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EL FUNDAMENTO PEDAGOGICO DE LA ESCUELA WALDORF

Autor: Rudolf Steiner

Traducción: Ana Maria Rauh

Los propósitos, que Emil Molt quiere realizar mediante escuela Waldorf, están relacionados con concepciones muy definidas acerca de las misiones sociales del presente y de un futuro cercano. A partir de esas concepciones deberá generarse el espíritu conductor de esta escuela. El modo con el cual la industria moderna se ha insertado dentro de la vida social-humana, imprime su carácter al movimiento social de los últimos tiempos. Los padres, que confían a sus niños a esta escuela, confían, que estos niños sean educados y reciban la educación correspondiente, que los faculte con las aptitudes necesarias, tomando en cuenta ese movimiento. Esto hace necesario, que en ocasión de fundar la escuela, se parta de principios pedagógicos que se arraigan en las exigencias de vida del presente. Los niños deberán ser educados como hombres y recibir una educación acorde, que los faculte a las exigencias de vida tales, por las que todo ser humano –independientemente de su procedencia social- pueda implementar sus fuerzas. Lo que la practica de vida del presente exige del hombre, deberá reflejarse en las organizaciones de esta escuela. Lo que a modo de espíritu imperante debe actuar en esta vida, deberá ser incentivado en los niños a través de educación y enseñanza.

Funesto seria, si en las concepciones pedagógicas básicas sobre las cuales debe ser edificada la escuela Waldorf, imperase un espíritu ajeno a la vida. Un espíritu tal podrá producirse preponderantemente allí, donde se desarrolla una conciencia con respecto a que participación de la civilización le incumbe a un abrirse a una postura de vida y un modo de pensar materialista durante las ultimas décadas. Impulsado por este sentimiento se quiere introducir un modo de pensar idealista a la administración de la vida publica. Y quien orienta su atención a los asuntos de la educación y de la enseñanza, querrá que ese modo de pensar se realice, sobre todo, en ese lugar. En una idea tal, se manifiesta mucha buena voluntad. Y, naturalmente, deberá ser tomado en cuenta. Al ser implementada en forma correcta, podrá prestar valiosos servicios, al tratarse de reunir fuerzas humanas para una empresa, un emprendimiento social, para el cual es necesario la creación de nuevas condiciones previas. A pesar de ello es necesario, señalar justamente en casos de esta índole, que la mejor buena voluntad estará condenada a fracasar si se propone la realización de propósitos, sin tomar debidamente en cuenta las condiciones previas fundamentadas sobre un estudio de los hechos.

Con ello queda fundamentada una de las exigencias, que vienen al caso hoy, para la fundación de una institución como la debe ser una Escuela Waldorf. En su espíritu pedagógico y metódico debe actuar el idealismo; un idealismo empero, que posee la facultad de despertar en el ser humano en evolucion las fuerzas y facultades que necesitara en el curso de su vida, para tener capacidad de trabajo para la actual comunidad humana, y para sí mismo, el necesario sostén de vida.

La pedagogía y el método escolar podrán cumplir con una exigencia tal, únicamente tomando en cuenta, conociendo realmente, al ser humano en evolución. Personas responsables exigen hoy una educación, y una enseñanza, que no buscan tan solo el conocimiento unilateral sino la capacidad; no el mero cuidado de las aptitudes intelectuales, sino la capacitación de la voluntad. No puede dudarse de la verdad de esa idea. No se podrá empero educar a la voluntad, ni los sanos sentimientos sobre el cual se basa esa voluntad, sino se desarrolla la comprensión y el discernimiento que en los sentimientos y en la voluntad despierten impulsos plenos de fuerza activa. Un error que en la actualidad a menudo se comete en esa dirección no consiste en excesivo cúmulo de conocimiento aportado al ser en crecimiento, sino, que se manejan conocimientos a los que le falta la fuerza de empuje para la vida. Quien supone poder formar la voluntad, sin atender al conocimiento que le infunde vida, se entrega a una ilusión. Tener una clara visión al respecto, es la misión de la pedagogía de la actualidad. Esa clara visión empero puede emanar únicamente del conocimiento, pleno de vida, del hombre en su INTEGRIDAD.

Así como por ahora esta pensada, la Escuela Waldorf será una escuela primaria que educa y enseña a sus discípulos de manera tal, que las metas y el plan de enseñanza están edificados sobre el conocimiento viviente en cada maestro acerca del ser INTEGRO del hombre, en la medida que esto ya fuere posible bajo las circunstancias actuales. Se sobreentiende, que los niños deberán ser llevados a un nivel en las diferentes etapas escolares de modo tal, que puedan dar respuesta a las exigencias planteadas según las concepciones actuales. Dentro de ese marco empero, las metas de la enseñanza y los planes didácticos deben ser conformados de manera tal, como resultan del mencionado estudio y conocimiento del hombre y de la vida.

