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Sexualidad y Misión Educativa - Parte 16

ERÓTICA Y PUDOR/VERGÜENZA

Conjuntamente con la inseguridad en el comportamiento juvenil que se produce en conexión a la madurez sexual, sobre todo, frente al sexo opuesto, existe un fenómeno de mayor profundidad: el del pudor, y la erótica.

 Al observar con mayor detención lo atractivo, aquello, que actúa entre los sexos, entonces de la sexualidad pura puede ser desprendida una capa, que puede ser señalada como erótica (empleando al concepto de otra manera que anteriormente). Lo propiamente sensual puede ciertamente quedar retenido y puede permanecer dentro de la mera percepción, la “contemplación de lo bello". Entonces estamos frente al ámbito de lo erótico. La sexualidad está sujeta a la excitación del deleite sensual pura, de especie sexual directa, es física-corporal, y a través de la excitación sensual del cuerpo se apodera así mismo del alma. Algo diferente acontece con la erótica contra sujeta a la “bella apariencia”.

 

Por encima de ello, estará situado, como grada adicional, el sentimiento de entrega al otro, excento del deseo sensual, excento de exigencias ni pedidos o deseos, en cambio vertiendo amor, como gesto interior, que puede ser calificado como amor verdadero. Entre el amor puramente anímico, tal como lo entendía Platón, y la sexualidad, se ubica la erótica con su “carácter básicamente estético”. “El sentido estético posee una estructura vivencial, cuando, sin apetencia carnal real o de posesión se basa sobre la unificación de las almas, frente a un objeto CONTEMPLATIVO, ya sea real, o imaginado. En todo gozo estético, tiene lugar una especie de UNIÓN MÍSTICA entre lo anímico-subjetivo y la vida del objeto, siendo, que si el objeto mismo no puede ser considerado como posible de animar, yo pueda infundirle algo “anímico en sí” a través de mi compenetración dentro de su figura visible a la contemplación. Esa clase de unión puede ser llevada a cabo únicamente en lo referido a aquello que puede ser contemplado y lo gráfico”. (E. Spranger: Sicología de la edad juvenil”).

 

 

La erótica puede desarrollarse y acontecer de alma a alma, siendo, que la apariencia exterior física, vale decir, algo sensorio, puede promover el sentimiento de entrega. “La fascinación frente a la belleza, la gracia o fuerza del cuerpo ajeno, es la raíz de la erótica. No es tan sólo el cuerpo, acaso el color vivo o el trazo de las líneas, sino que es el CUERPO VISTO COMO EXPRESIÓN DE UN ALMA. La forma del alma es, que al traslucir, embellece al cuerpo”. (Eduard Spranger).

 

 

Como fenómeno arquetípico, por lo tanto, la belleza del cuerpo compenetrado por el alma, puede promover sentimientos eróticos, del impulso hacia el otro. “Para ese modo del mirar y del vivenciar, la juventud posee un órgano especialmente fino, por el hecho de hallarse aún muy próxima a aquellas fuentes. En definitiva, toma esa fuerza para ver de esa manera, de su propio ser. Es por ello, que penetrando con su sentimiento, idealiza también aquello, que tal vez no lo merezca según el objetivo estado de las cosas. Tal vez, para ello es menester el fundirse con la otra vida y parece ser, que el ideal puede ser generado recién a través de ese abrazo nupcial. Por lo tanto, también el proceso procreador anímico-espiritual se basa sobre el principio de la dualidad... Nos introducimos dentro del misterio universal de mayor profundidad, al descubrir esa creación, ese crecer de una imagen ideal concreta y plástica a partir de la fecundación de la fantasía a través del amalgamarse puramente contemplativo de dos almas... En el alma del joven, en un principio se encuentran tajantemente separados la erótica y la sexualidad frente a su conciencia”. (Eduard Spranger).

