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CAMINOS Y EFECTOS DE LA VOLUNTAD Y LA RELACION HACIA LA EURITMIA CURATIVA

Wege und Wirkungen des Willens und die Beziehung zur Heileurythmie

Del libro: Der Unsichtbare Mensch in uns, Kathrin Studer-Senn

Autora: Marlene Purucker

Traducción: Ana Maria Rauh

 

Si el hombre después de vivenciar una representación eurítmica duerme mejor, si mediante la práctica de la euritmia vivencia un efecto armonizador positivo en su propio cuerpo, o cuando mediante la euritmia curativa se encuentra un efecto salutífero, transformador orgánico, tenemos que preguntarnos una vez mas: ¿mediante que se promueve esto? ¿Qué procesos orgánicos y espirituales se incentivan? ¿De que manera se modifica todo nuestro ser, desde lo espiritual-anímico, hasta lo físico-corporal? Quien reflexiona acerca de la euritmia curativa, o quien la practica, tiene que enfrentarse con la voluntad del hombre. La práctica diaria gira alrededor del centro y el medio circundante, el adentro y el afuera. La voluntad en su doble naturaleza, ¿cómo podemos comprenderla?

 

LA DOBLE NATURALEZA DE LA VOLUNTAD

Rudolf Steiner denomina a la voluntad humana como el elemento mas misterioso de la entidad humana. Al intentar saber algo mas de los caminos y efectos de la voluntad humana, en primera instancia debemos formularnos la pregunta acerca del movimientos de la voluntad. Existen dos tipos de voluntad, uno mas bien exterior y otro mas bien interior: una voluntad desde arriba, que es tomada por el Yo y el cuerpo astral y otra desde abajo, que actúa dentro de nosotros como sumida dentro de un sueño, inconsciente, a través del cuerpo etérico y el cuerpo físico. El lado mas bien cósmico de nuestra voluntad toma posesión de nuestro cuerpo cuando despertamos, mediante la memoria, la fantasía y el pensar lógico, vale decir, mas bien en lo anímico, desde arriba. Esa voluntad, va al encuentro de la voluntad inferior, que vive en los órganos y se compenetran ambas direcciones. “Tenemos ciertamente el accionar en conjunto de dos corrientes de voluntad. Una corriente de la voluntad transpone a modo de remolino al organismo humano y todo el contexto nos muestra, que debemos considerarlo como corriendo desde abajo hacia arriba. La otra corriente corre con su remolino desde arriba hacia abajo. Ambas hacen su encuentro dentro de nuestro sistema rítmico y tienen su expresión física en el movimiento de la respiración, el pulso y la circulación: la voluntad superior, dentro de la respiración, mas lenta, la voluntad inferior dentro del ritmo mas acelerado de nuestra sangre (GA 205, página 159).

La intención del movimiento es incentivada a través de nuestra parte volitiva anímica-superior. ¿Qué acontece por otra parte ahora en la voluntad inferior?

“En la voluntad llego a salir de mi cuerpo y a través de fuerzas, que se encuentran fuera de mi, realizo el movimiento. Levantamos la pierna no por fuerzas que se encuentran en el interior, sino que levantamos la pierna por fuerzas, que de hecho actúan desde afuera; lo mismo sucede con el brazo” (GA209, pag. 132). Con otras palabras: el Yo, o bien, la voluntad, en parte se encuentra membrada dentro del cosmos, dentro de fuerzas que se encuentran en el exterior del hombre, en el espacio externo, al estar activos mediante la acción a través de nuestros miembros, incorporamos fuerzas cósmicas desde afuera; fuerzas que recorren el mundo.

