
|
Friedrich Rittelmeyer SILENCIO EN EL UNIVERSO (Escrito en el año 1930 para el hemisferio norte – el milagro sigue estando, en nosotros está descubrirlo) Cuando comienza la época de Adviento, podríamos recordar la leyenda del diablo, al cual la Fiesta Navideña le causa fastidio: “Si no logro vencer la Fiesta de Navidad, todos los años los hombres sentirán una añoranza del cielo, y el cristianismo no puede ser exterminado”. Durante largo tiempo meditaba, flaco, pálido y preocupado. De pronto exclamó: “¡Ya lo tengo!” ¿Qué tenía? Había descubierto la fiebre navideña. Y desde entonces en la época prenavideña, una febril precipitación se apodera de los hombres. El comerciante tiene que ganar dinero: está llegando el “domingo de plata”, el “domingo dorado”. Y cuando entonces ha llegado la Noche-Buena, las personas están rendidas. Tal vez logre todavía contar al dinero recaudado. Lo que tiene que hacer ahora es dormir detenidamente. El ama de casa empero que tiene que pensar en todos, hijos y familiares, tías y tíos, en la Noche Buena cae exhausta sobre el sofá. “¡Dejadme tranquila! ¡No puedo más!” Todos los sentidos refinados, que quieren hacer su aparición en la época navideña, para conectar al hombre nuevamente con las lejanías, para relatarle al hombre de su perdida procedencia celestial – son aturdidos por el ruido y el apresuramiento como con mazazos. Ese es el “trabajo” del enemigo de lo divino, realizado en el alma del hombre. Quien realmente vivencia la época de Advenimiento puede percibir miles de voces en el fondo. Algo le dice en su interior: ¡Debes guardar silencio, si quieres enterarte de aquello que se encuentra alrededor tuyo, que está allí para ti! Un velo se ha colocado sobre los muchos colores de la naturaleza. Esos velos empero son como espíritus en movimiento, que ahora quieren manifestarse, de la misma manera como a menudo las ondulantes nieblas matinales portan una predicción. En la época del Adviento, no debería pasar anochecer sin que prestemos nuestro oído al silencio. Aun cuando ningún pensamiento concebible llegue a nosotros: nos sentimos próximos en el universo al igual como al día previo de la gran Creación. Hay movimientos a nuestro alrededor, al Padre del universo retorna su mundo al espíritu desde donde se ha generado, para que engalanada con nueva belleza espiritual, de él proceda. También a nosotros nos está buscando. Retornamos a la Tierra de Promisión, descansamos nuevamente en el seno de toda evolución espiritual, envueltos en las esperanzas de nuestro futuro. Y entonces miramos hacia afuera, y tenemos la sensación de que a la creación se le está otorgando nuevamente “la palabra extraviada”. El sol está considerando si en lugar de iluminar, acaso debería resonar. Las estrellas se aproximan a los hombres, tal como si estuviesen queriendo contarles algo, estando ansiosas de revelar su misterio a los seres humanos. Sus ojos radiantes contemplan la tierra. La tierra de labor guarda tesoros. Los bosques y las montañas enmudecen frente al cielo en las alturas. Ceden la palabra “a aquello que está arriba”. Hasta el agua del rio corre reflexivo, pensando en aquello que devendrá. Todo se convierte en profeta y todos los profetas en silencio señalan a aquel que vendrá. El sol dice: ¡He aquí, que mi brillo se apaga! ¡Yo no soy tu sol! Las estrellas anuncian: ¡Por encima de ti, existen mundos celestiales que aun no conoces! ¡Presta atención a quien te entrega la llave para esos mundos! Y en miles de voces el mundo extinguido anuncia: todos nosotros ahora retornamos al lugar originario del espíritu! ¿Dónde se halla tu camino hacia la altura? ¿No has escuchado hablar de aquel que es “el camino” de alturas, y de “la verdad” que reposa encerrada en el cielo estrellado, allá arriba, y “la vida” que no te puede aportar el sol terrenal? Pero también el alma propia comienza a susurrar ¿Acaso me conoces de verdad? ¿Sabes de hecho que he reunido tesoros que portas en tu interior, ignorando su existencia? ¿Sabes asimismo que en mi profundidad puedes hallar la fuente en la cual las estrellas se reflejan? ¿Qué la altura y la profundidad lo mismo son? Mucho podría contarte de los misterios que ya no recuerdas. Un castellano eres, que solamente de su castillo se ocupa, pero en las rocas, debajo de ti, existe un mundo donde aguardan tesoros, fulguran piedras preciosas, como ojos que pueden contemplar las estrellas. La época de Adviento es un tiempo solemne. La santidad misma desciende y nos envuelve nuevamente. Al integrarnos a su tejer creativo, por una hora nos permitirá contemplar nuestra propia imagen divina. El sueño de Adviento, soñado en el seno divino originario de toda existencia – despertará hacia el “nuevo año”. El alma quiere abrirse receptiva para la estrella de arriba, el yo sagrado, el Hijo divino. Quiere guardar silencio y festividad. Quiere convertirse en Madre. Sobre ella reposa el misterio de Madre e Hijo. Ella misma busca serlo – entonces allí podrá nacer el Hijo de Radiancia. 3.10.2015
PARA ESTE NUEVO ADVIENTO QUE ESTÁ POR LLEGAR FraAngelico: Die Verkündigung Proximidad del más allá Germina el mundo natural, Y nace un conversar con ellas, Cristina Martínez
Primavera, Y el alma humana Gracias primavera,
Cristina Martínez
|