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FORMAS CONSTITUCIONALES INFANTILES

de Bernd Kalwitz Kindlichen Konstitutiontypen Med-Paed-Konferenz

  Traducción: Ana Maria Rauh

 

A comienzos del siglo 20, Rudolf Steiner ha desarrollado los fundamentos del estudio del hombre, para la comprensión moderna de la salud y la enfermedad, que opuso una perspectiva procesual, orientada a la evolución, al paradigma orientado al defecto de la medicina tradicional. Llamó la atención sobre el hecho, de que los procesos de la enfermedad no se apartan de las reglas de la naturaleza y que por lo tanto, de ninguna manera se trata de funciones desnaturalizadas. En sus transcursos se evidencian siempre, procesos normales de la naturaleza, que por otra parte ocupan su lugar justificado (GA 27, cap.II). No enferman al hombre a causa de una falencia que le es inherente, sino, al aparecer en un momento, o en un lugar equivocado. Cuando pueden realizar sus propias leyes en campos que le han sustraído a la capacidad de integración del individuo, dañan al organismo en su conjunto.

Expuso, como el hombre, en su existencia terrenal, está expuesto siempre a la influencia de dos campos energéticos, que de manera elemental, marcan las condiciones de su existencia (La misión de Micael, GA 194). Frente a una tendencia de la amplificación, de la dilución y la volatilización de las fuerzas luciféricas se encuentra por el otro lado, el campo energético ahrimánico, con su efecto de contracción, estrechamiento y endurecimiento. Mediante su tensión, conforman las fuerzas de empuje de toda evolución. Todos los procesos de vida, tanto físicos como anímicos, se encuentran expuestos a la polaridad de estos dos poderes universales. Solo dentro del equilibrio de sus tendencias opuestas, existe una esfera de libertad para el hombre. Puede mantener su salud únicamente, mientras que no lo lleve a la unilateralidad, el sobrepeso de una de estas fuerzas. Es así, que a la imagen de una enfermedad, en el otro lado no se opone la salud, sino una imagen de enfermedad polarmente opuesta. La salud es el estado lábil de equilibrio entre estas dos tendencias polares de poder enfermarnos.

En el ámbito de lo corporal-físico, la labilidad de un equilibrio tal, puede ser observado de modo especialmente impresionante en la sangre, que únicamente puede fluir de manera saludable, mientras guardan equilibrio las dos cascadas de la coagulación y la fibrinólisis. Y ese estado, no es estático: ambos sistemas están constantemente activos en principio. El proceso de la coagulación constantemente tiene un emprendimiento latente, para que en el caso de las lesiones, solo hace falta activarlo; solamente es antagonizado por el proceso, igualmente constantemente activado de la disolución de la coagulación. Solo, mientras ambos sistemas guardan equilibrio entre si, la sangre fluye sin trombosis o hemorragia espontanea a través del sistema de los vasos sanguíneos y puede ofrecer al hombre, la base física de su libre desarrollo.

Anímicamente, las tendencias de disolución se evidencian, por ejemplo, en la huida de ideas de las personas esquizofrénicas, se desintegra el contexto interior del pensar. Los gestos de estrechamiento y endurecimiento se encuentran en las neurosis obsesivas y las depresiones.

También en el desarrollo humano, sobre todo, durante la fase infantil, tan plástica, estas fuerzas polares actúan como impulsoras y como peligro. La medida, en la cual el hombre puede independizarse de sus ataduras unilaterales determina el grado de libertad de su desarrollo y marca decisivamente su biografia.

El saludable estado de equilibrio entre las fuerzas disolventes y las endurecedoras se desplaza fisiológicamente en el curso de una vida. Mientras que en la figura del niño pequeño, lo redondo, blando, plástico, manifiesta su proximidad para con el polo luciférico, la manifestación endurecida, osificada y angulosa de la persona anciana, se aproxima a las fuerzas ahrimánicas. Bajo ese aspecto del desarrollo físico, se manifiestan las fuerzas luciféricas y ahrimánicas, dentro de la figura espacial de amplificación y estrechamiento. Al contemplarse el desarrollo en su figura temporal, Lucifer actúa de manera desacelerante, retardante, atrasante, y Arriman, acelerante, apresurante, impulsando lo prematuro.

Cada niño entra a la encarnación con su propia configuración de los miembros del ser y tiene que orientarse entre los campos energéticos de estas dos polaridades, en correspondencia a su constitución individual.

Como dentro de un carruaje tirado por seis corceles, la corona de nuestro Yo superior, transita por su biografía. Los dos caballos delanteros representan a nuestro cuerpo físico, los dos del medio, al ámbito de la vida funcional, el cuerpo etérico. Los dos de atrás, ocupan el lugar de la capa anímica del ser, el cuerpo astral. El lugar sobre el pescante, como conductor de la carroza, lo ocupa la organización de nuestro Yo. Los tres caballos a la derecha, simbolizan el ámbito de nuestro sistema neuro sensorio, el polo de la cabeza. Adelante, a la derecha, el cuerpo físico de nuestro sistema neuro sensorio, detrás del mismo, el cuerpo etérico del sistema neuro sensorio, luego, su organización astral. Los caballos del lado izquierdo, pertenecen al sistema metabólico motor, el polo opuesto. Adelante, a la izquierda, el cuerpo físico, dentro del sistema met.-motor, luego su cuerpo etérico y finalmente, su organización astral (figura 1).

El sistema neuro sensorio está traspuesto por fuerzas, cuya acción, según su esencia, son familiares a lo ascensional. En sus órganos, la gravedad es vencida en casi todos los lugares. Una y otra vez, Rudolf Steiner nos está indicando, por ejemplo, como mediante la fuerza ascensional de Arquímedes del líquido céfalorraquideo, el cerebro yace únicamente con un mínimo de su peso real sobre la base del cráneo. Solamente así, puede ser mantenido el flujo sanguíneo en los pequeños vasos basales, sin ser estrangulado (GA 316).

Mediante esta liviandad inherente, el sistema neuro sensorio se encuentra dentro de un campo energético que traspone al hombre con un flujo que desde abajo corre hacia arriba. Según sus propias tendencias interiores, por lo tanto, se aproxima en medida mayor, a las fuerzas volátiles, los caballos del polo de la cabeza, tienen la tendencia de ir en dirección de Lucifer.

Cuando empero, poseído del Yo, como parte de la organización conjunta debe insertarse en lo corporal, tiene que invertir la dirección de su efectividad, oponiendo al sistema metabólico “refloreciente” una fuerza, que actúa a modo de descomposición, de arriba hacia abajo.

Frente a ello, el sistema metabólico-motor está traspuesto por fuerzas de gravedad, que en realidad lo colocan dentro de una corriente que va desde arriba hacia abajo.

