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NIÑOS TEMEROSOS, TRISTES E INQUIETOS

 

Fundamentos para una práctica educacional Espiritual

 

Köhler-Henning

Traducción: Ana María Rauch

Cuaderno nº1

 

1. Principios fundamentales de una práctica educativa Espiritual

 

Queridos Padres:

A continuación quiero presentarles los problemas del desarrollo infantil, a partir de una visión tal vez algo inusual, pero igualmente de una gran importancia- también en el sentido educativo.

Seguramente, que coinciden conmigo si afirmo que para poder actuar correctamente en primer término necesitamos lineamientos para nuestro actuar. En la vida sucede siempre así, y lo mismo en la vida educativa, en el trato con los niño. Por supuesto, que la fuerza decisiva es el amor; no se debería empero caer en el error de creer que entre las cuestiones del corazón y los de la cognición existe una contradicción. Lo contrario es el caso. Si el amor hacia otro ser no se relaciona con el deseo de conocer a ese otro ser, vale decir, entenderlo y a partir de tal entendimiento hallar las formas de un correcto trato, entonces a ese amos le falta algo, se detendrá en su comienzo.

 

Recibir ayuda del ámbito de la noche

Una idea guía de un conocimiento fundamental conduce la mirada interior hacia una determinada dirección y si esa dirección es la correcta, aparecerán las buenas ideas: la así llamada fantasía moral se activa y no da “indicaciones” de cómo actuar en esta o aquella situación. La adquisición de la correcta visión básica es preponderantemente cosa de la conciencia intelectual diurna. Es menester, que estemos despiertos, que tengamos agudeza de observación (con exclusión de nuestra opinión subjetiva) descifrando relación, llegando a conclusiones, etc. Las ideas efectivas y los impulsos que luego resultan de esa toma de conocimientos básicos, generalmente llegan a nosotros no durante la conciencia diurna, sino, efectivamente, durante la noche!

En la transformación de conocimientos a impulsos creativos, tiene que estar presenta algo más, que el ordinario pensar intelectual. Es evidente, que si no durmiésemos, seríamos incapaces de llevar a cabo esa transformación. Al hallarse frente a un problema y tomando la decisión “tengo que llevarlo al sueño”, se trata de una frase con valor de experiencia. Sabemos, que la cuestión a resolver no desaparece con la noche, sino que seguimos-de algún modo-tratando el tema. Y todos ya hemos sabido, que luego, a la mañana siguiente la solución ciertamente” la hallamos sobre la almohada”.

Puede suceder, que tengamos un conocimiento de algo- difícilmente de llevar a la práctica- lo transportamos como algo abstracto, que nada tiene que ver con la vida cotidiana. Todas las noches lo llevamos al sueño, reconsiderando la cuestión antes de quedarnos dormidos y de pronto llega una mañana en la que despertamos con la idea nítida: “ya lo tengo”. Es eso, lo que tengo que hacer con mi hijo. ¡Por supuesto! ¿Cómo es que no me di cuenta antes? ¿No le ha sucedido ya? Estoy convencido que sí. Todos solemos tener esas vivencias, sólo que no prestamos atención a la relación de las cosas. ¿Como manejarnos, por ejemplo, con el hecho conocido de un niño constantemente caprichos, furibundo y de postura negativa, que en realidad sólo tiene miedo ¿? El hecho de saberlo, no cambia en nada la situación de los problemas cotidianos.

Si Ustedes lograrían llevar a cabo todas las noches durante cinco minutos una especie de ejercicio imaginativo, recordando con mirada introspectiva a su niño caprichoso, revoltoso, intentando MIRAR DENTRO DEL NIÑO, viendo allí un pequeño pajarito, tembloroso de miedo, aleteando dentro de una jaula- y si con tal imagen se durmiesen muchas veces, queridos padres, pudiese suceder que paulatinamente se podría notar un cambio en los problemas cotidianos, puesto que Ustedes, tal vez no del todo concientes, vale decir, no en el sentido de un premeditada corrección de conducta sino más bien a partir de una nueva sensibilidad reaccionarán de modo diferente en muchas situaciones.

De cierto modo, la subconciencia desprende sus conjeturas de la imagen del pajarito asustado, mientras que usted intelectualmente aún está tratando de manejarse con el término, que su hijito caprichoso en realidad tiene miedo.

Podría suceder entonces, que poco a poco Ustedes modifiquen el tono de voz, su modo de tratar al niño. Con una voz más baja, más melodiosa, ya no como que cada frase suene como tiro de escopeta; cuidará instintivamente de no exponer a su niño a impresiones extremas, ni situaciones ruidosas o de nerviosismo incontrolado. Y todo ello podría suceder, sin que Ustedes mismos se dieran cuenta. Tal vez serán otras personas que llamen su atención sobre este hecho de su trato cambiado. La imagen del pajarito asustado ha tenido consecuencias prácticas al cabo de realizar el ejercicio una noche tras otra. Por su puesto, luego nos puede aparecer una cosa de lo más simple: una vez resuelto el problema, la solución nos parece tan simple!

A partir de mi práctica pedagógica de muchos años, puedo afirmar que los padres generalmente no están en condiciones de deducir consecuencias prácticas de la constatación lapidaria (“su hijo tiene ataques de rabia por tener miedo”). La respuesta será casi siempre:” De acuerdo, el capricho en realidad es miedo, pero el saber eso: ¿de qué me sirve?

El consejero tiene entonces dos posibilidades: le puede dar una cátedra a los padres acerca de las necesarias consecuencias, e inclusive, cambios de conducta. Esto se fija más o menos firmemente en la mente de la gente, pero en la vida cotidiana todo sigue como de costumbre. La segunda posibilidad, es la recomendación de un ejercicio imaginativo para la noche. Sumérjanse a diario poco antes de dormirse, en la imagen que su niño es un pequeño pájaro, que revolotea con pánico dentro de una jaula. Este es el lado interior de su conducta caprichosa, furibunda. Aguarde luego, qué enseñanzas le brinda esa imagen. Lo que así puede ser logrado, por supuesto que es mucho más y más profundo que todo conocimiento mental; que desesperadamente pero en vano se intenta llevar a la práctica. Y descubrirá, como ese saber, ese conocimiento que en un principio no puede ser aplicado en la vida práctica que empero es movido con seriedad y perseverancia y serena meditación dentro de nosotros y sobre todo es entregado al sueño a modo de consulta, puede intervenir, interceder, dando nuevas formas y estructuras además, cómo podrán “leer” la contestación, la respuesta a la pregunta, que mientras era teórica no podía ser lograda- respuesta dada a partir de conducta modificada. Esto constituye un fenómeno arquetípico que brinda muchas posibilidades, un fenómeno psicológico con miras a elaboración. Dicho sea de paso, todos los seductores trabajan con este método de apelación sistemática a lo inconciente. Según el propósito, es posible llegar a las más diversas fuentes. En nuestro caso se trata de valernos de este método para ayudar al niño, de modo abnegado. Nos valemos entonces de la ayuda de una sabiduría situada en lo profundo de nuestro ser, de la cual estamos desligados durante la conciencia diurna. Para no perdernos en el camino, tenemos que emprender la tarea mediante la fijación de claras metas apoyados por nuestras fuerzas cognitivas para poder avanzar a las formulaciones de preguntas correctas. Quien no formula la pregunta certera, no recibe respuesta.

 

¿Contesta el ángel?

O sea, ¡necesitamos IDEAS GUIAS! Son ellas, las que nos conducen a la imagen, que luego consultaremos meditativamente para llevarla luego al sueño. Resulta entonces indispensable ocuparnos con los fundamentos de la evolución infantil, vistos a partir del estudio del hombre. Pero, aún no es suficiente. Puesto, que en un principio sigue siendo conocimiento intelectual. Y de inmediato se plantea la pregunta acerca del paso siguiente. Ese paso puede consistir- sobre todo en lo que a la educación infantil respecta. A que desarrollemos mentalmente imágenes plenas de vida, preguntas imaginativas-vivientes, y las llevemos luego a los seres y a las fuerzas, con las cuales nos contactamos durante la noche. Para poder hallar respuestas por esta vía, por cierto, que debe impulsarnos un auténtico interés. Debe estar vivo en nosotros, el deseo de conocer profundamente el ser del niño. Expresado burdamente: lo que el sueño tiene reservado para nosotros, lo obtendremos recién después de haber realizado todo un trabajo previo. No existen las soluciones fáciles.

A partir del ejemplo del pajarito asustado, vemos que no se trata de nada especialmente místico, ni de algo que se aparte de las experiencias comunes, al afirmar, que del ámbito del dormir podemos recibir indicaciones de actuación”¡las que recibiremos SIEMPRE, más o menos concientes! A pesar de ello, tocamos allí un tema de gran envergadura del cual deberíamos hablar más detenidamente. Quiero confiarles, que según mi convicción, de que detrás del proceso arriba señalado, se oculta algo, que ustedes descartarán como niñería-puede ser que se trate efectivamente de una niñería, pero de una muy seria, y con sentido positivo. ¡Permite la posibilidad de tomar contacto con el ser del ángel del niño! Podemos encontrarnos, estando dormidos, con el ángel del niño al tomar los recaudos correspondientes, recaudos de conciencia para promover tal encuentro. En el caso, que les irrita la palabra ángel, naturalmente podríamos emplear una formulación menos capciosa, pero ¿por qué? Impera en la actualidad un peculiar pudor, que no nos permite ninguna imaginación, llevándolo todo a un plano de conceptos grises exentos de vida. Especialmente, tratándose de niños, es inadecuada la abstracta lengua científica. Pido empero, que me comprendan: lo del ángel no lo tomo simbólicamente, o metafóricamente, les ruego, tomarlo literalmente. Al hablar de imaginaciones, no me refiero a fantasías, sino a imágenes reales.

Para el desarrollo de la conciencia fue importante que para conquistar el pensar lógico se dejase de lado momentáneamente las imágenes- reales que antiguamente se le otorgaba a las cosas y efectos invisibles.

Con ello a su vez tuvimos que dejar de lado una parte importante de sabiduría de vida y vale la pena de aproximarnos nuevamente a estas grandes imágenes arquetípicas-como por ejemplo la imagen del ángel- sin abandonar en lo más mínimo las herramientas del pensar objetivo. Esto puede ser realizado filosóficamente por las vías del discurso científico-crítico, investigando, por qué razón le otorgamos mayor peso a la ideología de las ciencias naturales, que a por ejemplo a conceptos teológicos, místicos o esotéricos; en tanto que estos últimos responden igualmente en la práctica de la vida. Al respecto, en la actualidad ya se poseen obras sabidamente fundamentales. Nuestra misión empero no puede consistir en el comentario de este debate científico- teorético. Me permito simplemente la constatación, que la suposición de la existencia de los ángeles en determinado sentido es muy útil y que nuestra comprensión del mundo orientada hacia la utilidad puede concordar sorprendentemente fácil. Es menester entonces, hacer el intento.

Supongamos entonces, que sea cierto que durante el estar dormidos podemos aproximarnos al ser más íntimo del niño y a sus auténticas necesidades. Al experimentar, que de hecho esto es posible contando con la preparación correspondiente, debemos aceptar que no somos los marrulleros que pretendemos ser. Pienso más bien, que es más complicado manejarnos con la mencionada sabiduría del sueño, al tratarse de una “sabiduría social”, que nos enseña transformar nuestros sentimientos de amor en Actos de amor. Pienso, que el niño mismo nos da las correspondientes indicaciones durante la noche, pero no ese niño que está frente a nosotros en la vida cotidiana, sino el niño a partir de una esfera de su ser que es perceptible de modo inmediato. Podría denominarse el propio- ser superior donde se encuentra en estado germinativo aquello, que mas tarde quiere desplegarse biográficamente. El “propio-ser superior” empero, es a su vez una construcción conceptual, que rebaja a aquello que aquí tenemos en la mira, convirtiéndolo en algo vulgar y facultativo pudiendo ser interpretado de múltiples maneras. Cuando se ha comenzado a vivir con la idea que cada ser humano es acompañado por una entidad situada por encima de él, que rige su destino, hacia la cual él se eleva con la parte más valiosa de su personalidad actual, entonces crece el deseo de contribuir a la rehabilitación de la imagen del ángel. Ya no se aviene a participar en la actitud evasiva contemporánea. Micaela Glöckler nos dice al respecto en sus “CHARLAS con los padres”: Los ángeles son invisibles y accesibles únicamente a la conciencia pensante. Esta empero no se activa, sino debe ser buscada activamente por el hombre”. Tenemos que llamarlo por su nombre al fenómeno y relacionarnos con él, concientemente. El ángel no contesta, si preguntamos a través de abstractas redes psico-dinámicas que deberían llevarse a cabo en un inconciente del mismo modo abstracto, automáticamente. Si anteriormente he hablado reiteradamente de la “infra-ciencia”, esta fue una concesión provisoria a giros lingüísticos en bofa. Por supuesto, que existe la infra-conciencia (subconciencia) lo que empero se entiende generalmente bajo ese término, nada contribuya para la comprensión de los fenómenos que aquí nos ocupan. No hablemos aquí entonces de una instancia cualquiera, o fuerza rectora, que a partir del subconsciente motiva el desarrollo individual de nuestra vida, sino, simplemente, del ángel- lo cual es más bello y más exacto. El ángel del niño les puede dar durante el sueño, indicaciones practicables, al llegar a su presencia con preguntas sentidas por Ustedes mismos con la debida urgencia. Las indicaciones recibidas no estarán presentes como contenidos de los pensamientos, sino como nuevos impulsos y motivaciones, como transformación de criterio, casi imperceptible, como creciente capacidad para poder reaccionar correctamente en situaciones críticas, etc. Al ejercitarse en el arte de formular preguntas, lo cual puede exigir un determinado esfuerzo en el caso del Preguntar Imaginativo , se estarán generando al mismo tiempo, los órganos receptores para los mensajes de los ángeles. Nos asemejamos al respecto (y me incluyo) a los analfabetos, que comienzan a conocer las primeras letras. Pero sólo aquel que comienza la tarea, tiene la esperanza de poder leer-alguna vez fluidamente. Y de todos modos no es tan difícil emprender el comienzo. Citemos nuevamente a Micaela Glöckler: “toda imploración que no encierra un ruego egoísta para nosotros mismos, y en cambio está empeñado en el deseo que se cumpla el destino del niño según su meta, es un llamado que será recibido por el ángel del niño”.

 

Las preguntas formuladas por el guardián del puente

Imagínese, que al dormirse Ustedes deben atravesar un puente y al otro lado del mismo tienen oportunidad de relacionarse de comunicarse con el ángel del niño. Imagínense, además que sobre el puente está apostado un guardián frente al cual Ustedes deben justificarse, para poder pasar. ¿qué podrá preguntar el guardián? Preguntaría en primer término: “Has traído contigo un problema claramente definido a través del trabajo de tu pensar y que te mueve no con fines egoístas sino únicamente por el bien del niño?” Y su segunda pregunta sería; (y eso tal vez les cause asombro)”¿Llevas dentro de ti una clara imagen del niño?” ¿Por qué esa imagen clara? Y bien, ¿qué es la condición para poder tener esa imagen clara del niño al quedarnos dormidos? Es posible tan solo si durante el día nos hemos tomado el trabajo de observar al niño-aunque fuese una sola vez-con detención y con amor. “En devoción a lo pequeño, como lo expresó R. Steiner. Pertenece a la práctica del amor, dejar atrás una otra vez, nuestros consolidaos juicios, deseos, expectativas y conceptos y ejercitarnos en atención, con ojos y oídos abiertos plenos de asombro por aquello, que es simplemente la imagen viva del niño, aquí y ahora. Cada detalle merece nuestro interés entero, exento de evaluación en lo posible. En tales momentos no cabe por ejemplo la idea: “qué enojoso, que arrastra los pies al caminar”, constatándose simplemente, que ese es su modo de caminar, inconfundible; si poco a poco notan que dentro de Ustedes despierta una especie de ternura también por las debilidades y peculiaridades del niño, también por todo aquello, que comúnmente ocasiona enojo y pelea en la vida cotidiana, entonces sabrá que se encuentra en el camino certero.

Estas son las dos preguntas de nuestro guardián imaginario del puente, que Ustedes queridos padres, deberán poder contestar con “sí” por lo menos aproximadamente y pueden prepararse en ese sentido, tomando en cuenta lo siguiente: ocúpense de la problemática específica de su hijo, sin resentimiento y sin la sensación de ser víctima, sino con el deseo y el esfuerzo incansable de querer comprenderlo. No coloque en un primer plano los problemas que el niño le ocasiona a Usted, a los vecinos, o a los maestros, sino, el daño, la penuria para el niño mismo (allí hay una gran diferencia, puesto que en los niños hay varias cosas que queremos corregir , no por el hecho que sabemos que le hace un daño, sino porque no pone nerviosos a nosotros mismos o porque está en contra de nuestros principios). Llegarán entonces a un punto donde sentirán:”comprendo la angustia de mi niño”; no en todos sus pormenores y sus últimas consecuencias, eso sería demasiado pedir, pero sí de modo tal, que notan que tiene en su manos la punta del ovillo del problema.

Para tan solo dar un ejemplo, verán, que su niño en algunos días se comporta como si literalmente ya no tuviese cabida dentro de su piel. En tales situaciones conforma una gran diferencia si Usted toma tal conducta como mera insolencia, sintiéndose afectado personalmente, o si desde una postura de determinada constatación tomando nota, que el niño de hecho no puede manejarse con su cuerpo en tales días, sintiéndose como oprimido, aprisionado; usted nota la palidez de su rostro, las impurezas de su piel; el niño lleva a cabo movimientos como si todo le resultase estrecho, hasta puede objetar las tontas vestimentas angostas, a pesar de que las mismas no son tales. Estamos frente a una imagen: el alma se siente dentro del cuerpo, como si estuviese metido dentro de envolturas terriblemente incómodas. El niño se vivencia como apretado dentro de su propio cuerpo y a la vez, como si sobre su piel tuviese un escozor insoportable y tos esperan de él que se comporte cordial y afable. Queridos padres: si tales observaciones los llevan, por ejemplo a prestar más atención en la alimentación, a pedir asesoramiento profesional (puesto que actualmente los niños ingieren a menudo cosa que promueven su excitación interior) descubrirán que sería conveniente reducir dulces, golosinas o las proteínas animales; con la convicción de amparar al niño de algo que le está causando daño. Y no será por el hecho de la molestia que le causa tener un hijo insolente, tan difícil de educar, sino que se formulará la pregunta: “Acepto toda la insolencia que mi hijo necesita para el desarrollo de su personalidad. Si tiene que comportarse mal, a pesar de que en realidad deberá comportarse cordialmente, pro el hecho que su propio cuerpo se conforma en enemigo, entonces necesita mi ayuda”. Eso, por un lado.

 

Cuando el cuerpo es demasiado frío para el alma…

Por el otro lado, está el hecho que aparte de las cuestiones nutritivas pueden llevar consigo a la noche, la imagen del alma aprisionada dentro del cuerpo . El guardián del puente la aceptará como salvo conducto , sobre todo si ustedes cumplen la condición adicional, de no usar en la observación del niño. Por ejemplo si el alma se siente como aprisionada, apretada, dentro del cuerpo, llegamos a la conclusión lógica, que en realidad el alma es demasiado grande para el cuerpo. Esto significaría, que constantemente se vería apretujada desde adentro contra los límites físicos del cuerpo, no logrando pasar hacia fuera, estancándose en la periferia. Observe a su niño, en ocasión de sus conocidos jaleos. Verá que constantemente se expande y se contrae, relajándose en una especie de sacudimiento. Es evidente que algo adentro estancado busca salir y no puede. La frontera de lo físico es demasiado rígida e impermeable para la vivencia subjetiva del niño. Debería conformar un límite más dócil y libre- elástico- a modo de respiración- conformando así un correcto entorno para la vida interior en expansión.

¿Qué puede suceder, si su niño se vivencia de ese modo dentro de su cuerpo que con cada intento de relacionarse con el mundo, se siente rechazado en el límite? Tenemos la imagen del alma demasiado grande para el cuerpo y tenemos la imagen del límite físico impermeable. Y sería de asombrar que paulatinamente, si al cabo de meditar acerca de esas imágenes todas las noches, nacerá el deseo instintivo de examinar si su niño posee el calor suficiente. De pronto nos damos cuenta ¡pero si siempre tiene las manos y pies fríos! Y pensándolo detenidamente, descubriremos lo que está pasando.

Todos sabemos, que el frío tiene que ver con la rigidez y la impermeabilidad. El calor en cambio, con movimiento, permeabilidad y flexibilidad. Lo anímico se desarrolla dentro del calor, el cuerpo físico tiende según sus propias leyes hacia el polo del frío. El alma puede compenetrar al cuerpo únicamente calentándolo, hasta dentro de sus ramificaciones más periféricas. Cuando ese calentamiento no se logra desde el interior, deberá ser apoyado desde afuera. El calor es algo que quiere expandirse a semejanza de lo anímico. A no ser por el calor en el mundo material todo cobraría una forma rígida, pétrea. La vida anímica humana posee una relación similar hacia el cuerpo físico. Por un lado está contenida dentro del mismo, y por el otro tiene el impulso de elevarse por encima del mismo cuerpo físico. Cuando el cuerpo físico está supeditado en demasía al proceso del frío, lo anímico no sólo es frenado en su impulso de expansión (eso sería lo correcto) sino, se ve estancado. Y esa situación de estancamiento es percibido como angustia por el niño, sobre todo, en determinadas fases de su desarrollo en las cuales la vida anímica necesita desplegar normalmente una dinámica de extensión hacia el entorno, o sea por ejemplo en el cuarto, quinto y luego nuevamente en el octavo y noveno año de vida; antes de producirse la fase de introversión de pre-pubertad. Y siendo la madre, o el padre de nuestro caso, debería preguntarse ¿qué puedo tomar en cuenta en el trato cotidiano de ser humano a ser humano, para asistir a mi niño en la situación crítica mencionada? Por supuesto, que pragmáticamente deberá aportar calor desde afuera, eso es correcto y ayuda, a pesar de que no pasa de ser una medida sintomática. Se abre la pregunta: ¿por qué sucede que en los niños a menudo se presenta una inclinación al enfriamiento como síntoma que no logran compenetrar correctamente a su organismo física, y a consecuencia de ello se siente como presionado dentro del mismo?

 

Cabeza fresca y corazón cálido

Tal vez, de pronto una circunstancia que hasta ahora fuera evaluada positivamente por Usted, ahora despierte una sensación desagradable: el hecho, que su niño es tan inusitadamente inteligente.

Hasta ese entonces pudo haber significado algo así como un consuelo en los momentos más difíciles y críticos: “sea como fuese, mi hijo es excepcionalmente inteligente y dotado. Con cinco años puede hacer cálculos mentales de dos cifras con mayor rapidez que muchos alumnos de segundo grado”. Hasta ahora Usted había estado orgulloso de sus intentos educativos se había orientado ampliamente hacia estas tempranas fuerzas intelectuales de su hijo, explicándole todas las cosas fundamentándolas. A veces había dado resultado pero otras no. Y de pronto nace la sospecha. Al leer diarios y libros constantemente se encuentra con formulaciones, que relacionan lo intelectual con lo frío. Usted se da cuenta, que términos como frío intelecto corresponden a la verdad. Y no puede deshacerse de la sensación que el constante enfriamiento periférico de su niño tiene algo que ver con el hecho de ser un niño muy inteligente, inserto demasiado pronto dentro del frío proceso intelectual.

El pensar intelectual-que de ningún modo estoy condenando de un modo radical- es una facultad que en gran parte se debe al hecho, de que lo anímico o sea, toda la esfera de lo emocional, ha sido comprimido en el interior. Es imposible, lograrlo de otra manera. El pensamiento claro y lógico es posible únicamente, al restringir nuestros sentimientos y a su vez colocar un límite hacia el mundo exterior. El dicho de la cabeza fría afirma en realidad, que para el pensar ordenado es necesario un rechazo hacia el efecto calor, que desde la esfera emocional sube a la cabeza en busca de los órganos sensoriales. Claridad mental exige el frío tomar distancia, por un lado con respecto a nuestro propio estado anímico y por otra parte con respecto a nuestro medio. Intente Usted concentrarse frente a una luz candente, o formularse una idea clara de lo que está pasando a su alrededor.

Es entonces imperiosamente necesario, que aprendamos a contenernos anímicamente y colocar un límite frente al mundo que nos rodea para liberar nuestra cabeza. Y no en un sentido negativo. Al querer empero caracterizar el proceso se aceptará que es menester que entre nosotros y el mundo debe generarse una región fría replegando al calor. Se trata de un fenómeno espontáneo y natural del proceso intelectual. Cuando el niño es llevado demasiado tempranamente al ámbito de lo intelectual y para entrar en contacto con el medio ambiente, constantemente tiene que vencer a ese obstáculo del frío. Si a ello se agrega, que todo lo que en los niños tiene lugar en lo anímico-espiritual-cuanto más pequeño es el niño en tanta mayor medida- posee su correspondencia inmediata en lo físico –funcional y viceversa, habremos llegado con respecto al problema del frío, así como inquietud/contracción, a una relación que de hacho no es tomado en cuenta en los estudios académicos. Comenzamos a comprender entonces, que hay edades, en las cuales el proceso mencionado de represión de lo anímico-cálido es inminentemente daño, puesto que va frontalmente en contra de aquello que requieren las pautas del desarrollo.

Y descubriremos entonces, que es menester no solamente brindar calor físico exterior, sino, considerar nuevamente posturas educativas que aportan calor para el alma y un trato diferente: preferir el cariñoso contacto físico a la comunicación verbal, llevar al niño a procesos creativos, cantar con él, transformar ese convulsivo impulso del movimiento mediante la forma de juegos en alegría frente al movimiento rítmico-musical y en lugar de una sensata ilustración inventar pequeños cuentos llenos de sentido, que aportan un conocimiento a través de la fantasía, en lugar de pasar por el intelecto. Puesto, que es la fuerza de la fantasía que aporta calor que llega hasta la punta de los dedos- mientras que la fuerza del intelecto enfría. Si su niño, con las fuerzas de su fantasía y sus fuerzas plasmadoras intenta sobrepasar los estrechos límites de su cuerpo, no debemos fomentar aquello que solidifica esos límites. Es necesario llamar a las fuerzas del calor interno, para que lleguen hasta la piel, hasta las puntas de los dedos. Mediante lo dicho quise ilustrar hasta donde podemos llegar, si nos aproximamos al asunto, con real valentía de nuestro interior. Estas intuiciones son absolutamente confiables, con la condición previa que al pasar por el umbral del sueño llevemos una clara pregunta y una nítida imagen del niño. Son entonces tres, las cosas importantes, para poder encontrarse con el ser angelical del niño: el trabajo del pensar de uno mismo, con respecto al estudio del hombre, la exactitud de la observación con un sentimiento de devoción con respecto al pequeño, y en tercer lugar, que llevemos noche tras noche, los resultados de nuestros esfuerzos hacia el sueño, es decir, que a poco de dormirnos, intentaremos una especie de resumen acerca de aquello que hemos observado en el niño y que consideraciones propias hemos adquirido de esta forma. Entendámonos bien: por cierto, que a veces es indicado consultar a un pediatra o un consejero educacional cuando Ustedes de sienten inseguros frente a determinadas conductas de su niño. Por otro lado empero, cada paso ganado en independencia de los expertos - existentes actualmente para todo problema imaginable- significa un invalorable crecimiento en libertad, confianza propia y sobre todo en calma y serenidad, que pasará también al niño. Estoy convencido que el experto en cuestione educacionales leería llevar a cabo su trabajo con la declarada intención de pasar a sir innecesario cuanto antes. Les ruego que tomen lo hasta aquí dicho, como expresión de este propósito.

 

¿Qué es la educación-moral?

Permítanme, profundizar a continuación algunos fenómenos del desarrollo infantil, que según mi entender son tratados con demasiada superficialidad por la actual psicología académica y la ciencia educativa. Sugiero, que sigamos valiéndonos del “ángel de la guarda” del niño, como hipótesis de trabajo y acercarnos a procesos del pensar, donde se lo incluye naturalmente. En un principio, quisiera caracterizar este ser angelical que ampara al niño, y actúa dentro de él como aquella entidad que promueve que en curso del desarrollo de la personalidad se destaque más y más, una fuerza que en el estado de su plenitud aparece como fuerza de FORMACION DE IDEALES o MOTIVACION IDEALISTA y como al, da los impulsos que necesitamos para sobreponernos a la contradicción entre la búsqueda de mestas individuales y responsabilidad social!

Cuando el niño está empeñado en la conquista de posturas anímicas referidas a humanidad y amos al prójimo; al vislumbrar la generación de sentimientos de asistencia a los demás y capacidad de consideración y ayuda desinteresada, no estamos de ningún modo frente a reflejos de nuestra moral autoritaria- tal como lo sostienen los psicoanalistas- sino que estamos vivenciando algo de la actuación del ángel en el curso evolutivo del niño. Por supuesto, que se trata de un efecto recíproco. El niño conoce las virtudes sociales, por el hecho que el adulto que le sirve de orientación, se las muestra viviéndolas. Pero ¿por qué desarrolla una simpatía hacia tales virtudes? ¿Sólo para recibir el elogio de los padres? Con respecto a ello, se afirma muchas cosas, que no se han derivado de la realidad de la vida, en cambio se fundamentan meramente sobre hábitos del pensar materialista.

R. Steiner sabía porque insistía tan tenazmente en su aseveración que una educación con prédica de moral, imposición de moral se pierde en el vacío y hasta puede ocasionar daños en lo que a cualidades morales auténticas en la educación se refiere. La moral, que fuera forzada burda o sutilmente, no genera otra cosa que el oportunismo.

Conforma un obstáculo para la moral autónoma , que culmina en la conformación de ideales autónomos . Una educación que parte del método de enseñarle al niño, que renunciando a algo determinado, finalmente se obtendrá mayor beneficio, desvirtúa dolorosamente la facultad humana del altruismo. Si por ejemplo, le hacemos ver al niño que mediante el regalo liberal, o el reparto si protestas se puede obtener ventajas, es decir cuando determinados privilegios se relacionan con el hecho de que un niño ceda sus necesidades y demandas a favor de otros, introducimos una desfavorable causalidad. La virtud del tomar en consideración a otras personas es degradada a la entrega de notas, para las cuales se recibe o recompensa, o castigo. De esa manera ejercemos PRESION DE EFICIENCIA MORAL, con lo cual no fomentamos la sensibilidad moral, sino una especie de astucia calculadora-diplomática, que en esencia es altamente asocial.

Vemos entonces, que una educación moralizadora lleva involucrada una absoluta contradicción. Cuando se sostiene que el desarrollo de las posturas inter-humana-sociales, o bien podemos decir, cristianas, en la infancia puede definirse como mérito de adaptación a las expectativas del mundo de los adultos, esa argumentación dejan de lado algo muy decisivo: lo que en ese ámbito se adquiere exclusivamente a partir del proceso de adaptación, justamente NO ES UNA MORAL, sino, a lo sumo, una seudo moral. Por supuesto, que podría responderse y bien, entonces lo que existe, es una seudo moral. No vale la pena, explayarse al respecto. Sería peder el tiempo. Quedamos observando la realidad de la vida y preguntémonos: ¿qué es lo que induce al niño- que y no está supeditado a NINGUNA “educación moralizadora” a desarrollar una simpatía imitadora para virtuales sociales, que no le son exigidas y que en cambio se le muestran por el ejemplo vivido?

¡Con respecto al desarrollo de la moral, es decisivo el ejemplo viviente! De nada empero le serviría ese ejemplo a no ser que dentro del niño mismo actuase una fuerza que con vívido afán imitador se apoderase de aquello que ha percibido independientemente de toda expectativa de ventaja alguna. Dentro del niño está latente una AFINIDAD hacia aquello que en el mundo representa lo bueno. ¡Y esa afinidad no es inculcada! De la educación depende si esa inclinación hacia el bien, fundamental, pero en un principio aún indefinida en sus posibilidades de conexión. La inclinación en sí empero, no es promovida por la educación.

Observemos los ojos iluminados de los niño, cuando les contamos por ejemplo la leyenda del buen Rolando o de San Nicolás, historias por lo tanto en las cuales” el buen ser humano” se presenta como figura de héroe. Presten atención al hecho, como los niños- sobre todo aquellos en edad escolar- reaccionan con satisfacción y orgullo frente a las buenas acciones de sus padres. Ningún niño reacciona con un sentimiento de orgullo, frente a alevosidades de sus padres a no ser que premeditadamente se lo haya confundido. Por favor, no crean que una historia como la de Nicolás de Myra puede promover un fuego interior únicamente en los niños que constantemente han recibido una instrucción moralizadora. Mientras que en nuestro intento de explicarnos tales fenómenos del alma, caemos bajo la influencia de tales cadenas causales, nos hallamos muy lejos de una real comprensión.

 

El proceso perceptivo como proceso creador universal

Es el ángel, quien se manifiesta en la inclinación hacia lo bueno de los niños. Sucede, empero que el ángel mancomunadamente con los padres, tiene que realizar tareas preliminares, para crear las condiciones para poder actuar de esta manera. Y verán de inmediato, que esas tareas preliminares no son tales, como las que comúnmente señalaríamos como educación moral o ética. Repito: aquí nos encontramos frente a un móvil pedagógico eminentemente importante. Correctamente aplicada, la educación en lo moral, no puede poseer un carácter didáctico/instructivo, al menos no en los primeros once, doce años.

Puede consistir únicamente en crear las condiciones previas necesarias para que la afinidad hacia lo bueno fundamentada en el niño mismo-y que en sus comienzos posee el carácter de precario y posee el derecho de recibir ayuda del medio ambiente- pueda transformarse de muchas cosas que comúnmente ni se toman en cuenta.

El amor actúa entre los hombre no de una manera misteriosa “volando incontrolablemente por aquí y por allá”, sino, que necesita sus órganos de percepción y de expresión. Para comprender y valorar las bellezas del mundo tan sólo por el hecho de que disponemos de los correspondientes órganos sensoriales. En el ámbito del escuchar y del mirar lo sentimos como algo totalmente natural.

Mediante su percepción el hombre se introduce con asombro, a la esfera de lo bello para luego, y partir de sus fuerzas interiores de la imitación que pueden transformarse en libres impulsos creadores, poder ser activo en esa esfera. Podemos darnos cuenta entonces que la formación del hombre-expresivo le llegan los impulsos adecuados. Esto está relacionado con el hecho, que la actividad perceptiva activa, en sí ya es una actividad creativa. Cuando en mí, al contemplar un rosal nace un sentimiento de dicha, que circunscribo con la palabra bello , el hecho de sentirme afectado íntimamente, tan involucrado y hasta orgulloso, es motivado por el hecho que el sentimiento de felicidad no se genera por el rosal exterior , sino del rosal que he generado en mí interior contemplándolo.¡ Me llena de felicidad que puedo crear un rosal! El hecho, que poseo ojos para mirar, evidentemente tiene algo que ver con la necesidad profundamente fundamentada del alma de crear cosas, de ejercer una actividad creativa. La aguda línea separadora que trazamos entre el percibir y el querer (hacer) es más bien de índole teórica. En la realidad, los límites son fluctuantes. Los órganos sensoriales se conforman más bien en recipientes dentro de los cuales el mundo exterior entrante es supeditado a una especie de proceso químico superior. Las impresiones son aniquiladas para luego ser re-construidas. Todo proceso perceptivo conciente en contacto con el mundo exterior, se lleva a cabo de esa manera. El hombre no es una cámara de reflejos por espejo. Cada cosa que quiere ser captada por él, deberá ser generada nuevamente por él mismo. De otro modo, constantemente nos olvidaríamos de todo.