El niño es confiado a la escuela primaria en una etapa de su vida, en la cual su estado anímico esta inmerso en un significativo cambio. En la época que va desde su nacimiento hasta su sexto o séptimo año de vida, esta predispuesto para entregarse a todo aquello que lo rodea como entorno humano, para crear y generar sus propias fuerzas en evolución, a partir del instinto de la imitación. Desde ese momento, el alma cobra apertura para la recepción conciente de aquello que actúa sobre el niño desde el educador y el maestro, sobre la base de una autoridad natural. El niño acata esa autoridad, a partir del instintivo sentimiento, que dentro del educador y maestro vive algo, que debe cobrar vida también dentro de el. No se puede ser educador o maestro sin ubicarse frente al niño PLENAMENTE CONSCIENTE y con la cognición de allí resultante, de tomar en cuenta esa transformación del impulso de imitación, en facultad de adquisición, sobre la base de una relación de autoridad natural, sobre-entendida. La concepción de vida fundamentada sobre mero discernimiento natural de la humanidad en los últimos tiempos, no se aproxima con conciencia plena a tales hechos de la evolución humana. Solo quien posee un sentido para las mas sutiles expresiones de vida del ser humano, puede prestarle la debida atención. Y es un sentido tal, que debe imperar en el arte de educar, en el arte de enseñar. Es ese sentido quien le dará forma al plan didáctico; debe cobrar vida dentro del espiritu, que une al educador y a los alumnos. Lo que el educador realiza, puede depender solo en menor medida de aquello, que dentro de el fuera estimulado a través de las normas generales de una pedagogía abstracta; Deberá ser generado en cambio, en cada instante de su actuar, a partir del conocimiento, la cognición humana del ser humano en evolución. Se podrá objetar, naturalmente, que el educar y el enseñar de un modo tal, pleno de vida, no será posible en grados con un numero elevado de alumnos. Dentro de ciertos limites, esa objeción seguramente es justificada; quien empero va mas allá de esos limites, muestra con ello, que esta hablando desde el aspecto de una abstracta pedagogía normalizada, puesto, que un arte de la educación y la enseñanza plenos de vida basado sobre un real conocimiento del ser humano, se nutre con una fuerza que incentivara la participación en cada uno de los alumnos, de modo tal, que no será necesario mantener viva su atención, mediante el trabajo “individual” inmediato. Lo que en el educar y en el enseñar actúa, podrá ser implementado, creado, de modo tal, que el mismo alumno lo recibirá de modo individual. Para ello es menester tan solo, que aquello que esta haciendo el maestro contenga la suficiente VIDA. Quien posee el sentido del autentico conocimiento del hombre, el ser humano en evolución se conformara en tal elevada medida en enigma de vida a solucionar, que despertara –a través de la solución del enigma buscado, la con-vivencia del discípulo. Y esa con-vivencia es más saludable, y rinde mejores frutos, que el trabajo individual con el alumno, que fácilmente paraliza la auto-actividad del alumno. Y nuevamente, dentro de determinada limitación puede afirmarse, que grados con un mayor numero de alumnos y con un maestro inspirado con plenitud vital incentivados por un real conocimiento del hombre, obtienen mejores resultados que grados pequeños con maestros que, partiendo de una pedagogía normativa no pueden desarrollar esa vida.

Con menor nitidez de expresión, pero igualmente significativo para el arte educativo y lectivo, tal como la transformación de la constitución anímica en el sexto o séptimo año de vida tiene lugar otra, alrededor del cumplimiento de los nueve años, claramente perceptible para una profunda cognición del hombre. En ese momento, el sentimiento del yo, toma una forma tal, que le otorga al niño semejante relación hacia la naturaleza y el resto del medio ambiente, de manera, que ahora se le podrá hablar ya, de las relaciones de las cosas y los procesos entre sí, mientras que anteriormente desarrolla un interés casi exclusivo, por la relación de las cosas y los procesos hacia el hombre. Tales hechos de la evolución humana deben ser tomados cuidadosamente en cuenta por el educador y por el maestro. Ya que, si aportamos a la vida representativa/ conceptual y el mundo perceptivo del niño, lo que posee concordancia con la orientación de las fuerzas evolutivas, vigorizamos a todo ser humano en evolución de manera tal, que esa fuerza seguirá siendo una fuente energética durante toda su vida. Al trabajar en contra de la orientación evolutiva en una etapa de la vida, se promoverá un debilitamiento de ese ser humano.