De por si, esto posee siempre una tendencia hacia la concentración ahrimánica, hacia el endurecimiento y la polarización. Al ser captado por la organización del Yo y al ser incorporado al organismo en su conjunto, asimismo tiene que invertir la dirección de su efecto en lo corporal y desarrollar una fuerza edificadora de abajo hacia arriba.

Como por doquier, se evidencia también aquí, que nada de lo que se encuentra conectado dentro del contexto del hombre, puede conservar sus fuerzas propias. Tan pronto sigue a sus propias inclinaciones interiores, se torna molesto y conduce a la enfermedad. A modo de equilibrio entre nuestro polo de la cabeza y el de los miembros se encuentra el sistema del medio, el sistema rítmico, cuyas riendas van uniendo también los dos caballos en antagonía de nuestros miembros del ser. Cuando uno de los corceles es atraído por las fuerzas de sus inclinaciones y quiere disparar, se tensa la cinta, el otro caballo lo siente y realiza la fuerza de oposición. Estando atento el conductor del carruaje, mas allá de ello, hará lo suyo, tensando la rienda, salida de la correcta posición media , frenando de esa manera al caballo desbocado, dando mas espacio al otro caballo, alentándolo. De esta manera, el antagonista puede ofrecer oposición y la carroza retorna al camino central.

Pero las condiciones de este vehículo, como también las condiciones constitucionales previas de los hombres son individualmente muy diferentes. Los caballos no poseen todos siempre la misma fuerza y el mismo temperamento. El conductor del carruaje no está prestando siempre la misma atención. Además, tiene que aprender siempre a manejarse con los caballos. Puede suceder, que le resulten extraños, temibles y salvajes. Puede ser también, que las riendas no se encuentren perfectamente ajustadas y bien dispuestas, a veces son muy débiles, a veces se cortan.

¿Qué sucede, si uno de estos caballos quiere escaparse y la carroza amenaza de apartarse del camino central? ¿Qué podemos hacer, para brindarle apoyo al conductor, cuando el desarrollo infantil amenaza entrar en la unilateralidad?

 

EL PLANO DEL CUERPO FISICO

Niños con la cabeza grande

Niños con la cabeza pequeña.

En el polo de la cabeza se destaca aquello, que la individualidad espiritualmente ha traído consigo del pasado de sus anteriores vidas terrenales (GA 302-conferencia 13.1.1921).

Cuando al comienzo de su vida, el hombre se encuentra aun muy próximo a su herencia cósmica, en la figura infantil, la cabeza ocupa un primer plano. Desde el polo de la cabeza comienza el desarrollo embrional. También el niño pequeño, es casi exclusivamente cabeza. Pero, mientras que la figura del niño pequeño está marcada casi por completo por el dominio de la cabeza, su tamaño relativo se reduce luego constantemente en el curso de su vida (figura 2).

 

LOS NIÑOS CON LA CABEZA GRANDE

Hay niños, que traen consigo, algo majestuoso de su pasado cósmico, algo, que los sujeta fuertemente a su patria abandonada en el mundo espiritual. Ese hecho provoca, que le resulta difícil, desprenderse del amparo prenatal para entrar a la encarnación. La herencia cósmica en su sistema neuro sensorio es tan poderosa, que las fuerzas de la organización del yo, no quieren aproximarse adecuadamente (GA 300 b, conferencia del 6.2.1923). Su polo de la cabeza por tal razón puede sustraerse a la intervención de las fuerzas del yo, y puede así, tener demasiada vida propia.

La organización neuro sensoria de estos niños no expande suficientemente sus fuerzas de descomposición con orientación descendente, sobre el hombre entero, sino que se entrega en desmedida, a su propia tendencia interior del impulso ascendente. En lugar de oponer sus fuerzas analíticas a las funciones sintéticas del sistema metabólico, intensifica la tendencia ascendente del mismo, de modo tal, que las fuerzas de composición predominan en el aspecto físico de estos niños. La corriente de abajo hacia arriba es poderoso en ellos y parece ejercer empuje hasta debajo de la calota del cráneo, donde rebota.

Esto queda de manifiesto, mediante un dominio especialmente fuerte del polo superior.

Puede poseer diferentes características. Cuando se limita a una tendencia leve, el tamaño de la cabeza grande de estos niños, meramente se rezaga un poco, con respecto al típico cambio de la figura según la edad, conservando las proporciones típicas del niño pequeño por demasiado tiempo. La acentuación de la cabeza resulta en ellos, sobre todo, a cause de las dimensiones de su cráneo cerebral, con su frente alta, a menudo arqueada. Estos niños, además tienen la tendencia de bizcar hacia fuera, les agrada hallarse cómodamente abrigados, suelen sonrojarse con facilidad y tienen una piel con buena irrigación sanguínea, a veces, húmeda (figura 3)

En el niño de la constitución grande, el caballo delantero de la derecha, dentro del cual se encuentran las fuerzas del cuerpo físico del sistema neuro sensorio, es mas vigoroso e indomable, que su oponente en el sistema metabólico-motor. Tiende una y otra vez, a arrastrar la carroza en dirección al polo luciférico. Al conductor no le resulta fácil ajustarle las riendas, le resulta ajeno a su manera de ser. Prefiere la tranquilidad, en lugar de debatirse con su bravura. Es así, que le concede algo mas de libertad. En las almas de estos niños impera aun el clima solar-estival del amparo de un mundo espiritual prenatal, que quisieran conservar. Con su organización del yo y con su cuerpo astral, no se sumergen con suficiente profundidad a su organización neuro sensoria, de modo tal, que el polo de la cabeza queda librado durante mucho tiempo a sus fuerzas propias dominadas por el impulso ascensional. Los niños con la cabeza grande irradian la armonía cósmica de una inmaculada inocencia, mientras puedan permanecer dentro de su estado anímico con tendencia a la lentitud, orientado hacia atrás. Cuando crecen las demandas sensorias intelectuales del medio circundante, rápidamente se encuentran sobre exigidos.

En su temperamento , predomina le flemático sanguíneo. Reposan dentro de si mismos, su pensar y la calidez de su vida del sentir predominan sobre la apertura de los sentidos hacia el mundo exterior. En correspondencia a ello, tienen tendencia hacia los sueños y las ilusiones. Al orientarse hacia el mundo exterior, para ellos, domina la impresión global de lo percibido, por sobre los pormenores. Al lado de una rica fantasía, a menudo poseen una fuerte capacidad imaginativa constructiva. Poseen buena capacidad de concentración en objetos, que vienen al encuentro de sus excelentes fuerzas de conciencia y su capacidad imaginativa. Al ser confrontados empero con contenidos por los cuales sienten rechazo, o que los sobre exigen con tareas fuertemente analíticas, se tornan huidizos y pierden la concentración. Es así, que a menudo tienen problemas en la matemática y en la gramática.