Aquí, estamos llegando a uno de los secretos de la voluntad. El Yo y la voluntad solo en parte se encuentran dentro de nosotros, asimismo, se encuentran afuera. Con nuestras fuerzas tocamos al mundo exterior y podemos hacer entrar sus fuerzas, mediante nuestro yo, a través de la voluntad. Este hecho, de que la voluntad en parte es adquirida por los miembros desde afuera, ocupa, una y otra vez a la persona antroposófica y le impone nuevos enigmas. No solamente el artista trabaja con estas fuerzas, sino también el pedagogo, quien, con las fuerzas del pasado en lo conceptual, y con las fuerzas del futuro en la voluntad, encuentra material suficiente al respecto, por ejemplo en el “Estudio del hombre”. Mas difícil aun es para el médico, dado que el tema atañe a los nervios (las así llamados sensitivo y motores). Entre otros, Rudolf Steiner habla de la interrupción nerviosa, vale decir de una parte de este mundo y una parte del otro mundo dentro de nosotros. Aquí, estamos despiertos dentro del cuerpo, allá, estamos dormidos dentro de la voluntad en el cuerpo. Hasta esa línea separadora de la voluntad consciente, estamos activos dentro de la vivencia, mas allá, el mundo espiritual está activo dentro de nosotros, de modo tal, que el umbral del mundo físico y espiritual atraviesa por el medio del hombre, allí, donde tiene lugar la interrupción nerviosa. Tal vez aquí el paso hacia lo fisiológico pueda constituir una ayuda adicional para la comprensión.

 

LA MINERALIZACION Y LA VITALIZACION

Mineralizar y vitalizar son polaridades –en este caso, por las fuerzas del pensar y de la voluntad o también, la voluntad superior e inferior. Necesitamos dentro de nosotros, la fuerza de lo material, de la materialización, de la muerte, para poder pensar. Promueve la entrada de nuestro Yo, allí, nuestro Yo obtiene la necesaria resistencia, para poder entrar en actividad. Este, es uno de los polos. El otro polo, es el viviente, el vital. Aquí, el Yo no puede estar de la misma manera como en el pensar, por no hallar un sostén. “Mediante la mineralización, el Yo es empujado al interior del cuerpo. Mediante la vitalización, el Yo es empujado a salir de partes del cuerpo. En ese caso se encuentra fuera del cuerpo de la misma manera como cuando durante el estar dormido, se encuentra completamente fuera del cuerpo físico”.

Polarmente opuesto a ello, estamos activos en nuestra voluntad inferior. Allí, nos hallamos dentro de lo viviente, dentro de las fuerzas anabólicas, en las fuerzas del crecimiento, aquí, estamos vitalizando. Todo fluye dentro de nosotros, y el Yo es expulsado de partes de nuestro cuerpo, orgánicamente no puede mantenerse en el cuerpo, por no existir mineralización en la voluntad. Pero, por dicha razón, el Yo es empujado hacia el espíritu. “Nos sumergimos dentro del mundo, nos entregamos al mundo, al ejercer la voluntad”. Desde allí, a través del movimiento y la voluntad dentro del Yo, tomamos un nuevo impulso hacia el interior. Con ello empero, el movimiento posee una dimensión cósmica, re-integra a nuestros miembros, movimiento etérico-cósmico. “Cuando muevo un brazo, no lo estoy moviendo por algo que surge en el interior del organismo, sino mediante una fuerza que se encuentra afuera de mi brazo y a la cual el Yo entra por el hecho de ser expulsado de determinadas partes de mi brazo. Dentro de la voluntad llego al exterior de mi cuerpo y mediante fuerzas que se encuentran fuera de mi, me muevo... La voluntad dentro de nosotros representa un vitalizar, una elaboración del Yo, una incorporación del Yo al mundo exterior, espiritual y un accionar sobre el cuerpo a partir del Yo, hacia adentro desde el mundo espiritual exterior”.

Esto significa que, si estamos pensando, estamos activos físicamente, cuando queremos, o bien cuando actuamos, estamos activos espiritualmente. Por ejemplo, el albañil: con ello el albañil es un activo espiritual, lo que no quita de que a partir de su actividad física-espiritual tenga un elevado consumo calórico. Como así también el euritmista y el euritmista curativo, son activos-espirituales en lo físico –mientras que el pensador, el supuesto trabajador espiritual, el laborante del escritorio, está activo físicamente, por lo cual tiene un catabolismo material. La diferencia entre ambas formas de la actividad está dada en el hecho de que, aunque ambas muestran un catabolismo material, el albañil adicionalmente tiene el constante anabolismo espiritual.

Al ir en busca del lugar, de modo orgánico-fisiológico, donde actúan estas fuerzas, llegamos al sistema metabólico y de los miembros.