 

 

Tenemos que diferenciar por lo tanto, entre la admiración (respeto-veneración), la entrega, del amor que fluye libremente, por un lado y la sexualidad pura. La erótica es la que guarda el equilibrio entre ambos: entrega hacia una persona avanzada, que se edifica sobre la percepción de su personalidad y que se manifiesta como amor hacia la belleza plena de vida, la belleza plena de alma. Esto puede evolucionar de modo tal, que se conforme en amor hacia la belleza pura del alma, tal, como la enseñara Platón. “El eros hacia la belleza corporal es un estar capturado por la imagen de rebosante juventud... En un comienzo, la compenetración del sentir al ritmo, la forma, la íntegra animación de la figura; luego, algo de gratitud y la admiración hacia el crear de la naturaleza, que ha producido ese milagro... Vale decir, que a esa altura se trata ya de una intuida espiritualidad de la naturaleza que se ama. Para el enamorado, lo bello adquiere un carácter de revelación. Se adiciona un tono religioso. (Eduard Spranger). El sentimiento de la exaltación, parte de la erótica, y es así, que no puede asombrarnos, que sobre ese plano más bien anímico, donde no se apela al impulso del propio yo, ese sentimiento puede orientarse hacia todo lo dotado con alma: la naturaleza, pero también al alma humana unida por parentesco. Este hecho es germinado ya en la pubertad: comenzando en la pre-pubertad, tenemos amistades entre varones, o entre niñas, vale decir, amistades entre el mismo sexo, que luego, después de la pubertad, ocasionalmente empero pronto experimenta un cambio mediante una inclinación exaltada hacia determinados individuos del sexo opuesto. Pero, la erótica, o la autoerótica. Esto generalmente empero pronto experimenta un cambio mediante una inclinación exaltada hacia determinados individuos del sexo opuesto. Pero, la erótica como rasgo especial de las incipientes facultades del alma, no está sujeta a diferencias del sexo, ella misma tampoco orienta deseos de contacto. Se contempla, y se admira de lejos. Es así, que el sentimiento erótico tiene la posibilidad de elevarse hacia el amor ideal. Esto equivale empero a su vez, que luego en el amor se puede elevar hacia el ideal, hacia el espíritu. Así, Platón describe el amor. (En alemán, el concepto amor se extiende desde aquello que en Platón se llama ágape, a través de erótica, hasta sexualidad. En el original sentido cristiano, amor es: servicio, es perdonar y es dar, es a su vez, el accionar del amor hacia Dios. “Los padres de la iglesia no han trazado barrera alguna entre “amor” y “amor”; porque ni siquiera se les ha ocurrido, que se pudiese borrar la diferencia entre ambos. Hasta en ocasión de emplear imágenes altamente eróticas, lo hacen con total despreocupación, por no imaginar siquiera de que alguien pudiese quedar prendido en la imagen sensoria. La narración más grandiosa del amor terrenal-sensorio nos ha dado Zeno de Verona: “Cada cual tiene que conocer la peculiaridad del auténtico amor... Puesto, que existe otro amor, verdaderamente opuesto a nuestra bienaventuranza, al cual con razón se da una figura humana, por el hecho, de considerarla perecedero y frágil. Se lo pinta con figura muchacho, por el hecho de que su lasciva obscuridad no animosa siquiera con el paso de los años y la ancianidad. Está desnuda, porque su voluntad es la des-vergüenza... Ese amor ha encendido con su antorcha prendida al pecho de Eva y con sus disparos ha dado muerte a Adán... Promete, canjea, otorga, quita...Adolf von harnack: “La misión y expansión del cristianismo en los tres primeros siglos”.

 

 

Por otra parte empero, la erótica puede orientarse también hacia la sexualidad, vale decir, tanto hacia el impulso, como el instinto sensual. El despertar sexual a veces acontece repentinamente para la conciencia propia. “Sería pensable, que ESTA vía nuova, más aún, como aparece ligada a fuertes sentimientos de placer, podría ser experimentada como fuente de dicha pura; podría suponerse, que desde allí irradiara una luz benéfica y hasta transfiguradora sobre la vida toda. Pero no es el caso. Sino, que el primer sentimiento con el cual se perfora la envoltura que conduce a ese “misterio”, es PAVOR Y ESPANTO... Simplemente, la mirada a lo natural-metafísico mismo que aquí se lleva a cabo, posee un tinte tan sombrío... Por doquier existen personajes de una profundidad de vivencia tan exigua, que sienten únicamente el placer sensual, sin prestar atención al pálpito de su alma”. (Harnack). Extraído de un diario: “Por fin obtuve lo tantas veces deseado. Muchas veces había imaginado y había deseado dormir con una mujer, pero cuando vi lo que de ese modo se me ofrecía, de pronto tomé conciencia, de que el coito por sí mismo no es lindo, ni bueno, hace falta algo más, tal vez podamos llamarlo amor”. (Fischer).

