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La relación humana como fuente de fortaleza
Personas, que han pasado por situaciones extremas, cuentan una y otra vez, que han podido superar esas situaciones únicamente a causa de que se habían sentido profundamente unidos a una o más personas. Relaciones humanas estrechas, cálidas y leales –ya sea hacia el padre, la madre, los abuelos, amigos, seres amados, cónyuges- poseen una acción protectora, no nos sentimos solos, en ningún momento nos sentimos abandonados, sino constantemente rodeados, y portados por amor. Esa fuerza puede partir asimismo de una estrecha relación hacia difuntos, quien vivencia esa fuerza, y a la vez la puede brindar a otros, es capaz de oponer resistencia a situaciones adversas. Sabe, que vale la pena de vivir, a pesar de la pesadilla que está viviendo en ese momento. Ocupa su lugar y pasará. Es lo que también relata Víctor Frankl de modo impresionante, de su tiempo en el campo de concentración. En una gélida mañana invernal, los hombres marchaban en hilera de cinco, a través de la oscuridad, pasando por largos charcos, en la carretera de acceso al campamento, a su lugar de trabajo. Entonces, repentinamente, delante de ellos aparece la imagen de su mujer. “Mientras estábamos avanzando kilómetro tras kilómetro, hundiéndonos en la nieve, resbalando en lugares cubiertos por el hielo, apoyándonos los unos a los otros, levantándonos mutuamente y avanzando dificultosamente, nadie pronuncia palabra alguna… pero mi espíritu ahora está colmado de la figura, que mantiene con aquella fantasía enormemente activa, que antes, en la vida normal, nunca había conocido. Mantengo charlas con mi señora. Escucho su respuesta, veo su sonrisa, veo su mirada alentadora y desafiante, y –real, o no- ahora su mirada resplandece con fuerza mayor que el sol, que acaba de salir. Entonces, como un rayo me traspasa la idea: por primera vez me entero de la verdad de aquello, que tantos pensadores han destacado como última conclusión de la sabiduría de toda su vida y también fuera ensalzado por tantos poetas; la verdad, de que el amor de alguna manera es lo culminante, lo más sublime hacia lo cual la existencia humana se puede elevar. Puedo captar ahora el sentido de lo último y extremo que puede expresar el pensar y la fe humana: la redención a través del amor en el amor. Puedo captar de que el hombre, cuando ya nada le queda en este mundo, puede alcanzar la dicha –aunque tan sólo fuera por instantes- en lo más íntimo de su ser entregado a la imagen del ser humano amado. En la situación más triste imaginable en lo que a lo exterior respecta, colocado dentro de circunstancias en las cuales no puede realizarse mediante un obrar, en una situación, en la cual su único mérito puede consistir en un verdadero sufrimiento –un sufrimiento sincero, en una situación así, el hombre puede llegar a su realización, mediante la contemplación colmada de amor de la imagen espiritual, que porta dentro de sí, del ser amado. La primera vez en mi vida que estoy en condiciones de comprender a que se refiere cuando se dice: Los ángeles son dichosos en la infinita contemplación amorosa de una inconmensurable magnificencia… No sabía si el ser amado aún vivía o no. No lo sé, no puedo saberlo (durante toda la estancia en el campo de concentración no existió ni el envió, ni la recepción de correspondencia); pero, en ese instante, de alguna manera ese hecho no tiene importancia. Si el ser amado vive o no –sucede, que no necesito saberlo en ese momento: todo eso ya no afecta a mi amor, al recuerdo sumido en ese amor, la visión plena de amor de su figura espiritual. Si fuera que por entonces mi esposa hubiera muerto, creo, que sin perturbarme por ese conocimiento, en mi interior podría haber sentido esa misma entrega a esa contemplación plena de amor, y ese diálogo espiritual hubiese sido igualmente intensivo, ocupando de la misma manera todo mi ser (23). Las relaciones poseen vida y en definitiva adquieren su fuerza mayor por la unión espiritual. Es por ello, que es tan decisivo en la educación del niño, que esa cualidad se busque, y se cultive, participando en la configuración de la vida cotidiana y no solamente haga su aparición en situaciones extremas de la vida.