Y en esta actividad generadora, productiva que cobra experiencias recién a partir de impresiones, está fundamentado todo aquello, que desarrollamos en la vida, con respecto a habilidades artísticas, plasmadoras. En la facultad de imitación durante la primera infancia, hallamos las raíces de este arte del aniquilar y crear de nuevo mediante el cual el proceso perceptivo se conforma en proceso creador-universal. ¡Por favor no crean, que el imitar se limite un automatismo o un reflejar de la realidad exterior. Por el contrario: las imágenes, sonidos, etc, provenientes del exterior pasan por una transformación y el resultado es a pesar de la aparente similitud, algo muy diferente a la impresión sensorial primitiva. Lejanamente puede ser comparado con el modo de pintar naturalista ya no actual, pero muy significativo en su época. Si el árbol reproducido detalladamente fiel sobre el lienzo hubiese sido tan solo una imitación del árbol-modelo, tendría que haberse dicho:¿Para qué todo eso? – el original siempre es mejor que esa falsificación. Pero decididamente no era así, en el caso de la seria pintura natural, sino que esos artistas nos has mostrado el secreto del acto creador dentro del proceso perceptivo, ilustrando al respecto elevando a la conciencia un suceso interior por todos conocido. Ese paso fue necesario para poder avanzar al arte realmente libre, meta-objetivo, donde el artista se toma la libertad de re-crear lo percibido sin atenerse al modelo exterior, componiendo con juguetona arbitrariedad las parte de las imágenes descompuestas, llegando a algo nuevo, que no puede ser hallado en el mundo objetivo- o documentar el proceso de des-composición como tal.

 

La imitación y el anhelo del bien

Nuestro tema de hoy no es empero la relación entre la imitación y el proceso artístico. Constatemos empero al respecto: la percepción de lo bello , nada tiene que ver en un principio con criterios de evaluación/valores, o categorías estéticas, sino para poder vivenciarnos en la actividad sensorial, como seres creativos generadores de realidad.

Dentro de la entrega con imitación hacia los fenómenos del mundo despierta la creatividad y no a partir de un altercado del niño pequeño con sus propios excrementos, tal, como se sostiene tozudamente hasta el día de hoy por populares psico-ananlistas.

También esa gente ha captado una puntita de la verdad, al descubrir que el arte tiene algo que ver con destrucción y transformación del mundo exterior. Algo así acontece el la digestión de los alimentos. Se llega luego a tales conjeturas espeluznantes, puesto que se parte de la hipótesis, que los fenómenos anímicos-espirituales en principio pueden ser tomados únicamente como modificaciones de fenómenos originalmente físicos-corporales. Nosotros no partimos de esa hipótesis. Su carencia principal consiste en que no es práctica. Mantengámonos con los pies sobre la tierra: la mayor parte de la masa que ingerimos como alimento, es no-aprovechable para el cuerpo y es eliminado por tal motivo. El vaciamiento intestinal tiene es finalidad, ni más ni menos. Con creatividad tiene que ver tanto como la tos, con la recitación de una poesía.

La imitación en la primera infancia empero que efectivamente involucra una mayor vivencia de deleite que pueda proporcionar la evacuación intestinal y ¡tiene que ver mucho pero muchísimo con creatividad! A través de la imitación tiene lugar en el ser humano la relación entre sí del poder de la impresión y el de la expresión. No es tan solo la primera manifestación de la voluntad creativa, sino también el paso más decisivo hacia la madurez sensorial, o sea, la facultad del correcto manejo de las impresiones sensoriales.

En su ciclo de conferencias “La cuestión educacional como cuestión social”. Rudolf Steiner ha afirmado, que en la imitación está contenido el germen para la libertad. Esto suena paradójico, pero Ustedes podrán comprenderlo un poco mejor dado lo recién expuesto. Como pedagogo curativo y consejero educacional con larga experiencia puedo asegurarles que existe una notable coincidencia entre los estados de inquietud patológica y falencias de concentración- por cualquier causa que fuese-en niños con carencia de actividad imitativa en los cuatro o cinco años primeros de la vida. Es así, que de hecho trabajamos con los alumnos nerviosos-inquietos terapéuticamente de manera tal, que en el sentido de una post-maduración las llevamos a una intensiva maduración, por ejemplo a través de juegos de pantomimas, ejercitación recitativa, ritmos, sonidos y similares. Con estas tareas puede trabajarse con buen resultado también en los hogares. ¡Recuerden: no son necesario constantemente los experto ¡ Tómese el tiempo para su niño inquieto, por ejemplo: tres veces por semana media hora, haciendo juegos con él, juegos, que lo impulsen a la imitación! Así, le allanarán el camino, de poder introducirse paulatinamente al juego profundizado y creativo, ¡el cual a su vez le es necesario para lograr su facultad de concentración y también para sus exigencias escolares! A la edad entre los siete y los diez años, de esta forma Ustedes lograrán muchísimo más que a través de clases de apoyo o la insistencia del repaso diario de los deberes. Y apaguen el televisor! Es uno de los peores enemigos de una saludable imitación.

Volvamos ahora empero de la cuestión de la percepción de lo bello y de la voluntad, a la buena/bella acción , que hemos analizado tan solo a modo de ejemplo hacia aquello que hemos denominado disposición de imitación de lo bueno y también en este plano es valedero-aunque no salte tanto a la vista- que en un comienzo deberán formarse órganos perceptivos, pudiendo luego aparecer impulsos volitivos creativos propios a partir del trato maduro con las correspondientes impresiones hacia aquella inclinación, o afinidad, siempre y cuando que la afinidad- podría llamárselo también confianza del niño-no es mal- implementada hacia un entrenamiento moralizador.

Vemos entonces, que en el encuentro con el bien, o sea, con el amor vivenciable en los actos, las palabras, el trato con otras personas, hay una respuesta en el niño, profundamente satisfecha, y esa respuesta (aún completamente indefinida en su contenido) no ha sido inculcado, del mismo modo como no puede por ejemplo inculcarse la alegría frente a la visión de una pradera en flor, o una pelota multicolor. Para que no existe esa alegría del niño frente al juguete colorido, debería procederse a su quite-en el caso que se quisiera lograr eso-puesto que en un principio el niño desarrolla esa alegría independientemente del hecho de nuestra conformidad o no.

Y de hecho: si en ese sentido saturamos a nuestros niños, les quitamos alegría. Tendrán entonces que insensibilizarse contra el mundo de los juguetes sensacionales, estridentemente colorido, fulgurante y ruidoso, que tal vez con el mejor de los propósitos hemos edificado a su alrededor. El resultado es el famoso aburrimiento, o sea en realidad, indiferencia. ¡Y ya estamos comenzando a malograr el artista dentro del hombre! Y del mismo modo echamos a perder la facultad de amor, cuando respondemos a la expectante apertura hacia el bien, colmada de asombro que trae a la vida, con incesantes sermones, apelaciones morales y moralejas.¡También esto genera indiferencia! No, no depende de eso, sino de aquello que nosotros mostramos como ejemplo vivido, sin hacer alarde de ello! Para poder empero captar debidamente aquello que ven como ejemplo vivido, vale decir, captarlo con participación interior y transformarlo en propiedad anímica libremente disponible, es necesaria, como ya lo hemos dicho, una determinada facultad perceptiva. Esas facultades perceptivas pueden ser descriptas. Es posible describir, como el ángel en comunión con los padres y demás personas afectadas, trabaja para despertar esas facultades perceptivas y quiero intentar tal descripción para Ustedes.

Con ello nos referimos a un ámbito del Estudio Antroposófico del Hombre, que, con respecto al desarrollo del niño no fuera suficientemente valorado: la idea de la teoría ampliada de los sentidos dada en sus fundamentos por R. Steiner. Recordemos, que hemos descripto al ángel, como la entidad que quiere facultar al hombre a la formación de ideales, digamos a la fantasía moral. Quiere verter impulsos de amor al alma del hombre y nos preguntamos entonces de qué modo tendrá que actuar, formando el recipiente , para lograr ese cometido en la primera época de la vida.

 

 

2. Indagando los rastros del sentido de la vida

 

Acotaciones previas

En su investigación acerca de la organización sensorial humana, R. Steiner ha descubierto DOCE cualidades a las que denomina todas como sentidos , puesto que según su definición un sentido , es una facultad perceptiva, a través de la cual y sin valernos de nuestro intelecto recibimos información INMEDIATA de un determinado ámbito de nuestra existencia y mundo vital. Si por ejemplo estoy parado delante de un árbol y constato: este es un árbol, aunque esta constatación esté ligada a la impresión sensorial, incluyendo las sensaciones que promueve dentro de mí; la constatación empero-el término, el concepto- no es la impresión sensorial. Esa diferenciación es obligada; puesto que de otro modo debería decirse que un niño pequeño, que no puede formular ni términos, ni conceptos, no posee impresiones ensériales, lo cual sería absurdo.

No podemos aquí profundizar el ámbito de los doce sentidos en toda su envergadura, ni siquiera aquello a los que nos referimos con mayor detención. Diferenciamos según R. Steiner, tres circuitos sensoriales : Los sentidos corporales , o basales, llamados asimismo sentidos emparentados con la voluntad (de ellos nos ocuparemos). En segundo lugar, los sentidos anímicos , emparentados con el sentir (olfato, gusto, vista, del calor). Y en tercer lugar, los sentidos referidos de modo inmediato al entorno inter-humano, sentidos sociales o sentidos superiores , cuyos resultados expresamente no son resultantes del pensar, que empero así y todo poseen una íntima relación hacia la vida del pensar y la representación (escuchar, hablar, pensar y sentido del yo). Si Ustedes quieren profundizar este tema podrán hacerlo a partir del Estudio de lo Sentidos de R. Steiner.

Causará asombro, que, con relación al desarrollo de facultades sociales, no quiere hablar con Ustedes del circuito de los así llamados sentidos sociales, sino de los sentidos basales, que pueden ser llamados asimismo sentidos de auto-percepción . No olvidemos empero: que estamos preguntando aquí por la actividad formadora de recipiente del ángel, por los PREPARATIVOS necesarios para que el hombre posteriormente puede orientarse dirigirse a sus semejantes con auténtica atención participativa- y hasta abnegación- para que pueda sumergirse dentro de su modulación lingüística para que pueda participar de sus pensamientos, sentir, palpar, su inconfundible individualidad. Para ello es necesario mucho de aquello, que deberá ser conquistado, adquirido con mucho esfuerzo.

 

Plenitud de bienestar

Permítanme (y al contrario de lo habitual, nombrar en primer término el sentido del tacto) comenzar con el sentido vital . Creo que la exhaustiva observación de la evolución infantil nos otorga el derecho de señalar a ese sentido-que a su vez es el más difícil de describir- como sentido FUNDAMENTAL, como queda dicho, bajo aspectos evolutivo psicológicos, bajo otros aspectos es igualmente justificado comenzar con el sentido del tacto. Rudolf Steiner mismo, no procedió unilateralmente al respecto. ¿qué puede interpretarse entonces bajo sentido vital? R.Steiner dijo: “La primera percepción humana propia es dada por el sentido de vida, a través del cual, el hombre como integridad toma conciencia de ello por medio de su corporiedad”. Se habla, por lo tanto, de una VIVENCIA DE INTEGRIDAD, de la primera vivencia en sí, de esta clase. Tratándose de una vivencia mediadora corporal . Escuchando/descubriendo a su propio cuerpo, poco a poco se produce en el niño la sensación de familiaridad, que le posibilita una primera experiencia de identidad aunque muy vaga (como en sueños). Halla amparo en la incorporación.

La sensación del estar transpuesto por bienestar (como lo expresa Steiner) o estar arraigado dentro de sí mismo, otorga una orientación existencial fundamental, sobre la cual se basarán todas las demás prestaciones de orientación. Por lo tanto, significante, al verse mermado esta sensación de bienestar o amparo. ¡Y, naturalmente, está mermado constantemente en la primera época de la vida! Toda forma de indisposiciones actúa desorientadoramente sobre el sentido de vida, o sea, concretamente, como trastorno perceptivo. Esto cobra especial validez para la época en la cual no se encuentran plenamente desarrollados los sentidos basales, encontrándose en un estado de labilidad.

Esto es valedero asimismo para la vida posterior en el adulto, empero debe hacerse la limitación, que generalmente está en condiciones de mantenerse medianamente en pie su concepto de realidad, cuando sus funciones vitales están expuestas a trastornos transitorios, por ejemplo, causados por el dolor. Este se debe, sobre todo al hecho que con el tiempo el sentido de vida experimenta una ampliación. Paulatinamente, a través de él es transmitido no solamente el sentimiento existencial físico general, sino, que se agrega una cualidad TEMPORARIA, que podemos señalar como el percibirse dentro de la continuidad del propio curso de la vida. Tenemos, por lo tanto, el derecho, de llamar al sentido vital, asimismo sentido biográfico y en esa condición puede seguir funcionando absolutamente al estar alterado por el lado de la percepción física. Esto empero no cobra relevancia a la edad infantil, sobre todo, tratándose de niños muy pequeños. Allí, el sentido de vida deberá ser tomado como sentido puramente corporal, cuidándolo atentamente, para que más adelante pueda cumplir fehacientemente su misión como sentido biográfico ¿Qué hacer entonces en primer término?

Permítanme agregar algunas acotaciones explicativas con respecto a la función vital primaria. Como sabemos, el sentido auditivo-tomándolo como ejemplo- se irrita frente a disonancias penetrantes, excesivo volumen o ruidos tumultuosos, mientras que evidentemente le es grato la música agradable. Algo similar acontece con el sentido de vida. Sensaciones de incomodidad corporal, cobran un efecto como de disonancia y son por lo tanto molestas. Está en cambio en su elemento cuando indagando en el interior de su cuerpo encuentra una constitución básica armoniosa. Cada una de las funciones sensoriales posee una dinámica de meta, vale decir, que con cada actividad perceptiva está ligada una INCONCIENTE EXPECTATIVA, con respecto a aquello que deseamos hallar en el campo perceptivo correspondiente. Esa dinámica de meta o pretensión de meta, corresponde en todos los casos, a la misión orientadora del sentido. Normalmente tomamos conciencia de la misma, únicamente cuando no se cumple. En la vida diaria tomaré conciencia qué asistencia de orientación espero me presten mi ojos- como hecho se sobreentiende- cuando de pronto tengo trastornos de visión, cuando por ejemplo de pronto veo imágenes dobles, o desplazamientos de perspectiva que me irritan; algo así puede suceder y la inseguridad consiguiente es importante.

Del mismo modo, como tengo que abrir primero los ojos para notar el trastorno, es tan solo el sentido vital, que constantemente está alerta, quien me da noticia de indisposiciones orgánicas. Pero no llegan a mi conciencia como percepciones del sentido de vida esperados, sino como irritaciones dentro de los campos perceptivos. Los sentidos humanos no sirven simplemente a la toma de conocimiento de aquello que es el caso. Sirven sobre todo también al (retro) aseguramiento con respecto a la durabilidad y confiabilidad de los fundamentos de nuestra existencia.

Esto se torna especialmente claro con respecto al sentido vital. Su actividad primaria es el continuo retro aseguramiento acerca de si el fundamento corporal ofrece la base portante transmisora de amparo y calma, que debe otorgar, para que pueda llevarse acabo armoniosamente el desarrollo de la personalidad dentro de la comunicación recíproca con el mundo circundante. Secundariamente, el sentido vital nos brinda noticias de variaciones amenazantes o bien intranquilizantes de esas bases pero de inmediato se conecta la conciencia despierta y busca el camino para reconstruir la función sensorial verdadera (el estado conforme a lo esperado). Cuando duele algo en el interior o causa malestar físico, entonces- a decir con R. Steiner- “está alterado el sentido vital de modo tal que en lugar de irradiar bienestar, sucede algo similar como cuando por ejemplo “vimos mal”. El sentido vital por lo tanto cumple su función específica solo cuando al llevar a cabo su misión orientadora y el efecto irradiado al alma es el estar compenetrado por bienestar”

Tenemos que tener siempre presente este hecho, para no caer en el error de suposición, que la finalidad propiamente dicha del sentido de la vida es la percepción de procesos que lo alteran o molestan. Hans Jürgen Scheuerle pudo definirlo de modo muy acertado con su calificativo “Behagen sinn”, sentido del estar bien y a gusto.

 

 

Acotaciones al difícil tema “sentido de vida”

Hace poco en ocasión de una discusión se puso el alegato que, al hablar del sentido del bienestar , se podría con el mismo derecho hablar también del sentido del malestar . Y en parte, es correcto. Si nos preguntamos, que cualidades debe poseer el campo perceptivo al cual orientamos nuestro sentido, para que se logre una orientación ideal, descubrir por ejemplo que el medio más favorable para el sentido de la vista, es la Claridad medida. De acuerdo a ello, el medio más favorable para el sentido de la vida, es la sensación CORPORAL BIEN TEMPERADA. El sentido de la vista se ve afectado con una oscuridad relativa, y suspendido con oscuridad completa, e irritado con luz excesivamente fuerte. Algo similar es valedero para el sentido de la vida. En ocasión de hallarse disminuido o ampliamente desconectado la sensibilidad física (por ejemplo por anestesias) el sentido de vida sufre una fuerte alteración que puede llegar a la suspensión, mientras que las sensaciones físicas incómodas (vale decir demasiado fuertes) lo irritan. Estamos, por lo tanto, bien orientados en el campo perceptivo del sentido de la vida, si tenemos en lo profundo la sensación física serena; bien temperada. En mi libro “El enigma del miedo” he mostrado que se trata aquí de una sensación similar a la del estar dormido, y que por lo tanto el sentido de la vida se inclina perceptivamente hacia aquellas partes de nuestro ser, que siguen sumidos en sueño aún cuando estamos despiertos. No tenemos que caer en confusión frente a la denominación “sentido vital”/sentido de vida, que de inmediato nos hace pensar en la vitalidad con el sentido usual de la lengua (estar despejado, activo, fresco). La sensación generalizada de fuerza y frescura, de hecho es transmitido en una parte esencial por el sentido de vida, resulta empero por la circunstancia que nuestra percepción es interior y nos comunica: aquí adentro todo está sereno, cálido y cómodo. Esta percepción brinda el fundamento para las percepciones resultantes de fuerza y frescura.

Del mismo modo como las flores, para elevar sus flores hacia el sol, deben hallarse arraigadas en tierra húmeda suficientemente cálida y mullida, del mismo modo aquello que percibimos como vitalidad en nuestra sensación física, bien temperada y serena y puede crecer desde allí en dirección a nuestro yo. Por lo general, la sensación de fuerza y frescura emana por la mañana, al cabo de un sueño reparador a partir de la esfera del sentido de vida, pero NO solo de ella. Hacia el atardecer, cuando nos tornamos lánguidos, desaparece esa sensación borboteante, sin que por ello se vea amenazada la seguridad básica transmisora del sentido vital. Estará amenazada recién entonces-presuponiendo un perfecto estado de salud física-cuando no hacemos caso a la necesidad de descanso, que en realidad es la necesidad de entrega a la esfera del sentido de vida (lo que equivale a la suspensión de todas las actividades consumidoras de fuerzas incluso las producidas por la conciencia), manteniéndonos despiertos artificialmente, o bien, despertándonos. Los demás sentidos físicos (tacto, movimiento, equilibrio) ya se encuentran en un estado de evidente aplacamiento, en ocasión del estado de cansancio ordinario. No así el sentido de vida.

Cuando nos entregamos a la languidez y la somnolencia, se halla en su específico elemento, dado que con ello reducimos a un mínimo los Procesos de desgaste , momento en el que pueden ocupar un primer plano los procesos edificantes-regenerativos. Recién frente a la fatiga y el hallarse consumido, o sea en ocasión de una sobre-explotación de las fuerzas vitales, se presenta una alteración de los sentido de vida, que significativamente a menudo se expresa de modo tal que a pesar de un cansancio muy grande no se puede conciliar el sueño. En ocasión del beneplácito quedarse dormido, el sentido vital asume la soberanía sobre el organismo sensorial en su conjunto. Es el sentido, cuya función básica no se altera en el cambio entre el estar dormido y el estar despierto. La sensación de fuerza y frescura es una comunicación del sentido de vida, irradiada a la vida anímica conciente, acerca del cúmulo de reservas de fuerzas latentes o sea, la constitución en el ámbito donde seguimos dormidos aún después de despertar, o bien, (lo que expresa lo mismo) donde a pesar del aumento de desgaste (por actividades físicas y espirituales en el estado de estar despierto), *siguen teniendo lugar procesos edificantes, revitalizadores (generación de fuerzas a partir de la región del estar dormido). Estos procesos edificantes se señalan en nuestra reflexiones como ordenadoras y armonizadores” (en contraposición al desgaste des-estabilizador), describiéndoselos como campo perceptivo del sentido de vida. *No nos referimos, por lo tanto, a fuerzas vitales des-controladas. Estas irritan al sentido de vida. La sensación de fuerza y frescura resulta por encima de ello, -como aún veremos- también de las influencias, que a partir del lado de la noche en primer término la percepción del tacto (de modo formativo-configurativo ) fundamentado en segundo término la seguridad del movimiento ( disolviendo/soltando-coordinando ), posibilitando en tercer término el equilibrio físico-anímico y el erguido estar parado y caminar ( iluminando-integrando ). Se trata por lo tanto, de una sensación de vida generalizada del sentirse descansado (por haber dormido) y del sentirse recuperado, que se compone de las percepciones de los cuatro sentidos físicos: bienestar (sentido de la vida), sentido de formas y envoltura (sentido del tacto), dinámica (sentido del movimiento), compenetración de la fuerza-luz erectora (sentido del equilibrio). Al sentido vital le corresponde dentro de este espectro, la percepción del cálido y sereno flujo de la vida (plenitud del bienestar).

Esta percepción de hecho participa esencialmente en la sensación general de fuerza y frescura. Todas las percepciones relativas al cuerpo por lo tanto están teñidos por el sentido vital, en tanto, que en ellas está contenido por el sentido vital, en tanto que en ellas está contenido la sensación de bienestar.

 

 

El estado despierto, positivo y sereno y el principio universal de la bondad

Rudolf Steiner nos dice: “Nadie puede comprender los sentidos, si no sabe que hay una posibilidad de sentirse interiormente como integridad”.

Son las primeras y fundamentales experiencias de integridad y continuidad que le debemos al sentido de la vida. Le brinda al niño en crecimiento, la sensación agradable del reposar dentro de sí mismo y la seguridad del permanecer junto a uno mismo. Esta vivencia de amparo y constancia, referido en un principio a la propia percepción física, es de máxima importancia para la vida futura. De ello depende no solamente la medida de nuestra confianza en nosotros mismos y en la existencia, sino tal, como lo hemos visto, también la cuestión que si mirando el curso de nuestra propia vida tenemos la impresión de un flujo de evolución/generación continua, o de un conglomerado fragmentario, incoherente compuesto por acontecimientos aislados.

Este sentido empero, no posee su maduración al comienzo de la vida –todo lo contrario. Observen a un niño en los primeros meses de su vida. ¿Qué le llamará la tención, dejando de lado todo romanticismo afectivo?¡El bebé se encuentra en una lucha tal con su cuerpo, que en el fondo sólo quiere dormir, para no tener que sentirse! No puede hablarse aún de un sentirse cómodo y a gusto. El cuerpo constantemente ocasiona molestias.

Al despertar los niños muy pequeños, sienten hambre o n desagradable rumoreo en sus intestinos, sienten frío, transpiran, o son atormentados por sus excrementos, o lo que fuere. De todos modos, su sensación corporal durante el estado del estar despierto es todo lo contrario a la comodidad. Recién cuando la madre hizo todo lo necesario para eliminar las percepciones corporales desagradables, llega la calma; el niño siente cansancio. Solamente durante el sueño, o junto al umbral hacia el mismo, los niños recién nacidos vivencian esa sensación de bienestar y comodidad, junto al cual puede orientarse el sentido de la vida.

Esta situación empero, afortunadamente experimenta un cambio. Si todo va bien, al cabo de unas semanas se presenta aquello que en el lenguaje evolutivo-psicológico se denomina el estado despierto positivo-sereno . Sucede empero con frecuencia cada vez mayor que el niño después de despertarse no comienza de inmediato a gritar, sino que balbucea en voz baja, juega con sus dedos y parece estar contento consigo mismo y con el mundo. Ese hecho nos muestra que el organismo (al que debemos aprender a comprender de modo superficial como organismo biológico, sino como organismo animado, pleno de alma, puesto que de otro modo lo malentenderemos todo) por un lado se ha adaptado a las condiciones de la vida terrenal y que por otra parte, a causa de ello se ha generado una sensación física positiva. Esa sensación posee dentro de sí un cierta constancia y confiabilidad, vale decir: no puede alterarse tan fácilmente a causa del hambre común, o un pellizco o una picazón eventual. Y otra característica significativa para un sentido de vida bien-maduro es la facultad a través de el transmitida: “sentirse interiormente como integridad” (R.Steiner). Esta orientación básica afectada al cuerpo soporta un grado relativamente elevado de afecciones, sin sufrir el quebranto. Donde en cambio estamos frente a trastornos del sentido de vida, el umbral de tolerancia al respecto, es mucho más bajo. Con muy poco se produce la pérdida de la orientación. Más adelante hablaremos del típico cuadro de los trastornos.

Por entonces, el niño pequeño ya ha aprendido que esta morada física, dentro de la cual al comienzo le desagradaba decididamente hallarse, puede ser un lugar cómodo y hasta del goce de un bienestar propio. ¿Cómo lo ha aprendido? ¿De qué forma sucede, que el organismo animado se acostumbra a las condiciones terrenales por las cuales, evidentemente se sintió sobre-exigido en un comienzo? La primera respuesta es lógica: por medio del cuidado que le han proporcionado al niño de modo tal, que tomaron en cuenta su bienestar corporal. Recalco a ese de modo tal para descartar desde un principio el error de suponer que con el obligatorio seguimiento de las disposiciones higiénicas y medicinales ya se haya cumplido con el cuidado del sentido de la vida. SI así fuese, como terapeutas de niño tuviésemos una gran cantidad de problemas menos, puesto que se puede cuidar al niño según todas las normas y des-cuidarlo a la vez. No, no se trata del cumplimiento del deber. Se trata en cambio, de que Ustedes se dediquen con todo el tiempo necesario y con vocación a esa misión cuidadora del cuerpo, nutriente y brindadora de calor. ¡Esta tarea debe ser llevada a cabo con real participación interior! Puesto que el cuidado del sentido de la vida de ningún modo es idéntico con cuidado del cuerpo. Aunque el mundo de vivencias del niño pequeño preponderantemente es su propio cuerpo –vive en el estado de la percepción del mundo transmitida por el cuerpo- pero el sujeto que vivencia y percibe así y todo, es un ser anímico, y como tal no reacciona en primer término frente al que , sino frente al como. Ustedes educarán al sentido de la vida, al hacer experimentar a su niño, la bondad en el cuerpo.

Por el hecho que el propio cuerpo se constituye en campo de experiencia para el principio universal bondad, de modo tal que el calor humano, la ternura, etc. Se participan al alma infantil en un principio a través del cuerpo, se genera recién aquella seguridad fundamental que conforma el medio adecuado para el sentido de la vida.

Y al mismo tiempo, encuentra una posibilidad de orientación la inclinación pronta a la imitación de lo bueno de la que hemos hablado.

R.Steiner afirmó cierta vez, que al comienzo de su camino de la vida cada niño posee la profunda e inconciente convicción de que el mundo es absolutamente mora (Estudio del hombre como fundamento de la pedagogía). Depende inmensamente mucho del hecho si esa suposición fundamental en los primeros meses de la vida encuentra una confirmación físico-sensorialmente experimentable, o no.

 

 

Ritmos de vida y confianza existencial

Para la práctica educacional es valedero entonces, que se le ofrezca al niño una ayuda para la maduración del sentido de la vida, al brindar la suficiente atención al cuidado del cuerpo del niño, el cariñoso contacto físico, la alimentación, el mantenimiento del calor y la vestimenta (tiene mucho que ver en relación al sentimiento existencial general aquello, que estoy llevando sobre la piel durante todo el día); dedicándosele a esta tarea una real entrega cariñosa. Esto requiere tiempo, paciencia, previsión y la facultad de llegar a la serenidad interior, a un determinado clima de devoción. Por supuesto, que no es posible permanecer constantemente dentro de este clima, pero ya se ha ganado mucho, si se lo logra de vez en cuando. Constituye de gran ayuda la adopción de ritmo con las tareas cotidianas –no meramente la forzada adopción de un ritmo por medio de los asuntos pertinentes a las tareas externas, sino la adoptada concientemente.

Así, por ejemplo se podrá planificar concientemente una media hora todas la noches, saliendo durante este tiempo no solo del vértigo cotidiano, sino también en lo interior, para poder dedicarse así íntegramente al niño; llevando a cabo cada tarea, por más pequeña que fuera, no como si fuese rutina, sino con real participación anímica, cada palabra que se pronuncia dirigirla con circunspección hacia el niño; y por lo demás permanecer en silencio. Ignorar el llamado del teléfono; evitar el divagar de los pensamientos y tomar conciencia, aunque fuese tan solo por esa media hora, que milagro es ese, de tener en brazos a ese pequeño ser humano. Si Usted intenta esto, en un ritmo impuesto por Usted mismo, todos los días a la misma hora, descubrirá muy pronto, cuan beneficioso es no solo para el niño, sino también para Usted. La relación madre-hijo experimenta a través de esos quehaceres cotidianos, que por el esfuerzo realizado en su implementación conciente cobran el carácter de ejercitaciones del alma, una profundización de largo alcance. Por supuesto, que lo mismo sucede con la relación padre-hijo. Todo ello cobra validez asimismo para el padre de otro modo entramos a una situación insostenible. No le podemos plantear a un madre de dos, tres o más hijos que debe ejercer una dedicación con devoción cuando tiene a su cargo todas las tareas del hogar y de la educación.

Hablando de ritmo: todo lo que usted hace para instaurar uno concientemente en la convivencia con el niño en el sentido recién mencionado; no sólo tiene la ventaja que Usted obtenga así una mayor calma y circunspección, sino que está integrado a su vez el cuidado pedagógico del medio ambiente, el cual cobra un efecto directo en el niño sobre los ritmos interiores de sus órganos. Así como sobre el ritmo del estar dormido y despierto, que a su vez cobra un efecto salutífero sobre los sucesos metabólicos. Estas son las relaciones que se tendrá que tomar en cuenta.

En su brillante libro “El ritmo y su significado para la pedagogía curativa” Roswitha Heinann cita a Ursula Müler con las palabras: El ritmo como momento de la contención interior significa que los sentimientos y estados anímicos se encuentren sujetos mediante un contenido de constante cúmulo interior”.

En el niño muy pequeño la regulación de los sentimientos y estados anímicos no puede ser separada de la regulación de los procesos metabólicos y para ello el ritmo es un factor regulatorio central. Al regularizar rítmicamente la vida con el niño y para el niño por así decirlo, le está impartiendo una enseñanza rítmica a la individualidad anímica-física, que quiere despertar a la conciencia de su contenido de constante cúmulo interior , o sea la conciencia de su yo. En el más amplio de los sentidos, el estar portado por ritmos de vida significa aprender a respirar. Esto no conduce a un fortalecimiento general de la constitución, tal como muy acertadamente lo afirmara Dieter Schulz en su trabajo titulado: “Aporte de ayuda temprana en pedagogía curativa” sino que además contribuye a que puede generarse una conciencia de la personalidad, o más exactamente aún una conciencia de continuidad personal.

En el proceso de la respiración nos conformamos en alma, expresó R. Steiner cierta vez.

El ritmo de corazón y respiración, que se va estabilizando paulatinamente en el curso de la infancia, conformándose en ritmo propio relativamente independiente del medio ambiente, conforma la base para la seguridad existencial y la auto confianza.

Es necesario para poder sentirse como integridad interior del mismo modo como se necesita par ello; asimismo al cuerpo físico. El convivir con ritmos de la naturaleza ya prácticamente no nos está concedido. Por ese motivo tenemos que introducir el principio rítmico en los medio pedagógicos. De esta forma favorecemos la maduración del sentido de la vida.

 

El niño intranquilo-nervioso

Recordemos: calma y devoción interior, son los conceptos con los cuales podemos describir con mayor certeza la postura anímica fundamental, por la cual debería estar portado todo lo que podemos hacer exteriormente con respecto a nutrición, entrega de calor, cuidado del cuerpo, ritmo y cuidado del sueño para la mejor maduración del sentido de la vida, porque de otro modo- y lo digo con todo esa crudeza- de podo vale todo lo que hacemos con respecto a cumplimientos exteriores, y no es necesario, recalcar que los contemporáneos estamos muy alejados justamente de esas cualidades de la calma ( tomarse el tiempo suficiente) y de la devoción interior. Todos Ustedes lo saben; y también yo lo sé, como padre de dos hijas. Entonces no asombra que trastornos/alteraciones en la conducta, que se deben al deficiente desarrollo del sentido de la vida, hoy corresponden a los problemas más graves, con los cuales tienen que confrontarse los padres, los maestros, los pediatras y terapeutas infantiles. ¿De qué problema se trata?

Como hemos visto, el sentido de la vida, ofrece tal como hemos visto garantía de una sensación existencial del reposar dentro de uno mismo, del amparo y de estabilidad. Mediante el mismo, el niño se vivencia como ser anímico contenido en el cuerpo, y como ser físico transpuesto por fuerza anímica. Transmite la experiencia básica de integridad física-anímica; el “estar compenetrado por bienestar” (Steiner); es el estado hacia la cual se orienta su expectativa (dinámica de meta) y con creciente seguridad de la orientación se eleva el umbral de la tolerancia frente a los cambios de estado, que van en contra de las expectativas. O, dicho más simplemente y a modo de imagen: un sentido de vida con un saludable desarrollo, puede diferenciar entre irritaciones pequeñas y mayores. Al anunciar dolor de vientre , de ningún modo se anula la percepción primaria de sentirse interiormente como integridad . Es por ello, que en ocasión de malestares físicos –siempre y cuando no sean demasiado graves – podemos tener la sensación de encontrarnos, así todo sobre un firme fundamento interior. LA PERCEPCION DEL SENTIDO DE LA VIDA PRIMARIA MUESTRA UNA ESTABILIDAD RELATIVAMENTE ALTA FRENTE A LAS PERCEPCIONES SENCUNDARIAS DEL SENTIDO DE LA VIDA (PERCEPCION DE MALESTARES).

Esto es el caso en los niños con alteración del sentido de la vida. Cualquier pequeño malestar revuelve de inmediato el fundamento existencial. El prestar atención, escuchar, al propio cuerpo genera sensaciones de angustia, excitación, malestar. Muy pocas veces les es dado a esto niño la vivencia del “estar transpuesto por bienestar”(Steiner) y comúnmente sólo entonces, cuando ya no tienen fuerzas de oponerse al cansancio. Durante el día es su ocupación principal ese rechazo del cansancio y de por sí, el rechazo, la oposición a todas las formas de serenidad y clama, puesto que durante ese estado de tranquilidad la conciencia es llevada, conducida al propio cuerpo; la percepción del sentido de la vida ocupa un primer plano y si los sentimiento que entonces se producen son desagradables, los niños comienzan a moverse excesivamente. A corres a charlar o a producir ruidos, a morderse las uñas a toquetear constantemente algo con los dedos, a hacer muecas, etc. Prefieren un entorno ruidoso, héctico, porque así se desvía su atención y si el entorno se calma, ellos mismos proporcionarán ruido y ajetreo.

