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Claudia McKeen LA COMUNIDAD SOCIAL ¿Cómo se evidencia el futuro? ¿Dónde se encuentra el portal de acceso, a través del cual lo nuevo, lo futuro, lo nunca habido puede promover la evolución, la transformación de la Tierra? En la cuarta conferencia de las conferidas a la formación de los maestros, con respecto al ESTUDIO DEL HOMBRE, Rudolf Steiner ha referido, como se genera la voluntad en el hombre. Ha mencionado allí, siete fases de la voluntad. La voluntad sujeta a las posibilidades del cuerpo físico, la conocemos como INSTINTO. Con enorme sabiduría están formados los órganos físicos de los animales, guiándolos en su accionar y en su relación con el mundo circundante. En el ámbito vital, el cuerpo etérico, la voluntad se ostenta como IMPULSO – tenemos hambre, sed, estamos cansados, nos recuperamos. Cuando la voluntad aparece en lo anímico, en el cuerpo astral, aparece como DESEO VEHEMENTE, nos impulsa al accionar, a través de simpatía o de antipatía. Estas tres fases que ascienden desde lo corporal, lo compartimos con los animales. La voluntad se convierte en humana, cuando a partir de nuestro yo despierto captamos un MOTIVO, tenemos un ideal, al cual le damos curso, independientemente de nuestros deseos personales, ventajas, necesidades físicas, llevándolo a la práctica a través de nuestra acción. Al poder actuar según nuestros propios motivos, nos sentimos libres y autónomos, plenamente nosotros mismos. Al observar a otras personas que actúan según su motivo, esto permite conocerlas en su más íntimo ser y entenderlas. La voluntad, la acción, el motivo de la otra persona, llega hacia mí desde afuera, desde el otro, y es sorprendente: nuestra propia voluntad, al realizar algo en el mundo, asimismo llega a nuestro encuentro desde afuera, estoy percibiendo aquello que está aconteciendo en los miembros, la voluntad no proviene de la cabeza. Reflexionamos acerca de nuestros motivos, nuestros DESEOS, aquello que queremos hacer, pero también acerca de nuestras DECISIONES Y PROPÓSITOS, las subsiguientes faces de la voluntad, se llevan a cabo en nuestra conciencia –lo que luego hacemos, recién lo percibimos conscientemente, cuando ya ha acontecido. Mediante nuestros músculos nos erguimos, nos posibilitan nuestra propia manera del caminar, del movernos, nuestros gestos individuales, mímica, y la fuerza expresiva a través de nuestro cuerpo. Son los órganos a través de los cuales nuestro yo superior quiere expresarse, nuestro destino quiere acontecer. Al tomar en cuenta todo esto, la capacidad del movimiento del hombre y sobre todo, el desarrollo del movimiento del niño pequeño se convierte en algo sagrado, en lo cual no debemos interferir desde afuera. Al proceder así con nuestros propósitos terrenales nos involucramos en el crear de su yo superior, que en los músculos quiere configurar sus órganos. Allí en el ser del musculo y del movimiento, en el encuentro del yo-consciente con el futuro yo superior, el niño mismo, en mayor medida tiene que ser el actor de su desarrollo y de la configuración de su cuerpo. Hoy, donde toda la infancia es observada y evaluada en cada paso de su desarrollo, para apreciar si acontece de manera “correcta”, esto adquiere una importancia cada vez mayor. A través de los diversos aspectos evaluados se evidencia que la cuestión referida a la voluntad, concierne a nuestra libertad, nuestro destino, pero también al futuro de la humanidad, la facultad del trabajo mancomunado dentro de una comunidad social. 29.12.2015 |