Descubrir fuentes de salud –la nueva misión de la medicina y la pedagogía
“Un niño, que se cría en un entorno donde existen muchas maneras observables que se repiten, que incluyen a dos o más miembros de la familia y que se llevan cabo en una regularidad previsible en la vida familiar cotidiana y semanal, es el niño con una mayor salud”. Aarón Antonovsky
Religiosidad y espiritualidad
Aquí, no nos referimos a una religiosidad confesional, sino en el sentido del sentimiento existente en todo ser humano, de que hay algo más elevado, venerable que él mismo. La humanidad como un todo, está inserta en un suceso de evolución universal; todo aquel que medite aunque fuese un poco acerca de sí mismo y el sentido de su vida, tendrá que ocuparse y confrontarse con este tema. En los niños podemos observar con especial claridad, esa capacitación hacia lo religioso. Todos ellos traen consigo al mundo una incondicional confianza, que en su intensidad sólo es comparable a una profundísima entrega religiosa. Lo que primero aparece en la mirada despierta, de confiada búsqueda del lactante, en los siguientes años de la vida se torna visible también en el comportamiento restante: una franca aproximación al mundo, una recepción entregada y una imitación de todo aquello que sucede en el medio circundante. Esto expresa una “confianza primordial” de profundo alcance y la expectativa sin límites, que el adulto hará todo lo necesario para uno” (24). Los niños se comportan de tal manera, como si el mundo fuese íntegramente bueno, digno de confianza y apropiado para ser imitado. Los padres a menudo alegan: “¿No es menester aclararle cuanto antes al niño, que eso no es así? ¿Que el mundo no es íntegro, que uno debe protegerse, enfrentarse, defenderse? Esa pregunta recibe su respuesta espontánea, por si misma, cuando orientamos nuestra mirada hacia los ojos infantiles, llenos de alegre expectativa. Esos ojos son la respuesta: El “abrirle los ojos” frente a las angustias y desgracias del mundo puede cobrar sentido, cuando el niño disponga de las fuerzas para poder superar tales problemas. El prematuro “abrir los ojos” conduce a la inseguridad y la debilidad, conduce a dudas, que más adelante difícilmente podrán ser vencidas, acerca del sentido de la propia existencia y socava el sentimiento de coherencia en formación. En la actualidad existen muchas personas que opinan que a los niños no debe dárseles una educación religiosa, para no manipularlos y para no privarlos de libertad. Pero quién en su infancia no tuvo las vivencias de cualidades tales como veneración, respeto y devoción, entonces ha sido educado en un ambiente de falta de libertad con respecto a lo religioso. No sabe, que carece de esenciales fuerzas humanas –tales, como han estado a disposición, por ejemplo, a los sobrevivientes del holocausto. Por supuesto, no se trata de influenciar a los niños religiosamente en pro o en contra de una determinada confesión. Se trata, de que se cree un clima y una actitud plena de veneración, de los que pueda participar el niño. Esto puede suceder durante paseos, al mirar el paso de las nubes, al contemplar el arco-iris, la danza de los mosquitos, o que nos detengamos a admirar al gordo abejorro, que tambalea entre flor y flor. Pero, también en el hogar se presentan oportunidades, por ejemplo, al ayudar en la cocina: he aquí, en la zanahoria se halla oculta una bella estrella, a pesar de que ha crecido dentro de la tierra. Las hojas del repollo se unen, como para abrigarse mutuamente contra el frío. Muchos pequeños milagros podemos encontrar en la vida cotidiana, podemos contemplarlos con asombro –es menester tan sólo, descubrirlos (25). Una poesía de Christian Morgenstern expresa ese “abrir de los ojos” de bella manera:
Para muchos
Sobre la tierra, cuánta belleza vive, en los ocultos lugares, dispersa. Descubrir quisiera aquella, que del diurno barullo se aleja y presente está, en la modestia de jóvenes corazones así como en los corazones de mayor tiempo. Acaso, tan sólo se trate de fragancia de flores que su adorno brindan al prado terrestre -como una sonrisa, entre tanto dolor.
Cuando concluimos el día con la mirada retrospectiva hacia aquello que durante el día aconteció, puede agregarse también una canción –y, tal vez, una oración. Eso, lo aman los niños. El niño se serena y se abre a la meditación –y a menudo, allí se duerme. El momento del despertar es cada día distinto. Con alegría compartida se puede proceder a saludar al nuevo día, mirar por la ventana para asesorarse del tiempo - ¿brilla el sol, están las nubes, vendrá la lluvia, la nieve caerá?. ¿Tal vez habrá también un pájaro, que siempre se encuentra allí en la cercanía, tal vez exista un comedero? ¿ O una ardilla, que está trepando por las ramas de un árbol? Otra posibilidad adecuada para la educación religiosa, la ofrecen las fiestas anuales. Pueden destacarse como puntos culminantes del quehacer cotidiano familiar. A diferencia de los cumpleaños y fiestas de la familia, en las fiestas anuales se celebra algo, que es compartido por muchas personas y que va más allá de lo personal. Los acontecimientos que se celebran de forma compartida, pueden celebrarse en puntos notables de la vida de los niños. En el curso de su vida posterior las recordaran encantados e intentaran recrear de nuevo aquellos valores vivienciados como la alegría. Bonnhoeffer con su conmovedora carta nos ha mostrado como se trata de una fuerza que puede brindar una gran ayuda. Lo decisivo en la organización de una fiesta es, que no tan sólo los adultos “organizan” algo para los niños, sino, que esa fiesta la celebren también ellos sí mismos y que, acorde a su estado de vida y de conciencia, participen interiormente en el motivo de la fiesta. Cuando esto sucede aunque fuese solamente en algunos principios, la fiesta habrá adquirido su clima importante, sin el cual, lo festivo estará ausente. Una ayuda al respecto, lo prestan las costumbres y los rituales en forma de determinadas canciones, contenidos de los evangelios y preparaciones de las fiestas, que año tras año son las mismas. Los niños aman y necesitan esas usanzas que se repiten, para el cultivo de su capacidad de memoria y de su voluntad, pero también para la vivencia de continuidad, que brinda seguridad. Pero cuando la fiesta transcurre a modo de rutina, sin la participación interior o el esfuerzo de los adultos, entonces desaparece la substancia anímica allí contenida y la fiesta se torna pobre y vacía.