A menudo, estos niños hasta desarrollan ticks nerviosos, por ejemplo toser o carraspear, parpadear o movimientos con la cabeza, retención de la respiración y similares. Todo esto está relacionado con el hecho de que constantemente tienen que emprender algo, para no tener que sentirse a sí mismo. Por supuesto que sienten una fuerte atracción por el efecto succionador de la TV que saca al hombre de sí mismo. Además de proporcionarse golosinas por todos los medios lícitos y no lícitos, para lograr así, aunque fuera por instantes, lograr la sensación de armonía físico-anímica, que no se les presenta sin esas manipulaciones; a menudo los padres se sobresaltan frente a la inclinación de esto niños a la masturbación (debiéndose tener en cuenta empero, que ese masturbarse infantil – a pesar de todas las afirmaciones al respecto NADA tiene que ver en la mayoría de los casos, con fantasías sexuales). Estos niños son torpes se lastiman constantemente; a menudo ostentan impulsos de movimientos agresivos y es sorprendente cuan poco perciben a su propio cuerpo dentro de ese ajetreo. Vemos a uno de esos pequeños desaforados con las rodillas sangrantes y ni se ha dado cuenta de la lesión; otro estuvo corriendo por la nieve con sandalias, su pies están morados pero parece no sentirlo. Este abandono del propio cuerpo y de todo aquello que incumbe el cuidado de la imagen de su presentación, es algo típico. Se puede hablar directamente de una facultad puesta en práctica, para ignorar o bien desconectar al cuerpo y la sensación física. Esa facultad compensatoria debemos comprender como reacción frente a un trastorno en la orientación del sentido de la vida. En la misma medida en la que se halla reducida la sensación física durante el estado de inquietud hiperactiva del movimiento, tan extremadamente se ven incrementadas las percepciones orgánicas durante el sereno estado del estar despierto . Es por ello que se lo evita a cualquier precio. Se trata de un miedo físico o más exactamente de un miedo de tener que prestar atención al propio cuerpo. Eso es lo que mueve al niño hiperactivo. Esto se arraiga en los primeros meses o años de vida. No pudo ser llevado a cabo ordenada y fehacientemente el mencionado paso evolutivo hacia el positivo estado del estar despierto con serenidad. Mientras el niño siguió creciendo, y se siguió desarrollando intelectualmente, y hasta en muchos casos ha superado intelectualmente a sus compañeros de la misma edad, con relación a su sentimiento de vida-básico, sigue estando en el estado del niño pequeño de la tortura constante de las propias percepciones físicas y las reacciones a las mismas, son en principio asimismo retrasadas de la época infantil. El movimiento descontrolado, el constante impulso de generar ruidos, la constante necesidad de amamantarse (sólo que en lugar de leche materna ahora ocupar su lugar la golosina). En la mayoría de los casos que conozco, además una necesidad afectiva cercana a la agresividad, frente a la cual las madres, con los nervios destrozados, retroceden en defensiva.

Vemos entonces, por un lado estos niños emprenden toda clase de cosas para no tener que sentirse; puesto que en ese sentido tienen experiencias desagradables. Y por otro lado, muchas de sus actitudes están orientadas a establecer aunque fuera temporariamente aquello que en ocasión de un desarrollo con salud, se constituye paulatina y naturalmente en bienestar físico y conforma la base para una vigorosa y sólida vida anímica y volitiva.

Aunque estamos frente a un cuadro aún inconcluso, sabemos entonces de qué tipo de trastorno de conducta en el niño se trata. Hablamos del así llamado síndrome hiperactivo.

Actualmente, la ciencia escolar está abocada en reconsiderar –afortunadamente- el término de disfunción cerebral mínima. Hablamos entonces de los niños nerviosos, no concentrados, intranquilos, con a menudo alto grado de inteligencia y mala integración motriz. Famosos como eternos perturbadores, sobre todo en ocasión de acontecimientos solemnes y festivos, temidos como insoportables charlatanes y ejecutores de tonterías, amados empero por su destacada inteligencia, la originalidad de sus dichos e impestuosos e inesperadas manifestaciones afectuosas con las cuales pueden obsequiar profusamente a los adultos que han logrado ganar su confianza.

Resumimos brevemente: por el hecho que estos niños carecen de la adecuada percepción primaria del sentido de la vida (sensación de bienestar) ya el mínimo malestar físico promueve una inseguridad tal, que desarrollan una alteración de la conducta del tipo nervioso-agresivo, causada por el temor corporal. Por motivos que en este lugar no pueden ser tratados. Son cada vez más los niños proclives a este problema, sin que por ello necesariamente los padres tuviesen que reprocharse errores en la educación u omisiones. De hecho, estamos frente alteraciones condicionadas por factores de la civilización, pero que hacen más necesario aún, la preocupación y búsqueda de las prevenciones pedagógicas más adecuadas. ¡ Al tomar en cuenta lo aquí hablado al respecto, Ustedes están realizan un trabajo para el futuro del niño!

Al prestar suficiente atención al cuidado del sentido de la vida, o sea todo aquello que es menester en los ámbitos de nutrición, abrigo, cuidado del cuerpo, contacto físico, vestimenta, ritmo y cuidado del sueño, acompañado todo ello con la correspondiente postura interior –al hacer todo esto ayudarán a su hijo no sólo a desarrollar la correcta confianza propio y existencial, sino que hay algo más aún- y con ello hemos llegado de nuevo a nuestro punto de partida.

Y eso, que hay que seguir viendo es, que el cuidado del sentido de la vida es asimismo, un parte provisional de la educación moral

 

 

El cuidado del sentido de la vida, como redención/liberación de la respiración

Hemos tomado en cuenta, que el ángel es la entidad que acompaña el destino, actuando en lo suprasensorial, vertiendo los impulsos de amor – o expresado más acorde con la época, las Facultades sociales – dentro del alma humana, queriendo crear para ello en los años de la infancia las mejores disposiciones, con ayuda de los padres. ¿Para qué facultades sociales el sentido de la vida conforma un fundamento? Antes de dar la contestación, tendremos que recordar – y de eso ya hemos hablado- que los niños, y también nosotros entran durante el estar dormidos a la esfera del ángel desde donde traen determinados impulsos, que no pueden ser explicados fehacientemente ni a partir de leyes biológicas ni a partir de leyes de evolución socio-cultural, que empero de otro modo no se harían presentes.

Permítanme aquí, una interesante acotación al margen: cuando el famoso filósofo existencialista Jean Paul Sartre, ya ciego y poco antes de su muerte dio la última entrevista. Hizo un balance de la obra de su vida y dijo entre otras cosas, que, como filósofo “había fracasado sobre el plano metafísico”; ¡Puesto que no había logrado descubrir, de dónde surgía la moral! ¡Dado que según su imagen humana ateista, en realidad no debería existir! Sastre era un espíritu recto y honesto; nuestro siglo sería mucho más pobre sin él y no sé porque en nuestros círculos fue tomado tan poco en cuenta y hasta fue degradado. En la entrevista mencionada pidió a sus sucesores, de investir el enigma de la moral. En esa misión estamos participando, al precisar la pregunta, bajo aspectos sicológicos-evolutivos: ¿De dónde proviene la afinidad, o bien, la inclinación proclive a la imitación del niño pequeño con respecto a la moral?

Arriesgamos una respuesta tal vez no actual, pero así y todo, exigida imperiosamente por la época actual: en esa afinidad se expresa la presencia supra-sensorial del ángel; constituye una memoria heredada (del ángel) que el niño ha traído de su existencia pre-natal, donde aún se hallaba unido al ángel. Y al retornar todas las noches a esa conjunción con el ángel, se renueva una y otra vez, ese clima de expectativa orientada hacia el bien.

¿Y mediante qué hecho experimenta esa renovación? Por un lado, por el hecho, que la entidad del ángel, a diferencia del alma humana, no tiene conocimiento del bien, o, puede decidirse por el bien, en esto o aquél asunto; sino que meramente es lo bueno, de modo que la entrada a su esfera transporta al alma humana a una esfera donde respira lo bueno, tal como sobre la tierra respira el aire. Siendo así, al retornar a la conciencia despierta en las condiciones terrenales, se nota algo así como una carencia un sentirse oprimido, puesto que aquel respirar anímico en los superiores es desproporcionadamente más libre y despreocupado que el terrenal. Durante el sueño el cuerpo y el alma respiran sincronizadamente; al estar despierto constantemente estamos padeciendo algo así como una asfixia muy en lo profundo nuestro y uno se va acostumbrando – pero existe y de ese estado de constante carencia y opresión latente surge algo conocido por todos y de lo que todos afirman, que no se sabe con exactitud de donde viene y hacia donde se orienta: me refiero a la nostalgia.

Nostalgia, en esencia siempre es nostalgia hacia el bien, hacia amor y amparo. Es por ello que aquella falta de aire, esa asfixia en lo profundo no sólo disminuye cuando estamos dormidos, sino también cuando recibimos o damos amor y amparo, al estar cerca de otras personas. Se realiza entonces un fragmento de la nostalgia primaria; y todo esto sucede en medida mucho mayor, con respecto a los niños pequeños. La sensación de carencia y opresión que traen consigo –relacionada con ese clima de expectativa orientada hacia la bondad- del sueño, se resuelve, al experimentar esa bondad en cuerpo propio.

De ese modo, paulatinamente crece la confianza, que las pérdidas relacionadas con el nacimiento físico, con la separación (en un principio, física) pueden ser solventadas a través de la aproximación y el cuidado puesto en práctica por otros seres humanos. Lo primero que allí viene al caso, es que deberá ser reemplazado su entorno prenatal, a través de una sensación de sentirse cómodo dentro de su cuerpo. Y eso es posible únicamente si en el modo como el cuerpo es tratado por quienes cuidan al niño, algo le recuerda a ese lugar en el seno materno que ha perdido. Ese es el misterio más profundo del sentido de la vida. Si está saludablemente desarrollado se amengua constantemente esa sensación de nostalgia de opresión y carencia, que de otro modo se dispersa únicamente en el sueño profundo. Y eso se debe al hecho, que el sentido de vida no actual meramente como órgano perceptivo para los estados del cuerpo, tal como se lo representa comúnmente, sino quisiera afirmar: como mensajero de las experiencias de bondad y amparo insertos en el cuerpo etérico.

 

Educación y auto-educación: La tolerancia

Con todo ello, son Ustedes queridos padres que embeben la estructura de las fuerzas plasmadoras del niño con amor, creando así el medio para el sentido de la vida, dentro del cual puede orientarse. Pero no son solamente Ustedes. Ustedes solo no podrían lograrlo.

Desde el otro lado, colabora el ángel. A él no sólo se debe, que sus intentos tengan una ilimitada receptividad dentro del alma infantil frente a sus testimonios de amor, aceptándolos y respondiéndolos; para finalmente internarse casi a modo de juego dentro del clima anímico de orientación hacia los seres más débiles cuidándolos, consolándolos, protegiéndolos. Es por encima de ello la obra del ángel que el niño se acostumbre a las condiciones terrenales, adaptándose relativamente pronto a las nuevas condiciones que en un comienzo le fueron ajenas.

Digamos: el niño experimenta la bondad en el cuerpo desde adentro (por la noche) a través del apoyo vigorizante ordenador del ángel, quien de ese modo no sólo fomenta la maduración de los órganos, sino también del sentido de la vida. Y desde afuera (durante el día) son Ustedes los que apoyan esa obra del ángel, a través de sus actos de cuidado y preocupación.

¿Qué tiene que ver empero todo eso con educación en lo moral y competencia social? ¿Para qué facultades correspondientes, el sentido de la vida conforma fundamento? Podemos deducir directamente la respuesta de lo hasta ahora dicho: El sentido de la vida como condición previa a su vez para la paz interior, armonía, la sensación de integridad. Ejemplo: el sentirse mancomunado con uno mismo, es a su vez el sentido mediante el cual el cuerpo se constituye en el portador de la memoria de la bondad y el amparo experimentados y entregarse a los climas anímicos del ocio el recogimiento interior o la serena contemplación; en definitiva los climas anímicos contemplativos . Uno debe poder reposar dentro de sí mismo, para poder escuchar y tener paciencia para que algo o alguien pueda actuar sobre nosotros mientras que lo seguimos con interés. Interés expectante y paciencia, devoción/recogimiento y ocio, son éstas las facultades que pueden ser desarrolladas sobre la base del sentido de la vida.

¿Se dan cuenta de algo? Correcto: estamos hablando de las mismas facultades, o bien, posturas interiores a la cuales, tal como lo constatáramos, tiene que apelar el educador, para poder actuar correctamente sobre el sentido de la vida del niño. Y con ello estamos frente a una ley pedagógica: Ustedes fomentan el sentido de la vida del niño, haciendo valer pedagógicamente las facultades anímicas que Usted ha recibido sobre el fundamento del sentido de la vida. Lo mismo vale para todos los demás sentidos fundamentales: es siempre la cualidad en el adulto, metamorfoseada hacia lo anímico, que actúa salutíferamente sobre la correspondiente cualidad primaria en el niño (orientación dirigida al cuerpo). Por lo tanto, Ustedes no deberán esperar que su niño frente al ejemplo de paciencia, recogimiento, y bondadosa calma, de inmediato se conforme en un ser paciente, devoto, y bondadoso, Sería totalmente equivocado y además pedagógicamente pernicioso, ¡puesto que las falsas expectativas poseen sus consecuencias! Colabore empero, para crear un fundamento para que el niño que ahora vivencia en Usted una postura interior como algo eminentemente confiable, pueda ir desarrollando eso mismo (y sobre todo quiera hacerlo) a partir de sí mismo.

Y así queda contestada la pregunta, acerca de la facultades morales futura hacia las cuales mira el ángel, y deberían mirar también Ustedes. Recogimiento, ocio, expectante atención, paciencia – todas ellas, son facultades inmensamente importantes en el ámbito inter-humano. Podremos escuchar a quien está a nuestro lado, comprenderlo dentro de sus cualidades diferentes a las nuestras, aceptándolo, mostrando un auténtico interés por él, al hallarse frente a él – apostado firmemente sobre la base propia, con una orientación de vida confiable que a través de una calma interior y serenidad forman parte de la estructura de nuestra persona.

Ya he mencionado, que el sentido de la vida a un nivel superior, se presenta como sentido para la identidad y continuidad biográfica, o sea, como sólida auto-conciencia. Esto es necesario para el logro de las nombradas prestaciones, que requieren una determinada medida de abnegación .

Solo podremos mirar a nuestro lado, al estar anclados firmemente en nosotros mismos. De otro modo, el dejar de tomarnos en cuenta, producirá miedo y ese temor inducirá luego al hombre de retornar a sí mismo, con una determinada premura e intolerancia, buscando amparo dentro de los propios prejuicios, hábitos, simpatías y antipatías preestablecidas, puesto que de otro modo se genera una sensación tal, que a través de la incondicional entrega al otro se diluyesen las fronteras, los límites, entre el yo y el tú. Ese hecho psicológico es mal-interpretado por las escuelas espirituales, que menosprecian al yo. Repetimos: sólo una conciencia del yo fuertemente fundamentada sobre sí misma, posibilita un real desprendimiento de uno mismo.

Al buscar entonces un concepto regente , para todas las cualidades inter-humanas mencionada. ¿Qué podríamos elegir? Yo creo, que el más adecuado sería el término de tolerancia activa . La tolerancia activa no es otra cosa que el no sólo aceptar, sino querer comprender el ser diferente del otro, sin prejuicios, con interés, paciencia y buena disposición; para sí poder valorar su modo de ser individual y su modo de actuar. De esta facultad carece actualmente casi toda la humanidad: todos padecemos en mayor o menor medida las consecuencias de una alteración del sentido de la vida.

Cuan trabajosamente tenemos que conquistar la virtud de la tolerancia a través de una larga auto-ejercitación, después de haber tomado en cuenta su importancia, a través del pensar. El secreto evidente del sentido de la vida podría empero ser algo que ya podríamos colocarle en la cuna al niño, en el caso que podría imponerse como norma educativa que se sobreentiende, o por lo menos, la inclinación hacia la tolerancia .

Más adelante veremos, que de hecho hace falta algo mas que una buena orientación del sentido de la vida, para poder desarrollar un auténtico interés de la participación comprensiva del aspecto de la tolerancia, se basa sobre el sentido de la vida.

Resumimos entonces: el sentido de la vida conforma la condición previa para que posteriormente puedan ser desarrolladas las facultades del ocio, el recogimiento interior y de la paciencia. En el ámbito social-interhumano; de allí se genera la virtud de la tolerancia activa que nos faculta a aceptar y a valorar realmente a nuestro prójimo, al Tú con todas sus cualidades propias.

Podemos anotar entonces, quiere implantar las facultades del recogimiento y de la paciencia dentro de la calma/serenidad orgánica, cuestionados por el sentido de la vida, la cual se inserta en lo anímico a modo de confianza existencial para que así se genere la virtud social intrínseca de la tolerancia.

Ayudamos al ángel en ese emprendimiento al tomar en cuenta, que el niño en esos primeros años de su vida tiene que desarrollar fundamentalmente confianza física . En todo lo que hacemos al respecto, debería palparse el recogimiento, paciencia y bondad para con el niño, como parte del futuro, llevado al presente. Para ello, podemos confiar en la inclinación del niño hacia esas cualidades, a través de la imitación. Cuando su niño se encuentre llamativamente inquieto y nervioso, y Usted lleva esa relación de ideas regularmente a la noche, conjuntamente con el sincero pedido de ayuda, notará que paulatinamente algo se irá cambiando en Usted; notará que se le torna más fácil y natural de llevar a la práctica sus conocimientos al respecto. Esa nueva sensibilidad frente a las situaciones, que al comienzo hemos llamado tacto pedagógico, se hará presente y puede afirmarse asimismo una especie de instinto de hacer lo apropiado a su debido tiempo, con una seguridad interior que se participa al niño.

En los niños inquietos y nerviosos se halla interrumpido o alterado el contacto hacia su ángel, y es en aquel lugar donde el ángel quiere preparar el campo del cual emergen las facultades del recogimiento y la paciencia, que encuentran su expresión más madura en la virtud de la tolerancia. Y el ángel no puede aproximarse lo suficientemente al niño a ese respecto. Los motivos pueden ser múltiples, Ustedes no necesariamente deben sentirse culpables. Es importante que sepan en sus manos está contribuir a que en el lugar en cuestión paulatinamente se restablezca la relación del niño con el ángel, y a ello pertenece además de todo lo hemos dicho, que fortalezcan en sí mismos a través de la correspondiente auto-educación las cualidades anímicas para las cuales hay dificultades de formar una base en su niño: paciencia, recogimiento, ocio, son las virtudes que Usted necesitará para el trato de su niño con alteración en su sentido de la vida. Y hasta necesitarán aquello hacia lo cual apunta según la voluntad del ángel, la maduración del sentido de la vida: Tolerancia. Quien en su hogar posee uno de esos pequeños espíritus inquietos, me dará la razón. Nada se logra sin tolerancia (sobre todo frente a problemas tales como surgen del trato con niños así en la vida cotidiana) Puede parecer paradójico, pero, para subsanar un trastorno en el sentido de la vida, en un comienzo es menester tolerarlo. Puesto que ¿Cómo podrían Ustedes tener paciencia y sentir recogimiento, si durante todo el día sólo estuviesen enojados por el hecho que su niño es así como es y no como quisiéramos que fuese.

Lo primero que debemos hacer es aceptar al niño inquieto, tal como es, en nuestro interior, poniéndonos de su lado. Luego puede seguir todo lo demás. Para el ángel Ustedes serán colaboradores aceptables, únicamente cuan el emprendimiento pedagógico es desinteresado; cuando no se trata por ejemplo de su reputación de buenos padres que quieren mostrar un hijo ejemplar. Ni tampoco del hecho de deshacerse del constante enojo y las peleas, se trata únicamente del niño y de cómo apartar de él la aflicción y evitarle dificultades previsibles y limitaciones. Aunque este pedido posee validez general deberá ser tomado en cuenta especialmente para niños inquietos, para ellos es sumamente importante que las ayudas que se les ofrecen parten de una postura tolerante.

3. Siguiendo los rastros del sentido del tacto

La piel como órgano sensorial

Llegamos así, a los demás sentidos basales y los problemas de desarrollo de los mismos.

Observaremos en primer término al sentido del tacto, preguntándonos: ¿Qué impulsos sociales, interhumanos, o si se quiere religiosos quiere el ángel predisponer, engendrar dentro del niño, colaborando en el desarrollo sensorial del tacto?¿ Y de qué forma participa?¿Qué problemas se presentan si en ese lugar se ha menoscabado el contacto del niño hacia su ángel? En primer lugar debemos saber que el sentido del tacto abarca mucho más que el solo hecho de diferenciar mediante el tocar con la mano, si un objeto es blando o duro, áspero o liso. Con ello abarcamos tan solo un pequeño fragmento. ¿Cómo es posible, que podemos reconocer un objeto a partir de las cualidades de su superficie? La respuesta lógica es por el cojo de que tenemos sensibilidad en las manos. ¿No es esta empero una respuesta poco contundente? ¿Dónde exactamente se radica esa sensibilidad, que viene aquí al caso? ¡La tenemos dentro de la piel! Y como bien se sabe, no sólo las manos están rodeadas por la piel. Todo nuestro cuerpo está rodeado por la piel. Lo que, en principio, podemos con la punta de los dedos, también lo podemos con cualquier lugar de nuestro cuerpo; y a menudo mejor aún. Seguramente que alguna vez han tenido la experiencia de tener en su mano algún objeto que le agradó tanto tocarlo que sintieron el impulso de vivenciar esa sensación agradable con mayor intensidad aún. ¿Y qué hicieron? Presumiblemente han llevado el objeto a al mejilla, o al cuello frotándolo allí suavemente. Las mejillas y la curva del cuello son lugares excepcionalmente sensibles al tacto así como la lengua y los labios, los lados interiores de los muslos, así como la espalda entre los omóplatos. En fin, toda la superficie del cuerpo, o sea la piel, es el órgano sensorial del tacto. Existen lugares más o menos sensibles pero en general, es la superficie corporal completa a través de la cual tenemos vivencias del tacto constantemente. En el agua al bañarse, tenemos una vivencia del tacto de todo el cuerpo. Tenemos una vivencia del tacto cuando el viento nos sopla a al cara; durante todo el día tenemos una vivencia del tacto por el hecho que usamos ropas. Tenemos una vivencia del tacto en la planta de los pies al estar parados o al caminar; en los brazos al apoyarse, o en la espalda. Y hasta tenemos vivencias del tacto constantemente al hablar al tocar la lengua los dientes y el paladar: Y tenemos una pequeñísima vivencia del tacto al pestañar. ¡Prestemos atención a ello! Toda nuestra vida está transpuesta constantemente por vivencias del tacto. Tendría como consecuencia una amplia pérdida de orientación. Es casi imposible pensarlo, tratemos empero hacerlo: no sentimos absolutamente nada al tocar un objeto o cuando alguien le da la mano; cuando comen un pan o una manzana- ni pueden comprobar si en su boca tiene líquido o sólido; no sienten nada bajo sus pies al estar parado y al caminar – ninguna base firme, ninguna superficie- nada.

De hacho, no es imaginable en que condiciones nos hallaríamos. Para más, no hemos tomado en cuenta las consecuencias de una situación así.

La característica de la percepción del tacto

Al respecto, dos importantes acotaciones al margen. Nos hemos preguntado cómo es posible que a través de la mano – podemos precisar ahora, mediante contacto con la piel- podemos identificar un objeto, o bien una sustancia. La respuesta es porque toda la superficie física humana es un delicado órgano perceptivo, porque tenemos sensibilidad en la piel. A respecto tenemos que tener en cuenta en primer lugar: cuando en un ambiente absolutamente oscuro toco un objeto que es redondo, fresco y liso, sólido pero no duro y constato, que se trata de una manzana, en esas fracciones de segundos tuvo lugar algo entre el contacto y la primera toma de conocimiento. ¡ah, una manzana! Tuvo lugar algo que ya nada tiene que ver con la mera vivencia del tacto. Podemos representarlo al vivir nuevamente la situación en el ambiente oscuro, suponiendo empero, que nunca antes hemos visto ni tocado una manzana. Por lo tanto, la manzana sería una cosa absolutamente desconocida. Es lógico: ni el tocarla más asiduamente nos ayudaría bajo tales circunstancias a identificar esa cosa como manzana. Pero hay otra cosa más. Tocamos ese objeto desconocido y constatamos: redondo, con un hoyo en su parte superior, liso, etc. Se trata de descripciones cualitativas, evaluaciones. ¿es el sentido del tacto que lleva a cabo tales evaluaciones? Por supuesto que no. Las impresiones transmitidas por el sentido del tacto constituyen la iniciativa, el proceso de la adjudicación de las cualidades como tales empero no forma parte de la vivencia del tacto, siendo en cambio un efecto de la conciencia, que parte de esa vivencia del tacto. Unicamente por el hecho que captamos contextos, relacionamos experiencias similares, nos nutrimos de un fondo individual de memorias, en fin, podemos complementar la percepción mediante el pensar, nos es posible coordinar una serio de impresiones del tacto, como cualidades de un cuerpo. R.Steiner afirmó que se trata de “cualidades del sentido del tacto, que adjudicamos a los cuerpos”. Con otras palabras: Tenemos una impresión del tacto y vivenciamos esa impresión promovida por un contacto, dentro de nosotros mismos. Lo vivenciamos como acontecimiento físico acompañado por el sentimiento anímico, vale decir, que notamos un cambio interior de nuestro sentir y la “proyectamos al espacio exterior” (Steiner). Eso es lo segundo que tenemos que tomar en cuenta. Cito nuevamente a Steiner: “El hombre toca un objeto con su piel”. Aquello que tiene lugar para que tenga una percepción del objeto al cual toca, eso, por supuesto acontece dentro de la piel, dentro del cuerpo. Vale decir, el proceso del tacto acontece dentro del hombre”. Dicho de otro modo, la percepción del tacto es una resonancia interior como respuesta al contacto físico –inmediato del mundo exterior. Mediante el sentido del tacto constatamos en primer lugar el ser tocado como tal, el rozamiento con el mundo material exterior, mediante lo cual tenemos una vivencia de límite; y en segundo lugar – y eso es el lado más sutil del proceso, todo el cuerpo reacciona como un equipo de resonancia a los diferentes matices del ser tocado y vivenciamos las oscilaciones con nuestra alma que pasan por nuestro organismo de manera diferente, según la impresión recibida por algo áspero o liso, puntiagudo, duro o blando. Es importante para la comprensión del sentido del tacto, recordar esto: la vida anímica participa en un cambio de estado fisiológico. Las impresiones correspondientes luego son captadas por la conciencia del modo mencionado y reflejados al espacio exterior hacia los objetos. Al tacto (cuanto más sutil la vivencia, tanto más) el alma escucha atenta la música, que el mundo exterior ejecuta sobre el instrumento del cuerpo. Contactos burdos generan acordes sordos, o tal vez cuando son desagradables o hasta dolorosos, estridentes disonancias, mientras que los contactos delicados o plenos de sentimiento se propagan agradablemente hacia el interior bajo una condición: de nada vale toda delicadeza, si los objetos con los cuales tenemos contacto, son exentos de cualidades. El material plástico no produce oscilaciones ni agradables ni disonantes, sino que en el alma se expande la sensación del Nada, una vacío angustioso. Es como si expectante se tocase la cuerda de un arpa y no se escuchara nada. Por cierto, que en el sentido del tacto esto se lleva a cabo de modo diferente que en el sentido auditivo – en la subconciencia, pero obra su efecto. Con ello, de ningún modo quiero entonar una indefinida cantinela del retorno a la naturaleza. Hay aspectos de protección del medio ambiente que hablan en Pro de la producción de material sintético. No podemos por ejemplo, eliminar sin restricción nuestras reservas boscosas, sólo para fabricar todo de madera. Se trata de un problema complicado donde no hay salida con puntos de vista fundamentalistas. En las habitaciones de los niños empero, de hecho no corresponde que esté presente el plástico. ¡Allí sí es conveniente la observación de un determinado fundamentalismo ¡ Si se lo obliga al niño a permanecer constantemente bajo el alumbrado de neón con su titilar, ese niño al cabo de poco tiempo acusará trastornos de vista. Y cuando al niño se entregan solamente o preponderantemente juguetes de plástico y se le obliga a usar prendas con hilado sintético, favorecemos la alteración del sentido del tacto. Favorecemos además – dicho sea de paso - una alteración del sentido de la vida, puesto que ambos sentidos se hallan estrechamente unidos.

El estar compenetrado con la intuición divina

Cuan inauditamente importante es que nuestros niños tengan suficiente oportunidad de formar su sentido del tacto con materiales y sustancias naturales; lo apreciaremos al escuchar una vez más a R. Steiner: Ha señalado, que la sutil percepción del tacto, tal como ya la hemos planteado como suceso de resonancia físico anímico, posee dos aspectos. Ya hemos conocido un aspecto como contacto con los múltiples matices de la piel con el mundo exterior, lo cual nos faculta introducirnos íntimamente a los fenómenos del mundo, pudiendo diferenciarlos. En definitiva, allí radica nuestra posibilidad de adjudicarles cualidades a las cosas, o sea diferenciarlas y poder constatar que el mundo de los objetos está membrado en las distintas cualidades existentes. Pero por encima de ello, en ocasión de la percepción del tacto tiene lugar algo más; algo fundamental: lo que con el sentido del tacto percibimos como aspereza o lisura, dureza o blandura, es lo que irradia hacia fuera” dice Steiner. De eso ya hemos hablado. Lo que empero, irradia hacia el interior todas las impresiones del tacto, por más dispares que fuesen, formada la percepción, “quedando en lo absolutamente inconciente”, es señalado por Steiner, como el estar compenetrado con la substancialidad general del universo, al estar compenetrado con el Ser, como tal”. Si lo interpreto bien a Steiner aquí está hablando del lado oscuro de la materia. Tenemos conciencia de la existencia de un mundo exterior material únicamente por el hecho de que nuestro sistema nervio-sensorial está organizado de modo tal, que nos sintamos como seres individuales, aunque relacionados con todos los seres y las cosas del mundo, pero asimismo, diferente a ellos. El aspecto externo del fenómeno materia es la experiencia transmitida a través del sentido del tacto del propio estar limitado, mediante lo cual recién nos es posible “constatar el ser del mundo externo” (Steiner). De este lado del límite estoy YO. Del otro lado del límite está lo OTRO. La piel es el lugar, donde lo otro me toca. El contacto es percibido mediante el sentido del tacto. Así se genera el cisma: Yo-mundo, la conciencia de dualidad como conciencia del ser diferentes del resto de la creación. Recién por el hecho que me he apartado del mundo exterior y en un principio en relación puede confrontárseme como mundo de objetos. Recién por el he

Todos los demás pasos de autonomía anímicos y espirituales, son posibles únicamente sobre esta base. Constatamos por lo tanto a través del sentido del tacto, la existencia de un mundo exterior material, ajeno, hacia el cual guardemos distancia para poder mantenernos frente a él, como seres propios. Ese es el aspecto extremo de la materia. Nos sentimos deferentes al resto de la creación. Luego empero está el otros aspecto, el oculto, del sentirse relacionado, mediante el cual la distancia puede ser nuevamente allanada pero no anulado. En cada vivencia del tacto (Steiner)”irradia el alma” un sentimiento del ser tocado en lo más profundo por la fuerza creadora que subyace a todo ser material, de la cual se han ido diferenciando toda la multiplicidad de los fenómenos del mundo; podría hablarse de una “substancialidad ante rem” de la vivencia que existe algo, de lo cual sen generado las cosas, “lo que compenetra a todas ellas, lo que también entra a nosotros, lo que nos sostiene y nos porta”. Finalmente, Steiner denomina ese algo, la sustancia divina y señala la correspondiente experiencia sensorial suprasensorial como el estar compenetrado por la intuición sentimiento de lo divino.

Deberíamos intentar interpretar esto, con la mayor sencillez sin molestarnos por la elección de estas palabras tal vez inusuales. Al establecer el entendimiento con el mundo mediante el modo de una delicada percepción, no tenemos tan solo la simple vivencia del límite; tampoco únicamente las impresiones sustanciales diferenciadas, que hemos comparado con percepciones de sonidos, sino que por encima de ello tenemos un encuentro inmediato con el fundamente arquetípico del ser, que se lleva a cabo muy en lo oculto.

Allí somos tocados por la Realidad , que subyace a todos los fenómenos individuales realizados, “lo que en sí es“ (L¨étant) en J.P. sastre, quién quiso demostrar “el vacío (nada) en el corazón del ser”, mientras Steiner – no como filósofo, sino en el camino de la investigación sensorial – constata justamente lo contrario, o sea, el encuentro con el ser como tal dentro del corazón de todo lo perecedero de lo existente (dado a la percepción sensorial externa). Una respuesta filosófica a la metafísica de sastre que se pierde en el vacío ; podría surgir de una profundizada comprensión del fenómeno del tacto. Soy de la opinión de que el apoyo por una psicología perceptiva y volitiva espiritual ya no es factible una filosofía fructífera.

Sentido del tacto e interés por el mundo: diferencia-resonancia – evidencia

El sentido del tacto, mediante el cual constantemente tomamos contacto de la manera más burda con el mundo exterior (Steiner), por otra parte- y como hemos visto – actúa en lo oculto como el sentido que nos lleva a un contacto inmediato con lo espiritual inserto en lo material. Dentro de la vivencia interior esto se manifiesta en la misma medida en la cual el sentido del tacto ha madurado constituyéndose en instrumento perceptivo, mediante el cual no solamente experimentamos la existencia de un mundo exterior (objetivo), sino, por encima de ello sentimos/palpamos a ese mundo en su ser diferente y sus cualidades substanciales de modo tal que podemos hablar de una evidencia, vale decir, de una plena seguridad. Como ya hemos visto, esta no se adquiere pensando; el pensar aislado no nos brindaría seguridad alguna con respecto al mundo de los objetos. Todo lo contrario: el pensar claro, que capta la esencia de las cosas es posible únicamente, cuan ya ha tenido lugar la identificación propiamente dicha en las capas más profundas del alma. Al preguntarnos, de qué modo se lleva adelante ese proceso, en primer lugar tendremos que tomar en cuenta aquello que hemos dicho acerca de los tres aspectos del descubrir el mundo a través del tacto, que podríamos resumir de la siguiente manera: primero, la vivencia del límite (conciencia de los objetos). Segundo, la resonancia (provocado por percepciones a partir del vibrar físico, que es retornado hacia las cosas, a modo de caracterización de cualidades). El tercero, la evidencia (descubrimiento del ser como tal) Aquí, la secuencia se corresponde con la profundidad de la vivencia. Aunque todo el suceso se lleva a cabo en el interior del hombre y debajo del umbral de la conciencia, la vivencia de la diferenciación empero se lleva a cabo en la periferia, oscilando/vibrando la resonancia entre el interior y el exterior. Y la evidencia (intuición divina) en lo absolutamente oculto. Y solamente por esa razón, querido padres, porque de ese modo y mediante el sentido del tacto, el mundo de los fenómenos en principio ubicado afuera, es llevado nuevamente a la profunda participación dentro de la experiencia – porque, dicho de otra manera, la piel en tanto y cuanto la vivenciamos como envoltura, como límite, para nuestra conciencia no solamente se conforma en mundo exterior, sino que se orienta hacia ese mundo; asimismo, como finísimo órgano perceptivo y nos posibilita a captar la realidad sensorial dentro de un viviente pensar. Sin ese asegurarse de lo existente mediante el tanteo, no tendríamos una referencia de la realidad. Exterior e interior se mezclarían en desordenado torrente – como de hecho sucede en niños muy pequeños que aún no fan formado el sentido del tacto. No podría ser desarrollado ni una capacidad representativa, ni tampoco ninguna clase de comunicación, puesto que todo ello exige la distancia contemplativa y esta se lleva a cabo como actividad Establecedora de contacto a partir del no estar ligado. Dentro del proceso del tacto tenemos la imagen arquetípica de los acontecimientos creadores de comunicación y acercamiento, la forma básica de toda clase de entrar a conocerse y tomar conocimiento. Tantear equivale a identificar lo desconocido como desconocido, pero al mismo tiempo registrar cuidadosamente se esencia, su peculiaridad. Por supuesto, que aquí no estamos hablando del lado intencional de la vivencia del tacto. La postura conciente más estrechamente vinculada a ello, es el interés , la atención participativa. Al suceder así, podemos afirmar, que el sentido de tacto está actuando a modo de maestro, fuera de su propio ámbito. Vale decir, el auténtico interés es un impulso del tacto retenido, sublimado- o sea, elevado a un plano superior, refinado. Eso lo tenemos que tomar muy en cuenta.