En la toma de conciencia de las diferentes exigencias especiales de cada etapa de la vida, encontramos el fundamento para un plan didáctico adecuado. Involucra empero asimismo la base, para la forma del tratamiento de las materias a enseñar en las consecutivas etapas de la vida. Hasta su noveno año cumplido, se habrá llevado al niño a un determinado nivel, con respecto a todo, que ha entrado a la vida humana a través del desarrollo cultural. Con toda razón, se emplearan por lo tanto los primero años escolares para el aprendizaje de la escritura y la lectura; se implementara empero esa enseñanza de manera tal, que la entidad evolutiva sea tomada en cuenta, acorde con la etapa de la vida. Al enseñar las cosas de modo tal, que se apele únicamente al intelecto del niño, obteniéndose así una asimilación abstracta de habilidades, se atrofiara la naturaleza volitiva y la de los sentimientos. Si el niño en cambio aprende de modo tal, que todo su ser participa de su actividad se desarrollara uniformemente. Dentro del dibujo infantil, y hasta dentro de la primitiva pintura, todo el ser llega al interés de aquello que esta haciendo. Por lo tanto, la escritura debería generarse a partir del dibujo. A partir de formas en las cuales pueda expresarse el sentido artístico-infantil del niño, se iran desarrollando las letras en sus formas. A partir de una ocupación, que como artística involucra a todo el ser humano, se desarrollara la escritura, que conducirá a lo intelectual, pleno de sentido. Y recién, partiendo de la escritura, se pasara a la lectura, que contraerá la atención fuertemente dentro del ámbito de lo intelectual.

Al darnos cuenta, en que medida debemos extraer lo intelectual de la educación infantil-artística, se querrá otorgar al arte, el lugar debido en la primera enseñanza de la escuela primaria. Se insertara de manera correcta en el ámbito didáctico al arte musical y al arte modelador, relacionando adecuadamente la practica de los ejercicios físicos, con lo artístico. Lo gimnástico y los juegos de movimiento se conformaran en expresión de percepciones incentivadas por lo musical, o por la recitación. El movimiento eurítmico –pleno de sentido- reemplazara al movimiento que se edifica meramente sobre lo anatómico y lo fisiológico del cuerpo. Y se hallara, que en esta conformación artística de la enseñanza esta contenida una fuerza ampliamente formativa con respecto a la voluntad, y a los sentimientos. De un modo realmente fructífero empero, podrán educar y enseñar de la manera aquí señalada, únicamente aquellos maestros, que, mediante un profundo conocimiento del ser humano, se darán cuenta de la relación existente entre su método y las fuerzas evolutivas que se manifiestan en determinadas etapas de la vida. No es maestro, ni educador aquel quien ha adquirido la pedagogía como ciencia del tratamiento de los niños, sino aquel, dentro del cual HA DESPERTADO el pedagogo a causa de su conocimiento del ser humano.

Es importante y significativo para el niño con respecto a la formación de su sentir, que antes de cumplir los nueve años desarrolle su relación hacia el mundo de manera tal, como se inclina el ser humano, de concebirlo de manera fantasiosa. El educador hará vivir en el sentir del niño el mundo de las plantas, los animales, del aire y de las estrellas a través de la representación en el cuento, o la fábula.

Quien a partir de un modo de pensar materialista quiere extender la enseñanza intuitiva –por cierto justificada hasta cierto punto- sobre la mayoría de las cosas, no toma en cuenta, que dentro de la entidad humana deben ser desarrolladas también, fuerzas que NO pueden ser trasmitidas únicamente a través de la noción, la idea. Es así, que la adquisición de algunas cosas a través de la memoria, se encuentra en relación con las fuerzas evolutivas, activas desde los seis, o siete años, hasta los catorce. Sobre esa condición de la naturaleza humana deberá basarse la enseñanza de la aritmética. Puede ser utilizada de hecho, como practica de la fuerza de la memoria. Al no tomar en cuenta este hecho, se le dará tal vez privilegio justamente al elemento de la noción, lo no pedagógico, frente a lo formativo de la memoria.

