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Sexualidad y Misión Educativa - Parte 11 LA EDAD JUVENIL. LA PUBERTAD Se trata aquí de una etapa de maduración, que abarca varios años, en termino medio desde los 13 a los 16 años, siendo que las niñas comienzan antes su desarrollo y a su vez lo terminan antes. Durante esta fase podemos observar una cierta rudeza en los varones y coquetería en las niñas, como característica exterior, de un comportamiento inseguro en su conjunto. Los varones muestran un comportamiento ya inseguro, rígido otras veces y sobre activos y por ello, forzado, a veces torpe, las niñas en cambio, con risitas, majaderas, charlando con las amigas. A ello le sigue, en fluida transición, una época dedicada a la búsqueda de ideales, que llega hasta aproximadamente los 18 años (que no posee una mayor manifestación hacia fuera); podríamos denominarla entonces, de “búsqueda interior”. El alma esta dominada por esa búsqueda del héroe, al que se puede seguir. El deseo de comprender el mundo mediante el esfuerzo propio, la edificación de ideales propios, comprensión de la religión y un concepto acerca del universo determinan el aspirar y pretender. (Charlotte Buhler “La vida anímica del joven”). A esa edad se torna posible, otro grado de comunicación frente a la sexualidad, que ahora posee plena madurez de función. Para ello, es menester empero, que el educador posea conocimientos fundamentales acerca de la sexualidad, referidos a lo psicológico y lo sociológico.
La orientación hacia el otro sexo a menudo permanece dentro de lo no-expresado, oculto, omnipresente. La madurez sexual lleva la sexualidad a su desarrollo. La palabra sexualidad proviene del SECARE latín, lo que significa, cortar, dividir. La unidad del ser-humano, se divide en la dualidad de lo masculino y lo femenino. Los sueños y añoranzas con respecto a seguridad y amparo, a amistad y amor, en un principio experimentado quizás tan solo en el interior, indican, que el ser humano como “ser genérico”, o sea en su configuración como hombre y mujer, constituye una unilateralizacion, buscando por tal razón la “complementacion” en la orientación hacia la pareja del otro sexo. Cada ser experimenta en su interior la propia unilateralidad, es por ello, que se produce la búsqueda semiconsciente de aquella otra “parte”, que parece faltarnos y que necesita de complementacion, para obtener así la plenitud humana. El joven, que ha alcanzado la madurez sexual, ha obtenido así, la madurez biológica, en el mundo social existente, le falta aun, la madurez de vida, o madurez social. Entre la madurez biológica y la adultez se interpone un lapso de retardo, una gran ambigüedad una carencia de armonía y concordancia. Mientras que el animal en concordancia con su madurez sexual obtiene su estado de adultez, el ser humano aun tiene que adquirir su rol social y su propia identidad. Es por ello, que la edad juvenil (Erikson) es una época de constantes cambios, supeditada a la búsqueda de configuraciones del estado de adultez. “el ser humano quiere saber quien es, que puede creer, que considera valioso, que quiere lograr y obtener en la vida. Después de que el joven pudo establecer una relación con la forma cambiada de su cuerpo, con las nuevas posibilidades del sentir y del actuar, modificando su autorretrato acorde a todo ello, los jóvenes se encuentran frente a una constelación de importancias completamente nuevas dentro del espacio de vida... En la temprana edad juvenil, las relaciones hacia el otro sexo se caracteriza por primeros contactos tímidos (formas preliminares del petting), búsqueda furtiva en libros, películas y también en la vida real, en la mayoría de los casos, a través de encuentros grupales. Recién en la edad juvenil más avanzada tiene lugar la formación de una primera pareja, pero no necesariamente una relación duradera.