 

 

Este tema, llevado al límite de la experiencia, de otro modo podrá ser expuesto de la siguiente manera: El deleite así experimentado es un tema secundario y no sentido y meta de la unión sexual de los seres vivientes. La “voluptuosidad” vivenciada (en los seres humanos el así llamado “orgasmo”), posee misteriosa familiaridad con el morirse. Dado, que una dualidad y un estar-separado va a morir dentro de una unidad... Si aquí quisiéramos hablar de placer y deleite, al mismo tiempo tendríamos que nombrar “profundïsima pena” y “dolor de aniquilamiento”, que por cierto, prontamente conducen a una resurrección. Los reales poetas y místicos han percibido en todas las épocas al Eros no como placer o como dicha, sino como un misterioso “muere y renace”. Si los hombres de la actualidad vivenciasen al “orgasmo” no meramente y superficialmente como voluptuosidad sensual, sino como la proximidad de una deidad, no podrían calificarlo y buscarlo simplemente como “felicidad”. (Hartmann).

 

 

La mera sexualidad no transmite la vivencia de un renacimiento, sino, más bien, lo opuesto. Conforma a la vez, algo tentador, y algo terrible. Cuando a lo sexual le quitamos el velo de lo misterioso, el encanto anímico, la erótica, “estamos frente a algo que es tan común, como el comer, o el beber u otras satisfacciones corporales elementales... Mientras que lo erótico señala hacia arriba, hacia el lado luminoso propio de Apolo, lo sexual parece conducirnos hacia el oscuro lado nocturno de Dionisio. Recién, donde AMBOS se unifican irrestrictamente, se produce el cambio. El mero despertar hacia lo sexual en el ser humano juvenil, aún desprendido de la erótica, es un abrirse paso a oscuros misterios... El pudor más profundo despierta a la par de la nueva orientación de las vivencias”. (Spranger)

 

 

A partir de esa vivencia, nada fácil de dominar, de la propia sexualidad, y del misterio con ella relacionado, se genera la clandestinidad, lo que al mismo tiempo equivale a: el pudor. Es el pudor que promueve, que las relaciones sexuales prematuras son “relativamente pocas veces un efecto inmediato del impulso sexual”, por el contrario, el pudor ofrece al joven alma la protección suficiente, siempre y cuando no han sido otros factores los que han actuado a modo incentivo. (Spranger). Estos pueden ser: normas grupales, ambición de ponerse a prueba uno mismo, estímulo recibido por mayores, sobre todo, en el caso de varones, en el caso de las niñas, indicaciones por parte de amigas “que conocen la vida”, atildamiento, vanidad, etc. El impulso sexual sin erótica en la temprana juventud es en la mayoría de los casos aún es “excento de alma en la elección de su objeto”. Así, aparecen capas profundas, que desvían de lo inculcado. “En el alma humana yacen, debajo de las capas superiores y puras, fuertes capas de impureza”. (Spranger)

 

 

Esta sub diferenciación hecha por Spranger, que sin duda posee algo convincente, no ha quedado sin réplica. Ha sido interpretada como la polaridad anímica general, que se manifiesta en la separación de eros y sexo como caso especial. Esa polaridad, por nosotros captada como la pareja conceptual de simpatía y antipatía, es tomada como intensidad (vehemencia) y extensidad (profundidad). Lo sexual, con relativamente poca regularidad va en busca de metas localizables de impulsos del instinto, siendo por lo tanto, aislado y aislante, abrupto y expuesto, envolvente en todos los sentidos y de una acción moderadora. (Se sostiene, que la separación es promovida por el yo, no existiendo como efecto natural) W. Fischer.

 

 

A pesar de estas diferenciaciones justificadas, la fuerza anímica del deseo en la erótica, se orienta con fuerza mayor a la manifestación sensoria, apunta, por lo tanto, a la percepción (cuerpo anímico); mientras que en la sexualidad se orienta en mayor medida a los impulsos sensuales arraigados en el cuerpo (cuerpo de vida). Por tal razón, en el caso de la erótica, el alma es llevado a algo así como estar suspendido, flotante; en el caso del sexo, en cambio, es arrebatado en dirección al remolino, a la atracción de la avidez sensual.