 

Estudio del hombre y práctica educativa

Estimados escuchas podría entenderlos si ahora tuviesen la sensación de una sobrecarga teórica. Créanme empero, que para la vida práctica y sobre todo para la práctica educativa en muchos sentidos puede ser muy fructífero de mirar a fondo las funciones del tacto, en una medida más amplia de lo habitual. Las cosas deben ser captadas en su real alcance. Quien trata el cuidado basal de los sentidos como mera cuestión social o anímico-higiénica desvirtúa su importancia. Mucha gente en algún momento leyó algo, o escuchó algo acerca del tema deduciendo como quinta esencia, que el cuidado general del cuerpo es importante asimismo para el bienestar anímico de los niños y para sus relaciones con otros niños. Por supuesto, eso es verdad. Pero con el problema de los sentidos del cuerpo tiene que ver tanto, como la pulcritud del cuello de la camisa con la solución de un trastorno del tragar un poco más tal vez, pero realmente poco. Ya les dije con relación al sentido vital: de nada sirve higienizar a los niños rutinariamente como norma. Primero toca la limpieza del piso de la cocina, luego la palangana, luego el perico. Una piel que está siempre con sus poros limpios resta mucho de ser un órgano del tacto bien desarrollado. Las cosas de las que hoy hablamos poseen una profundidad mucho mayor y cuando se habla superficialmente de cosas profundas, sale algo erróneo. La información que se les suministra de un modo tal, que se descuenta su ignorancia, en realidad los pone bajo tutela. En la pedagogía empero, Ustedes queridos padres, son los responsables principales. Y lo considero muy problemático, si justamente los principales responsables son mantenidos alejados de los procesos cognitivos decisivos, o lo que lamentablemente también suele suceder- por comodidad se conforman con recetas pre-establecidas.

 

En mi consultorio experimento a diario, que mucho depende si logro impartir mis consejos de modo tal (para los padres con respecto a sus hijos) se trata de ejercicios prácticos que deben llevarse a cabo regularmente basados sobre el estudio del hombre que se genere la transparencia necesaria, para que aquello que luego debe llevarse a cabo en el hogar, se practique a partir de una determinada aprobación emanada de la comprensión. De hecho, esto exige un despliegue de tiempo y esfuerzo por ambas partes; pero evidentemente ese despliegue vale la pena ser realizado, puesto que los ejercicios y prácticas se llevan a cabo tanto más disciplinado, cuanto mejor hayan sido comprendidos. Y más aún, cuando las madres y padres van acostumbrándose al modo de ver las cosas a partir del cual surgen los consejos, poco tiempo más transcurrirá para que se hagan presentes en el consultorio para percibir mis propuestas como confirmación de aquello acerca de lo cual ellos mismos han reflexionado ya. Con respecto al sentido del tacto, aquellos que en mayor medida son responsables por su cuidado, deben conocer en primer término, los conceptos que hemos agudizado llegando entonces a diferencia, resonancia y evidencia, o sea , la importancia y el significado de la vivencia del tacto con respecto al aseguramiento de la existencia y la realidad. Captar la capacidad de discernimiento referida a calidad, así como la fuerza representativa plena de vida; y saber en segundo lugar, que el interés como postura anímica de la pregunta y el asombro; es un impulso del tacto sublimado. Recién al tomar en cuenta todo esto, comenzaremos a comprender, hacia donde apunta en realidad el cuidado del sentido del tacto – qué persigue el ángel del niño, cuando del otro lado, el lado de la noche, participa en el dar forma al recipiente del sentido del tacto , que bien podríamos denominar a su vez, sentido de la realidad . ¿Qué facultad social con orientación al prójimo, debería ser vertido allí? ¿Qué debe ser tomado en cuenta pedagógicamente para darse cuenta de trastornos/alteraciones en el desarrollo del sentido del tacto y poder brindar la ayuda correspondiente?

 

¿Qué quiere decir comprender…”?

Permítanme algunas acotaciones al margen, antes de abocarnos concretamente a esta pregunta- con respecto a la acotación vertida anteriormente y que sostenía, que el sentido del tacto conforma la base para que podamos captar la realidad sensorial, dentro del pensar pleno de vida. Seguramente habrán notado que estoy hablando de un pensar pleno de vida. No estamos refiriéndonos a la lógica objetivizante exenta de relación que se ha impuesto en las ciencias naturales y en la filosofía con orientación a estas, que aunque merece nuestro mayor respecto, a menudo se vale de Satanás para echar al diablo. Puede ser útil, en la búsqueda de una concepción espiritual del universo, guardar una determinada disciplina al respecto mintiendo alejados por ejemplo las preferencias o antipatías personales, de una formación de criterio. Sin ocasionales tomas de conciencia en los fenómenos tal como se muestran frente a la extralimitación aunque nos saca de la ambigüedad de las opiniones meramente anímicas, llevándonos por otra parte nuevamente a algo irreal, casi podría afirmar, fantasmagórico, a saber, el ámbito muerto, de la intelectualidad exenta de vida y de alma. Allí, de todos modos juega un rol secundario para la evolución de fenómenos naturales, de qué modo estos se participan a nuestros sentidos, puesto que cualquier clase de percepción subjetiva es tomada como in-servible para el hallazgo de la verdad. Se deja de ver empero, que existe un ámbito de los hechos con validez general al que se accede únicamente por la puerta de la vivencia individual. A todo biólogo molecular, o físico astral debería exigírsele una minuciosa auto-observación, tal como sucede por ejemplo con los psicoterapeutas, obligándosele a llevara cabo regularmente ejercicios de percepción por ejemplo en los fundamentos de los estudios de los colores de Goethe o una formación sensorial según el método de Hugo Kükelhaus. Así se garantizaría que las investigaciones llevadas a cabo en el laboratorio o en la computadora hallasen una y otra vez su complementación necesaria a través de una profundización o bien un incremento de las facultades perceptivas que nos informan, de que manera se expresan los fenómenos, en el encuentro inmediato con el hombre. Se notaría sin duda alguna que esa lengua posee una gramática unilateral.

En la actualidad se le da mayor importancia a los resultados de análisis técnicos y los arreglos en los laboratorios como a aquello que se puede oler escuchar, gustar, ver, y sentir. Y a un cálculo digital se le otorga mayor importancia que a cual enunciado que se base sobre la facultad de la comprensión a partir de la sensibilidad. Es por eso, que vivimos en un mundo en el cual vemos tan tristemente subdesarrollado – a pesar de la técnica con elevadísimo desarrollo. Y un cúmulo impresionante de informática- el arte de encontrar ideas para la solución a apremiantes problemas, a partir de la atenta observación de procesos de vida en la naturaleza y en la sociedad.

Se ha olvidado, que el observador en lugar de replegarse a una postura estratégica, puede obtener provecho a partir de su estar involucrado. El frío distanciamiento no siempre es el mejor consejero, y la participante aproximación, no necesariamente es anticientífico. Por el contrario. Existe un modo de referencia a la realidad que puede ser constituido únicamente mediante la búsqueda de conocimientos donde se halla involucrado la orientación asistencial hacia el objeto a conocerse. Quien desea conocer la lengua de los fenómenos posee un interés vital en su no-deterioro. Quiere encontrarse con ella de modo tal, que le manifieste su esencia, y eso es posible tan solo, si la respeta dentro de su decoro. ¡Sí, el decoro del tronco de un árbol, de un cristal, del viento o del agua perceptible! Ninguna forma del conocer a un ser ajeno que tan claramente aporta la vivencia de lo decoroso, como el contacto del atento tanteo, el prestar atención a la percepción generada mediante el ser-tocado. Es por ello que toda referencia (relación) en la cual se unen búsqueda de conocimiento con orientación asistencial, es descendiente de la relación del tacto. No quiero hastiarlos con el barato lamento científico-crítico, alegado actualmente por cualquier payaso, así y todo es un hecho inamovible, que debe hablarse de una trágica des-atención de las facultades concientes, que tienen su origen en la experiencia del tacto. Y esto es un síntoma alarmante. Lo que debe ser nuevamente aprendido es la mirada a la creación, guiada por la experiencia arquetípica del tacto. O sea la mirada interesada, como la he caracterizado recién. Esta mirada no desmenuza las cosas como botín de caza, sino descansa sobre ellas con pudorosa discreción: indagante, sin violentación y con ningún otro propósito que aquél de la comprensión.

 

La amorosa relación hacia el mundo

“Es la relación del propio interior frente a un suceso exterior que está presente en la vivencia que en ninguna otra vivencia está presente del mismo modo como en la vivencia del tacto”, nos dice R.Steiner. Es por eso que el hombre si no tuviese el sentido del tacto, no tendría la intuición divina. A través del tacto vivenciamos el mundo exterior profundamente dentro de nosotros y es recién ese hecho que nos faculta a orientarnos hacia él, comprendiéndolo: sobre el fundamente de la certeza de su auténtica existencia. A esa certeza, Steiner le da el nombre de intuición de lo divino , o bien estar compenetrado con la sustancia divina .

Es un real misterio que este sentido mediante el cual por un lado nos comunicamos de modo más burdo con el mundo exterior, por otra parte nos posibilita esa experiencia evidencial, que es todo lo contrario que burda ; y que además el mismo sentido posee una esencial participación en el hecho, que podamos compenetrar con nuestro sentir las cualidades de las cosas, comprendiéndolas. Es cierto: en el proceso que por ejemplo conduce a la descripción cualitativa áspero , la determinación de rozamiento violento, la definición del contacto fricción, la definición del contacto fricción y finalmente la identificación del objeto. Diremos: ”corteza de un árbol” (rocé violentamente con algo áspero; presumiblemente ha sido el tronco de un árbol), a parte de la vivencia del tacto intervienen otras circunstancias, aunque no usemos ni los ojos, ni la nariz.

Para la determinación de la violencia y del rozamiento y de la forma del contacto, necesitamos el sentido del movimiento y el sentido del equilibrio (volveremos sobre este particular), el sentido de la vida, en su función secundaria, registra el cambio del estado anímico interior, en la escala de bien-estar-malestar y se torna necesario el pensar conceptual que se apoya sobre las experiencia habidas, para evaluar el proceso. Esto empero no diezma la importancia central del sentido del tacto con respecto al suceso en su conjunto, al cual recién por su intermedio identificamos como un ser-tocado desde afuera y al cual a su vez mediante el mencionado fenómeno de la resonancia a su vez vivenciamos matizado de modo tal, que recién entonces se tornan posibles las conjeturas en el sentido de la adjudicación de cualidades. Como vemos, son muchos los pormenores que interviene, el sentido del tacto empero es el garante par un concepto real, diferenciado. En ejemplo del violento impacto con la corteza del árbol vemos claramente, lo que calificaría de regla adicional; cuanto más violento el contacto, tanto más prevalece la Experiencia límite en la vivencia, o sea, el aspecto de la diferencia , hasta llegar al rechazo. Todo el ser humano reacciona física y anímicamente con rechazo; el sentido del equilibrio, así como el sentido de la vida se sienten irritados. Cuanto más delicado el contacto, tanto más prevalece el aspecto de la resonancia: nos abrimos para recibir a la impresión respectiva, si involucran los sentidos del equilibrio del movimiento de la vida, o sea que se genera un unísono armonioso de todos los sentido basales- un estado del interés pre-conciente . De hecho, en el caso que el contacto ha sido de naturaleza suave y delicada, favoreciendo así la permanencia, la formación del juicio puede ser llevado a cabo con mayor tranquilidad, que en el caso del choque doloroso. Aunque lo hemos referido de manera escueta, puede brindarnos empero una observación significativa con respecto al desarrollo del tacto en los niños.

Necesitan el contacto delicado y extenso sobre la piel, para poseer, más adelante, un sano criterio sobre la base de la atención partícipe y la confianza arquetípica en la existencia como tal . Donde en la vivencia del tacto predomina la resonancia, el acompañamiento interior (y no la dura experiencia límite), en lo más profundo del ser instaurarse la intuición de lo divino, para disolver aquello que en psicología se conoce como la tormentosa inseguridad de incertidumbre existencial , que aparece con frecuencia en la adolescencia (¿Existo realmente?, ¿Existen realmente los seres y las cosas?) y que puede incrementarse hasta lo enfermizo, cuando no está debidamente desarrollado el sentido del tacto.

Digámoslo contundentemente: es la relación amorosa hacia el mundo, que se fundamenta en el sentido del tacto, que ayuda a sobreponerse a la incertidumbre existencial. Y todos estaremos de acuerdo, de que el amor no es algo pasivo, siempre encierra la actividad, aún, cuando se desarrolla en lo oculto, profundamente en el interior. Cuán más profundo me toca una impresión interiormente; sin avasallarme como sujeto perceptivo (también ese hecho está garantizado por medio del sentido del acto, en tanto y cuando nos impone límites que las impresiones provenientes del exterior no nos superen) tanto más, estoy dispuesto a que frente a esa impresión impere la delicadeza. Un trato burdo, grosero, es siempre señal de carente de sensibilidad, de poco tino.

Los motivos de carencia pueden ser diversos. Quién se sitúa frente a una cosa, o a un ser con actitud de indiferencia mostrará la misma ausencia de sensibilidad como aquel, quien es propenso a no guardar sus límites, en ocasión de que alguien ejerza atracción sobre él. Esa es una de la formas de ser avasallados por las impresiones, al ser un sujeto perceptivo: el exceso de simpatía nos lleva a comportarnos como el elefante en un bazar de cristalería. La otra posibilidad, por todos conocida, es la super-impresionabilidad que conduce a gestos de rechazo por reflejo, o bien gestos de delimitación. La meta de la defensa es, también aquí, la disminución de la sensibilidad.

Estos procesos fueron extensamente tratados en mi libro “El enigma del miedo”

 

Proximidad y Vulnerabilidad

El sentido del tacto tiene la misión de establecer una saludable y móvil posición media entre la impresionabilidad demasiado fuerte y la demasiado débil, entre apertura excesiva y la delimitación, entre la simpatía y la antipatía. Al estar bien formado en su función reguladora anímico-espiritual para con el medio ambiente, posibilita el interés profundamente participativo, a partir de la conciencia propia en armonía. Si tomamos suficientemente en cuenta este hecho y sobre todo en la educación temprana – entonces estamos preparando, conjuntamente con el ángel un recipiente dentro del cual este, más adelante, en los años de la adolescencia, lo que quisiera señalar, como postura caritativa hacia el mundo. A ello le corresponde delicadeza, ternura, consideración. Desde el lado cognitivo, es, como hemos visto el interés; desde el lado de la sensibilidad, más bien la caridad, inherente naturalmente al auténtico interés. Y ello es como todos sabemos una Alta facultad social, que en principio se practica en el trato con el mundo material, experimentando luego su manifestación sublimada, como postura social en la intercomunicación humana.

Del mismo modo, como el sentido de la vida conforma la base para la tolerancia, aquello que en un comienzo es aseguramiento de la realidad, ya porta dentro de sí, el engendro de una postura vital caritativa. Frente a ello, ocupan un segundo lugar, todas las instrucciones de moralidad. Puesto que también para aquello que vive en el mundo con Moral – no me refiero a los postulados, sino como he dicho: lo que vive – es necesaria la capacidad, la facultad de comprensión. Y esta se compone empero de aquello que en principio aprendemos mediante los sentidos físicos auto-perceptivos. A pesar de que mediante esos sentidos percibimos de modo primario los estados físicos propios, asimismo con responsables en gran medida de la regulación de las relaciones para con el entorno. En la mayoría de los casos se deja de ver este hecho, o no se le da la incumbencia debida.

La inclinación pronta a imitar lo bueno del alma infantil, dentro de la cual se evidencia la presencia del propio yo-superior, del ángel en el ámbito del sentido del tacto se expresa de modo tal, que la cariñosa dedicación que le proporcionamos al niño, despiertan en él, sentimientos de gratitud y de confianza, que con el correr del tiempo pueden transformarse en impulsos volitivos sociales. El niño vivencia al amor en su cuerpo, a modo de confirmación de algo esperado. Algo, que se completa. Al despertar, o sea, al salir del amparo del sueño donde el ángel lleva a cabo su tarea, el niño llega a nosotros con una pregunta, la que recibe una respuesta profundamente satisfactoria, si le damos la sensación de Envoltura, a través de nuestros actos de dedicación (mediante el modo como le hacemos sentir su dignidad como ser corporal) y por otra parte, la experiencia de la ternura del ser tocado de afuera. Puesto, que somos nosotros que en primera instancia representamos el afuera . Debemos transmitir a la conciencia del niño, que el encuentro con la realidad, que inevitablemente en cada vida infantil también causa dolos, asimismo puede ser agradable. Es ésta, una experiencia central, formadora de confianza, que literalmente tiene lugar sobre el filo de la piel.

Es menester, una saludable confianza existencial para ir formando facultades sociales. Si vivo en el miedo constante de que la cercanía significa dolor, no puedo realmente orientarme hacia el prójimo puesto que ello significa proximidad, y proximidad significa vulnerabilidad. Vemos de este modo, como con respecto a la evolución del hombre, las cosas están interrelacionadas de modo asombroso. Al hablarse de educación en moral, debe hablarse asimismo de formación anímica y volitiva, y ésta a su vez está ligada en elevada medida con el desarrollo sensorial.

 

El “propio yo-físico, delimitado dentro del espacio”

Ya hemos dicho, que el ángel lleva a cabo su tarea durante la noche. Su apoyo, que desde el interior vigoriza ordena y regula los procesos metabólicos, es cuidado aplicado a los sentidos de la vida. A ello, debemos contribuir con lo nuestro, orientándonos al niño a partir de un clima, paciente y de recogimiento, tranquilizándolo, aportando ritmo y calor, etc. Para transmitirle una sensación de bienestar al cuerpo . Pero también todo lo demás que realizamos en el entrono del niño observando paciencia y recogimiento, en lugar de apuros y superficialidad, es captado por el niño a través de la imitación, ejerciendo su influencia armonizadora hasta dentro de lo orgánico. Hemos visto, que justamente esos niños que tienen dificultades en ese sentido- los pequeños espíritus inquietos – dependen de manera muy especial de nuestra tolerancia. Y no se refiere a una postura blanda de dejar que hagan lo que quieran, sino una postura tolerante. Y allí hay una gran diferencia. Estos niños necesitan consecuencia, no debemos en cambio tomarles a mal constantemente su modo de ser. De un modo muy especial dependen de nuestro aprecio, de nuestra estima, y esa estima debe conformar el trasfondo para nuestra ayudas educativas, que ofrecemos también cuando a veces se trata de ayudas desagradables, que el niño vivencia más bien como limitaciones, reaccionando de acuerdo a ello.

Aportar activamente tolerancia pedagógica para estos niños, es el aspecto de la auto-educación del educador que viene al caso aquí. Repito un vez más, el lema que nos debe guiar: “Se rata siempre de la cualidad metamorfoseada a lo anímico en el adulto, que actual benéficamente sobre la correspondiente cualidad primaria en el niño (orientación dirigida al cuerpo)”

¿Y qué pasa con el sentido del tacto? Del mismo modo como el ángel, para ir conformando el sentido de la vida actúa sobre los procesos físicos de modo “vigorizante e imponiendo orden”, aquello que realiza con respecto al desarrollo del tacto, puede ser señalado como dando forma y configuración! En el cuerpo del niño se hacen necesarias fuerzas modeladoras, que trabajan sobre todo, durante la noche. En el transcurso del día se van consumiendo más y más y se regeneran durante la noche. A través de estas fuerzas, el cuerpo en evolución poco a poco va tomando su forma de ser humano maduro y luego también específicamente sexual. Son ellos, los que realizan la arquitectura de la creación. A ellos le debemos a su vez que tenemos una imagen física, o sea una sensación segura para las proporciones de nuestro cuerpo, su extensión y tamaño en el espacio. R.Steiner escribió en su fragmento Antroposofía, en la cual la teoría de los sentidos está esquematizada (de modo incompleto) que el hombre a través del sentido vital se vivencia como un propio yo físico delimitado dentro del espacio. En ello se basa la percepción antes mencionada del estar envuelto y el hecho de tener esa percepción se lo debemos a los procesos que tiene lugar en lo oculto del sueño. Quien ha estado despierto durante varios días y noches consecutivos, sabe en qué estado se encuentra entonces su imagen física, su sensación de envoltura. Muy mal. Ya no se puede calcular cuanto espacio dentro del espacio ocupa el propio cuerpo, donde transcurren sus límites, lo que tiene como consecuencia, que constantemente se tropieza contra algo, se evalúa equivocadamente las distancias, se siente como inflado en algunas partes del cuerpo, etc. En todo el plano se observa una torpeza. Y no se debe únicamente a la falta de nitidez de la imagen física, sino al hecho que también el sentido del movimiento y el sentido del equilibrio están irritados, pero la errónea orientación con respecto a la forma y la extensión propios juega un rol esencial. Además, la carencia de sueño lleva a una sobre-sensibilidad emocional: “todos nos afecta muy de cerca” uno se torna asustadizo y espinoso, se siente afectado de inmediato, ni soporta fuertes impresiones sensoriales, por ejemplo ruidos. Todos conocemos ese histérico estado al que podemos caer. El motivo para ello es la sensación de la ausencia de envoltura, que se produce en el plano anímico, cuando se desdibuja la imagen física. El dicho de la delgada vestimenta nerviosa se refiere a ese contexto: El órgano sensorial de la piel, mediante el cual nos cubrimos (vestimenta) se ha vuelto demasiado permeable. El aspecto sensible (perceptible) se coloca en un primer plano, frente al aspecto orientador (imagen física, sensación de envoltura). Lo siguiente deberíamos tomar en cuenta para cualquier investigación sensorial: toda función sensorial posee un aspecto sensible y un aspecto orientador. Ambos deberían mantener un aproximado equilibrio entre sí.

 

El arribo a la tierra

Observando un modo de vida medianamente saludable y suponiendo que no estemos expuestos a cargas extremas, es de esperar que los adultos nos encontramos estables. De otro modo no podríamos llevar a cabo, lo que nuestra vida diaria nos exige. Tenemos que recordar empero, que el hombre no llega al mundo con una imagen física bien estructurada. El niño pequeño no posee aún, una vivencia clara de los límites físicos de su cuerpo, y por lo tanto, tampoco posee una sensación autónoma de envoltura. Esta tiene que ir generándose poco a poco. Y porque al comienzo es aún tan precaria, sucede, que nos niños pequeños se atemorizan tan fácilmente.

A ese respecto, se dicen y se escriben grandes tonterías. Hace poco, leí en un libro de pediatría y en un manual psicológico, que el miedo es algo que se va adquiriendo recién en el curso de la vida. Hablando de un niña de unos cinco años se afirma, que el miedo lamentablemente es algo que deberá conocer aún a partir de la cruda realidad puesto que por ahora, por suerte, el mundo es plena luz del sol. Una constatación de típica tontera de adulto, ajeno a la realidad. En el libro psicológico hasta se aconseja, que el mejor camino terapéutico para adultos afectados por miedos, conduce a la condición anímica de la temprana infancia. Puesto que allí se está en un clima anímico exento de todo temor. Tales juicios errados se deben al hecho, que de manera romántica se inventan situaciones, en lugar de observar los hechos. Puesto que entonces se varía claramente: el miedo existe desde un principio, como parte de la condición humana, y se trata de un miedo poderoso.

La salida del cuerpo materno, es en principio, el ser expulsado a un mar de temores. Aquellos que afirman que existe un trauma generalizado del parto y que por lo tanto el parto constituye una experiencia traumática, sin duda que están más acertados que aquellos que divulgan historias de la dicha del sentirse en unión con todo lo que los rodea , del niño pequeño, etc. De trata de engañosas verdades de cuarta. El porcentaje de la verdad consiste en la sencilla verdad, que el niño pequeño está ligado aún íntimamente con el mundo espiritual-divino, que constantemente desean volver a él. Como padres, no tenemos que caer en el error de creer, que nuestra presencia es la mayor de las felicidades para el recién nacido. La mayor felicidad en la tierra, sí.

Si uno de esos pequeños seres pudiese hablar, diría: “Los quiero mucho, puesto que he decidido estar con Ustedes”. Hay empero un lugar de paz y amparo, donde puedo permanecer cada vez menos tiempo. Y a ese lugar no me lo podéis sustituir. Y me fue muy doloroso tener que irme de allá. A pesar, de que y mismo quise que así fuese, con todas mis fuerzas, y a pesar de que me he preparado debidamente, necesitaré mucho tiempo más para sobreponerme. Así más o menos, hablaría el niño. Y es ese el motivo, por el cual en definitiva los niños pequeños quieren dormir tanto tiempo. Digo concientemente te quieren y no deben. Por supuesto, que también está dada la necesidad, pero sobre todo se trata de una profunda nostalgia: el dormir significa para el niño pequeño estar en casa . En un comienzo, los niños no se encuentran propiamente en casa con nosotros en las condiciones terrenales, sino que aquí está el mundo desconocido, que se deberá ir conociendo poco a poco. Es la quinta esencia, de nuestra misión como educadores, posibilitar al niño esa familiarización. Y familiarizarse es tan solo otro palabra para el vencer el miedo. Cada vez, que el niño se duerme, se entrega a las manos de su ángel y vivencia el estado arquetípico del estar amparado, de tener envoltura, y el ángel necesita paciencia para poder convencerlo, que debe volver a que debe regresar al mundo extraño y no puede tenerlo todo: los padres querido, las delicias terrenales, y sus bellezas, que ya ha aprendido valorar; las muchas novedades excitantes, pero también quiere poseer a la vez la despreocupación intemporal de la existencia celestial. Sí, son bastante exigentes, los pequeños recién llegados. Es por ello, que gritan por cualquier cosa. Nos quieren hacer saber, que en el lugar de donde provienen estaban habituados a mejores cosas. Ya al sentir eso, es lógico y humano que nos vemos tironeados entre el deseo de mimar al pequeño ser, o de sentirnos enojados a causa de tanto egoísmo. Por supuesto, que no se trata de egoísmo, sino de dificultades de acostumbramiento. Si en lugar del celoso mimo, implementamos un cuidado amoroso pero a su vez objetivo, transformando a nuestro enojo por el supuesto egoísmo en un estilo educativo que enseña que es menester a veces saber renunciar y sobreponerse a situaciones ingratas, entonces estaremos acertados. Sin duda, que necesitamos sentido del humor, para poder atender a estos pequeños príncipes y princesas; evidentemente provenientes de un lugar donde se les cumplían todos los deseos, tenemos que recordar empero asimismo, que somos testigos también de una auténtica indigencia, y que es nuestra misión alivianarla.

No quiero sobrecargar las tintas, puesto que existe también el otro lado, la aceptación e la vida por el niño, una impetuosa alegría por conocer el mundo y el asombro frente a sus milagros. Pero, para que justamente este lado pueda llegar a la vigorosa manifestación, es necesario darles una adecuada bienvenida sobre la tierra y ayudarles en la época inicial, par que tomen confianza en el entorno desconocido, en fin, mitigar sus temores. Para tal fin, pro suerte podemos dirigirnos a una quinta esencia inamovible que durante el sueño- por así decirlo- se carga con firme esperanza y confianza. Es la sustancia, que mantiene unida cuerpo y alma. Partiendo de allí, actúa durante el día, lo que allí fuera colocado por el ángel durante la noche con respecto a impulsos ordenadores, formadores que nosotros debemos afirmar desde el otro lado. Por ejemplo, cuidando los sentidos del cuerpo, que como escribe Christoph Lindenberg, “transmiten la sensación del ser (existir) y de la seguridad”.

 

Educación y auto-educación- El cuidado/ la asistencia

Si no sentimos reparo de aceptar la imagen, de que durante el encontrarse dormido, el ángel toma en sus manos al cuerpo del niño, envolviéndolo con infinita delicadeza a la vez que con toda firmeza le imparte los impulsos de forma, por las cuales tendrán que regirse las fuerzas del crecimiento, podemos calcular con qué clima expectante el niño nos mira al despertarse. Reclama nuestra asistencia vigorizante-ordenadora, para poder sentirse a gusta dentro de su cuerpo y nuestra ayuda para la afirmación de la imagen de su cuerpo, para poder sentirse a gusto dentro de su cuerpo y nuestra ayuda para la afirmación de la imagen de su cuerpo, para poder ganar confianza existencial a partir de la vivencia del estar formado y envuelto. Es lo primero, que viene al caso para el cuidado de los sentidos del tacto: tenemos que ayudar al niño, todo lo posible; para tomar conciencia de su piel, para que pueda desarrollar una nítida imagen de ese cuerpo. Quiere sentirse envuelto, una y otra vez, por la delicada determinación de las manos maternas o paternas, para poder percibirse a sí mimo dentro de su individualidad física y delimitación, pero también, para vivenciar que el ser tocado no es algo temible, sino algo que puede brindar seguridad y proximidad a la vez. Rápidamente llega el momento en el que el niño quiere investigar su entorno, activamente con sus manos, tocándolo y entonces ya debe haber un cierto fondo de confianza para no asustarse demasiado de las inevitables experiencias dolorosas y sentirse amparado dentro de la propia morada física, aunque entre una ráfaga de viento frío, o se muevan las paredes. Aquello que se experimenta como sensación de envoltura a través del cuerpo y experiencia positiva de la proximidad (lo opuesto sería una sensación de verse entregado, del desamparo, en combinación con miedos de contacto) más adelante se conformará en parte constituyente del desarrollo de la personalidad y de la relación del yo para con el mundo. El primer grado de la auto-confianza, es la confianza física y sobretodo, a vivencia elemental, transmitida por el tacto, del HABITAR dentro de los seguros límites del propio cuerpo.

Si el hombre en años posteriores se siente en casa consigo mismo , como ser espiritual-anímico, arraigado en sí mismo, o no, si vivencia el mundo de sus percepciones e ideas con su propio imperio dentro del cual gobierna él mismo; y no el mundo exterior, eso depende en gran parte del aspecto orientador (físico) del desarrollo temprano del tacto. Del aspecto Sensible en cambio depende, si a partir de esa seguridad básica puede generarse aquel vívido y sutil interés por el mundo, del cual hemos dicho que allí se predisponen las facultades sociales de la ternura, la delicadeza la participación, etc.

En ello trabajamos con mirada previsora, cuando creamos confianza a través del modo como llevamos, a través de nuestro contacto, a la conciencia del niño, el límite de su propia piel, creando confianza. Lo he denominado firmeza suave , puesto que en esa formulación están contenidas ambas situaciones: lo delimitante de la firmeza, pero también aquello que crea apertura y cercanía de la suavidad. Nos referimos en principio directamente a nuestras manipulaciones que apuntan al cuidado y al juego, en el cuerpo del niño. Ojalá, que involucren muchos de índole de juego sin finalidad. Frente a su actitud vacilante en el contacto cuerpo a cuerpo con el niño, por el hecho que Usted mismo tiene temores de contacto, aquello que Usted hace cobra un efecto vacilante, incierto y genera percepciones acordes a ello en el niño. Por supuesto que está claro que la rudeza conduce a nada bueno. Y por favor, no olviden: si sus actos de cuidado en el niño se limitan a lo puramente pragmático, higiénicamente indispensable, llevados a cabo si participación interior, ello cobra asimismo un efecto de rudeza. No es necesariamente la rudeza física, que causa dolor físico. La falta de interés como tal tiene algo de hiriente. No se trata de esta o aquella técnica, se trata de adquirir una postura interior que le ayudará a poder hacer lo mismo, solo con pequeño, pero decisivo, matiz diferente. Por supuesto que existen también medidas concretas para el cuidado del sentido del tacto que pueden ser implementadas cuando se nota una carencia determinada en el niño. Pero también en ese caso es decisivo el como de la implementación. Si Usted lava a su niño porque tiene que estar limpio, o si lo hace impulsado por la necesidad de vigorizar su confianza existencial, pareciera no hacer mayormente diferencia alguna, para la vivencia del niño empero, Usted está llevando a cabo las cosas absolutamente diferentes.

Lo que yo aconsejo muy a menudo frente a una problemática del sentido del tacto existente, es una fricción/masaje de todo el cuerpo, a llevarse a cabo todas las mañanas, según determinadas reglas. También en este caso cobra validez lo anteriormente dicho, que nada se gana, si el asunto es tomado meramente como el cumplimiento de una tediosa obligación. En ese caso, los niños rechazan instintivamente el proceso. Al ser emprendido empero a partir de la correcta postura interior y a partir de la conciencia del significado de esa medida aparentemente lapidaria – si sucede por lo tanto a partir de ese clima interior de la asistencia amorosa, que se basa en n interés auténtico en el destino del niño – los resultados pueden ser realmente asombrosos; a menudo llegan informes de respuesta de la escuela, que la participación del niño ha experimentado un vuelco positivo repentino. Puesto, que del mismo modo como los niños inquietos necesitan nuestra tolerancia, nuestra circunspección pedagógica portada por el aprecio, para poder sentirse mejor dentro de su cuerpo, los niños temerosos, retraídos y desprotegidos requieren de nuestro profundo interés participativo. Si queremos ayudar a esos niños temerosos frene a todo lo nuevo, desconocido, no habitual debemos orientar nuestra mirada la sentido del tacto. Tenemos que transmitirles la sensación de nuestra real preocupación, queriendo acompañarlos activamente en el camino de su destino. No me refiero a una preocupación tétrica, exenta de buen humor, el niño no tiene que tener la impresión de tener la culpa de la aflicción y melancolía de sus padres. ¡Nada de eso! Puesto que niños temeroso tienen la inclinación natural de sentirse culpables.

Estoy hablando aquí de la postura asistencial amorosa, que se basa sobre el interés despierto, que irradia confianza, que al niño le da la sensación de seguridad. Por supuesto que también estos niños necesitan de nuestra tolerancia, todos los niños la necesitan y en especial aquellos que tienen dificultades consigo mismo y para con el mundo. Donde empero lo más imprescindible es el aspecto del acompañamiento amoroso-asistencial de su destino.

Debería observarse frente a ellos una postura, como ocasionalmente la he observado en enfermeras apasionadas, por asombroso que pueda parecer. Quien lleva en la sangre el arte de cuidar, puede ejercer un efecto curativo, consolador y reanimante por su mera presencia. Energía, decisión, comprensión y disposición a la ayuda se mancomunan en postura, mediante la cual en el enfermo puede producirse el milagro de modo tal que pueda vivir el estado de indefensión como un obsequio.

