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LA PUBERTAD Y EL SISTEMA DE LOS MIEMBROS

El nacimiento del cuerpo astral

Hans Müller Wiedemann *

En el transcurrir del desarrollo del niño, el alma humana, el cuerpo astral humano, se separa cada vez mas de su patria cósmica original a medida que ese cuerpo astral se une a los órganos, insertándose en ellos.

Es preciso observar con atención ese proceso de ligazón con la organización física para comprender lo que Rudolf Steiner quiere decir con “nacimiento del cuerpo astral” en la pubertad. Delante de cada joven en proceso de maduración, se puede preguntar: en qué punto se encuentra ese crecimiento, esa despedida, ese proceso de muerte en relación al mundo cósmico ?. A esta se le agrega la segunda pregunta :Y cuándo se dio ese proceso, cómo es que se puede completar el nacimiento de la voluntad en el tercer septenio, cómo se puede estimular en el cuerpo astral esa fuerza de resurrección?.. El joven tiene que encontrar en la Tierra un fundamento que le posibilite completar ese descenso de modo de descubrir, en la Tierra , un sentido que sólo pueda ser encontrado en la herencia anímico-espiritual de su alma.

LA RELACIÓN CON LOS MIEMBROS

Ya antes del 14° año de vida, lo anímico-espiritual del niño se liga progresivamente a la organización físico- etérica , en el ámbito que Rudolf Steiner llama “el sistema de los miembros”. En todas las descripciones de este proceso, Rudolf Steiner deja claro que con la pubertad se completa la ligazón con las leyes de los miembros, con los tendones y huesos. Este proceso tiene un significado decisivo para el pensar, así como para la relación con el mundo material y con el trabajo. De modo imaginativo, Rudolf Steiner describe cómo el alma se liga cada vez más al sistema muscular, pero la mecánica de los movimientos sólo será bien aprendida cuando el niño haya permeado con su alma el sistema óseo en el etérico de los miembros. Este proceso - también en su patología- es de gran importancia para todo el trabajo que un joven puede entonces hacer:

“La característica propia de la edad infantil de los diez a los doce años es que los músculos tienen una íntima relación con el sistema de la respiración y de la circulación. Alrededor de los doce años, surge algo completamente distinto en el niño: los músculos se apartan de su íntima relación con el sistema de la respiración y de la circulación y se dirigen al sistema óseo, al esqueleto, desarrollándose de modo de adaptarse al esqueleto a partir de ahí... El músculo se dirige de su intimidad con el sistema de la respiración y de la circulación, a una intimidad con el esqueleto y con el sistema óseo. Con eso, a partir del duodécimo año de vida todo ese ser humano se adapta al mundo exterior de forma más intensa de lo que ocurría antes. Antes él estaba vuelto hacia adentro con su sistema muscular; dejaba sus músculos crecer de acuerdo con el sistema rítmico, que es cerrado en su interior; dirigíase con el llamado del sistema muscular y apenas arrastraba consigo la forma ósea. Ahora, alrededor del décimo segundo año de vida, él se coloca con su crecimiento muscular dentro de la dinámica y de la mecánica del sistema óseo...El ser humano se coloca dentro de los huesos; y, si ya ha alcanzado la madurez sexual, él se coloca dentro del mundo todo. Es sólo entonces que se encuentra dentro del mundo de la realidad.”

En otro pasaje:

“Hemos también de procurar en el organismo la voluntad que se encuentra en el pensar, en la síntesis de ideas o en la separación analítica. Al llegar al duodécimo año de vida, aprendemos un pensar que transcurre según la naturaleza de la voluntad de los huesos, de la dinámica del esqueleto.

Los pensamientos que tenemos en el cerebro son apenas imágenes de lo que pasa en el proceso real de los pensamientos. El cerebro es el instrumento para las imágenes pasivas de los procesos reales que se desarrollan en el pensar. El hecho de que el pensar llegue a la conciencia depende de esas imágenes; mas en esas imágenes no se encuentra la fuerza interna que actúa en el pensar, no se encuentra el carácter volitivo del pensar....Durante el pensar sobre la naturaleza física, está vigente el proceso volitivo real en el ser humano como un todo, justamente en los huesos. Con el décimo segundo año de vida, nosotros nos colocamos dentro del esqueleto con nuestro pensar.”