¿Cómo podemos ayudar al conductor de la carroza, a domar su caballo delantero derecho y llevar al coche nuevamente al camino del equilibrio?

El fomento y la terapia tienen la meta de “producir un poco de invierno” (Michaela Gloeckler: “Cuestiones de constitución en la edad escolar, Persephone, tomo II, Salud y Escuela). Para estos niños, que de otro modo solamente desearían dentro de las fuerzas solares estivales, fortalecer su capacidad de diferenciación y brindarles ayuda mediante sentimientos vigorosos, para que puedan conectarse con la vida de sus pensamientos a las vivencias sensorias.

Hay fuerzas en el cuerpo físico, que en su caso tienden a sustraerse a la intervención de la organización del Yo. Por tal razón, es en plano físico, donde debemos emprender las medidas de fomento. Mediante desagradables vivencias de frío, tales como el lavado con agua fría de su cabeza aun completamente cósmica, podemos intentar despertarlo de la comodidad de su armonía interior –orientada hacia atrás- introduciéndolos al mundo sensorio. Esto, cobra su efecto mayor, en el clima matinal, que aun se halla colmado de proximidad de sensación espiritual. De esta manera pueden ser apoyados de modo especial, las atascadas fuerzas del despertar. La conciencia está relacionada siempre, con los procesos de muerte de la solidificación, que se hallan también en la formación salina y cristalina. El alimento salado, también en la forma de alimentación de raíces, puede apoyar estos procesos de la misma manera como el plomo, suministrado homeopáticamente, que estimula fuertemente el proceso salitroso. Al cabo de algún tiempo, esa poderosa fuerza tendrá que ser refrenada (“cicatrizada”) para no producir una compensación desbordante.

Pedagógicamente, la movilización de fuerzas equilibradoras en el caso de los niños con cabeza grande y en el caso de los de cabeza chica, puede ser apoyado sobre todo por el hecho, de que se fortalece el sistema del medio. El estado de ánimo interior del maestro, cobra un efecto especialmente importante sobre la organización rítmica de los niños. Cuando esto está marcado por una presencia serena y auténtica, en tanta mayor medida se pueden mantener alejados los efectos dispersadores de los asuntos privados del maestro de la esfera de la enseñanza, de modo tal, que esta cobre vida propia, con tanta mayor prontitud, los niños con apertura anímica pueden relacionarse con la situación de enseñanza y la conducción pedagógica del maestro. Deberán ser perceptibles, la participación anímica propia del maestro en los contenidos presentados, así, como el deseo propio de evolución y la autoformación del maestro.

Al intensivar las vibraciones de la vida anímica del niño, apoyando el desarrollo de facultades analíticas de diferenciación, mediante el fomento pedagógico puntual y puede apuntalar el proceso del despertar del niño con cabeza grande en dirección a su sistema neuro sensorio.

 

LOS NIÑOS HIDROCEFÁLICOS

Los niños con la cabeza grande son alumnos sanos. En el caso, de que las fuerzas de la unilateralidad son muy pronunciadas, puede desarrollarse como fuerza extrema, la imagen pedagógica-curativa plena de la hidrocefalia. El debate con este cuadro patológico ha jugado un rol especial en el desarrollo pedagógico de Rudolf Steiner. Como maestro auxiliar de un niño con una marcada “cabeza de agua”, pudo mostrar, a través del trabajo realizado durante años, como tan solo medidas pedagógicas y pedagógicas-curativas, han normalizado el desarrollo escolar y profesional del joven, sino, que también el tamaño de la cabeza se redujo de modo sorprendente (GA 28 cap. VI). Los niños hidrocéfalos, hoy, sin duda alguna deben recibir tratamiento médico, y si es posible, deben ser operados. A modo de apoyo y acompañamiento deberán ser implementadas asimismo todas las medidas, que Rudolf Steiner ha indicado para los niños con cabeza grande, siendo que aquí en lo medicamentoso, el estaño juega un rol importante (GA 312, conferencia 27.3.1920). en los niños hidrocéfalicos se evidencia de modo especialmente impresionante –lo que en forma mas leve- constituye la vida interior del niño con la cabeza grande.

 

LOS NIÑOS CON LA CABEZA PEQUEÑA

Los niños con la cabeza pequeña desarrollan un cuadro sintomático completamente opuesto. En ellos, el cuerpo físico del polo de los miembros, se encuentra fuertemente traspuesto por fuerzas de la herencia (GA 302), que lo retrotraen de la intervención de la organización del Yo. Del mismo modo como en el caso del niño con la cabeza grande, el cuerpo astral y el Yo tienen dificultad en posesionarse del sistema neuro sensorio y de individualizarlo, a causa de las poderosas fuerzas del pasado, aquí, les cuesta aproximarse al cuerpo físico del sistema metabólico motor (figura 4). El polo de los miembros se encuentra aislado y queda a la merced de las fuerzas de gravedad que le son inherentes. Obtienen una vida propia excesiva y no oponen una corriente ascendente a la descomposición del sistema neurosensorio. El niño se abandona de modo excesivo a la dinámica analizadora del polo de la cabeza. El metabolismo “no llega a florecer suficientemente hacia el interior del cerebro, no aporta suficiente calor”, como Rudolf Steiner lo describe. Las fuerzas de la herencia poseen un peso excesivo frente a la individualidad que se está integrando, de manera tal, que los procesos sintéticos del sistema metabólico motor no se expande de modo suficiente por todo el cuerpo. El niño es inundado y sobresaturado con procesos nutricionales no del todo digeridos, frente a un faltante de nutrición “cósmica”, recepcionada a través de los sentidos. La profilaxis con vitamina D, usada aun en muchos casos, intensifica adicionalmente esa tendencia endurecedora. Físicamente, estos niños llaman la atención por su aspecto general estrecho y pálido y un tipo de figura de prematura vejez. La cabeza, y sobre todo, el cráneo cerebral, en relación al resto del cuerpo ya es mas pequeño de lo que correspondería por la edad, a veces, con frente huidiza y occipucio chato. La cara en cambio, muestra a menudo una marcada madurez, muchas veces, también los miembros se encuentran ampliamente desarrollados. La piel es seca y mas bien fresca, existe la tendencia de bizcar hacia adentro.