 

El trauma latente del niño temeroso

Aunque el niño temeroso no se halle enfermo en el sentido ordinario, puede afirmarse, que en cierto modo se siente así. Tiene constantemente la impresión de necesitar consuelo y ayuda. Los niños inquietos-nerviosos, no se hallan primariamente bajo esa impresión. Su problema es, sobre todo, la disconformidad consigo mismo. Se sienten sin valores, internalizan por así decirlo, el rol externo dentro del cual de hecho se meten. En algún momento entran al compromiso de tener que confirmar mediante su conducta todo lo negativo que pensamos de ellos. : “Es cierto, soy un asco, detestable”. Es por ello, que para el trato con estos niños debe destacarse, que necesitan nuestro aprecio de su persona, como un elixir vital.

En los niños temerosos empero, nos vemos llamados a observar atentamente a esa sensación enfermiza o bien sensación de aflicción. El aprecio que les mostramos deberá ser de índoles tal que se exprese, preponderantemente, lo amoroso asistencial, lo participativo. A diferencia de los niños inquietos-nerviosos a través de nuestra proximidad protectora e influencia autoritaria, no se siente amenazados en la esencia de su ser, sino vigorizados en la misma. Por supuesto, que no se tratará de una exposición autoritaria atemorizante, falta de amor, de otro modo, todo empeoraría. Pero, una buena parte de las mencionadas facultades de enfermera, en conexión con amor paternal, es lo mejor que puede sucederle a ese niño.

De este modo ejercemos una fuerza vigorizadora sobre la sensación de envoltura y forma. Suave firmeza, es lo que necesitan los niños temerosos. Y es valedero no tan solo para el contacto físico, sino en todo momento, en el trato cotidiano.

Quien en cambio tiene en casa un típico niño inquieto, sabe que con él se llega mucho más rápidamente al punto tope, donde la asistencia amorosa para a ser sobreprotección, o sea que se constituye en acoso para el niño. Lo que al niño temeroso le transmite amparo, el niño inquieto lo percibe como encontrarse aprisionado. Es por ello, que necesita de nuestra amplitud de miras tolerante Una contención, que a su vez permita un amplio espacio de movimiento- más espacio libre, que el niño temeroso. Podemos resumirlo así: Los niños temerosos suelen mal interpretar nuestra tolerancia, al ser muy pronunciada; intuyendo que se encuentran abandonados. Perciben como máxima expresión de nuestro aprecio, si los protegemos.

Los niños inquietos en cambio suelen mail interpretar nuestra asistencia, i la sobre cargamos, de modo tal que no los valoramos lo suficientemente. Perciben como máxima expresión de nuestro aprecio, si le damos a entender, que así y todo los respectamos.

El trauma latente del niño temeroso, es el sentirse abandonado. El trauma latente del niño hiperactivo es el sentirse no querido. Estos datos pueden servirnos de orientación

Como vemos, vale la pena observar estas sutiles diferenciaciones y examinar nuestra postura fundamental frente al niño, acorde a las mismas. Me opongo a la mala costumbre de tomar el amor a los niños a modo de menjunje sin contornos. Debemos tener una clara noción en cada caso, de la problemática del niño en cuestión. Como he dicho al comienzo, es posible que con los conocimientos que se van adquiriendo, se va llevando a cabo un paulatino cambio de postura y se producirá, consecuentemente, una cierta destreza en el trato con el niño. Una vez, que hemos comprendido que nuestro pequeño temeroso constantemente sufre una sensación del estar expuesto y de desamparo, que podría expandirse hasta llegar al miedo al contacto y que su trauma latente consisten en sentirse abandonado y que por esa razón, su misión es la suave firmeza; si además aprenden a comprender todo esto frente al trasfondo de la problemática del sentido del tacto – tal como lo hemos expuesto- y por lo tanto saben: en este niño, por los motivos que fueren, está deficientemente desarrollado la sensación de envoltura transmitido por el sentido sensorial, trae demasiado poco a la vida diurna de los consuelos del actuar del ángel, formativo y configurativo, que le es impartido durante el sueño –la memoria de este suceso se evade por el embate de las impresiones sensoriales. Sí, Ustedes toman con gran seriedad no sólo todo esto, sino lo hacen contenido de sus regulares ejercicios de recogimiento por la noche. Verán como se facultarán en cada vez mayor medida a tener la idea apropiada en el momento justo, para poseer cada vez mayor presencia anímica en la vida cotidiana. De pronto dispondrán del mencionado tacto en la punta de los dedos. Recordemos al símbolo del guardián del puente, que impone algunas exigencias antes de permitir la consulta al ángel de su niño: deben traer consigo un claro concepto de la imagen física y de la conducta del niño, que puede ser obtenido únicamente a través de la vía de la observación regular y atenta, debiendo apartarse todos sus juicios y evaluaciones personales, puesto que de estos no se trata, sino del niño mismo. Lo segundo, que se le exigirá es el auténtico esfuerzo exento de egoísmo. Y ya hemos comentado en el caso del pajarito que desesperado aletea en su jaula, como a partir de tales esfuerzos por obtener conocimientos, pueden emanar percepciones imaginativas, de las cuales podrán ir desarrollándose ideas prácticas.

 

Sentidos físicos y sociales – de temores adquiridos-

La tolerancia basada en el sentido de la vida es una condición previa, para poder apreciar en todo su valor al prójimo, al tú. A ello deberá agregarse la facultad, transmitida por el sentido del tacto, de generar proximidad y mantenerla viva a partir de una segura sensación de envoltura. Allí se fundamenta el impulso de la orientación asistencial amorosa, y apelaremos a la afinidad pronta de imitación del niño a una postura tal, como lo trae de su encuentro nocturno con el ángel, al mostrarle justamente tal asistencia amorosa mediante su propio ejemplo.

No es decisivo tan solo el trato dado al mismo niño, o sea no solamente la firmeza suave con la cual se lo rodea y lo trata en la vida cotidiana, sino su postura en sí, hacia el mundo, tal como se evidencia en miles de pequeñas cosas a lo largo del día, siendo captado sutilmente por el niño. Al albergar un niño temeroso en su hogar es menester que trate cuidadosamente y con delicadeza las cosas de su entorno; intente tomar conciencia del hecho que a este niño le puede dar seguridad, observar como Usted se comporta respetuosamente aún con las cosas muertas, que como Ustedes saben no son muertas para un niño pequeño. Todo trato rudo, descuidado y falto de amor debería ser evitado con cosas, plantas, animales y personas en el entorno del niño temeroso.

Sé, que es casi imposible de cumplir y mientras lo digo, tengo plena conciencia de mi propia deficiencia al respecto. Pero algo importante se ha logrado ya, si nos esforzamos. En cierto sentido, los niños son seres más sabios que nosotros. Perciben claramente al esfuerzo sincero, mientras que nosotros, los adultos con rígida mirada aturdamos el resultado. Tenemos por lo tanto – tolerancia y asistencia amorosa, paciencia y participación, recogimiento frente a lo pequeño y cálido interés- y son las virtudes para cuya conformación creamos condiciones previas favorables al orientar nuestra atención al cuidado complejo de los sentido de vida y del tacto, recordando practicar nosotros mismos esas virtudes. Hablo del complejo de los sentidos de la vida y del tacto, puesto que ambos conforman una unidad en la realidad de la vida. Como hemos visto empero, es provechoso diferenciar bajo aspectos sicológicos-evolutivos en qué, así llamado, trastorno del conducta, o unilateralidad del ser, está afectado que parte del campo sensorial basal. De paso, digamos, que el cuidado sensorial basal cobra especial importancia por el hecho que a través de él se forma el medio adecuado para poder madurar los sentidos superiores de la comprensión, que asimismo reciben el nombre de sentidos sociales: El sentido del yo, a través del cual tenemos una vivencia de evidencia con relación al núcleo esencial individual más íntimo del prójimo; el sentido de los pensamientos y la lengua, mediante los cuales podemos vivenciar al modo de pensar y hablar de otra persona; y finalmente el sentido de la audición que conforma la base para todas las facultades superiores de la inmersión auditiva dentro de lo espiritual- esencial que vive en el entorno y emana del hombre, y que conforman por lo tanto el trasfondo para las funciones del sentido de la lengua, del pensamiento y del yo, que podemos señalar como procesos auditivos sublimados .

Aquí solo quiero mencionar que como los llama R.Steiner, existen estos sentidos de la comprensión y que se hallan íntimamente ligados con las funciones básicas auto-perceptivos de los sentidos físicos/corporales en tanto que por estos últimos se prepara lo que en aquellos llega a la maduración. Los sentidos sociales son expansivos. Son ellos los que recién posibilitan la identificación con un ser desconocido. Los sentidos físicos en cambio son defensivos . A través de éstos nos vivenciamos a nosotros mismos en nuestra relación hacia el mundo exterior. Y entre ambos tejen los sentidos de correspondencia propiamente dichos, del oler, gustar, ver, y percibir el calor.

Preguntémosnos ahora – antes de avanzar hacia el complejo de los sentidos del movimiento y del equilibrio, d que modo se presenta ante nosotros un niño temeroso-titubeante, en el cual no se presenta fehacientemente la sensación e forma y envoltura.

¿Qué niños son éstos, cuya peculiaridad consiste que se ha desarrollado deficientemente la seguridad básica, transmitida por el sentido del tacto? Por supuesto que todo niño puede llegar a la situación en la que se quebranta la seguridad base por situaciones adversas, o se torna enclenque. Vivencias de shock, descuidos graves, o un cúmulo constante de excitación masiva, pueden promover por ejemplo un síndrome de miedos del sentido del tacto , o sea una borrosidad de la imagen corporal/física, con los ya mencionados síntomas anímicos, que hemos caracterizado como sensación de sentirse entregado e indefenso, en conexión con temores de contacto, con los cual quiero extender en lo máximo, el término miedo de contacto (miedo de tocar y ser tocado). A ello pertenece asimismo el miedo del niño a desconocidos, no propio de su edad (como lo siente el niño pequeñito). O el retroceso impulsivo frente a actividades manuales donde se necesita garra. O la exagerada preocupación por no ensuciarse. O sea, que el estado de sentirse entregado (contra la propia voluntad) con todos los síntomas resultantes puede ser provocado repentinamente por efectos negativos correspondientes, independientemente del modo de ser habitual del niño. Al ser expuestos niños pequeños durante años a los efectos de radio y TV, reciben únicamente juguetes mecánicos de plástico, vivenciando en pocas oportunidades el correspondiente contacto físico amoroso que les transmite la sensación de amparo, hay poca esperanza de que puedan desarrollar un sentimiento de forma y envoltura y mucho menos, aquel estar compenetrado con la substancialidad del mundo…con el ser como tal , que no puede ser hallado en los cubos de plástico, los autos dirigibles, las películas de dibujos animados y juegos de computación.

Y no debemos callarlo: niños, que en realidad no pertenecen al tipo temeroso-cohibido pueden ser llevados a tal estado. Es menester para ello tan solo hacerlos participar de todo aquello, que es usual en el bello y colorido mundo infantil, y además que es usual en el bello y colorido mundo infantil, y además mantenerlo alejado de uno mismo ( por comodidad personal)- entonces estarán dadas todas las condiciones para que se genere un fuerte mido a la vida y que a más tardar en la pubertad se presente la tortuosa sensación de no poder sentir automáticamente de no existir realmente de vivir todo como a través de un vidrio empañado, etc. Eso es lo uno. Por otra parte existir, como ya dijéramos, la constitución temerosa-cohibida como tipo y como aquí se trata de una especie de teoría de tipos, nos ocuparemos de esa condición. Ya conocimos el trastorno de conducta del tipo nervioso-agresivo que se fundamenta sobre el miedo corporal, y hemos visto que el momento de generación para esa alteración está dado en los primeros meses y años de vida, pero que ni siempre se debe a errores cometidos con respecto a la educación. En muchos casos los niños traen consigo una inclinación correspondiente que no es descubierta tempranamente o que no se sabe encausar y manejar debidamente, por desconocimiento de las relaciones brindadas por el estudio del hombre. Es así, que a esos niños, así llamados hiperactivos, no reciben el trato adecuado, puedo afirmar una y otra vez: nunca es demasiado tarde para brindar nuestro apoyo a esos niños.

 

El niño temeroso-cohibido: Observaciones

Al igual que en ocasión de nuestra observación de los sentidos de la vida, también aquí soy de la opinión de que al cabo d todo lo expuesto tan detalladamente acerca del sentido del tacto, todos estarán en condiciones de diagnosticar un falencia de orientación en este ámbito. Por cierto que es el punto débil de toda tipología, que los fenómenos rara vez se presentan con toda precisión. Existen muchas formas mixtas y transiciones, no se pueden trazar límites agudos. De todos modos empero es posible delimitar el modo de ser y de comportarse del niño con alteraciones del tacto de manera tal, que aquellos de Ustedes, que tienen un niño con esas características podrán darse cuenta aunque la descripción no coincida en todos sus pormenores. Y si me preguntan por los motivos, tengo que repetirles: por una parte estamos frente a una predisposición- tal como existen los diferentes temperamentos- y esa predisposición se encuentra con una serie de influencias civilizatorias que la agudiza adicionalmente. Nuestra misión educativa consiste en proveer contra pesos contra esas influencias. Y de ese modo tenemos el tipo de alteración de conducta temeroso-cohibido basado en miedo ambiental, como una peculiaridad, que bajo las condiciones de vida actuales fácilmente se desvía al campo patológico y a partir del estudio del hombre puede ser descripto como una carencia en el ámbito de la confianza física, preferentemente de la seguridad básica transmitida por el tacto. Esa seguridad es indispensable, para que el niño más tarde pueda vivenciarse sobre el plano anímico como personalidad autónoma y concluida, pudiendo a partir de esa sensación de forma y envoltura dirigirse con interés participativo al mundo y al prójimo. Sobre ello se basa la postura fundamental, que hemos caracterizado como relación de asistencia amorosa para con el mundo.

¿Cómo se comporta el niño, al que le falta esa seguridad fundamental? He aquí que una niña pequeña – se trata más a menudo de niñas, mientras que las alteraciones nerviosas-agresivas se presentan sobre todo en los varones- deber ser llevada a la cama por la noche. Demora en lo posible este evento, se asea largamente en el baño, y habla, habla y habla. Por supuesto, que siempre debe haber alguien con ella en el baño, preferentemente la madre. También esta noche la interminable charla de la niña pasa a la litanía de las consultadas diarias: ¿Esta noche, están en casa?, ¿Papá también está? ¿Qué harán luego? ¿Y qué haremos mañana? ¿Van a cerrar la puerta de entrada antes de ir a dormir? ¿Apagan las luces y cierran la heladera? ¿Van a pasear un ratito antes de acostarse? No se olviden de apagar las luces! ¿Me van a ver antes de acostarse? ¿Y si no puedo dormir? ¿Puedo ir a verlos si me duele la barriga? No tengo ningún sueño ¿Me van a despertar mañana? ¿Y si despierto antes de Ustedes? Tal vez tenga que ir al baño. ¿Van a dejar un poquito abierta la puerta de mi habitación? ¿Y la puerta del dormitorio de Ustedes también? No se olviden de apagar las luces. Pero la luz del pasillo tiene que quedar prendida. ¿Van a quedar sentados aún en el living? ¿Qué hacemos mañana?- y así sigue la cosa. Evidentemente, las preguntas no están orientadas a la información, sino que se trata de un desvalido intento del niño, de asegurarse: si todo están en orden, arreglado y constatado, tal vez pueda dormir tranquila. Pero el intento fracasa. Llevan a la cama su niñita, le cuentan un cuento, cantan una canción, le dan las buenas noches, cariñosamente. Y entonces viene la representación principal. Una y otra vez son llamados. Inagotables es la reserva de preguntas del niño. Preguntas, que debe formular, sin falta. Una y otra vez va al baño, utilizando la oportunidad para echar una mirada por la puerta entornada del living, para asegurarse. ¿Para asegurarse de qué? El niño no lo sabe. Algunos padres ponen fin al asunto, acostándose uno de ellos a la cama del niño temeroso, hasta que se duerma. Es una solución cariñosa, pero a la larga va en desmedro de la paz familiar. Conozco padres, que a través de años no tuvieron una noche compartida, puesto que uno de ellos tenía que acostarse al lado del niño, donde a su vez se durmió. Directamente curioso era el caso de un padre que se quejó, que durante meses no había visto a su mujer en camisón, sino únicamente en jeans, hasta en la cama. El hombre había venido al consejo matrimonial y el asunto nos fue transmitido a nosotros los pedagogos curativos, por el terapeuta. El asunto era que la joven madre de ninguna manera usaba sus jeans a modo de cinturón de castidad, sino que noche tras noche se acostó vestida al lado de la hija, donde quedaba dormida, para llegar a cualquier hora a la cama matrimonial, demasiado dormida como para desvestirse. Por supuesto, que el hombre se sentía frustrado y suponía que madre e hija había hacho algo así como un pacto en su contra. La salvación de la paz matrimonial dependía por lo tanto en gran parte del hecho de poder solucionar, y tratar los miedos de la niña al dormirse.

Tales miedos del dormirse, que conforman el punto culminante de un miedo general vespertino, se producen con mayor frecuencia en los niños de los que estamos hablando ahora. Se trata entonces de tomar en cuenta – educativamente- que estos niños, más que otros en las horas críticas a partir de las 16-17 hs pierden su forma , necesitando mucha envoltura anímica.

Sobre todo la segunda parte de la tarde debería transcurrir muy ordenadamente, apelando al mismo tiempo al estado anímico mediante un modo sereno, transmisor de amparo. Bueno sería la implementación de un pequeño programa para y con el niño, siempre a la misma hora. Este programa debería tener dos partes: una activa, la otra auditiva. Para la parte activa se aconseja el modelado. Estimulará al niño a formar dos hermosas bolas redondas, una grande y una pequeña. De la grande puede surgir luego una caverna con un agujero de acceso; de la pequeña un lauchita que luego se meterá en la caverna/cueva. Puede ser también un nido con un pajarito. O una casa con un gnomo. Sólo quiero dar una orientación. Luego llega la parte auditiva. Contará un cuento, cantará o tocará algún instrumento. El niño tendrá que estar muy cerca de Usted; quiere sentir su proximidad física. Para terminar, puede haber una charla de 5-10 minutos. Luego se emprenderán los preparativos para la cena. Será maravilloso, si el niño está sentado en la cocina haciendo un dibujo, mientras Usted haga las tareas. O haga algún juego. Y Usted intentará trabajar con la mayor cautela y suavidad posible, sin hacer estruendosos ruidos con la vajilla y sin decir maldiciones, sino realizar las tareas con esa amorosa circunspección, para con esas ejecuciones prácticas-diarias, que le brinda seguridad al niño, a través de la ejecución imitativa interior (como ya lo hemos dicho). Por supuesto, que el niño puede participar en los preparativos de la cena, de acuerdo a las posibilidades de su edad. La alimentación en ocasión de la cena, debería ser sana y también de fácil digestión. Para los niños temerosos. Al respecto, deberían orientarse a las recomendaciones para un dieta apropiada (estómago-intestino)

Preparativos para el sueño y el comienzo del nuevo día

Después de la cena y para los preparativos del ir a la cama podrán prestar las siguientes ayudas: El niño debería tomar un primer lugar un baño de pies, caliente y llegar con ello realmente a la calma. Cuando el resto de la familia está reunido en el living, lo mejor es que Usted se retire a una habitación contigua. Tal vez pueda tocar nuevamente alguna música. No son recomendables las canciones y cuentos hablados por casette, puesto que se trata de la proximidad y dedicación. El baño de los pies no necesita durar más que a lo sumo diez minutos. Luego se frotarán vigorosamente con la toalla y se los untará con aceite. Y luego viene el juego de la adivinanza mediante el tacto con los pies: El niño cerrará los ojos y adivinar con los pies objetos que Usted colocará allí, por ejemplo una manzana, un limón, una piña, algunas nueces, un huevo, un animalito peluche. Para todo objeto correctamente adivinado se otorgará un punto y a partir de una determinada cantidad de puntos, un premio. Por supuesto, que este juego puede ser llevado en forma recíproca, es más divertido. El niño deberá concentrarse por completo a la vivencia del tacto, sumergirse con toda su conciencia, hasta los pies. Entonces se produce el efecto deseado. Al cabo de unos diez minutos, se finalizará con el ejercicio-juego y se le colocará medias precalentadas y un calzado firme. Sigue la parte tercera: el ejercicio de equilibrio y salto. EL niño camina por la habitación con una varilla de cobre o un libro sobre la cabeza, luego se subirá a la mesa y saltará al piso con toda su fuerza, tres veces seguidas, solo o tomado de su mano; luego nuevo balanceo de la varilla y nuevo salto y una vez más. El ejercicio finaliza con tres saltos. Luego pueden comenzar los preparativos para ir a la cama, breves y concisos. No permita el dilapidarse, sino dirija Usted el asunto con suave firmeza. Si aún le hace al niño una compresa abdominal calentita con manzanilla o milenrana, colocada mientras le cuenta el cuento – y por favor, no olvidarse de la oración – entonces, desde la tarde, hasta la noche habrá llevado a cabo un programa pedagógico curativo de primer nivel. Este es un ejemplo de los que entendemos bajo pedagogía curativa. De esta forma, los padres pueden ser los terapeutas de sus hijos, de este modo, el amor se constituye en algo viviente y práctico. El amor debe prestar videncia y no enceguecimiento. Vidente y capacitado al actuar.

Los niños temeroso-cohibidos tienen su mejor época por la mañana. Cierta vez pregunté a un niño así, que al día siguiente iba a visitar a la abuela en sus vacaciones, si ya estaba contento de hacer el viaje Y me respondió: “Por la noche siempre todo es tan diferente que por la mañana. Mañana por la mañana, seguro que me alegraré nuevamente. Lo que este niño ya conocía muy bien en sí mismo ese aumento de miedo frente a cambio, que se acrecienta con el atardecer. Los niños temerosos, muy contrariamente a los niños inquietos, tienen la inclinación de seguir permaneciendo en su situación actual. Temen el cambio y el encontrarse con algo nuevo. Mientras que los niños inquietos temen, por el contrario, el tener que permanecer en un lugar o situación. Para ambos es muy beneficiosos la mirada vespertina, retrospectiva y la mirada hacia el nuevo día; en los niños inquietos empero debería ponerse el mayor énfasis en la RETROSPECCIÓN (el permanecer en contacto, en relación con lo que hubo, con lo que ya pasó). Mientras que para los niños temerosos es más importante la mirada hacia delante (el entrar en clima con lo venidero, futuro) Con el niño inquieto, por lo tanto se debería recordar el día pasado, desde la mañana hasta la noche (desde los 10-11 años también de manera inversa) y hablar brevemente del día siguiente. En el niño temeroso se procede de manera inversa: se lo lleva a cabo una breve retrospección y se habla detalladamente del próximo día y sus sucesos a acontecer. Inmediatamente después del amanecer y aún antes de la canción matinal, se repetirá esa mirada precursora hacia el día que se inicia. Bastan cinco minutos por la noche y cinco minutos por la mañana. Luego, toda la familia canta una canción. ¡Les ruego, dar la merecida importancia al canto matinal y a la oración por la noche, no se trata de asuntos secundarios! Luego, para los niños temerosos, se recomienda, como ya lo dijéramos, una fricción de cuerpo entero. El niño debe estar acostado (y no debe sentir frío) Lo frotará desde la cabeza a los pies con un aceite corporal bien tolerable y de agradable aroma. Con ello se logra, que el sentimiento de forma y de envoltura que el ángel le ha otorgado al niño durante la noche y que en los niños temerosos se evade demasiado rápidamente por el embate de los sucesos del día, permanezca durante un tiempo más prolongado.

 

Educación y auto-educación: La mirada positiva

En realidad, me he apartado un poco de mi propósito de no brindar recetas, sino darles algunas ideas con respecto a las relaciones del estudio del hombre, para que Ustedes mismos desarrollen ideas tendientes a solucionar problemas. En realidad les di sugerencias en reiteradas oportunidades, puesto que me causa alegría, poder compartir con Ustedes mis experiencias recogidas a lo largo de los años como terapeuta infantil y consejero educativo. No debemos empero, excedernos con los datos. Mi intención más importante es estimularlos a que a través de observaciones exactas, esfuerzos propios y cierta práctica meditativa sugerida al comienzo adquieran facultades de llegar a conclusiones propias de cómo ayudar a su niño.

Lo que hemos estado observando con respecto al sentido del tacto, y con ello acerca de la problemática fundamental en la que se encuentra inmerso el niño temeroso-cohibido, hay una buena cantidad de material y supongo que si releen varias veces esas hojas notarán que las imágenes allí contenidas, comenzarán a trabajar dentro de Ustedes. Y no olviden la regla fundamental de la observación detallada desprejuiciada, que no persigue respuestas rápidas. ¿Qué le llama la atención en su niño, una vez que interiormente se libere de la dinámica cambiante de estímulo y reacción, expectativa y desilusión, etc. que no deja espacios libres para lo imprevisto, el nuevo comienzo? Con los niños difíciles se llega fácilmente a la postura de ver en todo lo que sucede tan sólo la confirmación de aquello, que de todos modos temíamos iba a suceder. Los niños son detenidos dentro de un rol de pre-juzgamiento, que les achacamos a causa de nuestra decepción. Imperceptiblemente, la conducta de los padres va cambiando de modo tal, que en el niño se va promoviendo justamente aquello que en realidad debería dejar de hacer. La mejor solución para romper con ese círculo vicioso es aquel ejercicio de la observación sin prejuicios, ni conclusiones. Aportar interés por el niño de eso depende. Si Ustedes logran eso (aunque fueran quince minutos por día) a los que luego recordarán en su momento de recogimiento por la noche, paulatinamente podrán avanzar, ampliando el ejercicio en sentido tal que ciertamente cultive un prejuicio positivo. Mi niño posee cualidades hermosas, adorables, admirables, y voy a prestar especial atención a las mismas. Están practicando por lo tanto el interés atento participativo y notarán como la mirada auténticamente interesada busaca convertirse en mirada amorosa. Deben aprovechar esto, allí esta dada una oportunidad que puede ser utilizada con presencia de ánimo. Si Ustedes se abren para aquello que allí promovido por el adiestramiento de la observación golpea en la puerta de su conciencia y traban una real amistad a través de la ejercitación, poco a poco ganarán una nueva relación para con su niño problemático. Actualmente está en boga hablar del pensar positivo. Si refiere empero siempre al aspecto egoísta: piensa positivamente acerca de ti mismo. Una regla básica bastante pobre me paree. Acerca de lo que poco se habla es la otra clase de positividad, que tiene que ver con énfasis y con bondad: La mirada positiva orientada hacia el prójimo. Tales cualidades, por supuesto que corren en contra del relevante espíritu del tiempo actual.

El espíritu del tiempo oculto empero, que no está parado en cada bocacalle y no nos sonríe de los carteles, lo bendecirá. Ajustar nuestra cultura a las necesidades de nuestros niños, adquirir fuerza de amor y tolerancia en el trato con ellos, que la vida social en todos los planos puede conducir a una orientación nueva, ese es el mensaje de ese espíritu oculto de la época actual.

 

El niño temeros-cohibido: otras observaciones

Usted tiene en su casa uno de estos niños y una y otra vez se enfurece, cuando por cada insignificancia, se arma un espectáculo. ¡Dios mío! El peinarse por la mañana! Pero no solo el peinarse cuanto más avanza la aguja del reloj al lugar donde es hora de salir de casa, ya sea para ir al jardín de infantes, ya sea la escuela tanto más lento se tornan los movimientos del niño. Pareciera que en lugar del té matinal hubiese tomado una botella de tranquilizante. ¡Y al despertar había estado tan alegre! ¿Quiere hacer enojar a la madre? Y la aguja avanza. De pronto, los zapatos lo aprietan. El pullover le causa escozor. Por lo tanto, otros zapatos, otro pullover. Le ayuda a ponerse el abrigo y como por lo avanzado de la aguja del reloj, Usted ya está bastante nerviosa, sin querer lo rasguña en el cuello. Se arma un griterío como si le hubiese clavado un cuchillo. Así sucede siempre. Por la mañana relativamente la situación es soportable en comparación a la segunda mitad del día: ¡esa hiper-sensibilidad! Y hay otra cosa, que va empeorando en el curso del día se torna cada vez más torpe. Constantemente se le cae algo, constantemente se golpea contra algo, tropieza en el borde de la alfombra, coloca la copa del jugo con tanta fuerza sobre la mesa que una parte se vuelca, etc. Lentamente comienza nuevamente la indagación:¿Qué hacemos después? ¿Y más tarde? ¿Y después de eso? Lo otro que hace rato que la está molestando son los ticks: pestañar, una posecilla, tragar saliva, etc. A la par con el aumento vespertino de esos enojosos hábitos se incrementa la repugnancia . Toda una gama de cosas y sustancias, ruidos o hasta palabras (y ni hablar de alimentos) son repugnantes. A partir de las 16hs. la capacidad de concentración disminuye rápidamente y el hacer los deberes para la escuela se conforma en auténtica guerra de nervios.

Esta es, aproximadamente, queridos padres, el tipo del niño temeroso-cohibido. Los síntomas enumerados hablan elocuentemente de la carencia del sentido de forma y de envoltura, la deficiente percepción de sí mismo y los miedos de contacto. Rudolf Steiner ha señalado a ese estado como vulneración anímic a. Con ello tiene que ver también la dificultad de cambiar de una situación a la otra. Quien se siente seguro y a gusto en su cuerpo, lleva consigo siempre algo del terruño, nunca sale afuera a la desprotección total (para su percepción), puesto que el cuerpo es la morada que no se abandonará sea donde fuera que se vaya. Cuando no existe esa seguridad fundamental, la situación tiene que reemplazar el cuerpo, el entorno en el cual se encuentra el hombre en ese momento, y que ha sido indagado con respecto a la ausencia de peligro. De allí, proceden estos estados, llamados miedos de umbral, que hemos conocido en su versión matutina y vespertina, agregándose por la noche y aumentando el problema, el temor de la despedida: dormirse, equivale a despedirse, dejar atrás la posibilidad del constante retro-aseguramiento, la existencia del mundo conocido (que reemplaza la envoltura física) que ya no puede ser controlado. Lo que dejo atrás al dormirme, podría haber desaparecido, o destruido, cuando despierto. Ese es el temor de los niños con miedo. Una de sus preferentes fantasías de horror y de pesadilla es el incendio de la casa.

Estos niños poseen algo de príncipe o de princesa, la mayoría de ellos son muy bonitos de piel clara y delicada, muy a menudo rubios.

Se destacan por sus dotes lingüísticos y el cúmulo de su fantasía, mientras que les cuesta el penase lógico-abstracto y la representación exacta, a pesar de que muchos de ellos se dan cuenta de esa falencia, tratando de superarla, ejercitándose. Eso empero es algo menos común. Visto desde el lado de la salud, el niño temeroso-cohibido a menudo sufre afecciones respiratorias en el ámbito bronquial que puede llegar a la bronquitis espástica y el asma; irritaciones de la meninge, erupciones cutáneas y afecciones de la vejiga. Tener una pronunciada afinidad hacia todo lo solemne y bello en el sentido de épocas pasadas. Me llamó la atención que esos niños gustosamente serían serviciales y altruistas, quisieran ocuparse de débiles y brindar consuelo a los tristes, no lográndolo empero a causa de sus temores. Y esto los entristece. Pero, vean Ustedes queridos padres: hemos aquí un conjunto de facultades valiosas y adorables que se encuentran latentes dentro de estos niños y que aguardan poder manifestarse. Orientemos entonces nuestra mirada interior a ese potencial, restringido aún por los miedos y ayudémosles mediante todo aquello que hemos visto acerca del fenómeno de las alteraciones primarias y secundarias del sentido del tacto y de las consecuencias resultantes, para la realización de ese potencial. Equivaldría a: Educación mancomunada con el ángel.

 

Resumen: El trato con niños inquietos y temerosos

Observe a su niño y complemente lo que ve, con aquello que sabe; obteniendo así, una imagen-pregunta. Lleve esta imagen consigo al dormirse. Inténtelo! “Había una vez una princesa a la que podían colocarle ropas y más ropas pero siempre se sentía desnuda. Y cuando se le puso una coraza y el viento la rozó como una ramita por la noche pudo verse una lesión en ese lugar…” ¿Cómo seguiría Usted contando este cuento? Usted sabe, al final del cuento está siempre la redención.

Niños inquietos y temerosos: son los casos problemáticos que en la actualidad en pedagogía y en terapia nos causan el mayor dolor de cabeza. Resumamos una vez más los puntos clave, que en la educación de los niños inquietos y nerviosos marcan el rumbo y debieran ser tomados en cuenta, ya en la edad pre-escolar.

Ritmo-continuidad-brindar calor-alimentación selectiva-bienestar físico-cuidado del sueño-permanecer ligado a lo que pasó-paciencia y recogimiento como posturas educativas-Tolerancia como postura vital ejemplar.

A partir de ello pueden llegarse directamente a nuevas conclusiones. ¿Acaso no somos llevados directamente a la importancia de la música? ¿O al agua como elemento arquetípico del bienestar?

El planteo pedagógico-curativo de la “Ejercitación de la lentitud” o bien de la des-aceleración (por ejemplo en los ritmos) cae a la vista. O el invento de historias que siguen y siguen con un determinado tema, bien hilvanado (quedar en conexión con lo pasado, continuidad) Etc. Recuerden los conceptos mencionados todo lo demás surgirá en el caso concreto, directamente del trato con el niño. En la profesión terapéutica sucede lo mismo. Al haber encontrado el rumbo aproximado, el niño mismo nos señalará el camino exacto. Es menester tan solo estar atento y aprender a descifrar los mensajes del niño. Por supuesto, que no quiero evitar que pida el consejo de un experto. Pueden empero exponer sus propias ideas al consejero educativo, y si la persona en cuestión no lleva consigo la carga de un falso amor propio, se alegrará que mucho de aquello que él estaba por decirle ya ha sido descubierto por Usted mismo. Esa es por lo pronto mi postura frente al trabajo en común con los padres: que ellos mismos colaboren con ideas, sobre la base de conocimientos adquiridos a partir del estudio del hombre. Hasta cierto punto, la educación es una ciencia y también una tarea artesanal. Se necesita, por lo tanto un conocimiento básico y una capacidad práctica. Ambos son aprensibles y transmisibles. En primer lugar empero, la educación es un Arte. E imagínense ahora, que pintor o compositor o poeta sería ese, al lado del cual debería estar siempre un maestro para indicarle que hacer como próximo paso. El proceso artístico propiamente dicho puede ser llevado a cabo únicamente en libertad, con todos los sucesos de dicha y de desesperación involucrados. Y es valedero también para el arte de educar.

¿Cuáles son las palabras claves, orientadores en ese sentido para la educación de los niños temerosos-cohibidos? Resumamos: Proximidad- protección-cuidado de la piel-vestimenta con fibra natural-fomento de la vivencia del tacto- prestas atención a la calidad de los objetos tocados- clima envoltorio en las horas vespertinas-preparar el clima venidero- postura educativa a partir de la suavidad conciente de la forma- asistencia-amorosa como orientación ejemplar.