Nuestra manos damos, Gracias decimos por la ofrenda, A la tierra amada, donde todo crece, A la lluvia, que lo riega Al sol, que lo calienta Y a Dios, que nos ama. Johannes Kühn
Alimentación
En la infancia y en la juventud la alimentación de calidad juega un papel fundamental importancia para el desarrollo físico y anímico. Los alimentos de un cultivo sano y cuidadosamente preparados para ser digeridos y transformados en substancias propias del cuerpo, exigen un esfuerzo mayor del cuerpo, que aquellos de cultivos químicos, o bien largamente cocinadas o conservadas. ¿Por qué? La digestión no consiste solo de la combinación de los nutrientes y su análisis y transformación en substancias propias del cuerpo. Se trata también del enfrentarse con la vitalidad de la planta, con su estado de vida, o bien, su estado de salud propia y con el de los animales que comemos. Las plantas son seres vivientes, los animales son seres vivientes portadores de conciencia. Durante la digestión también tiene lugar –cuanto más fresca y vital es el alimento- un enfrentamiento con las fuerzas de vida y las fuerzas anímicas, que aún están actuando, de los seres que estamos comiendo. A partir de la superación de esas fuerzas se vigorizan las fuerzas de vida y las fuerzas anímicas humanas. En el estudio del hombre de Ciencia Espiritual, esas fuerzas de vida reciben la denominación de cuerpo etérico y cuerpo astral. También el complemento de vitaminas y minerales sólo deberían ser llevados a cabo en los casos, donde realmente impera una carencia, o bien el organismo no esta en condiciones de extraer las vitaminas y los minerales necesarios del alimento y sintetizarlos. El principio básico de la alimentación sana es la activación y no la indulgencia, el miramiento. Al respecto, se torna cada vez más acuciante, la cuestión referida al como del cultivo, el almacenamiento y la preparación de los alimentos, tomando en cuenta la des-vitalización del hombre moderno, que se muestra en una múltiple inclinación al cansancio, el agotamiento y una creciente deficiencia inmunológica y predisposición a las alergias. Para estimular al organismo multilateralmente en sus posibilidades de elaboración, es importante combinar debidamente los alimentos, también en este caso no solamente debido a sus diferentes materias contenidas, sino a causa de las diversidades cualitativas, que se generan por el motivo de que los órganos de las plantas y de los animales han crecido específicamente. En Japón sigue actuando aún la concepción arraigada en una comprensión espiritual antigua de la naturaleza de que una comida completa debe estar compuesta por alimentos procedentes de la montaña, de la planicie y del mar. En Europa tenemos la tradición de combinar alimentos de diversos órganos vegetales, vale decir, raíz, tallo, hoja, flor y fruto.En cada una de estas partes de la planta, durante el crecimiento y desarrollo, tiene lugar una acción recíproca especial con las fuerzas del medio circundante. Tierra, agua, aire, luz y calor no solamente actúan de manera diferente según las condiciones geográficas respectivas, sino también específicamente, según donde se desarrollan los órganos vegetales, que comemos. Abajo, o bien dentro de la tierra como raíces, por encima de la tierra como hojas y tallos y dentro del agua, aire y luz como flor y fruto con especial relación a luz y a calor. El esfuerzo que ocasiona involucrar aspectos como estos y fomentar a través de su compra el cultivo y la cría de animales que también sirvan a la sanidad del suelo, tiene su recompensa en un aporte duradero al saneamiento del hombre y de la naturaleza. En la etapa del niño pequeño es recomendable una alimentación lacto-vegetal, y en lo que resta de la edad infantil, una alimentación adaptada a las necesidades individuales y variada –sin exceso de proteínas (26).
“El juego, el contacto físico y la dedicación expresan en infinita multiplicidad cultural: ¡ tu eres importante para nosotros! “
Aarón Antonovsky
Juego y ocupación
Para el niño, el juego es trabajo, ocupación, vida colmada de un sentido –todo, menos “juego”. Lo que para el joven y para el adulto es relajamiento, equilibrio con respecto al stress y alegre entretenimiento, para el niño es adquisición, formación de capacitación del cuerpo y del alma con materiales apropiados que fomentan el desarrollo acorde a la edad. También en este caso cobra validez: la actividad propia brinda formación a la autonomía, tan necesaria más tarde. Hacerlo uno mismo, reunir experiencias propias, conocer cosas y cualidades, despertar la capacidad propia de la imaginación: de la fantasía creativa. Todo esto en la actualidad debe ser planificado conscientemente para ponerlo al alcance del niño. Dado que “normal” es otra cosa: software, ofrecido a partir de la edad del lactante, técnica en abundancia, lo prefabricado, para ser manejado por el niño; de esta forma se fomenta la conciencia de espectador y de manipulador, no así, la actividad propia y el auténtico encuentro y enfrentamiento con el mundo real. En lugar de manipular a los niños de un punto de programa a otro, la misión de la actualidad es, darles tiempo para poder descubrir y articular sus intereses y facultades. Después del mucho tiempo dedicado a las intensas ocupaciones, con sus apuros y el inevitable stress, es sumamente beneficioso tener como norma, por lo menos una vez al día, un encuentro con el niño, antes de dormir, siendo importantes las tres preguntas claves: - ¿Cómo te va? - ¿Cómo te ha ido hoy - ¿Cómo seguirá todo mañana?