En la temprana edad juvenil, el joven busca su independencia en nuevos ámbitos, como por ejemplo: en los asuntos relacionados con la fe religiosa, o en citas (rendezvous, dating), pero, lo lleva a cabo de modo muy similar como en años anteriores: en la búsqueda de mas privilegios, mayor independencia de supervisiones y encierros...para poder así, seguir a las prescripciones del grupo de los jóvenes de su misma edad. (L. Joseph Stone+Joseph Church: “Infancia y juventud-sicologia del desarrollo”). Se diferencia una época previa a la entrada de la madurez sexual, la época pre-puber, en la que se trasponen primeros estados de madurez del crecimiento físico, del cambio de las proporciones corporales, las características sexuales secundarias: pechos, vellosidad del pubis y las axilas se van formando, y maduran los órganos sexuales primarios. La madurez sexual se manifiesta en las niñas a través de la menstruación, en la existencia de espermatozoides en la orina del varón (visibles mediante el microscopio). “Ni en las niñas, ni en los varones, la pubertad esta nítidamente delimitada. Al comienzo, la menstruación es casi siempre escasa, para desaparecer luego por algunos meses. Los varones a menudo sienten un fuerte impulso fálico y descubren, que la proximidad de personas del sexo femenino constituye un estimulo de alta efectividad para la erección, no poseen empero capacidad para la eyaculación todavía...En 1965 la edad media para el inicio de la menstruación era de 12,5 años (con oscilaciones de entre 10 a 15 años). Los varones llegan a la edad púber, generalmente dos años mas tarde que las niñas”. (Id. Anterior).
Tenemos que tener expresa conciencia de que la madurez sexual es tan solo una parte del proceso de maduración mucho más amplio. Es así, que entre los 14 y los 20 años (con tendencia decreciente) los miembros adquieren su largo definitivo, en la niña, se ensancha la pelvis, en el varón, la espalda recién al cabo de esto, madura la musculatura del esqueleto, que mueve los miembros, adquiriendo su máximo desarrollo vital (hacia los 18 a 20 años). Debido a esa maduración corporal sucede, que el joven psicológicamente se halla frente a su corporeidad cambiada, como si no le perteneciera. Los miembros, a través de la creciente osificación no solo se alargan, sino también aumentan su PESO, siendo, que ese peso no puede ser dominado simultáneamente a través de una fuerza muscular paralela, dado, que la maduración de ese sistema se va produciendo solo paulatinamente. Se extiende la vivencia de una fractura, o separación, frente a la familiaridad imperante hasta ese entonces con respecto al cuerpo, y con ello, también al medio circundante en sí. Se pierde toda sensación de seguridad y de amparo, imperando en cambio, un clima de abandono, de soledad, una tormenta interior de sentimientos cambiantes, falta de deseos de vivir y hasta deseos de morir transponen el alma, en todos los casos empero también el dolor. Todo esto es promovido por el hecho, de que el antes mencionado cuerpo del alma sé esta independizando, adquiere autonomía, sin que pudiese ser dominado aun, plenamente por el propio Yo. Sucede, que aquello que sé esta desarrollando dentro del joven entre los 15 y 16 años y los 20 y 21 años es algo, que puede ser comparado al dolor. Esa penetración para llegar a la efectividad del cuerpo astral en vías de liberación dentro del cuerpo físico, es, en realidad, el padecimiento de un dolor constante. Aquello, que sé esta sintiendo, nos impulsa de inmediato a ocuparnos de nosotros mismos. (Schelsky). Ese es el motivo de la introversión imperante, que, cuando el joven vive dentro de una comunidad de edades fuertemente dispares, fácilmente puede llegar a la exaltación. La experiencia primitiva de esa separación de lo “subjetivo”, o sea del propio mundo de los sentimientos, de lo “objetivo”, de la propia corporeidad así como el mundo circundante, ya sean los padres, los maestros, o de índole social, como las manifestaciones naturales del mundo, promueve, al lado del dolor, numerosas interrogantes enigmáticas, desordenadas, dentro del alma. Vale decir, aun no se ha adoptado una postura frente a las mismas, falta aun el juicio, pero no, la capacidad de llegar al mismo. A ello pertenece, a modo de una referencia muy especial, el interrogante con respecto al ser del otro sexo, así como la añoranza y la esperanza de encontrar en él, aquello, que a uno mismo le falta: el equilibrio, el amor, la confianza, la inclinación orientada, el cariño, la simpatía. A partir de la mención de este vasto contexto de todos los procesos de maduración juveniles, nos abocaremos ahora meramente al aspecto de la maduración sexual y su significado humano. Impone exigencias especiales a los jóvenes, mas aun, por el hecho de que el hombre, como único ser en los reinos naturales le es posible, separar el ayuntamiento de su fin natural al servicio de la procreación. Con ello empero, entran al campo visual también las preguntas con respecto a la valoración de la responsabilidad etica-moral. Únicamente por esta razón, la pregunta acerca de una pedagogía sexual puede ser formulada como parte de la pedagogía general.
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