No es obvio la recomendación del empleo de la arcilla y luego la piedra; el modelado, luego la escultura? ¿El cuidado de las plantas, la jardinería/huerta como campo experimental? ¿Seleccionar cuentos apropiados como medio curativo; ayudar a los niños a descubrir e inventar cuentos ellos mismo? No sigo enumerando. Quiero recordar una vez más que tenemos que tener en cuenta lo siguiente, si queremos entender al niño temeroso: El trauma arquetípico del niño inquieto es, el no ser deseado . EL trauma arquetípico del niño temeroso es ser abandonado

Como ya dijéramos son los niños inquietos y los niños temerosos, los que nos causan mayor dolor de cabeza. Es por ello que los he colocado en el centro de nuestras consideraciones, habiendo hablado con la respectiva minuciosidad acerca del sentido de la vida y del tacto. Siendo el punto de vista especial aquel de preguntarnos una y otra vez: ¿Qué cualidades sociales-orientados hacia el prójimo quiere el ángel insertar en los recipientes que le ofrecen los sentidos sensoriales físicos saludablemente desarrollados? O dicho de otra manera: ¿Qué aspecto de aquello que denominamos la inclinación del niño hacia el bien, pronta a la imitación se vigoriza de caso en caso, mediante el cuidado de estos sentidos?

La Educación moral, es el tema que transita a través de nuestras reflexiones acerca de la teoría de los sentidos, a modo de una corriente un río subterráneo que ocasionalmente aflora, de una forma de ver las cosas muy diferente a lo usual. Es así, que pudimos concordar que el sentido de la vida, o sentido vital, que es fortificado mediante el apoyo ordenador-armonizador del mundo espiritual, la posterior facultad de la tolerancia está estrechamente vinculada con el sentido del tacto y el efecto Formativo-configurador hacia él orientado desde el mundo espiritual, resultando como postura de vida la asistencia-amorosa .

Nosotros podemos contribuir con lo nuestro tomando en cuenta los lineamientos educativos antes enumerados.

 

4. Sobre los rastros del sentido del movimiento y del equilibrio

Acotaciones previas

El círculo de los cuatro sentidos de percepción física propia se cierra al orientar nuestra mirada al complejo de sentidos del movimiento y del equilibrio, preguntándonos nuevamente, para cuales posteriores facultades anímicas se crea el fundamento, al apoyar con nuestros cuidados educativos el proceso de incarnación en ese ámbito. Bajo proceso de encarnación entendemos los diferentes aspectos del relacionarse lo anímico-espiritual con lo físico-corporal; y una parte esencial de ese suceso consiste en el hecho que el niño pueda adquirir una clara facultad perceptiva de los estados corporales suyos en relación al entorno. Se trata de percepciones que se refieren al modo, en el cual el alma se relaciona con el cuerpo y los procesos del cuerpo y donde la relación hacia el mundo exterior siempre interviene en la determinación de la dinámica de esa relación. Este hecho quedó en clara evidencia en el ejemplo dado con respecto al sentido del tacto. Allí se vivencia la piel como región delimitadora así como también transmisora; existe por lo tanto el aspecto protector y el aspecto sensitivo, la sensación de forma y de envoltura y por otro lado aquello que he llamado resonancia y evidencia : ese sentirse tocado en lo más profundo por el mundo, por lo cual recién nos podemos vivenciar como parte de una realidad viviente y estar en condiciones de formar un juicio acerca de las cualidades de las cosas. Aquí queda muy en claro, que en principio se trata de la percepción del propio estado de agregación corporal-anímico dentro del trato (involuntario) con el mundo exterior que se produce mediante el sentido del tacto, como vivencia fundamental continua y variable.

Recién en segundo, o tercer término, el sentido del tacto interviene en la activa intercomunicación yo-mundo, como medio de investigación de lo desconocido – como escribe Scheuerle- y para establecer proximidad y confianza. Primariamente, este sentido por lo tanto se orienta a la percepción de un estado general determinado, o bien las condiciones de la estructura de los miembros del ser, que paulatinamente se va produciendo en el proceso de encarnación y es relativamente estable en la vida posterior pero solamente relativamente, vale decir, que siempre habrá situaciones en la cual se ve amenazada la seguridad básica transmitida por el tacto. A través de esas medidas de cuidado del sentido del tacto durante la infancia, apoyamos al proceso de encarnación desde ese lado y contribuimos para que la mencionada seguridad básica en la vida posterior pueda resistir un cúmulo más elevado posible de exigencias. Lo mismo vale para los demás sentidos basales. Se trata siempre de tomar en cuenta un determinado matiz del proceso de encarnación y transmitir seguridad existencial, mediante el correspondiente apoyo educativo ¿Qué significa esto con respecto al sentido del movimiento, y del equilibrio?

 

“Percepción de lo libre anímico-propio”

Rudolf Steiner ha caracterizado al sentido del movimiento como aquel sentido, mediante el cual estamos conectados en un principio en aquello que movemos dentro de nosotros mismos desde el parpadeo, hasta el movimiento de las piernas. Todo lo que tiene lugar dentro de nuestro sistema de miembros y muscular cuando nos movemos, es registrado, inconscientemente, por ese sentido. Karl König escribe en su libro Los tres primeros años del niño : “Cada movimiento muscular requiere la coparticipación de toda la musculatura arbitraria; esto es valedero asimismo para la motricidad de la palabra hablada; está totalmente inserta en la actividad de la motricidad general”. Ya sea que caminamos, bailamos, o solo movemos el meñique, en todos los casos, la musculatura en su conjunto debe ser orientada, pasiva o activamente al curso del movimiento intentado. Se trata de obras maestras coordinadas compositoras , que se están llevando a cabo constantemente a partir de nuestro inconciente y mediante nuestro sentido del movimiento propio, participamos perceptivamente en ese suceso. Puede hablarse de una capacidad perceptiva Instintiva , de un sentir extremadamente sutil, que –como hemos dicho- permanece por debajo del umbral de la conciencia. Lo que empero acontece allí en lo oculto, capacitando al hombre a valerse de su cuerpo físico como instrumento del movimiento, de modo tal, que ese cuerpo físico, altamente sensible obedece en delicadísima afinación senso-telo-motor (R Jung seg. Cita a Scheuerle) a los impulsos de movimiento interiores, o acompaña interiormente movimientos exteriores y se adecua a los mismos, eso posee un efecto sobre el sentimiento de vida general.

R.Steiner señaló a ese efecto, que irradia a la vida anímica desde la actividad sensorial del movimiento, como Percepción de lo libre anímico propio (de uno). El sentido del tacto transmite la sensación de forma y de envoltura y la constante experiencia subconsciente de la unión con lo divino; el sentido de la vida transmite el bienestar arquetípico y el sentido del movimiento produce una sensación de libertad. Ahora se agrega al sentimiento – si se me permite la expresión- de sentirse amparado en manos de Dios, a la confortable sensación del descansar dentro de uno mismo. La sensación de libertad, o mejor dicho la sensación del Libre movimiento anímico dentro del cuerpo . Steiner dice al respecto:”El sentido del movimiento aquello que sucede dentro de nosotros al notar a través de la distensión o la extensión de nuestros músculos si estamos caminando, o estamos parados saltamos o bailamos o sea aquello mediante lo cual percibimos si, y como estamos en movimiento, eso suministra –irradiado al alma-aquella sensación de libertad del hombre que le permite reconocerse como alma. El hecho que Usted puede percibirse como alma libre, se debe a la irradiación del sentido del movimiento”.

No lo olvidemos: se trata aquí de sentimientos, que por lo general no llegan plenamente a la conciencia. Recién al echarlos de menos, tomamos conciencia de ellos. Un hombre por ejemplo, que sufre graves ataques de temor percibe con dolor que ha perdido la seguridad –base, transmitida por el tacto. Su sensación de forma y envoltura se desintegra frente al ataque del miedo se desvanece la sensación del estar amparado en manos de Dios y sufre estados en los cuales todo le parece in-cierto. Quien se encuentra afectado por inquietud, nerviosidad, falta de concentración y olvido, se dará cuenta, que le falta la sensación fundamental – transmitida por el sentido de la vida – de bienestar, serenidad y continuidad, que en otros tiempos ha vivido como algo natural: aquella sensación de sentirse rollizo en sentido positivo, como ente corporal de cúmulo espacial, que poseen en demasía aquellas personas con naturaleza de elefante . Mientras que todo está en orden, no nos damos cuenta de las constantes percepciones inconcientes y sensaciones –base adheridas que con respecto a nuestra estructura cuerpo-alma conforman al fundamento existencial sensorial, sin el cual no estaríamos facultados a la vida. De inmediato veremos, que efecto tiene, si alguien no se encuentra lo suficientemente asegurado por la sensación-básica, transmitida por el sentido del movimiento. Considerémoslo empero primero con mayor detención del lado positivo.

 

El “sentimiento de autonimidad”

Por el hecho, de que como seres anímicos por una parte nos sentimos arraigados en la estabilidad y la seguridad de nuestra existencia (sentido de la vida) y mantenido en forma por medio de nuestra figura física, y respectivamente, la estructura de la fuerza plasmadora de la figura y conservadora de esa figura (sentido del tacto) que empero en ese marco así y todo puede desarrollarse una movilidad del interior libre, para la cual el cuerpo físico no es un obstáculo, sino delicado y dócil instrumento perceptivo y expresivo; por el hecho que eso es así y que al respecto sentimos una seguridad instintiva, podemos recién así, percibirnos realmente dentro de nuestra autonimidad. ¿Ustedes conocen esa palabra? Autónima se llama una obra publicada por su autor bajo propio nombre y en la lógica se entiende bajo ese término la denominación que a su vez equivale, al nombre propio de sí mismo. Por lo tanto, yo es la clave autónima, sencillamente y de autonimidad anímica puede hablarse si tenemos la sensación de libertad y autodeterminación en la conformación de nuestra vida. Al sentido vital le debemos la Experiencia de continuidad con relación a nuestra biografía; al sentido del tacto, la facultad de situarla frente a nosotros a modo de imagen como algo en sí mismo estructurado y nacido en el intercambio recíproco con el mundo. El hecho empero que somos nosotros mismos los que la creamos, le damos forma se nos hace conciente recién por tener el sentido del movimiento. Es él, quien nos transmite el “sentimiento de autonimidad”.Lo que subyace en ese sentimiento es, en el status rascendi “La irradiación de los resultados dentro de nuestro ánimo” por el actuar inconcientes del sentido del movimiento (Steiner) Este es el fenómeno arquetípico. Unicamente si nos sentimos a nosotros mismos dentro de nuestros movimientos, podemos movernos con libertad. Por otra parte, no podríamos sentir nuestros movimientos del modo correcto si constantemente perdiéramos el control sobre los mismos. Esto nos irritaría sobre manera en nuestra percepción de los movimientos propios.

Supongamos que nos pasa algo que nos mueve a gestos absolutamente fuera de control. Nos sentamos por ejemplo sobre un hormiguero: saltamos y nos movemos desesperadamente. O unas avispas vienen volando en dirección a nuestra cara: damos manotazos, sacudimos violentamente la cabeza y hasta puede ser que nos golpeamos sobre la propia nariz. En tales situaciones ¿Conservamos el dominio con respecto al curso de nuestros movimientos? Difícilmente. Es por ello que, después de habernos sentado sobre un hormiguero, de ningún modo tenemos la percepción de lo libre anímico propio, sino más bien la de estar fuera de sí. Resumiendo: la seguridad existencial transmitida por el sentido del movimiento se basa en el hecho que nos sentimos realmente bien orientados con relación al curso de nuestros movimientos. El hecho de que se trata de una orientación inconciente no significa que no sea confiable. Por el contrario, las orientaciones inconcientes son las más confiables, siempre y cuando no sufran una alteración por circunstancias adversas.

En el ámbito del sentido del movimiento estamos del mejor modo orientados, cuando en la subconciencia estamos conectados a la afinación de nuestras secuencias del movimiento. Tenemos entonces una percepción del movimiento propio, que nos otorga Seguridad del movimiento . Además, nos otorga seguridad con respecto al acompañamiento interior de los movimientos exteriores. Para poder percibir los movimientos tenemos que movernos, acompañarlo en nuestro interior nos explica Scheurle. El sentido del movimiento en realidad no percibe al movimiento exterior, sino el movimiento vivido en el interior, que acompaña al movimiento exterior, lo que equivale a lo siguiente: El Hombre-movimiento se percibe mediante la vivencia-acompañante interior, del proceso exterior del movimiento. No estoy hablando aquí de la percepción objetiva, si no de la percepción de movimiento. Al seguir con la mirada el vuelo de un pájaro en las diferentes posiciones consecutivas de su vía aérea. Pero recién por el hecho de que el sentido del movimiento está conectado al proceso visual, comprendemos que el pájaro está volando; moviéndose con determinada velocidad de un lugar a otro. Sin el sentido del movimiento no tendríamos la facultad de poder captar que las diferentes posiciones, cambiantes del cuerpo del pájaro, sus cambiantes posturas están armoniosamente sincronizadas, y constituyen en resumen el curso del movimiento del vuelo.

Ni el hecho de que el pájaro vuela, ni el cómo lo hace podría ser comprendido por nosotros a no ser que acompañemos el vuelo en nuestro interior, y en esa oportunidad estamos escuchando los pormenores. Así podemos afirmar: Toda percepción de movimiento propio. R. Steiner cierta vez expresó acerca de los sentidos basales en general, pero en especial con respecto al sentido del movimiento: “Eso es lo interesante del asunto a pesar de que aquello que percibimos, lo percibimos de manera decididamente subjetiva con orientación hacia el interior, se trate de procesos completamente objetivos”. O dicho al revés: A pesar de que se trate de procesos objetivos, por ejemplo el vuelo del pájaro, o el mecerse de la cima del árbol por el viento, los percibimos de manera decididamente subjetiva con orientación hacia el interior”.

 

El compositor oculto

Movimientos caóticos, héticos, entre sí incoherentes, repentinamente interrumpidos, para el sentido del movimiento significan algo así, como para el sentido auditivo un fuerte estruendo o un ruido chirriante desagradable. Ante tales fenómenos se ve sobre exigido. Su elemente es el movimiento pleno de sentido . Cuando nuestro estado agregado corporal-anímico dentro de una espontánea comunicación con el mundo exterior” es de modo tal, que nos sentimos plenamente insertados como seres de libre movilidad dentro de los contextos de movimiento del mundo; cuando se presenta esa simultánea experiencia de soberanía y unión, generándose de ésta una determinada imprimación anímica, que como hemos visto, no resalta mayormente en la vida común, cotidiana, pero que así y todo se hace sentir en esa vida común, como una especie de luminosa radiación constante, que nunca puede ser totalmente extinguida por las aflicciones, penurias y temores con los cuales tenemos que debatirnos.

Quisiera llamar a esa imprimación “relación para con el mundo en libertad”. Allí se halla fundamentalmente la esperanza confiada de poder apelar a un nuevo impulso del movimiento biográfico aún en una situación que parece no tener salida; de poder promover un cambio de rumbo, de poder tomar una iniciativa.

Cuando alguien ha sufrido una grave derrota y puede adoptar una nueva postura tal de decir con toda firmeza: Y bien, comencemos de nuevo! Está muy bien dotado en lo que a su seguridad fundamental, transmitida por el sentido del movimiento propio. Posee en elevada medida el de autonimidad. La primera parte de ese fragmento oración (“y bien”) contiene un juicio acerca de la derrota sufrida en el pasado: de nada vale quedar atascado en lo sucedido, que no puedo cambiar, no puedo mover, como si fuese algo malo; se ha conformado simplemente en una parte de mi biografía a la que debo aceptar: “Y bien”. En la segunda parte (“comencemos de nuevo”) se expresa la confianza en la facultad propia del actuar, el sentirse como alma libre con miras al futuro. El sentimiento de autonimidad, transmitido por el sentido de movimiento posee un claro aspecto de futuro.

Pero hay algo mas que se añade. Lo que podemos señalar como fase elemental y fenómeno arquetípico del desarrollo del sentido del movimiento- el percibirse dentro de la propia y libre movilidad- lo hemos descripto hasta ahora con respecto a los movimientos propios corporales, o bien en la participación de movimientos ajenos objetivos. Por supuesto, que para el sentido del movimiento es valedero también lo que vimos con respecto al sentido de la vida y el sentido del tacto: las correspondientes/respectivas facultades perceptivas, o bien, sensibles, pasan por metamorfosis.. Tenemos que preguntarnos por lo tanto:¿De qué manera aparecen las competencias transmitidas por el sentido del movimiento, sobre el plano puramente anímico? ¿Qué sublimaciones existen allí? Aquí es el genio lingüístico quien nos señala el camino: Al sentirnos conmovidos íntimamente por una vivencia, se habla de una vivencia “conmovedora”. ¿Y qué es lo que se pone en movimiento en oportunidad de la vivencia conmovedora? Para ello, la lengua conoce la expresión emoción (movimiento anímico). En un nivel superior, el sentido del movimiento propio es aquel sentido, quien permite vivenciar las propias emociones, a través del cual perceptivamente nos inclinamos hacia nuestra vida del sentir y los procesos conmovedores que allí tienen lugar, en el trato con el mundo exterior, sobre todo en el trato con otras personas.

Y también aquí es valedero, que es la facultad perceptiva para con las propias emociones la que recién nos condiciona a participar, compresivamente en nuestro interior, de las emociones de los demás.

Mencionamos sólo de paso, que allí tienen lugar a su vez conmociones somáticas, en cuanto nuestros procesos vegetativos no quedan exentos de aquello que sentimos. Lo que aquí nos interesa, es el fenómeno de la movilidad libre sobre el plano puramente perceptivo. El sentimiento de autonimidad resulta del hecho – visto desde ese aspecto – del hecho, de que no estamos determinados por completo por estados anímicos reflectores, fugaces, condicionados por situaciones supeditadas a bruscos cambios, inconstantes, incoherentes, sino que estamos insertos con vivencias propias dentro de nuestro mundo del sentir, situación ésta que nos faculta a la coherencia y la constancia. Por supuesto que en la vida anímica humana esta presente también el caos, la ética, la discontinuidad, o sea procesos mediante los cuales a ese nivel se encuentra irritada la percepción del movimiento propio, tal como se irrita sobre el nivel somático a causa del acceso de movimientos/emociones incontrolados. Pero no es por ello que se presenta la percepción de lo libre anímico propio. Se presenta en la medida en que podamos orientarnos dentro de nuestra propia vida anímica con percepción propia y acompañando la percepción de los demás, las transiciones son fluctuantes. Deberíamos destacar, sin duda alguna, el aspecto del acompañamiento perceptivo ajeno.

Quien posee un conocimiento aunque fuere aproximado de la psiquis humana, sabe que merma de libertada significa, cuando alguien padece una especie de ceguera anímica frente a las emociones de sus congéneres. Como ya hemos visto, la relación con el mundo orientada hacia la libertad se basa sobre el sincronismo de soberanía (independencia) y unión. Esto cobra validez (y en gran medida) para las relaciones inter-humanas. Suele suceder que en seminarios de estudios anímicos se remarca, que no estamos facultados al manejo conciente de nuestra vida anímica, siendo posible en medida mucho mayor en el ámbito del pensar. Seguramente es cierto. De hecho, esto en parte se basa sobre una ilusión con respecto al manejo propio de los pensamientos, pero, es verdad, hasta cierto punto podemos disciplinarnos en ese caso, al llevar a cabo por ejemplo un operación lógica; evitando a tal fin la menor cantidad de ramificaciones asociativas. Tal manera de conducción le es ajena en absoluto a la vida del sentir. Se la aniquilaría con ello; a partir de su propensión se opone a ser forzada dentro de rígidas formas.

Es por ello, que aquí viene al caso otra cosa, al hablar de independencia: no se trata del manejo según el modelo de la conducción de ideas, sino afinación. ¿Según qué modelo? Podría decirse, según el modelo de la musculatura. Suena extraño, recordemos empero: cada movimiento que realizamos exige la participación de toda la musculatura arbitraria. Es por eso que siempre nos movemos como Hombre completo . En realidad, nunca se mueve tan solo una parte de nosotros, sino que Nosotros nos movemos orientando todo nuestro sistema de los miembros- muscular, a ese determinado movimiento, con delicados matices entre tensión y afloje, expansión y acortamiento. “Sabemos” instintivamente qué partidas musculares acompañan el movimiento, cuando por ejemplo extendemos el brazo y más aún: cada impulso de movimiento acarrea de inmediato el impulso de movimiento complementario. Al extender el brazo, se hace valer de inmediato un flujo energético (R.Steiner habla de flujos astrales) que por así decirlo, revisa y retrotrae al movimiento. Es así, que el movimiento en su ofensiva no va más allá de la meta. “Siempre, cuando sucede un cambio dentro de una posición física, se mueve un flujo astral en dirección opuesta. Esto sucede ya en oportunidad del pestañeo, ya cuando movemos las piernas. Dentro de ese proceso equiparativo, vivenciado interiormente… se manifiesta el sentido del movimiento propio (Steiner). Estamos frente al modelo: la total afección muscular –los impulsos complementarios de equiparación. Una afinación similar se lleva a cabo también en el ámbito de las emociones, a modo de algo “vivenciado en el interior”. Participamos en cada emoción con la integridad de nuestro ser. Del modo más sutil notamos cualquier cambio de postura emocional y reaccionamos instintivamente frente a él, de modo tal que se conserva la relación anímica en su conjunto, para que nos veamos arrebatados por ejemplo por nuestros sentimientos de simpatía o vencidos por nuestra tristeza. Nuestra vida sentimental se semeja a un cuadro movido, una composición en constante cambio en relación al entorno, consistente de colores y formas donde de situación a situación domina en mayor medida ya el rojo ya el azul, ya lo redondo ya lo anguloso, lo plano lo lineal, de modo tal empero, que siempre actúa un artista oculto con fina sensibilidad para los procesos imaginativos cuidando que el cuadro no se desintegra y siga siendo una composición conjunta autoportante. El artista oculto somos nosotros mismos y la fina sensibilidad es la percepción del movimiento propio. También aquí, los impulsos compensativos complementarios juegan un rol decisivo.

 

Acerca de la afinación anímica

En modificación a la cita de Steiner podemos decir:”Siempre cuando en un estado anímico se produce un cambio, en el polo opuesto aparece un impulso de movimiento astral complementario. Dentro de ese proceso, vivenciado interiormente se manifiesta la sublimada actividad del sentido del movimiento propio.”Cuando nos alegramos, o nos enojamos por algo y no se presentaría de inmediato por el otro lado el color complementario anímico, o sea frente a la alegría un clima apenas perceptible elegíaco; o frente al enojo un hábito de satisfacción; si no activaríamos instintivamente el impulso contrario frente a cualquier fuerte impulso anímico, estaríamos entregados indefensos a nuestros estados anímicos. Así y todo suele suceder. Todos lo sabemos. Puede suceder que un arrebato emocional violento y repentino se apodere de nosotros de modo que nuestra percepción anímica del movimiento propio se vea superada. El artista oculto no puede reaccionar lo suficientemente rápido. Hay un dicho popular que nos habla de ira ciega. Se sobreentiende que no se trata de ceguera visual, sino de una ceguera de la auto percepción anímica. Más tarde se dirá: “Ni sé lo que hice”. Hablando jurídicamente se trata de la así llamada inconciencia de los actos. Pero no sólo es la ir, sino también la alegría, la tristeza, el miedo, el deleite y la aversión que pueden tomar dimensiones que nos enceguecen. Falla entonces la afinación que opera dentro del alma, perdiéndose así, el instinto composicional, y quedan sin efecto los movimientos de equilibrio complementario. Al sucedernos esto como adultos luego tenemos la sensación de haber estado enfermos, lo cual es correcto, puesto que se trata de una situación patológica cuando de pronto se pierde la orientación, ya sea en el mundo exterior ya sea en el propio interior.

Les ruego, que no crean, que aquí quiero promocionar un falso ideal de equilibrio, como es sostenido por gente que tiene conceptos rígidos con respecto a los impropio. Estas personas en realidad sufren de un complejo de culpas, bajo el cual todos sufrimos un poco, que empero en algunas personas se agudiza. Se trata en realidad del hecho, que los fanáticos-ponderados están perseguidos por el miedo de que una desmedida felicidad podrían ser castigados con una desdicha de iguales dimensiones. Prefieren entonces no ser demasiado dichosos. Y es un estado lamentable, que está ligado a un error fundamental con respecto a la justicia equiparadota. Como dicho, no conozco a nadie, quien no tenga lidiar oportunamente en el inconciente colectivo. En cierta medida es razonable, puesto que nos resguarda de arrogancia y soberbia. Se puede sentir por ejemplo que es una especie de pecado querer evadirse de la culpa general humana, como sin no nos incumbiera. Pero aquellos, en los cuales el asunto entra a una tendencia falsa y supersticiosa, ya no pueden alegrarse de nada y cuando quieren imponer a todo el mundo su miedo de ser felices, a la alegría y posiblemente en relación con un determinado ejercicio de poder e imposición, los efectos son altamente nocivos socialmente. No, de ningún modo defendiendo causa alguna, y menos aún aquella de una acomplejada aversión, que no admite colores vigorosos, y por miedo a las sombras que arroja la luz, quisiera cubrir al sol con un velo color lila. Pero tiene que haber el artista interior, quien puede manejar los colores y quien relaciona entre sí, luces y sombras en fin: mantiene la unión del alma. Tampoco podríamos bailar, sin ese compositor interior, que se ocupa de la afinación de nuestro organismo del movimiento. Lo mismo sucede don los sentimientos.

 

Figura del movimiento-figura del alma

Quien tiene que tratar con niños pequeños sabe, que su compositor interior se encuentra aún en época de aprendizaje. Es por ello, que están expuestos a un constante cambio de estados anímicos de índole intensiva, condicionados por las situaciones determinadas en elevada medida por sucesos del mundo exterior y es la misión de los padres cobrar un efecto atenuante equilibrador. El niño triste deberá ser consolado, el niño con alegría desbordante debe ser apaciguado, al niño temeroso se le infundirá valor. Siendo adultos, en la mayoría de las ocasiones nos consolamos, apaciguamos y cobramos coraje por nosotros mismos. Podemos hacerlo, por tener el delicado instinto frente a nuestras emociones, que nos faculta a reconocer y equiparar ya en sus comienzos todo tambaleo interior, todo peligro de salir fuera de órbita o de aplacarnos. Y esa circunstancia se lo debemos que a pesar, de no poder cobrar influencia a través de la conciencia sobre nuestra vida anímica, así y todo vivenciamos con relativa independencia que llevamos dentro de nosotros la “Percepción de lo libre anímico propio”. En el nivel fundamental, esa vivencia de independencia se genera a través del sentido de hallarse comunicado (inconciente) dentro de los cursos del movimiento Corporal propio. Luego se profundiza, cuando nos vivenciamos como compositores inconcientes dentro del mundo de nuestros sentimientos. También ello lo vivenciamos inconcientemente – en la mayoría de las veces. Estos procesos inconcientes empero, poseen un efecto notorio sobre nuestro estado anímico general. ¿Qué es lo que se produce por el hecho, que no constantemente somos arrebatados de un lado a otro, quedando como individualidad a pesar de todo movimiento influenciamiento y fluctuación ¿ Esto es así, por producirse con respecto a la propia vida anímica un sentimiento fundamental, de confiabilidad, independencia y conexión. Los niños pequeños aún no poseen este sentimiento fundamental. Aún no tienen la percepción constante de sí mismos, de hallarse dentro de una estructura anímica , que, a pesar de esta en constante movimiento – estructura móvil- en su trato con el mundo exterior, sigue siendo algo confiable y con continuidad, inserto en la evolución biográfica para con la Figura del movimiento. Por supuesto, que niños pequeños aún no pueden vivenciarlo así. Para usar nuevamente la formulación anterior, diríamos que no se sienten aún como seres de libre movimiento, plenamente insertos en los contextos de movimiento del mundo. El sincronismo de la independencia de acción propia y conexión tiene que ir formándose en el curso del tiempo como parte de la base existencial-sensorial.

 

Empatía y fuerza caritativa

La sensación de bienestar transmitida por el sentido de la vida, que sobre el plano puramente anímico reaparece como facultad de paciencia y recogimiento, fundamentando la virtud social de la tolerancia. La sensación de forma y envoltura transmitida por el sentido del tacto que necesitamos para desarrollar la atención participativa necesaria para que no se degenere lo que debería haberse convertido en tolerancia – y para que pueda formarse una postura vital de asistencia amorosa: Ambos juntos, aún no fundamentan la sensación de libertad, que procede del sentido del movimiento y nos posibilita de formar nuestra relación hacia el mundo y los hombres de modo tal, que nos tornemos Flexibles y con capacidad de adaptación , sin renunciar a nuestra propia personalidad. Vitalidad, agilidad interior en el trato con hombres y situaciones facilidad en el poder integrarse a procesos sociales, capacidad para la comunicación y el diálogo, no son dotes que algunos de nosotros los traemos con nosotros y otro no, sino que la primera y fundamental condición previa para desarrollar esa facultad, es la seguridad de orientación en el ámbito del sentido del movimiento. A partir de todo lo aquí expuesto, cae a la vista qué cualidad moral se fundamenta allí. ¿De qué nos serviría – hablando teóricamente - toda tolerancia y atención con plena participación, si no podemos movernos (conmovernos) con aquello que con-mueve a los demás?

De hecho se lo puede expresar sólo teóricamente, puesto que dentro de aquello que hemos dicho acerca del sentido del tacto, ya está contenido la calidad del movimiento, del mismo modo que en ocasión de nuestras reflexiones acerca del sentido de la vida debíamos tácitamente pre-suponer al sentido del tacto, etc. Al describir un campo perceptivo basal, no tenemos otra alternativa que incluir automáticamente los demás campos perceptivos basales.

Tomemos los elementos a modo de comparación, no podríamos hacer comentario alguno acerca del agua dentro de la naturaleza, al querer dejar de lado los efectos del aire, del calor y de la gravedad. Y sin embargo, se trata claramente de cuatro cualidades diferentes, que de modo diferente determinan nuestra existencia. Lo mismo sucede con nuestros sentidos basales: ¿De qué nos servirían la tolerancia y la participativa atención, si no podríamos acompañar a los de más en aquello que los mueve? Con toda nuestra tolerancia no seríamos más, espectadores no-participantes y con todo nuestro esfuerzo por co-participación en definitiva nada entenderíamos. Recién mediante la facultad anímica transmitida por el sentido del movimiento estamos en condiciones del sentimiento participativo pleno de vida que establece una relación que mueve en el interior. El valioso don de la emphaty , en definitiva la facultad de la consideración , posee aquí su trasfondo evolutivo histórico. De este modo se incrementa la sensibilidad (y mediante ese incremento recién se torna evidente) para con las peculiaridades anímicas y las sutiles estructurales del ser de nuestros congéneres, y con ello también frente a sus vulnerabilidades y necesidades, que hemos caracterizado como un empleo del tacto a un nivel superior.

Para los conocedores de la teoría de los sentidos, agregamos lo siguiente para evitar malentendidos: El sentido del yo, que posee una íntima correlación con el sentido del tacto, avanza a través de las peculiaridades anímicas y estructuras del ser de quien está frente a nosotros, llegando a una capa aún más profunda. Las percepciones del ser, que pueden ser descriptas con un adjetivo, en oportunidad de acompañar la ejecución, son percepciones del tacto sublimados; el contenido de la percepción del yo se retare toda adjetivación póstuma.

 

Conclusiones falsas – Impedimentos evolutivos

Nos hallamos frente a un hecho notorio de la vida anímica humana: para poder sentir lo que siente otro ser humano, para poder acompañarlo en sus emociones necesitamos para empezar, la percepción de lo libre anímico propio. Si no tenemos la vivencia interior de la libertad sobre su nivel básico, no somos capaces de desarrollar auténtica compasión. El altruismo y la libertad se encuentran indisolublemente ligados. Tal afirmación no posee concordancia alguna con nuestra época actual, pero eso no impide, que corresponde a la verdad. Tenemos que estar asegurados mediante el sentimiento base transmitido por el sentido del movimiento, para poder realmente introducirse en el sentir de nuestros congéneres. ¡La relación para con el mundo basado en libertad es el fundamento de nuestra facultad de compasión! Esto no significa, que por ejemplo una persona con impedimento motriz congénito no pueda sentir compasión. Existe empero una innegable relación entre el desarrollo del movimiento y el desarrollo lingüístico. A pesar de ello hay niños con parálisis parcial que aprenden a hablar, que por lo tanto llevan a cabo la adquisición del paso erguido como acto preliminar del aprendizaje de la lengua materna Puramente en su interior, tratándose entonces de una imitación meramente interior. Y existen niños en los cuales la parálisis es de una envergadura tal que no pueden usar sus herramientas lingüísticas, que empero, así y todo aprenden su lengua materna de modo puramente interior. En estos últimos meses nos hemos enterado por la prensa del destino de Birger Sellin, un joven con graves trastornos autistas, quién aunque no padecer ninguna parálisis no ha hablado nunca, siendo tomado por todos altamente deficiente mental. Hasta que, con ayuda de su madre comenzó a expresarse mediante el teclado de una computadora Y entonces se pudo constatar que se trata de un poeta altamente dotado.

No quisiera saber, cuántos niños y jóvenes se encuentran recluidos en instituciones pedagógico-curativas y psiquiátricas, siendo tratado acorde a su reclusión, a pesar de que en sus cuerpos inservibles, se encuentran almas altamente evolucionadas.

Y es por ello que sería un error decir: si un niño tiene graves problemas de motricidad, no puede acceder a la percepción de lo libre anímico propio; y por lo tanto más tarde no desarrollará las fuerzas de compasión. Esas cadenas causales deben ser manejadas con mucho cuidado en el ámbito de la psicología evolutiva. El hecho de la relación positiva entre el libre movimiento corporal, la vivencia de la libertad anímica, la capacidad de conmiseración hacia el prójimo no justifica la conclusión negativa inversa. Nos autoriza en cambio, a hablar de condiciones evolutivas dificultadas, si ya en el nivel-base existen trabas. Muchas veces sucede en la vida, que aquellas facultades que fueran obtenidas mediante el esfuerzo y bajo condiciones difíciles, llegan a un florecimiento excepcional. No podemos empero dejarnos llevar del dicho cada uno tiene su destino, a un cómodo relativismo, que en definitiva llevaría a n abandono de nuestra misión educativa. Puesto que en nuestra misión crear condiciones de desarrollo lo más positivas posible y en el caso de dificultades aportar lo posible para lograr un equilibrio y una mejoría.

Se trata simplemente del hecho de que bajo plena aceptación del destino individual, prestemos toda nuestra ayuda. Para los niños con problemas motrices, esto significa por ejemplo que no debemos creer que podemos descuidar el cuidado educativo del sentido del movimiento, sino por el contrario: estos niños necesitan la seguridad básica transmitida por el sentido del movimiento, no menos que los demás niños, teniendo empero que obviar la parte elemental del libre movimiento físico, o renunciar al mismo por lo menos en parte, introduciéndose mediante la imitación interior al mundo de los movimientos, sobre todo a los movimientos humanos; ayudarles en eso es una misión pedagógica curativa, tal vez decisiva para toda su vida.

Allí radica por ejemplo también el sentido más profundo del hecho que euritmistas pedagógico-curativas en hogares conducidos antroposóficamente hagan sus danzas ante niños en sillas de ruedas. Hecho éste que es criticado como obsoleto por “expertos” con poca visión. Por supuesto, que no practican una danza cualquiera, sino que apelan a las fuerzas imitativas de los niños mediante una muy conciente legua de gestos. A menudo se apela asimismo al sentido del movimiento.