 

EL CAMBIO DE LAS MATERIAS

Todo movimiento es cambio de materia-metabolismo. Cuando nos movemos por lo tanto, cuando practicamos euritmia, incorporamos cosmos, también imágenes cósmicas arquetípicas, fuerzas del logos, el mundo. Al estar activos volitivamente con nuestros miembros, actuamos de manera estimulante o destructivamente sobre nuestro metabolismo, la voluntad orgánica vital, que por la vitalización, ya no le brinda sostén al Yo. Del mismo modo como Steiner no se cansa de hablar de la voluntad, tampoco se cansa de hablar del metabolismo. Toda nuestra misión terrenal consiste en desarrollar conciente o inconscientemente fuerzas para vencer, dominar a la materia. Todo es transformación de materia para el hombre: luz, aire, calor, agua y materia sólida. Y todo es un ataque para el hombre, y hasta un veneno, que debe vencer con sus fuerzas volitivas-metabólicas , para permanecer sano. La voluntad es el propulsor primario de nuestro metabolismo.

El metabolismo es el umbral entre lo físico y lo espiritual, entre el mundo de acáy el mundo del mundo del mas allá, entre el vitalizar y el mineralizar. Allí, el hombre está dormido, nada sabe de los complicados procesos múltiples, que permanentemente tienen lugar en su metabolismo. Y no existe acto volitivo en el hombre terrenal-físico, que no podría ser comprobado para el conocimiento intuitivo, dentro de un proceso metabólico correspondiente. Pero, no existe tampoco proceso volitivo alguno, que no encontrase su expresión en una descomposición o disolución –o como querramos llamarlo- dentro de los procesos metabólicos” (GA 314, pag.93).

Con referencia al metabolismo, Steiner nos habla entre otros, del “líquido de los tejidos”, que se encuentra expandido en todo el cuerpo. Allí tiene lugar una actividad caótica, que es captada y armonizada por el ritmo de los órganos circulatorios. “En dos direcciones se mueve el líquido de los tejidos. Por una parte transporta las sustancias albúminas hacia los diferentes orgánicos, y por otra parte, a través del mismo tienen lugar por doquier en el organismo, los procesos de combustión, acontece el depósito de materias, llega a su despliegue y su reposo la dinámica del movimiento. Pasando por todas las regiones lleva a cabo su rol, el líquido de los tejidos. La organización líquida, con ello constituye todo el organismo vivo” (Herbert Sieweke, “Salud y enfermedad como formas de realización de la existencia humana, 2ª parte, pag.127). “El corazón del hombre está formado en su totalidad por la actividad del líquido del tejido y su actividad no es otra cosa que el reflejo de la actividad interior del líquido de los tejidos” (GA 313, 6ª conferencia, pag. 107). Dentro de esta líquida corriente del movimiento puede ejercer su intervención lo espiritual, lo cósmico. Aquí, es el lugar en el cual lo espiritual se manifiesta en lo físico, pero, asimismo el lugar, en el cual se generan las enfermedades en el hombre. A la fuerza de la vitalización dentro de nosotros, le debemos asimismo la equiparación de las fuerzas vitales gastadas.

En la sexta conferencia del curso de euritmia curativa nos volvemos a encontrar con todo el ámbito del líquido de los tejidos dentro del metabolismo. Allí, Steiner indica por vez primera, que a este lugar de la actividad volitiva entra la acción del gesto eurítmico, lo referido a las consonantes. “Y aquello, que tiene lugar a modo de actividad metabólica dentro del líquido de los tejidos, al acercarse el golpe rítmico, es llevado por ese ritmo de los órganos circulatorios, es arrastrado y la actividad, mas bien caótica, el caos que tiene lugar en los movimientos del líquido de los tejidos se integra al ritmo del sistema circulatorio.

...al actuar eurítmicamente sobre esta actividad, tal como lo hemos visto en el trabajo con las consonantes, sucede, que de hecho estamos trabajando para oponernos al egoísmo, al capricho en el hombre, pero a su vez, en el sentido orgánico a la instalación del egoísmo en el hombre” (GA 315, pag. 217).