Anímicamente, los niños con la cabeza chica dan la impresión de hallarse siempre un poco bajo tensión, provocado por sus procesos metabólicos, contra cuya dinámica propia les cuesta afirmarse. En su interior, impera el invierno constante. Ya han entrado profundamente en su encarnación y se debaten con el medio circundante físico de una manera, que sobre exige el estado de madurez de su individualidad. Ya están muy despiertos en su sistema neurosensorio y a menudo se manifiestan con desasosiego y falta de concentración. En nuestra época intelectualista, a menudo llaman la atención positivamente, mediante buenas facultades analíticas, están bien dotados en matemática, escritura y lectura. Poseen, en cambio, escasas fuerzas de fantasía y en lo artístico a menudo son expresamente no dotados (“botocudos”). Sus áridas composiciones a vees consisten de enumeraciones sin ocurrencias y con tareas, que se orientan hacia fuerzas de la conciencia, sintéticas, son fácilmente sobre exigidos. También en el caso de los niños de cabeza chica, el fomento terapéutico comienza en el plano físico. Aquí, la meta es promover un poco de “verano” en su interior, relajarlos, y despertar en ellos, una vida imaginativa cálida y plena de vida. La corriente proveniente desde abajo, que va hacia arriba, tiene que recibir apoyo. Al aprender a sentirse a gusto dentro de su corporeidad, el cuerpo astral así estimulado, puede posibilitar al Yo, la conexión a la organización neurosensoria, de otro modo, tan aislada, trasponiéndola con el calor de las fuerzas del sistema metabólico motor.

Para ese propósito, podemos emplear medidas simples, tales, como por ejemplo, fomentos templados sobre el vientre, que podemos aplicar al niño al anochecer, cuando la dinámica del organismo ya se relaja, preparándose para la noche, en cómoda calma.

El proceso del sulfuro actúa en contra de las tendencias del endurecimiento, y se lleva a cabo especialmente en el sacarificado de frutos y frutas, de modo tal, que son muy apropiados para alimento de los niños con cabeza pequeña. En el camino medicamentoso, la plata potenciada estimula fuertemente ese proceso. Puede ser implementado fehacientemente, como medio constitucional, al cabo de un tiempo empero, deberá ser frenado (“cicatrizado”) mediante hierro, para no provocar una reacción opuesta desbordante. También aquí cobra importancia el estaño, con su efecto equiparador sobre la “relación de la dureza entre la cabeza y las partes blandas” (GA 312, conferencia 27.3.1920).

También en el caso de los niños con la cabeza chica, la pedagogía puede servir de apoyo, al posibilitarles mediante la presencia y la autenticidad del maestro una identificación con el contenido de la enseñanza, de modo tal, que pueda promover sentimientos intensos en el niño. Mediante la vivificación de la vida del sentir, al trasponer esta, con calor la vida imaginativa intelectual-árida, con sus vibraciones, el niño podrá conducir su sistema neurosensorio hacia el sistema metabólico-motor, integrando así, sus procesos aislados nuevamente a su individualidad.

 

LOS NIÑOS MICROCEFALICOS

También el niño de cabeza chica es un escolar sano. Los procesos que aquí actúan, muestran características extremas en el caso de microcefalias, o niños anencéfalos. Aquí, el polo físico de la cabeza puede atrofiarse casi por completo. Al lado de los medios constitucionales, aquí Rudolf Steiner recomienda también el empleo de hipófisis (GA 317, conferencias del 1, 3 y 4 de julio de 1924). En la terapia artística podemos intentar mediante el trabajo de la pintura, llevar a cabo una tendencia hacia el aumento de la forma, mediante la disolución de la estructura, rodeándola con velos coloridos-claros, hasta que la imagen se torne completamente luminosa (R. Kutzki: “Desarrollo de fuerzas creativas, mediante el dibujo viviente de formas”, secuencia 3-4-5 edición Oratio). También son apropiados los ejercicios simples, con transición de colores (Kranich-Juenemann; Berthold-Andrae, Buehler, Schubert: “Dibujo de formas, edición 2000). En euritmia, se implementarán sobre todo ejercicios del ritmo, lemniscata, veneración de la vocal A y representación del sonido M (Bort, Holtzapfel y otros: Educación sanadora, 1998). Embriones anencefálicos casi nunca poseen capacidad de vida.

 

NIÑOS CÓSMICOS

También la constitución de los niños cósmicos está marcada por poderosas fuerzas, que han traído de su patria espiritual, prenatal y que sobre todo han podido configurar de modo especial, la región de su cabeza. La unilateralidad en ellos empero, sale como tendencia del cuerpo etérico del polo de la cabeza, que a partir de su carácter prenatal, poderoso, no puede ser dominado de manera suficiente por la individualidad, desarrollando así una excesiva vida propia. Se manifiesta por lo tanto, en mayor medida en el ámbito de lo funcional, de lo acontecido en el caso de los niños con cabeza grande. También en estos niños, la corriente orientada hacia abajo, de descomposición, es demasiado débil. El caballo del medio a la derecha es especialmente caprichoso y con las fuerzas de su tendencia y sus capacidades va al encuentro con Lucifer.

En el cuadro de la manifestación de estos niños tiene preponderancia también el polo de la cabeza, con el neuro cráneo. En ellos empero, no llama la atención en primer lugar por su tamaño, sino por su conformación, especialmente plástica y a menudo, por su impresionante belleza. El ámbito de la cara y la mandíbula, así como los miembros –con mucha menor terminación de forma- a menudo constituyen una llamativa discrepancia al respecto.

Los niños cósmicos, anímicamente traen consigo, muchas “dotes del cielo”. Se encuentran colmados por una rica vida interior. La orientación de sus vivencias no se dirige tanto a objetos, sino a relaciones y a procesos. En su propia capacidad de relación empero, permanecen muy a menudo ligados a lo referido a ellos mismos. A veces parece que estuviesen viviendo en su propio mundo y dan la impresión de un “príncipe encantado”. Frente al mundo exterior de los objetos, ocupan una postura notoriamente ajena y a menudo con poca participación. Cuando la vida los confronta obligadamente con el mismo, reaccionan levemente vulnerables y sobre exigidos. Al respecto, tienen entonces la tendencia de refugiarse rápidamente en su casita de caracol. Como en ellos son demasiado débiles las fuerzas configuradoras de la organización del Yo en el cuerpo etérico de la cabeza, el fomento y la terapia se implementarán también en el plano etérico. Tiene como meta, despertar en los niños una intensiva vida del sentir, que puede constituirse en mediador, para el trabajo individualizador de la organización de su Yo, en el cuerpo etérico de su sistema neurosensorio. Aquí, la pedagogía juega un rol central, las medidas higiénicas y medicamentosas vienen al caso únicamente a modo de complemento. La conciencia de la efectividad de la ley pedagógica (GA 317, conferencia 26.6.1924) es fundamento de todas las reflexiones.

El maestro tiene que tratar de despertar participación interior y con ello, interés por el mundo en los niños cósmicos, mediante exposiciones especialmente vívidas y plásticas de los contextos del mundo. La descripción mineralológica de Goethe, de un granito que gime a causa de su incalculable peso, es indicado por Rudolf Steiner, como ejemplo especialmente logrado. Descripciones de contenidos reflexivos, ofrecidos con una nota auténticamente personal pueden despertar en estos niños sentimientos de interés por el mundo, pudiendo conectarlos así, con el mundo exterior.

