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Irene Groh- Mora Ruef EDUCACIÓN Y ENSEÑANZA, A MODO DE MEDICINA PREVENTIVA (GA 307, 16.8.1923) Para el maestro, lo primero es, el poder ver, poder percibir, poder observar: entonces, el asunto mismo, comienza a burbujear en todo su ser humano. Trasladará instintivamente lo artístico que puede extraer de la observación del ser humano, a la práctica de la enseñanza. (G A 311, 12.8.1924) Al observar de esta manera, comprenderemos, porque el niño es así. Comprenderemos empero a su vez, que se trata realmente del espíritu que ha descendido, que en el cuerpo del niño está actuando de la manera como lo estamos viendo. Es por ello, que para aquel que esta iniciado en los misterios espirituales, en realidad no existe nada más atractivo, que el observar al niño, al observar a un niño, no estamos conociendo a la tierra, estamos conociendo al cielo. Y no tan sólo se está tratando de los así llamados niños juiciosos y afables. En el caso de estos niños en la mayoría de los casos sucede, que les pesa el cuerpo. Ya a la edad infantil, les está pesando el cuerpo. El espíritu le cuesta recepcionarlo. En ellos, el espíritu está inactivo, por el hecho de que el cuerpo ofrece esa resistencia. En los así llamados, niños buenos, a menudo es así, que el cuerpo le pone resistencia al espíritu. En los niños que no son tan “buenos”, que en cambio se enfurecen, que se desahogan gritando, que requieren nuestro esfuerzo, en estos niños se mueve el espíritu, naturalmente, de un modo torpe, puesto, que del cielo ha sido trasladado a la tierra, y bien, por eso se mueve. Necesita el cuerpo. De hecho, a veces podemos considerar fascinador al escandaloso griterío de un niño, por la simple razón de enterrarnos así del martirio por el cual tiene que pasar el espíritu. (G A311, 11.8.1924) Casi no nos encontramos con niño alguno, que sostiene correctamente a la lapicera o al pizarrín. De alguna manera, el pizarrín o la lapicera se sostienen de manera equivocada, por el hecho de que carecemos del sentido de la observación correcta. Esto de por sí es difícil. No resulta en la escuela Waldorf. Frecuentemente entramos a un grado, en el cual en primer lugar tenemos que generar el orden con respecto al tener correctamente la lapicera., al pizarrín. En este sentido, no deberíamos dejar de ver, que el ser humano es una integridad, que el hombre por lo tanto, tiene que adquirir destreza en todas las direcciones. Vale decir, observación vital, que es aquello, que el maestro, el educador necesita, también para las pequeñas cosas de la vida. Y, si queremos formular indefectiblemente algo a través de un fundamento, tenemos que tomar lo siguiente, a modo de un arte realmente pedagógico: debes poder observar a la vida en todas sus expresiones. Mucho es lo que tenemos que aprender en esta dirección. Contemplemos a los niños desde atrás. Algunos caminan de manera tal, que apoyan toda la planta del pie. Y puede haber tantas alternativas en el intermedio. Del niño, al cual queremos educar, tenemos que conocer con toda exactitud, su manera del caminar. Dado que un niño, que con sus talones pisa con firmeza al suelo, mediante esta pequeña condición de la manifestación física muestra, que en su encarnación anterior, se hallaba firmemente consolidado en la vida, que había mostrado interés por todas las cosas en la vida terrenal anterior. En el caso de un niño tal, tendremos que tratar en lo posible, de extraer las cosas del niño que pisan fuerte con el talón. En cambio los niños….
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