 

 

El hecho de que estas regiones más bajas poseen una tracción excepcional y que a su vez son sentidos y experimentados intensivamente, puede atribular al joven del mismo modo que al adulto. Esa atribulación parte de un sentimiento del pudor. ¿Cómo podemos entender ese pudor? En su otra “Wanderjahre (I/9) años de recorrida: “Me he convencido, de que nuestras convicciones, que por cierto son lo que más amamos, las tenemos que guardar, con profunda seriedad, cada uno dentro de sí mismo. Cada uno sabe solo por sí mismo, lo que sabe. Y a eso lo tiene que mantener en secreto... “Esa cualidad del mantenimiento en secreto adquiere una nueva dimensión en la época de la maduración. Si al pudor lo pudiésemos señalar como “reacción inculcada de aversión” que se produce mediante la lesión de la esfera de la intimidad, debería ser posible a través de la educación, reparar lo inculcado que produjo esa lesión. Ese replegarse interior, ese ocultarse y consecuentemente con ello, la inseguridad, parten del sentimiento de pudor, profundamente arraigado. Proviene de la naturaleza humana y no de la educación. La sensación de la “desnudez” que conduce a querer ocultarse, tal como se lo narra en la Génesis , no es adquirido a través de la educación, sino está relacionado con la propia toma de conciencia, con una profundización de la toma de conciencia del bien y del mal, que aparece con la época de maduración; se trata de otro aspecto de la facultad del formar un juicio. En la época de la pubertad se torna, perceptible, el sentimiento del pudor, que se apodera de todo su ser. El sentimiento del pudor es aquel que recorre toda la naturaleza humana; el sentimiento del pudor, que consiste en que el hombre sienta: que tiene que integrar a su existencia algo, que no revela al mundo; tiene que portar secretos dentro de sí... Y esto se produce hasta dentro de la fase más inconsciente de la vida anímica-espiritual”. (Steiner- G A 302): es así, que podemos observar, una y otra vez, que niños que hasta ese entonces se mostraban desnudos, se cubren, se encierran en su habitación, se apartan, etc.

 

Podría alegarse, que en contra del pudor “Innato”, por lo menos con respecto a un aspecto del pudor, el sexual, son justamente los pueblos naturales han dado una prueba opuesta. Esto es empero en todo caso un indicio con respecto a que la intensidad toma de conciencia propia es menos pronunciada y que el ser individual en toda maduración se sabe amparado en la comunidad, mientras que la experiencia del propio ser para el joven en los estados industrializados se produce de modo mucho más conflictivo en lo que a la separación entre el sentimiento subjetivo propio y la objetividad del mundo circundante, se refiera, pero así mismo aquella referida a su propio cuerpo.

 

El pudor tiene su origen en la manera, en la cual fuerzas corporales-anímicas y espirituales dentro de cada persona entran en relación mutua. Esto empero se revela únicamente al consciente y austero auto-conocimiento, y no a la mera reflexión académica. “Al penetrar el ser humano dentro de sí mismo para observar esta o aquella de sus cualidades, estará en condiciones de mejorarlas o, tal vez en la actual situación de su vida no lo estará. En el último de los casos, su alma estará invadida por una sensación que debemos calificar de vergüenza. Así actúa de hecho la sana naturaleza del ser humano: a través del auto-conocimiento experimenta diversas formas de vergüenza. (R.steiner, “La ciencia oculta”, GA 13).

 

El pudor/vergüenza está por lo tanto relacionado con el hecho, de que en el hombre existe una fuente de lo conciente, pero imperfecto, insuficiente, vale decir, su alma, que está juntando experiencias, frente a un ente sabiamente ordenado y perfecto, al que no está adecuado: la corporeidad, y la organización de vida. Al darse cuenta de ello, comienza a emerger el sentimiento de vergüenza y con los procesos de maduración y formación de las fuerzas del criterio propio, como pudor en el ámbito sexual. (W:Schad: “La vergüenza”). Esa vergüenza se genera, cuando las fuerzas incompletas, no perfectas del alma, se confrontan con las maduras funciones corporales, cuando lo interior, el alma, descubre lo exterior, mas objetivo, el cuerpo, vivenciado dentro de esa percepción la propia debilidad e insuficiencia. Ese sentimiento, de aparición natural, puede ser desfigurado en doble sentido, por la cultura y por la educación: en dirección a la desvergüenza. Y por ello, hemos arribado a la misión educativa en la edad juvenil.