 

NIÑOS HISTERICOS

(El concepto de la histeria es utilizado de manera diferente a como la emplea la psiquiatría clásica).

También los niños con una constitución cósmica son sanos. Cuando empero las fuerzas que en ellos son activas en leve tendencia se realizan mediante el impacto pleno de su unilateralidad, llegando a la fina sustancia física, se expresa el cuadro pedagógico-curativo de manifestación de la histeria con su “estar lastimado-anímico”. Aquí, la expresión constitucional se extiende a otros miembros del ser, sobre todo, al cuerpo físico (GA 317 conferencia 28.6.1924)

En los niños histéricos, los órganos se tornan demasiados permeables: la corriente ascendente ya no es frenada por la tapa del cráneo, sino, que sale de los límites corporales, tal como en un incipiente proceso de muerte. El Yo, y la organización astral constantemente son extendidos dentro de la gravedad y el calor del entorno, y el niño capta allí la diferenciación del éter lumínico y calórico, de la química y la vida universal, con demasiada fuerza. No encuentra en cambio, el estado de equilibrio con el líquido y el aire. Todos los límites orgánicos se tornan permeables: se genera una tendencia del verterse, que físicamente se manifiesta en el aumento de la transpiración y la tendencia a la enuresis nocturna. Después de la pubertad a menudo se desarrollan las características específicas-sexuales de las manifestaciones de su enfermedad.

Pero, también en lo anímico, en los niños histéricos se encuentran suprimidos los límites de su figura sensoria, con su conciencia periférica, viven por completo en el medio circundante y la sensitividad por el entorno domina por completo su auto percepción. Poseen finísimas antenas para las mas discretas manifestaciones de su campo circundante, de modo tal, que a menudo se genera la impresión, de que pueden leer los pensamientos o tener visión del futuro.

Su alma fluye hacia el interior de todo lo que perciben en su entorno, con hipersensibilidad, como con un “excoriado anímico” y en su interior se reflejan ideas, conceptos, que en ellos ascienden y se tornan dolorosos en su generación. Provocan temor en su alma y generan “entre si”, una intensa vida de los sentimientos. Estos sentimientos, no realmente captados por la vida conceptual, son la fuente de la depresión, que acompaña siempre a los niños histéricos, bajo la superficie de su ser, a menudo sereno y apacible. Conducen a un umbral volitivo, que a menudo resulta difícil ser vencido por el niño: “Quiero hacer algo, en realidad, no lo puedo, y sin embargo, tengo que hacerlo –por tal razón resulta ser diferente a lo que debería ser” (GA 317, conferencia 28.6.1924). De estas situaciones pueden generarse situaciones de desesperación, que pueden llegar a las convulsiones con gritos. La meta del tratamiento de los niños histéricos es, llevar de retorno a su corporeidad su Yo de latente excarnación y su organización astral y fijarlo en los órganos.

En estos niños, que enteramente están viviendo en el medio circundante, el estado anímico del educador y del maestro poseen un peso especialmente fuerte. Con su cuerpo astral, cobra efecto sobre el cuerpo etérico del niño (GA 317, conferencia 26.6.1924). Rudolf Steiner describe, cuan devastadores y nefastos son justamente aquí los efectos shock INCONSCIENTES, que parten del maestro. Trastornan la constitución anímicamente dolorida, lastimada del niño. Salutíferos, curativos, en cambio pueden ser los leves efectos de shock, promovidos arbitrariamente, implementados CONCIENTEMENTE, que con suavidad conducen al niño de retorno a si mismo. Al respecto, se podrá modificar por ejemplo, el ritmo de la enseñanza, también su celeridad, repentinamente, concientemente y sobre todo, por aceleraciones temporarias, se podrán obtener resultados sorprendentes en ese sentido.

Mediante un estrecho acompañamiento en situaciones, cuando el niño se encuentra bloqueado en su voluntad y en su actuar a causa de temores, podemos ayudarle a pasar por umbrales diversos y sobre todo en esa oportunidad vienen al caso, los métodos de enseñanza didácticos plenos de fantasía.

Como medio constitucional, se empleará en el caso de la histeria sobre todo Bryophyllum, que fija lo etérico en el hombre (Wantschura/Spiess: Experiencias terapéutico-farmacológico-farmacéuticas, citados según Gisbert Husmean, “Der Merkurstab”, cuadernillo 3, 1953). Así, como también en este caso, plomo. Para equiparar los resultados dañinos de los efectos shock-anímicos, puede aportar ayuda, el efecto armonizador de la plata (GA 314, conferencia del 1.1.1924).

A menudo, los niños histéricos aman la pintura. Les agrada elegir colores claros, puros. Y en sus cuadros, bajo el impulso explosivo de la creación, a veces se producen motivos dramáticos. Preferentemente, pasarían mas allá del borde de la hoja y como esto no es posible, a causa de falta de espacio, ocasionalmente, pintan un cuadro sobre el otro, varios cuadros encimados. Con todo, rápidamente habrán terminado la tarea y habrán gastado sus fuerzas de manera tal, que ya no tienen deseos de seguir trabajando. Del mismo modo como el maestro, también el terapeuta tendrá que brindarle apoyo al histérico a través de su personalidad, ayudándole a trasponer el umbral de su miedo, el miedo, de querer hacer algo, de lo cual empero cree que no puede realizarlo.

En la terapia de la pintura, los cuadros se realizarán de afuera hacia adentro, en los bordes se genera una suave envoltura, en el centro, un motivo familiar conocido, que al niño le brinda sostén y confianza. En casos leves, podemos trabajar con amarillo-verdoso y violeta, en el caso de una expresión mas severa de la sintomática histérica, el trasfondo debería permanecer totalmente en índigo, frente al cual se irán generando velos amarillo-verdosos, cada vez mas intensos, que pronto se tocarán en el centro, cruzandose delante de una fuente de luz central (Collot d' Hervios: Luz, oscuridad y color en la terapia de la pintura: capítulo, amarillo-verdoso, gris-cobalto, edición Goetheanum, 1992).

En lo que a la euritmia curativa respecta, existe el ejercicio básico de la F, en los niños sin envoltura, adicionalmente con la B. Pueden ser implementados asimismo la M con paso de tero, así como el sacudir la cabeza y las diferentes formas de la E. A modo de “masaje para el cuerpo astral”, también aquí se implementan ejercicios del paso, con sorpresas en el ritmo y en el tiempo (Rudolf Steiner, Euritmia curativa, GA 315) (Kirchner-Bockholt: Elementos básicos de la euritmia curativa, editado en el Goetheanum, 1977).