Lo benéfico que es para el niño, si día tras día se charla a cerca de todo lo que ha acontecido, lo que ha ocupado al niño, y además elaborarlo si fuera posible. Si se logra esto, al niño no sólo se le transmite un buen hábito para el futuro, sino también una contribución central para una ética para el cultivo de las relaciones. Quien ha aprendido ha resolver todas las preocupaciones antes de ir a a dormir, tiene a su disposición, uno de los medios más esenciales de la salud social. La “mirada retrospectiva” al día que pasó, no sólo es algo que Rudolf Steiner recomienda como camino formativo para el desarrollo consciente del alma, sino también un principio de Salutogénesis de amplio alcance que fomenta la vida social. Ya a la edad del lactante podemos comenzar a practicarlo. Antes de “despedir al niño a la noche”, nos sentamos junto a su camita, preguntándonos: ¿cómo ha sido nuestro día hoy? Podemos comenzar con el anochecer y seguir los acontecimientos retrospectivamente hasta la mañana, pero también se puede comenzar por la mañana. Podemos preguntarnos también: ¿qué ha sido lo más bello de este día? ¿qué nos ha preocupado, entristecido en mayor medida? Dejamos, que todo eso pase frente a nosotros y aquello que ha sido especialmente duro y difícil, se tratará de elaborar con el niño algo mayor, tal vez, en forma de pregunta, preguntándonos luego: ¿qué podemos tal vez aprender de esto? ¿para qué pudo servir todo esto? En el cuento, a menudo el tontuelo es aquél a quien al final lo favorece la suerte porque en su camino suele llevar consigo la idea: quien sabe, para qué puede servir. Al comienzo ni lo sabe. ¿Acaso, no podemos darle un tratamiento así a aquello que el día ha traído y que tal vez nos parezca horrible, o tonto, o injusto, o acompañado por la pregunta en forma de lamento: ¿porqué justamente yo y no otro?. Deberíamos entonces intentar hacernos otra pregunta: ¿Porqué me sucedió a mí? ¿Qué tal vez todo esto tiene que ver de algún modo conmigo? ¿Qué mensaje trae para mí ese acontecimiento? ¿Qué enseñanza quiere darme?. Entonces: ¿quién sabe, para qué puede servir? Muchas veces, la vida nos muestra de que aquello que en una determinada edad de la vida ha sido stress, luego, cinco, diez, o quince años más tarde, se ha convertido en experiencia, en sabiduría, a partir de la cual podemos asistir a otras personas, o que nos permite mirar la vida con mayor calma. Los acontecimientos en la vida cotidiana no permanecen siendo como parecían ser en un primer momento. Esto queda en evidencia, cuando, con cierta apertura intentamos contemplarlos sobre el trasfondo de la idea de evolución y a distancia. Esto, por su puesto, no podrá ser logrado en muchos casos en un primer intento, pero así y todo puede ser una idea que nos ayuda. Contribuye al desarrollo del sentimiento de coherencia, y esto debería ser tomado como algo importante, ya desde la edad del bebé. Lo que a menudo más tarde en la vida se hace necesario como terapia, para ayudar a las personas a que entren entre en contacto los unos con los otros, a entrar en un diálogo, a tomarse en serio, y en definitiva a soportarse, se predispone ahora naturalmente y podrá transformarse en hábito más adelante, por ejemplo, con el compañero de vida teniendo conversaciones que ayudan a que nada esencial quede perdido en el camino, a que nada se acumule, o que, sin haber sido elaborado, “siga dando vueltas”.
Cuentos, que la madre le cuenta al niño, una y otra vez forman un fermento para nuestra vida anímica, poseen una acción fertilizante en aquellos fondos del alma desde donde más tarde emergen esperanzas de vida y nacen los ideales. Rudolf Meyer
Contar y leer cuentos
Al lado del juego y de las charlas, leerles, y contarles cuentos son recursos decisivos, que muestran su importancia salutogenética de diversas maneras en el paisaje de la vida. No sólo revisten importancia el diferenciado caudal de palabras, el lenguaje pleno de imágenes, que presentan siempre verdades referidas al desarrollo y a la vida en escueta secuencia, sino, sobre todo aquello que tiene lugar entre el que habla y el que escucha. Al estar escuchando, el niño se abre y es “puro oído” –cuando se narra participando en los sucesos del cuento. Se práctica el interés, la atención, la concentración y en el contar y el escuchar repetidamente el mismo cuento –lo que les agrada sobre todo a los niños menores de 5 años- se practicará a su vez, el profundizar un asunto y “vivir con él”. Ese proceso de la participación en la vivencia compartida, fomenta además de una hermosa manera, la relación misma. Al respecto, es decisivo también, la charla acerca de algunas vivencias en el cuento, por que con ello está dada la posibilidad de vincularnos a las vivencias que suceden en la vida cotidiana. Todo esto no ocurre con el “narrador permanente” (27) en forma de radio, casete y televisión; de esta forma no se pudo comprobar fehacientemente el fomento lingüístico. Puesto, que el aprendizaje de una lengua necesita al locutor viviente. No solamente el conocimiento de palabras, sino el trato comprensivo con la palabra determinan la lengua en el medio de comunicación. Son