Bajo metabolismo entendemos por lo tanto, las fuerzas dentro de nosotros, que promueven eliminación, disolución y renovación. Dominio de la materia, renovación de la materia, son los dos polos. Ya hemos mencionado, que dentro del pensar se genera la materia en nosotros, nuestra cabeza constantemente está generando materia. Nuestro sistema metabólico y de los miembros, constantemente está destruyendo la materia y entre ambos se encuentra la nada, el punto cero. Esta idea nos lleva a preguntar, que fuerzas se generan espiritualmente detrás de las polaridades y la nada.

 

EL MAL –IDEALES ETICOS

“...Quien llega a conocer al metabolismo, pasa a conocer en el hombre todo aquello, que en medida extrema puede conducirlo a la maldad, ...lo que puede convertirlo en delincuente y criminal. Se trata del mal. El mal tiene su misión; aquí tiene su misión... El hombre debe saber empero, que la vida es un proceso peligroso para él y que en los fondos de la vida existe el mal, como una fuerza que necesitamos (GA 208, pag. 164). ¿Qué significa esto: el mal dentro de nosotros?

En “Antroposofía y cosmología”, Steiner habla en varias conferencias del foco destructivo extendido en todo el hombre, la furia de destrucción, la furia de la disolución de la materia. La materia, por lo tanto, también todo aquello que ingerimos, mas aun nuestro propio ser material, nuestra propia sustanciación, es arrojado de retorno al caos, es destruida por completo en su esencia, retrotraída a la nada, y todo ello, a partir de nuestro pensar en el cuerpo etérico que se apodera del cuerpo físico, conduciendo la materia al caos. “Son las fuerzas del pensar, que en principio compenetran al cuerpo etérico y ese cuerpo etérico compenetrado por las fuerzas del pensar luego actúa de un modo muy definido sobre el cuerpo físico. Entonces, en el cuerpo físico se genera una transformación completa de la existencia material que se encuentra dentro del cuerpo físico del hombre... En el interior del hombre, la materia es retro-transformada a la nada. La materia es destruida completamente en su esencia. Y nuestra materia humana se basa justamente en el hecho de que estamos en condiciones de rechazar, de llevar a la materia a su destrucción completa, a mayor profundidad que aquella que la memoria que en ella se refleja (GA 207, parte 1ª pag.21) cuando esa enorme furia y fuerza dentro de nosotros conduce la materia a su fin, se genera un espacio libre, dentro del cual podemos llevar algo nuevo mediante un esfuerzo. Aquí, nos encontramos con las fuerzas de la muerte y las fuerzas de la resurrección y entre ambas, dentro del nada, a la libertad. Por tal motivo, podemos introducir a ese ámbito ideales éticos., fuerzas morales, allí, tiene su inicio la voluntad que actúa a partir de la libertad, allí, comienza el gesto de la euritmia y aquí finalmente actúa la euritmia curativa, con la proyección sanadora sobre el cuerpo. Recordemos entonces: la materia se aniquila, para que se genere libertad dentro del hombre, a partir de la cual el accionar del hombre se puede inclinar hacia el bien eo hacia el mal. “Dado que allí, donde en el hombre muere materia, se convierte en forma y se genera nueva materia, allí se encuentra la posibilidad de la libertad y allí se encuentra la posibilidad del amor” (GA 202, pag. 212).

Se trata de un acontecimiento enormemente dramático, que tiene lugar allí, dentro de nosotros en las profundidades desde nuestra voluntad, de los cuales nada sabemos. Steiner hasta habla de una lucha. ¿Quién es el que está luchando? Allí están luchando nuestros buenos propósitos, nuestros altos ideales, en contra de nuestros bajos instintos, deseos y pasiones. Y como un resultado, un vencimiento de esa lucha con el dragón, aparece el resplandor de nuestra libertad.

“Estos ideales morales, intuitivamente captados los podemos entregar a la voluntad del pensar en su camino descendente hacia la región de la voluntad. De esa manera, nuestra voluntad se traspone de nuestra moralidad y en el interior del hombre, por lo tanto, constantemente tiene lugar esa lucha entre aquello que el hombre envía hacia abajo desde sus intenciones volitivas hacia las regiones de la voluntad y aquello que allá abajo remueve y ebulliciona en su vida instintiva-onírica. Y es todo aquello, que sucede en el interior del hombre. Pero, aquello que sucede allá abajo en el hombre, es al mismo tiempo aquello, dentro de lo cual se está preparando su futuro humano mas allá de su muerte”.

