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LA MISION DEL MEDICO ESCOLAR EN LA EXPOSICION DE RUDOLF STEINER: “EL NiñO DEBE PODER DESARROLLARSE FÍSICAMENTE SANO, ANIMICAMENTE LIBRE Y CON CLARIDAD ESPIRITUAL” (DIE AUFGABE DER SCHULARZT) Autor: Rudolf Steiner Traducción: Ana Maria Rauh El 24 de agosto de 1922, Rudolf Steiner habló en Oxford acerca de las fuerzas anímico-espirituales básicas del arte educativo. Lo allí referido nos muestra, de que manera central Rudolf Steiner ha considerado la orientación del esfuerzo pedagógico del maestro hacia el desarrollo físico, correspondiente a la edad. Al respecto, el médico escolar es introducido como colaborador participante indispensable del maestro: “Tal vez a partir de las exposiciones que me he permitido formular, habrá quedado en claro, hacia que metas deberá orientarse toda educación, toda enseñanza en la escuela Waldorf. Debe buscarse, hacer de niños-humanos, hombres físicamente sanos y fuertes, hombres anímicamente libres, y hombres con claridad espiritual. Salud y fortaleza física, libertad anímica y claridad espiritual conforman aquello que la humanidad necesitará imperiosamente en la evolución futura y también en el aspecto social. Para poder empero educar y enseñar es necesario, que para el educador pueda ser logrado aquello, que he intentado dilucidar en estas exposiciones. El maestro debe poseer una trasparencia total del organismo infantil, sobre todo, también una trasparencia tal del organismo humano, que faculte al maestro a evaluar la salud física. Dado que, si estamos en condiciones de evaluar realmente la salud física y llevarla a una concordancia con lo anímico, también estaremos en condiciones de decirnos: con este niño tengo que hacer esto, con el otro niño tengo que hacer aquello. Hoy frecuentemente se tiene la idea, de que el médico debe ser integrado a la escuela. De hecho, quisiera desarrollarse mas y más el sistema del medico escolar. Pero, del mismo modo como no es bueno cuando adjudicamos las diversas ramas, los diferentes objetos de la entidad de la enseñanza a distintos maestros que no tienen conexión, tampoco es favorable para la enseñanza, si entregamos la salud física a alguien, que no está plenamente integrado en todo el colegio docente. Por cierto, que hay una dificultad inherente a ello, y de eso quiero hablarles. Durante una visita guiada en la escuela Waldorf, cierta vez nos vino a ver alguien que de otro modo es inspector de escuelas, y hablé de aquello que debía ser tomado en cuenta, que debía ser observado, también con respecto a la salud física, la organización física de los niños, le hablé de un niño que tiene un problema cardíaco, de otro niño que tiene otro problema, etc. y entonces ese hombre dijo asombrado: ¡Pero entonces, los maestros tendrían que tener conocimientos de medicina, para que en la escuela eso cobre validez alguna! Y bien, si eso fuese necesario para una educación provechosa, que los maestros hasta un grado determinado tengan buenos conocimientos médicos, tendrán que tenerlos, tendrán que lograr adquirirlos. No podemos plasmar la vida, obedeciendo a los caprichos, a las manías de los hombres, sino que tenemos que implementar las instalaciones entre los hombres según las exigencias de la vida. Del mismo modo como tenemos que aprender algo para saberlo, también como educador tenemos que aprender para saber algo. Por lo tanto, es necesario para el educador, que adquiera un conocimiento exacto, sobre todo con respecto al niño muy pequeño, con respecto a lo que el niño experimenta al jugar. En el juego, vive todo un complejo de actividades anímicas: alegría, a veces también dolor, simpatía, antipatía, en el juego tenemos también, y sobre todo, curiosidad y avidez de conocimiento. El niño quiere investigar minuciosamente los objetos del juego, ver, lo que hay en su interior. Y lo que allí emana del niño, anímicamente en una actividad completamente libre, sin aun estar inmerso a la fuerza dentro del trabajo humano, lo que allí emana anímicamente del niño, en eso tenemos que poder observar, como procede del sentimiento, como satisface, o no satisface. Puesto que, si guiamos al juego del niño de manera tal, que el niño halle una cierta satisfacción en el juego, estamos fomentando prevalecientemente aquella actividad con respecto a la salud, que tiene que ver con el sistema digestivo del hombre. Y como conducimos al juego de acuerdo a ello, aun en la ultima etapa de nuestra vida será nuestra circulación sanguínea, así será nuestra capacidad digestiva, expuesta a trabas mayores o menores. Existe una relación sutil e íntima entre aquello de cómo el niño juega y aquello que luego será del organismo del hombre. No debemos decir: el organismo físico es algo de menor importancia; yo soy un idealista; entonces, nada se tiene que ver con ese organismo físico de menor categoría. Este organismo físico ha sido colocado en el mundo por los poderes espirituales-divinos del mundo, es creación divina y tenemos que tener conciencia de que en su divina creación debemos colaborar justamente como educador. No quisiera expresarme a través de frases vulgares y abstractas, lo haré en cambio, mediante un ejemplo concreto: Supongamos que aquello que en los niños podemos llamar disposición melancólica, se presenta de manera patológica, o aquello que podemos llamar disposición sanguínea, se presenta de manera patológica. El maestro ahora deberá saber, donde se encuentra el limite entre lo meramente físico y lo patológico. Al darse cuenta, de que en el caso de un niño melancólico el asunto llega a lo patológico (y eso sucede con mayor frecuencia de lo que suponemos) tratará de comunicarse con los padres para que le cuenten, de que manera