alarmantes los artículos en las revistas especializadas acerca de la decadencia lingüística en los niños, el enmudecer, además del creciente número de afectados por trastornos del habla. Al escuchar los “narradores permanentes” no hay, en definitiva, las pausas necesarias para oir los pensamientos propios. Por el contrario, todo lo ofrecido pasa con una velocidad tal, que es casi imposible ser plenamente captado. Pero sobre todo los mismos “narradores permanentes” no pueden escuchar. Únicamente la relación con diálogo muestra se, a lo largo, un recurso fomentador de la salud, a diferencia de la mera distracción, ocupación, o el mero aturdimiento de los pensamientos y motivaciones propios. Al diálogo, le corresponde la alteración entre el contar y el escuchar, así como el meditar en conjunto. El niño se sumerge por completo en lo contado, que se eleva dentro de él, en imágenes interiores, reacciona con asombro, alegría o con vivo interés y dice tal vez al final: ¡cuentalo otra vez! O se despereza dichoso en el sofá, el rincón de los mimos. Y así se origina la situación para iniciar una charla. Todo lo que pasó, ¿era lo bueno como tendría que ser? ¿Acaso, alguien cometió una injusticia, acaso otro justo puede tener suerte, por haber dicho la verdad? Cuando finalizamos un día de esta manera, cuando los acontecimientos pasan una vez más frente a nosotros, mirando a este o aquel problema desde otro ángulo y si tal vez cantamos todavía una canción- se tendrá música, se tendrá palabra hablada, se tendrá la viva sensación del encuentro humano, relación, sentimientos, en realidad todo lo que embellece a la vida. Además, la adquisición de una buena facultad de expresión y de lenguaje con el mejor medio para prevenir la tendencia hacia la agresividad, también en los actos. ¿Por qué? Por que no se pega, cuando se logra hablar y por que se ha aprendido a escuchar, y por lo tanto no se arrincona al otro. Podrá ser construido el espacio entre un ser humano y el otro a través de la lengua, el abismo entre hombre y hombre tiene un puente, que permite el movimiento en ambas direcciones. Todo indica, que cada vez más se experimenta una confrontación interior con las fuerzas del mal, y como esta situación se está constituyendo en medida cada vez mayor, en misión general de la época. Tan sólo el cúmulo de crueldades y la destructividad que se divulgan a través de internet, televisión y videos hacen, que a todo esto no pueda sustraerse ninguna persona que ha despertado a la conciencia propia. Igualmente es urgente, que cada uno descubra lo que pueda hacer, para oponerse a las propias inclinaciones a la destructividad. ¿Dónde se ubica el dragón del cual nos hala el cuento? ¿Quiénes son “los animales salvajes”? ¿Qué es la fuerza mágica de la voluntad que puede cambiar, transformar?. Son imágenes, que la lengua pone a nuestra disposición, para que podamos reconocer nuestros propios impulsos anímicos y motivaciones y tomar conciencia de los abismos sin palabras de las inconscientes profundidades del alma, tanto en lo bueno como en lo malo. Quien reconoce el mal –también dentro de sí mismo- corre menos peligro de seguirlo o caer en sus trampas. Al reconocer y vencer al mal aumentan las posibilidades para desarrollar la realización lo bueno, lo bondadoso y lo verdadero, lo veraz. Un antiguo proverbio chino nos dice: hay solo dos caminos para alcanzar la sabiduría –a través del conocimiento adquirido, o mediante la experiencia dolorosa. Ambos caminos necesitan las palabras para comunicarnos con notros mismos y con los demás acerca de ello.
El esfuerzo excesivo y el esfuerzo insuficiente
Los niños necesitan los desafíos correspondientes a su edad y a su estado evolutivo (29). En contraposición a ello, la propagada predominante hoy sugiere a menudo una vida sin problemas, apoyado por aquello, que los medios divulgan a diario. Por tal razón, los padres suelen inclinarse rápidamente a aliviar la vida al niño(30). Naturalmente que además se quiere que el niño esté bien. Constantemente se tiene a mano el biberón, a los pequeños se le ayuda para ordenar las cosas, se les compra un helado como premio. En el supermercado, donde las respectivas tentaciones se encuentran expuestas a la altura de la vista de los niños, los niños se sirven, y obtienen lo deseado, para que dejen de insistir con sus reclamaciones. Más tarde, se les ayuda en casa con los deberes escolares, nada más se quejen un poco. Y con todo ese aporte, en la mayoría de los casos, los padres no reciben agradecimiento alguno, por lo contrario, suelen aparecer nuevas exigencias de los “sufridos” niños. De esta manera, de hecho, los acomodamos en eternamente necesitados de ayuda. Quien necesita ayuda, quien necesita ser protegido, es débil, cuando en cambio se exige, se requiere algo, a ese ser se le cree capaz de realizar algo, es el eficiente, al que se admira. Mientras que el acompañar con el sentimiento posibilita una cercanía que fortalece, el compadecer puede dificultar el acompañamiento justificado por la situación. Por una compasión equivocada, se le impide al niño hallar la orientación necesaria. Dado que, en definitiva, nuestro