 

NIÑOS TERRENALES

En los niños terrenales también existe una debilidad de la organización de su Yo en oportunidad de la individualización del cuerpo etérico. Aquí, empero se trata del sistema metabólico-motor, cuyo ámbito etérico mediante la impresión de poderosas fuerzas hereditarias, se sustrae a la intervención de los miembros superiores del ser (GA 302, conferencia 15.6.1921). La corriente ascendente es demasiada débil. A diferencia de lo que sucede con los niños de la cabeza pequeña, en el caso de estos niños, la tendencia de la unilateralidad aquí parte mas bien del plano funcional. Las manifestaciones físicas son consecuencia de la debilidad en el ámbito superior etérico.

Es así, que también aquí, las partes “terrenales” de su corporeidad llaman la atención mediante formas y características especiales y no, mediante su tamaño. El cráneo cerebral ocupa un segundo plano en la apariencia conjunta de estos niños, también el rostro posee un aspecto infantil y poco afectado. Mientras que la mandíbula inferior y los miembros poseen un aspecto de forma llamativa. Sobre todo las manos, a menudo poseen gran fuerza de expresión y en las huellas de su accionar, se reconoce su profunda ligadura con el mundo terrenal. Estos niños traen consigo, una gran aptitud terrenal y del movimiento, pero también el peso de una gran carga terrenal. A menudo, en su ser llevan un dejo de melancolía y tienen la tendencia al malhumor. Casi siempre muestran una expresa orientación hacia los objetos, se interesan por los detalles técnicos y las relaciones abstractas. Poseen una gran aptitud con respecto al movimiento. Sus movimientos y su actuación empero a menudo “carece de cabeza”, dado, que su motricidad está supeditada en demasía a la dinámica propia del sistema de los miembros.

También en su caso, la terapia y el fomento comienzan en el plano etérico, intentándose aprovechar la vida del sentir a modo de mediador, según la ley pedagógica. A través de los sentimientos, se busca despertar los pensamientos aun dormidos. Al fortalecer pedagógicamente el elemento de la observación, guiando su atención hacia la belleza de los movimientos, estos niños dotados de movimiento, aprenden a tomar en cuenta y a manejar sus propios dotes. Aun en el caso de que inicialmente exista resistencia frente a la euritmia, allí existe un gran potencial terapéutico, practicando euritmia musical con los niños. Podemos ir a su encuentro dentro de su estado anímico-base, melancólico, a través de las tonalidades de modo menor, para conducirlos al modo mayor. En los niños, que al lado de su melancolía muestran elementos sanguíneos, a menudo podemos obtener buenos resultados a través de la pintura.

También en el caso de la constitución terrenal es importante, que el maestro acerque a los niños los contenidos contemplativos de la enseñanza (historia, geografía, etc) con inspiración interior y una fuerte nota personal, para poder despertar su participación interior.

 

LOS NIÑOS EPILÉPTICOS

(Curso pedagógico curativo GA 317, conferencia 27.6.1924)

En el caso de que las leves tendencias, que se evidencian en los niños terrenales, se abren paso, llegando hasta lo corporal, se genera el cuadro pedagógico curativo de la constitución epiléptica, con su congestión de la sustancia fina-orgánica.

Durante el sueño de estos niños se produce una compresión en los órganos correspondientes, mediante la cual se le dificulta al Yo y al cuerpo astral compenetrar estos órganos en ocasión del retorno matinal al cuerpo físico y etérico después del abandono nocturno. Por tal razón, no llegan al contacto con las fuerzas del mundo exterior, se congestionan debajo de la superficie orgánica, hasta el momento de su estallido eruptivo. En esa ocasión se produce el ataque epiléptico o el equivam]lente convulsivo, que puede manifestarse en desasosiego acumulado difusamente, ataques de ira u otros excesos. Los sucesos pueden ser considerados como alteración del proceso del despertar y con ello, poseen una relación con el proceso de la encarnación. Puede existir una constitución epiléptica, sin la existencia de la enfermedad de la epilepsia. Aquí, no solamente es demasiado débil la corriente ascendente, proveniente del ámbito de los órganos, sino que su configuración sustancial fina es tan densa, que torna impermeable para los miembros superiores del ser. Desde lo funcional, la alteración ha descendido hasta la corporeidad.

Al lado de la tendencia a las convulsiones o sus equivalentes en forma de estallidos de ira, perturbaciones de la conciencia, etc., los niños con constitución epiléptica a menudo muestran problema de distancia: proximidad o lejanía. Tanto en las relaciones interhumanas como así también en su relación al mundo, tienen dificultad en hallar la distancia correcta, oscilando entre posiciones extremas de la aproximación y de la delimitación. Según el órgano afectado para la congestión, y según la relación en la que se encuentra para la conciencia, la sintomática de las convulsiones puede producirse con, o sin pérdida de la conciencia, la sintomática de las convulsiones, variando entonces las manifestaciones acompañantes.

Acordemente diferenciadas, son las medidas que terapéuticamente pueden ser tomadas. La supresión medicamentosa de los ataques epilépticos mediante anticonvulsivos es siempre indicada, para atenuar los devastadores estados de consecuencia de frecuentes convulsiones, es empero en definitiva, únicamente un tratamiento sintomático, que nada cambia en la epilepsia misma.

Como medicamento constitucional vienen al caso, sobre todo, azufre y belladona (GA 317, conferencia del 27 y 28 .6 y 2.7 de 1924). Altamente potenciada, la belladona cobra efecto en “el tracto de la cabeza”, sobre “el sistema orgánico en el querer” y genera una leve suba de la temperatura corporal. En las potencias mas bajas, actúa mas bien desde el sistema metabólico. Aquí, esto es indicado, como así también todo aquello, que mantiene al cuerpo en un estado de traspiración latente, para conducir al Yo y al cuerpo astral a la periferia del cuerpo. En variación con Belladona, casi siempre se suministra Hyoscyamus, sobre todo, cuando la sintomática no se limita solo a anormalidades en el sistema nervioso, sino afecta también al hombre inferior (GA 312, conferencia 8.4.1920). También el sulfur, con su tendencia desde adentro hacia fuera, abre a la entidad espritual-anímica del hombre el camino dentro del acontecer orgánico y la libera de las trabas que se le oponen (Walter Holtzapfel “Niños necesitados de cuidados anímicos especiales, tomoII). Abre la puerta hacia fuera, al “enredado ser del epiléptico”.