También en oportunidad de asistencia de niños con impedimentos físicos a las clases escolares, sería muy erróneo privarlos de las partes con movimientos que juegan un rol tan importante en las case de época de la escuela Waldorf. Por el contrario, debería prestarse atención a que en la implementación de las clases su contenido ofrezca mucho material referido a juego y movimiento en parte de modo tal que los niños estén involucrados y en parte que sean espectadores. Aunque no participen exteriormente, lo hacen en su interior. Y de eso depende. Las fuerzas de imitación interiores necesitan un estímulo. Esto conforma el fundamento para la educación de los niños con problemas motrices. Así se los ayuda para que a causa de su impedimento no entren a un estado de soledad y por encima de ello en un estado de terrible timidez y pusilanimidad. Puesto que los peligros principales en niños que a causa de un impedimento de su movilidad no llega a la imitación correspondiente, son la soledad, el desaliento y la timidez/sobresalto. Tienen dificultad en insertarse dentro del suceso de su entorno de modo flexible, cuando a su alrededor se produce un clima de cierta hética, se ven sobre-exigidos, puesto que carecen de la rapidez de reacción interior necesaria para poder asimilar constantemente la sensación de no hallarse a la altura de los acontecimientos, de no poder mantener el paso. Tuve oportunidad de observar como el temor de tales niños llegó al extremo del espasmo cuando a su alrededor se producía un movimiento violento. Bien: son caso extremos pero nos muestran a las claras, para qué es necesario el sentido del movimiento.

 

El niño triste-pensativo/soñador- Con respecto a la característica de trastornos latentes del sentido del movimiento

El sentido del movimiento nos brinda la facultad interior de poder adaptarnos a aquello, que acontece a nuestro alrededor. Al encontrarnos expuestos a impresiones del movimiento, cualesquiera las neutralizamos , acompañando ese movimiento desde nuestro interior mediante la imitación. Mientras tengamos la vivencia: puedo participar desde el interior mediante la imitación, estamos a la altura de los acontecimientos y podemos reaccionar acorde a los mismos. En el adulto, esto se lleva a cabo en lo oculto. Lo que en el niño pequeño es la actividad imitativa abierta, sin protección más tarde emigra hacia el interior, conformándose en el contenido perceptivo inconciente del sentido del movimiento propio. Sentimos claramente, cuando llegamos al límite de nuestra capacidad de orientación. Entonces, se presentan sentimiento de indefensión y literalmente perdemos el control, no volvemos temerosos y torpes, y tenemos la impresión de haber sido suspendidos de la co-participación de la situación en cuestión. Nos encontramos en medio del suceso como extraños y condenados a la inactividad, un suceso que no pasa a nuestro lado sin importarnos, sino que nos toca en lo profundo. Tratándose de impresiones intensas aparejadas por la confusión, promueven un clima de pánico, queremos huir y entramos tal vez, a un activismo sin cordura. En momentos tales han entrado en colapso también las seguridades transmitidas por el sentido de la vida y el sentido del tacto, puesto que como ya sabemos están íntimamente ligados.

Pero no necesariamente perdemos la facultad de adaptación interior y de correlación del movimiento en ocasión de situaciones especialmente tumultuosas. Algo así, puede suceder también en ocasión de una charla normal. De pronto se siente: no puedo participar, se cortó el hilo; escucho la voz de la gente y entiendo con mi intelecto aproximadamente aquello que están diciendo, de alguna manera no estoy inmerso en el proceso, no soy parte del grupo. Entonces sentiremos nuestra soledad y angustia. Cuando alguien del grupo nos dirige la palabra, no sobresaltaremos. ¿Le ha sucedido alguna vez?

Naturalmente, que alguno que otro de los expertos en teoría de los sentidos podría levantar la mano objetando: pero si ese es un problema de los sentidos superiores, del sentido del habla, del concepto del yo. Yo no protestaría. Pero existen referencias, referencias simbólicas entre los sentidos y son justamente los sentidos basales, los que se encuentran indisolublemente ligados con los así llamados sentidos del comprender. Eso es un tema aparte, que en este trabajo no puede ser profundizado. Lo que viene al caso en la situación recién referida con el caerse afuera del curso de una charla – con mirada de los sentidos basales – es al lado de muchas otras causas, la irritación del sentido del movimiento, que en este lugar tranquilamente lo podemos denominar sentido que acompaña al movimiento, que se mueve con el movimiento, para destacar así, ese aspecto especial de una actividad ya transformada, el aspecto de un llevar a cabo simultáneo de procesos sociales a partir de la imitación interior.

Nos ayudaría intentar de recordar a circunstancias tales, donde de pronto han tenido la sensación de no poder seguir acompañando desde el interior de hallarse como paralizados, mientras a su lado proseguía la charla amena. Frente a ello no se reacciona tanto con pánico y con activismo desarticulado sino con sensaciones de desaliento y de exclusión y de un modo peculiar nos atemorizamos tal como le sucede a un pichón caído del nido. Visto en conjunto, se trata de un estado anímico de tristeza. Casi siempre el motivo de ese malestar lo constituye un estado anímico del que no podemos desprendernos, ligado a ciertos problemas propios, alrededor de los cuales giran sin cesar en nuestro pensar y nuestro sentir. Estamos como bajo presión; una presión del estar ocupados con nosotros mismos, por tal, o cual motivo. Prestemos atención a ello y analicemos nuestro propio estado interior, en esas épocas en las que estamos especialmente propensos a no poder participar fehacientemente en aquello que sucede a nuestro alrededor. De esta manera podrán comprender mejor no solamente a sí mismo sino también a los niños que están padeciendo una alteración de su sentido del movimiento y por ello son tan asustadizos, tan desalentados y se sienten tan solos.

Dejemos de lado ahora por un momento los niños manifiestamente impedidos en sus movimientos, a los cuales –recordemos- podemos ayudar muchísimo a través del estímulo de sus fuerzas imitativas interiores, involucrándolos en lo posible, en juegos y diálogos referidos al movimiento, los gestos y la interacción, o juegos grupales. Miremos a los niños, que aparentemente se han desarrollado normalmente, que empero a partir de los tres o cuatro años y hasta en la edad escolar, adoptan un modo de ser que nos preocupa por que de modo cada vez más marcado adoptan inclinación a sumergirse dentro de ellos mismos, un cierto temeroso enredarse en sí mismo, aliado con sentimientos de aislamiento e insociabilidad que se debe al hecho que estos niños, tan porto se produce conflictos en el contacto con otros niños se repliegan temerosos y asustados.

En el jardín de infantes, estos niños casi siempre están sentados un poco apartados de otros niños, juegan por ejemplo con cubos sin adentrarse plenamente en su juego, que sucede mecánicamente y de paso, mientras que su mirada se pierde en la lejanía y sus labios se mueven en el susurro de un monólogo.

En oportunidad de los juegos en ronda se encuentran perdidos, o caminan en dirección opuesta; la postura de su cuerpo recuerda al caballero triste. Al dirigirles enérgicamente la palabra, se sobresaltan como si a su lado hubiesen escuchado un chasquido. Escuetamente referido, éste es el tipo del niño con trastorno del sentido del movimiento, latente, en el cual la percepción de lo libre anímico propio no se ha desarrollado como podría desearse. Lo que aquí no se ha producido, es la relación hacia el mundo predispuesta a la libertad, que en los niños está relacionada de manera inmediata con la alegría del movimiento. No nos referimos aquí, a la desenfrenada Euforia del movimiento (que se justifica y es necesaria en niños con un temperamento acorde a ello) sino la alegría más bien placentera frente al movimiento pleno de sentido, la alegría imitativa propiamente dicha.

Toda alegría del movimiento tiene su origen en la temprana imitación infantil, y toda la alegría de vivir en sí, tiene su origen en la alegría del movimiento; es alegría del movimiento llevada hacia el interior. El niño, que puede imitar sin problemas, se va introduciendo al mundo del movimiento, sobre todo del movimiento humano, propio del ser humano, llevando a cabo – a través de la imitación el proceso de erección – hasta llegar al paso erguido; aprendiendo la lengua materna y la lengua corporal de los congéneres, sus gestos y sus hábitos del movimiento. Más tarde se deleita practicando juegos con los dedos y rondas, adivinanzas pantomímicas y danzas y sobre todo, todo aquello que realizan los padres u otra gente en la vida práctica cotidiana. Más tarde, la insaciable necesidad de la alegría del movimiento, el sentimiento de libertad, el sentimiento de familiaridad con el viento y los pájaros, se reemplaza (dejando atrás la imitación inmediata) por: trepar, brincar, corre, andar en monopatín, y bicicleta, jugar al circo y otros juegos y actividades más bien deportivas ocupan un primer plano; todo eso empero sucede, de a dos o en el grupo . Puesto, que alegría del movimiento y dinámica grupal, son dos lados de una misma cosa en la infancia. Por supuesto, que hay niños que a partir de su constitución, o su temperamento, se inclinan más bien a la pereza y la lentitud y no hay ningún motivo para la preocupación, mientras no aparezcan señales antes mencionada de una alteración del sentido del movimiento, o bien una deficiencia imitativa.

 

Deficiencia imitativa en la primera edad del niño

Los niños pensativo-soñadores, asustadizos con inclinación al desaliento y que se apartan socialmente, poseen una deficiencia de imitación. A partir de una actividad imitativa deficiente en la primera infancia, que puede tener las más variadas causas y por cierto no necesariamente tienen que deberse a fallas educativa importantes, estos niños no han desarrollado suficientemente su sentido del movimiento propio y es por ello, que carecen de la seguridad –base transmitida por el sentido del movimiento, que conocimos como relación hacia el mundo predispuesta a la libertad y que hemos caracterizado detalladamente. En estos niños tristes, pensativos inclinados al desaliento, la actividad imitativa bastó para aprender a pararse, a caminar a hablar como los demás niños, no pudieron empero sentirse compenetrados –de la cabeza a los pies- por la energía del movimiento, insertarse hasta dentro del juego y los gestos, lo danzante y finalmente hasta aquella sutil musicalidad , interhumana – social y llegar al móvil suceso mundial.

Hay algo que quedó atascado a mitad de camino en el desarrollo del movimiento; estos niños carecen de la vivencia del compositor interior del que hemos hablado, imaginativamente; les falta la capacidad emocional de adaptarse e integrarse, la afinación anímica. Es por ello que en estos niños es permanente la sensación de no pertenecer al conjunto, de caer a fuera de los procesos sociales y de no-comprensión de lo que se trata. No tiene nada que ver con deficiencia mental, a pesar de que a veces se nota cierta lentitud de comprensión, sino que se trata de una debilidad del sentido del movimiento, que tiene su origen en el hecho que la actividad imitativa temprana del niño ha sido precaria, por algún motivo. Algo así, puede estar fundamentado en el ser del niño mismo – lo mismo puede suceder en los sentidos corporales, por ejemplo el sentido de la vista; existen insuficiencias congénitas heredadas, o no heredadas. Por supuesto, que existen también las deficiencias adquiridas. En lo que a la imitación respecta, es valedero generalmente que para el niño son nocivas las impresiones demasiado fuertes, o abundantes o no dominables, a las que pertenecen toda clase de influencia –demasiado temprana – por los medios, pero también una carencia de protección frente a estímulos ópticos y acústicos en general, cambios constantes del medio ambiente, viajes en auto y en avión; del mismo modo precario es la situación opuesta, la así llamada deprivación sensorial, o sea dejarlo solo al niño. En principio es valedero, que son aconsejadas las situaciones circunspectas, donde el niño puede permanecer dentro de una contemplación serena. Las fuerzas de imitación experimentan un menoscabo a través de un tono de voz y trato iracundo, ni hablar de maltratos físicos; y finalmente, debe prestarse atención a que el sueño sea reconfortante y abundante. Esos son los puntos más importantes. Pero como ya lo hemos dicho, aún en los casos que los padres nada tiene que reprocharse, puede ser que su niño padezca una deficiencia latente del sentido del movimiento. A veces no nos queda otra alternativa, que partir de ingredientes cárnicos, o sea de problemas que yacen evidentemente en el destino individual del niño y no tiene cabida en ninguno de los modelos conocidos monocausales.

Tocado por el ángel: las nostalgias inconcientes del niño

Queridos padres: desde el lado de la noche, podemos confiar en la actividad del ángel. Podemos confiar en la actividad del ángel, ordenadora, armonizadora, mediante la cual puede desarrollarse el sentido de la vida. Dentro de ese actuar del ángel el niño vivencia, en lo profundamente inconciente la cualidad de la tolerancia, incrementada a fuerza de amor y con la nostálgica esperanza de volver a encontrar esa cualidad, el niño se dirige a los hombres. Calmamos esa nostalgia, al llevar a cabo todo lo que debe ser hecho (y con dedicación serena y plena de recogimiento) para que el niño se sienta cómodo dentro de su cuerpo y esforzándonos por una postura interior, a partir de la cual el niño puede percibir/ sentir, lo que significa en el mundo humano en la vida social “tolerancia incrementada a fuerza de amor”: auténtica tolerancia.

Y son en especial los niños inquietos-nerviosos que necesitan que complementemos de este lado, el actuar del ángel, puesto que no pueden dar uso adecuado a las fuerzas ordenadoras-armonizadoras que reciben durante el sueño. Le sucede lo mismo, que a una persona que ha aprendido algo que exige recogimiento y concentración y luego no puede emplear lo aprendido por estar demasiado excitado. Algo similar podemos imaginar que sucede al niño inquieto-nervioso al separarse de su ángel para confrontarse con las realidades comunes de la vida.

Además podemos confiar en el apoyo formativo–configurador del ángel, mediante el cual puede desarrollarse el sentido del tacto. A través de ese apoyo, el niño vivencia – en lo profundamente inconciente- la cualidad de la autoridad estructuradota, incrementada a fuerza de amor y se dirige a nosotros con la nostálgica esperanza, de hallar tal participación ordenadora en nosotros. Al vigorizar la sensación de forma y envoltura del niño en cuerpo y alma con auténtico entusiasmo educativo (debe ser llevado a cabo con alegría de otro modo de nada vale!) asegurándolo de nuestra incondicional asistencia amorosa, nuestro espíritu de protección, serenamos esa nostalgia. Sobre todo los niños temerosos-cohibidos necesitan la sensación de que los protegemos. Al alejarse de su ángel de la guarda, se sienten más solos que otros niños, entregados indefensos a los peligros de la vida. Tenemos que substituirles el ángel de la guarda y esta es en primer lugar una cuestión de criterio. Los niños temerosos necesitan personas que le dan la sensación: no te voy a abandonar nunca, tampoco en mis pensamientos, ni en mis sentimientos. Los niños inquietos necesitan eso mismo pero más aún necesitan tener la seguridad, que así, tal como son reciban un respeto sincero. Puesto que el trauma arquetípico del niño inquieto es el de sentirse no deseado, y el trauma arquetípico del niño temeroso es ser abandonado.

 

El trato con niños tristes-pensativos

¿Cuál es el trauma arquetípico del niño triste-pensativo? En realidad, ya hemos hablado al respecto. Es ese estado anímico, de sentirse excluido de lo que sucede en el mundo. El desaliento del niño triste-pensativo tiene otra connotación, que aquel del niño temeroso. Se basa en la sensación del sentirse excluido, de no formar parte; en conclusión: no entiende de qué se trata. Es importante, por lo tanto, de incluir concientemente a esos niños en todo lo que se hace explicarles, acorde a su edad qué está pasando, pacientemente llamar su atención sobre la relaciones con aquello que están vivenciando. Tenemos que redimirlos de la agobiante sensación de ser espectadores, sin entender. Es, como ya dijimos en este tipo de niño, no un problema de inteligencia, sino un problema de movimiento. Mucho depende de que no nos equivoquemos al respecto; considerando retrasados a los niños tristes-pensativos a causa de las situaciones y lentitud de comprensión. Lo que les falta es en el sentido más amplio, la facultad de poder vivenciar lo procesual , de captar la relación del sentido más profundo del suceso de una acción, o un diálogo. En su interior no pueden acompañar fehacientemente a los procesos que tienen lugar en su entorno.

Haremos bien, incluirlos en secuencias de acciones prácticas y fáciles de dominar, o simples procesos de producción, tal con varias etapas características de modo tal que queden a cardo de una determinada etapa, observando el conjunto; lo que antecede y lo que viene después; luego se harán cargo de otra etapa y luego de otra, etc. hasta haber cumplido todas las etapas. Luego, se le entregará el mando al niño: el padre, o la madre llevarán a cabo la tarea según las indicaciones del niño quien decidirá qué parte será ejecutada por él mismo. Para trabajar de esta manera con los niños tristes-pensativos una tarea muy adecuada es el cocinar, y el amasar/hornear. O, si ya son algo mayores la elaboración de la lana desde su lavado, peinado, teñido, hilado del material, hasta el tejido, o el telar. Hagamos muchos juegos de mesa con estos niños! Inventemos junto con ellos, pequeñas historias a través del diálogo narrativo (ahora te toca a ti ¿cómo seguimos?), o según la edad toda una novela, con muchos capítulos donde debe prestarse especial atención a que no debe romperse la armonía del suceso: el rey bondadoso y generoso del lunes, no puede de pronto el martes convertirse en terrible tirano, la gente cadenciada no podrá de pronto hacer un viaje de placer en una embarcación de lujo, etc.

También lo siguiente es muy recomendable: Vaya con el niño todas las semanas a pasear en un determinado día, a una determinada hora, siempre por el mismo camino: deténgase siempre en el mismo lugar, demoran un poco, tal vez en un determinado árbol, junto a determinado cerco, en una construcción llamando la atención del niño sobre muchos pormenores. ¿Qué quedó igual? ¿Qué cambió? ¿Se ha agregado algo? ¿Cómo sigue la construcción ¿Qué se hizo en el jardín? ¿Ya se abrieron algunos pimpollos? ¿Qué flores marchitan primero? ¿Las hojas de los árboles cambian de color? Recorra, una y otra vez con el niño las estaciones del camino, observando cuidadosamente y intercambiando observaciones, como si se tratara de un ritual. Y si en el camino se encontraran con siempre las mismas personas – lo cual es previsible si toman el mismo camino a la misma hora- que hacen algo siempre igual, por ejemplo un hombre que justo sale con su bicicleta, entonces podrán inventar una historia acerca de este hombre, o la otra gente.

El asunto es: participar de los sucesos del mundo, con vivacidad interior, atención y fantasía. Allí es donde debemos ayudar al niño triste-pensativo; y bajo sucesos del mundo en este caso no se refiere a algo de suprema elevación, lejano y filosófico-justamente eso no- sino, la vida concreta, cotidiana, experimentable con los sentidos. E esto último, el compositor interior tendrá que recibir sus estímulos. Se sobre-entiende, que para estos niños es curativo de modo inmediato todo aquello donde a modo de juego aprende a integrarse a procesos sociales, que se desarrollan según reglas determinadas, en sí plausibles, donde por lo tanto depende de llegar a acuerdos intercambiar roles, reaccionar con presencia de ánimo frente a aquello que hace el otro, Sólo, que hay que tener cuidado: se trata justamente de un asunto problemático para los niños tristes-pensativos de modo que no hay que sobre exigirlos, puesto que se obtendría lo opuesto a lo buscado. Es menester entonces involucrarlos con la necesaria comprensión para con su carencia, y si fuese necesario guiarlos. En la palabra involucrarlos está contenida la regla de oro para esos niños.

En segundo lugar, y tomando en consideración lo antes dicho, está claro que todo aquello que va en dirección de roles en un juego, la mímica y la danza, lo que posee carácter imitativo así como también de carácter de diálogo-movimiento, es bálsamo del alma para niños tristes, siempre y cuando que se formule de modo tal que estén a la altura de las situaciones y puedan confiar en una conducción comprensiva en el caso de una caída fuera de escena.

El habla formada – el gesto pleno de sentido

Finalmente, juega un rol importante el cuidado del habla y de la charla/conversación: el terapeuta elegido, versado en formación del habla y el trato con niños, a la par del euritmista curativo así como un interlocutor en casa podrán asistir coherentemente al niño, clarificándole la relación entre las cosas, evitando así, que pensativo se sumerja dentro de sí mismo. En el caso de niños pequeños, por supuesto que no se tratará de abstractas adoctrinaciones, sino de un mostrarle el mundo en imágenes. También en la edad escolar se trata de adoctrinamientos, sin más bien de un llamado de atención con respecto a fenómenos y la narración acerca de cómo las personas reaccionan frente a esto o aquello, como se sienten en qué oportunidad sienten temores y cuales son las peculiaridades de sus temperamentos. Tampoco el cómo hablamos, es asunto secundario. En presencia de un niño triste-pensativo deberíamos tratar de hablar de modo bello y sonoro, -pero de ninguna manera con afección- pero sí con voz clara y nítida de modo que el niño pueda percibir una cierta fuerza volitiva controlada, un elemento de libertad. De por sí – y aparte del significado pedagógico – es sumamente provechoso, acostumbrarse a una forma de hablar más conciente y libre. Debemos acercar mucho material recitativo, poético y cantado a los niños tristes. Les hace bien.

Y lo que es valedero para la lengua hablada cobra validez asimismo para la expresión corporal. En la vida cotidiana con los niños y en especial con niños como los recién referidos, debemos prestar atención a cómo nos movemos y preguntarnos, si hay algún remanente de aquella música de la época tal vez, habíamos practicado deporte o nos gustaba bailar, cuando naturalmente éramos poseedores de una gracia del ser joven. A través de la belleza de la expresión de nuestros gestos y nuestros movimientos obramos con efecto sanador sobre la facultad imitativa de todo niño. Y tal belleza se genera espontáneamente si realizamos las cosas de una manera relajada y circunspecta: si nos tomamos el tiempo necesario y participamos interiormente de las tareas comunes y prácticas de la vida cotidiana. De esa forma automáticamente nuestros movimientos cobran una nota ciertamente estética que el niño – y sobretodo el niño pequeño- percibirá intensamente vivenciándolo como algo confiable, dentro de la inconciente imitación. No lo olvidemos: el medio ambiente el sentido del movimiento, es el movimiento conducido-formado, el gesto pleno de sentido.

La inclinación del niño hacia el bien (ya hablamos de esto) se incentiva por el hecho que le permitimos experimentar el amor en su cuerpo. Esto significa por un lado: contacto corporal inmediato, fomentador del sentido de la vida y el sentido del tacto a partir de un determinado clima de recogimiento y postura fundamental de respeto y participación; pero también el modo de cómo nos comportamos en sí, en el entorno del niño, cómo tratamos las cosas y los seres del mundo, cómo nos tratamos mutuamente, es importante. Si nos dedicamos al niño mismo o si estando el niño no ocupamos con otra cosa: El como de nuestro actuar, nuestra postura interior, se expresa en el hablar de nuestros gestos, que el niño está repitiendo en su interior mediante el sentido del movimiento propio. Aquí no nos incumbe tanto, de qué manera funciona ese repetir lo vivido, en el interior de modo pormenorizado. Debe saberse tan solo que en los niños pequeños se trata de un participar del movimiento en el ámbito funcional que cobra influencia sobre el sentir general de la vida y por el hecho que a él está ligado/comunicado el sentido del movimiento, puede ejercer influencia sobre el desarrollo anímico. ¡Cuide entonces la expresión de nuestros gestos! Y repito: la expresión de los gestos no es una cuestión de practicarlos frente al espejo sino una cuestión de postura. Lo que realizamos con amor, lo hacemos automáticamente de modo tal, que satisface las expectativas del sentido del movimiento del niño.

 

Educación y auto educación. La fuerza de la compasión

Nuevamente, podemos confiar en la efectividad del ángel. Con referencia al sentido del movimiento, ésta puede ser señalada como apoyo con finalidad de aflojar y coordinar. Durante la noche toda la estructura muscular y de los miembros recibe una nueva afinación: lo que está muy tenso, se afloja y la musculatura puede entregarse al calmo y acompasado fluir de los juegos. A estar completamente entregado con su cuerpo a las fuerzas de gravedad, el hombre a su vez está libre de la misma, no tiene que ofrecerle resistencia; los miembros superiores del ser se desprenden del cuerpo y son compenetrados por las fuerzas supra-sensoriales, que durante el día, cuando estamos parados, caminamos o nos movemos, llevan a cabo esa maravilla de la coordinación muscular, que tiene lugar- lejos de la conciencia despierta- en lo oculto con cada paso, y con cada movimiento de nuestras manos. El ángel actúa de modo aflojante/relajante, a modo de un masajista infinitamente sensitivo, conocedor del cuerpo, tomado al mismo tiempo bajo su amparo inspirador, regenerador al agotado compositor interior. Cuando luego, después del despertarnos, ese compositor interior retoma sus tareas sen encuentra con un instrumento físico ágil, y dócil y así vigorizado puede emprender su obra.

O que quiero decirles a continuación, no debemos tomarlo como mera alegoría. Por supuesto que entramos a un plano que nos obliga a hablar en imágenes son empero imágenes que quieren interpretar algo, que de hecho tiene lugar a pesar de que nuestra lengua cotidiana no conoce palabras (y menos el idioma científico).

¿De dónde toma el recién nacido las fuerzas que lo conducen a la facultad de poder erguirse al cabo de brevísimo tiempo, de poder aprender a caminar y adquirir la lengua materna? Por cierto, que a través de la imitación. No es posible empero, que escuche una sinfonía de Beethoven, para sentarse al piano y decir: ahora aprendo de memoria la sinfonía mediante la imitación. Antes de poder hacerlo tengo que haber aprendido a tocar piano. De otro modo, ni comenzar con la sinfonía. En lo que al aprendizaje del piano se refiere, ya han aprendido la imitación antes de nacer. No hace falta enseñarle la imitación al niño; ya lo sabe. Apenas llegado junto a nosotros y sin que nadie se lo pida, ya comienza a practicar las cosas más difíciles y educativamente no tenemos que emprender nada, para motivarlo o enseñarle, como se hace. El niño, sabe exactamente, lo que debe hacer para poder al cabo de diez y once meses poder caminar erguido tal cual los adultos. Lo único que tenemos que hacer es, caminar a la vista del niño. ¿Bastaría, tocarme constantemente la sinfonía de Beethhoven para que al cabo de un año también yo pueda tocarla? No, de nada valdría. Si no supiera cómo manejar el piano. ¿Por qué entonces basta caminar delante del niño para que pueda caminar?

Porque puede imitar. Y esa elevada destreza, de la que dispone a Priori, le ha enseñado su ángel.

Al pensar las cosas en línea recta nos daremos cuenta, que dentro del niño está actuando una sabiduría mayor. Actúa de diversas maneras y lo que a la facultad del movimiento se refiere (a menudo no del todo madura) y la inteligencia del movimiento, se podrá afirmar que esa misma sabiduría que se expresa en el hecho que el niño llega al mundo como ser capacita a la imitación; sigue actuando cada vez en el sueño aflojando y coordinando dentro de la estructura de los miembros del ser, como lo hemos escuchado recién. De ese modo, paulatinamente puede ir desarrollándose el sentido del movimiento para encargarse de su función fundamental y orientadora. Profundamente en lo inconciente, el niño en la actividad del ángel - que afloja y coordina – la cualidad de la comprensión incrementada a fuerza de amor y se dirige al mundo y a los seres humanos con la ansiosa expectativa hallar allí nuevamente esa sensibilidad comprensiva.

Damos respuesta a esa expectativa al contestar la inclinación dispuesta a la imitación del niño, con la correspondiente postura interior hacia el movimiento bello y pleno de sentido, transmitiendo al niño la esperanza de que nunca lo dejaremos de lado si no que lo involucraremos siempre en todo lo que acontece. El niño se nutre con alegría de vivir del hecho que le mostramos lo que significa en la vida social, la comprensión incrementada a fuerza de amor: fuerza de compasión. De este modo fortificamos la percepción de lo libre anímico propio y colocamos las semillitas para que el niño en su futuro encuentre la fuerza de la compasión como algo natural dentro de sí mismo. En esa dirección de nada sirven las prédicas acerca de la misericordia, sino los hechos educativos que fomentan al sentido del movimiento. Y son en especial los niños tristes-pensativos los que necesitan nuestro apoyo para el cuidado del sentido del movimiento y necesitan, sobre todo y más que los demás niños la sensación de sentirse incluidos, comprensivamente. Puesto que es su trauma arquetípico el sentirse excluidos de los sucesos del mundo.

Les pasa algo similar como a un músico, que llega bien preparado al ensayo de orquesta, pero que siempre fracasa por el hecho que los sonidos circundantes lo confunden de modo que queda sentado allí, como paralizado y no interviene, en lugar de equivocarse constantemente. De esta forma podemos imaginarnos la situación del niño con carencia en su sentido del movimiento, al llegar al jardín de infantes por la mañana. No puede coordinar todas las cosas que están pasando a su alrededor. Falta la capacidad de adaptación interior, la correcta combinación de soltura y percepción instintiva de la situación. Es por ello que esos niños se sienten siempre como arena dentro del engranaje, y se mantienen en lo posible alejados de todo. El obrar obligado por las circunstancias, que a veces se nota en ellos, posee carácter ritual. Crean su propio sistema de orden como substitución del sentido. Dentro de la estructura ritual del hábito las cosas pueden ser abarcadas y puede poseer correlación.

Es esto, lo que quería contarles acerca de los niños tristes-pensativos. En su estado anímico, en su relación hacia el medio que los rodea, no están compenetrados fehacientemente por la acción del ángel, en su misión del aflojar y del coordinar. Lo que reciben durante el sueño no está a la altura del embate por parte del mundo sensorial, y es por ello que prefieren replegarse dentro de sí mismos, como para mantener contacto al ámbito interior desde donde reciben seguridad y consuelo, cuando cierran las puertas hacia el mundo exterior.

 

El sentido del equilibrio

El sentido del equilibrio está íntimamente al sentido del movimiento, eso es muy claro. Toda nuestra soltura interior y nuestra capacidad del coordinación de nada nos servirán si no podrían mantenerse en equilibrio. En todas las secuencias del movimiento, sobre todo, al hallarnos erguidos pero también en otras oportunidades, constantemente tenemos que mantenernos en equilibrio. Dentro de la afinación muscular está conectada, fundamentalmente, también el sentido del equilibrio y también en el ámbito de los sentimientos no podrían llevarse a cabo los impulsos equiparativos complementarios y efectos de composición de los que hemos hablado sin una delicada capacidad perceptiva con respecto a equilibrio y ausencia de equilibrio. Pero así y todo, el sentido del equilibrio tiene su cualidad propio definida frente al sentido del movimiento. R. Steiner ha definido esa cualidad de la siguiente manera: ¿Cómo sentimos irradiados al alma, las vivencias del sentido del equilibrio? Se trata de un hecho totalmente anímico: lo percibimos como calma interior, aquella calma interior que promueve que si voy de allá para acá, no dejo atrás aquel, quien está inmerso en mi cuerpo, sino lo llevo conmigo; sigue siendo serenamente él mismo. Y de ese modo podría volar por el aire y seguiría siendo el mismo, tranquilamente. Es eso, lo que nos hace sentir independientes del tiempo. No me dejo atrás hoy, sino que mañana seguiré siendo el mismo. Ese encontrarnos independientes del tiempo, es el irradiar del sentido del equilibrio al alma. Es el sentirnos espíritu. Una visión inusual a primera vista. Normalmente, y dicho burdamente, se afirma que debido a nuestro sentido del equilibrio no nos caemos. Y eso es correcto. R.Steiner ha señalado reiteradas veces esta cualidad remarcada. Hablo así, lapidariamente del sentido mediante el cual distinguimos si estamos parado o acostados y percibimos cómo al esta parado sobre ambas piernas nos mantenemos en equilibrio. Frente a la observación más detenida empero, es menester preguntarse: ¿No es acaso un hecho sumamente asombroso que estando parados podamos mantenernos en equilibrio? Se lo toma como algo normal, y de hecho es normal pero así y todo raya en el milagro.

Consideremos, qué peso enorme transportamos en la mínima superficie básica de la planta de nuestros pies; como si eso fuese una bagatela! Y eso no solo cuando nos encontramos parados derechos como el soldadito de plomo, sino también cuando por ejemplo estamos bailando, o saltando sobre una pierna. En mi caso son 92 kg y les puedo asegurar que a pesar de ese peso físico no me siento para nada pesado y tampoco hay peligro de que me caiga, mientras no ejecute alguna acrobacia. Y puedo saltar perfectamente sobre una pierna y hacer equilibrio sobre los cercos, con mis 92 kg . Los niños son testigos. Qué asombroso es eso que tal peso pueda ser transportado con toda facilidad, recién nos damos cuenta, cuando por algún motivo estamos descompensados en nuestro equilibrio, por ejemplo, después de viajar en calesita, o después de tomar demasiados tragos. Entonces, de pronto debemos manejar nuestros movimientos con precaución y sobre todo no podemos cerrar los ojos. Puesto, que al sentido visual le cabe una misión equilibradota y nos orientamos interiormente por el orden espacial exterior. Cuando aún no se llega al extremo de que también se altera la perspectiva visual, se puede equiparar la inseguridad del equilibrio, manteniendo los ojos abiertos. Ni bien empero uno cierra los ojos, el asunto se torna crítico. Puede resultar una situación crítica también el elevar la cara hacia arriba para mirar el cielo estrellado o cuando uno se mueve rápidamente de un lado a otro. ¿Qué está pasando? Como fenómeno, sucede en primer término que está alterada la orientación interior del espacio. Existe una sensación del espacio interior, que no es idéntica con la percepción espacial orientada hacia fuera –decir: esa sensación espacial interior normalmente existe aún cuando cerramos los ojos, y tapamos los oídos. Se trata, más exactamente, de una sensación de simetría interior. Tenemos una vivencia interior del hecho de estar insertos en las direcciones del espacio, o sea una vivencia del arriba-abajo, adelante-atrás, derecha-izquierda. Una sensación espacial interiorizada, independiente de la percepción exterior. Con ello, nos percibimos a nosotros mismos como figura parada erguida en el centro mismo del espacio. Siempre estamos frente a una vivencia del punto céntrico, cuando parados libremente nos concentramos sobre nuestra sensación espacial interior: una vivencia de centralidad y hallarnos erguidos. En todas las direcciones se extiende el espacio, uniformemente a modo de una cúpula, y en el centro se encuentra vertical y erguido el yo (es verdad, lo siento tantas veces con toda claridad). Ese sentimiento fundamental de simetría existe medianamente en equilibrio y a eso se refiere R. Steiner cuando habla de la calma interior , que hace que nos sintamos independientes , del tiempo y de la corporeidad. La percepción del equilibrio tal como la hemos mirado ahora, se refiere a nuestro estado corporal en tanto que a su vez (como ya lo viéramos con relación con los demás sentidos) concierne a la estructura del ser de los miembros, a saber, la relación de los espiritual-anímico hacia lo físico-corporal, el aspecto empero de esa relación, del cual recibimos información por medio del sentido del equilibrio es justamente aquel de la independencia de los espiritual anímico, de lo físico-corporal. Puesto que: El cuerpo físico tomado por sí solo, cae bajo la influencia de la gravitación. Está expuesto a las fuerzas centrípetas, que lo atraen abajo, hacia el centro de la tierra. Si dependiésemos por completo del cuero, no podríamos estar parados verticalmente, en todo caso podríamos arrastrarnos sobre el suelo- pero ni eso, puesto que hasta el arrastrarse ya conforma una pequeña parte de independencia de la ley de gravedad puesto que donde nada se opone a esa ley, no existe la auto movilidad, no hay cuerpos que se mueven por sí mismos.