ejemplo es el medio educativo más efectivo. Aquello, que hacemos con toda naturalidad, sin grandes discusiones o explicaciones, puede recibirse e imitarse por los niños con toda tranquilidad, ya que esto está predispuesto en ellos. Además, les gusta ayudar si se lo permitimos. Vale la pena, aunque tome más tiempo y al comienzo no se logre a la perfección. Los niños se sienten importantes y tomados en serio, cuando se le permite cortar algo en la cocina, o si se les ordena llevar la basura al lugar indicado, o buscar algo que hace falta. Al “fomentar mediante el exigir” le corresponde así mismo poner enérgicamente límites cuando haga falta. Quien pone límites y defiende límites, puede brindar sostén y protección –y esta es la misión de los padres. El excesivo espacio libre significa para los niños una responsabilidad para la que aun no están maduros. Con la excesiva protección y consentimiento, en cambio, le quitamos la posibilidad de practicar el renunciar y el esperar. Una base para desarrollar una sana percepción de la propia fortaleza se logra a través del posicionamiento en educación que coloca en un primer plano el logro normal, y no el rendimiento máximo o el fracaso. Hay niños muy agradecidos cuando se les ayuda a aprender algo que no dominan, cuando les brindamos nuestra confianza: tú también lo puedes si lo prácticas un poco –y yo te ayudo. La atención que prestamos a la actividad del niño y el elogio por el logro “normal”, que recibe de padres y educadores, son fuentes de fortaleza, que le ayudan al niño a superar resistencias y obstáculos. Por cierto, que nuestros propios temores a menudo nos impiden confiar en la capacidad de los niños. Muy a menudo nos encargamos de realizar nosotros mismos, lo que podría fomentar su independencia. Por otra parte, a veces los niños piden de manera hasta provocadora lo que están necesitando y a menudo justamente son casos que nos molestan. Les fascina el ruido, la suciedad, el caos, quieren descubrir cosas nuevas y provocarlas, medir sus fuerzas. ¡Buscan el desafío! Como los niños reaccionan con casi los mismos síntomas a la sobre-exigencia y a la sub-exigencia, a veces, es difícil el evaluar e ellos correctamente la resignación, la desanimación, la provocación y la rebeldía. Cuando logramos, no exigir más de aquello que el niño puede dar, esto fortalece la vivencia de éxito relacionada con la realizable, así como también la conciencia propia y la confianza en sí mismo, además incentiva el coraje y aporta fuerza para nuevas actividades. Cuando en cambio el niño está sobre-exigiendo, aparece el temor al fracaso y el sentimiento de impotencia. Se sabe que tanto en lo cotidiano del hogar, como en la escuela, los problemas de disciplina aparecen siempre allí, donde los niños se sienten sobre-exigido, o, sub-exigidos (31). Estos problemas se manifiestan por ejemplo en el hecho, de que los niños inteligentes comienzan a provocar y llamar la atención, por que están aburridos a causa de la sub-exigencia y por no disponer aún de otro lenguaje para expresarse frente a los adultos, como justamente éste, de la provocación. Pero también los niños con problemas de aprendizaje, o los disminuidos, comienzan a provocar y llamar la atención, cuando les es imposible participar correctamente, por estar sobre-exigidos. Mucho mal se podría evitar, si los padres y los maestros no tomasen de modo personal, las provocaciones y las impertinencias de los niños, sino como intento de querer decir algo al adulto, algo, que no pueden expresar de otra manera. Del mismo modo, como determinadas formas del descontento, del lloro o del desgano, solamente son expresión del agotamiento o del hambre, -toda madre experta lo sabe- muchas de esas malas cualidades o impertinencias de los niños son una forma de expresar algo, para lo cual le faltan al niño las palabras, y además tampoco dispone aún del debido desarrollo de los pensamientos. Mediante la colaboración de padres y de maestros podrá considerarse, de que manera se podrá dar una ayuda, por ejemplo, de tal manera, que al niño inteligente se le sienta en la escuela al lado de un niño menos aplicado y que por tal razón está sobre-exigiendo, al que entonces le puede ayudar. De esta manera el niño aplicado aprende a enseñarle aquello, que ya sabe, a otro niño –una tarea que no es fácil, pero que puede ocupar profundamente a un niño, y que puede conducir su ambición hacia una dirección social y humana. Los menos dotados, fácilmente se inclinarán a sentirse los débiles, como aquellos, que siempre fracasan y que siempre quedan atrás y cuando luego en la casa o en la escuela escuchan comentarios al respecto por parte de los padres o de los educadores, el niño vive con la conciencia, que se espera de él aquello que no le corresponde. Pero eso, es veneno para el desarrollo de una saludable conciencia propia y con ello, el sentimiento de coherencia buscado. Este puede desarrollarse únicamente cuando el niño vivencia siempre –independientemente del hecho de lo que sabe o lo que no sabe hacer- que es tomado en serio como ser humano y es aceptado, tal como es, recibiendo el apoyo necesario para un próximo paso.