Rudolf Steiner nos indica aquí la organización etérica de la cual se desenvuelve el pensar. Lo que fué experimentado en la dinámica del movimiento del pensar hasta este momento sirve apenas a la estructuración volitiva del pensamiento. Por medio de eso el joven puede vivenciar lo siguiente: “Quien crea estos pensamientos soy yo, con mi propia actividad volitiva.”

EL DESPERTAR DEL PENSAR LIBRE

Puede observarse cómo ese proceso está perjudicado, de las más variadas maneras, en muchos jóvenes con quienes convivimos, y cómo es limitada la vivencia de libertad de los pensamientos, la liberación de la propia formación de pensamientos.

Hemos de encontrar la posibilidad para estimular este proceso, por ejemplo, en el ámbito de la Escuela Waldorf . En muchos jóvenes encontramos un despertar en el organismo vital en lugar de un despertar del ser de los pensamientos, un estiramiento del crecimiento de esa organización etérica que, aparentemente, toma proporciones interminables. Naturalmente este estiramiento del crecimiento es, en general, conocido en la pubertad, mas aquí describo el extremo de este proceso. Es algo especial vivenciar un joven así; se puede supeditar a como él se desenvolverá en caso de que esa metamorfosis no pueda estructurarse suficientemente. Aquí reside un problema estrechamente ligado a la posibilidad del joven de hacer la experiencia de la libertad : esa experiencia exige la separación entre la actividad del pensar y las imágenes propias de representación mental, ligadas a la respiración, para poderse comprender, en el pensar, las leyes de la Tierra. A ésto está ligado este fenómeno paradojal: el hecho de que el ser humano gane la libertad mediante un proceso de muerte. En muchos jóvenes con los cuales trabajamos no se instala esta vivencia, y somos llamados a transmitir la vivencia de libertad de manera por la cual lidiamos con el joven. Nuestra tarea importante es hacer al joven vivenciar su propia libertad.

LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO

La vivencia de la libertad también depende del trabajo que una persona sea capaz de realizar. En muchas personas con disturbios de desarrollo, por mucho tiempo se mantiene la relación de la actividad de los miembros con el sistema rítmico. El elemento rítmico en el movimiento, cargado por la respiración, no se transforma suficientemente, pues se abandona el elemento meramente rítmico al entrar en el sistema de los miembros. Nosotros nos soltamos de lo que vive rítmicamente dentro de nosotros y nos debemos insertar en las leyes que residen en las propias cosas. Esto nos lleva a la cuestión de encontrar el trabajo adecuado para una persona que esté entrando en el tercer septenio. Rudolf Steiner dio una indicación esencial en este aspecto al describirlo, en el segundo septenio, el niño tiene algo en sus formas de movimiento, en su manera de comportarse, en que se puede leer la conexión con una actividad en una vida pasada. Con esto se indica tratarse de la actividad del cuerpo astral, y en el segundo septenio se revela algo que no proviene de esta encarnación.

El joven debe desempeñar un enorme paso: dejar por detrás ese dote congénito de movimiento, transformarlo y aprender formas de movimiento para esta encarnación, que son diversas. Así, en el tercer septenio él tiene que entrar en nuevos gestos de trabajo a partir de los ritmos congénitos de movimiento. Conforme la situación, hemos de volver a gestos que el niño tiene a su disposición a partir de su pasado, y hemos de estructurar del modo correspondiente a las posibilidades de trabajo. Al trabajarse con jóvenes en el colegio y, más tarde, al trabajarse con adultos, sería bueno estimular esta transformación, para que el adolescente realmente pueda entrar en su encarnación presente como un ser humano capaz.

En el transcurrir del tiempo, puede observarse en los jóvenes una evolución en su manera de lidiar con los materiales. Cuando se espera eso de ellos, ellos pueden venir a decidir las leyes de cada material. Crece la capacidad de formar juicios sobre el mundo exterior; decidir de qué modo y con cuál velocidad se puede lidiar con un aparato, con una substancia; de cierto modo ese juicio de percepción puede ser evocado, y aquí también existe una transformación de los gestos congénitos.

El cuerpo astral, en conexión con el Yo, es un transformador. El es inherente a la fuerza de transformación, y es ésto lo que el joven vivencia en la pubertad: una profunda satisfacción en la transformación de lo que es dado por el mundo material. No desempeña cualquier papel y cuanto él realiza en cada día, más importante es que ese proceso acontezca. Nace de la voluntad otra manera de evaluación, que no es ni un poco menos importante de lo que la formación de juicios en la esfera conceptual.

