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Sexualidad y Misión Educativa - Parte 12

ANTROPOLOGIA DE LA SEXUALIDAD- EL DESEO

Para comenzar, haremos algunas acotaciones acerca del carácter antropológico de la facultad procreativa. El cuerpo material-fisico esta transpuesto por fuerzas de vida como así también por fuerzas configurativas. Ninguna substancia de la cual se edifica mantiene dentro de la su estructura propia que posee dentro de la naturaleza, sino, que el “organismo” mismo le da una nueva forma y lo coloca al servicio de sus misiones y funciones. La CORPOREIDAD VITAL , invisible y experimentable únicamente dentro de los efectos producidos y la que a una determinada cantidad de proteínas lo conforma de este modo en estructura orgánica, es la que promueve crecimiento y reproducción y la conservación biológica, vale decir, determina a su vez, el comienzo y el final del organismo, su “figura temporaria”. Dentro de hormonas y actividad glandular el cuerpo de vida encuentra su expresión material, química, o bien, orgánica. En el momento, en el cual esa estructura funcional del cuerpo de vida alcanza su madurez, sobre todo, en el sistema de la cabeza, es decir, se torna facultada al funcionamiento y con ello, experimenta su “alumbramiento”, esa “fuerza” queda a disposición de la actividad conceptual e intelectual; ya no es utilizada organico-vegetativamente, necesita empero todo un septenio, para plasmar y desarrollar al resto del organismo de modo tal que queda facultado a la reproducción de la especie, él genero. Recién entonces se ha llegado a la conclusión de la maduración física, en su totalidad, hasta el ámbito de los organos sexuales. Unicamente el ámbito de los miembros luego sigue creciendo, siendo, que a la par se abren nuevos circuitos funcionales, que facultan al yo a una medida cada vez mayor de su accionar.

 

 

Del mismo modo como el aspecto físico general para por una transformación, eso sucede con el rostro: la nariz y el mentón toman su forma de carácter individual, en las jóvenes se forma una capa de grasa subcutánea, que otorga una redondez de contorno, mientras que los varones adquieren un aspecto anguloso y musculoso. Al lado de la vellosidad de pecho y piernas, que en algunos varones es fuerte, a ambos sexos les es común un fuerte olor a transpiración. Un crecimiento así crónico, dispar, ocasionalmente causan la impresión de ausencia de armonía (se destacan la nariz, el mentón, las piernas y los brazos). Por tal razón se genera por una parte algo así como una timidez o un desconcierto, que caracteriza toda la edad juvenil, por otra parte, una época de revolución interior, de tempestades y tribulaciones. De esta manera aparecen irreversiblemente entrelazadas la maduración física y la transformación anímica, a pesar de tratarse de fenómenos tan dispares.

 

 

Por tal motivo, a la configuración del cuerpo de vida y sus fuerzas esta sujeto otro proceso de maduración: la comprensión del mundo, orientada hacia fuera y aquel de la trans-animacion interior. Aquello, que con anterioridad ha madurado físicamente, ahora es transpuesto con fuertisimos sentimientos. Lo que con anterioridad a la madurez sexual estuvo al alcance del ser humano con respecto a percepciones anímicas, fuertemente ligado a lo corporal, ahora se encuentra a su disposición como libre facultad, que puede llegar a ser apasionada, afectiva, emocional, que lo posibilita a colocarse dentro de una posición completamente personal frente a las manifestaciones del mundo. Si observamos ese elemento anímico dentro de la vida conceptual, veremos lo siguiente: donde un sujeto se determina en relación con los objetos mundiales, se habla de JUICIO. Es la FACULTAD DE JUICIO personal, que conjuntamente con esa madurez, también podríamos decir, con el nacimiento del cuerpo anímico, compenetra de modo creciente el proceso cognitivo y la vida conceptual. Al mismo tiempo empero, se abre paso la misma fuerza, que empero esta situada en otra capa del interior humano, en un lugar mucho más profundo: la fuerza del DESEO. También el deseo, al igual que el proceso del formular un juicio, no el contenido del mismo, esa de índole anímico, sentimental: es en dirección de querer poseer algo; es posesivo, sin haber logrado esa posesión. La fuerza de asumir un juicio, otorga relaciones subjetivas, se apodera de los contenidos cognitivos y logra la clarificación a partir de los mismos. Del mismo modo, la fuerza del deseo puede asociarse con los impulsos del cuerpo procedentes de los procesos de vida: se incrementa de esa manera en avidez, concupiscencia. A partir del estado fundamental de vida de los instintos generales no-orientados (cuerpo de vida), se va generando la clara dirección hacia la avidez de los instintos (cuerpo del alma). En sus comienzos es muy generalizada, dirigida al sexo opuesto con intención procreativa, hasta que luego también en ese particular resulta una tendencia más personal, orientada hacia un Tu: anuncio del yo propio, en vías de fortificación.