Como metal, se emplea sobre todo la plata, en determinadas situaciones empero también el cobre y el plomo. En el aura que antecede a la convulsión, en las manifestaciones acompañantes de la convulsión o en los equivalentes de los mismos, a menudo podemos reconocer, en que ámbito orgánico está radicada la congestión y donde se atasca el proceso del despertar. Justamente para el fomento pedagógico curativo resultan puntos de referencia muy importantes, a partir de estas observaciones. Se evidencia así, por ejemplo, una carente incorporación del Yo y del cuerpo astral a las fuerzas del equilibrio, a través de ataques de mareo, que aparecen en la proximidad de los ataques epilépticos. Rudolf Steiner relata, como mediante ejercicios de gimnasia y de euritmia con pesas finamente escalonadas, podemos cobrar un efecto favorable sobre el proceso patológico. Cuando los ataques están acompañados por fuerte malestar (estomacal), esto indica una carencia de en la membración del elemento acuoso. En este caso, Rudolf Steiner aconseja... preparar la comida de manera tal, que el niño la sienta. “Perturbaciones de la conciencia aparecen, cuando se encuentra afectado un órgano importante para la conciencia, malográndose así, la membración de los miembros superiores del ser, al elemento del aire. Al respecto brindan ayuda determinados ejercicios respiratorios. Casi siempre existe una carencia de membración al organismo calórico, por tal razón a los epilépticos se los debería vestir tan abrigadamente, que constantemente se encuentren en un principio de sudoración” (GA 317, conferencia del 28.6.1924). De esta manera, pueden ser hallados muchos caminos para abrirle paso al Yo y a la organización astral a los elementos del mundo exterior, pasando por los órganos congestionados.

En determinados casos puede suceder, que el ser espiritual-anímico de los niños epilépticos no logra establecer una correcta relación hacia la moralidad en el mundo, que es referida por Rudolf Steiner como un elemento exterior, dentro del cual el hombre deberá introducirse durante su vida terrenal. El niño permanece entonces “ciego de moral”. Al lado de Belladona y Sulfur, aquí vienen al caso, sobre todo, métodos pedagógicos, mediante los cuales, el maestro puede ayudarle al niño. Mediante cuentos plenos de vida, que él mismo creará, empleará como motivo aquello, que se encuentra en el comportamiento del niño, llevándolo hacia lo absurdo, en sus tendencias “amorales” (GA 317, conferencia 28.6.1924).

La terapia artística en el caso de epilepsia, emplea sobre todo la pintura con la técnica del mojado sobre mojado, para conducir al exterior su ser congestionado. La proximidad de un ataque, a veces puede ser intuido por el hecho de que un cuadro realizado con colores claros y puros, repentinamente es cubierto con colores opacos y sucios. Colores fuertes y luminosos, sobre todo, amarillo, ocasionalmente pueden desencadenar un ataque. Al comienzo de los ataques es favorable el dibujo de formas de lemniscatas, con su sujetar y soltar. De hecho, la terapia de la pintura tiene como meta, una harmonización del movimiento pendular entre el mundo interior y el mundo exterior.

Al lado de métodos técnicos, esto puede ser fomentado mediante la elección de motivos adecuados, por ejemplo, la mirada por una ventana. Como colores, ocupan un primer plano, magenta claro y verde-vidrian (Collot d' Herbois, Luz, oscuridad y color en la terapia de la pintura, capítulo: verde)

En el tratamiento de los epilépticos, la euritmia curativa es indispensable y ocupa un lugar de igual importancia , en el acompañamiento fomentador de la constitución epiléptica. En la terapia cobran la mayor importancia las consonantes ( ¿?) A y E en su apoyo de cruce, encuentro consigo mismo y compenetración del propio ser (Kirchner-Bockholt, elementos básicos de la euritmia curativa).

 

EL PLANO ASTRAL –NIÑOS RICOS EN FANTASIA; NIÑOS POBRES EN FANTASIA

En los niños ricos en fantasía, se desprende mayor cantidad de fuerzas etéricas de su contexto de las fuerzas del crecimiento para ascender al ámbito de las fuerzas del pensar, de las que pueden ser manejadas concientemente por el Yo y el cuerpo astral. No son captadas de suficiente manera por la organización astral, que le ofrece poca resistencia y así, no son transformadas. Constantemente, introducen al ámbito del pensar, la dinámica orgánica que aun le es inherente. En una forma leve, es el mismo proceso, que de modo mas pronunciado subyace a las enfermedades mentales. Los niños con una constitución rica en fantasía llaman la atención por el hecho, de que imágenes de la memoria aparecen fácilmente y a menudo espontáneamente de una forma poco cambiada, en la conciencia. Así, estos niños pueden conformarse en prisioneros de sus concepciones e imágenes y tienen una tendencia a las ideas forzadas. Cuando se ha dicho algo, que para el niño ha sido importante, tiende, a solo estar pensando en lo dicho y ya no tiene apertura para lo nuevo. El cuerpo astral vive dentro del recordar y del olvidar. Y en los niños ricos en fantasía, sobre todo el olvidar, no es posible de manera fehaciente. La terapia y el fomento tienen la meta de volver a fijar nuevamente en los órganos, las fuerzas del crecimiento, desprendidas tempranamente o en exceso de su actividad en el cuerpo y ayudar al Yo, poder aprender a manejar con libertad el recordar y el olvidar.

Esto, por un lado puede ser llevado a cabo, mediante el fomento del movimiento, de este modo se facilita el “hundimiento” de contenidos de la memoria al sistema de los miembros. En el andar y caminar eurítmico, todo el cuerpo entra en un movimiento armonizador. También al estar escribiendo, puede prestarse atención a un fluído avance. La pintura promueve un des-congestionamiento en la vida conceptual, al igual, como el canto, del cual Rudolf Steiner afirmó, “que mediante el canto se cobraba un efecto sanador sobre aquello que el cuerpo debe hacer en la cabeza”. Cantando, todo el cuerpo entra en vibración y lo atascado puede comenzar a fluir nuevamente.

Por otra parte, se consolida la formación interior, cuando hacemos, que el niño vocalice eurítmicamente. Esto fomenta la “apropiación de una mismo” y ayuda a la fijación de las fuerzas del crecimiento en los ámbitos de los órganos.

 

NIÑOS CON CARENCIA DE AZUFRE Y CONSTITUCIONALMENTE “DEFICIENTES MENTALES” (GA 317, 30.6.1924)

Los niños con una constitución rica en fantasía, son alumnos sanos. Cuando empero evolucionan hacia una expresión corporal mas marcada de estas tendencias, se desarrolla el cuadro pedagógico-curativo de los niños con “carencia de azufre”.

El trastorno del olvido que aquí se presenta, en cuyo curso pueden producirse alucinaciones paranoicas, se debe a una falencia en el ámbito metabólico. Existe una participación demasiado escasa de metionina en la sustancia proteica, mientras que el efecto antagónico del hierro se hace valer con fuerza especial en estos niños: su corporeidad es demasiado sólida. Las impresiones sensorias y las concepciones incorporadas con profundidad suficiente en el cuerpo astral y el Yo del sistema metabólico-motor, sino que a menudo irradian de retorno a la cabeza, conformándose allí, en ideas obsesivas, de las cuales el niño no se puede liberar.