Así, tenemos dos formas de manifestación del nacimiento de la voluntad. Una se relaciona con la facultad de formar pensamientos de forma nueva; la otra está ligada a aprender a juzgar las leyes del mundo exterior por medio de la actividad de la voluntad, de modo de colocarse en la situación de poder estructurar y transformar el mundo físico-material. Ambos momentos de libertad transcurren paralelamente en el desarrollo; así, tiene mucho sentido unir escuela y taller. En nuestros talleres ocurre lo que cada vez más se pierde en la sociedad de hoy: la formación de juicio en la actividad con el material. Nuestra sociedad está exclusivamente basada en el contacto con lo programado, por medio de máquinas, que con el material.

Cada vez se inventan más cosas, máquinas y dispositivos que tornan superflua la actividad de los miembros. Parece que es justamente esa capacidad de percepción por medio del material que hoy, en nuestra época, es necesario tener en cuenta para el cuidado de la persona deficiente, trabajar en talleres artesanales. Así, esto está ligado a la obvia naturalidad histórica de la pedagogía curativa.

LA FORMACIÓN DE KARMA NUEVO

Finalmente, me gustaría llamar la atención para un tercer campo ligado a la liberación del cuerpo astral.

Rudolf Steiner incentivó que se observase el movimiento de los miembros de modo de sólo ver los gestos del trabajo y dejar en segundo plano la actividad de los músculos y de los huesos. Steiner llama a esto una imaginación, y ella no es difícil de ejercitarse. Los huesos y los músculos se descomponen con la muerte, pero esos gestos y actividades, en su tenor imaginativo, no están sometidos a las fuerzas de la muerte: después de la muerte, ellos continúan vigentes en la esfera donde el ser humano configura su karma futuro. Siempre deberíamos recordar eso al ocuparnos con el trabajo. Entonces se tornará bien nítido cómo es que el nuevo karma se forma en esa actividad con la materia.

En esta descripción de la pubertad, podemos ver cómo quieren manifestarse las fuerzas de resurrección que se escapan de la muerte. En el nacimiento del cuerpo astral, de cierta forma tenemos una inversión. El joven, por medio de su actividad, crea algo invisible, y podemos observarlo en su conciencia: aquí surge algo nuevo que no perece con la muerte. Aquí también encontramos un trabajo para el pedagogo curativo: el joven se confronta con el hecho de que existe una fuerza que actúa contra el proceso de la muerte, que conduce para más allá de la muerte y acompaña la vida, el destino, a través de las vidas terrestres venideras.

Con esto también se relaciona lo siguiente: después de su nacimiento, el cuerpo astral tiene un ansia, una simpatía, por ligarse a su Yo. A este respecto Rudolf Steiner describió algo curioso: el ser humano configura su cuerpo físico al actuar las fuerzas provenientes de las relaciones con las personas durante la encarnación precedente. Así, por intermedio de su karma él es insertado en determinado pueblo, en determinada familia, en determinada situación de vida. Trátase de fuerzas ligadas a su cuerpo físico. El Yo, como describe Steiner , tiene en su ser una fuerza de transformación que se expresa en la voluntad de querer crear una nueva situación de vida. Hemos de transformarnos a partir del Yo. Después de la pubertad, por fuerza de nuestro Yo hemos de crear una nueva situación de vida. El joven tiene este impulso en esa dirección ya después del décimo cuarto año de vida. Según este aspecto, puede mirarse de manera nueva para la época entre el décimo cuarto y el vigésimo primer año de vida, en especial en relación a la posibilidad de transformación que se pueda proporcionar al joven. Esto también está correlacionado con la manera como una comunidad de personas está colocada en el mundo con apertura, para que también los padres de esos jóvenes-que configuraron su primera situación de vida- puedan participar de esa transformación, para que también aquí pueda darse un proceso de liberación.

Traducción al portugués: Bruno Callegaro

Traducción al español: Sergio A. Grines

* Hans Müller Wiedemann nació el 11 de noviembre de 1924 y falleció el 12 de diciembre de 1997. Actuó como médico de pedagogía curativa en Camphill ; inicialmente en Escocia y en Sud - Africa , luego, después de su formación médica, y desde 1966 hasta su muerte, en Alemania. Publicó numerosos libros y artículos sobre pedagogía curativa y sobre la situación de nuestra época. Este artículo es resumen de una conferencia suya, pronunciada el 14 de marzo de 1983.

ARTÍCULO PUBLICADO EN ARTE MÉDICA AMPLIADA

REVISTA DE LA ABMA

OTOÑO-INVIERNO 2004