De esta manera, Rudolf Steiner señala al futuro con las siguientes palabras: “En esta existencia-Júpiter, solo tomará forma aquello que en la actualidad se genera en los hombres a partir de los ideales morales –por cierto, también a partir de los impulsos antimorales, todo ello dentro del hombre en estos focos de destrucción como formación nueva – de todo aquello que a modo de mal actúa a partir de la egoedad (GA 207, pag.21).

¿Dónde se encuentra esta fuerza dentro de nosotros? Está allí, donde flexionamos un brazo, colocamos un pie, donde cobramos actividad física-volitívamente. Es esa misma fuerza que, llevada a la calma, genera imaginaciones. Tiene lugar un desplazamiento de las fuerzas. “Esa fuerza que mueve nuestros miembros, ...genera dentro de nosotros los impulsos morales” ¿Y que son esos ideales éticos? Constituyen nuestra libertad. Un motivo ético no obliga, deja en libertad al hombre.

 

LA PALABRA INTERIOR

En esta región de la voluntad adormecida del hombre, donde tienen lugar estos procesos de muerte y resurrección, donde las leyes naturales y las leyes morales se unen y la vida material se descompone en el caos, del cual debe generarse lo nuevo, aquí, encontramos el comienzo del ser espiritual dentro de nosotros mismos. Aquí, yace asimismo, la voluntad del movimiento de la euritmia y la euritmia curativa. Lo que acontece allí nos está hablando. Allí, estamos avanzando hacia aquello, que puede ser denominada “la palabra interior”.

Del mismo modo, como con nuestros sentidos tocamos al mundo exterior y sin formación especial no podemos ver aquello que se oculta detrás del tapiz sensorio, en un principio permanece oculto para nosotros también lo espiritual. Al despertar por la mañana, con nuestro yo y con nuestro cuerpo astral podemos llegar únicamente al límite de las memorias dentro de nosotros. Aquello, que se encuentra detrás de ese umbral, vale decir, lo etérico y lo físico dentro de nosotros, no lo podemos percibir. Steiner nos dice, que análogamente, primero deberíamos sumergirnos mas allá de la memoria para poder darnos cuenta de la fuente originaria del mal en el hombre. Se percibe empero al mismo tiempo, una parte de la relación del hombre con el cosmos. Al percibir aquello, que yace por debajo de la conciencia, se vivenciará una resonancia en el cuerpo etérico y en el cuerpo físico sonido de la música de las esferas en el cuerpo etérico en tanto que se trata de vocales y en el cuerpo físico, si se trata de consonantes. En ese mundo de lo físico-etérico nos encontramos con el vocalismo del universo y el consonantismo del universo. Lo que tiene lugar allí, en el interior, al unirse con el caos dentro de nosotros, los impulsos morales, o también inmorales, eso nos está HABLANDO. Eso, de hecho es algo que habla dentro de nosotros. Y de un modo, que no es una alegoría, ni un símbolo, nos damos cuenta, de que aquello, externamente podemos escuchar mediante nuestros oídos, es una lengua reducida para nuestro mundo terrenal, mientras que en nuestro interior se habla una lengua que va mas allá de la tierra por hablar a partir de aquello que contiene los gérmenes para mundos futuros. De hecho avanzamos hacia aquello que tenemos que denominar “la palabra interior”(GA 207, pag. 38). En las profundidades por lo tanto, se unen el escuchar y el hablar. La palabra interior habla dentro de nosotros, la palabra interior es escuchada dentro de nosotros. Lo subjetivo es eliminado, es el mundo que habla en nuestro interior. Aun, cuando la conciencia despierta nos falta completamente en esas profundidades de nuestro cuerpo, mediante nuestro hacer llevamos la responsabilidad hacia el futuro, dentro de nuestras intenciones volitivas.