Tu puedes, lo que quieres
Nada fortalece más la auto confianza del niño, que poder vivenciar que domina algo, que puede hacerlo. Un día, en el que los niños vuelven a su casa sin la sensación de haber aprendido algo nuevo, es, visto de esa manera, un día perdido. Pero a esa vivencia del propio poder le tiene que acompañar, además, el hecho que le adulto tome en cuenta lo logrado, lo confirme y sienta alegría por ello. Pasar por alto, los logros por los cuales el niño se ha forzado, no mirar un trabajo hecho por el niño, tal, como se había prometido, o, criticar lo logrado mostrando descontento –todo esto son maneras de comportamiento, que pueden dan lugar a humillaciones graves y más tarde conducir a trastornos del comportamiento arraigados. Quien en su infancia ha experimentado muchas humillaciones y descuidos y no pudo elaborarlos en el curso del desarrollo, ordenándolos, apaciguándolos, más tarde, en su vida tendrá la inclinación de ejercer una venganza por esa injusticia vivida, que puede ser inconsciente –instintiva, disfrutando al practicar poder sobre otros, y dominar a los menores de edad, convirtiendose en culpable al emplear la violencia y cometer abusos en su relación con el niño. Otro peligro consiste en las apreciaciones exageradas, no objetivas. El niño mismo sabe muy bien si algo le ha salido bien, o no. Y se decepciona, cuando todo lo que le muestra al adulto es premiado con el estereotipado y siempre igual “eso lo hiciste muy lindo”. Desea recibir ayuda e incentivo para su desarrollo. Elogiar lo digno de elogio, y llamar por su nombre aquello que debe ser mejorado y mostrar los pequeños pasos necesarios para un avance en el quehacer y en el aprendizaje, es lo que crea el equilibrio entre los extremos del elogio excesivo y la protesta nunca satisfactoria y el rechazo. Cuando el niño puede vivir dentro de esta conciencia: todo aquello que quiero aprender, seriamente, lo puedo lograr y el adulto me presta su ayuda al respecto –se producirá una sensación elemental de libertad, que induce a proseguir con el trabajo. Padres, o también maestros que frente al niño siempre se muestran como personas que todo lo hacen correctamente y que constantemente le dicen al niño que no sabe esto, que no sabe aquello, como debería hacer mejor esto, como hacer mejor aquello, no solamente promueven desgano en el niño, sino también el deseo de poder decir eso mismo a los otros, cuando sean adultos. Sin embargo, convertirse en ser humano significa, seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida y tomar en serio al desarrollo y, sobre todo, a decirse a sí mismo por donde va el camino. Pero eso significa justamente, renunciar a la ilusión de la perfección y el permanecer abierto para pasos evolutivos siempre nuevos y para cambios y transformaciones. Es así, que para los niños cobra un valor incalculable si pueden vivenciar en sus padres y en sus educadores, que también ellos siguen estando en el camino, que reconocen errores y que pueden aprender. Una postura de esa clase crea un clima de unión fraternal de alianza y contribuye a su vez, para desarrollar fantasía con respecto al paso evolutivo próximo –posible, por más pequeño que fuese.
Lo que fortalece a los niños
En el ámbito lingüístico francés e inglés se ha incorporado, en relación con el paradigma salutogenético, el concepto de Resilienz (en inglés, resilience = elasticidad). Este se refiere a un desarrollo estable y sano de la personalidad y del comportamiento, desarrollo que se ha producido a pesar de experiencias infantiles desfavorables y pesadas. Observaciones realizadas en niños a largo plazo, niños que ya a temprana edad han tenido que vivir en la pobreza y en condiciones familiares caóticas, muestran, que tal como es de esperar, el camino de la vida de la mayoría de ellos ha transcurrido caóticamente, acorde a lo vivido. Pero algunos de estos niños pudieron manejarse asombrosamente bien. A pesar de las difíciles situaciones familiares, estos niños eran “inteligentes e independientes … eran alegres en el trato social, orientados y sueltos, además de ser objetivos, despiertos e ingeniosos en la superación de los problemas de la vida práctica” (32). Evidentemente, a esos niños, que fueron descritos como “vulnerables pero invencibles” ya les han colocado algunos recursos en la cuna. Pero a su vez tenían la fortuna de recursos exteriores: amigos que pudieron ser ejemplos, materiales, paisajes y espacios sociales libres, a través de los cuales han podido desarrollar sus talentos de forma lúdica. En su manual de Salutogénesis, Ursula Brucks nos dice con respecto a la descripción de estos niños: “me recordaron a Pippi Langstrumpf y Huckleberry Finn. Esas dos figuras literarias encarnan ejemplarmente aquella parte de nuestro sentir y actuar, que cobra importancia para la comprensión de creatividad y salud, y a pesar de esto, están siendo dejado de lado hasta ahora la ciencia médica de forma clara … Nuestro entendimiento científico excluye … lo espontáneo, lo creativo, lo no planificado y lo no planificado. Esto es un inconveniente, tanto para la medicina, como para toda ciencia aplicada” (33). “Lo que fortalece a los niños. Educación entre riesgo y Resilienz”(34) es el título de otra publicación, en la que igualmente se evalúan numerosos estudios con respecto a la calidad de vida de los niños; de ellos se desprende aquello que genera la salud y queda predispuesto para toda la vida. De este estudio se desprende también, que los niños pueden adquirir fuerza de resistencia, a pesar de haber estado expuesto a numerosos factores de riesgo negativos. Riesgo significa, alcoholismo en la familia, abuso sexual, violencia, descuido, frío, mala alimentación, condiciones antihigiénicas, pero también las formas del carácter de los educadores, así como mendacidad. Todos ellos son factores de riesgo, factores patógenos. ¿Es posible, que los niños puedan desarrollar fuerza de resistencia contra medio ambiente y social de esta naturaleza? En este libro encontramos también, los resultados más asombrosos de investigaciones. Es así, que en Hawai a lo largo de cuarenta años se hizo un estudio de larga duración donde fue investigada la vida de los pobres más pobres, es decir, de aquellos de quienes cualquiera diría que por haber sido víctimas sólo pueden ser en el futuro nuevos agresores. Lo más sorprendete fue que un número, mucho mayor de lo esperado, se habían desarrollado como adultos completamente normales y sanos, plenamente insertos en la vida profesional –y la mitad de los mismos sin haber tenido jamás, un comportamiento llamativo o criminal. La otra mitad había tenido un comportamiento llamativo pasajeramente o criminal en la juventud, pero, pudieron superar esas debilidades. A partir de los numerosos datos reunidos, se pudo investigar sistemáticamente, cual había sido el motivo por el cual estos niños habían sido resistentes, sobre todo también en lo anímico y pudo saberse así, que sobre todo había sido decisivo un factor en especial, el factor ya mencionado aquí con anterioridad de la “relación humana”, que en su importancia salutogenética puede ser más fuerte que la herencia y el medio ambiente. Desde Aristóteles es sabido, que la herencia y el medio ambiente juegan un papel e influencia el la formación del carácter. Esto ha sido discutido y evaluado una y otra vez. Sin embargo, existe algo, que es más fuerte que los factores de herencia y factores de medio ambiente –o sea, la calidad de una relación humana- ese hecho ha cobrado una validez cada vez más clara, sobre todo a través de la investigación del comportamiento de los últimos treinta años, y pudo ser comprobado ahora mediante la investigación de Resilienz.