se alimenta al niño. Y hallará entonces una relación entre esa alimentación y la melancolía patológica. Dado que posiblemente (podría tratarse también de otras causas, pero aquí estoy dando un ejemplo para hablar mas concreto) descubrirá, que a ese niño en el hogar no se le brinda un alimento con suficiente azúcar. Por ese hecho de que no alcanza el azúcar suministrado en el alimento, la actividad hepática no se regula de manera correcta. Puesto, que en este niño melancólico tenemos la particularidad, que una sustancia que de ordinario se forma en la planta (en alemán lo llamamos almidón) aunque se está formando en el hígado, pero no reúne las condiciones correctas. En todas las personas el hígado forma almidón, pero no un almidón que no es almidón vegetal como la otra, sino almidón animal, que de inmediato es transformado en el hígado en azúcar. Esa actividad, es un componente muy importante de la actividad hepática, la transformación del almidón animal en azúcar. Y sucede, que en el niño melancólico esto no funciona debidamente y debemos aconsejarle a la madre, agregarle mayor cantidad de azúcar al alimento del niño, entonces, actuamos de modo regulador sobre la actividad glucogénica del hígado y se podrá observar, que mediante esa mera medida higiénica, se podrá obtener un resultado excepcionalmente importante. Vemos así, que la educación debe involucrar íntegramente a la persona. En el niño sanguíneo en cambio, se encontrara justamente lo contrario. A menudo se lo conforma en un goloso del azúcar. Se le da muchos caramelos. Se le da demasiado azúcar en el alimento. Cuando se lo conforma en un goloso del azúcar se produce justamente la actividad opuesta. El hígado es un órgano importantísimo, pero es un órgano que guarda un gran parecido con los órganos sensorios. El hígado tiene la función de percibir a todo el ser humano interiormente, captarlo en su interior. El hígado tiene una sensibilidad con respecto a todo el hombre. Por esa razón, está organizado de diferente manera que los demás órganos. En otros órganos entra una gran cantidad de sangre arterial y sale la sangre venosa. El hígado posee una disposición diferente. Al hígado entra una vena especial, que abastece al hígado con sangre venosa especial. Esto provoca, que el hígado sea una especie de mundo exterior dentro del hombre. Es por ello, que el hombre a través del hígado está capacitado a percibirse, pero, percibir aquello que actúa sobre su organismo. El hígado es un barómetro excepcionalmente sensible con respecto a la postura del hombre con referencia al mundo exterior. Cuando aconsejamos a la madre, de sustraerle un poco de azúcar al niño patológicamente sanguíneo, que es inconstante, que nerviosamente revolotea, de una impresión a la otra, podremos promover algo excepcionalmente beneficioso. Y es así, que mediante aquello que no acontece durante las clases y en la educación, sino en el tiempo intermedio, en ocasión de tratarse de un educador eficiente, podemos guiar al niño de modo correcto, de manera que se torne realmente sano, fuerte y vigoroso en su constitución. Y se podrá notar, cuan importante y significativo es para el desarrollo global del ser humano. En los varones y las niñas de la escuela Waldorf acabamos de tener una experiencia profundísima a su edad de 15, 16 años. Hemos tenido primeramente a la escuela Waldorf con 8 grados elementales, pero luego fuimos agregando el grado noveno, décimo y undécimo. Esos grados superiores, que ya no son grados elementales, sino grados de avanzada, son lo que ahora tienen los jóvenes de 15, 16 años. Allí, existen dificultades muy puntuales. Esas dificultades a veces también son de carácter físico-moral. A ellas me referiré luego. Pero también en lo físico se nota, como la naturaleza humana constantemente tiene una tendencia hacia lo patológico. En el caso de las niñas, circunstancialmente vemos una leve tendencia a la anemia. La niña se torna anímica en su organismo. Esto se debe al hecho de que a esta edad de los 14, 15, 16 años se va eliminando lo espiritual, separándose de toda la organización humana; y eso espiritual que con anterioridad actuaba dentro del hombre todo, era lo que regulaba la sangre. Ahora, la sangre depende de sí misma. Deberá estar debidamente preparada para poder asumir esa tarea. En el caso de las niñas acontece que tienen esa tendencia a la anemia y tenemos que saber, que esa anemia se produce cuando en ellas no se ha despertado el interés suficiente con los incentivos que le hemos brindado con anterioridad. Cuando mantenemos vivos la atención, el interés, entonces, también todo el organismo físico esta en la actividad que esta demandada por el ser del hombre mismo, y entonces la anemia no se producirá de la misma manera. En los varones, lo opuesto es el caso. En los varones se produce una especie de neuritis, una especie de tener demasiada sangre venosa en el cerebro. De este modo a esa edad el cerebro funciona de manera tal, como si estuviese desbordado de sangre. En las niñas estamos frente a una indigencia sanguínea en el cuerpo, en los varones, a una especie de exceso sanguíneo, un leve exceso sanguíneo, sobre todo con una especie de sangre arterial y venosa incorrecto, sobre todo en la cabeza. Esto se debe, a que se ha sobrealimentado con impresiones a ese joven, que se le han acercado de manera tal, que tuvo que correr de impresión a impresión, sin poder llegar al desasosiego. Y se vera, que las malas maneras y groserías de los 14, 15 y 16añeros se presentan de manera tal, que podemos relacionarlas con todo el desarrollo físico. Cuando miramos al sur del hombre, sin despreciar lo físico, podemos lograr muchísimo como maestro, como educador en la conducción de salud. |