Los niños con carencia de azufre a menudo tienen cabello oscuro. Se encuentran atormentados por imágenes y recuerdos que retornan constantemente, que se conforman en obsesivos y fijan su conciencia. Se tornan perezosos y les cuesta entrar en accion. En un principio tienen tendencia a la depresión, mas tarde puede producirse alucinaciones paranoicas. El punto final de esa evolución puede ser un estado de embotamiento frente al mundo exterior, que es llamado “debilidad de los sentidos” por Rudolf Steiner.

Al igual como en ocasión de las otras tendencias endurecedoras, también en este caso como medicamento constitucional se encuentra en primer lugar el sulfuro. Dietéticamente el elemento sulfúrico actúa en el aroma de frutos y frutas de un modo especialmente favorable. Como las manifestaciones compulsivas pueden tener una relación con los trastornos en el metabolismo pulmonar. (“asma del alma”, Treichler, en Husmean/Wolf: La imagen del hombre como base del arte de curar- Tomo III- 1993), a veces se implementan también cenizas vegetales, que cobran un fuerte efecto sobre el pulmón.

Para los pedagogos curativos, Rudolf Steiner ha descrito detalladamente, como a veces mediante el “susurro” se puede liberar a los niños de sus pensamientos compulsivos, acercándoles una frase que paraliza la imagen coercitiva, que retorna una y otra vez, en tono siempre mas bajo, llegando al susurro (GA 317). Al fomentar el movimiento, apoyamos el hundirse de los pensamientos dentro del sistema de los miembros. En euritmia curativa, la serie R L S actúa en especial contra la amenaza de la deficiencia mental.

En la terapia de la pintura, podemos llevar los rasgos bosquejados de una forma fija que se abre hacia fuera, por ejemplo, un cáliz o un pimpollo hacia un movimiento que fluye, que se aleja, (“ejercicio Oxford”). El cultivo de la trnsicion de colores con colores puros y la disolución de las formas fijas, actúa en contra de los endurecimientos. Sobre todo en el caso de las manifestaciones obsesivas, tendríamos que orientar el proceso de encarnación durante mucho tiempo a través de verde-vidrian (Collot d'Herbois: Luz, oscuridad y color... capítulo Indigo).

También en el masaje rítmico se ofrecen principios terapéuticos mediante frotaciones del vientre y del hígado, así como la lemniscata lateral.

 

NIÑOS POBRES EN FANTASIA

A diferencia de ello, en los niños pobres en fantasía, se encuentra debilitada la intervención del Yo sobre el cuerpo astral del sistema neuro sensorio. El Yo no puede retener debidamente, pensamientos y concepciones. También aquí subyace una alteración de la metamorfosis de fuerzas de crecimiento en fuerzas del pensar, en este caso empero, en el sentido de un llamado demasiado escaso de fuerzas etéricas para el pensar. Los pensamientos y las concepciones se sumergen de inmediato en el sistema metabólico-motor.

En el caso de los niños pobres en fantasía, un primer plano está ocupado por un trastorno de la memoria: cosas importantes que se les dice caen como por un colador. También aquí, el fomento y la terapia tienen que tener como meta, el fortalecimiento del cuerpo astral, cuya competencia debería posibilitar al Yo, manejar libremente al recordar y al olvidar. En este caso la meta es, activar a los sentidos y de esa manera, fijar la vida de los pensamientos, obteniendo así, concepciones posibles de recordar.

Al permitir que estos niños miren y escuchen detenidamente y al leer se preste atención a la observación, atención a lo narrado, podremos despertar la atención de los niños en sus sentidos. En lo musical, al respecto es de ayuda, sobre todo la instrumentalización. Al practicar la euritmia de las consonantes estando parado, con ello, desprenderemos lo espiritual un poco del cuerpo, fomentando el “apartarse de uno mismo”. Las formas rígidas se disuelven, y logran el flujo de la corriente de la conciencia. De esta manera, apoyamos la individualidad de los niños, ayudándoles a volver a integrar las fuerzas astrales de la cabeza supeditadas en desmedida a las tendencias de disolución, sujetándolas a la formación de conciencia.

 

NIÑOS RICOS EN AZUFRE Y MANIACOS (GA 317, 30.6.1924)

Cuando esta tendencia se traduce hasta el ámbito físico-metabólico, bajo su influencia se desarrolla el cuadro pedagógico-curativo de los niños ricos en azufre. Sus pensamientos y sus imágenes –por así decirlo- se sumergen dentro de la sustancia proteica, rica en metionina de su sistema metabólico-motor y no tienen acceso a la memoria. El desasosiego que allí producen puede compenetrar al ser del niño de manera tal, que se desarrollan los síntomas de la constitución “maníaca”, que se encuentra diametralmente opuesta al embotamiento de la “deficiencia mental”.

Los niños ricos en azufre, casi siempre son rubios, o pelirrojos. Aunque exteriormente a veces parecen ser apáticos, Rudolf Steiner –dada su aceleración interior, su estremecimiento y su vibrar interior- los calificó de “montaña que arroja fuego”.

Al igual como en el caso de las otras constituciones marcadas con tendencia de disolución también aquí cobra buen efecto lo salado y el alimento con raíces. Como medicamento constitucional vienen al caso el hierro como antagónico al azufre, y arsénico, con el cual se busca que el cuerpo astral se forme de manera tal, que pueda intervenir con cierto modo armonioso en el cuero etérico y en el cuerpo físico (GA 317, 1.7.1924).

En lo pedagógico-curativo se trata también aquí, de estimular la corriente ascendente, mediante impresiones fuertes. Esto lo podemos lograr, al acercar al niño determinadas impresiones, con rítmica repetición, que cambia todos los meses, o, haciéndole recitar determinadas frases. También, cuando por ejemplo contamos un cuento y a continuación hacemos dibujar determinados motivos, fortalecemos la corriente ascendente de las memorias.

Como imagen opuesta de la debilidad constitucional de los sentidos, que puede surgir de la constitución pobre en azufre, tenemos aquí –como forma extrema- el niño maníaco, cuya hiperactividad motriz marca todo su ser. Su desasosiego puede expresarse dentro de la locura furiosa en forma de ataque, puede suceder empero también que se autoincentiven llegando a imaginaciones, que en forma dramática acompaña con gestos. Mucho de aquello que hoy forma parte del cuadro de manifestación del niño hiperactivo, está contenido en esta descripción de Rudolf Steiner.

En los niños maníacos, mas que la terapia artística, es recomendable la actividad artesanal: todo aquello que fomente la postura referida al Yo frente a la acción, aquí posee un efecto favorable.

En euritmia curativa los ejercicios básicos en el caso de los niños maníacos son M N B P A U(GA 317), el “yambo-movedizo” (Kirchner-Bockholt) y eventualmente L U O K M (Hilma Walter: Anormalidades, del desarrollo espiritual anímico, 1987). Como medicamento constitucional se emplea, sobre todo, cobre, hipófisis, hyoscyamus y chamomilla.