El mismo error se cometerá, si constantemente –y mucho mas allá de lo certero- buscamos, temerosos, que el niño debe ENTENDER todo lo que le transmitimos. Seguramente que nos impulsa la mejor buena voluntad. Esa buena intención empero no toma en cuenta, lo que significa para el hombre en épocas posteriores, al despertar nuevamente en su alma lo que anteriormente había adquirido meramente por la memoria y encuentra ahora, que mediante la madurez conquistada, ahora llega a la comprensión propia. Por cierto empero, será necesario evitar la tan temida indiferencia por parte del alumno en lo que a la adquisición de una materia didáctica a través de la memoria se refiere, mediante la plenitud de la actuación del maestro. Al estar el maestro inserto con todo su ser dentro de su actividad lectiva, podrá brindarle al niño aquello, por lo cual en una vivencia posterior, pleno de alegría halla plena comprensión. Y dentro de esa vivencia posterior, regocijante, esta contenido un fortalecimiento del contenido de la vida. Cuando el maestro puede actuar en pro de tal fortalecimiento, le entrega al niño un tesoro invalorable en el camino de su existencia. Y con ello podrá evitar a su vez que su “enseñanza-intuitiva” caiga dentro de lo banal, a causa de un ajuste a la “comprensión” del niño. Esta puede tomar en cuenta la auto-ocupación del niño; sus frutos se tornan inadecuados con la edad infantil; la fuerza despertadora, que enciende la llama viviente dentro del nino con respecto a cosas que de cierto modo se hallan aun, mas alla de su “comprensión”, queda, permanece activa durante toda la vida.

Cuando al cabo de cumplir los nueve años se comienza a referirle al niño descripciones de la naturaleza, del mundo animal y vegetal, presentándolas de manera tal, que a partir de las formas y los procesos de vida del mundo extra-humano, se comprenda la forma y los fenómenos vitales del hombre, se podrán despertar aquellas fuerzas en el alumno, que en esa etapa de la vida, emergen de las profundidades del ser humano. Al carácter adoptado por el sentimiento del yo en esa época de la vida, le corresponde, mirar al reino animal y vegetal de modo tal, que, aquello que allí con respecto a cualidades y funciones esta repartido en muchas maneras de ser, se manifiesta en el ser humano, como culminación del mundo viviente a modo de armoniosa unidad.

Alrededor de los doce años, se presenta nuevamente un punto de transición en la evolución humana. El hombre posee entonces la madurez para desarrollar aquellas facultades, mediante las cuales de un modo para el apropiado, es llevado a la comprensión de aquello que deberá ser asimilado sin relación alguna hacia el hombre: el reino mineral, el mundo de los hechos fisicales, los fenómenos climáticos, etc. De que manera, de la practica de tales ejercicios –que fueron conformados plenamente a partir de la naturaleza del impulso activo humano sin tomar en consideración las metas de la vida practica- se iran desarrollando otros, que son una especie de enseñanza laboral, resultara del conocimiento de la esencia de las etapas de la vida. Lo que aquí hemos señalado para una parte del material didáctico, puede ser extendido a todo aquello a brindar al alumno, hasta su decimoquinto año de vida.

Y no se tendrá que temer, que el alumno saldrá de la escuela primaria con un estado anímico- físico ajeno a la vida, si de la forma mencionada se presta atención a aquello, que a partir de la evolución INTERIOR del ser humano, resulta a modo de principio de enseñanza y educación. Ya que la vida humana misma esta estructurada a partir de esa evolución interior y el hombre podrá entrar de la mejor manera a esta vida, cuando, mediante el desarrollo de sus aptitudes puede promover el encuentro con aquello, que a partir de las aptitudes humanas similares otros hombres, anteriores a el, han incorporado al desarrollo cultural.

Por cierto empero, que para llegar a la concordancia entre el desarrollo del alumno y el desarrollo exterior de la cultura es menester la tarea de maestros, que no se encierren dentro de una practica educativa y de la enseñanza especializados, orientados a sus propios intereses, sino, que se inserta dentro de la vastedad de la vida. Maestros así, encontraran el camino para despertar dentro del hombre en evolución, el sentido con respecto a los contenidos de vida espirituales, pero no en menor medida, la comprensión con respecto a la conformación practica de la vida. Con una postura tal de enseñanza, el joven de catorce, o de quince años, no se encontrara perdido frente a lo esencial, lo que de la agricultura, la industria, el transito y las comunicaciones esta al servicio de la comunidad humana. Los conocimientos y las habilidades adquiridas lo facultaran a sentirse orientado en la vida que lo recibe. Para que la escuela Waldorf alcance las metas previstas por su fundador, tendrá que estar edificada sobre la pedagogía y el método aquí señalados. De este modo podrá brindar una enseñanza y una educación, que permitirá el saludable desarrollo físico del alumno, según sus necesidades, puesto que el alma –que es expresión de ese cuerpo- se desarrolla en dirección de esas fuerzas evolutivas. Antes de la inauguración de la escuela, se ha intentado trabajar con sus maestros de modo tal, que esas metas aquí mencionadas puedan ser buscadas por la escuela. Los responsables de la instalación de la escuela creen, que mediante esta orientación de la misma podrán aportar al ámbito de vida pedagógico lo que corresponde al modo de pensar social del presente. Sienten la responsabilidad, que debe acompañar a un intento tal; creen empero, que frente a las exigencias sociales del presente es un deber emprender caminos de esta naturaleza, si para ello se nos presenta la posibilidad.