Si entonces, ni la lombriz se encuentra supeditada por completo a su cuerpo físico, puede calcularse en qué medido-repito: en qué medida asombrosa, el hombre como ser espiritual-anímico se emancipa de esas leyes en el curso de su desarrollo, leyes a las que como ser físico estaría entregado por completo, si en su cuerpo no viviese ningún alma, ni ningún yo, mediante los cuales puede moverse y erguirse. Ese hallarnos emancipado lo vivenciamos al estar parados y caminar erguidos, sin tener sensación alguna de atracción hacia abajo, o de peso al bailar, o saltar sobre una pierna o hacer equilibrio sobre los cercos. Si no tuviésemos esa percepción de simetría y de espacio; esa percepción de hallarnos erguidos dentro del espacio del alma: De sentirse Espíritu, como lo expresa R. Steiner.

La flor se eleva atraída por la luz solar. Por el hecho de la luminosidad solar, puede erguirse y abrirse hacia arriba. El hombre lleva esa luz, mediante la cual puede erguirse y abrirse hacia arriba, dentro de sí mismo. Es esto, lo que percibimos mediante el sentido del equilibrio: esa luz interior que nos permite erguirnos y por la cual estamos abiertos hacia arriba, hacia la esfera angelical.

 

La redención de los brazos y las manos

El sentido del movimiento nos da la sensación de movilidad (dinámica) dentro del espacio del alma; el sentido del equilibrio transmite la vivencia del espacio interior, o bien, vivencia del espacio del alma como tal, a modo de vivencia de hallarnos erguidos en el centro del espacio: como vivencia arquetípica de la simetría (estática). De ese modo, estos dos sentidos actúan en forma mancomunada y nos brindan información acerca de nuestro estado espiritual-anímico, con respecto a lo físico-corporal, y con ello con respecto a nuestro entorno, puesto que físico-corporalmente estamos insertos a las condiciones del entorno terrenal y las leyes allí imperantes y percibimos como seres espirituales-anímicos gracias a nuestros sentidos basales, el modo y la manera de ese estar inserto, pero también el modo y la manera del no estar insertos, del parcial estar exentos de esas leyes.

Mediante el sentido del movimiento percibimos ya bastante claramente ese estar exento como percepción de lo libre anímico propio, pero como pudimos ver, se trata de una dinámica fuertemente condiciona al medioambiente y a la situación. La sensación de la libre movilidad dentro del espacio del alma se genera como dije dentro del intercambio recíproco pleno de vida con el suceso del mundo móvil y moviente, tratándose de vivencias sujetas al tiempo, aunque una esencia de ellas se a sedimentando, conformándose en posesión anímica permanente, a modo de relación libre hacia el mundo con independencia de tiempo y de situaciones.

Con respecto al sentido del equilibrio sucede otra cosa. A través de él, notamos aún mucho más que mediante el sentido del movimiento, el estar elevado por encima de la corporeidad, a modo de fuerza de erección y de ausencia de peso (no es casual lo dicho por R.Steiner “ podría volar por el aire y sería tranquilamente el mismo”) sensación de hallarme erguido en el espacio del alma independientemente del tiempo:” Eso ya es completamente anímico. Lo percibimos como clama/serenidad interior” (Steiner). El hecho de poder movernos con libertad es el efecto de lo anímico en lo físico-corporal; el hecho de poder erguirnos, es el efecto de lo espiritual dentro de lo físico-corporal, el efecto de lo espiritual dentro de lo físico-corporal, el efecto de nuestra identidad del yo, abierta hacia arriba hacia nuestro ángel.

Visto más detenidamente, la sensación de la libertad de movimientos se genera por el hecho que lo anímico nuestro actúa mancomunadamente con nuestros procesos de vida; y el sentirse como espíritu resulta del hecho que el yo actúa en el cuerpo físico. Pero no hace falta realizar aquí, grandes estudios acerca de los miembros del ser, para poder comprender qué hace falta para los niños. Acerca de ello R. Steiner expuso lo siguiente en su “Práctica pedagógica del conocimiento del hombre desde el aspecto espiritual científico”: El caminar es algo que nos parece lo más popular. Está contenido empero muchísimo más que el hecho que el niño del mero arrastrarse se yergue para aquella forma del caminar, que luego usará durante toda su vida. Dentro de ese aprender a caminar tenemos un sintonizar del hombre, un orientar del hombre de modo tal, que todo el equilibrio del organismo propio y de todas sus posibilidades de movimiento encuentran un ordenamiento dentro del equilibrio y las posibilidades de movimiento del Universo, en la medida en la que nos encontramos insertados dentro de los mismos. Al aprender a caminar, buscamos la posición de equilibrio correspondiente hacia el universo. Mientras aprendemos a caminar, buscamos las peculiares relaciones – que sólo en el hombre se manifiestan- entre la actividad de las manos y los brazos y la actividad de los demás miembros. Ese ser destinado de los brazos y las manos a la vida anímica, mientras que las piernas permanecen afectadas al servicio del movimiento del cuerpo, es algo infinitamente significativo para toda la vida posterior. Puesto que la diferenciación en las actividades de las piernas y los pies y en las actividades de los brazos y las manos, es la búsqueda del equilibrio del alma para el resto de la vida. En un comienzo buscamos el equilibrio físico, dentro del erguirnos, en la liberación de la actividad de los brazos y las manos empero, buscamos el equilibrio anímico.- En realidad debería decirse: aprender a caminar es aprender la estática y la dinámica del hombre interior con respecto al universo. “Y luego: Allí, donde se aprende a caminar, donde se adquiere dinámica y estática, allí el hombre adquiere el espíritu a partir de su entorno”.

Vemos entonces: estamos bien orientados con respecto al sentido del equilibrio, cuando la relación entre el hombre superior y el hombre inferior está bien dispuesto, según una determinada forma. Ese orden debe ser de modo tal, que por una parte resulta la sensación de libre movilidad dentro del ámbito del alma y por otra parte, la sensación del espacio interior misma, como sensación exenta de tiempo del encontrarnos insertos en la simetría del Universo. La fuerza luz erectora se apodera del cuerpo físico (piernas y pies) como fuerza estática y libera la dynamis (=capacidad, facultad) de los brazos y manos, de modo, que el hombre con sus miembros superiores puede insertarse dentro de las leyes de movimiento cósmicas. Esto en su conjunto se torna en vivencia, dentro del estar erguido en el centro estática y lo que vence al espacio” (dinámica). La vivencia estática procede de los miembros inferiores, la vivencia dinámica de los superiores, arraigada al ámbito del pecho. Recién, cuando éstos se han elevado por encima del ámbito inferior arraigado a la tierra, puede producirse lo que hemos llamado percepción de lo libre anímico propio – en relación con el sentido del movimiento. La autarquía de brazos y manos condicionada al equilibrio se manifiesta como vivencia de una capacidad que encierra la percepción propia transmitida por el sentido del movimiento (dentro del movimiento actual) y la sensación de la facultad de adaptación y de coordinación ( la relación hacia el mundo libremente dispuesta).

 

Sentido del equilibrio y libre discernimiento

Vemos una vez más, la compenetración del sentido de equilibrio y del sentido de movimiento. El equilibrio anímico en la vida se basa en el hecho que el hombre superior se encuentra sostenido por el hombre inferior, a la par de hallarse elevado por encima del mismo de modo tal, que lo compenetra sin ser absorbido por él, irguiéndolo y creciendo por encima de él. En un comienzo buscamos el equilibrio físico dentro del erguirnos, dentro de la liberación de la actividad de los brazos y las manos empero buscamos el equilibrio anímico. El espíritu, al que (como Steiner dice) “se da cabida”, puede ser recibido gracias a la actividad del ángel. El ángel es ciertamente el transmisor mediante el cual irradian a nuestro interior el equilibrio y las posibilidades de movimiento del universo. Esto sucede nuevamente durante la noche, cuando los miembros del ser superior (yo y cuerpo astral) se desprenden de la ligadura física-corporal, para cargarse con las fuerzas necesarias, para poder levantarse cada mañana y caminar.

Al ser alentados por R.Steiner al empleo de términos fisicales para la ilustración de estas relaciones, seguramente también podemos hablar de cargar, pero, por supuesto que la estática del equilibrio en el hombre no es idéntica a aquella de un construcción (de otro modo estaríamos frente a la alternativa, o de, renunciar a la libre movilidad o de caer por cada golpe de viento) ni el yo y el cuerpo astral se cargan con fuerzas superiores a modo de batería con corriente, sino que de hecho se trata de que el hombre- y sobre todo el niño (en el adulto la dependencia al respecto es menor) recibe una instrucción: acerca de cómo dentro del juego recíproco entre aportes de afloje-relajantes y de coordinación puede desarrollarse la libre movilidad; y además, instrucción acerca de cómo la estática y la dinámica pueden concordar para que dentro del proceso de erección el peso (atadura al suelo) y liviandad (emancipación de los miembros superiores) puedan hallar una relación mutua equilibrada. Estas son las instrucciones del ángel con referencia al complejo del sentido del movimiento y del equilibrio.

En realidad, mediante estos sentidos nos percibimos a nosotros mismos, en la reconversión de aquello, que aprendemos en los estados de conciencia, a los que no llegamos con nuestra capacidad de memoria pensante, a pesar de que conforman una tercera parte de nuestra vida. A esa instrucción nocturna referente al equilibrio le debemos en el estado del estar despierto, no solo la facultad de erguirnos, sino la receptibilidad para lo espiritual con efecto continuo que impera en el entorno y organiza al mundo espacial-objetivo. Lo que se describe en física, matemática, astronomía, etc. no lo que se especula, sino aquello que se revela a la exposición pensante como legitimidad, son en realidad principio universales, divinos. Sin el sentido del equilibrio no tendríamos capacidad de comprensión para esos principios universales. Sin él, no podríamos vivenciar al mundo espacial-objetivo como estructura ordenada, sino como conglomerado incoherente con cambiantes procesos y estados. Con otras palabras: No podríamos llegar al pensamiento claro, si no tuviésemos el sentido del equilibrio.

“A no ser que un sentido nos transmitiría el estar parado en equilibrio, o el estar bailando en equilibrio no podríamos desarrollar plenamente nuestra conciencia” (Steiner)

Dicho lapidariamente: cuando estamos mareados perdemos el control. Las ciencias exactas no podrían haberse generado sin el sentido del equilibrio. Sin él no podríamos adquirir lo que arquetípicamente llega a la expresión a través de la libre actividad de brazos y manos: la fuerza de discernimiento. Esta se desarrolla como fenómeno arquetípico en la polaridad entre peso y liviandad, vertical y horizontal. Al hallarse bien orientado en el campo del equilibrio no puede haber dudas con respecto abajo y arriba, vertical y horizontal. Thomas Göbel escribe en “Fuentes del arte”: “El absolutismo del espíritu vuelve a ser encontrado en los fenómenos del sentido que se encuentra a su servicio: las percepciones del sentido del equilibrio, son siempre, inconfundibles en el sentido absoluto. No existen los fenómenos combinados.

 

Equilibrio anímico y sentido de la justicia

Los brazos y las manos sirven de balanza o mejor dicho: lo que vive dentro de nuestros brazos y nuestras manos y al no hallarse sujetos a causa de una determinada actividad, conforma una fuerza de discernimiento interior, a modo de balanza de ponderabilidad. Podemos experimentarlo en los casos de tener que tomar una decisión cuando hacemos instintivamente movimientos de ponderación con manos y brazos. Y se llevan a cabo automáticamente, expresándose allí, un aspecto esencial de la percepción del equilibrio. ¿Por qué sentimos la necesidad de no dejar correr por su cuenta las contradicciones sino llegar a un juicio, un criterio que levanta la contradicción, de modo tal, que se recomponga lo que parecía incompatible, divergente, lo des-integrado en partes sin relación? Esa necesidad se fundamenta en el hecho que siempre estamos en la búsqueda de establecer equilibrio. Nos sentimos des-equilibrados, al vernos frente a una contradicción sin solución o un unilateralidad y buscamos re-establecer la simetría en nuestro sentir y nuestro pensar. Por lo tanto intentamos erguirnos interiormente, obtener el control y poner en orden la situación para nosotros de modo tal, que la percibamos nuevamente en armonía con el equilibrio y las leyes de equilibrio del cosmos: con el orden universal divino, si se me permite esta expresión solemne. Es correcto empero: mediante el sentido del equilibrio tenemos una intuición interior para el orden universal divino. Y no concierne únicamente al orden en la continuidad del espacio y del tiempo y el pensar que puede desarrollarse dentro de esa continuidad de espacio y tiempo, sin también aquello que desde épocas ancestrales trataron de explorar, ahondar los cerebros más destacados acerca de metafísica y ética.

No quiero abrir aquí un tratado de filosofía acerca del orden universal en lo que a moralidad respecta y el rol pertinente del hombre al que se ha otorgado el atributo de la libertad, sino que solo quiero señalar el fenómeno que también con respecto a justicia e injusticia (ausencia de justicia) tenemos una intuición acerca de sincronismo y anacronismo. A esa intuición la llamamos sentido de la justicia y ese sentido de la justicia no es otra cosa que una sublimación del sentido de equilibrio en estrecha relación para con la facultad de empatía transmitida por el sentimiento del movimiento. Aún estando íntimamente ligados la capacidad intuitiva y la fuerza de compasión con el sentido de la justicia, no son idénticos en el mismo. Puesto que el sentido de la justicia es el sentimiento de simetría sobre el plano moral: el íntimo deseo de buscar un equilibrio en el caso que un destino humano tiene menor peso frente a otro, de aportar un peso sobre ese platillo. El auténtico sentido de la justicia no busca castigo y penitencia, sino otorgar el debido peso a la dignidad humana, donde se la des-estima.

Para ello se necesita la empatía, para que no se degenere en rígido principio teórico. Quisiera formularlo de esta manera: desde que el Cristo ha actuado sobre la tierra, la justicia sin empatía ya dejó de ser un principio creíble. Se necesita empero algo más que empatía: se necesita una capacidad de asimilación compenetrada con empatía, con respecto a aquello que con referencia a lo moral es “la posición del equilibrio hacia el universo correspondiente al hombre”.

Al cuidar el sentido del movimiento y el sentido del equilibrio del niño, preparando con ello, su equilibrio anímico para la vida ayudándole a-extraer sus brazos y manos, todo su espacio pectoral de la gravedad terrenal, estamos trabajando mancomunadamente con el ángel, para que más tarde pueda desarrollar un segura intuición con respecto al respeto de la dignidad humana: el sentido de la justicia. Fuerza de compasión y sentido la justicia son las dos facultades morales-sociales relacionadas con el complejo del sentido del movimiento y del equilibrio, así como la tolerancia y la asistencia amorosa están relacionadas con el complejo del sentido de la vida y el sentido del tacto.

Al contemplar todo esto en conjunto, notaríamos: se trata de cuatro aspectos de aquello, que llega a la conjunción dentro del ideal del amor cristiano hacia el prójimo. Podrá objetarse: ¿no será un pensamiento demasiado materialista catalogar la elevada cualidad del sentido de la justicia como mero sentimiento de simetría, sublimando? A quién así lo hiciere, le diría que al comienzo de este trabajo concordamos un determinado modo de ver las cosas para evitar tales malentendidos: dentro del curso del tiempo, la cualidad moral aparece en último término; lo que empero aparece en última instancia, es el motivo interior, primario.

Y de esto justamente se trata: el apoyo del ángel con su aporte de luz e integración como podemos afirmar con referencia al sentido del equilibrio (luminosa es la fuerza de erección e integración equivale a unir lo des-integrado; las percepciones del espacio y la simetría) están edificadas sobre la cualidad moral. El desarrollo del sentido de equilibrio en el niño es equivalente a la inclinación imitativa hacia todo aquello que satisface el sentido de la justicia.

El niño vivencia el apoyo del ángel con su aporte de luz y fuerza de integración en lo profundamente inconciente: como el ser tocado por la seguridad de criterio de la soberana justicia, incrementada a fuerza de amor. Y al encontrarse con nosotros tiene la ansiosa expectativa de hallar algo de esa cualidad, en la forma como estamos ubicado en la vida y en el trato con nuestro prójimo. Cuando el ideal de la justicia vive dentro de nosotros, no como engendro de la cabeza sino como sincero esfuerzo social, cobramos un efecto orientador sobre el sentido del equilibrio del niño. Y del mismo modo como para la actitud de tolerancia tenemos que desarrollar primero la paciencia, tendremos que desarrollar el interés participativo para obtener una postura de vida que practica la asistencia-amorosa; para la fuerza de compasión, la movilidad interior, el sentido de la justicia requiere una determinada medida de equilibrio en el juicio una cierta equidad interior que va más allá de la calma transmitida por el sentido de la vida. Puesto que esta se contenta consigo mismo, puede ser cultivada dentro de la reclusión total del mundo y recién a partir de nuestro aproximarnos –tanteando- hacia las cosas y seres, y mediante el movernos conjuntamente con otros, desarrolla sus cualidades dialoguísticas y sociales.

La situación de calma, proveniente del sentido de equilibrio, desde un principio está dispuesta a la apertura y a la relación: aunque la sensación de espacio y de simetría es autárquico en el adulto (no lo es en el niño) se genera por el hecho, que el hombre mismo se otorga su equilibrio en el espacio que él mismo encuentra una relación hacia la fuerza de gravedad como recalcó R. Steiner. Scheurle dice: “La correspondencia del propio equilibrio corporal y el medio ambiente es perfecta…Justamente allí se manifiesta la unión inseparable del mundo y el propio yo, dentro de la vida sensorial”. De esta manera, también la armonía interior, el equilibrio anímico, es una cualidad que halla realización recién dentro de su relación con el entorno y con los congéneres. Se plasma en la conducta a modo de circunspección, seguridad en el juicio y las decisiones, búsqueda serena y constante de la meta, sentido del orden (no se refiere a la pedantería que más bien indica carencia de equilibrio interior) y la facultad de supervisar las situaciones. Lo que irradiamos, al imperar ese equilibrio en nuestro interior infunde una confianza inaudita lo que directamente cobra efecto estabilizador en el niño sobre las condiciones de su equilibrio – y no sólo sobre las condiciones del equilibrio anímico sino también sobre los corporales. Sé perfectamente cuán difícil es eso. Les ruego que no crean que quiero aparecer aquí como moralista. Pero para poder llegar a un saludable y constructiva autocrítica, debemos saber de qué se trata y en lo que al desarrollo del sentido del niño respecta, no debemos entregarnos a ilusiones con respecto a la importancia de nuestro propio equilibrio anímico, hasta llegar a la pregunta: ¿Cuán creíble o no-creíble, cuán confiable o no confiable soy en todo aquello que tiene que ver con justicia o in-justicia? Al respecto no actúan educativamente los sermones que podamos dar acerca de la justicia, sino únicamente el esfuerzo propio por la rectitud en asuntos morales, el dejarse llevar por la percepción de lo justo, que vive dentro de todos nosotros.

En la minoría de los casos, el problema radica en el hecho de que no está vivo dentro de nosotros, sino que el problema radica en la tentación de no querer dejarse guiar por esa percepción por esa voz de la conciencia de hasta molestarnos por la misma. Por cierto, que no hace falta ser un super-hombre para poder ejercer su profesión de padre y donde se intenta aparentar algo así frente a los niños, si conseguirá únicamente amedrentarlos y socavar su confianza (puesto que sienten perfectamente lo auténtico y lo separan de la mentira) Pero no podemos esquivarnos del hecho que en educación mucho depende de la auto-educación del educador. Ya lo dijimos: Los niños pequeños no están buscando constantemente los resultados, como nosotros los adultos, la producción, etc. sino que sienten el sincero esfuerzo. “La imagen del equilibrio, la balanza es un antiquísimo símbolo de la justicia” (Scheurle)

Al orientarnos interiormente hacia esa cualidad intentando del llevar a cabo una cultura anímica al respecto, o sea – hacerle justicia al niño verdaderamente – esforzándonos en todo momento por una postura fundamental de des-prejuicio y justicia en el trato con otras personas, estamos cuidando al sentido del equilibrio del niño. Y al cuidarlo de esta forma estamos prestando educación moral para el futuro. Ahora y ya no podemos esperar el sentimiento de justicia del niño pequeño. Aún se halla en las profundidades de la subconciencia, como mensaje del ángel y está trabajando en la estructura del equilibrio durante la parte nocturna. Podemos empero contar con la inclinación imitativa del niño hacia todo aquello en donde se expresa nuestra seguridad del juicio incrementada a fuerza de amor y nuestro sentido de la justicia. De esta forma trabajamos durante la parte diurna, ayudando a que el niño encuentre su equilibrio, pudiendo encontrar dentro de sí mismo, más adelante el sentido de la justicia como algo totalmente normal y natural.

 

“La gracia de poder caminar”: el rol-guía del sentido del equilibrio

Según mi experiencia no se puede como en los demás sentidos delimitar un tipo del niño con alteraciones latentes del sentido del equilibrio. Es lógico, que los niños tristes-pensativos a causa de su deficiencia del sentido del movimiento sufran asimismo una carencia en su orientación del equilibrio. Pero también los niños inquietos-nerviosos y los niños temerosos-cohibidos, necesariamente no están bien estructurados en su equilibrio anímico. Tal como hemos visto al sentido del equilibrio, muestra ser el sentido mediante el cual se torna vivenciable fundamentalmente la presencia del ángel, su actuación en la estructura de cuerpo y alma. Ordenar, armonizar, configurar, aflojar, coordinar esos son los diferentes aspectos de una de las fuerzas creadoras superiores iluminadoras integradoras que impera en el proceso de encarnación, fundamentando el equilibrio anímico en la vida . Cuando el niño comienza a intitularse como un YO, el sentido del equilibrio ha madurado en un primer nivel como testimonio del hecho que la fuerza que ocultamente estuvo activa en la edificación de los sentidos de la vida, del tacto y del movimiento ahora puede manifestarse en su esencia propia. Kart König, el gran pionero de la fundamentación de una teoría de los sentidos pedagógico curativa ha escrito al respecto en su libro Los tres primeros años del niño: “Mediante la adquisición del equilibrio se eleva la cabeza y entra a la luz. De este modo se ha obtenido la contraposición entre luz y peso, dentro de la imagen de la postura erguida. Eso nuevo, no puede ser mirado de otro modo, que en relación con aquel miembro de la entidad humana que R. Steiner ha señalado como YO, y debe ser otorgado al hombre y a ninguna otra criatura sobre la tierra. Es ese yo que posibilita que a toda criatura sobre la tierra. Es ese yo que posibilita, que toda criatura humana le es dada la gracia de caminar. Todas las demás formas del movimiento se van ordenando alrededor de esa gran figura que aparece como fuerza de erección y que en el momento de su aparición dispone orden y conducción”

En el momento de nacer, el niño trae consigo esa gracia de la esfera de los ángeles; y noche tras noche retorna hacia allí para asegurarse de esa dádiva. Lo que respecta a la relación con los demás sentidos basales, queda en claro que ni la percepción propia vital, ni la del tacto ni la dinámica, tendrían significado alguno para el desarrollo de la conciencia par el sujeto erguido, que se percibe a sí mismo dentro de esa erección. Scheurle señala al sentido del equilibrio como el ordenador máximo de la esfera somática y constata: El movimiento, el tacto, las percepciones vitales del bienestar a través de las cuales tomamos conciencia de nuestro cuerpo, son conducidos en definitiva siempre por la percepción específica de la simetría y de la dirección interior. Resumiendo podemos decir, con Göbel: “El sentido del equilibrio conforma las puertas por las cuales pasa el yo, para poder vivir su ritmo diario, entre el estado despierto dentro del cuerpo el estado dormido fuera de su cuerpo”.

Fomentamos el sentido del equilibrio del niño (aparte de aquello que hemos dicho con respecto a la postura educativa y concepto de vida) tomando en cuenta todo aquello que viene al caso para el cuidado de los demás sentido del cuerpo y sobre todo el sentido del movimiento. Una debilidad latente del sentido del equilibrio está acompañada siempre por un debilitamiento en el espectro sensorial inferior en su conjunto, debiéndose tomar en cuenta, dónde radica la dificultad principal. Cuando, por ejemplo un niño pequeño no imita correctamente permaneciendo como sumergido dentro de sí mismo, nuestra atención debe orientarse especialmente sobre el sentido del movimiento; si en cambio en lugar de una saludable y creativa imitación, hasta los cinco o seis años se sigue arrastrando un amoldarse poco natural, sin que mediara una vigorosa fase de contradicción, sí el niño por lo tanto hasta la época escolar vive estrechándose sin limitación casi a su entorno, tendremos que tomar en cuenta especialmente su sentido del tacto. Si finalmente, en tercer lugar estando presente el deseo de imitación, que empero constantemente se ve afectado por una inquietud y una agitación que se vuelca en el movimiento y si observamos que ese desasosiego es provocado por las impresiones provenientes del mundo exterior que afectan de ese modo al niño de modo tal que constantemente tiene que oponerse y agitarse con todo su ser corporal-anímico, ya sea contra el alimento ingerido, ya sea contra sus afecciones ópticas o acústicas, tendremos que tomar precauciones nuevamente con respecto al sentido del movimiento – también con respecto al sentido del tacto; primariamente empero, estamos frente a un trastorno del sentido de la vida.

Es todos estos casos que he mencionado sólo a modo de ejemplo se encuentra afectado el sentido del equilibrio; y si el problema central visiblemente se halla en el desarrollo mismo del equilibrio, si por lo tanto un niño desde un principio tiene problemas para erguirse, o no se yergue para nada o con mucho atraso llega a pararse y a caminar a pesar de hallarse dentro de un entorno adecuado, de modo que puedan descartarse el burdo abandono o maltratos, entonces generalmente estamos frente a una afección previo del sistema nervioso central o bien, hablando antroposóficamente, con una impenetrabilidad parcial del instrumento corporal para los miembros superiores del ser, que deberá ser tratada de modo tal que fundamentalmente se incluyan los cuatro sentidos inferiores dentro de un programa de ejercicios tales como fueron dados por Dieter Schulz en su librito para la ayuda temprana.

 

Equilibrio del alma y autoestima

A pesar de que no puede trazarse un límite claramente definido entre un tipo del niño con trastornos latentes del sentido del equilibrio frente a los niños con deficiencias primarias en sus sentidos de la vida, del tacto o del movimiento, sino que cada dificultad en el proceso de encarnación de por sí constituye una debilidad en el equilibrio; puede uno preguntarse, qué efecto cobra ese carente equilibrio anímico en relación con las tras alteraciones fundamentales que hemos conocido. Y entonces tendremos que mirar al proceso de erección mismo. Aquello a lo que se refirió Karl König al escribir: “Con ello manifestamos algo muy significativo acerca de una cualidad auto-perceptiva, acerca de la cual actualmente se hace mucho alboroto, la así llamada autoestima”. Lo que en la jerga psicológica se señala de ese modo y que en la mayoría de las veces de engalana cosméticamente en lugar de vigorizarlo auténticamente (por ejemplo según el modelo de todos los días cien veces, que te encuentras magníficamente bien) no es otra cosa, que el sentirse como espíritu , del que R.Steiner dijo que es el efecto del sentido del equilibrio irradiado a lo anímico.

Los niños inquietos-nerviosos, temerosos-cohibidos y tristes-pensativos tienen todos ellos una especie de autoestima dañada. Recordemos: los unos se sienten no deseados, los otros abandonados y los terceros excluidos. Estas son las diferentes formas de expresión del carente equilibrio interior. Los niños afectados tienen dificultad en caminar por la vida con la cabeza erguida y nuestra misión más destacada es ayudarles en esto, mediante toda nuestra postura educativa: mostrándoles, que pueden contar con nuestro tolerante aprecio, nuestra participación interesada y nuestro sentido de comprensión en su plena envergadura.

La autoestima como sentimiento del estar erguido y transpuesto de luz es idéntico a la vivencia de la libre disponibilidad de brazos y manos. Los niños con debilidad de orientación en el ámbito de los sentidos corporales todos muestran no tener confianza en su capacidad de actuar – los unos a causa de su inquietud, los otros por desaliento y los terceros por falta de comprensión. Es por ello, que padecen sentimientos de fracaso. Esa es su carga compartida. Tenemos que quitarle esa carga. Es nuestro deber, transmitirles confianza en la fuerza creativa de sus manos , como condición previa para su sentimiento de autoestima. Esa es la idea pedagógica fundamental con respecto al sentido del equilibrio y con ello, para todas las falencias de orientación en el ámbito de los sentidos corporales.

El error pedagógico cardinal consiste por lo tanto en la mala costumbre tan difundida, de confrontar a los niños plagados por sentimientos de fracaso constantemente con sus deficiencias en el ámbito de las acciones. En lugar de reconocer con énfasis los pequeños resultados obtenidos y sin perder muchas palabras llevar a término junto con el niño, lo inconcluso o malogrado y elogiar luego su trabajo (esto sería por ejemplo la postura pedagógica en el jardín de infantes y en la escuela). En la mayoría de los casos la debilidad de los niños resultante de poca habilidad, desaliento o incomprensión es cargado a los niños como culpa de una manera moralizadora: diciendo que son haraganes, caprichosos, rebeldes con premeditación, maleducados, etc.

No existen empero niños premeditadamente haraganes, rebeldes. Todo los niños en realidad quieren con todo corazón hacer bien todas las cosas y hallar reconocimiento al respecto. Yo les digo: somos nosotros que los hacemos haraganes a los niños y rebeldes al reprocharles todavía su sufrimiento. ¿Qué puede hacer ese niño triste-pensativo, que no se da cuenta qué le estamos pidiendo, si constantemente escucha que es un haragán, desatento, malogrado; y le presentamos constantemente a los demás a los alumnos ejemplares como modelos luminosos?

Al cabo de algún tiempo un niño así, en actitud de auto defensa frente a la exposición negará su colaboración. Si nos acostumbráramos a aceptar que cada niño tiene su propia medida a partir de la cual deberán ser evaluados sus trabajos no sólo habría menos pacientes en el consultorio psicoterapeuta infantil, sino que muchos menos destinos catastróficos podrían ser evitados.

Muchas carreras de delincuentes, adicciones o sectarias toman allí su comienzo donde la herida de un temor al fracaso del niño, provocado por causa de intolerancia y falta de amor por parte del educador, se desgarra una y otra vez, hasta volverse incurable. Y esto concierne en primer lugar a las escuelas donde a mi pesar y a causa de lo que estoy vivenciando constantemente en mi profesión, no puedo afirman que las escuelas Waldorf presente mayores ventajas frente a las escuelas estatales, en lo que al trato comprensivo de los niños con problemas de conducta de los tres tipos referidos respecta. Deben mencionarse eso sí, excepciones en personalidades de maestros destacados, a las que en el ámbito de las escuelas Waldorf pueden hallarse más a menudo que en otros lugares.

Visto globalmente empero, la exclusión de niños que no integran la norma conforma un capítulo deprimente, que no puede ser cargado individualmente a maestras y maestros, y en cambio debería ser llevado a una solución sobre el plano superior de cuestiones fundamentales de conformación (tamaño del aula, consideración de un eventual ayudante en el grado, mayor énfasis sobre la pedagogía curativa en la formación del maestro, cualidad de formación en sí, del maestro, trato más activo con el plan didáctico, etc.) Puesto que en lo futuro no habrá menos sino cada vez más niños que necesitarán de un apoyo especial y que a su vez no podrán ser (ni deben ser) desviados todos a escuelas especiales y hogares, ya por la simple razón que no se adecuan a las categorías de deficiencias habituales, pero asimismo a partir de aspectos humanos generales. Con otras palabras: la escuela regular se desarrollará a escuela de integración parcialmente pedagógica-curativa, queramos o no queramos; y sería importante que el movimiento de las escuelas Waldorf fijaría sus nuevas metas adelantándose a los acontecimientos manteniendo el paso de esta evolución incontenible.

 

Resumen: Lineamientos para niños tristes-pensativos

Recopilamos una vez más, los puntos clave para la educación de los niños tristes-pensativos, o sea el cuidado del complejo de los sentidos del movimiento y equilibrio, donde tal como viéramos posee una destacada importancia todo lo que al sentido del equilibrio concierne y a su vez rige para el ámbito global de los sentidos inferiores, estando sujeto empero de modo especial, al sentido del movimiento. Göbel constata: “nuestro sentido del equilibrio y el del movimiento se hallan en estrecha conjunción”. “Esa conjunción debe ser tomada en cuenta para poder llegar a la necesaria diferenciación”. Eso es lo que hemos hecho. Las reglas básicas para ese ámbito son: -Imitación, movimiento pleno de sentido, llevado a cabo serenamente, libre juego de los brazos y de las manos, llevar a lo referido a la danza y al gesto, balance/simetría, sensación de espacio, formación del habla/recitación, música. Apoyo explicativo para la comprensión de las situaciones. Curso ordenado de las tareas prácticas, conciente involucrar dentro de los sucesos cotidianos, empatía no sentimental como postura educativa, fuerza de compasión como criterio ejemplar.

 

Estas son las líneas rectoras para niños, cuyo desequilibrio preponderantemente está ligada a una deficiencia del sentido del movimiento.

 

Palabras finales: Pedagogía y Etica

Alentar, es la máxima pedagógica para niños inquietos, temerosos y tristes. Nuestro manifiesto respeto por la dignidad del hombre les brinda seguridad. Estas cualidades tendrán que reemplazar una pedagogía de la crianza manipuladora y normativa, tal como aún hoy prevalece. Quien, siguiendo un espíritu de época equivocado, considera como moralismo imposible a ser practicado: el respeto llevado a la práctica de vida por la dignidad humana, o sea el sentido de justicia trans-cristianizado que se opone a que un destino humano, un destino infantil tenga menos peso que otro, reciba menos estima que otro y quiera elevar este criterio suyo como máxima de una pedagogía de nuestra época, tendrá que responder a la pregunta, si realmente está autorizado a intervenir en las preguntas concernientes a la educación del niño. De todos modos aquellos quienes creen poder dejar de lado valores tales como tolerancia asistencia amorosa, fuerza de compasión por considerarse hombres modernos, no podrán tener acceso de comprensión hacia determinados fenómenos fundamentales y relaciones de la vida anímica humana y no podrán participar del esbozo de una psicología evolutiva, que trascienda las unilateralidades materialistas, en el sentido de un primer intento expuesto aquí.

Que el niño ni se educa por sí mismo, como afirma con tanto ímpetu la pedagogía anti autoritaria, ni simplemente es educado por nosotros como indica el modo de pensar determinista, sino que la educación en primer lugar es la obra del ángel que se surte de fuentes celestiales y nosotros como padres, pedagogos o también educadores curativos y terapeutas cómo complementamos esa obra; que entonces de hecho cada niño tiene a su ángel su entidad propia superior y que desde allí, y no sólo eventualmente y en situaciones especialmente asombrosas sino constantemente, noche tras noche recibe ayuda fuerzas y consuelo; que ustedes queridos padres alientan en lo más profundo a su hijo al intentar concientemente adherirse a ese obrar del ángel, no permitiendo que de día se destruya lo que fuera edificado durante la noche – son ideas (con ideas no me refiero a fantasías sino a verdades, por las cuales la ciencia educativa tendrá que orientarse para que en la vida social no irrumpa el desorden de una envergadura catastrófica). Puesto que la solución e la cuestión social se lleva a cabo en la habitación del niño y en el aula.

Por esa convicción deberíamos estar compenetrados. La situación de los niños nos reclama de tomar en serio la nueva espiritualidad, que comienza allí, donde surge una nueva humanidad a partir del respeto por el niño. No exijamos constantemente impulsados por una manía narcisista que los niños nos tengan respeto, despertemos en cambio nuestro respeto frente a ellos y frente al mundo angelical que a través de ellos se manifiesta. Todo lo demás vendrá por añadidura. No es fácil, pero es necesario que comencemos ya mismo. Es esfuerzo vale.