 

 

Cuando el instinto de apareamiento aparece en la naturaleza, nos hallamos frente a la expresión de lo genérico y los procesos de vida, que sirven al mantenimiento de la especie. El cuerpo de vida a su vez, como portador de los procesos orgánicos de la procreación ya en el reino vegetal lleva a cabo la reproducción, casta, exenta de apetencia: al aparecer en cambio la cualidad de la excitación interior, del estimulo, del placer, de la tensión y el relajamiento de lo referido a la avidez del instinto, los procesos vegetativos experimentan una transformación hacia lo afectivo-emocional, con lo cual se compenetran: el rayo de lo anímico hace impacto en ellos. El instinto impulsa al apareamiento, la avidez instintiva clama por realización (anímica). En ello, poseen gran similitud el reino animal y el reino humano, se diferencian empero en el hecho, de que en el reino animal la sexualidad, se encuentra al servicio exclusivo de la conservación de la especie, mientras que el hombre puede desconectar la satisfacción de los instintos del propósito reproductivo, mediante la anticoncepción. De este modo, la unión sexual se puede constituir en “una fuente autónoma del placer”, en una finalidad anímica, que posee existencia propia, hallando su culminación a través de la corporeidad. Esto empero en realidad oculta mas de lo que revela. Puesto, que en el hombre, otra fuerza tiene la posibilidad de interferir en ese proceso. En un principio, muchas culturas no han separado los ámbitos de Eros, reproducción y sustento económico, de todos modos para el varón. “A partir de profundas causas anatomico-fisiologicas, la sexualidad del hombre puja buscando relajamiento, descarga. Rápidamente, como crece la tensión, tan rápidamente el varón llega a la calma... Lo mismo sucede en el caso de los mamíferos: la hembra es acorralada, y dominada. No hay espacio para el juego amoroso, el cortejo erótico, la aproximación anímica. Todo esta al servicio de la reproducción, es sexualidad impersonal y no, eros personalizado, y justamente por ello, culto divino. (Hartmann). Lo propiamente humano, lo referido a la persona y al Yo, puede sumergirse dentro del ámbito de la sexualidad.

 

 

El ser humano vive con, y a través de un “impulso sexual sobrante” (Geehlen), que jamas puede gastar plenamente en la sexualidad. Es así, que la sexualidad se presenta siempre, promoviendo al mismo tiempo relaciones humanas. “Es por ello, que otras instancias de conducción, que las biológicas son necesarias en el caso del ser humano, el impulso, así como la avidez del instinto desde siempre están supeditados a una conducción cultural, sobre todo, todas las energías del instinto humanas que se refieren al actuar bajo/entre varios individuos: la sobre-estructuracion de os impulsos sexuales pertenece, con toda seguridad, a las conquistas culturales primarias y exigencias existenciales del ser humano como lo son las herramientas y la lengua hablada, y hasta puede verse en esa reglamentación de las relaciones sexuales y de la reproducción del hombre, la forma social primaria de todo comportamiento humano.

 

 

Las contribuciones de la sobre-edificacion de formas sociales frente a la estructura del impulso sexual humano se orientan en dos direcciones: ante todo, la reglamentación social de las relaciones sexuales significa un control y una disciplina frente a la convivencia y la utilidad biológica...Además, la sobre-edificacion cultural determina el desvío de las energías que no pueden ser colocadas en el comportamiento sexual, hacia metas no-sexuales o seudo-sexuales (Schelsky).

