio una
referencia intensiva hacia los hechos “objetivos” del organismo vital,
“introduce al cuerpo etérico más bien aquello que es cuerpo astral,
compenetrado por el yo”, se integra intensivamente en el cuerpo etérico, y con
ello hasta en el manejo todo, en la movilidad exterior.” En oportunidad del
sano desarrollo, la niña adquiere un libre actuar en la postura y en el modo
del paso, un libre ubicarse frente al mundo, una auto presentación en el
sentido del querer mostrarse, con respecto caracterológico – “todo esto, de
hecho es un consecuencia de la condición especial, en la cual es cuerpo astral,
con el yo absorbido se acerca al cuerpo etérico.”
El varón joven, en pubertad y en temprana
adolescencia en cambio, según Steiner “entra en un estado de asombro y de
crítica, de escepticismo frente a sí mismo”, o bien una “inestabilidad” frente
a sí mismo. Los intensivos procesos nervio-sensorios del varón en estado de
pubertad, vivencian la “arremetida” de las fuerzas metabólicas-volitivas
terrenales ascendentes (y en parte acumuladas en la región de la laringe), la
parte anímica del medio y su vínculo hacia la individualidad y el organismo
vital, son débiles en la épocade la adolescencia: “En el caso del varón, el
cuerpo astral absorbe al yo en medida menor que en el caso de la niña. El yo
permanece oculto. Aun no adquiere mayor actividad, pero asi y todo sin ser
mayormente influenciado por el cuerpo astral entre los 14, 15 y 20, 21 años
sigue existiendo de modo tal que el varón mediante esa permanencia del yo, ese
no ser absorbido del yo y a su vez, la no-independencia del yo, con
probabilidad mucho mayor que la niña, puede convertirse en un mosquita muerta.
La niña a esta edad adquiere con facilidad mucho mayor que el varón, un
ser-libre, algo que se orienta hacia la presentación exterior. Y en el caso de
los varones con una naturaleza de profundidad mayor observamos, que a causa de
esta relación especial del yo para con el cuerpo astral, a esa edad se presenta
algo asi como una especia de retrotraerse en la vida.
Dentro de la organización varonil y femenina
en su conjunto, en el curso del desarrollo de la adolescencia (vale decir al
cabo del logro de la madurez sexual), se produce una progresiva “integración”
de la “organización del yo” a la estructura del ser, un “adiestrarse del yo”,
en el sentido de un “incremento de la tarea conjunta” con los demás miembros
del ser. Aun cuando la compenetración de la corporeidad infantil con las
fuerzas del “yo” no se produce recién en el tercer septenio, su “fijación” en el “cuerpo
físico”, “cuerpo etérico” y “cuerpo astral”, se inicia respectivamente al cabo
del nacimiento, del cambio dentario y la madurez sexual, según Steiner, en
ambos sexos, el “yo” en definitiva es “integrado” recién por el “cuerpo astral”
al cabo de la madurez sexual producida, a la organización en su conjunto. Este
proceso, en cierta manera parece estar concluido aproximadamente a los 21 años,
dado que Steiner al respecto habló de un “nacimiento del yo”, tal como lo
habría hecho con respecto al “cuerpo astral” en ocasión de la madurez sexual
con la indicación, de que ahora se había hecho posible una acción
“independiente” de las fuerzas “astrales”. Acorde a ello – y en concordancia
con lo ya expuesto en 1906 – los tres primeros septenios se encuentran
caracterizados por el hecho de que el “cuerpo etérico”, el “cuerpo astral” y el
“yo” tienen que unirse sucesivamente con la organización del cuerpo, para poder
a su vez metamorfosear su efectividad, a los 7, 14 y 21 años, en un accionar
con “libertad” mayor, vale decir, no necesariamente orientado por lo físico. En
los periodos de su adiestramiento primero en la organización del niño y del
joven, realizan un aporte esencial en la edificación de una corporeidad
sucesivamente cambiada – se produce la creación de un primer cuerpo propio, un
segundo y un tercero, siendo que se acrecienta en conjunto la parte de la
sustancialidad no modificada. Para la época al cabo del 21º año de vida, o bien
el definitivo “nacimiento del yo”, Steiner afirmó que ahora – ciertamente como
complemento de lo iniciado a mitad del segundo septenio - a las fuerzas de la organización de la cabeza
que fluyen hacia abajo, se opone el accionar de equivalentes fuerzas
metabólicas y volitivas ascendentes, que por lo tanto el “yo inferior”,
definitivamente se ha encarnado en el organismo: a partir del 21 º año de vida
el hombre obtiene un empuje opuesto, una
especie de impulso ascendente de su sangre. Allí el hombre planta su pie de
diferente manera sobre el suelo. Con cada pisada, actúa una fuerza ascendente
en el organismo humano, que no ha actuado anteriormente. El hombre se convierte
en un ser cerrado, que ha paralizado las fuerzas que desde arriba fluyen hacia
abajo, a través de las fuerzas que desde abajo fluyen hacia arriba. El hecho de
que las fuerzas desde la cabeza hacia los pies y de los pies hacia la cabeza
recién se instalan en las dos primeras décadas de la vida, es una significativa
verdad antroposófica.
9.3.2015
Para consultas,
llamar al Dr. Miguel da Graça, 1545576391
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