¿Mediante qué hechos se destaca una buena relación?
Tres características del ser de la humanidad son decisivos: - Honradez, veracidad, sinceridad; - Amor; - Respeto por la autonomía y dignidad propia del otro –aún cuando éste se encuentra en la fase infantil o, en estado de de gran necesidad o pobreza.
Cuando un niño experimenta una buena relación de esa índole –aunque fuese hacia una sola persona y durante un determinado tiempo de su infancia- puede, entonces, desarrollarse con salud anímica, aunque las condiciones de vida puedan ser adversas de otro modo, reciba castigo físico al final del día y no reciba una atención adecuada durante el día. Cuando existe una profunda relación interior hacia una persona, su salud anímica no necesita sufrir por ello. Por el contrario, un niño así, podrá ser especialmente sensible, y capaz de sentir compasión. El libro “Plus fort que la haine”, que en Francia ocasiona gran sensación, es un notorio ejemplo para ello (35).“Más fuerte que el odio”, es la experiencia de amor y de orientación hacia el prójimo que recibe un niño de tres años, extremadamente traumatizado y descuidado, durante un lapso de tres preciosos meses en una familia a la que ha sido confiado. Esa experiencia deja huellas para el resto de su vida y posibilita la identificación con el bien y la ternura. Lo que aquí en realidad sucede, causando algo fundamental, podría ser llamado el factor “yo”,tal y como es este concepto en la ciencia espiritual antroposófica. Se refiere al indestructible ser del hombre, que pasa por las repetidas vidas terrenales y que en su largo camino intenta poder comprender y ejercitar de manera cada vez mejor, lo que significa ser hombre. Tener un “yo”, ser un hombre, es tener conocimiento de ello, es darse cuenta de lo que significa, es un largo proceso doloroso y a la vez dichoso del desarrollo de la conciencia. Ningún ser humano comienza su vida en “cero”, sino inicia su nuevo camino de la vida con experiencias de vida, de vidas anteriores, con un cierto pre-marcado, con determinadas cualidades del ser y particularidades y que luego confronta activamente con herencia y medio ambiente. En definitiva, no son éstos los que definen el carácter del niño, sino, su capacidad de ponerse en contacto humano consigo mismo y con los demás. Es así, que los resultados de investigación muestran que ya niños pequeños llamaron la atención por el hecho de que simplemente eran amables y confiados y así lograron que por ellos se interesase algún desconocido de su entorno. Podría decirse a su vez, se han buscado sus buenas relaciones. Es un asunto del destino, cuando de pronto por allí pasa un turista y ve a ese niño que tal vez esta pidiendo una limosna- y la mirada del niño toca su corazón. Ya ha visto muchos niños, pero, en el caso de ese niño algo toca su corazón, y entonces emprende algo, toma a su cargo al niño, para que se ocuparse del mismo. O, la dueña de un pequeño comercio: el niño viene siempre al local y simplemente está siempre presente, cerca de esa mujer archi-saludable y, en el curso de su crecimiento aprende todo lo que sucede en el lugar. En su casa no hay quien se ocupe del niño. Otros niños se buscan pequeñas tareas en la calle. Les indican a los automovilistas los lugares libres en los estacionamientos, o limpian parabrisas sin que se lo soliciten. Gustosamente, el turista entrega una propina y podemos estar seguros, que estos niños tienen delante suyo un camino positivo. Algunos de los niños investigados han buscado y encontrado su fiel persona de referencia. Encontraron a alguien que habla con ellos –y de esa manera se tornaron resilientes. Encontraron a alguien que los comprendió –y por eso no se volvieron droga-dependientes, ni fueron presa de otros peligros y en cambio uvieron ganas de aprender. A pesar de todos los obstáculos lograron salir de su propio ser, lograron salir de su destino.
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