 

ACOTACIÓN FINAL

Hemos visto, que el hombre está constituido por dos direcciones volitivas, se encuentra frente a nosotros, como hombre volitivo, cósmicamente y físicamente en su fuerza de erección, entre el arriba y el abajo. Tomemos en cuenta ahora de un lado algo diferente, de que manera transcurren dentro de nosotros ambos caminos volitivos: cuando el hombre es posesionado espiritual-animicamente por un elevado ideal moral, con ello, cobra efecto sobre su organismo del calor. Este a su vez entrega calor al organismo del aire que dentro de nosotros todo lo compenetra, que ahora se convierte en efuente de luz. Desde allí, la fuerza espiritual llega al ser líquido, donde se convierte en tono. Ahora, hemos llegado a las profundidades del cuerpo. “En el hombre, ese tono no es producido dentro del organismo del aire, ese tono espiritual se produce dentro del organismo de los líquidos, mediante el ideal moral (GA 202, pag. 188).

Nos encontramos entonces en el espacio libre y nos conformamos en actores. El otro camino, el camino de la materia, que lleva la materia al caos y a la descomposición se inicia polarmente en lo físico-etérico, llevándonos a través de la sustancia orgánica, que se refina cada vez mas, de lo sólido hacia lo líquido, hacia lo referido al aire, el calor y hacia lo espiritual-anímico. Y en medio de ello, nos encontramos con la nada, vale decir, el espacio libre, en el cual tenemos la posibilidad de la libertad.

Rudolf Steiner no se cansa de dilucidar a la voluntad desde los diferentes ángulos. Sabemos, que el futuro de cada ser humano y de la humanidad dependen del reconocimiento y de la adopción de la naturaleza volitiva del hombre. Es así que dice, que a la voluntad la podemos reconocer únicamente espiritualmente, porque en la actualidad se expresa solo espiritualmente. Existe empero también una demanda de la época al hombre de la actualidad, de compenetrar a la voluntad en medida cada vez mayor con CONCIENCIA. Al respecto, a la euritmia le incumbe una gran misión. “Generalmente, la voluntad es un estar dormido, estando despierto. Esa voluntad debe ser elevada mas y mas a la conciencia. Se trata aun de un largo proceso en el cual la voluntad será elevada a la conciencia dentro de la comprensión de la época terrenal. Parcialmente elevada está siendo en un reducido ámbito – en otros también, pero especialmente en uno- por ejemplo, mediante nuestra euritmia. Allí, se están llevando a cabo movimientos a partir de la plena conciencia. Allí, la voluntad realmente se compenetra de la plena conciencia”(GA 196, pag. 130). En este espacio libre, que se forma a partir de los dos polos, descriptos, en la materia, intervenimos con la euritmia. Todo gesto eurítmico y mas aun, eurítmico-curativo, que no sigue a determinación exterior alguna, y que en cambio dentro de si ya porta un lenguaje objetivo cósmico, una imaginación inspirada, debería estar inspirado por la conciencia despierta. Así, es llevado a la voluntad, donde puede ser convertida en una luz cognitiva y una nueva conciencia corporal. Para nosotros, que no somos investigadores espirituales y por tal razón tampoco podemos contemplar espiritualmente al cuerpo, la naturaleza volitiva en sus manifestaciones, así y todo, puede conformarse en una experiencia espiritual posible. En la práctica eurítmica podemos llegar a la vivencia, o lo podemos ver al cabo de un tratamiento con euritmia curativa en un paciente, en el cual, llevado a la calma, ahora fluye el calor, irradia luz del ojo, el cuerpo está trans iluminado y liviandad se expande –ha tenido lugar una transformación de todos los procesos. “La verdadera terapéutica consistiría en que el hombre domine las fuerzas que promueven su permanente eliminación, disolución y renovación”. Con la euritmia curativa, Rudolf Steiner nos ha dado un medicamento terapéutico. Al conocer y saber implementar los gestos metamorfoseados de los sonidos, eurítmico-curativamente estamos trabajando en las fuerzas que , tal como lo hemos visto, conducen a la terapia verdadera. “El espíritu por su cuenta, no puede intervenir de manera inmediata en lo terrenal del hombre, el peldaño inferior del espíritu empero, es la fuerza terapéutica.