 

 

Lo que por un lado experimentan en transformación a través de la plasticidad sexual los impulsos procedentes de las fuerzas de vida, obtiene por otra parte una placentera sobre-edificacion, a partir de las fuerzas del deseo, siendo que estas pueden hallar su sentido dentro de sí mismo, en la obtención de placer, pudiendo liberarse parcialmente de su origen biológico. En el placer, la sexualidad, realizan su encuentro, a la vez personas con entidad esencial inconfundible. Por tal razón, las relaciones entre esas personas deberán ser configuradas como humanas, acorde con su ser, por el hecho de que solo así podrán ser justificados de modo personal frente al otro ser y frente al ser-propio. Con ello, se apela aun a otra capa, la responsabilidad, de la persona, del propio yo, del ser interior. Unicamente el ser humano puede percibir esa responsabilidad, no esta empero obligado a ello. “Solamente él discierne, elige y juzga, solamente él puede otorgarle duración al instante”. Posee libertad. Por tal razón empero, el comportamiento frente a lo sexual, no se conforma únicamente en una cuestión del disfrute de los instintos, la evacuación de los deseos, sino también de la configuración moral y la responsabilidad etica-personal. El ser humano no esta constituido únicamente de cuerpo, vida y avidez del instinto, sino también por la fuerza del yo y su responsabilidad. Y es esto, lo que diferencia al hombre del animal.

 

 

“El anhelo sexual se orienta hacia algo que es igual a sí mismo y no a un opuesto excento de vida. No sé esta buscando comida ni bebida, sino la presencia de un ser humano. (H. Giese: “Sicopatologia de la sexualidad”). Por el hecho, de que el ser humano dispone de una identidad del ser, o por lo menos la lleva dentro de sí como posibilidad, todos los procesos biológicos como anímicos se encuentra supeditados a esa instancia superior, el propio yo. Mientras que no ha alcanzado la madurez vale decir, que ha “nacido” y presente, se produce ese peculiar estado de DUALIDAD, que traspone a la edad juvenil, siendo observado con mirada critica y a menudo extrañada. Llama la atención “La amplitud y ausencia de limites” así como un elevado grado de compenetración y comprensión, por otra parte empero también que el notorio rendimiento intelectual poco o nada tiene que ver con el comportamiento desconsiderado para con el otro. Las relaciones amorosas a menudo son apasionadas, pero de corta duración. Los objetos elegidos pueden ser abandonados, sin tomar en cuenta los sentimientos de la pareja, y cambiados por otros. Los objetos así abandonados son olvidados rápida y totalmente. (A. Freud).

 

 

Ese estado de cosas referido por Ana Freud muestra, la irrupción de sentimientos y que también se activa la facultad de juicios, no habiendo empero llegado a su madurez el orden a partir de la identidad del ser. Dado que, recién cuando las cogniciones determinan también el accionar propio, y estas a su vez son tomadas como referencia con respecto a la vida propias, o sea, la duración del propio ser, se produce la madurez de vida. Recién entonces el propio yo se responsabiliza de los sucesos. Por cierto que visto desde esa meta final, las ejecuciones de maduración anterior quedan involucradas en la misma. (“Durante mucho tiempo, los sicólogos han hablado de instintos primarios o congénitos, que luego son desarrollados como producto de la experiencia. Esa diferenciación es de hecho superflua, puesto que todos los instintos/deseos son el resultado de experiencias. El concepto de que desde el nacimiento existen instintos listos, pre-formados, en condiciones de poner en marcha un determinado comportamiento, es un remanente de la sicología de Hippokrates. Ha sido desarrollado hasta su extremo por teóricos psicoanalíticos...Para poder sostener, que el hombre nace sin instintos ni emociones, sino con facultades para desarrollar a ambos se necesitan suposiciones y posturas mucho menos insostenibles. No existe deposito alguno, donde se almacenan los instintos/deseos con anterioridad al parto” (Ausubel).